Acariciar al hombre para invocar al dios

 

“Hombre de exquisita apariencia y alma sensible

Artista refinado, moldeador de belleza,

bienvenido en mi.

Ven, acércame tu don, querubín de fuego

y pintemos las galaxias de infinitos sublimes”

-Yolanda Jiménez –

 

El hombre debe de ser tocado de manera consciente si lo que deseas es un Dios como amante.

(C) Yolanda Jiménez: “Amanecer en el Triglav” (Eslovenia)

Dale un espacio sagrado donde la caricia y la veneración te lleve a descubrir cada centímetro de su piel.
Donde su cuerpo te revele nuevas e insospechadas zonas erógenas y también otras en las que parece que tocaras su alma….
Conectando con su esencia y liberando el cuerpo y la mente de tensiones.
Descubre cómo cada zona requiere de un tacto concreto… sumergete y conecta, dejate llevar por tus manos…ellas sabrán como tocarle…

Hazle sentir que respetas su Masculino, que puedes ver sus emociones y abrazarlas sin juicio…

Llévalo a un espacio donde no tenga que  demostrar nada, tan solo sentir y confiar…
Un lugar donde su corazón se abra dejando atrás cualquier patrón.

Haz que sienta la Adoración de tu Diosa y quien se presentara ante tí, será un Dios Tantrico.

-Eduardo Arat –

“MAESTRO, cuéntenos, ¿cómo hace ud. el amor a una mujer?

 

Maestro, cuéntenos, ¿cómo hace ud. el amor a una mujer?

Primero la visto de caricias para que su corazón se sienta abrigado…
Con mi mirada desnudo todos sus miedos…y los abrazo.
Mi fuego interior comienza a llenar de vitalidad mis pulmones, mi corazón, mis manos se llenan de fuego…mi tallo de Jade comienza a desperezarse, a estirarse, a calentarse y a engrosarse…

(C) Juan Peláez

Ella se permite sentir como su agua comienza a calentarse…siente cómo los ovarios vibran, viven dentro de ella…
Mis manos, como un pincel, pintan sabiduría en cada poro de su piel…
La música de los latidos redobla su ritmo, y tiene como fiel compañera a la respiración…La piel, que estaba fría, arde de deseo, sentimos como el calor nos expande, nos calienta y jamás nos quema…
Nuestros ojos se buscan por momentos…también, miran hacia dentro disfrutando del paisaje de la kundalini…
Descubriendo que el amor se edifica en el espíritu que lo comprende, nos hacemos amigos y fieles amantes del tiempo, e improvisamos inmortalidad con cada suspiro…

 

(C) Juan Peláez

Para nosotros no existen términos como “llegar”, “acabar” o “eyacular”…Nosotros somos artistas del poco a poco, de la vitalidad, de las pupilas despiertas…
Somos dioses que se visten de humanos…
Somos anónimos que conocen cada punto del cuerpo…
Somos animales, piedras y vegetales abrazando el momento…
Somos alquimistas que comparten la piedra filosofal…
Somos oro disfrazado de plomo…
Somos nadie para los humanos y TODO para el UNIVERSO.”

 

 

 

Fuente: Texto recogido en la red

 

El silencio de tu ternura

 

(C) Yolanda Jiménez: “Autoretrato casual”

¿Qué hay en tu silencio?

Una profundidad infinita

en los sonidos de tus ojos,

en las palabras de tus dedos,

en los caminos de tu piel.

En tu corazón infinito,

en la ternura de tus manos,

en el deseo de tu vientre.

Y bulle la vida

poderosa de ti.

Hay tanto como eres

en el universo de tu savia.

 

 

-Yolanda Jiménez –

Torso nocturno

 

Miro tu torso desnudo

(C) Yolanda Jiménez: Islandia

en mitad de la noche,

en mitad de la luna,

en mitad de la ventana.

 

Miro el verano de fuego,

los contornos plateados,

la piel de terciopelo,

la luz escondida.

 

Miro mi lado derecho,

el roce furtivo,

el beso ensoñado,

el aroma de estrellas.

 

Miro tu mirada dormida,

tu presencia imaginada

sobre la penumbra de mi cama.

 

Y me duermo acurrucada

entre tus brazos ausentes

del hombre que eres.

 

 

-Yolanda Jiménez –

La infinitud del tiempo… Un relato para hoy

 

Ayer, las amapolas de mayo coloreaban las tardes que prometían días largos, baños en el río, meriendas soleadas, cantos de grillos al fresco de las noches.

Luego, el fugaz verano castellano se volvía frío invierno de lumbres y castañas. El olor a humo y el crepitar de la leña se repetían cada año.

En verano el heno recién cortado se enredaba en su cabello, mientras los saltamontes saltaban las hierbas. Le gustaba observarlos; siempre se preguntó por qué se llamaban salta-montes, si los saltitos de aquellos insectos solo lograban ir de un montón de hierba a otro. Le gustaba imitarlos y saltar por los prados, aspirando la humedad de la alfalfa.

(C)Yolanda Jiménez

Las lluvias del otoño traían de nuevo al río; olvidado en el estío, renovado de corriente, poderoso de su margen. A veces caprichoso se extendía hasta los huertos preñándolos de limo. Le gustaba contemplar con sus ojos infantiles la amlpitud del agua extendida por doquier.

Cuando tuvo 14 años, abandonó el pueblo; lo cambió por la ciudad, con el imperativo de estudiar. Cada fin de semana regresaba tan fugaz que encontró la medida del tiempo. Un domingo por la tarde, de regreso a la ciudad, entre morriña adolescente, se dio cuenta de que algo había cambiado: ahora el tiempo estaba marcado de semanas, de festivos, de vacaciones. Había entrado en la adultez imparable. Y con tristeza, supo que la infinitud del tiempo se le había escapado.

 

Yolanda Jiménez

 

Relato publicado en la Revista literaria Manxa. Nº 57. Mayo de 2019. Editada por la Diputación de ciudad Real.

Aprendí… un poema de Anna B pellicer

 

(C) Yolanda Jiménez: Templo Budista en el Himalaya indio

Aprendí a verte con el alma.
A sentir tu frescura con mi piel.
A pensarte.
A pensarte.
A pensarte.
Aprendí a dar un paso atrás
y dejar el recuerdo
colgado en cada esquina
En el repliege ausente de tu piel.
Aprendí
a llevar en el bolsillo de mi corazón la esencia del encuentro,
el freno temporal que nos aleja.
Aprendí a guardar los anhelos.
A dejarlos al fresco
y respirar a destiempo.
para no olvidar.
Aprendí a pensarte.
A pensarte.
A pensarte.
Manteniendo la frescura de tu alma.
Del segundo que me dejaba sin habla.
Rebobinando recuerdos que no caducan.
Aprendí a esperar y acomodarme
a una existencia que le falta tu sonrisa.
Tus grandes ideas. Travesuras futuras.
La esperanza sigue ahí,
pausada entre nuestras almas.
Miro al cielo y sigo caminando.

-Anna B. Pellicer –

Noche

 

Chagall

Al calor de la noche,
entre la bruma nocturna
de palabras y sonrisas:
en el deseo contenido
de un roce furtivo
o un despertar imaginado.
Bocas, lenguas
tamaños, texturas
sabores de seda
o caricias de agua …

 

-Yolanda Jiménez –

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