En 1944, a los 81 años y presintiendo que tenía edad suficiente como para prepararse para la muerte, la pintora sueca Hilma af Klint —que fallecería no por vejez, sino en un accidente de tráfico—, estipuló estrictas órdenes testamentarias sobre los 1.200 cuadros y dibujos que había pintado desde joven: el inventario completo, junto con 15.000 cuadernos de anotaciones y bocetos, debía permanecer oculto a los ojos del mundo durante al menos veinte años.

Sólo dió una razón para esta ocultación voluntaria: estaba convencida de que los seres humanos no estaban preparados para ver su obra, que le había sido dictada, afirmaba, por “seres superiores”, situados en un “plano astral” extraterrenal. Desde los 18 años, cuando Hilma sufrió un severo choque psicológico tras la muerte durante una epidemia de gripe de su hermana pequeña, de diez, la artista afirmaba estar en contacto con el más allá, del que recibía mensajes místicos y revelaciones.

La consideraban fuera de sus casillas

Como el único descendiente legal, un sobrino, acató los deseos de la artista, a la que consideraban desde siempre un poco fuera de sus casillas, las pinturas fueron guardadas en un almacén de Estocolmo y, con el paso de las generaciones, del todo olvidadas. Hilma se convirtió así en de las grandes artistas secretas de la historia.

Cuando a mediados de la década de los años ochenta del siglo XX los cuadros comenzaron a salir a la luz, algunas crónicas históricas quedaron necesitadas de revisión: la sueca había pintado abstracciones antes que los considerados padres del género, Mondrian, Malevich y, sobre todo, Kandinsky, que se ufanaba presentándose a sí mismo como el primero en lograr, más o menos en torno a 1911, hablar con geometría, líneas y colores.

Hilma af Klint: Painting the Unseen - Installation view

Hilma af Klint: Painting the Unseen – Installation

Se adelantó en años a Kandinsky

Una exposición sobre esta pintora extraordinaria que se adelantó en años a las sacrosantas grandes estrellas de la abstracción, se celebra hasta el 15 de mayo en lasSerpentine Galleries de Londres. Hilma af Klint: Painting the Unseen (Filma af Klint: pintando lo invisible) demuestra,por un lado, el desentendimiento de la familia, profundamente religiosa, por la “tía loca” y con querencia por el ocultismo y el ninguneo de las mujeres en el arte de vanguardia de comienzos del siglo XX —¿hubiese sucedido lo mismo si la obra fuese de un hombre?—, y, por otra parte, que la prolífica pintora sueca ganó a Kandinsky por varios años en la carrera por escapar de la figuración y entregarse a la abstracción pura.

La antología de la galería londinense presenta obras de entre 1906 y 1915, es decir, anteriores en muchos casos a los experimentos de líneas y planos en armonía de los primeros abstractos. Óvalos gigantes, curvas en espirales, círculos de naturaleza concéntrica y otras conceptualizaciones, algunas de marcado carácter gnóstico o tesófico, son presentados en una muestra que descoloca al espectador.

Caja de madera polvorienta

Las preguntas obligadas son: ¿dónde estaba esta gran artista?, ¿por qué el mundo no la conoció hasta que se montó una pequeña exposición en 1986 en Los Ángeles y otra, en 2012, en el Pompidou parisino —el museo recibió una enorme caja de madera polvorienta con obras amontonadas de cualquier forma—?, ¿hay otros artistas secretos, hombres o mujeres, esperando un tardío descubrimiento?.

Después de graduarse en 1887 por la Real Academia de Bellas Artes en Estocolmo, una de las pocas instituciones académicas europeas que aceptaban a mujeres, Af Klint, hija de un militar de alta graduación de la marina sueca, comenzó a pintar paisajes tradicionales, retratos y dibujos botánicos que expuso en modestas muestras en la capital del país nórdico. A partir de entonces, sobre todo después de la conmoción nerviosa que sufrió por la muerte de su hermana Martina, a la que adoraba, se alejó para siempre de la figuración y se dedicó a plasmar mundos invisibles, escenas de los reinos de lo espiritual y lo oculto.

Sesiones esotéricas

Junto con otras cuatro mujeres pintoras formó parte del grupo de Las Cinco, que se reunían semanalmente en sesiones esotéricas durante las que pintaban en estado de trance o semiinconsciencia. Entraron en contacto, según explica Hilma en sus diarios, con habitantes de otros planos astrales, “seres superiores” de quienes recibían órdenes y directrices.

Uno de ellos, llamado Gregor, dijo a la artista que debía concentrarse en “el conocimiento que no pertenece a los sentidos, el intelecto o del corazón, sino a lo más profundo de tu ser, el espíritu”. Aquellas sesiones, predecesoras del arte automático que los surrealistaspracticaron varias décadas más tarde, dieron demasiado miedo a las otras cuatro artistas y Hilma siguió pintando por su cuenta.

Un encargo de Amaniel para un templo

En 1905 la pintora recibió el que consideraba el más importante de los encargos que había recibido del más allá. Una entidad llamada Amaliel le encargó pinturas para un templo que celebrase la armonía de los mundos de la materia y el espíritu. La artista creó 193 obrassobre el bien y el mal, el hombre y la mujer, la religión y la ciencia…

Esta serie, basada siempre en dicotomías y en las enseñanzas del ocultista y científico austriaco Rudolf Steiner, inventor de la medicina antroposófica y su teoría de las ondas electromagnéticas, muestra representaciones simbólicas de elementos como conchas marinas, serpientes, lirios y cruces. Ocho de las obras del subgrupo que la artista llamada Las Diez Mayores, de más de tres metros de altura y un contenido que podría ser tomado por psicodélico, forman parte de la exposición londinense.

Aislamiento

La misteriosa y dotada artista, que nunca se casó ni tuvo hijos, siguió pintando, pero siempre desde el aislamiento, con el temor y la certeza de que no iba a ser entendida. Tras su muerte el propietario de la granja en la que había vivido dijo al sobrino que quemaría los más de mil cuadros y dibujos si no los desalojaba de la propiedad, que deseaba alquilar de nuevo. Fue entonces cuando fueron trasladados al almacén en el que permanecieron en silencio durante más de cuatro décadas.

Pese al éxito de varias exposiciones recientes de Hilma af Klimt —la del Moderna Museet de Estocolmo en 2013 rompió todos los récords de visitas de la pinacoteca pública, la principal de Suecia—, la figura de esta precursora sigue despertando recelos en algunos círculos académicos. El MoMA se negó recientemente a incluirla en su programa de exposiciones, tras las protestas de algunos de los gestores del museo, que consideran a Hilma una outsider.