La otra cara de la pornografía: realidad y mito

Pornografía. Todos estamos familiarizados con qué es, para qué se utiliza, cuál es su función y cómo acceder a ella. La pornografía puede abarcar desde un cómic o fotografía, hasta una película o un best seller. Es uno de los negocios que más dinero mueve en el mundo y, sin embargo, apenas se habla de ello. Es uno de los grandes tabúes, aunque gracias a la evolución de la sociedad, cada vez se va normalizando más su consumo.

¿Qué es? A simple vista, es un estímulo más que nos ayuda a excitarnos, a relajar tensiones, aquello que puede acompañarnos en momentos de disfrute personal e íntimo. Pudiera parecer entonces que es totalmente inofensivo, incluso positivo si lo convertimos en una herramienta al alcance de todos. Sin embargo, existe una cara B, aquello que no nos paramos a pensar, esos mensajes implícitos que pueden tomarse como referencia si se convierte en la única fuente de información, influyendo negativamente en la forma de vivir nuestra sexualidad.

En estas escenas ficticias, cualquier relación sexual es aceptada gustosamente, independientemente de la persona que se tenga delante, las preferencias, el lugar o las condiciones. Si se imagina, se puede escenificar. Algo totalmente contrario a la realidad: no es posible dejarse llevar sin cuidar el contexto o la persona, no vale únicamente una mirada para desencadenar una serie de actos en cualquier lugar imaginable. Funciona como fantasía, pero difícilmente llevado a la realidad.

Casualmente, en la pornografía todo el mundo está dispuesto a mantener relaciones, siempre se está disponible. No importa lo cansado que se esté, si se ha ingerido alcohol, si estamos ocupados… Este mensaje de “disponibilidad incondicional” provoca ideas inadecuadas y muy exigentes para la gente de a pie: tienes que estar dispuesto.

Relación sexualAdemás, las relaciones sexuales que se mantienen son siempre perfectas. Nunca hay ningún problema: el preservativo siempre se coloca a la primera (si es que se pone, lo cual hace pensar que es algo opcional), las erecciones son imponentes, resistencia apabullante,  los orgasmos más parecidos a un espectáculo de fuegos artificiales que a un reflejo del organismo, se consigue el orgasmo a la vez que el acompañante, etc. No hay movimientos torpes, ni una pérdida de erección tan normal en las relaciones sexuales (mucho más común de lo que uno se imagina), no hay cuerpos flácidos, ni tamaños comunes, no existen ritmos diferentes… Lo cual manda un segundo mensaje: ya no sólo debes estar dispuesto, también debes estar a la máxima altura.

En la pornografía todo vale, lo cual está muy bien como ilusión para dar rienda suelta a las fantasías, pero no como referencia real. El orgasmo siempre se consigue, y siempre gracias a una penetración en el caso de las mujeres. La mujer es un elemento sumiso, que debe aceptar lo que se presente con una actitud positiva y a la que se le puede hablar de forma denigrante. 

La realidad es muy diferente. Existen cuerpos más o menos musculados, preferencias sexuales, tiempos y ritmos muy diferentes entre individuos, sin orgasmos simultáneos o simplemente sin necesidad de tener orgasmos para tener una buena relación sexual. 

La gente habla con su acompañante de las preferencias en la cama ya que hay que aprender a conocerse y conocer al otro, a sincronizarse, a leer las reacciones del otro y no esperar a leer la mente. Se respetan los límites, se usa el preservativo para evitar tanto embarazos no deseados como enfermedades.

La pornografía no debería ser un tabú, ni una referencia. Hay que verlo simplemente como lo que es, un estímulo excitatorio. No enseña, no es real. Este hecho es importante tenerlo en cuenta, sobre todo para los más jóvenes, para aquellos que creen que pueden aprender de ello y que funcionarán mejor si reproducen lo que ven. Por ello se hace evidente que no sólo hay que recibir información, sino que la formación siempre es necesaria, más aún cuando hablamos de cómo vivir la sexualidad de manera sana.

http://www.centta.es (Silvia Cintrano)

Noticias importantes para el cambio. El fenómeno del cambio en Grecia

Noticias importantes para el cambio. El fenómeno del cambio en Grecia.

Mitos, prototipos y dignidad

Comparto una reflexión que he recibido sobre los mitos dañinos:  Hace ya  cincuenta años de la muerte de Marilyn Monroe una de las figuras más influyentes en la psicología colectiva del siglo XX. Todas hemos crecido bajo la recurrente imagen de esa mujer fabricada por la industria de la publicidad  y la sub-cultura de masas del siglo XX.

Marilyn es el prototipo de la mujer descerebrada y vacía, un cuerpo sin alma destinado a manipular la psicología masculina al catequizar a los hombres para que consideren ese modelo de fémina como el más apetecible y a las mujeres para imitarla en su físico tanto como en su psicología.

 

Fotografía: Yolanda Jiménez

Fotografía: Yolanda Jiménez

Su figura fue diseñada con detalle. Una belleza artificial y sin expresividad que no comunica ni exterioriza emoción alguna, una personalidad quebrantada, insegura  y blanda, superficial hasta el empacho, dependiente de los hombres, del poder y del dinero, destructiva y dañina.

Por completo ajena al impulso maternal, su vida fue un perpetuo pulular alrededor de los hombres poderosos como Keneddy, una pertinaz peregrinación de fiesta en fiesta y de exceso en exceso.

El distintivo más llamativo de su carácter fue la simpleza mental, la ignorancia, la incultura y la ausencia de la chispa de la inteligencia natural.

Que Marilyn se haya convertido en el icono del siglo XX junto con el bote de sopa de Warhol  dice mucho de una época en que la trivialidad y las baratijas han sustituido y destruido la cultura, la civilización y la esencia humana.

Al hacer un símbolo sexual de una figura tan lamentable en sus atributos intelectuales, morales y sociales se dio un golpe formidable a esta práctica primordial y natural de la vida humana. El sexo genuino es una forma de relación personal, es decir, no es una relación entre dos cuerpos sino entre dos individuos. Aunque la relación libidinosa admite muchas variantes éstas requieren, para ser de calidad, que todas las dimensiones del ser humano se incluyan. La imaginación, el lenguaje, la capacidad para interiorizar la alteridad, es decir para ver, sentir y comprender al otro como acto de la inteligencia práctica, son, entre muchos otros, elementos fundamentales de lo erótico; un sexo sin contenido como el que vende la figura de Marilyn es una ceremonia que anuncia la agonía de la carnalidad humana.

No hay nada en la proyección histórica de Marilyn que sea casual o fruto de movimientos espontáneos de la opinión y la vida social. Como apunta Belén López Vázquez en “Publicidad emocional” tanto ella como James Dean o Elvis Presley fueron un producto de la mercadotecnia fabricados por la industria del adoctrinamiento de masas.

MIRADA MUJER

No parece casual que comenzara su carrera de modelo poniendo su imagen para ilustrar la contribución de las mujeres a la economía durante la Segunda Guerra Mundial, es decir, como un símbolo del militarismo norteamericano.

Lo anterior demuestra que el machismo trastornado implícito en el estereotipo viviente de la mujer tonta que representa la rubia universal no se origina en el pueblo como algunos quieren dar a entender ni en la derecha mostrenca y carcunda, es, por el contrario, el producto del compadrazgo del capitalismo  más potente, el de la industria del entretenimiento y la manipulación  de las masas de Hollywood, el poder imperial, representado por el Pentágono y la Casa Blanca y la izquierda más papanatas que propagandiza el feminismo, se inclina ante los iconos de una “cultura” de la frivolidad y la chabacanería y usa ambas doctrinas, feminismo y vanguardias artísticas, contra la tradición y el acervo del pueblo.

A todos aquellos que aún no han entendido que ese modelo de mujer descerebrada, aturdida y obtusa se ha fraguado en la modernidad y no en la tradición les recomiendo la lectura atenta del Quijote y el estudio de sus figuras femeninas,  especialmente Dorotea y Marcela, que son retratadas como personalidades absolutamente singulares e impares, sujetos que viven por sí mismas, sustantivamente y no como adjetivos de los hombres.

Se puede reconocer cual es la virtud que Cervantes admira más en las mujeres, su inteligencia, por eso todas las féminas de la novela cervantina hablan por sí mismas y sin complejos y son escuchadas con fascinación por los hombres. Dice Julián Marías en “La educación sentimental” que Cervantes “descubre formas variadísimas de feminidad”, es  cierto, pero también lo es que todas las personalidades femeninas que dibuja están dotadas de una enorme autonomía personal y viveza intelectual, no encontraremos ninguna “Marilyn”.

No puedo acabar sin un comentario a la adaptación postmoderna del mito misógino de la mujer vacía que ha hecho como nadie un personaje de la izquierda, Pedro Almodóvar. Más machista que sus antecesores ha sido él, el hombre creador de los símbolos y no sus representaciones mujeriles, quien se sitúa en el centro y acapara fama y honores. Las mujeres, en el cine del bufón manchego, carecen por completo de vida interior y forma humana, son un monstruoso compendio de disvalores, chabacanería, ininteligencia, incultura e incivilidad. Su colección de histéricas, maniaco-depresivas, histriónicas, perturbadas y estrafalarias es el mayor escarnio de la imagen de la mujer de la historia contemporánea. Supera con creces al machismo franquista que conservaba un respeto elemental y privado, pero real, por el carácter humano de las féminas, aún considerándolas inferiores en su participación social.

Para Almodóvar las mujeres no somos en realidad personas, sus “chicas” son mofa y befa de la feminidad como humanidad singular sexuada, carecen de lenguaje lúcido, metas trascendentes, sentido común y mérito personal. son cáscaras vanas, insustanciales hasta el empacho, simples y necias obsesionadas con un sexo frívolo y una vida estúpida y superficial de conversaciones banales y  holganza aristocrática.

MUJERES

Dada la centralidad que consiguió el cine (proceso que, por cierto, se fraguó en el franquismo) en la sociedad moderna y la influencia que la imitación de sus personajes ha tenido en la vida popular no es de extrañar que toda una generación de mujeres se haya mirado y construido según el paradigma del hortera manchego como seres irracionales y vacuos, encerradas en un arquetipo letal.

Que se haya hecho de este personaje un icono de la izquierda ni es casual ni un error, manifiesta el rostro auténtico de esta ideología que ha sido en la historia y en el presente la representante de la misoginia más pura, del odio a la mujer más enconado.. Que los y las feministas se sientan identificados y hermanados con el que ya es llamado “manchego universal”, frente y contra Cervantes, no es tampoco un accidente sino que corrobora lo que he sostenido siempre, que tales son los representantes de un neo-machismo más nocivo y virulento que el del patriarcado clásico pues atenta a los fundamentos de la condición humana de las mujeres.

No podremos las mujeres recuperar plenamente nuestra dignidad como personas mientras no nos situemos resuelta y decisivamente contra tales operaciones neo-machistas y neo-patriarcales.

 

 

Poliamor: Una opción experiencial

Una periodista madrileña descubre en un libro de profunda carga erótica la transformación integral que ha obrado en su vida el descubrimiento de las relaciones múltiples

Karen Moan ha cumplido 42 años. Buena parte de ellos, al menos la mitad, los ha dedicado a buscar la felicidad. Como a la mayoría, desde pequeña le dieron ciertas pistas para encontrarla: debía tener forma de príncipe azul, ser educado, atento, bueno en la cama, mejor padre, sensible, trabajador… y, muy importante, ser solo para ella. Miró, probó… incluso creyó haberla encontrado varias veces, pero una y otra vez se desvaneció. Hasta que hace dos años descubrió que la felicidad nunca tiene una sola cara. Sino dos, tres… A saber cuántas. Se cruzó con dos DJ y descubrió que «se puede querer a más de una persona». Que el elixir del bienestar, la plenitud y la dicha es el poliamor.

«Nunca he estado más feliz en mi vida afectiva como desde que soy poliamorosa»

«Todo fue de casualidad. Cuando los conocí no me planteé que esto sucedería. Pero en el minuto uno en que estuve en la habitación de los dos me di cuenta. Me planteé una relación con ellos dos, empezamos a pensar en hacer cosas juntos. En ese momento todo era maravilloso. Nunca he sido tan feliz como desde entonces», asegura Karen, que además de poliamorosa es periodista y residente en Madrid. Arrollada por esa catarsis interior y sexual, dejó su trabajo hace un año paraconvertir su convulsa experiencia vital en novela y ayudar al resto de la gente, «también a los monógamos», a mejorar su vida. Ilustrada por Álvaro Coax, se titula «The Moan Club» y constituye una mezcla torrencial de relato erótico, libro de autoayuda, autobiografía, fantasía y provocación. Una publicación valiente y polémica sobre las relaciones múltiples, en la que la autora se somete a un desnudo integral de su cuerpo y de su alma.

-¿The Moan Club es un libro autobiográfico? El personaje protagonista se llama como usted y escribe un relato como la novela misma.

-Es una mezcla. Karen es un alter ego mío y algunos personajes del libro sí tienen base real. Lo que le ocurre a ella tiene parte de imaginación y realidad, pero no quiero decir cuánto. Ni siquiera yo puedo decir cuánto de Karen hay en mí y cuánto es ficticio. Ni siquiera lo sé yo. Creo, además, que ese misterio es parte del morbo de la historia.

-¿Cómo se pasa de ser monógamo a poliamoroso?

-Yo no conocía el término como tal, pero ahora sé cómo funciona y puedo decir que lo entiendo, lo respeto y me parece una opción muy buena. Toda mi vida había tenido relaciones monógamas sucesivas con un final en desamor. Pensaba que era un problema mío, pero hoy he aprendido que el amor no es lo que yo pensaba. El problema está en el concepto que tenemos del amor como compromiso, exclusividad; nos hacen creer que solo se puede querer a una persona, y ahora sé que no es cierto. También se da una visión muy negativa del sexo en muchos ambientes como algo sucio, cuando yo pienso que el sexo es maravilloso, desestresante, buenísimo para la salud física y mental. En cuanto lo practicas con más de una persona o tienes mucho sexo, te censuran. En la vida puedes querer a muchas personas sin sexo, pero si te acuestas con ellas ya está mal. Lo que he aprendido ahora con mi experiencia y los cursos que he hecho es que lo que estaba mal en mí sistema era cómo yo entendía el amor.

-¿Realmente se puede amar a más de una persona? ¿Todo el mundo puede o está capacitado para ello? ¿El poliamor existe en la vida real?

-Sí, pero si cambias el concepto de amor. Si el amor no es exclusivo. El hecho de estar con una persona no quiere decir que no puedas sentir atracción hacia otras. Todo se fastidia cuando metemos el sexo en la ecuación, insisto. Puedes tener un montón de amigos y familia a la que quieres, pero no un montón de personas a las que quieres y con las que tienes sexo. ¿Por qué? Porque tienes sexo. No lo entiendo.

-¿El ser humano no es monógamo entonces?

-Yo no me atrevería a decir tanto. Hay algunas personas para las que la monogamia es una opción buena. Pero también mucha gente para la que no lo es. La prueba es el montón de rupturas e infidelidades que existen.

-¿El poliamor es compatible con formar una familia?

-Considero que si quieres procrear, la monogamia es innecesaria pero sí muy natural. Una pareja cría a unos niños que necesitan dedicación especial. Durante un tiempo sí es cómoda la monogamia. Es difícil querer como unos padres a sus hijos, pero también hay muchas parejas de poliamorosos con niños que crecen superfelices. Es una multiplicidad de amor.

-¿El límite es el trío o en el poliamor se puede querer a un número indefinido de personas? ¿Hasta cuántas personas es posible amar a la vez?

-Esto es muy «sui generis». En primer lugar, depende del tiempo, es un factor muy importante. En el poliamor debe haber una relación sentimental, amor. Puedes tener una relación habitual, y luego amantes. O establecer un acuerdo con tu pareja para tener otros encuentros sexuales solo en las fiestas que se organizan. O incluso hacer negocios. Los poliamorosos prefieren llegar a acuerdos con ellos mismos que salir fuera.

-¿No es perjudicial para el cerebro y el estado anímico? El propio personaje de su libro, Karen, vive atormentado por sus pensamientos y dudas interiores. Parece una mujer obsesionada por el sexo, que dice que le encanta, pero en realidad lo que mandan en ella son los sentimientos.

-Karen viene de una educación religiosa y una moral que le cuesta mucho saltar. Tardas un tiempo en entender el poliamor, en reeducarte y creerte que funciona. Relaciones abiertas ha habido siempre, y nunca han sido fáciles. Tampoco hoy. Pero, a cambio, obtienes gran crecimiento personal porque, para poder llegar al poliamor, debes tenerte un cariño a ti misma y un convencimiento de ti misma bastante importantes.

-¿Y no surgen los celos al saber que, igual que tú estás con varias personas a la vez, también los están tus parejas?

-Los celos son constantes porque somos seres celosos. El tránsito de ser monógama a decir que no va conmigo no es fácil, pero llega un momento en que te parece todo lógico, en que ves que es lo que querías. Sufres más o menos según de dónde vengas. Karen no entiende sus sentimientos, se siente sucia, mal.

-¿Lo que le atormenta son los remordimientos o las dudas?

RECOSTADA

-Primero sufres pensando que no es normal lo que te pasa, «nadie lo hace», «soy un bicho raro», «voy a cargarme mi amistad con tal o cual persona»… Pero conozco a muchas chicas jóvenes a las que no les importa lo que piense nadie. Tienen claro que la sexualidad es vital para ellas, no se plantean una relación monógama, y yo las veo muy fuertes.

-¿Y los celos?

-No se superan, pero se aprenden a gestionar de otra manera. Has de analizar qué problema tienes, qué miedos sientes, a perderle a él o a qué. Los celos los tienes que solucionar contigo mismo y hablar mucho con la otra persona de cada situación en que se producen celos. A veces le dices: «Me ha puesto muy celosa que le des la mano pero no me importa que le des besos». O «no me importa que tengas citas con otras chicas pero sí que pases la noche fuera». Hay un montón de preguntas que te planteas a medida que avanzan las relaciones abiertas, que nunca surgen en las relaciones cerradas. Has de ir analizando en cada momento por qué eso te ha dolido, gestionarlo contigo porque es una inseguridad tuya. Si tú admites que puedes querer a dos personas, tu pareja puede querer a dos personas y eso no significa que te vaya a dejar. El problema es que piensas que eres menos que el otro.

-Pero si no siento celos igual es porque me da igual. Que si no me enrollo con esa persona ya vendrá otra…

-Esa es la forma que tenemos todos de pensar. Pero si empiezas a pensar que puedes querer a dos personas, si quitas la barrera de la exclusividad, ya no entran los celos.

-¿Se quiere igual a todas las parejas dentro del poliamor, o una persona te puede gustar más que otra?

-No, no. Siempre quieres que te quieran más que a nadie. Es una inseguridad. Yo he sido muy celosa, y lo soy, pero lo que hago es identificar de dónde viene ese sentimiento. Lo que hago es hablarlo, y casi siempre descubres que son celos imaginarios. Han estado en mi cabeza situaciones no reales.

-Será inevitable comparar… Quién es mejor en qué…

-Claro, claro. O esta persona me gusta para esto u otro. El problema es cuando pensamos que una persona sirve para todo y le exigimos un montón. Que te haga feliz, que sea bueno en la cama, que sea buen padre, que no le gusten otras mujeres… es como imposible. Conozco solo una pareja así. Llevan veinte años juntos, tienen mucha comunicación entre sí, e incluso han hablado en un futuro de venir a alguna fiesta y tontear con el poliamor. Pero el resto se pone los cuernos, están fatal, no se conocen, se pelean por gilipolleces… En fin, el poliamor no es la solución, pero hablar, comunicarse, administrar los celos, dejar libre a la persona… es un alivio. Que te cases y vaya con ello la familia política, que tengas que dejar hobbies, compromisos… esa falta de libertad, de «ya no somos uno sino dos» se carga muchísimo las relaciones. Hay unos pilares que no están bien planteados en la relación monógama.

-Cuando empiezas a estar con una persona y le dices que quieres una relación abierta, con todas estas licencias, ¿te entienden?

-Imagina la cara que te ponen en el minuto uno. Pero la gran mayoría lo prueba, no sale corriendo. La curiosidad está ahí. El morbo. De todos modos, las personas que yo conozco hoy por hoy saben perfectamente por dónde voy; solo me muevo en ambientes de gente con mentalidad abierta. Pero es verdad que mis conversaciones son superdivertidas. Yo soy muy amorosa, me puedo enamorar de una persona que acabo de conocer, tengo una capacidad increíble de amar porque no busco el hombre perfecto. Puede ocurrir que conozca a un chico que me gusta mucho por ejemplo para ir a ver conciertos, tengamos una buena relación sexual y a las tres veces de estar con él le diga «te quiero». Pero no le quiero como antes, yo quiero a ese chico de la manera que sé querer ahora.

-¿Cómo sabes que es amor y no un amigo más?

-Porque lo experimento. Esto ha sido un cambio muy importante para mí. Alucinante. Ahora mismo conozco a un chico de Barcelona y no me importa lo que haga en su vida privada, no estoy pendiente de dónde está, pero le pregunto continuamente porque quiero experimentar celos para ir lidiando con ellos, sensaciones. Cuando estamos juntos lo vivo como si fuese la primera vez, es una relación reciente, mi tiempo es para él y estoy absolutamente enamorada. Y cuando nos separamos, le echo de menos, pero llevo esas emociones a la parte positiva. No es una relación idílica, es cierto. A veces lo echo de menos más de lo que me gustaría o me rebelo porque quiero estar con él y no puedo, pues como digo es de Barcelona. Pero tengo otro chico de Madrid, que hay veces que me dice que está con otras chicas. Tenemos que cuadrar las agendas, pero cuando encontramos hueco nos vemos. Mientras no estamos juntos no siento celos. Y si me dan un poco, pues se lo digo: «Eso me ha molestado».

JAPONESA

-¿No hay un poco de masoquismo en esto?

-No sé, considero que son relaciones muchísimo más sanas que las que tuve nunca. Considero que ninguno de ellos es responsable de mi felicidad.

-Entonces, quizá sea una huida, un modo de evitar sufrir por amor…

-No, porque… creo que eso no. El poliamor no es solución para todo el mundo, pero sí es un paso a tener en cuenta, y muchas de sus prácticas deberían conocerse y aplicarse a las relaciones monógamas. La falta de libertad y honestidad son dos pilares que se cargan muchas relaciones, es lo que a mí me había pasado hasta ahora. Los principios de las relaciones poliamorosas son muy divertidos. En el minuto uno has hablado de cosas que en las monógamas no dices hasta que llevas un año. En el caso del chico de Barcelona, nos echamos de menos, y cuando nos vemos parece que queremos aprovechar cada minuto juntos. Este chico venía de monógamo, ha conocido relaciones abiertas gracias a mí. No se cree poder hablar conmigo de las relaciones con otras mujeres. El que yo le diga: «Pues, joe, con esta chica de la foto me ha dado un pelín de cosa…». Y él me responde: «¿Pero por qué? Si yo no voy a dejar de quererte a ti por estar con otras mujeres». Cuando lo asimilas, es como si encajara todo.

-¿En el poliamor la base es el sexo? Quedo con tal o cual para meterme en la cama…

-Nosotros hacemos de todo. El tiempo juntos es como el de una pareja normal. Vamos a restaurantes, conciertos, salimos… El fin de semana vas de compras, das una vuelta, pasas el tiempo en casa… Lo que haces con parejas normales.

-¿Son parejas estables o hay relevos continuamente? ¿Dejas de ver a unos e incorporas otros…?

-Hay de todo. Mantener una pareja poliamorosa en el tiempo es complicado. No es la panacea, pero las que consiguen un alto nivel de comunicación y madurez son muy estables. Conozco a varias que llevan muchos años juntos y se han ramificado a su vez en otras relaciones de varios años. Me muevo en un universo de unas trescientas personas en este mundo, y no parece que se rompan más que las tradicionales.

-Y si se rompen, igual sufres menos… Como te quedan otros varios con los que consolarte…

-Depende de cómo sea de importante esta persona para mí. Yo he tenido rupturas que me han dolido tanto como las monógamas.

-¿Se rompe formalmente? Con el típico «tenemos que hablar»…

-El momento de «mejor no nos seguimos viendo» es fatal. A veces lo puedes ir previendo. En estas relaciones se habla y trabaja muchísimo. Hay charlas y talleres mensuales. Siempre estás aprendiendo.

-¿Dónde os encontráis esas trescientas personas del círculo que hablas?

-Hay unos bares en Madrid donde sabes que te los vas a encontrar. O en las fiestas que se organizan de vez en cuando. Últimamente yo solo me relaciono con este grupo, pero también me gusta mucho expandir la palabra poliamor, aunque es difícil. En cuanto sales de estos círculos, conoces a un chico que no esté metido en este mundillo y le cuesta entenderlo. Aunque también es verdad que se suelen interesar mucho, que despierta mucha curiosidad. Cierto morbo.

-¿Cada una de esas trescientas personas tiene sus parejas o se van cambiando?

-Ahí están los «kinker», que engloban toda sexualidad no convencional: el colectivo de gais, lesbianas, cualquier persona, incluso gente con determinadas perversiones como las que les gusta el sexo con muñecas, gente con una sexualidad más abierta. Y luego está el poliamor, que va más por la relación afectiva, sentimental. Las actividades de los poliamorosos puros son más de crecimiento personal, hablar, pero no hay tanto sexo. En Cataluña se organizan fines de semana de convivencia para conocerse, hablar de estos temas, ver cómo se llevan a la práctica, cómo sales del armario o lo dices a la familia, cómo se vive en sociedad… Estoy intentando organizarlo en Madrid.

CAMBIAR LA MIRADA

-¿Cómo se sale del armario?

-Mi familia más cercana, mis padres, lo llevan muy bien. No tienen ningún problema con lo que cuento o hago.

-¿Cómo se enteraron?

-Cuando les dije que iba a publicar el libro. No quieren saber cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en el libro. Pero estuvieron en la presentación con los «kinker» haciendo de las suyas. Mi padre dijo que se iba rápido pero mi madre aguantó hasta el final. Luego hay gente más mayor que ha hecho mutis por el foro, que no sé si han leído el libro. Y la familia más cercana y joven, tan tranquila. Entre mis amigos, al principio, hubo todo tipo de posturas pero hoy por hoy están muy abiertos a todo: no se ha alejado nadie de mí por este libro. Ha sido una reacción bastante positiva de gente que se acerca a hablar de cosas que necesitaba contar. Y estoy deseando empezar las charlas, primero con las mujeres, pero espero que también con hombres. Contarles mi experiencia para que la pongan en práctica en sus relaciones aunque nunca sean poliamorosos.

-¿El poliamor existe solo para la mujer y en el caso de los hombres es polisexo? Los personajes masculinos de su libro huyen del compromiso, de sus sentimientos. Ni siquiera se paran a pensar en ellos, no vaya a ser que se enamoren. Cuando Karen dice «te quiero», se produce una espantada masculina.

-Los hombres parece que vienen con el chip para el poliamor, pero tampoco. Se tienen que quitar el afán de posesión, del «esta mujer es mía». Tampoco todo el mundo vale para esto. Tengo amigos que no son capaces de compartir a su mujer. Otros sí lo ven porque entienden que, si ellos quieren estar con otras personas, es lógico que ella también lo esté. Conozco muchos hombres con una capacidad de enamorarse brutal, que son un encanto, que no solo buscan sexo. Y, como afrontan las relaciones desde el punto de vista del poliamor, no son nada machistas, se preocupan por ti, te miman, pero no solo a ti. De hecho, cuando salga de esta entrevista tengo a tres personas a las que tengo que escribir para contarles.

-Pero eso son amigos…

-Pero tienes sexo con ellos, y te quieren. O llámalos amigos con los que tienes sexo.

-Amigos con derecho a roce, entonces…

-Digamos que son el famoso «follamigo»… Puede ser… A lo mejor este basado en todo esto, pero llevado a un nivel de compromiso, de convivencia. Amigo con derecho a sexo, pero que se preocupa por ti y tienes varios. La definición me da igual, el cómo lo llames. Es alguien que se preocupa por ti, es un amigo, pero si además tienes sexo, te cuenta lo que hace con otras parejas…

-¿El interés por saber lo que hace con otras parejas es por morbo…?

-Depende de tu necesidad. Hay parejas que prefieren no saberlo, pero otras sí quieren conocer dónde están, situarse. Y en otras, sí, es morbo. Hombres y mujeres que quieren enterarse con pelos y señales porque les da mucho morbo. En mi caso, prefiero saber, pero no entrando en detalles sexuales; solo pregunto si ha tenido sexo esta semana.

-¿Y no duele saberlo?

-No. Me gusta saberlo. El tema del sexo creo que lo llevo bastante bien.

-¿El poliamor es heterosexual o también incluye parejas del mismo sexo?

-La gran mayoría de personas del círculo «kinker» tiende más a la bisexualidad que a la heterosexualidad. Has saltado barreras tan importantes, nada fáciles, tienes tantas cosas en común con las personas de ese grupo, que enseguida hay posibilidad de establecer vínculos afectivos o sexuales sin tener en cuenta el género.

-¿Y las parejas poliamorosas discuten tanto como las monógamas?MUJER CORNISA

-Se discute menos porque se habla mucho más de sentimientos. Vas plantando la semilla de la comunicación desde el principio, y eso hace que discutas menos. No te puedo decir qué hay debajo de cada pareja poliamorosa, pero a mí me parece lógico que surjan menos roces. Si te cultivas como persona, te quieres, idealizas de otra manera, no guardas tantas cosas dentro. Se trivializa menos.

-¿No te da miedo que un día te enamores de alguien?

-Miedo, no. Porque, cuando me ocurre, no lo vivo como antes, porque no me veo capaz de engañar a alguien prometiendo amor eterno. Lo hice una vez de verdad, pero no salió bien. Luego he tenido relaciones consecutivas, una detrás de otra, pero tampoco funcionaron. Después de siete años, me di cuenta de que no era feliz, como me había ocurrido en todas las anteriores. Fue falta de libertad, sobre todo de libertad, porque en este caso teníamos muy buena comunicación, pero me había absorbido de forma absoluta.

-¿No te gustaría tener para ti sola a ese chico de Barcelona con el que lo pasas tan bien?

-Al chico de Barcelona le digo que en cuanto esté con alguien de forma continua me lo diga. No estoy ahí, no lo veo. Necesito estar preparada. Desde que conocí este mundo quiero saber si voy a volver a sentir los celos como los sentía, quiero volver a saber si voy a enamorarme como me enamoraba antes de, y es que no me ocurre. Empiezo a pensar que este cambio se ha producido en mí de verdad. No es que me lo esté creyendo, sino que lo entiendo. Asimilo que mi forma anterior de querer no era la adecuada. Nunca he estado más feliz en mi vida amorosa que desde que cambié el chip.

-¿No temes que te señalen con el dedo tras escribir este libro? Que te encasillen en este género.

-Pues sí, hombre, lo tengo claro. Pero no tenía otra opción. Me he estado escondiendo toda mi vida. Hace dos años que encontré respuesta a mi vida. Desde niña he sido una chica a la que le gustaba la sexualidad. Me habían llamado guarra muchas veces y me lo creía. Hasta que me di cuenta de que el problema no era yo, sino la sociedad. Además, era incapaz de desarrollar sentimientos, de decirle a un hombre que quiero seguir viéndole, pero no de la manera que él piensa. Si yo le digo a una persona «tengo sentimientos hacia ti», esa persona si no me conoce ya piensa que estoy buscando pareja. Pero no, o sí, pero varias. Ahora querer a alguien me resulta supersencillo y me encanta.

Ampliar la mirada: Una evolución consciente

Aquel que considera que su sistema de creencias es más válido que el ajeno se niega la posibilidad de ampliar  realmente  su mundo

Nuestra naturaleza humana nos hace ser permeables a nuestro medio. Es parte de nuestra biología establecer relaciones e interacciones con aquello que nos rodea, y esto ocurre a nivel emocional, sexual, material e intelectual. Es este último centro en donde podríamos asentar la base de nuestras creencias.

Es a través del intelecto que absorbemos, modificamos y re-creamos pensamientos que luego van a incidir en la configuración de nuestros mundos personales (y por extensión en el mundo colectivo).

Nuestros límites tienen su base en nuestro intelecto porque este es el que recibe órdenes, instrucciones y conceptos del “mundo exterior” (la familia, la sociedad). Estas ideas se convierten en nuestro “set” de creencias, en nuestra batería de “programas” con la cual nos metemos al mundo. Aquí  es donde hay que poner nuestra atención.

Si queremos vivir cada día más livianos, tenemos que empezar a romper nuestros límites. Esto se puede lograr observando desde donde provienen nuestras creencias. Una vez identificado el origen, validez y utilidad de la batería de creencias que portamos, podemos comenzar a elegir aquellas que realmente nos sean una ayuda y no un lastre en nuestro desarrollo como personas.

La autoexaminación es una vía, una forma en la que podemos comenzar a transgredir nuestros propios límites. Si siempre nos movemos en los mismos ambientes, nos relacionamos con las mismas personas, consumimos la misma “cultura”, difícilmente podremos contraponer nuestras creencias con las creencias del otro, y justamente eso es ampliar la mirada.

Aquel que considera que su sistema de creencias es más válido que el ajeno, solo vive en una jaula adornada por ese pensamiento sesgado, pero se niega la posibilidad de realmente ampliar su mundo.

La empatía, el no-juicio, la aceptación de lo diferente, nos llevará a permitirnos una comunión con las creencias del otro, y esto derivara inevitablemente en una apertura a la co-creación de un mundo donde nos reconoceremos en el otro; en otras palabras, a un mundo más cercano a lo que realmente es, y no tan sesgado por nuestras propias ideas, las que si bien nos son útiles, están siempre susceptibles de ser ampliadas.

 

http://www.animalespiritual.com

El “No” como test de madurez

Comparto un artículo sobre la capacidad de decir “No” como parte del proceso de crecimiento y evolución personal. Publicado en la interesante  página del periodista y escritor Juan Peláez.

 

hoyLa lealtad se gana.

Actualmente todo el mundo habla de lealtad y,

en realidad,

lo único que hace es obedecer ciegamente

las órdenes que recibe.

Kazuo Isiguro

 

  •  ¿Eres capaz de decir “NO” en tu día a día con total honestidad, coherencia y libertad?
  • ¿En tu trabajo es posible decir “NO”  a tus compañeros de trabajo o superiores sin que ello tenga unas consecuencias nefastas en tu futuro profesional?
  • ¿Tu entidad es capaz de decir “NO” ante situaciones concretas sin que ello contradiga su misión, visión y valores?

Las relaciones en un equipo de trabajo son siempre la asignatura pendiente de cualquier organización. Los departamentos de recursos humanos o los directivos y jefes, la mayoría de las veces abordan de manera poco madura los problemas de comunicación interna. Creen que a través del miedo a la jerarquía, de un buzón de sugerencias o de una revista el problema queda solucionado.

El ambiente que exista en el equipo de trabajo va a ser fundamental para que nuestra entidad funcione con los criterios de eficacia y eficiencia que se desean. Y además, para que los trabajadores puedan desarrollarse no sólo profesionalmente sino también como personas. Elemento este último olvidado en las estructuras empresariales y en los nuevos estilos de dirección. Algo contradictorio, puesto que debería ser primordial porque a largo plazo aumenta el valor de la empresa, su productividad y las posibilidades de afrontar los cambios sociales.

Nos vamos a ocupar en este artículo de la capacidad de negar, del “NO” que puede pronunciar cualquier persona o trabajador.

“NO”, es una de las palabras más cortas en cualquier lengua. A la vez, en la edad adulta, parece la más complicada de emplear.

 

Dibujo: Juan peláez

Dibujo: Juan Peláez

Entre las primeras actitudes que aprende un niño o niña se encuentra la de negar. Gracias al “NO” se  afirman. En la adolescencia, época de la revolución personal contra el mundo, la sociedad, las estructuras familiares… es una gran fuerza. Es un proceso natural estudiado por la psicología evolutiva. A medida que la persona adquiriere mayores cotas de responsabilidad, la capacidad para negarse disminuye. Las normas sociales, el miedo a la jerarquía, la necesidad de ser aceptado, entre otros factores, contribuyen a ello.

En un equipo de trabajo la incapacidad para negarse a las propuestas de compañeros y superiores no puede interpretarse de otra manera que como inmadurez por parte del trabajador y de la estructura laboral.

Una persona adulta, emocionalmente estable comprenderá que en determinadas situaciones deba:

–         Decir “NO”.

–         Y también escuchar negativas por parte de los demás.

Muchos individuos van a sufrir cuando tienen que negarse a algo. Tienen miedo a defraudar las expectativas de los demás, a no saber argumentar las razones de su negación, a perder su puesto de trabajo, a no contar con la consideración dentro del grupo o simplemente por pereza o comodidad. El ser humano manifiesta una tendencia innata a querer ser valorado y tenido en cuenta.

Eso implica que muchas personas se encuentren en constante disponibilidad. Un permanente decir sí, que lleva a una dependencia de los otros y a querer exportar una imagen de uno mismo falsa. Muchas veces va en contra de las propias creencias o deseos. Algo que contribuirá a:

–         Dificultar la evolución personal.

–         Redundar de forma negativa en la autoestima.

–         Crear unas relaciones con los demás “insanas”.

Son situaciones en las que se afirma con un “sí”, cuando en realidad, se desea manifestar un “NO”

Una estructura, un jefe que desee una incondicionalidad absoluta de sus empleados, se equivoca. Las personas y las entidades evolucionan por la crítica positiva de todos sus interlocutores. Esa aportación a la riqueza de la entidad o de la persona va a venir de la mano de las negativas. Es decir, por un “NO” maduro, fundado en la alternativa que vendrá de una argumentación convencida y firme.

Se ha de buscar un espacio en el grupo de trabajo para llegar al equilibrio entre la tolerancia y la comprensión, y las posibilidades reales, libres y sin “venganzas” de expresar la discrepancia.

Por otro lado un jefe que solo espere asentimiento permanente del grupo que dirige, lo podríamos encuadrar de manera general en dos tipos:

–         Persona con inmadurez directiva. Deberá evolucionar por medio de una reflexión profunda sobre su manera de dirigir, sus capacidades personales y profesionales. Y si no es capaz por sí mismo, deberá buscar la ayuda de un coaching o de otros profesionales que le enseñen a admitir que las diferencias con los criterios propios son la base de la evolución y la riqueza del grupo de trabajo.

–         Alguien que debe acudir a un terapeuta que le ayude a superar un problema psicológico. Ya sea por decisión propia o por obligación de sus superiores para que supere su: narcisismo, inseguridad…

El miedo, que se manifiesta en la imposibilidad de decir “NO”, dirige hacia una involución personal y social.

Un directivo, un jefe que sólo recibe felicitaciones por sus propuestas, Sí, sí, sí de sus empleados o colaboradores debería preocuparse:

–         Le tienen miedo y por tanto es un enfermo. Cualquier ser humano debería desear ser amado. Lo demás es ir contra natura. Cuando tome decisiones equivocadas nadie le va a criticar. Puede llevar a la empresa, a la oficina, a su grupo al desastre.

–         Ha elegido mal a sus colaboradores. Se ha equivocado. Un trabajador está para aportar sus opiniones tanto positivas como negativas. El ser humano que se encuentra en el interior de cada trabajador también. Tiene a su alrededor a profesionales sin criterio o que no osan manifestarlo, ¿para  qué?

Decir “NO” es una manera de expresar al entorno cómo somos. Necesitamos que desde la sinceridad empática, es decir, desde el acercamiento y comprensión a la situación del interlocutor, se entable una relación de autenticidad en la que se imponga un diálogo:

–         Veraz

–         Constructivo

–         Fluido

–         Honesto

Una entidad donde los miembros no puedan manifestar sus “NO”, es una estructura con miedo, inmadura y por tanto a la larga ineficaz y con poca eficiencia. La crítica es lo que ha llevado a la humanidad a la evolución.

Existe una diferencia entre la sociabilidad y la hipocresía de quedar bien a cualquier precio dentro del equipo de trabajo.

Recapacitar sobre el “NO” nos lleva a darnos cuenta de la situación social a la que posturas interesadas por entidades económicas y políticas nos ha llevado. Las aportaciones diferentes se toman como enfrentamientos, la evolución personal no es deseable porque conlleva personas maduras y críticas que son capaces de manifestar su negativa a los recortes en educación, en servicios sociales, en la privatización solapada de la sanidad, en las prebendas de los políticos, sus partidos y familiares, en las bajadas de salarios unidireccionales, las jubilaciones a edades impensables, a las corrupciones permitidas, a las evasiones de capitales y a tantas otras cosas a las que decimos “NO” y por ello gran parte de la población es considerada enemiga del mercado, de la evolución o del desarrollo social.

La falta de  aceptación del “NO”, como he mantenido en mi artículo, no solo habla de las entidades, habla de la sociedad y sus miedos, de los abusos y de cómo los aceptamos. Y sobre todo es un test a nuestro desarrollo personal.

Recomendaciones

Fotografía: Juan Peláez

Fotografía: Juan Peláez

–         No sentirnos culpables cuando digamos “NO” de manera honesta.

–         Dar prioridad a nuestras necesidades, opiniones y deseos, no es una manifestación de egoísmo, sino de responsabilidad, autoestima y madurez

–         Al decir “NO” realizamos un test. Comprobamos como el interlocutor nos valora y cómo nos quiere o aprecia por lo que somos en realidad.

–         Las negativas no rompen uniones con los demás, sino que van a plasmar un compromiso de respeto y sinceridad con nosotros mismos y los demás.

–         El no ser capaz de decir “NO” permite que los demás violen nuestros derechos.

–         La negación adecuada es la demostración de una personalidad responsable y auténtica.

–         La confianza se fortalece cuando el diálogo y la interacción no se sustentan en falsos asentimientos y condescendencias.

–         Cuando nosotros decimos “NO”, permitimos a los demás que también manifiesten su negativa. Se asienta así una comunicación fiable, veraz y fluida.

–         No estaría de más leer algo sobre la asertividad: entendida como la capacidad de defender los derechos personales y expresar los sentimientos y creencias de manera honesta, directa y apropiada, para que no violen los derechos de las otras personas (AJ. Lange, P. Jakubowski)

http://www.juanpelaezescritor.wordpress.com

 

 

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