Nuevo año, nuevo orden

La energía nueva está llegando y haciéndose notar en cada uno de nosotros, pero para manifestarse necesita que soltemos el control de a falsa seguridad del cómo se han hecho las cosas hasta ahora. A medida que se aceleran los días, sujetarse a lo antiguo o no posicionarse, comienza a doler y nos golpea con una fuerza increible. En ocasiones cuesta verlo, siendo cada nuevo envite una gran oportunidad de ver en qué seguimos aferrándonos a lo conocido

Quizá ha llegado el momento de ser nosotros. Soltar las necesidades del yo pequeño que solo se fija en el detalle y ver que puede aportar todo eso a la humanidad en su conjunto. Sin olvidarme de ese yo que es mi referente y que, como un sensor, me irá marcando a través del modo en el que me voy sintiendo, si estoy alineado o no con mi misión del alma.

Quizá ha llegado el momento del nosotros, como un grupo de seres en desarrollo que eligen dejar de competir para empezar a compartir y hacer algo todos juntos, cada uno desde su autenticidad, desde lo que tienen para aportar y desde el sentir profundo de su alma.

 

Sabiduría ancestral: energía femenina para un nuevo mundo.

 

La sabiduría ancestral, el amor a la tierra, el conocimiento de la Naturaleza, tradiciones orales, sanación, solidaridad y más, es lo que forma el proyecto de estas trece mujeres, trece abuelas del mundo. Una iniciativa que nos muestra el valor de  preservar la cultura y compartir conocimientos, en armonía espiritual. Sin duda una experiencia interesantísima, que recojo a continuación:

“Nosotras conformamos el Consejo Internacional de las Trece Abuelas Indígenas. Somos una unidad. Somos una alianza de oración, educación, y sanación para nuestra Madre Tierra, para todos sus habitantes, para todos los niños y para las siguientes siete generaciones”

26.12.2012 ·  · Charlotte Van Den Abeele

Estados Unidos. Máster en Trabajo Social, Universidad del Estado de Arizona, 1996. Doctorado en Justicia e Investigación Social, Universidad del Estado de Arizona. Miembro de las Tribus Indígenas del río Colorado, Arizona. Miembro del Consejo Internacional de las Trece Abuelas.“Nosotras conformamos el Consejo Internacional de las Trece Abuelas Indígenas. Somos una unidad. Somos una alianza de oración, educación, y sanación para nuestra Madre Tierra, para todos sus habitantes, para todos los niños y para las siguientes siete generaciones. Estamos muy preocupadas con la destrucción sin precedentes que está sufriendo nuestra Madre Tierra y la destrucción de las formas de vida indígenas. Creemos que las enseñanzas de nuestros antepasados iluminarán nuestro camino hacia un futuro incierto. Nos esforzamos en expandir nuestra visión a través de la realización de proyectos que protegen nuestras diversas culturas: tierras, medicinas tradicionales, idiomas y prácticas ceremoniales de oración y a través de proyectos para educar y enseñar a nuestros niños. Nos unimos a todos aquellos que honran a la Creación y a todos aquellos que trabajan y rezan por nuestros niños, por la paz mundial y por la sanación de nuestra Madre Tierra”. Éste es el texto de la Declaración del Consejo Internacional de las Trece Abuelas Indígenas.

 

La abuela Mona es una de las trece abuelas que se reunieron por primera vez una noche a mediados de octubre del año 2004 en un paraje entre bosques, campos y ríos en un rincón del Estado de Nueva York. Esas mujeres procedían de los cuatros puntos de planeta (Circulo Polar Ártico, América del Norte, del Sur y Central, África, Tíbet y Nepal) para cumplir una profecía muy antigua que conocían varias tribus indígenas del mundo: “Cuando las abuelas de los cuatro puntos cardinales hablen, comenzará una nueva era”. Cada una de las abuelas sabía en lo más profundo de su ser que un día iba a formar parte de un consejo porque se lo habían dicho de distintas maneras. A algunas de ellas, se lo habían dicho sus abuelas cuando eran pequeñas.

Las abuelas están consideradas como leyendas vivas y cada una, en calidad de mujer sabia, curandera, chamán y sanadora de sus tribus, tiene el deseo de compartir nuevas visiones y profecías para la humanidad, fuentes de sabiduría de sus pueblos y enseñanzas de vida propias de cada tribu. Su meta última es vivir en armonía con su entorno, respetando la naturaleza y su prójimo.

El nombre de Mona Polacca, como los orígenes de sus antepasados de la tribu hopi/havasupai/tewa, es parte indisociable de su identidad. Por parte de madre es havasupai, el pueblo del agua azul y verde originario de la zona del Gran Cañón. Por parte de padre, es hopi-tewa, del norte de Arizona. Su apellido, Polacca, significa “mariposa” que simboliza en la cultura hopi la transformación espiritual del hombre. Mona comenta que los indígenas han pasado por un tiempo de lucha y de oscuridad del cual están saliendo como un gusano se transforma en mariposa: “Al principio se arrastra sobre la Madre Tierra en forma de gusano y solamente ve lo que tiene delante. Luego, llega el momento en el que se mete en un capullo y se adentra en la oscuridad. En esa oscuridad, tiene lugar un cambio completo. Al final, sale al mundo, a la vida, convertida en una criatura preciosa. Pero no emprende el vuelo inmediatamente, se queda a la espera, tomando contacto con los elementos de la vida, con el agua, con el aire, con el fuego y con la tierra. Luego, bate las alas y vuela y ve el mundo desde una perspectiva completamente diferente”. Ésta es la historia que le contaron a Mona cuando fue llamada mariposa.

Mona aprendió la forma de vida indígena de sus abuelos, quienes siguen presentes en todo lo que hace hoy en día. Aprendió a rezar para honrar a sus antepasados que a través de sus rezos hicieron posible que ella esté aquí: “Si yo puedo estar de pie o arrodillada sobre mi Madre Tierra rezando, es gracias a ellos”. La enseñanza más importante se la transmitió su madre, que le dijo que no había venido sola a este mundo, que siempre sería la representante de la familia próxima, de la comunidad, de la tribu, del pueblo y de las naciones indígenas, fuera donde fuera. Por eso, Mona tiene mucho cuidado cuando habla y actúa. El respeto al ser humano, a los elementos de la vida, a la naturaleza y a todo lo que la rodea es su guía para evolucionar en el mundo.

Y Mona Polacca viaja mucho. Lleva casi 30 años trabajando en casos de alcoholismo y drogadicción que azotan a los indígenas americanos. A partir de los años setenta, cuando se pusieron en marcha en las reservas los programas sociales de ámbito federal, Mona trabajó con los más jóvenes: organizó festivales para jóvenes y mayores donde los ancianos contaban a los jóvenes la forma tradicional de vivir la vida. Los jóvenes oían canciones, música y danza tradicionales, lo que les daba un sentido de identidad. Mona dice: “Así los jóvenes aprenden que esas formas de vida siguen existiendo, que no son algo de museo. Pueden tener en sus manos lo más sagrado de nuestras tradiciones. No es historia, es una parte esencial de nuestra vida actual”. Mona Polacca ha llevado a cabo varios estudios sobre el comportamiento adictivo, la violencia doméstica dentro de los pueblos indígenas y sobre los ancianos. Posee además más de 10 años de experiencia como consultora de servicios de evaluación y soporte técnico para programas sociales y de salud adaptados a los ancianos de tribus indígenas. Una de las grandes preocupaciones actuales de Mona y del Consejo de las Trece Abuelas es el agua, su accesibilidad a todas las comunidades y la preservación de las medicinas de la Tierra, sin olvidar el tema de las patentes.

Las abuelas indígenas desarrollan proyectos en nombre del Consejo pero también desarrollan iniciativas individuales. Desbordando energía y recursos, las abuelas generan mucho entusiasmo por todas partes iniciando proyectos o apoyándolos. El último encuentro (el sexto) del Consejo de las Trece Abuelas Indígenas tuvo lugar en Oregón, Estados Unidos, en agosto de 2009.

Mona recuerda una frase de un profesor espiritual suyo que resume bien la acción de las abuelas y la suya: “Es en el compartir de los sueños que un sueño se mantiene”. La manera de preservar su cultura, sus ceremonias y sus conexiones espirituales reside en compartir los conocimientos, así se mantienen vivas, presentes física y espiritualmente.

Si no lo mueves, no lo sabrá nadie

El ego o el todo. Tú eliges.

Cuando el ego domina nuestras acciones, funcionamos como partes aisladas, somos arrastrados por la potente fuerza de nuestro ego que nos tiraniza… Y  si plantamos cara, si queremos sentir más intensos los momentos de felicidad, si experimentamos la coherencia en nuestra existencia, si practicamos continuamente el ejercicio  de funcionar como un todo holístico… Quizá merezca la pena, quizá semos capaces de sentir el verbo “Sentir”, con todo su significado.

 

 

Un poco de música para éste día de Navidad

Happy Crhistmas por John Lennon

 

Que hacer mientras vives

 

 

Para no tener una vida gris, sin un camino que seguir; cuando te falla la felicidad, busca las razones para llenar tu vida de alegría y plenitud: sirve, contribuye, escucha, aprende, reflexiona, ábrete, aligérate, celebra y aprecia, evoluciona, da, recibe….¡¡Vive!! 

 

Luxvitae.com

El otro, ¿existe o es una construcción?

Percibimos  lo que está fuera de nosotros, llamándolo realidad. Cómo percibimos esa realidad “externa”, supone  un filtro subjetivo, a partir del cual construimos y proyectamos desde nuestro interior… ¿Hasta donde llega nuestra responsabilidad en éste proceso?. Quizá merece la pena visualizar éste proceso… Recojo un artículo que invita a una reflexión.

El otro

(Imagen de Julie de Waroquier)
Llevo unos días pensando sobre “el otro”. Y, cuando digo “el otro” me refiero, claro, a cualquiera que no sea “yo”. Y llevo unos días pensando sobre este tema por que en algún lugar escuché que el otro realmente no existe, que no es más que una proyección. Y creo que vale la pena reflexionar sobre esto.
Es evidente que sobre el otro siempre proyectamos, es decir, nada más verlo lo juzgamos y, tanto si nos gusta como si no, creamos una serie de expectativas a las que –y ahí empiezan los problemas- responderá o no responderá. Jung decía que “Si no somos conscientes de que una característica de un objeto es una proyección, no podemos más que estar inocentemente convencidos de que realmente pertenece al objeto.” Por lo tanto, a ese otro que acabamos de conocer y que hemos inocentemente caracterizado y no tan inocentemente juzgado, no le dejamos ya libertad para ser quien es sino que debe actuar como nosotros esperamos. Cuando así lo hace, no hay problema. Pero, cuando no lo hace -¡horror!- nuestro mundo se colapsa. Y aquí viene la buena noticia: que nuestro “pequeño” mundo se colapse es una llamada de atención, es un indicativo de que algo, en nuestro interior, no funciona. Y es, por lo tanto, una bendición. Porque es entonces cuando podemos empezar a escuchar, a aprender, a comprender y, con un poco de suerte –o de trabajo- a cambiar.
Cuando el otro te contradice o no actúa como “debería”, te enfada, te revoluciona, te hace sentir rabia o ira. Y ese momento es un verdadero regalo, una gran ocasión para comprender, para dejar de mirar hacia fuera y empezar a ver qué pasa por dentro. A menudo, lo primero que hacemos es lanzar sobre él una retahíla de improperios: “la rabia que me da este gilipollas, la ira que siento por culpa de esa imbécil, el odio que me produce aquel capullo.” Y, sin embargo, en realidad, lo que el otro está haciendo es ponerte en evidencia todo aquello que no funciona en ti. Toda la rabia, la ira, el odio que llevas dentro. Todo el espacio que estás ocupando en preocupaciones, miedos y juicios y que podrías, en cambio, dedicar a la generosidad, al coraje, al amor.
 “A Lestrigones y a Cíclopes, ni al fiero Poseidón hallarás nunca, si no los llevas dentro de tu alma, si no es tu alma quien ante ti los pone”, decía el gran Kavafis. Así pues, el otro que tanta rabia te da, que tanto te fastidia parece ser que sale de ti, que en realidad lo llevas dentro de tu alma. De hecho, ¿no lo has creado tú nada más verlo, no lo has caracterizado y juzgado? ¿no has decidido quién es y cómo debe actuar? Entonces, si tu alma te lo ha puesto delante, si te ha confrontado con él, ¿no será, tal vez, por algo?
El otro no existe. Pero… menos mal que existe el otro.

Publicado en: El periódico de las Buenas Noticias

Atreverse a soñar

Soñar se dar un paso hacia delante, con la convicción de que se puede, con el deseo de cambio, con la sabiduría de quien sabe escucharse, con la valentía de viajar hacia lo que deseamos.

¿Te atreves a soñar?, un video que lo explica con claridad:

 

Anteriores Entradas antiguas