La importancia de amarse en lugar de entenderse

 

“Es mucho más importante amarse que entenderse”. Eso, es lo que sostiene Gregorio Luri, maestro de escuela, pedagogo, doctor en Filosofía y escritor de 62 años: Nací en Navarra y vivo en El Masnou. Casado, dos hijos y dos nietos.  Soy un conservador, no tengo suficiente con ser sólo moderno, necesito recurrir a los antiguos para entender el presente. Y un pagano que cree en Jesús

 

Maestro

Es profesor universitario y doctor en Filosofía, un hombre leído, pero a él le basta que lo defina como maestro: “Hay que volver a subir al maestro al pedestal para exigirle lo que corresponde a una figura a la que le supones una autoridad y un crédito”. Dejó la docencia por una enfermedad, la enfermedad de Ménière, que le produce mareos, vómitos y le obliga a meterse en la cama hasta que pasa. “Al principio me deprimió muchísimo, luego decidí dejar de quejarme y comencé a escribir”. Lleva una treintena de libros publicados sobre filosofía, historia y educación. Elogio de las familias sensatamente imperfectas (Ariel) es un pequeño libro delicioso que no tiene desperdicio, un manifiesto de sensatez que se agradece.

¿Qué le han enseñado sus alumnos?

Mis límites. “Habla para que te vea”, decía Sócrates. Sólo cuando los demás hablan los ves y cuando hablas te ves a ti mismo.

¿Qué es un maestro?

Tu obligación es hacer visible a tu alumno lo que puede llegar a ser.

Un maestro así es el sueño de todo padre.

Creo que la armonía está sobrevalorada, que padres y maestros no necesariamente tienen que ir al unísono. Está bien que los niños entiendan que hay desavenencias. Crecer también es saber moverse de manera adecuada en ámbitos distintos.

La armonía es difícil también en casa.

Es irreal hacer creer a los hijos que los padres estamos de acuerdo en todo. Lo que deben ­entender es que las desavenencias se gestionan. Considero que es mucho más importante amarse que entenderse.

Eso es muy inteligente, maestro.

Mostrar a los hijos que nos queremos a pesar de que hay momentos que no nos soportamos es una lección imprescindible para llegar a ser adulto. ¿Hay algo más importante en la vida que contar con alguien que te quiere siendo consciente de todo eso de lo que no te sientes digno?

Elogia usted la familia sensatamente imperfecta.

Sí, la que está dispuesta a aprender de su propia experiencia, que no delega su responsabilidades en un especialista. Si los humanos fuésemos relojes complejos, ajustaríamos las piezas que no funcionan, pero como no lo somos, lo que necesitamos es sentido común.

Hoy no hay niño que no haya visitado a un psicólogo.

Eso indica la inseguridad de los padres. Si no tienes un problema claro y concreto, no alquiles tu responsabilidad a un especialista. Pero a menudo acudimos a ellos porque creemos que es posible una vida sin problemas.

Cierto.

Eso no existe. De lo que se trata es de cómo gestionar los problemas cotidianos sin excesivas gesticulaciones.

¿Esa mala cara, ese grito huracanado…?

Sí, todas esas cosas de las que nos avergonzamos. Pero hay que pasar página. Me gusta ese cuento zen de un monje que cuidaba primo­rosamente su jardín, y cuando había acabado le echaba una hoja seca porque decía que si no tenía ninguna imperfección no era humano.

Es usted irónico con los superpadres.

Los padres modernos siempre llevan ese Pepito Grillo que les hace estar continuamente preguntándose si en lugar de castigar no hubiera sido mejor dialogar o viceversa; esa condicionalidad en las relaciones que deberían ser espontáneas marca un comportamiento que merece el nombre de neurótico.

La reflexión es buena.

Sí, pero que no sea doliente. Es buena una cierta ironía con las propias meteduras de pata que te permita dolerte menos y aprender más.

Hoy los niños se autojustifican diciendo: “es que soy adolescente”.

Sábado: tu niño del alma, tumbado en el sofá con el mando a distancia te dice: “Me aburro”. Hay padres que consideran que deben ser los dinamizadores culturales de sus hijos, ofrecerles un menú de actividades, pero así estimulan su flojera. Mejor un “y a mí qué”, provocar que salgan de su aburrimiento autónomamente.

Entiendo.

…O el niño que ha tenido un día agotador: exámenes, entreno… Llega a casa, tira la mochila y exclama: “¡Estoy cansadísimo!”. Los padres perfectos le preparan un baño y le sirven la cena. Yo abogo por un: “Te entiendo perfectamente porque yo llego así muchos días, pero por favor recoge la mochila”.

Ya.

La adolescencia se ha convertido en un nuevo fenómeno cultural y comercial. Y a menudo la autoestima se confunde con el narcisismo que hoy se considera una conducta normal, y eso fragiliza mucho. Si te crees que el mundo está para servirte, vives en un engaño.

Hay que ser comprensivo…

Los adolescentes aprenden saltándose los límites. Tienen más energía que sentido común para controlarla y a menudo actúan sin lógica; los padres lo sabemos, pero esa comprensión te la debes guardar para ti, tú debes ser sus frenos.

Dice que sin culpabilidad no hay moralidad… suena carca.

Hoy la palabra culpa está proscrita, pero señalarles las faltas es decirles que los consideras personas responsables de sus actos y no unos insensatos que no saben lo que hacen; así podrán reflexionar y extraer alguna conclusión.

¿Con o sin castigo?

La mejor manera de librar a un culpable de sus remordimientos es ofrecerle la posibilidad de hacer borrón y cuenta nueva. El drama de nuestros jóvenes es que hay demasiados adultos confundiendo comprender con justificar.

Con lo que hacemos nos hacemos.

Así es, y defiendo otro concepto olvidado: la virtud, cuya esencia es la ambición de realizar bien lo que tengas que hacer. Me parece más útil el compromiso de los actos que eso de repetir valores: “sé bueno” “sé sincero”, “sé justo”…

 

Y creo que es más noble aprender a querer la ­vida a pesar de sus constantes zancadillas que aspirar a una felicidad que se supone se consigue renunciando a la vida, es decir: creyendo que si eliminas lo que va mal serás feliz.

 

 

 

Fuente: http://www.lavanguardia.com/lacontra/20170927/431585433286/es-mucho-mas-importante-amarse-que-entenderse.html

Por: Ima sanchís

Nada es perfecto: la vida duele a veces

 

“Hay que asumir que la vida duele a veces, que no hay nada perfecto”.

Entrevista a Joan Garriga, que  imparte  un seminario de constelaciones familiares, o cómo resolver conflictos que están enterrados

El concepto «constelaciones familiares» suena un poco extraño. «A estrellas, a universo, a ese tipo de cosas», dice Joan Garriga. Él, que es un experto en la materia, explica que todo viene de una mala traducción. «Yo habría elegido otra palabra. En vez de constelaciones, hablaría de configuraciones familiares», dice. Sea como fuere, Garriga está en Vilagarcía para impartir un seminario al que acuden tanto profesionales que quieren conocer más sobre una terapia «que forma parte de una tradición muy seria», como personas que buscan «revisar sus asuntos».

-¿Qué son las constelaciones familiares? ¿Las tensiones más o menos invisibles que hay alrededor de una mesa durante la comida familiar del domingo?

-Esa escena de comida de domingo sería la superficie de las cosas. Las constelaciones familiares van a la hondura para comprender la dinámica de cosas que a veces no son visibles. Una constelación es una representación de aquellos miembros de la familia o de aquellos vínculos que guardan una relación con un problema que uno tiene y con la solución que necesita. Desde esta perspectiva, lo más importante es qué hechos ha habido en el sistema familiar que no han sido aceptados, integrados, reconocidos, solucionados. Constelaciones es una herramienta que saca a la luz asuntos claves y permite abordarlos, comprenderlos, encararlos y solucionarlos, de manera que algunas dinámicas no tengan que repetirse. Trabaja mucho con los órdenes del amor.

-¿Los órdenes del amor?

-El amor se da, pero no siempre basta. Se necesita que vaya en la dirección del buen amor. Que en la familia no haya personas excluidas, un abuelo que se fue, alguien que mató a otra persona, un aborto… Hechos dolorosos que hacen que se excluya a una persona. Pero la realidad no puede ser burlada. Y los miembros que han sido excluidos, misteriosamente, vuelven, y su papel es representado por otras personas. Además de no excluir a nadie, en la familia es necesario que cada uno esté en el lugar que le corresponde. Que el hijo sea el hijo y el padre sea el padre. Que en la pareja estén el uno al lado del otro.

 

-¿Ante una situación traumática, qué hay que hacer?

-Hay que reconocer lo que ha pasado, llorar, hacer el proceso emocional necesario para al final poder aceptarla e integrarla. La clave de toda cura y de todo bienestar es la aceptación. Y la clave de todo malestar es el rechazo. Si aceptamos, estamos más libres. Si no, estamos atados y va a tener consecuencias: como una vez me ocurrió algo malo, voy a vivir siempre una vida de mierda. Hay demasiada gente atrapada en eso. El buen amor conduce a la vida, el mal amor mira al pasado y pivota sobre el pasado. Demasiados conflictos no resueltos con los padres se llevan a la pareja, a los hijos.

-¿Una cosa pequeña enterrada sin haberla asumido bien puede acarrear problemas?

-Las cosas dependen de la actitud con la que se vivan. Una vez tuve una paciente que decía que cuando tenía 13 años le había pasado algo terrible. Al final era que había pasado un año en un internado. Tengo la sensación de que estaba promoviéndose como víctima, y que si no fuese el internado hubiese sido otra cosa. Hay heridas y heridas. He visto gente con heridas graves que salen bien y se desarrollan bien. Las cosas pequeñas… Creo que hay que retirar de los hijos la idea de que todo debería ser perfecto. Hay que asumir que la vida duele a veces, que nada es perfecto. A fin de cuentas, si dependiera de los padres, todos los hijos estaríamos muy bien.

-Pero a lo mejor no estamos dando a los niños los modelos que necesitan.

-Yo introduciría en el modelo educativo una educación para los afectos, para los sentimientos, para los vínculos. Sería algo más que educación emocional. Podemos decir que un niño tiene derecho a tener rabia, que es una emoción legítima. Y es verdad. Pero a lo mejor ese niño siente rabia porque sus padres no se sujetan bien en la vida. Y es más importante hacer que los padres se sujeten bien en la vida porque la rabia, si se cronifica, acaba siendo disfuncional. Sí que hay que permitir las emociones, pero hay que entender a dónde se dirigen. Y si se repiten mucho, hay que estar atentos, buscar cuál es su origen, cuál es su función, cuál es su sentido.

-Ahora está de moda el concepto «gente tóxica», pero más que la gente, lo tóxico serían algunas relaciones…

-Si nos ponemos a hablar en este lenguaje, que levante la mano quien no tenga toxicidad. Dicho esto, a mi no me gusta pensar en personas buenas y malas. Sí es cierto que hay personas más beneficiosas y otras más problemáticas. Evitar a las personas tóxicas es un buen consejo, pero habría que preguntarse qué es lo que hace que a uno le atraigan este tipo de personas. Yendo más allá, las personas que tienen a generar relaciones turbulentas, seguramente son corazones heridos. No me parece interesante ir condenando a la gente. En un mundo que perpetúa la idea de buenos y malos, la sola idea ya es violencia. Yo no veo claro eso de decir este al cielo, este al infierno. Eso que lo haga Donald Trump, que lo hace muy bien. Este hombre vive con la idea de que hay enemigos, y si eso es así es porque la agresión está dentro de él. Habría que hacer un buen análisis psicológico de los políticos. Habría unos cuantos que saldrían muy bien parados, por su vocación de servicio, pero la política está sembrada de narcisistas y psicópatas.

 

Por: rosa Estévez.

Publicado en: http://www.lavozdegalicia.es

 

Nuevos tiempos nuevas fronteras. Un artículo para hoy de Juan Peláez

 

Ya no vale. No nos sirve lo que hasta ahora ha sido porque ahora ES.

Los tiempos de frontera son complejos. Por un lado los que “fueron” no desean cambiar y ven en el futuro peligros y desastres. Para los que sienten de otra manera, lo que viene es diferente, es la esperanza y a la vez perciben en el pasado el lastre de la lentitud, del inmovilismo. En un sistema, la diversidad es importante y conviven al mismo tiempo. Cuanta más luz, más falta de ella, cuando más deseo de cambio, más freno. Es la ley de la dialéctica de este campo de realidad.

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(c) Juan Peláez

Sin embargo, la propia evolución del interior profundo del ser humano no permite anclarse. Otra de las leyes fudamentales de este mundo es que el cambio es imposible de  detener. Máxime en sistemas caóticos como en los que vivimos y nos vivimos.

Ahora,  si somos honestos sentimos la tensión en la sociedad. Lo percibimos con claridad en nuestro mundo interior y de relaciones próximas.

Algunos cambios son ya evidentes, imparables e inminentes. Esto provoca la nostalgia en unos y la ilusión en otros.

Convivimos los que se basan en el tener, con los que dan la vuelta a sus ojos y miran hacia lo que son y pueden llegar a ser desde el interior y no por lo que poseen.

Es un vuelco importante. Lo que conocemos, el neoliberalismo se basa en la acumulación permanente e imparable, así como en la manera más poderosa de sacar el mayor rendimiento a todos los recursos del sistema y a los seres humanos. Y eso de manera infinita, como si no tuviera limites. Algo falso.

Con este planteamiento los jefes se ven abocados al cambio y en algunas instituciones ya están empezando esas transformación. No les quedará más remedio que transformarse en  élderes.  En personas que motivan y establecen normas comunes en espacios de alta creatividad con un respeto absoluto por la diversidad de los equipos.

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(c) Juan Peláez

Empieza a no ser suficiente el concepto de inteligencia emocional para elevarse a inteligencia espiritual.  Este se encuentra más relacionado con el bienestar, con vivir una vida feliz y cerca del Ser interior. Entendiendo por Ser lo que cada uno en su creencia personal considere. Y además, está asociado con la ética se encuentra mucho más relación con lo que desarrollé hace tiempo de inteligencia ecológica activa. Lo que conduce sin duda y de nuevo,  a tener en cuenta a todo y a todos, de nuevo como eje de cualquier acción y una componente ética en todo aquello que llevamos a cabo.

El otro lado de la frontera implica que la burocracia se transforma en redecracia, en la que todos podemos ser nodos interconectados para ganar al máximo todas las partes. Pasamos del yo gano a ganamos todos, incluidas las partes visibles y no visibles de los sistemas. Es decir, agua, aire que respiramos, patrimonio cultural de los pueblos, conocimientos ancestrales…

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(c) Juan Peláez

Si seguimos ahondando, se deduce en este nuevo modelo que lo importante no son los resultados, sino el proceso de aprendizaje que se da durante todo el recorrido. Esto permite variar la ruta en función de lo que vayamos encontrando. Al ser partes de sistemas dinámicos que se autorganizan, nos vemos obligados a reorientarnos de manea permanente. Ya no es posible el inmovilismo personal, de empresas o de instituciones. Es necesario navegar al flujo de los vientos en cada momento.

Por tanto, la culpa empieza a salir de los sistemas. Se empieza a cambiar por maneras de hacer diferentes y posibilidades de aprender en vez de destruirnos y castigarnos por los errores. Somos capaces de crear maquinas que aprenden de las acciones que llevan a cabo y de lo que no funciona y nosotros nos castigamos los unos a los otros o nosotros mismos, cuando algo que hemos tratado de poner en marcha no funciona. Una lógica inversa extraña.

También el aprender de las máquinas por las que apostamos empezará a producir cambios importantes. Robots con conexiones emocionales, de aprendizaje hiperveloz… sustituirán a muchísimos trabajadores. Con lo cual, uno de los valores por los que un individuo se definía, el trabajo, empezará a pasar a otro nivel y habrá que crear redes de soporte para todos aquellos que en esta transición no consigan encajar. Y habrá que llevarlo a cabo no desde la pena y la asistencia, sino desde el derecho a ser humano a tener trabajo, vivienda y ser feliz algo con lo que juegan los políticos de manera perversa para someter a los grupos sociales a través del miedo. La compasión, la coherencia, como mantiene Leonardo Boff, serán elementos fundamentales para la convivencia de los pueblos. Fundamentales para pasar de ser el “homo demensn” de este lado de la línea, del neoliberalismo, al “homo sapiens sapiens”, el hombre que sabe que sabe y se reconoce como ser excepcional con una esencia a desarrollar y a compartir en actitud de servicio con sus semejantes.

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(c) Juan Peláez

La manera de educar cambiará, en el que el ser humano estará en el proceso con todas sus potencialidades, como alumno, maestro, profesos, facilitador. Será un nuevo paradigma. Ya no serán conocimientos memorísticos y adoctrinamientos sino el desarrollo de las capacidades que cada ser trae de manera individual maravillosa dentro de si. Cada alumno será un gestor y productor de conocimientos para enriquecer a la comunidad entera, desde su singularidad irrepetible.

Pasamos de las únicas voces de partidos, de empresas, religiones… a tener que asistir a coros de múltiples mensajesque aportan riqueza a todos.

Pasamos a lo holístico, tan de moda. Es decir integrar a todo y todos las partes de lo que nos concierne con respecto, dando la bienvenido y honrando todas las diferencias

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Lo repito. esta es la clave de la riqueza, intelectual, material, ética y espiritual.

Empezamos a manejar conceptos de compartir y riqueza. Ya nadie se cree que para que una parte viva de una manera desbordada otros tengan de manera obligada que vivir en la escasez o la penuria. Hay riqueza para todos, hay suficientes recursos bien repartidos para todo el planeta incluyendo otros seres que no  son humanos, animales y plantas. Forman parte de nuestro tesoro y leyenda vital y nos son necesario para la vida.

De la ignorancia de sentirnos individuos atacados, que necesitan aislarse, empezamos a darnos cuenta de que estamos en una permanente relación con todo y todos. Del conocimiento lineal pasamos a la sabiduria integrando conceptos más cuánticos de como conceptos de campo, simultaneidad de procesos, intuición… como fuentes de información válidas.

El ser humano o ya no se definirá por el estatus, marido, mujer, casado, funcionario, parado, rey, duque, empleado de banca… sino por su riqueza interior y el rango espiritual y psicológico asociado, más que por el que le pertenece por acumulación de capital o herencias.

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(c) Juan Peláez

Los sistemas de participación cambian a democracias en tiempo real. En ellas cada individuo y su riqueza de entorno son parte fundamental del sistema. Las antiguas instituciones dejan de tener relevancia sobre todo de proteger a clases determinadas en vez de a la totalidad de la sociedad.

Y es imparable. De lo material a lo espiritual.

Cuanto más rápida sea la aceptación, más adecuada será la transición de la frontera que se nos planeta. Para ello será necesario tener en cuenta que iglesias, políticos, empresas,  monarquías que también ven en el futuro un peligro. Están en su derecho de tener miedo. Eso es, como mantiene Arnold Mindell, la democracia profunda que está llegando de forma inexorable.

 

Escrito por: Juan Peláez. Escritor, periodista, formador, AMIGO

Publicado en su web: juanpelaezescritor.wordpress.com

 

Espiritualidad cotidiana

 

A lo largo de estos preciosos años he llegado a descubrir que nuestra humanidad no es ‘menos que’ nuestra naturaleza divina; es su expresión y su consumación.
El despertar espiritual tiene muy poco que ver con trascender pensamientos y sentimientos, con negar nuestra vulnerable humanidad y con el intento de escapar hacia un estado de conciencia pura, a un reino más elevado, hacia algún otro sueño.
En lugar de eso, nos inclinamos ante nuestra tristeza, la arrullamos tiernamente entre nuestros brazos. Nos mantenemos cerca de nuestras dudas a medida que recorremos el camino de este día. Vemos lo sagrado en el miedo, la alegría en nuestra confusión, la libertad en nuestra ira. Nos inclinamos ante la vida en todas sus formas, no sólo ante lo ‘hermoso’.

Alpes Julianos. Eslovenia. Yolanda Jiménez


Las personas más vivas que he conocido son en realidad las más humanas. Las personas más ‘despiertas’ a menudo hablan muy poco de espiritualidad. Normalmente no son esos maestros que sueltan palabras rancias acerca del yo separado, de la ‘verdad’, y que andan prometiendo una felicidad que en realidad no son capaces de vivir.

En mi humilde opinión, los más ‘despiertos’ son quienes han cultivado una amorosa y profunda compasión en su interior, una inmensa bondad hacia sí mismos, y que irradian esa deliciosa empatía hacia el mundo.
Un pie en la conciencia, el otro pie bailando y jugando en el glorioso desorden de la existencia relativa; los suficientemente osados como para recibir tanto el éxtasis como la agonía con la misma clase de humildad.
No conozco ninguna espiritualidad que no esté dispuesta a honrar un corazón roto y saturarlo con su atención, con su aliento; para inundar la oscuridad con luz.
Así que ya no estamos adormecidos.
Y así podemos encontrarnos los unos con los otros en el fuego.

 

– Jeff Foster –

 

El sentido de la vida…o el sentido de la muerte

 

La vida. Esa forma de existencia cambiante, de pérdidas continuas y de nuevas oportunidades. La muerte, en sentido amplio incluye las pérdidas. Desprenderse de un órgano físico es una forma de muerte. Como tal, requiere de un duelo y  de una adaptación. Reaprender para continuar. Abrirse a la incertidumbre es conocer el miedo, sentirlo como propio, parte de ti. Y convivir con él como una nueva forma de confianza en ti mismo

La mayoría de las personas, en algún momento, nos hemos cuestionado el sentido de nuestra vida, nos hemos preguntado quiénes somos, de dónde venimos, cómo existimos o sí hay vida después de la muerte. En definitiva, nos hemos interrogado acerca del sentido de la vida, de nuestro lugar en el mundo y de qué hacer con nuestra existencia.
Nuestra respuesta a las preguntas planteadas es decisiva si queremos experimentar la vida con plenitud, si queremos vivir conscientemente y sintiéndonos satisfechos.
El budismo, basado en las enseñanzas de Buda Sakyamuni, sostiene que existimos sin principio. Los filósofos budistas, tras metódicas investigaciones, concluyen que la consciencia no puede de ningún modo ser la causa substancial de la materia, ni la materia ser la causa de la consciencia. Consideran que la única hipótesis admisible en cuanto a la causa substancial de la consciencia es una consciencia anterior. Siendo esto así, la vida y la muerte son un todo único, realidades transitorias en constante cambio, en el cual la muerte es el comienzo de otro capítulo de la vida.
Que tu pérdida te traiga un renacer precioso. Que tu sabiduría nos ilumine. Que tu luz nos complemente. Que  el amor te acompañe. Que seas… Gracias por existir hombre lindo.
Yolanda Jiménez

 

Apertura…

 

Cuando las personas han experimentado un gran dolor ya no necesitan tanto la coraza del yo para defenderse. ¿Para qué, si ya fueron heridas? Pueden quitarse la  armadura y convertirse en personas más abiertas, confiadas y confiables para los demás. De manera que en las heridas asumidas radica la posibilidad de soltar las corazas que se mostraron inútiles y volvernos desnudos y abiertos de nuevo, como niños vibrantes con la vida. Cuando el pequeño yo, no logra gobernar su pequeña nave y se rinde, recibe el regalo de un dicha desconocida.

Joan Garriga
Del libro “Vivir en el Alma”

La magia de los solsticios

 

La palabra solsticio quiere decir “el sol se para”. Los solsticios son una pausa, una oportunidad para reflexionar, evaluar y ver donde queremos ir. Son un momento para expresar nuestros deseos e intenciones, asimilar nuestros aprendizajes, y sentir nuestra conexión con el ciclo de la tierra y el sol.

El Solsticio de Verano, el día más largo del año, ilumina todo nuestro potencial y singularidad, y nuestra capacidad de amar y conectar en comunidad.  El Solsticio de Invierno, en cambio, la noche más larga del año, nos recuerda que de la oscuridad nace lo nuevo, y que un periodo de descanso y renovación es esencial en el ciclo de la vida.

Tanto los solsticios como los equinoccios son una oportunidad potente para unir nuestros ciclos interiores con los ciclos exteriores, y así fortalecer nuestro camino en la vida. Cuando creamos un momento de pausa alrededor de los solsticios (y los equinoccios), y somos conscientes de lo que estamos dejando atrás y hacia donde queremos ir, ¡nos abrimos a que ocurran cosas mágicas en nuestra vida! “Mágia” en el sentido que le da Starhawk: “el arte de cambiar la conciencia a voluntad”.

Justamente con esta intención, comparto aquí cuatro preguntas sencillas son de gran ayuda para poner consciencia a nuestra vida estos momentos iniciáticos en la rueda del año y conectar con la fuerza y dirección que nos aportan, inspiradas en el trabajo de Christine Arylo y Amy Ahlers:

¿Cuáles han sido mis logros y sorpresas en esta primavera/otoño? 
Tómate una pausa para darte cuenta de lo que has compartido de ti con el mundo en los últimos tres meses. Celebra tus esfuerzos, éxitos y logros, los grandes y los muy pequeños. ¿Qué te ha sorprendido? ¿Qué has recibido? ¿Qué quieres agradecer?

¿Qué quiero dejar ir, antes de pasar al verano/invierno?
No hace falta llevar contigo exceso de equipaje – patrones, hábitos, situaciones, relaciones- hacia esta nueva estación. Tómate una pausa para soltar lo que ya no necesitas – emocionalmente, físicamente y mentalmente. Usa los elementos de agua o fuego para dejar ir con amor lo que ya no te sirve.

¿Qué sabiduría quiero anclar en mí? 
Cada estación, con su energía, cualidades y experiencias diferentes, trae sus aprendizajes. Tómate una pausa para reconocer las perlas de sabiduría que has encontrado en esta estación, date un tiempo para integrarlas conscientemente y así llevarlas contigo hacía la que está por llegar.

¿A que me abro para esta nueva estación?
Los solsticios son un momento perfecto para hacer una pausa y escuchar lo que está por llegar. Ábrete a recibir cosas nuevas y a plantar las semillas simbólicas de lo que quieres gestar y que florezca y de fruto, en su tiempo. ¿Qué quieres ofrecer de ti al mundo en los tres meses que vienen?

A partir de ahora, la tierra se mueve en un ciclo diferente.  O bién la luz vuelve y poquito a poquito los días serán cada vez más largos, una época para encontrar y expresar nuestra propia identidad.  O empieza a disminuir la luz, y transitaremos del momento de máxima expansión a progresivamente ir más hacia dentro.

 ¡Feliz solsticio!

 Fuente: mujerciclica.com

Referencias:

Glennie Kindred, The Earths Cycle of Celebration, Permanent Publications

Starhawk, La Danza en Espiral, Ediciones Obelisco

Amy Ahlers: http://wakeupcallcoaching.com/

Christine Arylo: http://www.christinearylo.com/

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