Espiritualidad cotidiana

 

A lo largo de estos preciosos años he llegado a descubrir que nuestra humanidad no es ‘menos que’ nuestra naturaleza divina; es su expresión y su consumación.
El despertar espiritual tiene muy poco que ver con trascender pensamientos y sentimientos, con negar nuestra vulnerable humanidad y con el intento de escapar hacia un estado de conciencia pura, a un reino más elevado, hacia algún otro sueño.
En lugar de eso, nos inclinamos ante nuestra tristeza, la arrullamos tiernamente entre nuestros brazos. Nos mantenemos cerca de nuestras dudas a medida que recorremos el camino de este día. Vemos lo sagrado en el miedo, la alegría en nuestra confusión, la libertad en nuestra ira. Nos inclinamos ante la vida en todas sus formas, no sólo ante lo ‘hermoso’.

Alpes Julianos. Eslovenia. Yolanda Jiménez


Las personas más vivas que he conocido son en realidad las más humanas. Las personas más ‘despiertas’ a menudo hablan muy poco de espiritualidad. Normalmente no son esos maestros que sueltan palabras rancias acerca del yo separado, de la ‘verdad’, y que andan prometiendo una felicidad que en realidad no son capaces de vivir.

En mi humilde opinión, los más ‘despiertos’ son quienes han cultivado una amorosa y profunda compasión en su interior, una inmensa bondad hacia sí mismos, y que irradian esa deliciosa empatía hacia el mundo.
Un pie en la conciencia, el otro pie bailando y jugando en el glorioso desorden de la existencia relativa; los suficientemente osados como para recibir tanto el éxtasis como la agonía con la misma clase de humildad.
No conozco ninguna espiritualidad que no esté dispuesta a honrar un corazón roto y saturarlo con su atención, con su aliento; para inundar la oscuridad con luz.
Así que ya no estamos adormecidos.
Y así podemos encontrarnos los unos con los otros en el fuego.

 

– Jeff Foster –

 

El sentido de la vida…o el sentido de la muerte

 

La vida. Esa forma de existencia cambiante, de pérdidas continuas y de nuevas oportunidades. La muerte, en sentido amplio incluye las pérdidas. Desprenderse de un órgano físico es una forma de muerte. Como tal, requiere de un duelo y  de una adaptación. Reaprender para continuar. Abrirse a la incertidumbre es conocer el miedo, sentirlo como propio, parte de ti. Y convivir con él como una nueva forma de confianza en ti mismo

La mayoría de las personas, en algún momento, nos hemos cuestionado el sentido de nuestra vida, nos hemos preguntado quiénes somos, de dónde venimos, cómo existimos o sí hay vida después de la muerte. En definitiva, nos hemos interrogado acerca del sentido de la vida, de nuestro lugar en el mundo y de qué hacer con nuestra existencia.
Nuestra respuesta a las preguntas planteadas es decisiva si queremos experimentar la vida con plenitud, si queremos vivir conscientemente y sintiéndonos satisfechos.
El budismo, basado en las enseñanzas de Buda Sakyamuni, sostiene que existimos sin principio. Los filósofos budistas, tras metódicas investigaciones, concluyen que la consciencia no puede de ningún modo ser la causa substancial de la materia, ni la materia ser la causa de la consciencia. Consideran que la única hipótesis admisible en cuanto a la causa substancial de la consciencia es una consciencia anterior. Siendo esto así, la vida y la muerte son un todo único, realidades transitorias en constante cambio, en el cual la muerte es el comienzo de otro capítulo de la vida.
Que tu pérdida te traiga un renacer precioso. Que tu sabiduría nos ilumine. Que tu luz nos complemente. Que  el amor te acompañe. Que seas… Gracias por existir hombre lindo.
Yolanda Jiménez

 

Apertura…

 

Cuando las personas han experimentado un gran dolor ya no necesitan tanto la coraza del yo para defenderse. ¿Para qué, si ya fueron heridas? Pueden quitarse la  armadura y convertirse en personas más abiertas, confiadas y confiables para los demás. De manera que en las heridas asumidas radica la posibilidad de soltar las corazas que se mostraron inútiles y volvernos desnudos y abiertos de nuevo, como niños vibrantes con la vida. Cuando el pequeño yo, no logra gobernar su pequeña nave y se rinde, recibe el regalo de un dicha desconocida.

Joan Garriga
Del libro “Vivir en el Alma”

La magia de los solsticios

 

La palabra solsticio quiere decir “el sol se para”. Los solsticios son una pausa, una oportunidad para reflexionar, evaluar y ver donde queremos ir. Son un momento para expresar nuestros deseos e intenciones, asimilar nuestros aprendizajes, y sentir nuestra conexión con el ciclo de la tierra y el sol.

El Solsticio de Verano, el día más largo del año, ilumina todo nuestro potencial y singularidad, y nuestra capacidad de amar y conectar en comunidad.  El Solsticio de Invierno, en cambio, la noche más larga del año, nos recuerda que de la oscuridad nace lo nuevo, y que un periodo de descanso y renovación es esencial en el ciclo de la vida.

Tanto los solsticios como los equinoccios son una oportunidad potente para unir nuestros ciclos interiores con los ciclos exteriores, y así fortalecer nuestro camino en la vida. Cuando creamos un momento de pausa alrededor de los solsticios (y los equinoccios), y somos conscientes de lo que estamos dejando atrás y hacia donde queremos ir, ¡nos abrimos a que ocurran cosas mágicas en nuestra vida! “Mágia” en el sentido que le da Starhawk: “el arte de cambiar la conciencia a voluntad”.

Justamente con esta intención, comparto aquí cuatro preguntas sencillas son de gran ayuda para poner consciencia a nuestra vida estos momentos iniciáticos en la rueda del año y conectar con la fuerza y dirección que nos aportan, inspiradas en el trabajo de Christine Arylo y Amy Ahlers:

¿Cuáles han sido mis logros y sorpresas en esta primavera/otoño? 
Tómate una pausa para darte cuenta de lo que has compartido de ti con el mundo en los últimos tres meses. Celebra tus esfuerzos, éxitos y logros, los grandes y los muy pequeños. ¿Qué te ha sorprendido? ¿Qué has recibido? ¿Qué quieres agradecer?

¿Qué quiero dejar ir, antes de pasar al verano/invierno?
No hace falta llevar contigo exceso de equipaje – patrones, hábitos, situaciones, relaciones- hacia esta nueva estación. Tómate una pausa para soltar lo que ya no necesitas – emocionalmente, físicamente y mentalmente. Usa los elementos de agua o fuego para dejar ir con amor lo que ya no te sirve.

¿Qué sabiduría quiero anclar en mí? 
Cada estación, con su energía, cualidades y experiencias diferentes, trae sus aprendizajes. Tómate una pausa para reconocer las perlas de sabiduría que has encontrado en esta estación, date un tiempo para integrarlas conscientemente y así llevarlas contigo hacía la que está por llegar.

¿A que me abro para esta nueva estación?
Los solsticios son un momento perfecto para hacer una pausa y escuchar lo que está por llegar. Ábrete a recibir cosas nuevas y a plantar las semillas simbólicas de lo que quieres gestar y que florezca y de fruto, en su tiempo. ¿Qué quieres ofrecer de ti al mundo en los tres meses que vienen?

A partir de ahora, la tierra se mueve en un ciclo diferente.  O bién la luz vuelve y poquito a poquito los días serán cada vez más largos, una época para encontrar y expresar nuestra propia identidad.  O empieza a disminuir la luz, y transitaremos del momento de máxima expansión a progresivamente ir más hacia dentro.

 ¡Feliz solsticio!

 Fuente: mujerciclica.com

Referencias:

Glennie Kindred, The Earths Cycle of Celebration, Permanent Publications

Starhawk, La Danza en Espiral, Ediciones Obelisco

Amy Ahlers: http://wakeupcallcoaching.com/

Christine Arylo: http://www.christinearylo.com/

Violencia y masculinidad

 

Por qué la masculinidad se transforma en violencia. La reconocida antropóloga Rita Segato es referente internacional en el estudio del machismo y de los violadores. Habla de los mandatos sociales que se vuelven un búmeran contra las mujeres

Rita Segato es una antropóloga argentina que trabaja en el campo del feminismo y que ha producido material esclarecedor sobre la ideología del macho y la mentalidad de los violadores. Esto último como resultado de un extenso trabajo de investigación que realizó en la Penitenciaría de Brasilia. Hace pocos meses se jubiló como profesora en la Universidad de Brasilia y como investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones de Brasil.

Está en Córdoba invitada por el Centro de Intercambio y Servicios para el Cono Sur Argentina (Ciscsa), para participar del Seminario-Taller “Mujeres y Ciudad: (In) Justicias Territoriales”, que se desarrolla hoy y mañana en la Ciudad Universitaria.

–¿Cómo es la ideología del macho?

–Aquello que hace pensar al hombre que si él no puede demostrar su virilidad, no es persona. Está tan comprometida la humanidad del sujeto masculino por su virilidad, que no se ve pudiendo ser persona digna de respeto, si no tiene el atributo de algún tipo de potencia.

–¿Cuáles son esas potencias masculinas?

–No sólo la sexual, que es la menos importante, también la potencia bélica, de fuerza física, económica, intelectual, moral, política. Todo esto está siendo concentrado por un grupo muy pequeño de personas y hoy el hombre es una víctima también del mandato de masculinidad.

–¿Cómo se relaciona esto con la violencia hacia las mujeres y el aumento de femicidios?

–En el brote de violencia que tenemos (en Argentina, el mes de abril ha sido tremendo) la primera víctima son los propios hombres, pero no lo saben porque no consiguen verse o colocarse como víctima, porque sería su muerte viril. Lo que llamo mandato de masculinidad, es el mandato de tener que demostrarse hombre y no poder hacerlo por no tener los medios. El paquete de potencias que les permite mostrarse viriles ante la sociedad lleva a la desesperación a los hombres, que son victimizados por ese mandato y por la situación de falta absoluta de poder y de autoridad a que los somete la golpiza económica que están sufriendo, una golpiza de no poder ser por no poder tener.

–¿En dónde se restaura la potencia?

En la violencia contra las mujeres. Es un problema de toda la sociedad, no sólo de las mujeres. No hay espacios donde se pueda pensar cómo se podría restaurar de otra manera la autoridad, la potencia, la moralidad, la soberanía de las personas –muy fundamentalmente la de los hombres– frente a la golpiza económica. La situación es tan inestable, tan azarosa, que hay que ser alguien con gran riqueza, con grandes medios para no percibir esa precariedad de la existencia. Y la precariedad de la existencia lleva a la violencia.

–Una forma masculina de restaurar esa potencia es la violencia contra las mujeres, pero hay otras, se ve en las canchas de fútbol.

–Sí, el hecho de tirar por la borda a un hombre en un estadio, es violencia de género en el sentido de violencia viril y no pasó sólo en Argentina, en Perú hubo un caso igual. Cuando se ve esa regularidad de los síntomas, es que hay un mal instalado en la sociedad. Lo llamo violencia de género porque tiene que ver con el mandato de masculinidad, que es un mandato de violencia.

–¿Cómo es la ideología ­feminista?

–Es aprender a respetar lo que nos enseñaron a no respetar. O sea, aprender a ver en la otra mujer un sujeto moral sin que tenga que demostrar que lo es. Nosotras, cada día que salimos a la vida, a la calle, que salimos a circular bajo la mirada del otro, tenemos que hacer un esfuerzo cotidiano por demostrarnos ante el mundo como sujetos morales. Nuestra moralidad es siempre, siempre, sospechada.

–¿Cuál es la sospecha?

–La sospecha es que somos sujetos inmorales. Nosotras lo hacemos de forma automática: cuando nos miramos al espejo y pensamos si nos ponemos una blusa ajustada o suelta, a eso lo hacemos de manera indolora e incolora porque no nos damos cuenta de todos los cálculos que realizamos todos los días sobre cómo nos vamos presentar bajo la mirada del otro, para que el otro nos vea como sujetos morales. En cambio, el hombre lo hace para ser visto como sujeto potente y esa es una gran diferencia.

–¿Qué es ser una mujer?

–Ser una mujer común y normal, es ser una mujer que es consciente de todo lo que la constriñe, porque esos automatismos no son conscientes. Las feministas tienen una visión política de este constreñimiento y quieren deshacerlo, quieren liberar a las más jóvenes. Muchas de las fotos de víctimas de violación y femicidio representan la feminidad y esto es percibido como un desacato por el sujeto que necesita probar su potencia.

Por eso digo, después de años de entrevistar a violadores en la Penitenciaría de Brasilia, que el violador es un moralizador: es alguien que percibe en la joven libre un desacato a su obligación de mostrar capacidad y control. Ahí está el nudo de la cosa.

Ese nudo debe ser deshecho y esto tiene que suceder en la sociedad, con el trabajo de hablar, de conversar, de entender lo que nos está pasando. No puede ser solamente trabajado en el campo jurídico y mucho menos con jueces que no tienen la menor noción.

El cerebro violador

Conclusiones de Segato luego de trabajar con violadores en Brasil.

– La violación es un acto de moralización: el violador siente y afirma que está castigando a la mujer por algún comportamiento que él entiende como un desvío, un desacato a una ley patriarcal.

– El violador no está solo, está en un proceso de diálogo con sus modelos de masculinidad, está demostrando algo a alguien que es otro hombre y al mundo a través de ese alguien.

– El problema no es un violador como un ser anómalo. En él irrumpen determinados valores que están en toda la sociedad.

– El violador es el sujeto más vulnerable, más castrado de todos, el que se rinde a un mandato de masculinidad que le exige un gesto extremo, un gesto aniquilador de otro ser para sentirse hombre.

Espacio público opresor

Rita Segato entiende que “la calle es entrar en el espacio de la mirada del otro sobre mí, es ofrecerse a la mirada pública. Desde que somos chicas hay una incomodidad en ese espacio, el hombre se ve presionado a violar con la mirada, con piropos incómodos”.

“A las mujeres nos oprimen en el espacio público, siempre fue y es así. Lo que pasa ahora con este brote de femicidios, es que eso se ha transformado en un peligro de muerte. Es un proceso que fue creciendo gradualmente, las condiciones fueron dadas para esa escalada que transformó una incomodidad de la vida de las mujeres en peligro de muerte”, explica.

Propone que “hay que reducir el caldo de cultivo, revisar lo cotidiano, se tiene que combatir con un diálogo abierto en la sociedad, en todos los espacios, no solamente en las escuelas”.

 

Por: Josefina Edelstein

Publicado en: http://www.lavoz.com.ar

 

Cerrar un ciclo. Comenzar lo nuevo: Poema de los átomos

Hoy es un día para el cambio. Para que llegue algo nuevo a nuestra vidas. Dejar ir. Cerrar un ciclo. Comenzar otro. Limpiarse y abrazar lo nuevo.

“Poema de los átomos”. Rumí

 

 

Claudio naranjo: como curar las heridas de infancia

Una inagotable fuente de sabiduría, el psiquiatra chileno Claudio Naranjo explica en una entrevista concedida a RT por qué a día de hoy solo sabemos comunicarnos con nuestros hijos a través de la violencia, cómo se pueden curar las heridas de la infancia para que no nos amarguen la vida cuando ya somos adultos y por qué el amor al prójimo no funciona si no se tiene amor propio. Vean las respuestas a todo esto y a mucho más en esta entrañable charla en RT.

En una entrevista exclusiva con RT, el psiquiatra chileno Claudio Naranjo ha afirmado que cuando un psicoterapeuta ayuda a un adulto normalmente ello habla de multitud de carencias de que niño no vio satisfechas. “Aparece el reclamo del niño que vive dentro del adulto, empieza a quejarse de lo que no supo quejarse cuando era niño“, explica.

“Hay que sentir la rabia”

Según Naranjo, es tremendamente importante que los adultos sean capaces de “despertar” a ese “niño interior enojado con la frustración de su padre o madre”, el cual pueda incluso “llegar a acusarles” y que sean capaces de sentir la rabia aparentemente irracional” que tenían de pequeños. “Porque sin el permiso de sentir esa rabia, uno vive como un animal castrado“, asevera.

El psiquiatra chileno asegura que los seres humanos “somos como esos leones del circo a los que obligan a pasar por un circo ardiente a costa de hambre y del látigo”. “Todo animal puede ser domesticado, llega un momento en el que el animal se rinde. Así pasa con la vida humana también, a los adultos hay que devolverles la recuperación del dolor y de la rabia infantil para que vuelvan a estar enteros”, constata.

El camino hacia el amor

“Para amar hay que tener la libertad de decir sí o no, no puede ser uno un animal domesticado”, afirma Naranjo, añadiendo que hay que salirse de las frases tipo “tengo que ser un niño bueno” o “tengo que amar a mi padre o a mi madre”. El experto hace hincapié en que “solo desde ahí se puede propiamente recuperar el amor”.

“La rabia incondicional es como el comienzo de una nueva libertad”, apunta. En este sentido, el psiquiatra destaca que hay una contradicción en la ética cristiana, “que predica el amor al prójimo pero no predica el amor por uno mismo”. “Dice: ‘ama al prójimo como a ti mismo’, pero en la práctica es como si el mensaje que transmite la cultura es: ‘no te ames a ti mismo'”, recuerda. “El problema con eso es que no funciona el amor al prójimo si no hay amor por uno mismo“, añade.

 

Fuente: actualidad.rt.com

 

 

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