El ego

 

El ego existe en la desdicha, cuanto mayor es la desdicha, más se alimenta el ego. En los momentos de dicha el ego desaparece por completo, o lo que es lo mismo: SI EL EGO DESAPARECE, TE INUNDA LA DICHA.
Si quieres el ego, no puedes perdonar, no puedes olvidar, sobre todo las heridas, los insultos, las humillaciones, las pesadillas. No sólo no puedes olvidar; lo exagerarás, lo llevarás al límite. Olvidarás todo lo hermoso que te ha ocurrido en la vida, no recordarás los momentos de alegría; al ego no le sirven de nada

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La alegría es como un veneno para el ego, y la desdicha, como una dosis de vitaminas. Tienes que comprender el mecanismo del ego. Si intentas perdonar, no es un verdadero perdón. Con un poco de esfuerzo, conseguirás reprimir; nada más.

EL AMOR TIENE QUE SER UN ASUNTO AMISTOSO EN EL CUAL NADIE ES SUPERIOR, NADIE DECIDE LAS COSAS; EN EL QUE AMBOS ESTÁN PLENAMENTE CONSCIENTES DE QUE SON DIFERENTES, DE QUE SU ENFOQUE HACIA LA VIDA ES DIFERENTE, QUE PIENSAN DIFERENTE, Y SIN EMBARGO AUN CON ESTAS DIFERENCIAS SE AMAN. ENTONCES NO HABRÁ PROBLEMAS.

Los problemas son creados por nosotros. No trates de crear algo sobrehumano. Sé humano, y acepta la humanidad de la otra persona, con todas las flaquezas de la humanidad. El otro cometerá errores tanto como tú los cometes, y ambos tienen que aprender. Estar juntos es un gran aprendizaje: perdonando, olvidando, entendiendo que el otro es tan humano como lo eres tú.

OSHO

El ermitaño. Un cuento sufi sobre el ego.

Identificarse con el ego

La mayoría de nosotros desconocemos nuestra auténtica identidad. Nos acomodamos identificándonos con nuestro cuerpo, con nuestras propiedades, con nuestros conocimientos, con nuestras actividades, con nuestra religión, con nuestros títulos y un sinfin de otros conceptos y historias. Nos damos mucha importancia. A nuestro ego nos gusta ser el mejor y destacar de los demás. Mientras tanto vivimos de espaldas a lo que somos de verdad y evitamos las siguientes preguntas:

¿De dónde vengo?
¿Qué hago yo en esta vida?
¿Cómo me puedo hacer útil? ¿Cúal es el propósito de mi vida?
¿A dónde voy al morir?

El ermitaño – cuento Sufi

En la corte real tuvo lugar un fastuoso banquete. Todo se había dispuesto de tal manera que cada persona se sentaba a la mesa de acuerdo con su rango. Todavía no había llegado el monarca al banquete, cuando apareció un ermitaño muy pobremente vestido y al que todos tomaron por un pordiosero. Sin vacilar un instante, el ermitaño se sentó en el lugar de mayor importancia. Este insólito comportamiento indignó al primer ministro, quien, ásperamente, le preguntó:

– ¿Acaso eres un visir?
– Mi rango es superior al de visir -repuso el ermitaño.
– ¿Acaso eres un primer ministro?
– Mi rango es superior al de primer ministro.

Enfurecido, el primer ministro inquirió:
– ¿Acaso eres el mismo rey?
– Mi rango es superior al del rey.
– ¿Acaso eres Dios? -preguntó mordazmente el primer ministro.
– Mi rango es superior al de Dios. Fuera de sí, el primer ministro vociferó:
– ¡Nada es superior a Dios!

Y el ermitaño dijo con mucha calma:
– Ahora sabes mi identidad. Esa nada soy yo.

Cuatro leyes de espiritualidad

 

Nos enseñan a planear, competir, consumir, hacer…. Quizá ha llegado el momento de parar, de no hacer, de observar, de empaparnos de objetividad y dejar fluir. Os invito a mirar con los ojos del alma, a haceros transparentes, a respirar con consciencia, a aceptar lo que sucede con naturalidad… quizá a sorprendernos…
En la India se enseñan las “Cuatro Leyes de la Espiritualidad”

La primera dice:
“La persona que llega es la persona correcta”
Es decir que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación.

La segunda ley dice:
“Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido”.
Nada, pero nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el: “si hubiera hecho tal cosa…hubiera sucedido tal otra…”. No. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante. Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.

La tercera dice:
“En cualquier momento que comience es el momento correcto”.
Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará.

La cuarta y última:
“Cuando algo termina, termina”
Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia. Creo que no es casual que estén leyendo esto; si este texto llega a nuestras vidas hoy es porque estamos preparados para entender que ningún copo de nieve cae alguna vez en el lugar equivocado!

El ego o el todo. Tú eliges.

Cuando el ego domina nuestras acciones, funcionamos como partes aisladas, somos arrastrados por la potente fuerza de nuestro ego que nos tiraniza… Y  si plantamos cara, si queremos sentir más intensos los momentos de felicidad, si experimentamos la coherencia en nuestra existencia, si practicamos continuamente el ejercicio  de funcionar como un todo holístico… Quizá merezca la pena, quizá semos capaces de sentir el verbo “Sentir”, con todo su significado.