El amor…propio

“Yo creo que se confunde el amor propio con el egoísmo. Es un pobre sustituto cuando las personas no se aman a sí mismas. Tienen que volverse egoístas para sentir que son algo (…) El amor propio es algo como un abrazo a la criatura en nosotros. No es un amor a nosotros por nuestro méritos, por los frutos de nuestro trabajo. No es un amor que nos puede dar el mundo por lo que hacemos o por cómo nos mostramos. El amor a la persona, hacia sí misma, es algo mucho más simple, como cuando se acoge a un niño incondicionalmente. Una voluntad… es algo como sentirse amigo de uno mismo”.  Claudio Naranjo.

Porqués o paraqués. Una historia de amor, dolor, aprendizaje

 

Yolanda Jiménez

Había llegado al ecuador de su vida, al menos desde su imaginación. Nunca se sabe hasta cuando estaremos en este modo de existencia. Transitaba por esa mediana edad de los cuarenta y tantos, con la curiosidad abierta y con el aprendizaje que conservaba de las experiencias vividas.

(C) Yolandqa Jiménez

En los últimos años tenía por costumbre sonreír sin cortapisas desde el corazón. Desechaba las tristezas con determinación. Sus fantasías encajaban con aquella forma de expandirse y de sentir

Dicen que tras la tempestad, viene la calma, ¿o es al revés? En aquel tramo de su ascensión por la montaña de la vida, sintió ahogo. Se detuvo en un repecho. Sus ojos solo podían mirar detrás. Se asomó al abismo. Era una mañana soleada de invierno. Sintió frío. Un frío intenso que se colaba hasta sus entrañas, lastimando su ser.

Contempló sus últimos años. Su vida desde aquella primera parada importante. Recordó aquel momento del pasado en el que atravesó un nuevo septenio vital. Dicen que cada siete años hay un momento significativo en nuestras vidas. Entonces, ella no lo sabía. Hubo mucha emoción, dolor, reflexiones y aparentes sinsentidos. Se desbordaron sus ríos.

Hoy se vio. Había remontado desde un hoyo, esforzándose en cada paso. Había sentido la felicidad explotando por todos sus poros. Había experimentado la libertad de elegir su camino. De aprender. De acometer nuevos proyectos. De abrir nuevos caminos. De expandir su corazón con toda la fuerza del amor. Descubrió riqueza. Se autodescubrió.

 

(C) Yolanda Jiménez

Hoy, de nuevo, allí parada en el ahogo de sus dudas, le asaltaban preguntas incontestables. Los porqués torturan. Incapaz de formular un para qué. ¿Acaso no era suficiente? ¿Suficiente para quién? ¿Para él? ¿Para sí misma? No podía evitar el regusto antiguo del fracaso en su paladar. La exclusión de quedarse fuera, desplazada a un lugar y un tiempo pequeños, invisible. Quería sentirse en una prioridad que la vida le negaba. Ni siquiera una igualdad. La balanza estaba descompensada. Ella perdía. El hombre  amado se deslizaba sobre otra feminidad. Se repetía su papel secundario en un doloroso reparto teatral

 

El estómago cerrado y el sueño ausente. La tristeza instalada en su alcoba y las lágrimas acompañando sus días, sus noches inquietas. Encogida, imaginaba el confort del útero materno, desde la postura fetal en la que se consolaba. Ahora ya no sabía si lo vivido fue real. Para ella, sí, sin duda fue real, como lo es ahora: ella le ama, con toda la poderosa fuerza de su existir… ¿Por qué?, ¿para qué?

 

Pero ¿Qué es realidad?, ¿Puede ser lo mismo para dos personas distintas?, ¿Qué hacer con lo que sientes?, ¿Quieres sentirTE, TÚ?, ¿Quieres conectar contigo y acariciar tus emociones?

Si estas interesado/a, me permito sugerirte un camino  de descubrimiento en mis sesiones terapeúticas. Puedes dejarme un comentario (arriba a la izquierda), con tu email y te contactaré

 

Yolanda Jiménez.

Mujer y empática: Más cualidades y más retos para encontrar un hombre

Los empáticos son las personas más increíbles que puedes conocer. Y aunque tener una pareja empática puede ser una de las cosas más maravillosas que te pasen, es un reto para algunos hombres tener una relación con una mujer empática.

Esto se debe a que los empáticos son muy honestos, y no pueden tener una relación con alguien que no está preparado para estar al lado de una persona como ellos.

Aquí te dejo 12 razones por las que una mujer empática se tiene que esforzar tanto para encontrar al hombre adecuado para ella.

1. Sabe lo que quiere
Una mujer empática no busca una aventura. Sabe que lo que quiere es una relación de amor y respeto. Quiere una pareja que pueda estar con ella en los malos momentos. Si el hombre no es serio desde el principio, nunca empezará una relación con él.

2. Es intensa
Los empáticos son personas que sólo quieren tener conexiones profundas y significativas con otras personas. No son superficiales ni les interesa lo ordinario. Hay hombres a los que les gusta esta intensidad de las mujeres empáticas, y para otros, es demasiado y no pueden aguantar estar con ellas durante mucho tiempo.

3. Valora la formalidad
Los hombres inseguros, nunca deben intentar tener una relación con una mujer empática pues ella, necesita estabilidad más que ninguna otra cosa en su vida. No está interesada en alguien que no responda a sus llamadas, que llegue tarde, o que cancele su cita en el último momento.

4. Es demasiado sincera
Una empática no es buena ocultando una mentira o endulzando las cosas. Ella no te va a decir lo que quieres escuchar, siempre te va a decir la verdad y, para la mayoría de la gente, es muy duro tener que enfrentarse a la verdad en todo momento.

5. Necesita su libertad
Nadie puede enjaular a una mujer empática. Cuando siente que un hombre intenta cortarle las alas, lo deja sin ninguna duda.

6. A menudo se le mal interpreta
La mayoría de los hombres no pueden entender lo que supone estar con una mujer empática hasta que empiezan una relación con una. Ella es más compleja de lo que la mayoría cree. Esta mujer es un misterio andante y el hombre siempre siente que le oculta algo.

7. Necesita satisfacción emocional
Para que una mujer empática se sienta totalmente plena en una relación, necesita estar satisfecha tanto emocional como físicamente. No puede concebir lo físico sin lo emocional, y viceversa.

8. No tiene relaciones a corto plazo
Una mujer empática no se involucra en relaciones cortas. Su lema es: todo o nada. Prefiere estar soltera que estar con un hombre que no está preparado para estar con ella.

9. Hace muchas preguntas
Una mujer empática quiere ser clara con todo el mundo y con todas las cosas. Así que un hombre que tenga una relación con una mujer empática, puede esperar un montón de preguntas porque quiere saberlo todo (no para manipular a nadie, sino para saciar su naturaleza curiosa).

10. Ve lo mejor y lo peor de la gente
Esta mujer ve lo mejor y lo peor en los demás. Esto hace que a veces, sea difícil seguirla. Cuando piensas que va a hacer una cosa, te puede sorprender por completo y hacer justo lo contrario. Tampoco es de extrañar que salga con alguien con mala reputación, pues ella ve lo bueno que hay en él.

11. Tiende a tomarse las cosas de forma muy personal
Las emociones están muy presentes en una mujer empática. Se le puede herir incluso con la cosa más insignificante debido a su naturaleza hipersensible. Pero no guarda rencor y siempre está dispuesta a perdonar cuando alguien se disculpa. El problema es que, no muchos hombres, son capaces de admitir sus errores.

12. Ama con todo su corazón
Una mujer empática ama con más intensidad que ninguna otra. Ella lo da todo, y espera lo mismo de la otra persona. Estar con una mujer así, es muy duro para algunos hombres.

Que una mujer empática te ame, puede ser la cosa más maravillosa que te puede pasar. Sin embargo, muchos hombres no están preparados para este tipo de relación. Muchos, se dan cuenta del gran regalo que tienen pero, cuando lo hacen, es demasiado tarde.

 

 

Fuente: http://eurovidas.com

Poema de Rumi. Belleza atemporal

 

“Caravana de locos enamorados”

 

Amor y deseo sexual: sobrevivir al tiempo

 

“Según la neurociencia, se puede llegar a edades avanzadas sin perder las ganas de amar”

“Una de las claves es seguir compartiendo objetivos vitales, ilusiones y expectativas”

 

(c) Juan Peláez / Yolanda Jiménez

Hay quienes pueden mirar con incredulidad a una pareja que lleva unida más de 30 años, pensando tal vez que el enamoramiento se les fue hace tiempo, que el deseo se esfumó hace aún más y que el sexo (o el buen sexo) es ahora un viejo recuerdo que guardan bajo llave en un rincón. Tal vez no les falte razón, porque ¿puede realmente, una pareja que lleva unida más de 20 o 30 años sobrevivir al peso y al paso de los años? ¿Es posible amar y desear con la misma intensidad del principio? Aunque pueda parecer utópico o algunos lo vean casi como una hazaña en nuestros días, todavía hay quienes a pesar del tiempo, mantienen muy viva eso que muchos llaman, la llama del amor.

No sólo lo avala la experiencia de miles de parejas que siguen juntas hasta el final de sus días más enamoradas aún si cabe que el primer día, también la neurociencia ha demostrado que el amor y el deseo sí pueden sobrevivir al paso del tiempo. “Del mismo modo que hay relaciones que no aguantan, algunas sí lo hacen, y aquellas que sobreviven es porque han sabido conservar esa llama que sigue tan fuerte como cuando eran jóvenes”, asegura a EL MUNDO Manuel Mas García, catedrático de Fisiología de la Universidad de La Laguna y director del Centro de Estudios Sexológicos (CESEX).

Este profesor participó en el VI Encuentro de la Academia Española de Sexología  y Medicina Sexual, organizado por el Centro Interdisciplinar de Psicología y Salud (CIPSA), celebrado recientemente en Santander. En su ponencia, La neurobiología del amor y el desamor expuso, entre otros temas, cómo la ciencia demuestra que una pareja madura que lleva unida muchos años, puede sentir igual o más que cuando era más joven: “La neurociencia nos corrobora que se puede llegar a edades avanzadas sin perder las ganas de amar, respecto a la juventud”.

Qué dice el cerebro

En relación al amor, se han hecho algunos estudios, sobre todo en personas jóvenes, que declaran estar muy enamoradas de sus parejas, mediante resonancias magnéticas y se ha comprobado cómo al exponerlas a fotos de la persona amada se produce una activación más intensa de ciertas zonas del cerebro que corresponden, sobre todo, a los llamados circuitos de recompensa cerebral como es, por ejemplo, el núcleo accumbens. Incluso, cuando se muestran fotos de la persona amada alternadas con otras fotos de personas del mismo sexo que el de su pareja, con grados similares de atractivo físico, el cerebro responde con una activación mayor cuando aparece la foto de la persona deseada. Además, “en estos estudios se ha comprobado que no hay diferencias entre hombres y mujeres ni tampoco en la orientación sexual. Los cerebros responden igual“, aclara Mas.

Estas investigaciones responden, sobre todo, a gente joven pero, ¿qué ocurre con el tiempo? En el año 2011, un estudio de la publicación Social Cognitive and Affective Neuroscience analizó la activación del cerebro en cuanto al amor en personas que tenían una relación larga (un promedio de 20 años). Según explica este especialista, a estas personas se les puso igualmente fotos de su persona amada junto con otras de personas del mismo sexo y parecidas en atractivo físico. Se vio que igualmente la zona correspondiente a los circuitos de recompensa cerebral (como el núcleo accumbens) se activó más cuando veían la imagen de su pareja y, además, hay una relación positiva con el tiempo que se lleve con esa pareja. “Es decir, a más años, más activación“, afirma Mas.

Del mismo modo, en estas mismas personas, se ve que hay otras regiones del cerebro como es el hipotálamo o el hipocampo que se relacionan también con la frecuencia de relaciones sexuales que mantengan. Por lo cual, subraya este especialista, “no significa que toda relación larga esté condenada a morirse de aburrimiento“.

Mantener la pasión

Como para casi nada en la vida, no existe una fórmula mágica, mucho menos si hablamos de amor. Sin embargo, sí hay ciertos elementos que unidos pueden ayudar a que una pareja siga tan viva como al principio. “Es clave que la pareja evolucione personal y relacionalmente de forma compatible. Que sigan compartiendo objetivos vitales, ilusiones y expectativas que sirvan para mantenerles unidos”, expone Carlos San Martín Blanco, doctor en Medicina, sexólogo y director del Centro Interdisciplinar de Psicología y Salud, CIPSA de Santander.

El número de rupturas matrimoniales ha aumentado considerablemente desde 1981, año en que se aprobó en España la Ley de Divorcio. Por dar datos recientes, según el Instituto Nacional de Estadística, en 2014 se produjeron un total de 105.893 rupturas (sentencias de nulidades, separaciones y divorcios), lo que supuso una tasa de 2,3 por cada 1.000 habitantes. Según este organismo, el total de sentencias en 2014 experimentó un aumento del 5,4% respecto al año anterior. “En España, se separan o divorcian más de un tercio de las parejas y además lo hacen mayoritariamente al final de la primera década de convivencia”, añade San Martín.

Son muchas las causas de una ruptura pero fundamentalmente detrás de cada una de ellas se encuentra el desamor, el desencuentro y la frustración. “Todos estos aspectos pueden estar provocados por muchas razones y por muchos conflictos, pero el denominador común es el desamor”, insiste este especialista.

Pese a todo, existe una luz de esperanza, pues una pareja puede seguir fomentando toda la vida su relación erótica y es capaz de seguir mirándose desde el deseo. “Un deseo que se transforma a lo largo de los años pero que se puede seguir viviendo como un valor positivo. Hay que fomentar ese deseo intentando salir de la rutina y haciendo que sea deseable desear”, concluye San Martín

 

Por: Beatriz G. Portalatín

Publicado en: www.elmundo.es

“Resaca de …” Un relato para hoy

Resaca de….

Unos días de verano bastaron para sentir la plenitud. A la vista de los datos,  ella, socióloga pensó que aquella era una buena hipótesis de partida: La inmensidad de las montañas  del idílico paisaje, era directamente proporcional a la intensidad de aquel encuentro poderoso.

Él huía de una asfixiante relación, desmoronada por el tiempo, minada de reproches, desconfiada de mentiras

Ella se abría  al viento de la vida una vez más. Limpiaba sus posos oscuros, con  el deseo de vivir, con el pesar de lo que no fue, con la valentía de acoger el cambio.

Se habían mirado con el brillo de la curiosidad. Una mañana de excursión, él posó su mano sobre la de ella. Fue bienvenido. Un gesto tierno que encontró la calidez de ella. Ambas manos permanecieron unidas por kilómetros de carretera, jugando con  caricias improvisadas.

Fue el principio de un ascenso vertical. Ambos escalaron las cimas más altas inimaginables, sorprendentes.

La sonrisa iluminó sus rostros; la pasión prendió sus cuerpos; la ternura acarició sus almas.

Fue real. Recorrieron los bosques de sus oscuridades y descubrieron primaveras multicolores.  En el lago calmo de aguas turquesa navegaron ilusión, solearon alegrías.

Volaron libres en la alcoba de sus noches. La ciudad eterna de canales bulliciosos les mostró sus más íntimos rincones.

Bebieron el néctar que embriagó sus ilusiones. Y apuraron sus copas en el aeropuerto madrileño.

La rutina apagó sus luces. Tempestades rompieron sus lazos.

La resaca de tanto amor selló sus gargantas de silencio.

-Yolanda Jiménez-

 

“Resaca de…” Un relato para hoy

 

Resaca de….

Unos días de verano bastaron para sentir la plenitud. A la vista de los datos,  ella, socióloga pensó que aquella era una buena hipótesis de partida: La inmensidad de las montañas  del idílico paisaje, era directamente proporcional a la intensidad de aquel encuentro poderoso.

Él huía de una asfixiante relación, desmoronada por el tiempo, minada de reproches, desconfiada de mentiras

Ella se abría  al viento de la vida una vez más. Limpiaba sus posos oscuros, con  el deseo de vivir, con el pesar de lo que no fue, con la valentía de acoger el cambio.

Se habían mirado con el brillo de la curiosidad. Una mañana de excursión, él posó su mano sobre la de ella. Fue bienvenido. Un gesto tierno que encontró la calidez de ella. Ambas manos permanecieron unidas por kilómetros de carretera, jugando con  caricias improvisadas.

 

Fue el principio de un ascenso vertical. Ambos escalaron las cimas más altas inimaginables, sorprendentes.

La sonrisa iluminó sus rostros; la pasión prendió sus cuerpos; la ternura acarició sus almas.

Fue real. Recorrieron los bosques de sus oscuridades y descubrieron primaveras multicolores.  En el lago calmo de aguas turquesa navegaron ilusión, solearon alegrías.

Volaron libres en la alcoba de sus noches. La ciudad eterna de canales bulliciosos les mostró sus más íntimos rincones.

Bebieron el néctar que embriagó sus ilusiones. Y apuraron sus copas en el aeropuerto madrileño.

La rutina apagó sus luces. Tempestades rompieron sus lazos.

La resaca de tanto amor selló sus gargantas de silencio.

-Yolanda Jiménez-

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