Belleza para hoy

 

A veces me despierto y te busco. Se me olvida que duermes dentro de mi

 

Belleza para hoy


A veces me despierto y te busco. Se me olvida que duermes dentro de mi

 

 

L´Rollin Clarinet Band: conexiones intensas. Belleza compartida

 

Una banda de músicos con mayúsculas; de esos que disfrutan multiplicando acordes, intercambiando melodías, compartiendo creatividad. Personas. Energía… Sobre el escenario un espacio abierto a compartir, a vibrar, a acoger lo que surja.  Solo son hombres. Hombres  con ganas de crear,  de transmitir. Acarician sus instrumentos en sutiles roces de dedos, de labios, de emoción…

El ambiente cálido abrazó tanta belleza. Surgió  la magia de conexiones intensas. Almas sensibles y  emociones liberadas inundaron mi sentir. Contagiado de alegría, el público vibra. Hay una reciprocidad, un intercambio entre el dar y el recibir. Un momentazo precioso.

Gracias a los músicos de L´Rollin Clarinet Band  por regalarnos tanta belleza con vuestro mejor hacer. Disfrutar de vuestros conciertos es una experiencia de deleite, más allá de los sentidos.

 

CONCIERTO

 

Yolanda Jiménez

 

Jazz para el vacio existencial

“Eres la música mientras la música dura”.
-T.S. Elliot –

Schopenhauer estableció, en el siglo XVIII la grandeza del arte musical. Algo intangible que solamente escuchamos pero no vemos, fue para él la mayor expresión humana. Claro, cómo no pensarlo en la época de los más grandes compositores de la historia. Sin duda fue un momento trascendental en la historia del sonido e incluso hoy, encontramos en esos grandes compositores la cumbre de la composición clásica y formal. Pero así como Schopenhauer era un ávido seguidor de los músicos románticos, en el siglo XX otro filósofo encontró en la música de su época una forma de entender al ser humano y la angustia de su existencia: Jean-Paul Sartre y su amor por el jazz.

Así como Schopenhauer, Sartre también creía que el arte podía ser una de las curas para ese mal que algunos llaman vida. A pesar de escribir en 1940 “La obra de arte es una irrealidad”, también escribió en su novela más importante, “La Nausea”, que su protagonista, Antoine Roquentin encontró la libertad, curó su nausea y vacío existencial al escuchar una canción de jazz. La pieza en sí es “Some of These Days” y se refiere a la cantante como “una negra” y al compositor como “un judío”. Nunca especifica quién canta la versión que Roquentin escucha y que lo libera de toda intrascendencia humana, pero tal vez podría ser esta versión de Ethel Waters.

“En una obra de arte el aquí-y-ahora de la existencia humana se muestra como un elemento inherente en las relaciones necesarias. Pero en contraste con la obra de arte, en el mundo real la existencia del ser humano es contingente y por esa razón es libre”.
La libertad es lo que causa la crisis y la nausea del protagonista y es el jazz la única forma en que encuentra la forma de plantarse en la tierra y no en el vacío. Peculiar que sea el jazz, música que se desprende de la norma y evoca la libertad en el camino de la improvisación, la que da sentido a la existencia humana. “La Nausea”, habla de ‘Some of These Days’ canción que en el imaginario del jazz que conocemos hoy es bastante tranquila, aunque sí tiene una letra por demás melancólica:

“I feel so lonely
For you only
Cause you know, honey
You’ve always had your way;
And when you leave me
You know it’s gonna grieve me”

Soledad y dependencia -dos elementos que también componen su teoría del amor-, eso de lo que habla la canción extrañamente hace soportable la existencia y entonces nos hace cuestionarnos: ¿son acaso el dolor y la tristeza las últimas verdades? Parece ser algo que Sartre diría y que va de acuerdo a su pensamiento.

“Una negra y un judio”, Sartre se redime en la otredad. Un francés ateo que escucha la música estadounidense en voz de una mujer afroamericana. La causa de la calma no está en nosotros sino en lo que no somos. Nos invita a descubrir lo oculto, a conocer lo que no somos y tal vez, a abogar por lo nuevo. No es solamente que hay un ritmo en el jazz que no se encuentra en ningún otro lado, es que la base de su concepto está marcada por una profunda idea filosófica. El jazz parte de la improvisación, nunca se toca de la misma manera y esa libertad condena a la canción que se complementa con nuestra libertad infinita generando el sosiego que Sartre encontró en la música.

Años después de publicar su libro, el filósofo visitaría Estados Unidos y se encontraría con la entonces nueva corriente del jazz denominada “Bebop”. Esa música que inspiró a Kerouac a viajar, que lo hizo comprender algo de la filosofía budista en su sonido vertiginoso también cambió a Sartre. Conoció a Charlie Parker y a Miles Davis e hizo lo posible por escuchar a John Coltrane. Denominó al género “la música del futuro” y finalmente dijo algo que aún hoy, después del rock, el metal, la electrónica y muchos géneros que han surgidos desde entonces, continúa siendo una verdad elemental del jazz:
“(El jazz) le habla a la mejor parte de ti, a la más dura, a la más libre, a la parte que no quiere ni la melodía ni abstenerse, sino el ensordecedor clímax del momento”.

Encuentra tu libertad, entra en crisis y después acércate al jazz y a su proceso de curación, pues este es capaz de alcanzarte después de darte cuenta que no hay sentido en la vida. “Cada cosa que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad” dijo el filósofo francés. Piensa en eso, pon un gran disco de jazz y demuestra que la vida puede no tener sentido, pero tal como en el caos del jazz, siempre hay una hermosa armonía en lo que no podemos entender.

Por

Fuente: culturacolectiva.com

 

La psicología de la música

La música tiene efectos muy positivos para la mente. La psicología de la música puede aplicársela uno mismo para mejorar el estado emocional.

La mente cambia después de haber escuchado música, puede  llegar a ser una buena herramienta para mejorar el estado emocional, claro está, siempre y cuando se escuche la música correcta en cada estado de ánimo.

¿QUÉ ESCUCHAR SI ESTOY TRISTE?

Todos sabemos, que si estamos tristes y decaídos, lo mejor sería escucharmúsica movida o canciones con una letra positiva, que incite a
animarse
. Pero a pesar de que es algo obvio, muchas personas caen en escuchar canciones dramáticas, tristes y negativas.

Me atrevería a decir, que todo el mundo alguna vez, cuando ha tenido algún día triste, en vez de ponerse música positiva, se ha puesto las canciones más pesimistas, tristes y dramáticas que hay en la industria de la música.

¿Por qué pasa esto? Porque nos dejamos llevar por el subconsciente. Cuando estamos tristes, la mente quiere más dosis de pesimismo, te pide música acorde a cómo te sientes. No activamos la razón y nos dejamos llevar por lo que nos pide el cuerpo.

Si vas a la contra y lo que haces es ponerte la música que consideras que te pueda ayudar, romperás con estos patrones poco saludables. Si estás decaído y triste, no te machaques más, no seamos masoquistas y escojamos en cada momento lo que nos puede ayudar a mejorar las emociones.

¿QUÉ ESCUCHAR SI ESTOY CONTENTO?

Cuando estamos contentos, ya de manera natural nos saldrá escuchar música movida, animada y positiva. Aquí el subconsciente ya nos lleva a hacerlo sin necesidad de tener que activar la razón.

Lo que nos provocará esta escucha, será que podamos mantener, incluso aumentar la alegría y motivación que tenemos. También puede suceder, que al sentirnos bien, nuestra razón nos diga que al estar contentos no pasará nada si escuchamos canciones tristes.

Si las cosas nos van bien y estamos contentos, no pasa nada porque se escuchemos canciones tristes. No pasa nada, siempre y cuando se haga con moderación y acabemos siempre escuchando como toque final, algo más activante y esperanzador.

Una canción triste y negativa, siempre nos disminuirá la alegría y motivación.

Si tenemos un buen estado emocional y estamos muy alegres, apenas notarás que tu alegría disminuye porque escuches cosas dramáticas, ya que la balanza se decantará hacia lo bueno que hay en tu vida, pero como las cosas no te vayan bien y tu positividad esté en bancarrota, lo que conseguirás escuchando música triste, será que te puedas hundir más.

EL CEREBRO RESPONDE DE FORMA AUTOMÁTICA

Cuando las ondas de la música penetran en nuestros oídos, automáticamente el cerebro responde dependiendo del sonido. Si es movido todos hemos experimentado esa sensación de necesidad de mover el cuerpo, de adaptar los movimientos al ritmo que oímos. Nos activamos y aumenta el ánimo.

Igual pasa con la música relajante, clásica. Entra en nuestros oídos y el cerebro experimenta paz, relajación, sedación, desactivación, siempre y cuando seamos capaces de centrarnos exclusivamente en lo que estamos escuchando.

Diferentes estudios realizados en el Massachusetts General Hospital y en diversos Hospitales de Hong Kong, nos dicen que las personas que habían escuchado música diariamente unos 20 o 30 minutos, tenían la tensión más baja, comparada con los que no escuchaban música.

Los latidos del corazón se sincronizan al ritmo de la música, está demostrado que con unas ondas rápidas el corazón se acelera y ante un ritmo lento, el corazón disminuye sus latidos.

Con la música triste de mensajes dramáticos, el cerebro puede experimentar, tristeza, frustración, desánimo, apatía, melancolía, etc… todo depende de las experiencias que hayamos tenido o estemos teniendo, ya que, solemos vincular lo personal con lo que estamos escuchando y a partir de ahí se producirá una respuesta u otra.

No siempre es negativo escuchar canciones tristes, a veces sirven como aprendizaje o como despedida, bien usadas sirven para cerrar puertas y darse cuenta de los errores cometidos.

Si las malas experiencias que hayamos tenido están superadas, no harán daño, se podrá escuchar este tipo de canciones como una lección aprendida, como un canto a lo que sucedió. Si se hace con moderación y aceptación no siempre tiene por qué ser negativo.

Y no sólo la música produce efectos muy positivos en las personas, si además cantamos, estaremos aumentando doblemente los buenos efectos.

Música, músicos, jóvenes, sonrisas

ORQUESTA

 

Un grupo de jóvenes sonrientes toman posiciones entre una algarabía de sillas, atriles y partituras. Algunas risotadas resuenan entre violines, chelos, contrabajos, flautas y clarinetes. Son los integrantes de la orquetsa “Intercentros”, formada por jóvenes músicos que  simultanean o proceden  de otras  orquestas (Federico chueca, Vázquez Montalbán, Barajas, Bernaola). A la batuta de todas ellas , la directora de orquesta, Blanca Castillo; una mujer extraordinaria que con la paciencia de los mejores pedagogos, enseñó a  muchos estos jóvenes a colocar sus deditos infantiles entre las cuerdas de  violines, a ilusionarse por un proyecto común, a compartir la expresión de la música, los viajes y los conciertos. Es una orquesta con alma, con una jovialidad que transmite  valores, más allá de la música, que rezuma  buen humor y adrenalina , que contagia de alegría.

El domingo tuve la oportunidad de asistir a uno de sus conciertos, en este caso, celebrado en la  capilla del hospital infantil “Niño Jesús” de Madrid. La idea es que los pacientes infantiles  allí ingresados que quieran, puedan asistir al concierto. Poner  iniciativas  preciosas en ambientes hostiles es siempre un motivo de celebración.

En este caso el derroche de optimismo  y el trabajo de unos jóvenes músicos motivados,  junto al  empeño y la profesionalidad de la directora, nos regalaron una  deliciosa mañana  de música y buen ambiente.

En estos tiempos de recortes sociales, también  la tijera ha llegado a las escuelas municipales de música, que han dejado de tener subvención pública. Algunas resisten con el incremento de las aportaciones económicas de los alumnos. El futuro es incierto , también para esta orquesta. En  las despedidas y los buenos deseos para el verano , se coló la incertidumbre de la nueva temporada.

Ojalá seamos capaces de alimentar redes y de consevar proyectos como este, construidos durante años, con la motivación  y  el optimismo permanentes.

 

Pisando flores, un tango para hoy