El baile y el temblar…. alimento de poesía

Cómo os lo podría decirBAILANDO DESNUDA
sin parecer que yo no sé
temblar

ocurre que no llegan a saber 
los estudios de la existencia
que se tiembla en forma de
pierna
de grieta y de tenerte que ir

urgentemente tú
se tiembla.
todo tu contorno es una falda
una ladera
dulce y peligrosa
como una pierna que viene y te cruza
se arrastra por ti de todo tu contorno
lo hunde al fondo de tu sangre
y otra vez te vas de ti con la silueta
y vuelves a hundirte y vuelves
a salir
fracción
por vivir de un hacia adentro falladomujer en escalera
que es temblar,
quiero decir
cuando tiemblas te sobresales,
el pecho te va turbio y azul
de deslizarte hacia el mundo
y caerte inmensa a ti
enredada

cómo os lo podría decir
sin parecer que yo no sé
fallar la presencia
temblar

mi piel es una malla perdida
se estira de pobreza de mí
se pliega y se estira
mi piel es una sola palabra
que busca sacarme a temblar
mientras tiemblo de parecer que yo no sé.

“El baile y el temblar”

G* Amorós.

Hombres, hablemos de violencia machista

Que la violencia de género, cuyo máximo exponente son las 44 asesinadas a manos de sus (ex) parejas en lo que va de año, según los registros oficiales, sólo suponga un problema grave para el 0.5% de la población pone de manifiesto que este país está enfermo de machismo. Hoy, 25 de noviembre, se celebra el Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en conmemoración del asesinato, en 1960, de las tres hermanas Mirabal a manos de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.

Cuando hablamos de violencia contra las mujeres irremediablemente nos vienen a la cabeza los asesinatos que conforman el feminicidio que se da, con mayor o menor intensidad, a lo largo y ancho del globo. Sin embargo, nos enfrentamos a un fenómeno más complejo, sutil y capilar. En la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, se define “violencia contra la mujer” como “todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada.”

El riesgo de situar la violencia contra las mujeres únicamente en los asesinatos y las palizas reside en generar una idea en el imaginario colectivo de que esta violencia es puntual, anecdótica y llevada a cabo por varones desequilibrados que abusan de ciertas sustancias, o reducirlo a un grupo de edad, clase social o nivel cultural concreto. Esta creencia, además de simplista, no aborda el problema de fondo. Sin embargo, si concebimos la violencia contra las mujeres como una serie de comportamientos y actitudes que van desde el asesinato a la objetualización, pasando por el acoso callejero, la invisibilización en el espacio público, las desigualdades laborales o la atribución de supuestas capacidades innatas o naturales a cada sexo, la cosa cambia.

AMOR LIBRE

Hace poco me di cuenta, (porque me lo dijeron) de que como varón, blanco y heterosexual me han inculcado la extraña idea de que tengo que expresar mi opinión sobre cualquier tema, y en ocasiones me veo hablando u opinando de asuntos sobre los que mi ignorancia es supina. Pese a ello, la violencia contra las mujeres no parece ser un tema que nos suscite, a los hombres, esta imperiosa necesidad de opinar, recordar permanentemente nuestra postura o incluso dictar sentencia, salvo para marcar distancias con “esos hombres” que sí son agresores frente a nosotros, “esos hombres” que no lo somos.

La gravedad de la violencia contra las mujeres exige que además de no reproducir los comportamientos y actitudes citados anteriormente, los hombres, los que nos decimos feministas y los que no, adoptemos una posición activa. No mirar a otro lado cuando somos testigos de un acto de violencia contra una mujer, ya venga a manos de un amigo, un familiar o un desconocido. No naturalizar comportamientos que redundan en la idea de que las mujeres existen para satisfacer nuestros deseos y agradar nuestros sentidos. No reír las gracias de quienes utilizan esta lacra para, incomprensiblemente, ganarse nuestra simpatía. Y especialmente, cuestionar nuestra masculinidad y los privilegios que a ella vienen adscritos.

No es agradable verse como un sujeto agresor, pero como hombre en ocasiones soy partícipe de estas violencias. Quizá no de las más evidentes pero sí de aquellas que, por normalizadas, generan el caldo de cultivo imprescindible para mantener un sistema de violencia estructural (y no precisamente de la que habla Gallardón) contra las mujeres.

La relación de nuestra masculinidad, es decir, cómo hemos sido socializados como hombres, y la violencia contra las mujeres es innegable. La violencia se deriva de los privilegios que, como hombres, disfrutamos en nuestra sociedad. Aunque a veces resulta doloroso -nunca tanto como el dolor que se provoca-, es imprescindible que los hombres seamos conscientes de que nuestra posición en el mundo se sostiene sobre unos privilegios que debemos cuestionar y eliminar si queremos unas vidas libres de violencias machistas.

En este sentido queda mucho por hacer. A nivel individual, tenemos que revisar en qué situaciones nos aprovechamos de estos privilegios y nos aferramos a un modelo de masculinidad que, per se, genera violencia. A nivel colectivo requiere que los hombres nos repensemos juntos, nuestras relaciones y nuestra incapacidad de gestionar nuestros sentimientos y mostrar debilidad. Y a nivel institucional, por ejemplo, las campañas para prevenir la violencia machista podrían dejar de interpelar únicamente a las mujeres diciéndoles cómo deben vestir, con quién deben follar o cómo deben comportarse, y deberían enseñarnos a los hombres a cuidar, a no violar, a no acosar a las mujeres en la calle o en el metro, a no entender nuestras relaciones como una cuestión de propiedades…

No consiste en ver quién es más o menos feminista, ni quién es capaz de deconstruirse más o menos. Se trata de apostar decidida y radicalmente por una sociedad democrática en la que todas las personas tengamos los mismos derechos. Porque, como he aprendido de la persona que más me ha enseñado sobre este asunto, el feminismo es una cuestión de justicia.

Por: Pablo Padilla (miembro de Juventud SIN Futuro y la Oficina Precaria).

Publicado en: www.cuartopoder.es

 

El miedo masculino a la potencia sexual femenina

 

 

El miedo de los hombres a la potencia arrasadora de la sexualidad femenina ha sido uno de los grandes motivos para encerrar a las mujeres en el ámbito doméstico, para cubrir sus cuerpos (desde el velo hasta el burka), para mutilarlos (dos millones de niñas al año son castradas –ablación de clítoris– a manos de sus familiares) y para estigmatizarnos como seres más próximos a la animalidad y la irracionalidad que a la cultura y la civilización humana.

 *Reproduzco un articulo publicado en la siempre interesante página del escritor y periodista Juan Peláez.

Entre 1970 y 1988, William Hartmann, del Centro para Problemas Maritales y Sexuales, en California, monitorizó el orgasmo de 469 mujeres y 289 hombres voluntarios. El mayor número de orgasmos en una hora fue de 134 para la mujer y 16 para el hombre.

 

La mayor parte de los monstruos femeninos de las culturas patriarcales son seres eróticos, voraces, insaciables sexualmente, apasionados, crueles hasta el extremo. Las Gorgonas, las Harpías, las Erinias, las Amazonas, las Sirenas, la Esfinge, las Succubus, Medusa, las Lamias, las Centaurides, las Empusas, Artemisa, Afrodita…

Otras diosas monstruosas fueron: Andras, un Espectro Bisexual; Astartea, el Ángel del Infierno; Gomory, la Maestra del Sexo; Is Dahut, la Amante Insaciable; Perséfone, la Reina del Inframundo; Zalir, la Lesbiana, Zemunín, la Prostituta.

Lamia, el Mito de la Vagina Dentada. Es un personaje femenino de la mitología grecolatina, caracterizado como asustaniños y seductora terrible.

ESCOTE CON MARGARITAS

Otras mujeres malas (malas porque se sienten libres y actúan como quieren) son Lilith (para la cultura hebrea) y Eva (para la cristiana), porque con su curiosidad corrompen la bondad del hombre.

Lilith es considerada la primera esposa de Adán en la literatura rabínica. En las leyendas populares hebreas es el espíritu del mal y la destrucción, el demonio animal con rostro de mujer. Dios no la creó a partir de la costilla del primer hombre, sino de “inmundicia y sedimento”. Según Erika Bornay (1998), Lilith y Adán nunca encontraron la paz, principalmente porque Lilith, no queriendo renunciar a su igualdad, discutía con su compañero sobre el modo y la forma de realizar su unión carnal.

Lilith consideraba ofensiva la postura recostada que él exigía. “¿Por qué he de acostarme debajo de ti?”, preguntaba, “yo también fui hecha de polvo, y por consiguiente, soy tu igual”. Como Adán trató de obligarla por la fuerza, Lilith, airada, pronunció el nombre mágico de Dios, se elevó en el aire y lo abandonó. La diablesa huyó del Edén para siempre y se fue a vivir a la región del aire “donde se unió al mayor de los demonios y engendró con él toda una estirpe de diablos”.

Las religiones monoteístas, en general, se esfuerzan mucho en condenar el deseo de la mujer y en tratar de constreñir el erotismo femenino a la tarea de la reproducción. Según Erika Bornay, los penitenciales medievales revelan que el acto carnal entre un hombre y una mujer no unidos en santo matrimonio era considerado más grave que el asesinato:

“El continuo apelar a la abstinencia, esta insistencia en la maldad intrínseca del goce sexual, este desprecio sin paliativos por la carne necesitó de la figura de un ‘impulsor’, un culpable, un ser proclive al pecado, que no fuera aquel hombre creado a ‘semejanza de Dios’. Se necesitaba de ‘otro’ que por la lógica de estas filosofías patrísticas, iba a ser otra: Eva, la Mujer. Es en ella en quien los padres de la Iglesia encarnarán todas las tentaciones del mundo terrenal, el sexo y el demonio. Y ello pese a que en el Antiguo Testamento el hombre reconoce a la mujer como su igual”.

La moral patriarcal ha dividido a las mujeres en dos grupos: las seductoras, que destacan por su erotismo y sexualidad; sus artes sensuales sirven para desorientar y manipular a los hombres, que tienen que huir de ellas para no sentirse dominados. Y por otro lado están las discretas, que aparentan no sentir deseo alguno. Las primeras son malas porque son promiscuas, y porque no son sumisas a la autoridad masculina, ni se sienten objeto perteneciente a ningún dueño. Las segundas son las madres y las esposas, esas mujeres complacientes y bondadosas que tienen sexo solo por complacer a sus maridos, no porque lo deseen por ellas mismas.

 

Esta idea implica que su cuerpo, de algún modo, no es suyo, sino del hombre con el que se casa, del cura que la confiesa, del médico que la explora, del gobernador que ejecuta las leyes, de los parlamentarios

que las aprueban. Su cuerpo reproductor es un bien social, por eso la maternidad se contempla como algo obligatorio, natural y necesario para las mujeres.RECOSTADA

Ya sabemos que a las mujeres que han elegido un camino distinto haciendo ejercicio de su libertad les ha tocado morir torturadas, asesinadas, y quemadas en la hoguera. La figura de la bruja, la vampiresa, la loba, la hiena, ha sido común para representar a las mujeres con deseo sexual, y forma parte de las pesadillas del imaginario masculino la mujer a la que ningún hombre sacia.

En nuestra cultura, las mujeres que han disfrutado de su cuerpo y su sexualidad han sido siempre estigmatizadas socialmente como malas mujeres, mujeres de vida alegre, mujeres de la calle, putas o ninfómanas. En definitiva, las mujeres que se apartan de sus estereotipos y roles de género, y su función reproductora, son penalizadas socialmente por ello, y esto ha sido así durante muchos siglos.

Por eso han tenido que recurrir siempre a cómplices y ayudantes para poder vivir su sexualidad al margen de la moral patriarcal. En el caso de las lesbianas, el ambiente doméstico propició de alguna manera que las mujeres pudieran compartir placeres y cariño sin la represión masculina, aunque siempre en la clandestinidad.

En el caso de las heterosexuales, son las alcahuetas, celestinas, criadas… las que ayudaban a las mujeres recluidas en su casa destinadas a un matrimonio de conveniencia. Ellas facilitaban los acercamientos masculinos, el establecimiento de las citas clandestinas, el reparamiento de virgos antes de las bodas, el adulterio sostenido de las casadas. Y es que la hipocresía cristiana y burguesa daba por sentado que las mujeres no tenían deseos propios y que su deber era guardarse del deseo masculino, siempre potente y desbocado.

El clítoris fue descubierto en el siglo XVI y redescubierto por la sexología a finales del XIX. El orgasmo múltiple en el XX. Cuando digo “fue descubierto” me refiero a que lo descubrió la Ciencia, que hasta entonces había sido exclusivamente cosa de hombres. Nosotras ya sabíamos lo del clítoris y también conocíamos los orgasmos múltiples sin que ningún especialista nos tuviera que decir nada. Pero para la opinión pública supuso un escándalo constatar no sólo que la sexualidad femenina no es inferior ni más débil que la masculina, sino probablemente más placentera que la masculina porque la mujer no se descarga y muere, sino que es capaz de perderse en las cimas del placer sin descender de ellas durante mucho tiempo.

LIBROS EN LA PLAYA

En el caso de los hombres, el orgasmo es esencial para la inseminación: las embestidas empujan los espermatozoides dentro de la vagina. El óvulo de la mujer, sin embargo, es expulsado naturalmente por el ovario una vez al mes, independientemente de su respuesta sexual; esto es lo que hace incomprensible la función del orgasmo múltiple para los científicos.

Según Helen Fisher (2007), una de las causas del orgasmo femenino radica en el placer que siente la mujer: “para la mujer el orgasmo es un viaje, un estado alterado de conciencia, una realidad diferente que la eleva por una espiral que llega hasta el caos, y que luego le proporciona sensaciones de calma, ternura, y cariño que tienden a cimentar la relación con el compañero”.

Otros autores inciden en la idea de que el orgasmo sacia a la mujer, y eso la induce a permanecer acostada, lo que impide que la esperma escape del canal vaginal.  El antropólogo Donald Symons piensa que, al no tener el orgasmo femenino una utilidad directa en la concepción, es un fenómeno anatómico y fisiológico innecesario que ha subsistido a la evolución femenina solo por su importancia para los hombres. Como el orgasmo es señal de haber llegado a la máxima satisfacción, a los hombres les gusta que la mujer lo experimente porque es la prueba de la gratificación de su compañera, y tal vez porque suponen que de ese modo tenderá menos a buscar aventuras sexuales.

Desde esta óptica (poco afortunada a mi entender), el orgasmo femenino sirve o existe para alimentar el Ego del macho y lo prueba el hecho de que muchas fingen tenerlo para no herir a su compañero. Catharine MacKinnon, por ejemplo, ve en la “simulación del orgasmo” una demostración ejemplar del poder masculino de conformar la interacción entre los sexos de acuerdo con la visión de los hombres, que esperan del orgasmo femenino una prueba de su virilidad y el placer asegurado por esta forma suprema de sumisión.

Como el placer femenino no ha de ser retenido, ni cae en picado como sucede en la eyaculación, la mujer que disfruta está siempre en el cénit, navegando por las cumbres del éxtasis. Es, en este sentido, un placer desordenado, sin principio ni fin: “En su erupción voluptuosa, el cuerpo femenino es desobediencia civil a la anatomía impuesta; induce metafóricamente una nueva socialidad, un nuevo exceso; y demuestra lo siguiente, que lo genital y sus placeres localizados son una limitación a la que un día, hace poco, obligamos al cuerpo”. (Pascal Bruckner, 1977)

 

La sexualidad femenina confunde al hombre, según este autor, porque constituye, aun hoy en día, un tipo de sexualidad diferente a la suya, un mundo, pues desconocido y temible. El hombre nunca puede estar seguro de si su aparato sexual va a funcionar como es debido, si después de una erección podrá lograr otra. A veces se encuentra atrapado en su propio falo mientras el placer de la mujer se expande en el tiempo y el espacio: “En los orgasmos de las mujeres habitan unos universos increíbles de los que nos enamoramos locamente a pesar de su distancia insuperable. Aun cuando los gestos de la amada parecen dirigidos y dedicados a nosotros, siguen expresando las oscuras regiones que nos excluyen”. (Bruckner, 1977)

Las mujeres deben orientar y definir su erotismo de acuerdo con las normas dominantes y simultáneamente, con las específicas de su género. Las mujeres tienen así, según Marcela Lagarde, una doble asignación erótica: tienen deberes, límites, y prohibiciones, por ser miembros de una determinada cultura, y otros específicos por ser mujeres.

MUJER ACUARELA

 

Una de las razones por las que existen entre 85 y 114 millones de niñas y mujeres mutiladas en el planeta es porque se piensa que sin capacidad para tener orgasmo, serán mujeres fieles a sus maridos. Si se mutilan masivamente es porque se sabe que todas las mujeres tienen una sexualidad tan “fuerte” o mayor que la del hombre, y por eso se trata de eliminarla. Porque se entiende el cuerpo femenino como para ser usado por un hombre, no para ser disfrutado por la propia mujer. Y también porque se entiende que la sexualidad femenina ha de ser controlada, constreñida, arrancada, para que no se desparrame.

Por Coral Herrera Gómez


Desafios

Cuando alguien evoluciona también evoluciona todo a su alrededor. Cuando tratamos de ser mejores de lo que somos, todo a nuestro alrededor también se vuelve mejor. Eres libre para elegir, para tomar decisiones aunque solo tú las entiendas. Toma tus decisiones con coraje, desprendimiento y a veces con cierta dosis de locura. Solo entenderemos la vida y el universo cuando no buscamos explicaciones. Entonces todo queda claro.

 

 

Aprender algo significa entrar en contacto con un mundo desconocido en donde las cosas más simples, son las más extraordinarias. Atrévete a cambiar, desafíate, no temas a los retos.
Insiste, una, otra y otra vez. Recuerda que sin fe se puede perder una batalla que ya parecía ganada. No te des por vencido.
Acuérdate de saber siempre lo que quieres. Y empieza de nuevo.
El secreto está en no tener miedo de equivocarnos y de saber que es necesario ser humilde para aprender.

Ten paciencia para encontrar el momento exacto y congratúlate de tus logros. Y si esto no fuera suficiente… analiza las causas e inténtalo con más fuerza. El mundo está en manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y de correr el riesgo de vivir sus sueños.

– Paulo Coelho –

Relaciones afectivas sanas

Para establecer relaciones sanas, debemos comprender que no buscamos una relación para darle un sentido a nuestras vidas, sino que ,expresamos en la relación la verdad de quienes somos.

El Amor sólo es verdadero si es incondicional; amas al otro tal cual es, con todo lo que es, y le aceptas con todas sus facetas, con todos sus contrastes.
Es entonces cuando el Amor se encarga de transformarnos, de un modo constante y profundo.

DANZA Y FLOR

 

En cualquier tipo de relación, los desacuerdos son inevitables.
Si nunca hay desacuerdos, significa que alguno de los dos no está expresando su propia individualidad.
Una comunicación clara y honesta, de corazón abierto, y ponerse en el lugar del otro, son fundamentales para encontrar una salida que sea beneficiosa para todos.

La relación se torna difícil y dolorosa cuando la usamos como un “adorno” para
nuestro ego: pensar que “tenemos” una relación, en lugar de sentir quecompartimos Amor en una relación.
No podemos poseer al otro, como tampoco poseemos una relación. El Amor es libertad, y la posesividad no tiene cabida en una verdadera relación de amistad o  amorosa.

Unión e individualidad

Los celos surgen por la falta de valoración de uno mismo. Temes que alguien ocupe tu lugar, o que tu pareja encuentre a

alguien“mejor” que tú.

Pero si te amas y te valoras a ti mismo, sabes que eres único e irremplazable.

Cuando el miedo a la pérdida está presente, empezamos a querer controlar a los demás. La mayoría de las peleas se originan cuando uno o los dos están queriendo controlar al otro, pues este miedo se enmascara detrás de la ira.
Cuando controlas te enojas.

Cuando sientas miedo a la pérdida, el mejor antídoto es amar más.
Siente el Amor en tu corazón en el instante en el que te das cuentas de que estás sintiendo miedo o inseguridad.

 

 

 

Es nuestra responsabilidad darnos a nosotros mismos lo que sea que queramos y necesitemos. En una relación amorosa sana, estamos conscientes de que ya somos seres completos, y no necesitamos que nuestra pareja nos cubra ninguna carencia o vacío. El otro camina a nuestro lado para crecer y compartir Amor, pero somos siempre responsables de nosotros mismos.

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Sólo dándote momentos de calidad a solas contigo mismo, podrás luego compartir instantes valiosos con tu pareja o amigos. La soledad hace parte de nuestro Ser e individualidad, y es una condición natural e inevitable.
El verdadero Amor no huye de la soledad, sino que conoce a fondo sus tesoros y secretos.

 

Es fundamental que en todas nuestras relaciones haya un equilibrio entre el dar y el recibir. El Amor sólo puede fluir de un modo sano y armonioso si este equilibrio está presente.

La palabra pareja significa, literalmente, de igual a igual.
En una relación sana, los dos pueden sentir que están en una posición de igualdad con el otro, pues ambos disfrutan de la misma libertad para ser tal cual son.

 

el amor es unidad

 

El compromiso que asumimos es con nosotros mismos: nos comprometemos de cuerpo y alma a permanecer en la relación para crecer, aprender y descubrir a diario el arte de amar cada vez más y mejor.
Aceptamos el reto de vernos a nosotros mismos desnudos, sin defensas, permitiéndonos ser honestos y vulnerables frente al otro. Y si alguna herida aflora, la sanamos con Amor y aceptación.
El Amor requiere coraje, y el coraje proviene del corazón. El Amor es para los valientes.

Extractos del libro “El Amor de tu vida compartida”.

– Enriqueta Olivari- 

Marcel Proust: Arte, Espiritualidad, amor, vida

“Porque los trastornos de la memoria tienen mucho que ver con las intermitencias del corazón. Es seguramente la existencia de nuestro cuerpo, que nos parece semejante a una vasija donde está encerrada nuestra espiritualidad, lo que nos anima a suponer que siempre están en posesión nuestra todos los bienes interiores, las alegrías pasadas, todos los dolores. Quizá carece no menos de exactitud creer que estos huyen o que regresan

Marcel Proust (En busca del tiempo perdido, en el vol. II)

MUJER ACUARELA

 

“Sólo mediante el arte podemos salir de nosotros mismos, saber qué ve otra persona de ese universo que no es igual que el nuestro y cuyos paisajes habrían sido para nosotros tan desconocidos como los que puedan existir en la luna. Gracias al arte, en vez de ver un único mundo, el nuestro, lo vemos multiplicarse, contamos con tantos mundos a nuestra disposición como artistas originales hay, y son más diferentes unos de otros que los mundos que ruedan por el infinito y que, muchos siglos después de que se haya apagado la lumbre de que brotaban, ora se llamase Rembrandt, ora Vermeer, nos envían su particular rayo de luz”.

Marcel Proust (En busca del tiempo perdido, en el vol. VII)

PAJARITOS COLOREADOS

“[…] hay momentos en los que necesitamos salir fuera de nosotros y aceptar la hospitalidad del alma de los demás, a condición de que esta alma, por humilde y fea que nos parezca, sea un alma ajena”.

Marcel Proust (En busca del tiempo perdido, en el vol. III)

“… amar es un maleficio como esos que salen en los cuentos, contra los que nada se puede hasta que concluye el sortilegio”.

Marcel Proust (En busca del tiempo perdido, en el vol. VII)

 

Marcel Proust fallecía un 18 de noviembre de 1922 en Paris, ciudad donde nació el 10 de julio de 1871.
Todos hemos escuchado la trascendencia e importancia que tienen los siete volúmenes de su obra más conocida “À la recherche du temps perdu”, en castellano “En busca del tiempo perdido”, porque realmente es un compendio, o tratado, de valoraciones en las que se vierten sus experiencias vitales más intensas y desde la que uno se ve inducido a la reflexión sobre el amor, el pensamiento, el tiempo, la memoria, las relaciones humanas o el Arte.

También escribió y publicó en la prensa de su tiempo, así como un enorme epistolario y, entre otros, el libro “Los Placeres y los Días”

Documental Marcel Proust Subtitulado en Español.
Enlace: http://youtu.be/MTQpFzhu-LA

En busca del tiempo perdido – Marcel Proust.
Enlace: http://youtu.be/S2GQJMPxWg4

Resumen de la obra ”En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust.
Enlace: http://youtu.be/hJulQqFDthE

Arturo Fontaine / Sobre Marcel Proust / 1/7.

1.- http://youtu.be/oYJIDUtLfUE

2.- http://youtu.be/AwIzEr_cheQ

3.- http://youtu.be/ZDo7R917kQw

4.- http://youtu.be/0S4GYL0X5wI

5.- http://youtu.be/10bgzXSF_Ps

6.- http://youtu.be/YrKYIkHN5cc

7.- http://youtu.be/n7B5Ljk9Zag

Miguel Mora: Un siglo por el camino de Swann.
Enlace: http://elpais.com/…/2013/11/11/actua…/1384201638_679545.html

MARCEL PROUST (Los placeres y los días -fragmento-).
Enlace: http://youtu.be/oVkBUNgT8gM

Zen. Sobre el silencio

“La opinión personal, es una pérdida de energía que nos lleva a juzgar al otro y peor aún a criticar al otro. Ya aprendimos que todo lo que nos molesta del otro es sólo una proyección de lo no resuelto en nosotros. El sabio es aquel que tolera todo, que ya aceptó que no dirá ni una palabra en su defensa porque las opiniones de los demás no le afectan y tampoco necesita convencer al otro para ser feliz.

El silencio interno nos hace impasibles, el ayuno de palabras educará nuestro ego y nuestra personalidad que tiene la mala costumbre de hablar todo el tiempo. No intentemos forzar, manipular, ni controlar al otro, debemos dejar que los demás sean lo que son o mejor dicho, que sean según su capacidad de ser.”

 

LINEA

 

Proverbios Zen

 

 

 

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