Las 6 emociones básicas: características y funciones

 

Tenemos la vieja costumbre, heredada de la filosofía, de enfrentar siempre a la razón y a las emociones, como si estas últimas alteraran el raciocinio. Atribuimos a la emoción ese carácter hedónico, transcendental e irracional que nos hace pensar que las emociones carecen de utilidad. Pero eso es un grave error, las emociones cumplen un papel muy importante, nos ayudan a dirigir nuestra conducta y a actuar rápidamente. Entre ellas las más relevantes son las emociones básicas: sorpresa, asco, miedo, alegría, tristeza e ira.

Estas emociones básicas aparecen durante el desarrollo natural de cualquier persona con independencia del contexto en el que se desarrolle. En general, estas son procesos relacionados con la evolución y la adaptación, los cuales tienen un sustrato neural innato, universal y un estado afectivo, que podríamos llamar sentimiento, asociado característico.

La sorpresa

La sorpresa se puede definir como una reacción causada por algo imprevisto, novedoso o extraño. Es decir, cuando aparece un estímulo que el sujeto no contemplaba en sus previsiones o esquemas. La vivencia subjetiva que la acompaña es una sensación de incertidumbre junto a un estado en el que la persona tiene la sensación de tener la mente en blanco.

 

Respecto a las reacciones fisiológicas, nos encontramos con una desaceleración de la frecuencia cardíaca y un aumento del tono muscular y la amplitud respiratoria. Además aparece un tono de voz alto, junto a vocalizaciones espontáneas.

La función de la sorpresa es vaciar la memoria de trabajo de toda actividad residual para hacer frente al estímulo imprevisto. Por lo tanto, este estado activa los procesos atencionales, junto con la conducta de exploración y la curiosidad. Esta emoción es frecuentemente seguida por otra emoción que va a depender de la cualidad del estímulo imprevisto, mostrando así su positividad (alegría) o negatividad (ira).

El asco

El asco es una de las emociones básicas que se conocen desde los trabajos de Darwinacerca de la emoción animal. Esta se caracteriza por una sensación de repulsión o evitación ante la posibilidad, real o imaginaria, de ingerir una sustancia nociva, que tenga propiedades contaminantes. La sensación subjetiva es un gran desagrado y de una marcada aversión al estímulo elicitador.

Los efectos fisiológicos centrales son la aparición de diversos malestares gastrointestinales acompañados de náuseas. Además, observamos un aumento general de la activación; visible a través del aumento de la frecuencia cardíaca y respiratoria, conductancia de la piel y tensión muscular.

La función adaptativa que cumple el asco es rechazar todos aquellos estímulos que puedan provocar una intoxicación. Las náuseas y el malestar contribuyen a evitar cualquier ingestión dañina para el cuerpo. Además, con el tiempo, esta emoción se ha tomado también un carácter social, rechazando aquellos estímulos sociales tóxicos para nosotros.

El miedo

Es la emoción más estudiada en los animales y en el ser humano. El miedo es un estado emocional negativo o aversivo con una activación muy elevada que incita la evitación y el escape de situaciones peligrosas. La vivencia de la misma es una sensación de gran tensión junto a una preocupación por la propia seguridad y salud.

Los correlatos fisiológicos nos muestran una elevación rápida de la activación y una preparación para la huida. La actividad cardíaca se dispara y la actividad respiratoria se acelera, produciendo una respiración superficial e irregular.

El miedo es un legado evolutivo que tiene un valor de supervivencia obvio. Esta emoción nos es útil para preparar el cuerpo y producir conductas de huida o afrontamiento ante estímulos potencialmente peligrosos. Además, facilita el aprendizaje de nuevas respuestas que apartan a la persona del peligro.

 

La alegría

La alegría es, de todas las emociones básicas, quizás la más positiva: está asociada de manera directa con el placer y la felicidad. Esta aparece, por ejemplo, en respuesta a la resolución de alguna meta personal o ante la atenuación de un estado de malestar. Debido a la forma que tenemos de manifestarla, puede parecer que no cumple ninguna función para nuestra supervivencia más allá de ser un mero reflejo de nuestro estado interno.

Sin embargo, la alegría es uno de los sistemas que tiene el cuerpo para incentivar la acción. Además, sirve de recompensa para aquellas conductas beneficiosas para uno mismo. Cuando realizamos una acción que satisface una meta, es cuando se dispara la alegría, y gracias a ello esa conducta se repetirá para volver a vivir esa sensación de placer. Es quizás el reforzados más natural con el que contamos.

A nivel fisiológico nos encontramos con un aumento de la tasa cardíaca y un mayor ritmo respiratorio. Además, en la química cerebral nos encontramos con una mayor liberación de endorfinas y dopamina.

La tristeza

Dentro de las emociones básicas, la tristeza es la que encarna una mayor negatividad. Esta emoción se caracteriza por un decaimiento del estado de ánimo y una reducción significativa en su nivel de actividad cognitiva y conductual. A pesar de la mala fama que tiene esta emoción, cumple funciones igual o más importantes incluso que el resto de emociones básicas.

La función de la tristeza es actuar en situaciones donde el sujeto se encuentra impotente o no puede llevar a cabo ninguna actuación directa para solucionar aquello que le apena, como el fallecimiento de un ser querido. Por ello la tristeza baja el nivel de actividad, con el objetivo de economizar recursos y evitar que hagamos esfuerzos innecesarios.

Además, actúa de manera autoprotectora, generando un filtro perceptivo que centra la atención en uno mismo en lugar del estímulo dañino. Y lo más importante, instiga a la búsqueda de apoyo social que te facilite la huida de la situación depresora.

 

La ira

La ira es el sentimiento que emerge cuando la persona se ve sometida a situaciones que le producen frustración o que le resultan aversivas. La vivencia que surge de la misma se categoriza como desagradable, junto a una sensación de tensión que nos anima a actuar. Es una emoción polifacética y en muchos casos ambigua, debido que dependiendo de la situación puede verse más o menos justificada o con un objeto más o menos identificado.

A nivel fisiológico, vemos en el cuerpo un aumento excesivo de la activación y una preparación para la acción. Observamos un aumento de la actividad cardíaca, el tono muscular y la amplitud respiratoria. Además, de un aumento significativo de la adrenalinaen sangre, que a su vez aumentará la tensión cognitiva.

La ira tiene una función evolutiva clara, nos dota de los recursos necesarios para hacer frente a una situación frustrante. Cuando tenemos que hacer frente a un peligro o superar un reto, ese gasto de recursos para aumentar la activación nos ayuda a lograr el éxito. Si aun así, tras la aparición de la ira no se consigue el objetivo, es cuando aparecerá la tristeza; para solventar el problema a través de otras herramientas.

Sean de valencia positiva, negativa o neutra, lo cierto es que todas las emociones cumplen con funciones que favorecen nuestra supervivencia. Por otro lado, también entrañan el peligro, por su intensidad, de hacerse con el dominio de nuestra conducta. Es en estos casos es cuando la regulación emocional es especialmente importante, ya que es ella la que puede apartar lo negativo de este secuestro emocional de nuestro timón vital.

 

Por:Alejandro Sanfeliciano

Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com

 

Alimentar nuestros demonios: una integración interna

 

Alimentar a nuestros demonios en lugar de combatirlos contradice el enfoque convencional de luchar contra lo que nos asalta. Pero resulta ser un camino notablemente efectivo para la integración interna.

(c) Yolanda Jiménez

Los demonios (maras en sánscrito) no son espíritus sanguinarios que nos esperan en los rincones oscuros. Los demonios están dentro de nosotros. Son energías que experimentamos todos los días, como el miedo, la enfermedad, la depresión, la ansiedad, el trauma, las dificultades de relación y la adicción.

Cualquier cosa que drena nuestra energía y nos bloquea de estar completamente despierto es un demonio. El enfoque de dar forma a estas fuerzas internas y alimentarlas, en lugar de luchar contra ellas, fue originalmente articulado por una maestra budista tibetana del siglo XI llamada Machig Labdrön (1055-1145). La práctica espiritual que desarrolló se llamó Chöd, y generó resultados tan sorprendentes que se hizo muy popular, extendiéndose ampliamente a través de Tíbet y más allá.

En el mundo de hoy, sufrimos niveles récord de lucha interna y externa. Nos encontramos cada vez más polarizados, interior y exteriormente. Necesitamos un nuevo paradigma, un nuevo enfoque del conflicto. La estrategia de Machig de nutrir en lugar de combatir a nuestros enemigos internos y externos ofrece un camino revolucionario para resolver conflictos y conduce a la integración psicológica y la paz interior.

El método que he desarrollado, llamado “Feeding Your Demons”™, se basa en los principios de Chöd adaptados para el mundo occidental. Esto es una versión abreviada de la práctica, en cinco pasos.

Paso 1: Encuentra el demonio en tu cuerpo

Después de generar una motivación sincera para practicar para el beneficio de tí mismo y de todos los seres, decide con qué demonio deseas trabajar. Elige algo que se sienta como si estuviera drenando tu energía ahora mismo. Si se trata de un asunto de relación, trabaja con la sensación que está surgiendo en ti en la relación como el demonio, en lugar de la otra persona.

Pensando en el demonio con el que has elegido trabajar, tal vez recordando un incidente en particular cuando apareció con fuerza, examina tu cuerpo y pregúntate: ¿Dónde está el demonio agarrado en mi cuerpo más fuertemente? ¿Cuál es su forma? ¿Cuál es su color? ¿Cuál es su textura? ¿Cuál es su temperatura?

Ahora intensifica esta sensación.

Paso 2: Personifica al demonio

Permite que esta sensación, con su color, textura y temperatura, se mueva fuera de tu cuerpo y se personifique delante tuyo como un ser con miembros, cara, ojos, etc.

Observa lo siguiente sobre el demonio: tamaño, color, superficie de su cuerpo, densidad, género, si tiene uno, su carácter, su estado emocional, la mirada en sus ojos, algo sobre el demonio que no viste antes.

Ahora pregunta al demonio las siguientes preguntas: ¿Qué quieres? ¿Qué es lo que realmente necesitas? ¿Cómo te sentirás cuando obtengas lo que realmente necesitas?

Paso 3: Conviértete en el demonio

Cambia de lugar, manteniendo los ojos cerrados tanto como sea posible. Tómate un momento para instalarse en el cuerpo del demonio. Siente lo que es ser el demonio. Observa cómo tu yo normal se ve desde el punto de vista del demonio. Responde estas preguntas, hablando como el demonio: Lo que quiero es… Lo que realmente necesito es… Cuando consiga lo que realmente necesito, me sentiré… (Ten en cuenta esta respuesta en particular.)

Paso 4: Alimenta al Demonio y Conoce al Aliado

(c) Yolanda Jiménez

Tómate un momento para volver a instalarte en tu propio cuerpo. Mira al demonio frente a ti. Luego disuelve tu propio cuerpo en néctar. El néctar tiene la calidad de la sensación que tendría el demonio cuando obtenga lo que realmente necesita (es decir, la respuesta a la tercera pregunta). Observa el color del néctar.

Imagínate que este néctar se está moviendo hacia el demonio y alimentándolo. Observa cómo el demonio lo toma. Tienes un suministro infinito de néctar. Alimenta al demonio a su completa satisfacción y observa cómo se transforma en el proceso. Esto puede llevar algún tiempo.

Observa si hay un ser presente después de que el demonio esté completamente satisfecho. Si hay un ser presente, pregúntale: «¿Eres el aliado?» Si lo es, trabajarás con ese ser. Si no lo es, o si no hay ningún ser presente después de alimentar al demonio hasta su satisfacción completa, invita al aliado a aparecer.

Cuando veas al aliado, observa todos los detalles del aliado: tamaño, color, superficie de su cuerpo, densidad, sexo (si lo tiene), su carácter, su estado emocional, la mirada en sus ojos, algo sobre el demonio que no viste antes.

Cuando realmente te sientas conectado con la energía del aliado, hazte estas preguntas: ¿Cómo me ayudarás? ¿Cómo me protegerás? ¿Qué promesa me haces? ¿Cómo puedo acceder a ti?

Cambia de lugar y conviertete en el aliado. Tómate un momento para instalarte en el cuerpo del aliado y observa cómo se siente al estar en el cuerpo del aliado. ¿Cómo se ve tu yo normal desde el punto de vista del aliado? Cuando estés listo, responde a estas preguntas, hablando como el aliado: Te ayudaré por… Te protegeré por… Prometo que haré… Puedes acceder a mí por…

Tómate un momento para instalarte de nuevo en tu propio cuerpo y ve al aliado frente a ti. Mira en sus ojos y siente su energía que se vierte en tu cuerpo.

Ahora imagina que el aliado se disuelve en luz. Observa el color de esta luz. Siente que se disuelve en ti e integra esta luminosidad en cada célula de tu cuerpo. Toma nota de la sensación de la energía integrada del aliado en tu cuerpo. Ahora tú, con la energía integrada del aliado, también te disuelves.

Paso 5: Descansa en la conciencia

Descansa en cualquier estado que esté presente después de la disolución. Haz una pausa hasta que los pensamientos discursivos comiencen de nuevo, entonces regresa gradualmente a tu cuerpo. Al abrir los ojos, mantén la sensación de la energía del aliado en tu cuerpo.

(Artículo aparecido en la revista Lion’s Roar).

El libro Alimentando tus demonios, de Tsultrim Allione, está publicado en castellano por La Liebre de Marzo.

Puedes descargarte un fragmento o adquirir el libro aquí.

Fuente: Lions Roar.

Publicado en: www.liebremarzo.com

El poder de las afirmaciones

 

Las afirmaciones son herramientas poderosas que actúan tanto en nuestros procesos conscientes como inconscientes, nos ayuda a trabajar a favor de lo que queremos conseguir y convencernos a nosotros y al universo mismo de que nuestra energía está centrada en aquello que deseamos, sin dudas, con plena confianza de que no habrá obstáculos que se interpongan entre lo que en nuestra mente está presente y lo que llegaremos a manifestar.

Las afirmaciones pueden ser redactadas a nivel personal o pueden tomarse algunas guías que nos logren inspirar y que cubran aquello que deseamos plasmar. Podemos utilizarlas de muchas maneras: escoger un momento específico del día para decirlas o hacerlo de manera aleatoria, verbalizarlas o solo pensarlas, leer un listado o tener en mente una sola, repetirlas como un mantra o solo repetirlas una vez, decirlas en tiempo presente o enfocadas a futuro.

falta algo para ser feliz

Lo cierto es que la mayor efectividad se logra cuando mayor es la confianza que se tiene en que aquello es o será parte de nuestras vidas. En lo personal las uso cada vez que lo recuerdo y menciono varias veces una o varias asociada a una determinada meta y procuro mencionarlas en tiempo presente como si aquello que deseo ya formase parte de mi vida.

Acá dejamos un listado que puede resultar de utilidad, clasificado por aspectos de la vida:

Afirmaciones espirituales:

Soy un ser espiritual en una experiencia humana.

Aprendo de cada una de mis experiencias.

Todo lo que está ocurriendo es para el mayor beneficio de la mayoría de los involucrados.

Soy más de lo que puedo ver y entender.

Todos estamos en un camino de evolución, haciendo lo mejor que podemos con nuestros recursos.

Veo en los otros lo que debo revisar en mí.

Afirmaciones para el amor:

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Tengo el amor que soy capaz de dar.

En mi vida está presente el amor incondicional.

Atraigo siempre a las personas que necesito.

Soy una persona amada por lo que soy.

Quienes me aman me respetan y consideran.

Afirmaciones para la salud:

Mi salud es perfecta.

Estoy completamente san@.

Mi cuerpo funciona y reacciona a la perfección.

Mi cuerpo tiene la sabiduría necesaria para sanarse.

Acepto mi cuero, lo cuido y lo bendigo.

La mejor medicina para mi vida es el amor.

Mi alma siempre sabrá que hacer en situación de emergencia.

Afirmaciones para la abundancia:

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Gracias por todas las bendiciones presentes hoy y siempre en mi vida.

Soy una persona próspera.

Mi vida está llena de bendiciones

Tengo todo lo que necesito.

Tengo la capacidad necesaria para generar riqueza en mi vida.

Tengo suficiente tiempo para todo lo que necesito hacer.

El dinero es una energía y le doy entrada a mi vida.

Todo lo que quiero está disponible para mí, solo tengo que pedirlo.

Utilízalas como quieras, pero de cualquier manera introdúcelas en tu vida y mira como los milagros comienzan a ocurrir a partir de una “sencilla” afirmación.

 

 

Por: Sara Espejo

Fuente: rincondeltibet.com

Dignidad personal

 

La dignidad personal es reconocer que merecemos algo mejor. Las personas tenemos un precio, un valor indiscutible llamado dignidad personal. Es una dimensión incondicional que nos recuerda cada día que nadie puede ni debe utilizarnos, que somos libres, seres valiosos, responsables de nosotros mismos y merecedores a su vez de un adecuado respeto.

La dignidad es sin duda uno de los conceptos más interesantes a la vez que descuidados dentro del campo del crecimiento personal. De algún modo a muchos se nos ha olvidado que esta dimensión no depende del reconocimiento externo, nadie tiene por qué otorgarnos un valor determinado para que nosotros mismos nos sintamos merecedores de obsequios.

 

“Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca meramente como medio”
-Immanuel Kant-

La dignidad es una cualidad inherente que viene de “fábrica”. Tal y como dijo Martin Luther King una vez, no importa cuál sea tu oficio, no importa el color de tu piel ni cuánto dinero tengas en tu cuenta bancaria. Todos somos dignos, y todos tenemos la capacidad de construir una sociedad mucho mejor basada en el reconocimiento de uno mismo y en el de los demás.

Sin embargo, dignidad y vulnerabilidad siempre van de la mano. Porque esta cualidad innata depende directamente de nuestro balance emocional y de la autoestima. De hecho, en ocasiones basta con que alguien nos quiera mal para que no nos sintamos dignos de ser amados. Basta también con que pasemos una temporada sin empleo para llegar a pensar que no somos dignos ni útiles para esta sociedad.

Te proponemos reflexionar sobre ello con nosotros.

Qué no es dignidad personal

Entender desde bien temprano que merecemos lo mejor, que debemos ser respetados por lo que somos, tenemos y nos caracteriza, no es orgullo. Defender nuestra identidad, nuestra libertad y nuestro derecho a tener voz propia, opinión y unos valores, no es narcisismo. En el momento que entendemos todo esto nuestra personalidad se refuerza y conseguimos una adecuada satisfacción interna.

Sin embargo, hemos de admitirlo, si hay una dimensión de nuestro bienestar psicológico que más secuelas deja tras haberla descuidado, olvidado o dejado en manos de otros, es ella, la dignidad. De ahí, que siempre debamos recordar algo muy sencillo a la vez que ilustrativo: la esperanza no es lo último que una persona debe perder; en realidad, lo que jamás debemos perder es la dignidad personal.

Veamos a continuación de qué maneras se nos escapa este valor, este principio de fortaleza interior.

Mariposa

Perdemos la dignidad personal cuando…

La dignidad no son unas llaves que ponemos en nuestros bolsillos y que de vez en cuando, dejamos a otros para que nos las guarden. La dignidad no es una posesión material es un valor intransferible, incondicional, propio y privado de cada uno. No se deja, no se pierde ni se vende: va contigo SIEMPRE.

 

 

 

 

 

 

 

 

Menstruación: estereotipos que la ciencia derrumba

 

Menstruar es traumático. La primera vez que encontramos una mancha roja en nuestra ropa interior, nos llenamos de dudas y de miedos; nuestra madre nos dijo que era la señal de que ya éramos “señoritas”, en la escuela nos dijeron que nos habíamos “convertido en mujeres” y en la televisión se nos sugirió que debíamos ocultar este proceso a como diera lugar.

La menstruación es un trauma porque nos han obligado a tomarlo como tal, no por sí mismo. Miles de mitos se han tejido en torno a este proceso natural y lo han convertido en algo sucio, indigno e incluso humillante. Muy probablemente a nadie le guste reglar, para ninguna persona es grato tener un chorro de sangre debajo de las piernas cada mes durante varios días. Sin embargo, si a esto le sumamos todos los prejuicios que se han encargado de imponernos, terminamos odiando este proceso y a nosotras mismas. Sin embargo, la ciencia se ha encargado de desmontar esos horribles prejuicios y recientemente, terminó con uno de los más grandes:

La menstruación no altera la mente de las mujeres

Así lo confirmó un estudio dado a conocer por Frontiers Media, donde se concluyó que «No existe una asociación consistente entre los niveles hormonales de las mujeres, en particular el estrógeno y la progesterona con la atención, la memoria de trabajo y el sesgo cognitivo». Es decir, no es verdad que durante nuestro periodo, los procesos metales sufran alguna alteración.

En la investigación participaron 5 especialistas de diversas universidades europeas, instituciones de Alemania, Suiza e Italia, entre otras. La diferencia entre este y otros estudios sobre el tema, es que en el más reciente se consideraron dos ciclos, y en los anteriores, sólo uno, por lo que se pudo descubrir que las diferencias eran más bien circunstanciales.

El estudio llamado “Falta de asociaciones entre los niveles hormonales femeninos y la memoria de trabajo visuoespacial, atención dividida y sesgo cognitivo a través de dos ciclos menstruales consecutivos” condensa la información recabada a partir del estudio de 68 mujeres que estuvieron bajo observación. Ninguna de ellas mostró un cambio notorio.

En entrevista para la revista MIC, Brigitte Leeners, una de las investigadoras participantes en el estudio aseveró: «en la medicina, no es como la matemática. Siempre hay excepciones, Siempre hay hombres o mujeres que son más sensibles a algo. No es una norma tan estricta en la naturaleza como en la física».

La susceptibilidad emocional que vivimos en nuestros periodos hormonales no son determinantes ni exclusivos de las mujeres. Existen muchos otros factores que contribuyen a un estado de ánimo fluctuante y especialmente sensible.

Millones de veces hemos escuchado cosas como “es que está en sus días” o “seguro le está bajando”, frases que usa la gente a nuestro alrededor para indicar que las mujeres estamos “locas” en “esos días”. Eso es sólo un prejuicio machista que no sólo acrecienta el de por sí incómodo momento de la menstruación hasta convertirlo en algo completamente desagradable, sino que se traduce en un odio contra nosotras mismas, nuestro cuerpo y nuestros procesos naturales.

Reconciliarse con la propia menstruación, puede volverse un acto complejo y difícil debido a toda la carga de prejuicios que la rondan. Sin embargo, desmontar este tipo de mitos ayuda, sin duda, a eliminar estas aseveraciones.

 

 

Fuente: culturacolectiva.com

La ventana de Johari. Una herramienta de conocimiento

 

Podemos pensar que tenemos un amplio conocimiento de nosotros mismos, al fin y al cabo nos hemos pasado la vida conviviendo con nosotros así que lo más lógico es que ya conozcamos cuales son nuestros defectos, carencias, virtudes o fortalezas, verdad? 

La realidad es que esto no es del todo cierto, quiero decir, conocemos parte de nosotros pero hay algo oculto que no acabamos de conocer. Una herramienta de la psicología y el coaching lo detalla muy simplificadamente, se llama “La ventana de Johari” y voy a compartirla contigo para que puedas hacer un simple ejercicio para avanzar en tu búsqueda de autoconocimiento. 

En la ventana de Johari se distinguen 4 áreas dependiendo de los rasgos que conocemos, conocen los demás sobre nosotros y aquellos que son desconocidos:

  • Lo que conozco de mí y los demás también conocen.

Son aspectos de nuestra personalidad que solemos tener bastante controlados, puede ser la simpatía, el don de gentes, la cobardía, la sinceridad…..no importa cual sea, lo importante de este apartado es que son aspectos que reconocemos en nosotros y que nuestro entorno también nos identifica claramente con ellos. Esta será tu área libre.

Estos aspectos te dan comodidad y seguridad, te hacen sentir fiel a ti mismo porque no tienes ni que ocultarlos ni que limitarlos. Lo ideal es tener la mayor parte de tus defectos y virtudes expuestos en esta parte de la ventana.

  • Lo que conozco de mí pero los demás no conocen

En este caso siguen siendo partes de tu personalidad que tu conoces bien pero que por el motivo que sea, no los muestras a tu entorno. Suelen ser aspectos que no te apetece contar por vergüenza, por vulnerabilidad o porque pienses que pueden dañar tu imagen. Esta será tu área oculta.

El reto es posicionarlos en tu área libre de la venta, la que hemos visto en el primer punto. El reto es relativamente fácil porque son aspectos que ya conoces de ti, así que en lo que tienes que esforzarte es en comunicarlos a los demás. Ánimo!

  • Lo que los demás reconocen en mí pero que yo desconozco
     

Aquí entramos en nuestra primera zona oculta a nosotros. Son defectos o virtudes que los demás ven en nosotros de una forma clara pero que nosotros no somos capaces de reconocer. Sueles ser los generadores de nuestros problemas de comunicación con las personas. Esta será tu área ciega.

Posicionar estos aspectos en tu área libre será algo más complicado porque al no ser reconocidos por ti, te va a costar integrarlos. Cuando se trate de defectos no querrás verlos o los justificarás de alguna forma y cuando se trate de virtudes, tu humildad no te dejará creerlas. Escucha lo que te dicen, acéptalo y trabájalo!  Hay un proverbio que dice: “Si una persona te dice que tienes cara de camello no le creas, si te lo dicen dos personas, mírate al espejo!”

  • Lo que no conozco ni conocen de mí. 

Esta es la parte más oculta, más desconocida y misteriosa. En esta parte se esconden tus talentos, habilidades, creencias limitantes, fobias, miedos ocultos y emociones reprimidas. .Esta será tu área desconocida.

Supongo que es la que más te apetece conocer y la que te despierta más curiosidad, máxime sabiendo que son aspectos que están dentro de ti. Te propongo un ejercicio para oientarte a conseguirlo.

En la siguiente tabla, encontrarás varios ejemplos de rasgos de personalidad, puedes añadir algunos más si quieres. El ejercicio consiste en lo siguiente:

 

  1. Elige aquellos rasgos con los que te identifiques

  2. Pide a 5 personas de tu entorno que elijan los rasgos que te definen según sus puntos de vista. Ellos no deben saber lo que han elegido el resto de personas ni lo que has elegido tú.

  3. Con los datos que tienes podrás observar que:

  • Aquellos rasgos en los que estén señalados al menos 2 veces, pertenecerán a tu área libre.

  • Aquellos rasgos que sólo han sido elegidos por ti, pertenecerán a tu área oculta.

  • Aquellos rasgos que sólo han sido elegidos por los demás, pertenecerán a tu área ciega.

  • Del resto, que no están elegidos por nadie, céntrate en aquellos que despierten en ti alguna sensación, ya sea de admiración o de rabia. Probablemente estos sean los que puedan pertenecer a tu área desconocida.

Espero que te animes a hacer el ejercicio y me encantaría que compartieses los resultados, eso significaría que los estás mostrando y posicionando en tu área libre!

Por: Alberto Pujol Cruz

Fuente: http://www.albertopujolcruz.com

Tu mente es un océano

Si experimentas una sensación agradable cuando te encuentras con una persona, debes preguntarte: ¿Por qué tengo este sentimiento hacia ella? ¿Qué hace que me sienta así?”. Si lo analiza detenidamente, descubrirás que es sólo porque una vez esa persona se portó bien contigo, o por alguna otra razón diminuta e ilógica. “La quiero porque hizo esto o aquello”. Y lo mismo ocurre con la persona con la que no te sientes cómodo:
“No me gusta porque me hizo esto o aquello. Pero cuando analiza  aún con mayor detenimiento, si esas cualidades, buenas o malas, existen realmente en la persona,  comprendes que esa discriminación de amigo o enemigo está basada en un razonamiento muy superficial e ilógico. Estás basando tu juicio en cualidades insignificantes, no en la totalidad de la personas ves cierta cualidad que etiquetas  como buena o mala, quizá algo que ella dijo o hizo, y la exageras  hasta rebasar  toda proporción. Después, te sientes agitado a causa de lo que percibes .
Mediante el análisis puedes ver que no hay razón alguna para discriminar del modo en que lo haces; con eso sólo consigues permanecer trabado, tenso y enestado de sufrimiento. Con este tipo de examen no analizas a la otra persona sino tu propia mente.
– Lama Jese –

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