Apertura…

 

Cuando las personas han experimentado un gran dolor ya no necesitan tanto la coraza del yo para defenderse. ¿Para qué, si ya fueron heridas? Pueden quitarse la  armadura y convertirse en personas más abiertas, confiadas y confiables para los demás. De manera que en las heridas asumidas radica la posibilidad de soltar las corazas que se mostraron inútiles y volvernos desnudos y abiertos de nuevo, como niños vibrantes con la vida. Cuando el pequeño yo, no logra gobernar su pequeña nave y se rinde, recibe el regalo de un dicha desconocida.

Joan Garriga
Del libro “Vivir en el Alma”

La magia de los solsticios

 

La palabra solsticio quiere decir “el sol se para”. Los solsticios son una pausa, una oportunidad para reflexionar, evaluar y ver donde queremos ir. Son un momento para expresar nuestros deseos e intenciones, asimilar nuestros aprendizajes, y sentir nuestra conexión con el ciclo de la tierra y el sol.

El Solsticio de Verano, el día más largo del año, ilumina todo nuestro potencial y singularidad, y nuestra capacidad de amar y conectar en comunidad.  El Solsticio de Invierno, en cambio, la noche más larga del año, nos recuerda que de la oscuridad nace lo nuevo, y que un periodo de descanso y renovación es esencial en el ciclo de la vida.

Tanto los solsticios como los equinoccios son una oportunidad potente para unir nuestros ciclos interiores con los ciclos exteriores, y así fortalecer nuestro camino en la vida. Cuando creamos un momento de pausa alrededor de los solsticios (y los equinoccios), y somos conscientes de lo que estamos dejando atrás y hacia donde queremos ir, ¡nos abrimos a que ocurran cosas mágicas en nuestra vida! “Mágia” en el sentido que le da Starhawk: “el arte de cambiar la conciencia a voluntad”.

Justamente con esta intención, comparto aquí cuatro preguntas sencillas son de gran ayuda para poner consciencia a nuestra vida estos momentos iniciáticos en la rueda del año y conectar con la fuerza y dirección que nos aportan, inspiradas en el trabajo de Christine Arylo y Amy Ahlers:

¿Cuáles han sido mis logros y sorpresas en esta primavera/otoño? 
Tómate una pausa para darte cuenta de lo que has compartido de ti con el mundo en los últimos tres meses. Celebra tus esfuerzos, éxitos y logros, los grandes y los muy pequeños. ¿Qué te ha sorprendido? ¿Qué has recibido? ¿Qué quieres agradecer?

¿Qué quiero dejar ir, antes de pasar al verano/invierno?
No hace falta llevar contigo exceso de equipaje – patrones, hábitos, situaciones, relaciones- hacia esta nueva estación. Tómate una pausa para soltar lo que ya no necesitas – emocionalmente, físicamente y mentalmente. Usa los elementos de agua o fuego para dejar ir con amor lo que ya no te sirve.

¿Qué sabiduría quiero anclar en mí? 
Cada estación, con su energía, cualidades y experiencias diferentes, trae sus aprendizajes. Tómate una pausa para reconocer las perlas de sabiduría que has encontrado en esta estación, date un tiempo para integrarlas conscientemente y así llevarlas contigo hacía la que está por llegar.

¿A que me abro para esta nueva estación?
Los solsticios son un momento perfecto para hacer una pausa y escuchar lo que está por llegar. Ábrete a recibir cosas nuevas y a plantar las semillas simbólicas de lo que quieres gestar y que florezca y de fruto, en su tiempo. ¿Qué quieres ofrecer de ti al mundo en los tres meses que vienen?

A partir de ahora, la tierra se mueve en un ciclo diferente.  O bién la luz vuelve y poquito a poquito los días serán cada vez más largos, una época para encontrar y expresar nuestra propia identidad.  O empieza a disminuir la luz, y transitaremos del momento de máxima expansión a progresivamente ir más hacia dentro.

 ¡Feliz solsticio!

 Fuente: mujerciclica.com

Referencias:

Glennie Kindred, The Earths Cycle of Celebration, Permanent Publications

Starhawk, La Danza en Espiral, Ediciones Obelisco

Amy Ahlers: http://wakeupcallcoaching.com/

Christine Arylo: http://www.christinearylo.com/

Vacio existencial…o terapia Gestalt

 

¿Como te sientes?…Nos pasamos la vida entera tratando de llenar desesperadamente un vacío interno que nunca conseguimos llenar. Un vacío que va más allá de tener “una pareja que me quiera”, “una casa nueva”, “un coche grande”, “un trabajo que me gusta”, “una biblioteca llena de libros” o “más de tres mil amigos en Facebook”.

Seguimos buscando fuera, el alimento que no conseguimos darnos a nosotros mismos. Y por eso llenamos nuestras agendas de actividades…y llenamos nuestro estómago de comida y bebida, nuestra cocina de utensilios varios, nuestros móviles de aplicaciones, el fin de semana de citas, nuestra maleta de ropa y cachivaches, nuestro curriculum de experiencias, nuestros pulmones de tabaco…nos llenamos una y otra vez para no sentirnos vacíos.

Y en el momento en que empezamos a atisbar ese vacío, volvemos a salir al mundo a llenarlo, o a permanecer en casa también llenándolo.

Hay quien llena su vacío con actividades “más saludables” (gimnasio, danzas terapeúticas, cine de autor, libros, música, paseos por el monte, amigos…) y quienes optan por algo “más tóxico” (bebidas espirituosas, drogas, glucosa, televisión, relaciones conflictivas…). En cualquier caso seguimos llenando inconscientemente “no sabemos qué” pero algo que incomoda, un vacío con el que no conseguimos estar, que nos queremos quitar de en medio, que llevamos pegado desde que éramos niños y que resulta ser un agujero insaciable.

No es fácil estar en el vacío, no es fácil sentir el vacío interno y no querer salir corriendo. En realidad, nadie nos enseñó a estar con nosotros mismos y a querernos sin nada más (vacíos). Por eso buscamos llenarnos con todo lo de fuera (incluyendo el reconocimiento y la mirada del otro) y nos empeñamos más en hacer que en ser, en demostrar que en liberarnos, en asegurar que en soltar.

Nadie nos dijo que este vacío podría traernos dicha. Que este vacío es el principio de todo, que es un vacío lleno de confianza, de amor, de verdad. Frtiz Perls decía que la Terapia Gestalt es la transformación del vacío estéril al vacío fértil. Y este es el fin del trabajo terapéutico, poderte vaciar de lo conocido, despojarnos de todas la mochilas que cargamos, de los patrones aprendidos, de los condicionamientos y des-identificarnos para que desde ahí surja una visión nueva y que de lugar a la creatividad.

Y tú, ¿cómo llenas tu vacío? 

 

 

Fuente: www.cuerpoygestalt.com

Salud/enfermedad. Una dualidad vital

 

Supondría un espejismo inocente pensar que la enfermedad, la muerte, la decadencia y otros hechos dolientes deban desterrarse del flujo de la vida para que resulte gozosa. Es más, ¿no serán precisamente estos hechos penosos los que conceden a la vida su sentido, el arco de vuelta que sostiene la vida como viaje con inicio, proceso y fin? La respuesta, claro, es sí: sólo la muerte apoya la vida, el quebranto sostiene a la dicha y la completa, mientras que la vejez es el retrato futuro en el que se enmarca la juventud.
No podemos hacer una elección parcial, no podemos decir quiero la juventud pero no la vejez, quiero la salud pero no la enfermedad. No es posible y no se trata de eso. Se trata de tomar entera la vida con todos sus rostros, pues los hechos se dan en igual medida en todas direcciones: nacemos igual que morimos, en un tránsito imparable donde la creación precede y sigue a la destrucción.

Texto extraído del libro “Vivir en el Alma”. Joan Garriga

Desconocimiento de uno mismo y sufrimiento. Una relación proporcional

 

“El desconocimiento de uno mismo provoca mucho sufrimiento superfluo”. Esteban Fernández-Hinojosa es médico internista del hospital Virgen del Rocio de Sevilla. Médico de tradición y vocación humanista, su trabajo diario en una Unidad de Cuidados Intensivos le hace mirar todos los días cara a cara a la muerte y la angustia.

Hacía tiempo que queríamos hablar de temas considerados lóbregos y difícilmente abordables por una sociedad que intenta obviar todo lo que no puede digerir: la muerte, el dolor, la angustia… Por eso nos acercamos al doctor Esteban Fernández-Hinojosa, miembro de esa tribu cada vez más minoritaria que componen los médicos humanistas. Licenciado en Medicina y Cirugía por Facultad de Medicina de Cádiz (1985), optó por especializarse en Medicina Intensiva, por lo que durante casi 30 años ha tenido que vivir casi a diario situaciones extremas en las que la ciencia médica no es suficiente para sanar y consolar a personas que, en muchos casos, afrontan sus últimos días. De sus inquietudes humanísticas da buena prueba su blog, en el que practica un ensayismo muy pegado a las inquietudes del hombre y a los grandes retos de la medicina y la ciencia actual. Además, es autor de varios artículos y capítulos en revistas y libros de su especialidad. Actualmente, trabaja en el Hospital Virgen del Rocío.

-Cuidados intensivos… Debe ser duro.

-Muchísimo, no sólo por el esfuerzo físico e intelectual, sino porque tratas con un tipo de enfermo que está muy mal, que requiere un gran nivel de intervencionismo e invasividad…

-¿Se pierde sensibilidad hacia el sufrimiento?

-En absoluto, este trabajo te enseña que el ser humano no es sólo un cuerpo. Uno cae en la cuenta que hay otras dimensiones. He tenido la fortuna de poder acercarme a ellas y estudiarlas.

-¿Habla del alma?

-Hablo de la dimensión espiritual, social, cultural y ecológica del ser humano. Cuando se habla de una enfermedad se tiende a pensar sólo en la carne, cuando detrás de eso se esconden muchas otras cosas.

-El hombre actual niega la muerte, la esconde, hace como si no existiese.

-Hoy en día no tenemos razones para morir. La gran mayoría de las personas no se entregan a su vocación auténtica y, al final de su vida, siente que la han desperdiciado y que ya no tienen margen para recuperar el tiempo perdido. Eso produce en el moribundo una angustia. Sin embargo, el ser humano que se entrega a su vocación y la culmina encuentra razones para aceptar la muerte. Eso lo hemos olvidado hoy en día.

-¿Se sabe algo sobre lo que hay después de la muerte?

-La ciencia ni sabe ni puede saber qué hay tras la muerte. Desconocemos completamente qué ocurre. A partir de ahí, hay narraciones literarias y religiosas que pueden ayudar a salir de la angustia que supone ese desconocimiento.

-¿Una fe religiosa ayuda a aceptar la muerte?

-La creencia en el más allá puede ayudar a ciertas personas, pero no ocurre siempre. Volvemos a lo de antes: hay personas que tienen una fuerte fe religiosa que, por no haber desarrollado su vocación, llegan al final cargados de deudas y sienten la angustia de la muerte.

-Antiguamente existían los tratados del buen morir. Había una preparación para la muerte. Ya sé que suena un tanto extraño, pero quizás habría que recuperar algún tipo de enseñanza para afrontar ese momento decisivo y final.

-Ese concepto de “buen morir” es cristiano. La gran ayuda que da esta religión es la confesión de los pecados, que es una manera de redimir los errores y tranquilizar el alma. El problema es que antes había muchos creyentes sinceros, pero actualmente hay muy pocos.

-¿Alguien se le ha confesado en sus últimos momentos?

-El enfermo grave, cuando está lúcido, suele confesarse, aunque ya no se le llama así. Te comenta sus problemas, sus angustias, sus necesidades. Todo médico que muestre un poco de compasión -lo que ahora se llama empatía- lo ha experimentado alguna vez. Una de las obligaciones de un buen médico es estar ahí, escucharlo, estar a su lado…

-¿Y eso se enseña en las facultades de Medicina?

-No. Eso depende mucho de las inquietudes de cada médico, de tu propia trayectoria vital… La carrera de Medicina es meramente técnica y te enseña sólo patología, diagnóstico y tratamiento. Ni siquiera se trata la estructura antropológica del ser humano.

-En La casa encendida, Luis Rosales dejó escrito que “Las personas que no conocen el dolor son como iglesias sin bendecir”. ¿El dolor imprime carácter?

-Tengo ese poemario recitado por él grabado en un CD. El dolor humano es natural, inexorable, porque la existencia es dura y, a veces, tenemos que beber del cáliz ácido de la vida. Este dolor, incluso, te puede ayudar a reflexionar y a crecer. Pero luego está ese otro sufrimiento superfluo que crea la mente, los miedos, los hábitos inconscientes que todos portamos y que son peligrosísimos. Ese sufrimiento no está al servicio del crecimiento del hombre, sino, muy al contrario, terminan por oscurecerlo.

-¿Y qué es lo que provoca ese sufrimiento superfluo?

-En general el autodesconocimiento de uno mismo. Todo ser humano, desde que nace, está calibrado por dos cuestiones fundamentales: su genética y su cultura. Esto va a determinar, sobre todo en los primeros años, los hábitos interiores de cada cual. Pero hay una tercera cuestión, la dimensión consciente, gracias a la cual uno es capaz de afrontar y explorar los miedos, las malas palabras que nos habitan porque un día nos las introdujeron. Podemos modelar ese mundo interior para afrontar con más deportividad la vida. Pero para eso es importante el autoconocimiento.

-¿Qué opina de la sedación extrema? Fue un debate muy candente hace no tanto.

-Ya Santo Tomás aprobaba que había que sedar al enfermo moribundo con dolor para mejorar su situación, aún sabiendo que como efecto colateral vendría la muerte. Lo que los teólogos del medievo no aceptaban, con razón, es sedar para producir inmediatamente la muerte. Ése es un capítulo muy delicado y difícil de entender. Evidentemente, el final de la vida hay que afrontarlo de la mejor manera que conozcamos en cada momento. En ese sentido, he de decir que la Ley Andaluza de Limitación del Esfuerzo Terapéutico es muy avanzada y positiva, porque cuenta con el paciente y sus inquietudes, y obliga al médico a consultar con la familia y su equipo, incluida la enfermería. Es asombroso el grado de delicadeza con el que se trata en Andalucía el final de la vida, al menos en el lugar donde yo trabajo, el Hospital Virgen del Rocío.

-¿Y la eutanasia?

-No me parece correcta. Probablemente, en esto intervienen mis creencias, mi educación, mi entorno íntimo. Pero insisto, el modelo actual andaluz es de lo mejor que hay.

-¿Sirve para algo el dolor? Nos hemos criado en una religión en la que hay personas que glorifican el dolor… Lo consideran purificador…

-Al final de la vida, cuando el ser humano está en sus últimos momentos, el dolor tiene poco sentido. Por lo que he visto y vivido, el dolor no tiene un sentido trascendente.

-¿Y científicamente, podemos ya evitar el dolor a cualquier persona en estado terminal?

-El dolor y la asfixia, que son los dos grandes problemas de la agonía, ya se pueden paliar muy bien mediante la sedación y la analgesia disponible.

-Siento la deriva lúgubre de esta primera parte de la conversación, pero no siempre se puede hablar de las rosas. Usted pertenece a ese grupo cada vez más minoritario d e los médicos humanistas.

-El humanismo es absolutamente necesario en la profesión médica. Cuando llevas treinta años viendo enfermos te das cuenta de que hace falta algo más que la tecnociencia. El ser humano necesita recuperar la medicina de los hombres libres, médicos que sean capaces de acompañar a las personas en momentos de gran tribulación. El hombre actual se ha quedado a la intemperie y necesita de estas cosas.

-Me consta que es usted un lector voraz. El médico es una de las grandes figuras de la literatura de todos los tiempos. También han existido grandes médicos escritores.

-En España hay dos grandes figuras indiscutibles al respecto: Marañón y Pío Baroja…

-Pero Pío Baroja, al contrario que Marañón, huyó de la Medicina…

-Sí, pero su condición de médico enriquece toda su obra. Si se lee entre líneas, uno se da cuenta de que siempre está presente.

-¿Y Chéjov, el médico-escritor por excelencia?

-La poética de su narrativa me llama especialmente la atención. Aunque no de forma explícita, su obra recoge muy bien las distintas dimensiones del hombre de las que hablábamos antes. Habla del ser humano en toda su amplitud antropológica, y eso es importante para un médico.

-Un gran libro sobre la agonía y la angustias del fin es La muerte de Ivan Ilich, de Tolstoi.

-Sí, es un libro que recoge muy bien la necesidad de solucionar ciertos problemas antes del fin de la vida. Es de lo que trabábamos antes.

-¿Pasamos demasiado tiempo en los hospitales?

-Sí, se ha patologizado la fisiología…

-Explíqueme eso.

-Al mínimo disconfor, al mínimo dolor, queremos ser vistos por el médico para que nos mande un tratamiento: píldoras para un pequeño dolor, píldoras ante el estrés, píldoras para ir al cuarto de baño, píldoras para dormir… Se abusa de la medicación. Queremos dormir, olvidar, estar siempre en el más completo confort… Pero al estar empastillado uno se introduce en la dimensión del sueño y no tiene capacidad de reflexión, de saber por qué tiene insomnio, de por qué está estresado, porque sus intestinos están descompensados…

-¿Y qué hacer?

-Como decía Pascal, el individuo debe ser capaz de estar tranquilo en su habitación, sentado en una silla, sin moverse, durante un buen rato. Reflexionar sobre sí mismo.

-La vida laboral de hoy no permite ese relax, exige una continua tensión.

-Eso es cierto, las circunstancias son las que son. Pero hay que saber enfrentarse a ellas, recapitular continuamente y saber cuando hay que cambiar.

-Qué opina del mindfulness, esa técnica de relajación tan de moda en la actualidad. Algunos dicen que es autoayuda de garrafa.

-He estudiado los trabajos científicos sobre el mindfulness y puedo decir que avalan esta técnica. Sencillamente, el mindfulness es una técnica que te ayuda a pararte, a focalizar la atención sobre la respiración y el latido del corazón. Esto tiene unas repercusiones neurológicas muy positivas, lo cual está absolutamente comprobado científicamente y publicado.

-Saber prestar atención…

-Históricamente no hemos valorado la atención, cuando la atención es la gran virtud del ser humano elevado. Lo que diferencia a un hombre sabio de otro que no lo es es su capacidad de atender lo que tiene entre manos. El mindfulness enseña a no tener la mente dispersa, que es cuando se cometen los errores. El sentido último de la palabra pecado es “la mente que comete errores”. El sentido último de los ejercicios espirituales de todas las religiones no es poner la mente en blanco, algo que no se puede hacer, sino concentrar toda la atención en un punto. Toda la tradición psicoanalítica está centrada en localizar las sombras, los problemas interiores, las heridas, simplemente atendiendo a ellas. Ahora bien, otra cosa es el mercadeo que se ha organizado alrededor del mindfulness.

-Actualmente están causando furor libros como Biografía del silencio, de Pablo d’Ors.

-Tengo una cierta amistad con él. D’Ors recupera, de alguna manera, la tradición del Monte Athos: el silencio, la meditación, la respiración… En su Biografía del silenciobusca, en primer lugar, aquietar la mente, centrar la atención; en segundo, aquietar el cuerpo, relajarlo, y, en tercer lugar, atravesar las sombras, ponerse en contacto con el interior, con las heridas, con los problemas de vínculos y relaciones….

-¿Pero cuáles son esas sombras?

-Normalmente están vinculadas a las relaciones que hemos tenido con las personas que nos han acompañado: padres, hermanos, amigos, vecinos, compañeros de trabajo… La calidad de esos vínculos son los que determinan en gran parte las heridas que portamos, las sombras que desencadenan la ira, el rencor… que nos llevan a la enfermedad. El significado profundo de la palabra salud es “salvación”. Es imposible vivir en paz con esas heridas.

Por:Luis Sánchez Moliní

Publicado en: http://www.diariodesevilla.es

No pidamos lo que no nos quieren dar

 

Podemos pasarnos la vida pidiéndole a los demás que se ajusten a lo que nosotros queremos o esperamos que hagan, inclusive podemos llegar a exigírselos, sin detenernos a pensar que si no nace de manera espontánea no tiene el mismo valor.

Los compromisos se asumen desde el corazón, haciéndonos conscientes de nuestras responsabilidades y siendo coherentes con lo que deseamos en la vida. Hay cosas por las cuales nos costará un tanto más responder, pero debemos entender que cada una de nuestras acciones ha generado una consecuencia y que éstas pueden vincularnos a situaciones que no contemplábamos o que preferíamos algún otro escenario.

Sin embargo, hay muchas maneras de hacer las cosas, podemos hacerlo con incomodidad, con frustración, con desgano o con la mejor actitud posible, que nos permita dar algo que no nos satisface del todo sin desgastarnos energéticamente.

 

Para ello es necesario poner nuestro corazón en cada acción, aprendiendo de nuestras acciones, guardando en nuestro disco duro cualquier información que nos permita decidir con mayor experiencia y sembrar en lo que nos queda por recorrer solo las semillas de aquello que queremos cosechar.

Si nos hemos metido, voluntariamente o no, en una situación que amerita de nuestra atención, de nuestras acciones o de alguna manera demande de nosotros lo que no queremos ofrecer, pero sabemos que debemos hacerlo, lo primero será entender el porqué de esa situación y cambiar la manera de mirar aquello, que no represente una obligación, sino que aceptamos que la vida nos responde con lo que hemos hecho y debemos acatar un rol con la convicción de que estamos dando lo mejor, dejando las predisposiciones a un lado y tratando de emanar lo que demos desde nuestra propia esencia.

No podemos exigirle a otra persona lo que no sabe o no quiere dar, el amor, la empatía, la solidaridad, el tiempo… son cosas que se dan desde el corazón, que no se piden, que nacen de forma espontánea, porque no corresponden a un proceso racional, sino que corresponden a lo que el corazón expresa. Lo que podemos hacer es cuidar lo que entregamos, lo que damos de nosotros mismos, procurando aportar siempre lo mejor y por leyes universales es muy probable que eso sea lo que recibamos.

Entenderemos la diferencia entre recibir de manera natural y exigir cuando nos encontremos en el primer escenario, donde todo fluye y nutre de manera natural y colma de bienestar. Para pretender que otra persona nos dé de sí mismo sin exigirlo, lo primero que debemos hacer es amarnos incondicionalmente y saber qué es lo que merecemos en nuestras vidas.

 

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

 

 

 

Frases de psicología. Una selección selecta

 

A lo largo de la historia han sido muchos los psicólogos que han marcado una época y que, gracias a sus descubrimientos, han influenciado a otros profesionales de esta disciplina.

Tanto por su innovadora manera de pensar como por su sus aportaciones a la ciencia psicológica, éstos son y siguen siendo referencia en los distintos campos que la psicología abarca: psicología clínica, psicología social, psicología educativa, etc.

 

Las 29 mejores frases sobre psicología. Una selección de las mejores frases pronunciadas por los psicólogos más importantes de los últimos tiempos:

 

1. Supongo que es tentador tratar

todo como si fuera un clavo, si la única herramienta que tienes es un martillo (Abraham Maslow)

Abraham Maslow es considerado el padre de la corriente psicológica llamada humanismo. Ha influenciado a distintos teóricos, pero posiblemente es recordado por su teoría de las necesidades humanas: La Pirámide de Maslow. Con esta frase, Maslow nos recuerda que debemos tener una mentalidad flexible porque, de lo contrario, cometeremos siempre los mismos errores.

2. Cuando miro el mundo soy pesimista, pero cuando miro a la gente soy optimista (Carl Rogers)

Otra referencia de la psicología humanista es Carl Rogers, que hizo grandes aportaciones a la psicoterapia. Con esta frase nos recuerda que el mundo puede ser un lugar hostil. Así que no pasa nada, porque todos, incluso nosotros mismos, tenemos problemas. Es algo normal y lo importante es afrontar estas situaciones con ánimo positivo.

3. Una mente no puede entenderse sin la cultura (Lev Vygotsky)

El psicólogo ruso Lev Vygotsky es uno de los grandes psicólogos del aprendizaje. Ni la mente ni el aprendizaje pueden entenderse sin la cultura, pues ésta tiene una gran influencia en nuestro desarrollo.

4. La desaparición del sentido de responsabilidad es la mayor consecuencia de la sumisión a la autoridad (Stanley Milgram)

Stanley Milgram contribuyó notablemente a la psicología social gracias a sus investigaciones sobre la obediencia a la autoridad y esta frase fue expresada en sus conclusiones, puesto que Milgram consideraba que el sentido de la responsabilidad desaparecía fruto de la sumisión a la autoridad.

5. Nunca te enseñaron cómo hablar con tus gestos, pero si fuiste enseñado a hablar con palabras (Paul Ekman)

Paul Ekman nos recuerda que a lo largo de nuestro aprendizaje nos han enseñado a hablar con palabras y nos han enseñado a desarrollar el lenguaje verbal. Sin embargo, durante nuestro desarrollo, los agentes educativos han prestado poca importancia al aprendizaje de los gestos; a la comunicación no verbal.

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6. Si no creemos en la libertad de expresión para la gente que despreciamos, no creemos en ella en absoluto (Noam Chomsky)

Uno de los psicolingüistas y pensadores más importantes del momento, Noam Chomsky, nos recuerda que es fácil respetar las opiniones de los que nos caen en gracia. Pero no ocurre lo mismo con la gente que no es de nuestro agrado.

7. El gran descubrimiento de mi generación es que los seres humanos pueden alterar sus vidas al alterar sus actitudes mentales (William James)

Aunque William James ya lo decía en su día, en la actualidad nos repiten constantemente que la actitud marca la diferencia en nuestros resultados. Nuestra actitud marca la diferencia a la hora de relacionarnos con los demás o luchar por nuestros objetivos.

8. Tú eres aquello que haces, no aquello que dices que harás (C.G. Jung)

Tus acciones determinan aquello que eres, no tus palabras. Esta frase es interpretable en distintos contextos. Por ejemplo, en las relaciones amorosas, cuando prometes pero no cumples; o cuando quieres lograr algo en la vida, pues puedes tener muchas ideas, pero si no pasas a la acción, se quedaran en eso, en ideas,

9. Las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas (Sigmund Freud)

Hoy en día la inteligencia emocional está de moda, porque si no gestionamos bien nuestras emociones, nuestro bienestar se ve afectado negativamente. Sigmund Freud ya sabía esto, y por eso nos quería hacer entender que si no gestionamos correctamente nuestras emociones, al final salen a la luz con más fuerza.

10. Las personas que creen que tienen la facultad de ejercer cierto grado de control sobre sus vidas son más saludables, más eficaz y más éxito que aquellos que no tienen fe en su capacidad para llevar a cabo cambios en sus vidas (Albert Bandura)

Albert Bandura es uno de los más distinguidos psicólogos. Sus aportaciones, como por ejemplo en lo que se refiere al aprendizaje por observación, han marcado un antes y un después en la psicología. Con esta frase hace clara referencia a su teoría de la autoeficacia, en la que explica que las personas que creen en sí mismas tienen mayores probabilidades de lograr el éxito en las metas que se han marcado.

Conoce más sobre este afamado psicólogo y psicopedagogo ucraniano-canadiense en nuestros artículos:

La Teoría del Aprendizaje Social de Albert Bandura
La Teoría de la Personalidad de Albert Bandura
Albert Bandura, galardonado con la Medalla Nacional de la Ciencia

11. Si un individuo es pasivo intelectualmente, no conseguirá ser libre moralmente (Jean Piaget)

Piaget fue un psicólogo, biólogo y epistemólogo nacido en Suiza que pasó a la historia por su teoría constructivista del desarrollo de la inteligencia. Para Piaget, desde pequeños somos exploradores y vamos construyendo nuestros propios esquemas mentales en la interacción con el mundo.

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12. Nunca pienses que lo sabes todo. Por muy alto que te valores, ten siempre el coraje de decirte a ti mismo: soy un ignorante (Ivan Pavlov)

Ivan Pavlov fue un fisiólogo ruso que, tras sus experimentos con perros, contribuyó notablemente a la corriente psicológica llamada conductismo, concretamente al condicionamiento clásico. Con su frase nos dice que hay que ser humildes y seguir aprendiendo cada día.

Te invitamos a que leas nuestro post sobre el condicionamiento clásico en el siguiente enlace:

El condicionamiento clásico y sus experimentos más importantes

13. Todas las personas hablan de la mente sin titubear, pero se quedan perplejos cuando les piden que la definan (B.F. Skinner)

B. F. Skinner nos quiere decir con esta frase que la mente es sumamente compleja. ¿Quizás por eso se centró solamente en la conducta observable en sus experimentos? Sea lo que sea que llevó a Skinner a realizar sus investigaciones con ratas, sus conclusiones han sido de gran utilidad tanto para psicología como para la educación.

14. Soy lo que sobrevive de mí (Erik Erikson)

Este psicoanalista de origen alemán nos recuerda con esta frase que somos lo que aprendemos. Es decir, que lo que sobrevive en nosotros a través de la experiencia, nos convierte en lo que somos. Un gran teórico que formuló la Teoría del Desarrollo Psicosocial.

15. Incluso cuando no es completamente alcanzable, nos convertimos en mejores al intentar perseguir una meta más alta (Viktor Frankl)

Tener objetivos y metas que perseguir es sano y favorecer al bienestar de una persona. No solo esto, sino que es motivante y da sentido a la vida.

¿Sabes quién es Viktor Frankl? Échale un vistazo a su biografía pinchando aquí.

16. El mensaje enviado no es siempre el mensaje recibido (Virgina Satir)

Virginia Satir es una de las psicólogas más influyentes de la historia. Esta frase expresa un principio innegable: cuando interactuamos con alguien, tenemos que tener en cuenta su punto de vista y no solo el nuestro, puesto que el otro interlocutor tiene su propia visión del mundo. Lo que para nosotros puede tener mucho sentido, para él no.

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17. La mayoría de actos sociales deben ser entendidos en su contexto, ya que pierden significado si son aislados (Solomon Asch)

Las personas somos seres biopsicosociales y, por tanto, el contexto es importante en influye en cómo actuamos. Hay psicólogos que afirman que la gente no es ni buena ni mala, es la situación lo que nos hace buenos o malos.

18. Si una persona ama solo a una persona y es indiferente ante todos los demás, su amor no es amor, sino apego simbiótico o egoísmo ampliada (Erich Fromm)

Cuando estamos enamorados de alguien, daríamos la vida por esa persona. Esto puede hacernos parecer grandes personas, pues nos desvivimos por ese otro. Pero incluso las personas más egoístas pueden perder la cabeza por alguien y parecer personas entregadas. En el fondo, lo único que quieren es satisfacer sus propios deseos.

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19. Los objetivos transforman un paseo aleatorio en una persecución (Mihaly Csikszentmihalyi)

Tener objetivos en la vida y metas que perseguir nos motiva y hace que el viaje sea ilusionante. Mihaly Csikszentmihalyi es una de las grandes figuras de la psicología positiva y es conocido por el concepto de zona de confort.

20. Existe correlación negativa entre recuperación y terapia psicológica: a más terapia psicológica, menor recuperación del paciente (Hans Eysenck)

Hans Eysenck es, sin duda, uno de los psicólogos más importantes del estudio de la personalidad. Nacido en Alemania pero afincado en el Reino Unido, llevó a cabo muchas investigaciones. Para Eysenck, no es mejor hacer más sesiones de terapia. Sino que lo importante es la calidad de las sesiones y que el paciente este dispuesto a cambiar. Conoce la Teoría de la Personalidad de Hans Eysenck pinchando en este enlace.

21. Todo lo que merece la pena enseñar puede ser presentado de distintas maneras. Estas múltiples maneras pueden hacernos utilizar nuestras inteligencias múltiples (Howard Gardner)

Howard Gardner es conocido por su Teoría de las Inteligencias Múltiples. Una teoría que sugiere que los seres humanos poseemos distintos tipos de inteligencia, y no solamente una inteligencia unitaria. Por tanto, es crucial que estas inteligencias se desarrollen a través de la enseñanza.

22. No estoy en esta vida para cumplir las expectativas de otras personas, ni siento que el mundo deba cumplir las mías (Fritz Perls)

Para Fritz Perls, un individuo debe centrarse en uno mismo y luchar por lo que le hace feliz, en vez de pensar en lo que los demás piensen de ellos.

Puedes leer la biografía de Fritz Perls aquí.

23. Un prejuicio, a diferencia de una idea equivocada, es activamente resistente en todas las pruebas que lo intentan desmentir (Gordon W. Allport)

Los prejuicios nos convierten en personas con poca flexibilidad mental y no nos permiten ser realistas, tal y como nos recuerda Gordon W. Allport, un reconocido psicólogo social.

24. Si quieres entender algo de verdad, intenta cambiarlo (Kurt Lewin)

Kurt Lewin, un afamado psicólogo de la Gestalt que ha influenciado a muchos profesionales de la psicología con su teoría sobre los tipos de liderazgo, nos recuerda que las situaciones complicadas que nos llevan al cambio, son realmente enriquecedoras porque nos ayudan a aprender.

25. Solo la liberación de la capacidad natural del amor de un ser humano puede contrarrestar su destrucción sádica (Wilhelm Reich)

Solo hay que echar un vistazo alrededor para ver lo destructivo que puede llegar a ser el ser humano. Ahora bien, el ser humano también puede ser una persona amorosa y considerada. La clave se encuentra en la educación.

26. Sigue a tu corazón pero lleva contigo a tu cerebro (Alfred Adler)

Está bien seguir lo que tu corazón te dice, porque eso te hará feliz. Ahora bien, hay que usar la cabeza y no dejarse llevar por todo lo que corazón te dice, porque puede estar equivocado.

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27. La frontera entre lo bueno y lo malo es permeable y cualquiera puede cruzarla cuando es presionada por las fuerzas de la situación (Anónimo)

Es muy fácil decir que alguien es buena persona cuando lo tiene todo en esta vida. Pero cuando la situación nos es favorable, los seres humanos podemos ser personas hostiles.

28. Lo que un niño puede hacer al cooperar hoy, podrá hacerlo sólo mañana (Lev Vygotsky)

En sus investigaciones, Lev Vygotsky prestó mucha importancia al aprendizaje cooperativo. Este tipo de aprendizaje aporta muchos beneficios para el desarrollo y el aprendizaje de los más pequeños (y también los mayores).

29. Cuando nos tomamos un tiempo para darnos cuenta de las cosas que nos van bien, significa que estamos recibiendo pequeños premios a lo largo del día (Martin Seligman)

Es frecuente que nos pasemos el día rumiando, pensando en el futuro y en todo lo que podemos conseguir. Pero si nos centramos en el presente y valoramos lo que tenemos y lo que hemos logrado, esto nos hará sentir realmente bien.

 

Fuente: culturainquieta.com

Por Juan Armando Corbin. Licenciado en Psicología por la Universidad de Buenos Aires. Máster en Recursos humanos y experto en comunicación empresarial y coaching.

Vía Psicología y Mente

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