Violencia y masculinidad

 

Por qué la masculinidad se transforma en violencia. La reconocida antropóloga Rita Segato es referente internacional en el estudio del machismo y de los violadores. Habla de los mandatos sociales que se vuelven un búmeran contra las mujeres

Rita Segato es una antropóloga argentina que trabaja en el campo del feminismo y que ha producido material esclarecedor sobre la ideología del macho y la mentalidad de los violadores. Esto último como resultado de un extenso trabajo de investigación que realizó en la Penitenciaría de Brasilia. Hace pocos meses se jubiló como profesora en la Universidad de Brasilia y como investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones de Brasil.

Está en Córdoba invitada por el Centro de Intercambio y Servicios para el Cono Sur Argentina (Ciscsa), para participar del Seminario-Taller “Mujeres y Ciudad: (In) Justicias Territoriales”, que se desarrolla hoy y mañana en la Ciudad Universitaria.

–¿Cómo es la ideología del macho?

–Aquello que hace pensar al hombre que si él no puede demostrar su virilidad, no es persona. Está tan comprometida la humanidad del sujeto masculino por su virilidad, que no se ve pudiendo ser persona digna de respeto, si no tiene el atributo de algún tipo de potencia.

–¿Cuáles son esas potencias masculinas?

–No sólo la sexual, que es la menos importante, también la potencia bélica, de fuerza física, económica, intelectual, moral, política. Todo esto está siendo concentrado por un grupo muy pequeño de personas y hoy el hombre es una víctima también del mandato de masculinidad.

–¿Cómo se relaciona esto con la violencia hacia las mujeres y el aumento de femicidios?

–En el brote de violencia que tenemos (en Argentina, el mes de abril ha sido tremendo) la primera víctima son los propios hombres, pero no lo saben porque no consiguen verse o colocarse como víctima, porque sería su muerte viril. Lo que llamo mandato de masculinidad, es el mandato de tener que demostrarse hombre y no poder hacerlo por no tener los medios. El paquete de potencias que les permite mostrarse viriles ante la sociedad lleva a la desesperación a los hombres, que son victimizados por ese mandato y por la situación de falta absoluta de poder y de autoridad a que los somete la golpiza económica que están sufriendo, una golpiza de no poder ser por no poder tener.

–¿En dónde se restaura la potencia?

En la violencia contra las mujeres. Es un problema de toda la sociedad, no sólo de las mujeres. No hay espacios donde se pueda pensar cómo se podría restaurar de otra manera la autoridad, la potencia, la moralidad, la soberanía de las personas –muy fundamentalmente la de los hombres– frente a la golpiza económica. La situación es tan inestable, tan azarosa, que hay que ser alguien con gran riqueza, con grandes medios para no percibir esa precariedad de la existencia. Y la precariedad de la existencia lleva a la violencia.

–Una forma masculina de restaurar esa potencia es la violencia contra las mujeres, pero hay otras, se ve en las canchas de fútbol.

–Sí, el hecho de tirar por la borda a un hombre en un estadio, es violencia de género en el sentido de violencia viril y no pasó sólo en Argentina, en Perú hubo un caso igual. Cuando se ve esa regularidad de los síntomas, es que hay un mal instalado en la sociedad. Lo llamo violencia de género porque tiene que ver con el mandato de masculinidad, que es un mandato de violencia.

–¿Cómo es la ideología ­feminista?

–Es aprender a respetar lo que nos enseñaron a no respetar. O sea, aprender a ver en la otra mujer un sujeto moral sin que tenga que demostrar que lo es. Nosotras, cada día que salimos a la vida, a la calle, que salimos a circular bajo la mirada del otro, tenemos que hacer un esfuerzo cotidiano por demostrarnos ante el mundo como sujetos morales. Nuestra moralidad es siempre, siempre, sospechada.

–¿Cuál es la sospecha?

–La sospecha es que somos sujetos inmorales. Nosotras lo hacemos de forma automática: cuando nos miramos al espejo y pensamos si nos ponemos una blusa ajustada o suelta, a eso lo hacemos de manera indolora e incolora porque no nos damos cuenta de todos los cálculos que realizamos todos los días sobre cómo nos vamos presentar bajo la mirada del otro, para que el otro nos vea como sujetos morales. En cambio, el hombre lo hace para ser visto como sujeto potente y esa es una gran diferencia.

–¿Qué es ser una mujer?

–Ser una mujer común y normal, es ser una mujer que es consciente de todo lo que la constriñe, porque esos automatismos no son conscientes. Las feministas tienen una visión política de este constreñimiento y quieren deshacerlo, quieren liberar a las más jóvenes. Muchas de las fotos de víctimas de violación y femicidio representan la feminidad y esto es percibido como un desacato por el sujeto que necesita probar su potencia.

Por eso digo, después de años de entrevistar a violadores en la Penitenciaría de Brasilia, que el violador es un moralizador: es alguien que percibe en la joven libre un desacato a su obligación de mostrar capacidad y control. Ahí está el nudo de la cosa.

Ese nudo debe ser deshecho y esto tiene que suceder en la sociedad, con el trabajo de hablar, de conversar, de entender lo que nos está pasando. No puede ser solamente trabajado en el campo jurídico y mucho menos con jueces que no tienen la menor noción.

El cerebro violador

Conclusiones de Segato luego de trabajar con violadores en Brasil.

– La violación es un acto de moralización: el violador siente y afirma que está castigando a la mujer por algún comportamiento que él entiende como un desvío, un desacato a una ley patriarcal.

– El violador no está solo, está en un proceso de diálogo con sus modelos de masculinidad, está demostrando algo a alguien que es otro hombre y al mundo a través de ese alguien.

– El problema no es un violador como un ser anómalo. En él irrumpen determinados valores que están en toda la sociedad.

– El violador es el sujeto más vulnerable, más castrado de todos, el que se rinde a un mandato de masculinidad que le exige un gesto extremo, un gesto aniquilador de otro ser para sentirse hombre.

Espacio público opresor

Rita Segato entiende que “la calle es entrar en el espacio de la mirada del otro sobre mí, es ofrecerse a la mirada pública. Desde que somos chicas hay una incomodidad en ese espacio, el hombre se ve presionado a violar con la mirada, con piropos incómodos”.

“A las mujeres nos oprimen en el espacio público, siempre fue y es así. Lo que pasa ahora con este brote de femicidios, es que eso se ha transformado en un peligro de muerte. Es un proceso que fue creciendo gradualmente, las condiciones fueron dadas para esa escalada que transformó una incomodidad de la vida de las mujeres en peligro de muerte”, explica.

Propone que “hay que reducir el caldo de cultivo, revisar lo cotidiano, se tiene que combatir con un diálogo abierto en la sociedad, en todos los espacios, no solamente en las escuelas”.

 

Por: Josefina Edelstein

Publicado en: http://www.lavoz.com.ar

 

25 de noviembre: homenaje a la feminidad

Hoy  el calendario da cabida al hecho cotidiano de la violencia de género. Los medios de comunicación nos lo recuerdan. Estrategias políticas cubren el expediente con agendas repletas de actos. Discursos puntuales. Palabras. Luego silencio. Silencio por tantas mujeres maltratadas, ultrajadas, violadas, asesinadas…

Hoy, aquí homenajeo la feminidad desde lo más exclusivo de la esencia femenina: la menstruación. Comparto el trabajo de la artista Jen Lewis. Una serie de fotos y un video que  te muestran la menstruación como nunca antes la habías visto:

‘Beauty in Blood’ es una serie de macrofotografías de la regla con las que Jen Lewis pretende desestigmatizar la naturaleza femenina.

regla

“Un día, después de vaciar mi copa menstrual, me fijé en la sangre que quedaba en mis dedos y comencé a preguntarme por qué la sociedad considera la menstruación como algo desagradable. La sangre, las referencias gore y la violencia gratuita están por todas partes en la cultura pop (noticias, deportes, películas, videojuegos, música…)pero la de la regla ha sido completamente borrada del paisaje visual”. Quien sostiene estas palabras a S Moda es Jen Lewis, una artista conceptual que se define así misma como ‘menstrual designer’. Desde el año 2012, esta estadounidense que antes de dedicarse a experimentar artísticamente con su regla era asistente administrativa en Universidad de Michigan, ha dedicado esos días del mes a crear Beauty in Blood, un proyecto con el que “pretende cambiar su percepción social y concienciar respecto a los derechos humanos relacionados con el hecho de tener el periodo”.

Sus fotografías capturan el movimiento de la sangre y dan lugar a sorprendentes resultados que, lejos de parecer desechos corporales, emulan imágenes abstractas que recuerdan a algodón de azúcar, flores, fuego o constelaciones rosas. Para tomar las fotos, la artista cuenta con la ayuda de su marido, el fotógrafo e ilustrador Rob Lewis. Aparte de necesitar un objetivo macro, su técnica no necesita muchos artificios. Al principio, simplemente vaciaban la copa menstrual de Jen en el inodoro cuando llegaba de trabajar. El contraste del rojo de la sangre con el blanco de la porcelana, la forma en que el flujo se movía en el agua y su apariencia distinta según el día del periodo, convertían cada imagen en una pieza única. Después de un año siguiendo este método, la pareja comenzó a experimentar alejados del cuarto de baño. Ahora utilizan un pequeño acuario y una mezcla de agua dulce y salada. La diferencia de densidades logra que el movimiento de la sangre sea aún más asombroso. Cada sesión es un experimento diferente en la que los líquidos no se pueden controlar y el resultado es imposible de predecir (aquí puedes ver el vídeo).

Artista regla

‘A star is born’.

Beauty in Blood or Menstrual Designer: Jen Lewis; Photographer: Rob Lewis.

Inspirada por las fotografías médicas que empapelaban las paredes de la División de Enfermedades Infecciosas en la que trabajaba como administrativa y la obra de artistas feministas como Judy Chicago, Carolee Schneemann, Ana Mendieta o la fotógrafa Berenice Abbott, Lewis pretende “acabar con toda la negatividad y silencio que rodea a la menstruación y comunicar que la regla no es nada de lo que avergonzarse o sentir miedo. No tiene por qué ser un misterio si nos enfrentamos a él de frente”, según explica a S Moda. “De hecho, gracias a la repercusión mediática que está teniendo mi trabajo ya estoy recibiendo muchos comentarios de gente que afirma queBeauty in Blood ha conseguido cambiar su forma de ver este proceso, sintiéndose menos avergonzados. Creo que una declaración visual tan potente puede influir en poner fin al tabú que rodea a este tema”, continúa.

Artista regla

‘Mysterious’.

Beauty in Blood or Menstrual Designer: Jen Lewis; Photographer: Rob Lewis.

Pero no todo el mundo está preparado para abrazar su obra cuando descubren que su materia prima es expulsada cada mes por la vagina de su autora. “Me he encontrado con poca gente que esté totalmente desinteresado en Beauty in Blood, pero sí es cierto que muchos arrugan la nariz cuando les cuento que están viendo macrofotografías de sangre menstrual. Puedo entender que alguien encuentre desagradable hacer arte con fluidos corporales, pero me gustaría desafiar a esas personas a que analicen por qué piensan de esa manera. Suelen preguntarme por qué no hacer entonces obras con heces o semen. Y yo contesto: ‘¿Y por qué no?’ El arte no va siempre de hacer algo bonito o fácil de digerir. Una obra realizada con esperma, por ejemplo, podría hablar de la infertilidad. No soy la primera en trabajar con este tipo de materiales”, apunta.

Efectivamente, son muchas las artistas que en los últimos tiempos reivindican el uso de la denostada sangre menstrual para transmitir un potente mensaje subyacente a una estética más o menos bella. Petra Collins escandalizó al mundo con sus camisetas estampadas con vaginas sangrantes para American Apparel, las artistas Lani Beloso,Vanessa Tiegs o la chilena Carina Úbeda utilizan su flujo en cuadros y pinturas como alegato a favor de la normalización de la regla y la poeta feminista Rupi Kaur fue censurada hace unas semanas por Instagram cuando colgó una imagen de una mujer tumbada en la cama con manchas de sangre en el pantalón y la sábana. La foto, formaba parte de Period, un proyecto con el que la joven escritora paquistaní pretende acercase al tabú de la regla y desestigmatizarla a través de una mezcla de versos e imágenes. A pesar de la buena acogida de su iniciativa en Tumblr, su creación no consiguió escapar a las restricciones de Instagram y causó gran revuelto en internet.

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La polémica foto de la poeta Rupi Kaur censurada hace unas semanas por Instagram.

No podíamos dejar pasar la ocasión de preguntarle a Lewis que opina sobre la reprobación del trabajo de Kaur. “Teniendo en cuenta el consumo desenfrenado de pornografía y la forma en que los medios de comunicación y el marketing utilizan el cuerpo de las mujeres, considero que la censura de su obra fue complemente ridícula y un ejemplo de cómo la sociedad quiere controlar el cuerpo femenino. Estamos inundados de imágenes de mujeres ensangrentadas y golpeadas y no parecer ser un problema. Tampoco la sexualización de la mujer que nos persigue por todas partes parece incomodarnos. Pero cuando las mujeres muestran sus cuerpos haciendo algo natural, se considera horrible y repugnante. Sangramos y a veces nos despertamos con una mancha. No es para tanto pero hemos sido socializados para escandalizarnos ante una foto así”, termina la artista.

Artista regla

‘Pink Fuzz’.

Beauty in Blood or Menstrual Designer: Jen Lewis; Photographer: Rob Lewis.

Artista regla

‘The perfect cell’.

Beauty in Blood or Menstrual Designer: Jen Lewis; Photographer: Rob Lewis.

Artista regla

‘Spiral Slow’.

Beauty in Blood or Menstrual Designer: Jen Lewis; Photographer: Rob Lewis.

Artista regla

‘Cotton Candy’.

Beauty in Blood or Menstrual Designer: Jen Lewis; Photographer: Rob Lewis.

Artista regla

‘Fire & Brimstone’.

Beauty in Blood or Menstrual Designer: Jen Lewis; Photographer: Rob Lewis.

Artista regla

‘Let it flow’.

Beauty in Blood or Menstrual Designer: Jen Lewis; Photographer: Rob Lewis

 

Fuente: smoda.elpais.com (Clara Ferrero)

Mitos, prototipos y dignidad

Comparto una reflexión que he recibido sobre los mitos dañinos:  Hace ya  cincuenta años de la muerte de Marilyn Monroe una de las figuras más influyentes en la psicología colectiva del siglo XX. Todas hemos crecido bajo la recurrente imagen de esa mujer fabricada por la industria de la publicidad  y la sub-cultura de masas del siglo XX.

Marilyn es el prototipo de la mujer descerebrada y vacía, un cuerpo sin alma destinado a manipular la psicología masculina al catequizar a los hombres para que consideren ese modelo de fémina como el más apetecible y a las mujeres para imitarla en su físico tanto como en su psicología.

 

Fotografía: Yolanda Jiménez

Fotografía: Yolanda Jiménez

Su figura fue diseñada con detalle. Una belleza artificial y sin expresividad que no comunica ni exterioriza emoción alguna, una personalidad quebrantada, insegura  y blanda, superficial hasta el empacho, dependiente de los hombres, del poder y del dinero, destructiva y dañina.

Por completo ajena al impulso maternal, su vida fue un perpetuo pulular alrededor de los hombres poderosos como Keneddy, una pertinaz peregrinación de fiesta en fiesta y de exceso en exceso.

El distintivo más llamativo de su carácter fue la simpleza mental, la ignorancia, la incultura y la ausencia de la chispa de la inteligencia natural.

Que Marilyn se haya convertido en el icono del siglo XX junto con el bote de sopa de Warhol  dice mucho de una época en que la trivialidad y las baratijas han sustituido y destruido la cultura, la civilización y la esencia humana.

Al hacer un símbolo sexual de una figura tan lamentable en sus atributos intelectuales, morales y sociales se dio un golpe formidable a esta práctica primordial y natural de la vida humana. El sexo genuino es una forma de relación personal, es decir, no es una relación entre dos cuerpos sino entre dos individuos. Aunque la relación libidinosa admite muchas variantes éstas requieren, para ser de calidad, que todas las dimensiones del ser humano se incluyan. La imaginación, el lenguaje, la capacidad para interiorizar la alteridad, es decir para ver, sentir y comprender al otro como acto de la inteligencia práctica, son, entre muchos otros, elementos fundamentales de lo erótico; un sexo sin contenido como el que vende la figura de Marilyn es una ceremonia que anuncia la agonía de la carnalidad humana.

No hay nada en la proyección histórica de Marilyn que sea casual o fruto de movimientos espontáneos de la opinión y la vida social. Como apunta Belén López Vázquez en “Publicidad emocional” tanto ella como James Dean o Elvis Presley fueron un producto de la mercadotecnia fabricados por la industria del adoctrinamiento de masas.

MIRADA MUJER

No parece casual que comenzara su carrera de modelo poniendo su imagen para ilustrar la contribución de las mujeres a la economía durante la Segunda Guerra Mundial, es decir, como un símbolo del militarismo norteamericano.

Lo anterior demuestra que el machismo trastornado implícito en el estereotipo viviente de la mujer tonta que representa la rubia universal no se origina en el pueblo como algunos quieren dar a entender ni en la derecha mostrenca y carcunda, es, por el contrario, el producto del compadrazgo del capitalismo  más potente, el de la industria del entretenimiento y la manipulación  de las masas de Hollywood, el poder imperial, representado por el Pentágono y la Casa Blanca y la izquierda más papanatas que propagandiza el feminismo, se inclina ante los iconos de una “cultura” de la frivolidad y la chabacanería y usa ambas doctrinas, feminismo y vanguardias artísticas, contra la tradición y el acervo del pueblo.

A todos aquellos que aún no han entendido que ese modelo de mujer descerebrada, aturdida y obtusa se ha fraguado en la modernidad y no en la tradición les recomiendo la lectura atenta del Quijote y el estudio de sus figuras femeninas,  especialmente Dorotea y Marcela, que son retratadas como personalidades absolutamente singulares e impares, sujetos que viven por sí mismas, sustantivamente y no como adjetivos de los hombres.

Se puede reconocer cual es la virtud que Cervantes admira más en las mujeres, su inteligencia, por eso todas las féminas de la novela cervantina hablan por sí mismas y sin complejos y son escuchadas con fascinación por los hombres. Dice Julián Marías en “La educación sentimental” que Cervantes “descubre formas variadísimas de feminidad”, es  cierto, pero también lo es que todas las personalidades femeninas que dibuja están dotadas de una enorme autonomía personal y viveza intelectual, no encontraremos ninguna “Marilyn”.

No puedo acabar sin un comentario a la adaptación postmoderna del mito misógino de la mujer vacía que ha hecho como nadie un personaje de la izquierda, Pedro Almodóvar. Más machista que sus antecesores ha sido él, el hombre creador de los símbolos y no sus representaciones mujeriles, quien se sitúa en el centro y acapara fama y honores. Las mujeres, en el cine del bufón manchego, carecen por completo de vida interior y forma humana, son un monstruoso compendio de disvalores, chabacanería, ininteligencia, incultura e incivilidad. Su colección de histéricas, maniaco-depresivas, histriónicas, perturbadas y estrafalarias es el mayor escarnio de la imagen de la mujer de la historia contemporánea. Supera con creces al machismo franquista que conservaba un respeto elemental y privado, pero real, por el carácter humano de las féminas, aún considerándolas inferiores en su participación social.

Para Almodóvar las mujeres no somos en realidad personas, sus “chicas” son mofa y befa de la feminidad como humanidad singular sexuada, carecen de lenguaje lúcido, metas trascendentes, sentido común y mérito personal. son cáscaras vanas, insustanciales hasta el empacho, simples y necias obsesionadas con un sexo frívolo y una vida estúpida y superficial de conversaciones banales y  holganza aristocrática.

MUJERES

Dada la centralidad que consiguió el cine (proceso que, por cierto, se fraguó en el franquismo) en la sociedad moderna y la influencia que la imitación de sus personajes ha tenido en la vida popular no es de extrañar que toda una generación de mujeres se haya mirado y construido según el paradigma del hortera manchego como seres irracionales y vacuos, encerradas en un arquetipo letal.

Que se haya hecho de este personaje un icono de la izquierda ni es casual ni un error, manifiesta el rostro auténtico de esta ideología que ha sido en la historia y en el presente la representante de la misoginia más pura, del odio a la mujer más enconado.. Que los y las feministas se sientan identificados y hermanados con el que ya es llamado “manchego universal”, frente y contra Cervantes, no es tampoco un accidente sino que corrobora lo que he sostenido siempre, que tales son los representantes de un neo-machismo más nocivo y virulento que el del patriarcado clásico pues atenta a los fundamentos de la condición humana de las mujeres.

No podremos las mujeres recuperar plenamente nuestra dignidad como personas mientras no nos situemos resuelta y decisivamente contra tales operaciones neo-machistas y neo-patriarcales.

 

 

Violencia simbólica contra las Mujeres: el Folclore

La violencia no solo actúa directamente sobre los cuerpos, sino también en el terreno simbólico: el imaginario publicitario, los juegos infantiles  o el folclore son algunos de los espacios en los que se re-escenifica día a día la violencia sexual.

La “sabiduría popular” expresada en el folclore, en las canciones o en el refranero (*) ha sido transmitida de generación en generación, justificando y legitimando la violencia de género y la subordinación de las mujeres frente a los hombres.

En el refranero los ejemplos hablan por sí mismos:

 

“A la mujer y a la mula, mano dura”. Ser transparente.

“A la mujer y a la burra, todos los días zurra”.

“A la mujer barbuda, de lejos se le saluda, con dos piedras mejor que con una”.

“A la mujer y a la gallina, torcerle el pescuezo, verás como queda mansina”.

“A la mujer fea, el dinero de su padre la hermosea”.

“A la mujer muy casera, el hombre bien la quiera”.

“A la mujer y al ladrón no darle ocasión”.

“A la sombra de un hilo, se la pega una mujer a su marido”.

“Cojera de perro y lágrimas de mujer, no son de creer”.

“La mujer es buena por ventura y mala de natura”.

“Mujer buena, la que está bajo tierra”.

“La mujer, a cada rato muda de parecer”.

“La mujer cierne, mas no discierne”.

“A la mujer el hombree la ha de hacer”.

“Moza que se asoma a la ventana a cada rato, quiere vender barato”.

“Mujer guapa en exceso, mucho sexo y poco seso”.

“Mujer con voz hombruna, nunca me fié de ninguna”.

“Juramentos de mujer, difíciles son de creer”.

“La mala mujer y el buen vino se encuentran en el camino”.

Los ejemplos son variados y tantos, que sólo he escogido un puñado. Como se puede ver son dichos, pretendidamente” ingeniosos”, que no tienen nada de inocente, ya que durante siglos han funcionado como vehículos de transmisión del sistema patriarcal dominante.

MUJER LIBRE

 

Según los estudios de Estefanía Lodeiro, los refranes no solo amparan la violencia física, sexual y psicológica contra las mujeres, sino que estas aparecen dibujadas con una profusa batería de características negativas. Habladoras, indiscretas, falsas, volubles, carentes de inteligencia, testarudas, egoístas, manipuladoras. En la balanza contraria, apenas un puñado de dichos en los que se ensalzan sus virtudes, pero siempre asociadas a lo que el sistema patriarcal espera de ellas, esto es, que sean buenas y recatadas esposas, diligentes amas de casa, castas solteras.

Además, hacen una cosificación de la mujer, la presentan como una mera propiedad más del hombre. Conviene resaltar que muchos de estos proverbios previenen sobre las mujeres cultas e instruidas, porque el saber podría conducirlas a rebelarse contra su posición subordinada. El hombre siempre debe mantener un estatus superior, tanto en lo económico como en lo cultural.

También es llamativa la “doble moral” con respecto al sexo que subyace en muchos refranes, a los hombres se le está permitido todo, pero a  las casadas se les pide recato y se sublima el erotismo de las prostitutas.

Lodeiro apunta que si bien estos refranes son portadores de un estereotipo femenino del pasado, y su empleo hoy en día, es minoritario, “responde a la pervivencia de esos valores”. Y aunque se reproduzcan de forma “espontánea e inconsciente”, se constituyen en modelo de conducta “destinado no solo a la interiorización y aceptación del sistema patriarcal, sino a su perpetuación”. En este esquema, la violencia de género es a la vez consecuencia e instrumento.

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( *) Sólo cito ejemplos  del refranero de la Península Ibérica y Latinoamérica, pero desgraciadamente, la violencia está extendida en todas partes del mundo. Un ejemplo: “Cuando llegues a casa pega a tu mujer, si tú no sabes porqué la pegas, ella sí sabe el porqué” (proverbio chino)

 

En lo que se refiere a las canciones la lista es exhaustiva. Y en todos los estilos musicales: Canciones tradicionales, rock, copla, tango, reguetón, merengue, pop. Yo solo voy a dar unas pinceladas de algunas de las canciones españolas  famosas de los 70,80 y 90:

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“La Mataré” de Loquillo y Los Trogloditas, “Muérdeme”de Los Romeos. “Sí, Sí” de Los Ronaldos cuyos  versos dicen “tendría que besarte, desnudarte, pegarte y luego violarte hasta que digas ‘sí’”.  “Atrapados en el Ascensor”de Un Pingüino en mi Ascensor.”Mi Marylin particular” de idolatrado  Nacho Vegas donde se dicen cosas como“Y yo no le di mayor importancia a lo que oí y ése fue mi gran error. Te podía golpear y aún estaba bien. Te humillé, te violé y tú seguías en pie.” En”Y además bastante fea de Antonna se escuchan cosas como estas: “Puede que uno de estos días amanezcas muerta / pero si se pasa prometo enviar unas flores caras el día de tu funeral”. “Eres una Puta “de Los Ilegales y “Hoy voy a asesinarte”de Siniestro Total lo dicen todo en su títulos. Tampoco se libra una cantante como Cecilia (1975) y su “Un ramito de violetas” donde Cecilia cantaba una oda a la sumisión femenina, narrando la historia de una mujer que era feliz en su matrimonio aunque su marido era el mismo demonio. Otra canción que fue un símbolo de la transición española y que me pone, por eso mismo, enferma cuando la escucho es “Libertad sin ira” de Jarcha (1976) por el nefasto verso:solo desean su pan, su hembra y la fiesta en paz”.¿Y qué decir del humor sórdido que se hace a costa de la violencia contra las mujeres?”Me llaman mala persona” de Académica Palanca (1992) trata de un hombre que cosía a navajazos a su mujer  porque cuando volvía del trabajo “no estaba listo el papeo” .¿Y cuál era la reacción del público?: sonoras carcajadas. También en los 90, cuando ya existía sensibilización contra la violencia machista, Los Planetas, cantaban:”Sí, te puedo golpear hasta que te desmayes y luego un poco más. Te puedo arrastrar del pelo hasta la calle y tú puedes gritar. Y me puedes suplicar”…..

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Desgraciadamente todavía sigue habiendo muchas letras machistas en España y fuera de España. Y lejos de ir a menos algunos cretinos se amparan en el derecho de expresión y en su repudia de lo “políticamente correcto”para justificar  canciones que amparan la violencia contra las mujeres.

 

                                                                                                                                                                                                                                 Fotografía : Juan Peláez

http:// mujericolas.blogspot.com.es

Hombres, hablemos de violencia machista

Que la violencia de género, cuyo máximo exponente son las 44 asesinadas a manos de sus (ex) parejas en lo que va de año, según los registros oficiales, sólo suponga un problema grave para el 0.5% de la población pone de manifiesto que este país está enfermo de machismo. Hoy, 25 de noviembre, se celebra el Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en conmemoración del asesinato, en 1960, de las tres hermanas Mirabal a manos de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo.

Cuando hablamos de violencia contra las mujeres irremediablemente nos vienen a la cabeza los asesinatos que conforman el feminicidio que se da, con mayor o menor intensidad, a lo largo y ancho del globo. Sin embargo, nos enfrentamos a un fenómeno más complejo, sutil y capilar. En la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, se define “violencia contra la mujer” como “todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada.”

El riesgo de situar la violencia contra las mujeres únicamente en los asesinatos y las palizas reside en generar una idea en el imaginario colectivo de que esta violencia es puntual, anecdótica y llevada a cabo por varones desequilibrados que abusan de ciertas sustancias, o reducirlo a un grupo de edad, clase social o nivel cultural concreto. Esta creencia, además de simplista, no aborda el problema de fondo. Sin embargo, si concebimos la violencia contra las mujeres como una serie de comportamientos y actitudes que van desde el asesinato a la objetualización, pasando por el acoso callejero, la invisibilización en el espacio público, las desigualdades laborales o la atribución de supuestas capacidades innatas o naturales a cada sexo, la cosa cambia.

AMOR LIBRE

Hace poco me di cuenta, (porque me lo dijeron) de que como varón, blanco y heterosexual me han inculcado la extraña idea de que tengo que expresar mi opinión sobre cualquier tema, y en ocasiones me veo hablando u opinando de asuntos sobre los que mi ignorancia es supina. Pese a ello, la violencia contra las mujeres no parece ser un tema que nos suscite, a los hombres, esta imperiosa necesidad de opinar, recordar permanentemente nuestra postura o incluso dictar sentencia, salvo para marcar distancias con “esos hombres” que sí son agresores frente a nosotros, “esos hombres” que no lo somos.

La gravedad de la violencia contra las mujeres exige que además de no reproducir los comportamientos y actitudes citados anteriormente, los hombres, los que nos decimos feministas y los que no, adoptemos una posición activa. No mirar a otro lado cuando somos testigos de un acto de violencia contra una mujer, ya venga a manos de un amigo, un familiar o un desconocido. No naturalizar comportamientos que redundan en la idea de que las mujeres existen para satisfacer nuestros deseos y agradar nuestros sentidos. No reír las gracias de quienes utilizan esta lacra para, incomprensiblemente, ganarse nuestra simpatía. Y especialmente, cuestionar nuestra masculinidad y los privilegios que a ella vienen adscritos.

No es agradable verse como un sujeto agresor, pero como hombre en ocasiones soy partícipe de estas violencias. Quizá no de las más evidentes pero sí de aquellas que, por normalizadas, generan el caldo de cultivo imprescindible para mantener un sistema de violencia estructural (y no precisamente de la que habla Gallardón) contra las mujeres.

La relación de nuestra masculinidad, es decir, cómo hemos sido socializados como hombres, y la violencia contra las mujeres es innegable. La violencia se deriva de los privilegios que, como hombres, disfrutamos en nuestra sociedad. Aunque a veces resulta doloroso -nunca tanto como el dolor que se provoca-, es imprescindible que los hombres seamos conscientes de que nuestra posición en el mundo se sostiene sobre unos privilegios que debemos cuestionar y eliminar si queremos unas vidas libres de violencias machistas.

En este sentido queda mucho por hacer. A nivel individual, tenemos que revisar en qué situaciones nos aprovechamos de estos privilegios y nos aferramos a un modelo de masculinidad que, per se, genera violencia. A nivel colectivo requiere que los hombres nos repensemos juntos, nuestras relaciones y nuestra incapacidad de gestionar nuestros sentimientos y mostrar debilidad. Y a nivel institucional, por ejemplo, las campañas para prevenir la violencia machista podrían dejar de interpelar únicamente a las mujeres diciéndoles cómo deben vestir, con quién deben follar o cómo deben comportarse, y deberían enseñarnos a los hombres a cuidar, a no violar, a no acosar a las mujeres en la calle o en el metro, a no entender nuestras relaciones como una cuestión de propiedades…

No consiste en ver quién es más o menos feminista, ni quién es capaz de deconstruirse más o menos. Se trata de apostar decidida y radicalmente por una sociedad democrática en la que todas las personas tengamos los mismos derechos. Porque, como he aprendido de la persona que más me ha enseñado sobre este asunto, el feminismo es una cuestión de justicia.

Por: Pablo Padilla (miembro de Juventud SIN Futuro y la Oficina Precaria).

Publicado en: www.cuartopoder.es