“El neceser negro”… Un relato de otoño en verano

 

“EL NECESER NEGRO”

 

Hacía ya algunos meses que él tenía una nueva casa. Ella se peguntaba cuando la invitaría a conocerla. Se imaginaba un delicioso fin de semana en aquel lugar precioso de la sierra con vistas al monte. Imaginaba paseos y lunas; ternuras y deseos; caricias y risas. Pasó el verano. Pasó  el otoño. Un día frío de noviembre aquel hombre la propuso ir. Una visita rápida: él tenía que recoger algo, un documento importante, le dijo. A ella no le importaba la causa. Se alegró de esa improvisada invitación. Solo disponían de dos horas. Le hacía mucha ilusión conocer ese espacio novedoso. Conducía embriagada de serotonina por una carretera serpenteante. El paisaje se le antojaba precioso. El hombre viajaba amable en el asiento delantero, a su lado. Se imaginó estrenando un lugar nuevo, llenando de energía aquel espacio aún por descubrir. Hacía frío en aquella casa coqueta. Ella estallaba de alegría… se conformaba con tan poco!

Ahora, recordándolo, se da cuenta de tantas situaciones desbordadas en su fantasiosa imaginación. Por el anhelo profundo de un amor imposible.

“Ocaso en Venecia”.
Fotografía: Yolanda Jiménez

Gozó de aquella visita con la ilusión de aquella  niña que fue. Esa niña que despertaba cada día de Reyes con la emoción de descubrir (sabiendo que era lo mismo que el año anterior), qué le habrían dejado en sus zapatos aquellos seres mágicos. Para ella, en exclusiva.

Intuía que no era la primera invitada, pero quiso sentirse especial. Tenía la capacidad de trasmutar cada momento compartido con él, en espacios de tiempo únicos. Ese era su momento y quiso aprovecharlo, gozarlo para sentirse viva.

Allí, bajo capas de edredones y forros polares se expandió en halos multicolores de aromas intensos y  sensaciones livianas.

Agotado su tiempo, sin querer, como ocurren estas cosas, lo vio sobre la repisa del lavabo: un  neceser de mujer, testigo mudo de lo temido. Olvidado allí también sin querer. Los fantasmas temidos acudieron a su mente: ¿Acaso sería aquel objeto el verdadero motivo de aquella visita inesperada y rápida? Quizá,  reclamado por su dueña, él, solícito fue hasta allí para recogerlo y devolvérselo…Tenían que regresar, el tiempo se había consumido. En el último instante él, guardó aquel neceser en su bolso mientras ella, la fantasiosa niña que fue, la mujer que le amaba, tragó saliva y mantuvo el tipo. Guardó silencio y miró  por la ventana. Pero la imagen ya se había grabado en su memoria…. Era un neceser negro.

 

Yolanda Jiménez

 

Deseo, miedo, duda… Compañeros de viaje

 

DESEO

“El deseo de mi alma es la bondad para todos los seres humanos”

“El deseo de mi alma es la paz, la convivencia. Es fundirme entre la luz del Universo. Es trascender esta existencia, en otra forma, en algo etérico y sutil”

 

“Encrucijada”. Eslovenia. Fotografía: Yolanda Jiménez

MIEDO

“Lo que me bloquea es el miedo a arriesgarme, a perderme”

“Lo que me bloquea es la costumbre de un camino ya conocido”

“Lo que me bloquea es la inseguridad de no reconocer mi poder”

 

Alpes julianos. Eslovenia Fotografía: Mariano Velázquez

 

DUDA

Yo dudo de mi

Dudo de ti

Dudo de tus palabras

Dudo de mi elección

Dudo de mi alegría

Dudo de mi tristeza

Dudo de mi perseverancia

 

 

QUIERO

Quiero sentirme priorizada, amada, confiada de mi, de ti, del regalo de reconocernos.

Quiero sentir tu atención y tu amor

Quiero tu ternura

 

Lago de Bled. Eslovenia Fotografía: Manu k

AMO

Amo tu sonrisa

Amo la luz de tus ojos

Amo tu esencia

Amo despertarme en tu aroma

Amo que me ames

Amo amarte

Amo amarme

 

 

 

 

Yolanda Jiménez

 

 

 

“Transición”…Poesía para ti. Para mi. Para el Universo

 

“TRANSICIÓN”

 

 

ANTES

Voy a ti. Mis lágrimas o las tuyas.

No caben límites. Incertidumbre desbordada.

Escucho tu voz cansada penetrando en mis adentros.

Dos palabras me bastan para ser infinita

Caricias sin tiempo reconfortan mi alma

 

TÚNEL

Eres ausencia del aquí mientras te imagino en tu luz.

Quédate en este lado. No es aún tu hora de partir.

Siendo ya parte de mí, vuelves sin haberte ido

Tu mirada me habla y mis ojos te escuchan

Desde tu silencio eres mi universo.

 

FLORES 

Mi corazón acelerado en el anhelo de verte

Alborota mis pasos hacia ti.

Brilla tu luz en tus ojos infinitos.

Tus manos me hablan en lenguaje de colores.

 

UNA TARDE 

Me miras desde tu adentro.

Busco tu piel y me entregas tus manos.

Solo emociones. Sobran palabras

Tus pasos seguros sostienen tu ímpetu

Aspiramos la tarde en la ventana abierta

Inexplorado horizonte de nuevas montañas

 

INCERTIDUMBRE 

Mis pasos acortan la distancia que me lleva a ti.

Se me para el tiempo a tu lado.

Llena de tu presencia, agoto la tarde.

Mañana saldrás a la vida.

Mi alegría se desborda. Intuyo mi lugar en otra orilla.

Mi balsa se mece incierta. Navegas en otra barca

En el silencio de mi corazón, te amo.

 

Yolanda Jiménez.

 

“Transición”… Poesía para ti. Para mi. Para el Universo

 

“TRANSICIÓN”

 

ANTES

Voy a ti. Mis lágrimas o las tuyas.

No caben límites. Incertidumbre desbordada.

Escucho tu voz cansada penetrando en mis adentros.

Dos palabras me bastan para ser infinita

Caricias sin tiempo reconfortan mi alma

 

TÚNEL

Eres ausencia del aquí mientras te imagino en tu luz.

Quédate en este lado. No es aún tu hora de partir.

Siendo ya parte de mí, vuelves sin haberte ido

Tu mirada me habla y mis ojos te escuchan

Desde tu silencio eres mi universo.

 

FLORES 

Mi corazón acelerado en el anhelo de verte

Alborota mis pasos hacia ti.

Brilla tu luz en tus ojos infinitos.

Tus manos me hablan en lenguaje de colores.

 

UNA TARDE 

Me miras desde tu adentro.

Busco tu piel y me entregas tus manos.

Solo emociones. Sobran palabras

Tus pasos seguros sostienen tu ímpetu

Aspiramos la tarde en la ventana abierta

Inexplorado horizonte de nuevas montañas

 

INCERTIDUMBRE 

Mis pasos acortan la distancia que me lleva a ti.

Se me para el tiempo a tu lado.

Llena de tu presencia, agoto la tarde.

Mañana saldrás a la vida.

Mi alegría se desborda. Intuyo mi lugar en otra orilla.

Mi balsa se mece incierta. Navegas en otra barca

En el silencio de mi corazón, te amo.

 

Yolanda Jiménez.

 

Espiritualidad cotidiana

 

A lo largo de estos preciosos años he llegado a descubrir que nuestra humanidad no es ‘menos que’ nuestra naturaleza divina; es su expresión y su consumación.
El despertar espiritual tiene muy poco que ver con trascender pensamientos y sentimientos, con negar nuestra vulnerable humanidad y con el intento de escapar hacia un estado de conciencia pura, a un reino más elevado, hacia algún otro sueño.
En lugar de eso, nos inclinamos ante nuestra tristeza, la arrullamos tiernamente entre nuestros brazos. Nos mantenemos cerca de nuestras dudas a medida que recorremos el camino de este día. Vemos lo sagrado en el miedo, la alegría en nuestra confusión, la libertad en nuestra ira. Nos inclinamos ante la vida en todas sus formas, no sólo ante lo ‘hermoso’.

Alpes Julianos. Eslovenia. Yolanda Jiménez


Las personas más vivas que he conocido son en realidad las más humanas. Las personas más ‘despiertas’ a menudo hablan muy poco de espiritualidad. Normalmente no son esos maestros que sueltan palabras rancias acerca del yo separado, de la ‘verdad’, y que andan prometiendo una felicidad que en realidad no son capaces de vivir.

En mi humilde opinión, los más ‘despiertos’ son quienes han cultivado una amorosa y profunda compasión en su interior, una inmensa bondad hacia sí mismos, y que irradian esa deliciosa empatía hacia el mundo.
Un pie en la conciencia, el otro pie bailando y jugando en el glorioso desorden de la existencia relativa; los suficientemente osados como para recibir tanto el éxtasis como la agonía con la misma clase de humildad.
No conozco ninguna espiritualidad que no esté dispuesta a honrar un corazón roto y saturarlo con su atención, con su aliento; para inundar la oscuridad con luz.
Así que ya no estamos adormecidos.
Y así podemos encontrarnos los unos con los otros en el fuego.

 

– Jeff Foster –

 

El sentido de la vida…o el sentido de la muerte

 

La vida. Esa forma de existencia cambiante, de pérdidas continuas y de nuevas oportunidades. La muerte, en sentido amplio incluye las pérdidas. Desprenderse de un órgano físico es una forma de muerte. Como tal, requiere de un duelo y  de una adaptación. Reaprender para continuar. Abrirse a la incertidumbre es conocer el miedo, sentirlo como propio, parte de ti. Y convivir con él como una nueva forma de confianza en ti mismo

La mayoría de las personas, en algún momento, nos hemos cuestionado el sentido de nuestra vida, nos hemos preguntado quiénes somos, de dónde venimos, cómo existimos o sí hay vida después de la muerte. En definitiva, nos hemos interrogado acerca del sentido de la vida, de nuestro lugar en el mundo y de qué hacer con nuestra existencia.
Nuestra respuesta a las preguntas planteadas es decisiva si queremos experimentar la vida con plenitud, si queremos vivir conscientemente y sintiéndonos satisfechos.
El budismo, basado en las enseñanzas de Buda Sakyamuni, sostiene que existimos sin principio. Los filósofos budistas, tras metódicas investigaciones, concluyen que la consciencia no puede de ningún modo ser la causa substancial de la materia, ni la materia ser la causa de la consciencia. Consideran que la única hipótesis admisible en cuanto a la causa substancial de la consciencia es una consciencia anterior. Siendo esto así, la vida y la muerte son un todo único, realidades transitorias en constante cambio, en el cual la muerte es el comienzo de otro capítulo de la vida.
Que tu pérdida te traiga un renacer precioso. Que tu sabiduría nos ilumine. Que tu luz nos complemente. Que  el amor te acompañe. Que seas… Gracias por existir hombre lindo.
Yolanda Jiménez

 

El amor que permite…

 

El amor es sereno. Deja que el otro y yo mismo seamos como somos, no nos desea diferentes. Deja que lo que existe sea como es, que crezca y se desarrolle como corresponde a su determinación. Por eso, el amor sólo interviene cuando lo que existe está en sintonía con esa determinación y su destino correlativo, cuando éste lo exige y otorga.
Nadie, ni el otro, ni lo otro, ni yo mismo tenemos que defendernos de ese amor o temerle. En ese amor nos abandonamos a algo que está más allá de nuestras esperanzas, deseos y miedos, y que nos acoge como el ancho río que absorbe los muchos arroyos. Cuanto más acoge, tanto más ancho y profundo es el río y tanto más poderosamente corren sus aguas hacia la desembocadura, donde todo se diluye indistinguiblemente en un mar que recibe y conserva a todos y a todo de la misma manera.
Ese amor ya anticipa lo que algún día será
– Bert Hellinger –

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