No corras, ve despacio. Un poema para hoy

No corras. Ve despacio

¡No corras. Ve despacio,
que donde tienes que ir
es a ti solo!

¡Ve despacio, no corras,
que el niño de tu yo, recién nacido
eterno,
no te puede seguir!

Si vas deprisa,
el tiempo volará ante ti, como una
mariposilla esquiva.

Si vas despacio,
el tiempo irá detras de ti,
como un buey manso.

 

Juan Ramón Jiménez, Eternidades 1918 poema (XXXVI)

Juan Ramón Jiménez, poeta español y ganador del Premio Nobel de Literatura en 1956, nos invita reflexionar sobre esto.

Hablar bien para sentirse mejor

 

Sea amable y será más feliz. Repita “todo irá bien” y tendrá más posibilidades de que las cosas vayan bien. Mantenga su discurso enfrascado en aquello de “esto no tiene solución” y jamás la encontrará.

Puede sonar a optimismo barato o a manual de autoayuda, pero la neurolingüística es una disciplina centenaria que no solo ha dedicado sus esfuerzos al estudio de la producción del lenguaje desde el cerebro, también a la influencia que la palabra ejerce sobre la mente. Como defendía el psicólogo ruso Lev Vygotsky en la primera mitad del siglo XX, todas las funciones mentales –pero sobre todo el lenguaje– tienen una dimensión interna, mental o computacional, que puede y debe ser estudiada científicamente.

 

Pensamiento y palabra son dos conceptos íntimamente unidos. Si tienen o no el mismo origen genético, o si se desarrollan de una forma más o menos independiente, todavía hoy resulta motivo de debate. Las hipótesis coinciden en que, al menos, siguen un proceso de continua influencia recíproca.

lo que hablamos influye, modifica e incluso corrige lo que pensamos

Este binomio se concibe de manera habitual colocando antes al pensamiento y después a la palabra, como su expresión: “Decimos lo que pensamos”. Invertir los términos –decir y después pensar– puede sonar a acto irreflexivo, a que “no se debe decir todo lo que se piensa” y se debe pensar todo lo que se dice, ya que puede resultar inconveniente decir lo que se piensa en según qué contexto. Lo que hablamos influye, modifica e incluso corrige lo que pensamos. A nivel cognitivo, buena parte de lo que se dice acaba siendo lo que se piensa.

La influencia que la palabra ejerce sobre el pensamiento puede comprenderse de manera intuitiva mediante la observación del efecto mantra. Una práctica que se ha empleado tradicionalmente con diferentes objetivos. La repetición constante de una misma palabra –o una serie corta de palabras– es un método eficaz para desconectar del medio, para relajarse, para evadirse. En estudios sobre la técnica de neuroimagen se ha comprobado que este acto repetitivo produce una desactivación del córtex cerebral: repetir constantemente una palabra ayuda a “dejar de pensar”. O, al menos, a desconectar del pensamiento consciente.

La capacidad de la palabra para comunicar emociones positivas no se limita al uso que de ellas hacemos para brindar apoyo a un amigo en situaciones difíciles. Podemos alentarnos a nosotros mismos utilizando las palabras adecuadas, del mismo modo que el uso derrotista del lenguaje puede bloquearnos a la hora de afrontar la resolución de un problema.

En el conocido como Informe monja –una serie de estudios sobre la vejez llevados a cabo por el grupo de trabajo del doctor Snowdon, experto en alzhéimer, con 678 monjas de la Escuela de las Hermanas de Notre Dame– se valoraba el uso del lenguaje positivo como uno de los factores que influyen en la salud cerebral.

2120 CON Psico01
ilustración de mikel jaso

En condiciones normales, los vocablos alarmantes se convierten en aliados. Tras escuchar la palabra “peligro” nos colocaremos en estado de alerta, atenderemos al riesgo hasta detectarlo y seremos menos vulnerables. Para que una expresión alarmante sea verdaderamente útil en la prevención del riesgo, antes tendrá que haber sido automatizada. El organismo tiene la capacidad de automatizar gran cantidad de información, mientras que los pensamientos instantáneos se generan en gran medida a través de la repetición de lo que nos decimos. Cuando los pensamientos se convierten en automáticos dejan de ser conscientes, sobrepasan la reflexión. La capacidad de automatizar carece en sí misma de criterios para reconocer si esta beneficia o no, y algo tan cotidiano como la palabra resulta un blanco fácil para los automatismos.

El uso del lenguaje en la vida cotidiana está sembrado de trampas de las que no somos conscientes y que determinan de manera inefable cómo sentimos y cómo nos sentimos. Quien se repite a sí mismo constantemente que es un desgraciado se siente desgraciado. Pensar “todo me sale mal” general malestar. Cada vez que se dice “todo me sale mal” o “siempre me pasa lo mismo” habría que plantearse el significado de las palabras “todo” y “siempre” para calibrar si realmente es así. Y sin embargo resulta frecuente la tendencia a la generalización y a la dicotomía, sin percatarnos de algo importante: si estas generalizaciones se convierten en pensamientos automáticos, se estrechará nuestra forma de percibir nuestra situación y nuestro entorno.

Se puede reeducar la manera de hablar. Se puede y se debe, si efectivamente se habla mal. Esto será la prioridad: observar cuál es nuestro estilo de comunicación, tomar conciencia de cómo es nuestro lenguaje y de los automatismos que hemos ido generando. Debemos identificar nuestras palabras trampa y nuestras aliadas, ya que no a todos nos sirven las mismas. Una vez identificados estos vocablos, debemos entrenar el lenguaje repitiendo palabras aliadas y evitando repetir las que son nocivas. A través de la repetición conseguiremos nuevos automatismos expresivos que generarán cambios en nuestra manera de pensar y de sentir; ­elementos indispensables para autorregularnos y aprender a dirigir más conscientemente nuestro comportamiento, sin rendirnos antes de sopesar las verdaderas expectativas de triunfo o fracaso. Cuando hablamos le estamos diciendo a nuestro organismo lo que tiene que sentir, estamos dándole instrucciones, estamos generando emociones.

Hable bien y se sentirá mejor.

 

 

Por: Lola Morón

Publicado en:  elpaissemanal.elpais.com

Vacio existencial…o terapia Gestalt

 

¿Como te sientes?…Nos pasamos la vida entera tratando de llenar desesperadamente un vacío interno que nunca conseguimos llenar. Un vacío que va más allá de tener “una pareja que me quiera”, “una casa nueva”, “un coche grande”, “un trabajo que me gusta”, “una biblioteca llena de libros” o “más de tres mil amigos en Facebook”.

Seguimos buscando fuera, el alimento que no conseguimos darnos a nosotros mismos. Y por eso llenamos nuestras agendas de actividades…y llenamos nuestro estómago de comida y bebida, nuestra cocina de utensilios varios, nuestros móviles de aplicaciones, el fin de semana de citas, nuestra maleta de ropa y cachivaches, nuestro curriculum de experiencias, nuestros pulmones de tabaco…nos llenamos una y otra vez para no sentirnos vacíos.

Y en el momento en que empezamos a atisbar ese vacío, volvemos a salir al mundo a llenarlo, o a permanecer en casa también llenándolo.

Hay quien llena su vacío con actividades “más saludables” (gimnasio, danzas terapeúticas, cine de autor, libros, música, paseos por el monte, amigos…) y quienes optan por algo “más tóxico” (bebidas espirituosas, drogas, glucosa, televisión, relaciones conflictivas…). En cualquier caso seguimos llenando inconscientemente “no sabemos qué” pero algo que incomoda, un vacío con el que no conseguimos estar, que nos queremos quitar de en medio, que llevamos pegado desde que éramos niños y que resulta ser un agujero insaciable.

No es fácil estar en el vacío, no es fácil sentir el vacío interno y no querer salir corriendo. En realidad, nadie nos enseñó a estar con nosotros mismos y a querernos sin nada más (vacíos). Por eso buscamos llenarnos con todo lo de fuera (incluyendo el reconocimiento y la mirada del otro) y nos empeñamos más en hacer que en ser, en demostrar que en liberarnos, en asegurar que en soltar.

Nadie nos dijo que este vacío podría traernos dicha. Que este vacío es el principio de todo, que es un vacío lleno de confianza, de amor, de verdad. Frtiz Perls decía que la Terapia Gestalt es la transformación del vacío estéril al vacío fértil. Y este es el fin del trabajo terapéutico, poderte vaciar de lo conocido, despojarnos de todas la mochilas que cargamos, de los patrones aprendidos, de los condicionamientos y des-identificarnos para que desde ahí surja una visión nueva y que de lugar a la creatividad.

Y tú, ¿cómo llenas tu vacío? 

 

 

Fuente: www.cuerpoygestalt.com

Desconocimiento de uno mismo y sufrimiento. Una relación proporcional

 

“El desconocimiento de uno mismo provoca mucho sufrimiento superfluo”. Esteban Fernández-Hinojosa es médico internista del hospital Virgen del Rocio de Sevilla. Médico de tradición y vocación humanista, su trabajo diario en una Unidad de Cuidados Intensivos le hace mirar todos los días cara a cara a la muerte y la angustia.

Hacía tiempo que queríamos hablar de temas considerados lóbregos y difícilmente abordables por una sociedad que intenta obviar todo lo que no puede digerir: la muerte, el dolor, la angustia… Por eso nos acercamos al doctor Esteban Fernández-Hinojosa, miembro de esa tribu cada vez más minoritaria que componen los médicos humanistas. Licenciado en Medicina y Cirugía por Facultad de Medicina de Cádiz (1985), optó por especializarse en Medicina Intensiva, por lo que durante casi 30 años ha tenido que vivir casi a diario situaciones extremas en las que la ciencia médica no es suficiente para sanar y consolar a personas que, en muchos casos, afrontan sus últimos días. De sus inquietudes humanísticas da buena prueba su blog, en el que practica un ensayismo muy pegado a las inquietudes del hombre y a los grandes retos de la medicina y la ciencia actual. Además, es autor de varios artículos y capítulos en revistas y libros de su especialidad. Actualmente, trabaja en el Hospital Virgen del Rocío.

-Cuidados intensivos… Debe ser duro.

-Muchísimo, no sólo por el esfuerzo físico e intelectual, sino porque tratas con un tipo de enfermo que está muy mal, que requiere un gran nivel de intervencionismo e invasividad…

-¿Se pierde sensibilidad hacia el sufrimiento?

-En absoluto, este trabajo te enseña que el ser humano no es sólo un cuerpo. Uno cae en la cuenta que hay otras dimensiones. He tenido la fortuna de poder acercarme a ellas y estudiarlas.

-¿Habla del alma?

-Hablo de la dimensión espiritual, social, cultural y ecológica del ser humano. Cuando se habla de una enfermedad se tiende a pensar sólo en la carne, cuando detrás de eso se esconden muchas otras cosas.

-El hombre actual niega la muerte, la esconde, hace como si no existiese.

-Hoy en día no tenemos razones para morir. La gran mayoría de las personas no se entregan a su vocación auténtica y, al final de su vida, siente que la han desperdiciado y que ya no tienen margen para recuperar el tiempo perdido. Eso produce en el moribundo una angustia. Sin embargo, el ser humano que se entrega a su vocación y la culmina encuentra razones para aceptar la muerte. Eso lo hemos olvidado hoy en día.

-¿Se sabe algo sobre lo que hay después de la muerte?

-La ciencia ni sabe ni puede saber qué hay tras la muerte. Desconocemos completamente qué ocurre. A partir de ahí, hay narraciones literarias y religiosas que pueden ayudar a salir de la angustia que supone ese desconocimiento.

-¿Una fe religiosa ayuda a aceptar la muerte?

-La creencia en el más allá puede ayudar a ciertas personas, pero no ocurre siempre. Volvemos a lo de antes: hay personas que tienen una fuerte fe religiosa que, por no haber desarrollado su vocación, llegan al final cargados de deudas y sienten la angustia de la muerte.

-Antiguamente existían los tratados del buen morir. Había una preparación para la muerte. Ya sé que suena un tanto extraño, pero quizás habría que recuperar algún tipo de enseñanza para afrontar ese momento decisivo y final.

-Ese concepto de “buen morir” es cristiano. La gran ayuda que da esta religión es la confesión de los pecados, que es una manera de redimir los errores y tranquilizar el alma. El problema es que antes había muchos creyentes sinceros, pero actualmente hay muy pocos.

-¿Alguien se le ha confesado en sus últimos momentos?

-El enfermo grave, cuando está lúcido, suele confesarse, aunque ya no se le llama así. Te comenta sus problemas, sus angustias, sus necesidades. Todo médico que muestre un poco de compasión -lo que ahora se llama empatía- lo ha experimentado alguna vez. Una de las obligaciones de un buen médico es estar ahí, escucharlo, estar a su lado…

-¿Y eso se enseña en las facultades de Medicina?

-No. Eso depende mucho de las inquietudes de cada médico, de tu propia trayectoria vital… La carrera de Medicina es meramente técnica y te enseña sólo patología, diagnóstico y tratamiento. Ni siquiera se trata la estructura antropológica del ser humano.

-En La casa encendida, Luis Rosales dejó escrito que “Las personas que no conocen el dolor son como iglesias sin bendecir”. ¿El dolor imprime carácter?

-Tengo ese poemario recitado por él grabado en un CD. El dolor humano es natural, inexorable, porque la existencia es dura y, a veces, tenemos que beber del cáliz ácido de la vida. Este dolor, incluso, te puede ayudar a reflexionar y a crecer. Pero luego está ese otro sufrimiento superfluo que crea la mente, los miedos, los hábitos inconscientes que todos portamos y que son peligrosísimos. Ese sufrimiento no está al servicio del crecimiento del hombre, sino, muy al contrario, terminan por oscurecerlo.

-¿Y qué es lo que provoca ese sufrimiento superfluo?

-En general el autodesconocimiento de uno mismo. Todo ser humano, desde que nace, está calibrado por dos cuestiones fundamentales: su genética y su cultura. Esto va a determinar, sobre todo en los primeros años, los hábitos interiores de cada cual. Pero hay una tercera cuestión, la dimensión consciente, gracias a la cual uno es capaz de afrontar y explorar los miedos, las malas palabras que nos habitan porque un día nos las introdujeron. Podemos modelar ese mundo interior para afrontar con más deportividad la vida. Pero para eso es importante el autoconocimiento.

-¿Qué opina de la sedación extrema? Fue un debate muy candente hace no tanto.

-Ya Santo Tomás aprobaba que había que sedar al enfermo moribundo con dolor para mejorar su situación, aún sabiendo que como efecto colateral vendría la muerte. Lo que los teólogos del medievo no aceptaban, con razón, es sedar para producir inmediatamente la muerte. Ése es un capítulo muy delicado y difícil de entender. Evidentemente, el final de la vida hay que afrontarlo de la mejor manera que conozcamos en cada momento. En ese sentido, he de decir que la Ley Andaluza de Limitación del Esfuerzo Terapéutico es muy avanzada y positiva, porque cuenta con el paciente y sus inquietudes, y obliga al médico a consultar con la familia y su equipo, incluida la enfermería. Es asombroso el grado de delicadeza con el que se trata en Andalucía el final de la vida, al menos en el lugar donde yo trabajo, el Hospital Virgen del Rocío.

-¿Y la eutanasia?

-No me parece correcta. Probablemente, en esto intervienen mis creencias, mi educación, mi entorno íntimo. Pero insisto, el modelo actual andaluz es de lo mejor que hay.

-¿Sirve para algo el dolor? Nos hemos criado en una religión en la que hay personas que glorifican el dolor… Lo consideran purificador…

-Al final de la vida, cuando el ser humano está en sus últimos momentos, el dolor tiene poco sentido. Por lo que he visto y vivido, el dolor no tiene un sentido trascendente.

-¿Y científicamente, podemos ya evitar el dolor a cualquier persona en estado terminal?

-El dolor y la asfixia, que son los dos grandes problemas de la agonía, ya se pueden paliar muy bien mediante la sedación y la analgesia disponible.

-Siento la deriva lúgubre de esta primera parte de la conversación, pero no siempre se puede hablar de las rosas. Usted pertenece a ese grupo cada vez más minoritario d e los médicos humanistas.

-El humanismo es absolutamente necesario en la profesión médica. Cuando llevas treinta años viendo enfermos te das cuenta de que hace falta algo más que la tecnociencia. El ser humano necesita recuperar la medicina de los hombres libres, médicos que sean capaces de acompañar a las personas en momentos de gran tribulación. El hombre actual se ha quedado a la intemperie y necesita de estas cosas.

-Me consta que es usted un lector voraz. El médico es una de las grandes figuras de la literatura de todos los tiempos. También han existido grandes médicos escritores.

-En España hay dos grandes figuras indiscutibles al respecto: Marañón y Pío Baroja…

-Pero Pío Baroja, al contrario que Marañón, huyó de la Medicina…

-Sí, pero su condición de médico enriquece toda su obra. Si se lee entre líneas, uno se da cuenta de que siempre está presente.

-¿Y Chéjov, el médico-escritor por excelencia?

-La poética de su narrativa me llama especialmente la atención. Aunque no de forma explícita, su obra recoge muy bien las distintas dimensiones del hombre de las que hablábamos antes. Habla del ser humano en toda su amplitud antropológica, y eso es importante para un médico.

-Un gran libro sobre la agonía y la angustias del fin es La muerte de Ivan Ilich, de Tolstoi.

-Sí, es un libro que recoge muy bien la necesidad de solucionar ciertos problemas antes del fin de la vida. Es de lo que trabábamos antes.

-¿Pasamos demasiado tiempo en los hospitales?

-Sí, se ha patologizado la fisiología…

-Explíqueme eso.

-Al mínimo disconfor, al mínimo dolor, queremos ser vistos por el médico para que nos mande un tratamiento: píldoras para un pequeño dolor, píldoras ante el estrés, píldoras para ir al cuarto de baño, píldoras para dormir… Se abusa de la medicación. Queremos dormir, olvidar, estar siempre en el más completo confort… Pero al estar empastillado uno se introduce en la dimensión del sueño y no tiene capacidad de reflexión, de saber por qué tiene insomnio, de por qué está estresado, porque sus intestinos están descompensados…

-¿Y qué hacer?

-Como decía Pascal, el individuo debe ser capaz de estar tranquilo en su habitación, sentado en una silla, sin moverse, durante un buen rato. Reflexionar sobre sí mismo.

-La vida laboral de hoy no permite ese relax, exige una continua tensión.

-Eso es cierto, las circunstancias son las que son. Pero hay que saber enfrentarse a ellas, recapitular continuamente y saber cuando hay que cambiar.

-Qué opina del mindfulness, esa técnica de relajación tan de moda en la actualidad. Algunos dicen que es autoayuda de garrafa.

-He estudiado los trabajos científicos sobre el mindfulness y puedo decir que avalan esta técnica. Sencillamente, el mindfulness es una técnica que te ayuda a pararte, a focalizar la atención sobre la respiración y el latido del corazón. Esto tiene unas repercusiones neurológicas muy positivas, lo cual está absolutamente comprobado científicamente y publicado.

-Saber prestar atención…

-Históricamente no hemos valorado la atención, cuando la atención es la gran virtud del ser humano elevado. Lo que diferencia a un hombre sabio de otro que no lo es es su capacidad de atender lo que tiene entre manos. El mindfulness enseña a no tener la mente dispersa, que es cuando se cometen los errores. El sentido último de la palabra pecado es “la mente que comete errores”. El sentido último de los ejercicios espirituales de todas las religiones no es poner la mente en blanco, algo que no se puede hacer, sino concentrar toda la atención en un punto. Toda la tradición psicoanalítica está centrada en localizar las sombras, los problemas interiores, las heridas, simplemente atendiendo a ellas. Ahora bien, otra cosa es el mercadeo que se ha organizado alrededor del mindfulness.

-Actualmente están causando furor libros como Biografía del silencio, de Pablo d’Ors.

-Tengo una cierta amistad con él. D’Ors recupera, de alguna manera, la tradición del Monte Athos: el silencio, la meditación, la respiración… En su Biografía del silenciobusca, en primer lugar, aquietar la mente, centrar la atención; en segundo, aquietar el cuerpo, relajarlo, y, en tercer lugar, atravesar las sombras, ponerse en contacto con el interior, con las heridas, con los problemas de vínculos y relaciones….

-¿Pero cuáles son esas sombras?

-Normalmente están vinculadas a las relaciones que hemos tenido con las personas que nos han acompañado: padres, hermanos, amigos, vecinos, compañeros de trabajo… La calidad de esos vínculos son los que determinan en gran parte las heridas que portamos, las sombras que desencadenan la ira, el rencor… que nos llevan a la enfermedad. El significado profundo de la palabra salud es “salvación”. Es imposible vivir en paz con esas heridas.

Por:Luis Sánchez Moliní

Publicado en: http://www.diariodesevilla.es

La sociedad de la depresión: ser feliz como mandato

 

«Vivimos en la sociedad de la depresión generalizada donde ser feliz es un mandato».  Manuel FErnández Blanco es psicoanalosta.  Defiende que la globalización provoca el levantamiento de fronteras.

En un mundo cada vez más globalizado, donde podemos comunicarnos, viajar, o comprar productos de cualquier parte del mundo, las fronteras parecen cada vez más grandes. Trump habla de construir un muro, Reino Unido decide romper su matrimonio con Europa y volar solo, y esta última firma un pacto con Turquía para cerrar el paso a los refugiados que huyen de la guerra. Una situación paradójica que Manuel Fernández Blanco, psicoanalista gallego miembro de la Escuela Lacaniana del Psicoanálisis y psicólogo clínico en el Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña, abordará esta tarde en una conferencia en el Museo San Telmo de Donostia (19.30h). La charla, que lleva el título de ‘El sujeto y la felicidad: Globalización y segregación’ está organizada por el Seminario del Campo Freudiano en San Sebastián.

 

– ¿Es cierto eso de que las personas somos felices con el amor, la amistad y disfrutando de las pequeñas cosas de la vida?

– Hay mucho más. El gran descubrimiento del psicoanálisis es que en todo ser humano habita una satisfacción que organiza la repetición en nuestras vidas, y que se aprecia muchas veces en la queja o en el sufrimiento. Todos repetimos situaciones de las que protestamos. Por ejemplo, un hombre o una mujer puede estar quejándose de su pareja toda la vida, al mismo tiempo que permanece con ella.

– ¿Somos, por tanto, personas insatisfechas?

– El síntoma de la insatisfacción es el resultado de un conflicto entre las tenencias y los ideales del sujeto: ‘Estoy casado, pero me gusta ese de ahí’. Buscamos continuamente objetos que nos satisfagan. Las parejas duran poco porque no se obtiene la satisfacción que se busca. El problema es que el ser humano no es capaz de entender que eso que anhela es inalcanzable, y busca continuamente la novedad. Por ejemplo, cuando nos compramos un smartphone nuevo, no lo hacemos por el móvil en sí, sino porque es la novedad, que además es caduca, porque pronto querremos otro mejor y más nuevo. Es la voracidad del neoliberalismo, del consumismo.

– Usted apunta que ser feliz en la cultura neoliberal actual es un mandato, una obligación.

– Hasta no hace mucho tiempo ser feliz no estaba en los planes de la mayoría de la gente. Si le preguntásemos a un campesino de le Edad Media si quisiera ser feliz seguramente nos miraría incrédulo, ya que su único objetivo sería el de poder comer al día siguiente. Eso ha cambiado radicalmente. Hoy en día ser feliz es obligatorio, y si no se consigue, sentimos que hemos fracasado en nuestro proyecto vital. Antes la culpa venía si uno gozaba de un modo inadecuado, pero ahora tenemos que optimizar nuestras vidas, tener éxito, y si no, nos hacemos culpables de nuestros fracasos. Por esa razón vivimos en la sociedad de la depresión generalizada, que además provoca una exacerbación del individualismo.

– ¿Es por ello que la mayoría de la gente muestra su vida en las redes sociales, para demostrar al resto y a sí mismos que son felices?

– Es tanto una necesidad como una imposición de la sociedad. Solo existes si te ven, si estás en una pantalla. Antes se pensaba que para ser feliz era mejor no mostrar ciertas cosas de nuestras vidas, pero ahora existe una tendencia imparable de llevar lo íntimo al exterior. Esto provoca irremediablemente la muerte de la privacidad, algo que en algunas ocasiones resulta muy peligroso.

– ¿Por qué dice que la búsqueda de la felicidad del sujeto provoca la segregación generalizada?

– La civilización ha cambiado mucho, y los ideales han caído, las creencias que antes teníamos ya no existen. En lugar de ese ideal ahora ha llegado el objeto de goce, y mientras que el ideal colectivizaba, el goce segrega. Ahora solo queremos estar los mismos con los mismos según nuestro modo de goce, o estilo de vida. Pero es que además las personas están cada vez más solas, incluso en sus hogares están solos con sus objetos, como internet. Con la globalización el individualismo se extrema.

– Y por tanto el racismo.

– Estamos retornando al racismo y la xenofobia más clásicos. La definición más corta y precisa del racismo actual sería: ‘El rechazo a que otro viva de un modo diferente a nosotros’. Lo curioso es que si ese alguien está lejos puede fascinarnos su modo de vida, es lo atractivo del exotismo. Pero si está en la habitación de al lado lo sentimos como una amenaza a nuestro yo. Pensamos que no goza adecuadamente y que lo hace a nuestra costa.

– Señala que el racismo ya no necesita nutrirse de una ideología. ¿Tampoco en el caso del yihadismo?

– Tampoco. El yihadismo tiene su asiento fundamental en la fraternidad como mecanismo de segregación. Los jóvenes que se radicalizan en Europa son un ejemplo. Generalmente, en las familias islámicas criadas en occidente el hermano mayor toma el mando por encima del padre, que ha perdido su fuerza por la marginación de la sociedad. Si nos fijamos en los últimos grandes atentados como el de Bataclán o el de Bruselas, vemos que entre los autores había grupos de hermanos. ¿Por qué? Porque al borrarse la autoridad del padre nace un odio hacia la sociedad que lo ha discriminado. Esto les conduce a una sociedad de hermanos sin padres cuyo objetivo es matar, pero también morir.

– Y en frente están resurgiendo los nacionalismos y los partidos de extrema derecha cuyo mensaje está calando en la sociedad.

– Estos nuevos líderes atacan igualmente a la inmigración y a Europa. Vivimos en la época de la política de las cifras, las estadísticas y las normas. Ellos se revelan contra esto y es por eso que tienen tanta audiencia. Están amenazando desde dentro al freno de la repetición de lo ocurrido en el siglo XX, que ha sido el más terrible para la humanidad.

– ¿Cómo frenar ese avance de los nacionalismos?

– Lo que ocurre es que muchos de los que votan a la extrema derecha no lo dicen, y en nosotros habita una tentación por votar contra lo bueno. No olvidemos que el nazismo sedujo e hipnotizó a millones de personas, y que Hitler llegó al poder sin necesidad de un golpe de estado, sino con los votos de la gente. Si triunfan los nacionalismos nada garantiza que no vaya a darse un enfrentamiento entre naciones.

 

Por: Aiende S. Jiménez

Publicado en : www.diariovasco.com

El espejo de la vida

 

Buda decía: somos el resultado de nuestros pensamientos. Gandhi afirmaba que una persona no es más que el producto de lo que piensa. Cada vez más filósofos, intelectuales y maestros espirituales hacen hincapié en nuestra capacidad de creación con nuestro pensamiento.

espejos-arte-300x300

Si yo creo con el pensamiento y me esfuerzo en depurar mis pensamientos y en tener pensamientos positivos, ¿por qué se me manifiestan cosas desagradables en mi vida?

Esto tiene mucho que ver con el iceberg de la personalidad, si asumimos que un 7% es el consciente y el otro 93% restante es el inconsciente, estamos creando de forma inconsciente. Es como un barco enorme que va navegando a la deriva sin capitán, por mucho que un marinero (nuestra parte consciente) se dedique a remar en una dirección. Por eso no merece la pena obsesionarse con controlar y seleccionar nuestros pensamientos porque nuestro inconsciente seguirá dominando nuestra vida. Es decir, no tenemos ni idea de quien somos.

Por eso los procesos de ampliación de la consciencia, que no es otra cosa que bajar la raya del mar del iceberg y que más parte del mismo salga a la superficie son procesos deseables y la vida está continuamente llevándonos a procesos de ampliación de la consciencia. Cuando nos abandonamos al “fluir” de la vida estamos entrando paulatinamente en procesos expansivos de ampliación de la consciencia. La vida nos está llevando continuamente a ver quién somos.

 

“Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y tú le llmarás destino” – Carl Jung –

La vida nos provee de una herramienta muy potente para nuestro autoconocimiento que es el espejo de las relaciones humanas. Todas las personas con las que nos relacionamos y que parecen en nuestras vidas son una parte de nosotros y nos están haciendo de espejo de quien somos. Ningún encuentro es casual, la vida siempre me está enseñando lo que tengo dentro de mí, aunque a veces no sea agradable. La vida siempre está mostrándome mis creencias inconscientes acerca de mí mismo, así que si inconscientemente no me valoro, se manifestaran fuera, en el teatro de mi vida, múltiples personajes que no me valoren.

 

Las reglas de “matrix”

Se manifestará fuera, en el teatro de mi vida, mi belleza interior, pero también mis miedos más profundos y mis traumas y heridas emocionales. Todo lo que ocurre fuera es una manifestación de mi inconsciente y todo está relacionado conmigo.iceberg

Por eso no tiene mucho sentido apartarse de unas personas u otras, porque al tratarse de tus manifestaciones inconscientes te volverás a encontrar con la misma situación en otro formato, en otro escenario porque al fin y al cabo esa situación está en tu interior. Son las reglas de “matrix”.

Si tú no te amas, el mundo te devuelve rechazo y da igual la persona o el escenario. La vida, en un infinito acto de amor, te está poniendo delante de tu miedo al rechazo para que puedas abrazar esa parte de ti, abrazarla con ternura y trascenderla.

En una ocasión fui a dar una conferencia y en mi conferencia apenas había gente en paralelo en otra sala transcurría la conferencia de alguien muy flojo, (o que yo consideraba muy flojo y superficial, hablando del mismo tema) su sala estaba llena. Yo pataleaba, no podía entender como alguien con un mensaje tan superficial podía tener público y yo que navegaba en las profundidades del ser y ofrecía respuestas reales, apenas tener acogida. En aquel momento no fui capaz de verlo, ahora entiendo que era la vida mostrándome mi miedo al rechazo y mi necesidad de reconocimiento. Tenía tanto miedo a que no se me valorase que estaba creando esa situación, evidentemente si alguien me preguntase a nivel consciente estaba segura de que los contenidos de mi conferencia eran potentes y yo sentía que me auto-valoraba. Pero la situación poco o nada tenía que ver con mi profesionalidad o contenidos, sino con mi miedo inconsciente a no ser reconocida y la situación era perfecta para poder verlo.

Hace muchos milenios que la humanidad conoce su poder creador, la tabla esmeralda un texto críptico, escrito sobre una piedra, data del año 3000 antes de Cristo se le atribuye al mítico Hermes Trimegisto y en ella describe los principios de funcionamiento del universo. En el principio de correspondencia postula que como es arriba es abajo, como es dentro es fuera. Que es lo mismo que decir que la vida es un espejo.

En el año 1908 se publicó el Kybalion por los tres iniciados, mantuvieron su nombre en anonimato porque la sociedad no estaba preparada para hablar de esto de forma abierta, como hacemos ahora. En el Kybalion reiteran los principios del hermetismo.

La vida es un espejo de nuestros juicios y creencias, de nuestro inconsciente o de aquello que necesitamos para nuestra evolución y desarrollo.

“No vemos las cosas como son, sino como somos” Krishnamurti

“Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos” F. Pessoa

“Siempre estoy frente a mí mismo y no soy consciente de ello” Covadonga

 

 

 

Fuente: http://www.tunuevainformacion.com

Por Covadonga Pérez Lozana

 

 

Anestesiarte frente al dolor es renunciar al amor

 

Aunque el sufrimiento y el dolor no son lo mismo, intentamos evitar ambas experiencias. Sin embargo, evitar el dolor no es una buena idea, ya que es un proceso natural por el que tenemos que pasar ante situaciones que nos entristecen o nos causan malestar. Todos, en algún momento, hemos pasado por el sufrimiento y lo hemos alimentado, cuando lo único que teníamos que hacer para deshacernos de él era entregarnos al dolor durante el tiempo que necesitábamos.

El dolor nos sirve para crecer y desarrollarnos, y el sufrimiento para estancarnos. Por eso es importante diferenciar uno de otro. Puesto que entrar en el dolor supone vivenciar la experiencia, sentir la emoción, para finalmente dejarla ir y liberarla de forma natural.
Mujer estancada en el agua

El sufrimiento aparece con la negación del dolor y con el distanciamiento emocional. Impedimos que nuestra herida pueda curarse y cicatrizar, nos estancamos convirtiendo nuestro dolor en un sufrimiento innecesario. Darnos permiso para sentir el dolor, sin recrearnos necesariamente en él, nos permite afrontar la experiencia y seguir avanzando, además de impedir que nos estanquemos en el sufrimiento.

 

Hay momentos por los que pasamos que han podido resultar tan dolorosos, que han hecho que desarrollemos un mecanismo especializado para desconectarnos de nuestra emoción, de nuestro cuerpo, y enfriarnos para evitar entrar donde ya sufrimos. Esto puede llegar incluso a la disociación, cuando no somos capaces de aceptar la realidad por el impacto emocional que nos supone.

Resultado de imagen para corazon partido

Cuando existe la posibilidad de que se produzca una situación desagradable parecida a la que tenemos archivada en nuestro historial de experiencias, nuestro sistema de supervivencia nos protege. En la trastienda de esa protección artificial se esconden nuestros miedos más angustiosos, como el temor al abandono, a la soledad y al rechazo.

Esta evitación y enfriamiento a experimentar ciertas situaciones que nos ponen en alerta, pueden estar determinando nuestras vidas:

  • Evitando el riesgo que supone amar.
  • La inseguridad de confiar en quienes están a nuestro alrededor.
  • Relacionarnos con precaución quedándonos en la superficialidad.
  • Mantener relaciones en las que principalmente nos mueve el interés, de lo que podemos conseguir de las personas, utilizándolas como instrumentos para nuestros fines.
  • Crearnos un universo hostil, en el que reina la supervivencia y la competitividad.
  • Falta de confianza en sí mismo: complaciendo, buscando el reconocimiento y evitando expresar las propias necesidades.

 

Fuente: La mente es maravillosa

Publicado en: utopico.co

 

Anteriores Entradas antiguas