El espejo de la vida

 

Buda decía: somos el resultado de nuestros pensamientos. Gandhi afirmaba que una persona no es más que el producto de lo que piensa. Cada vez más filósofos, intelectuales y maestros espirituales hacen hincapié en nuestra capacidad de creación con nuestro pensamiento.

-Pero si yo creo con el pensamiento y me esfuerzo en depurar mis pensamientos y en tener pensamientos positivos, ¿por qué se me manifiestan cosas desagradables en mi vida?

Esto tiene mucho que ver con el iceberg de la personalidadsi asumimos que un 7% es el consciente y el otro 93% restante es el inconsciente, estamos creando de forma inconsciente. Es como un barco enorme que va navegando a la deriva sin capitán, por mucho que un marinero (nuestra parte consciente) se dedique a remar en una dirección. Por eso no merece la pena obsesionarse con controlar y seleccionar nuestros pensamientos porque nuestro inconsciente seguirá dominando nuestra vida. Es decir, no tenemos ni idea de quien somos.

Lago sagrado. Kardung-la. Ladhak (India). Yolanda Jiménez

 

Por eso los procesos de ampliación de la consciencia, que no es otra cosa que bajar la raya del mar del iceberg y que más parte del mismo salga a la superficie son procesos deseables y la vida está continuamente llevándonos a procesos de ampliación de la consciencia. Cuando nos abandonamos al “fluir” de la vida estamos entrando paulatinamente en procesos expansivos de ampliación de la consciencia. La vida nos está llevando continuamente a ver quién somos.

La vida nos provee de una herramienta muy potente para nuestro autoconocimiento que es el espejo de las relaciones humanas. Todas las personas con las que nos relacionamos y que parecen en nuestras vidas son una parte de nosotros y nos están haciendo de espejo de quien somos. Ningún encuentro es casual, la vida siempre me está enseñando lo que tengo dentro de mí, aunque a veces no sea agradable. La vida siempre está mostrándome mis creencias inconscientes acerca de mí mismo, así que si inconscientemente no me valoro, se manifestaran fuera, en el teatro de mi vida, múltiples personajes que no me valoren.

 

Las reglas de “matrix”

Se manifestará fuera, en el teatro de mi vida, mi belleza interior, pero también mis miedos más profundos y mis traumas y heridas emocionales. Todo lo que ocurre fuera es una manifestación de mi inconsciente y todo está relacionado conmigo.

Por eso no tiene mucho sentido apartarse de unas personas u otras, porque al tratarse de tus manifestaciones inconscientes te volverás a encontrar con la misma situación en otro formato, en otro escenario porque al fin y al cabo esa situación está en tu interior. Son las reglas de “matrix”.

Si tú no te amas, el mundo te devuelve rechazo y da igual la persona o el escenario. La vida, en un infinito acto de amor, te está poniendo delante de tu miedo al rechazo para que puedas abrazar esa parte de ti, abrazarla con ternura y trascenderla.

En una ocasión fui a dar una conferencia y en mi conferencia apenas había gente en paralelo en otra sala transcurría la conferencia de alguien muy flojo, (o que yo consideraba muy flojo y superficial, hablando del mismo tema) su sala estaba llena. Yo pataleaba, no podía entender como alguien con un mensaje tan superficial podía tener público y yo que navegaba en las profundidades del ser y ofrecía respuestas reales, apenas tener acogida. En aquel momento no fui capaz de verlo, ahora entiendo que era la vida mostrándome mi miedo al rechazo y mi necesidad de reconocimiento. Tenía tanto miedo a que no se me valorase que estaba creando esa situación, evidentemente si alguien me preguntase a nivel consciente estaba segura de que los contenidos de mi conferencia eran potentes y yo sentía que me auto-valoraba. Pero la situación poco o nada tenía que ver con mi profesionalidad o contenidos, sino con mi miedo inconsciente a no ser reconocida y la situación era perfecta para poder verlo.

Hace muchos milenios que la humanidad conoce su poder creador, la tabla esmeralda un texto críptico, escrito sobre una piedra, data del año 3000 antes de Cristo se le atribuye al mítico Hermes Trimegisto y en ella describe los principios de funcionamiento del universo. En el principio de correspondencia postula que como es arriba es abajo, como es dentro es fuera. Que es lo mismo que decir que la vida es un espejo.

En el año 1908 se publicó el Kybalion por los tres iniciados, mantuvieron su nombre en anonimato porque la sociedad no estaba preparada para hablar de esto de forma abierta, como hacemos ahora. En el Kybalion reiteran los principios del hermetismo.

La vida es un espejo de nuestros juicios y creencias, de nuestro inconsciente o de aquello que necesitamos para nuestra evolución y desarrollo.

“No vemos las cosas como son, sino como somos” Krishnamurti

“Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos” F. Pessoa

“Siempre estoy frente a mí mismo y no soy consciente de ello” Covadonga

Fuente: http://www.tunuevainformacion.com
Por Covadonga Pérez Lozana

Personas que aman demasiado

¿Puede medirse el amor? ¿Cuanto es demasiado? ¿Sientes tu balanaza desequilibrada entre lo que das y lo que recibes? Cuando nos apegamos a alguien generando dependencia, perdemos la propia iniciativa; merma nuestra valía personal y se ponen en marcha mecanismos que debilitan nuestra autoestima. Para conseguir un estado personal óptimo y lograr establecer relaciones equilibradas, es saludable prestar atención a esta cuestión. A continuación comparto un artículo que he encontrado  sobre este tema, titulado “Las mujeres que aman demasiado”. Me permito ampliar su sentido a todas las personas que aman, mujeres u hombres:

 

El apego emocional de una mujer con baja autoestima conduce a despreciar a los hombres buenos y sentirse atraída por los inestables. Claves sencillas para salir de esa situación, que es casi una droga

(C) Yolanda Jiménez

¿Cómo se puede amar demasiado si se supone que la medida del amor es amar sin medida? Cuando el amor nos genera un sufrimiento el cual es resultado de una relación tóxica -venenosa-, entonces estamos amando demasiado.

Años atrás y siendo yo una mujer con personalidad codependiente en vías de sanación, leí un libro -“Mujeres que aman demasiado” de la autora Norvin Norwood- que me pareció fabuloso porque me abrió los ojos respecto a patrones de conducta tóxicos que había tenido en algunos momentos de mi vida. Se me vino abajo esa creencia que muchas mujeres tienen -que en su momento yo también tuve-  sobre no tener suerte para el amor o que invariablemente les llegan “patanes” a sus vidas. Esto es una total falacia, es mentira.

No es cosa de suerte ni de que no lleguen buenos hombres, sino de saber elegir a la pareja correcta. Los hombres buenos sí llegan. Es más, ellos pueden estar rondándolas, pero ellas no los sabrán reconocer ni los elegirán porque no es el tipo de “caballeros” al que están acostumbradas ni la clase de hombres que les llame la atención. Esta es la única verdad, que no han sabido escoger. Y lo más triste es que si ellas no sanan interiormente, ese seguirá siendo su patrón al elegir pareja, hombres tóxicos.

¿Parece que los hombres buenos aburren?

Aún más peligroso es que en el caso de que llegaran a tener una relación con un hombre sano, o por lo menos más hacia el lado de la estabilidad emocional, este les parecerá aburrido y pronto lo mandarán a freír espárragos porque les parecerá bobo y fastidioso. ¿Por qué? Tiene toda la lógica, no es lo que conocen, no es a lo que están habituadas e inconscientemente necesitan de esa adrenalina que los malos tratos, los insultos y otros tantos comportamientos tóxicos y hasta degenerados le genera. En pocas palabras, un hombre que brinde paz, tranquilidad, serenidad y todo aquello que parezca armonía ¡guácala, qué hastío!

Hay ciertas características que predominan en la mujer que ama demasiado.

  • Necesidades emocionales no satisfechas. Proviene de un hogar disfuncional -no necesariamente de padres divorciados- que no las satisfizo lo que le generó crecer con profundas heridas emocionales.
  • Dado a que tuvo abandono emocional desde pequeña, le tiene pánico a la soledad y al abandono. Por lo tanto, hará lo que sea, incluso perder su dignidad, con tal de que la relación “con su hombre” no termine, que él no la deje.
  • Hace todo y de todo por complacer -no solo a su hombre- a quien sea con tal de mendigar una migaja de cariño y ternura. Como está acostumbrada a no tener amor, lo que le den ya es ventaja.
  • Personalidad controladora. Como ella está insatisfecha afectivamente, busca hombres necesitados como ella. De esa manera ella da lo que le gustaría recibir y siente tener el control de la relación.
  • El hombre ecuánime o equilibrado le aburre. Huyen de los hombres buenos y estables. Se le hacen aburridos porque no le generan esa adrenalina y esa excitación a la cual ya está acostumbrada. No la atraen los hombres que son amables, estables, confiables y que se interesan por ella. Los hombres reto sí porque la hacen reaccionar. Como no tuvo unos padres tiernos ni cariñosos tiene la creencia de que con su amor sí puede hacer cambiar al hombre. Por supuesto que se pone mal y reacciona cuando estos no se dejan cambiar.
  • Complejo de la Madre Teresa. Se siente la “salvadora” de su hombre. Hace todo y de todo por ayudar al varón en turno. No hay dinero que le ajuste ni nunca es suficiente la ayuda con tal de que él se sienta socorrido y que ella es la heroína. Incluso, no le importa perder salud y dinero, dignidad… Nada.
  • La culpa y ella son una misma. Es quien más perdón pide en la relación, no por buena, sino por “necesitada” y por miedo. La mayor carga o responsabilidad de la relación la lleva ella a cuestas. La culpa y los reproches se los hace personales. “Fui yo, todo por mí, si yo hubiera hecho eso o aquello… Fue mi culpa…”
  • De la autoestima sana ni hablar. ¡No tiene! Cree que le hacen el favor de quererla. No se cree merecedora de la felicidad y mucho menos del amor. Está convencida que debe trabajar muy duro para obtener el derecho a ser feliz, peor aún, de que la amen. No sabe reconocer sus talentos.
  • Manipuladora y controladora. Tiene una necesidad descontrolada por controlar y tener el mando, pero lo hace de una manera suave para que su pareja o los demás no lo capten. Como generalmente no logra tener el control, puede llegar a desarrollar trastornos alimenticios como bulimia y anorexia.
  • Es una mujer insegura porque no tuvo bases sólidas de amor desde su niñez. Su afectividad está muy dañada y por medio de gritos silenciosos pide auxilio. Se siente víctima del mundo y ese papel, en muchos casos, le ha resultado bien.
  • Sueña con el príncipe azul que la rescate. Elige hombre con personalidad salvadora lo que le hace estar con él por las razones equivocadas. Es decir, por necesidad y no por amor.
  • Va por la vida fingiendo que todo está perfecto con ella y que no pasa nada, pero en el fondo vive con tristeza y desolación.
  • Vive una relación ficticia, vive más de sueños que de realidades. Tiene expectativas de cómo le gustaría que fuera su relación porque su relación real en el fondo no le gusta y le duele y sufre.
  • Desarrolla una adicción a los hombres, al dolor y a la inestabilidad emocional. Está acostumbrada a este tipo de adrenalina y que los hombres “sanos” no le producen. Como cualquier adicto, necesita de ella. Son mujeres con episodios de dolor y tristeza y prefiere la descarga de adrenalina que le proporciona la relación inestable a hacerse responsables de su propio dolor.
  • Prefiere involucrarse con hombres a quienes les pueda resolver la vida, así evita hacerse responsable de su propia vida.

La guerrera que llevan dentro

(C) Yolanda Jiménez

Es importante saber que cuando la mujer que ama demasiado decide despertar y tomar el control de su propia vida se convierte en una maravillosa e imparable guerrera de la vida. Se le abren puertas por doquier y si no, ella misma se las abre. Y si además es una mujer que vive y lucha por vivir conforme a sus valores morales, será una mujer que dondequiera tendrá cabida y el éxito asegurado.

Quizá llegue a ser envidiada por otras de su género, pero es sólo porque las otras mujeres no han sabido salir de sus madrigueras ni han descubierto el cómo ser valientes para escapar con vida de esa toxicidad en la que viven como le hizo ella, para experimentar esa metamorfosis interior que hoy la hace ser ese mujerón.

 

Soluciones

Para salir de ese apego emocional hay claves sencillas y útiles que se pueden practicar:

  • Trabaja con el espejo donde a diario te veas y en vez de criticarte descubre las maravillas y los milagros que hay en ti. Admira tu nariz, tus labios bien delineados, la luz de tu mirada, etc. y viéndote directa y profundamente a los ojos di tu nombre fuerte -aunque te sientas tonta-: Ana, te amo y te acepto tal y como eres.
  • Haz una pequeña oración, de preferencia por la mañana. Viaja a tu interior por medio de una respiración profunda. Dialoga con tu niña interior y dile: “Tranquila, mi niña. Ya mi chiquita, no tengas miedo porque ahora yo, Ana, el adulto, cuido de ti. Estás a salvo conmigo. Yo te protejo. Y a ti y a mí nos cuidan y nos protege el amor incondicional de Dios”.

 

El proceso de sanación interior es largo y doloroso, pero vale la pena recorrerlo. Porque solo así sabremos elegir pareja y compañía de manera sabia, por las razones correctas.

 

Fuente  https://es.aleteia.org/2017/08/31/mujeres-que-aman-demasiado/

El poder del contacto físico

Somo seres de piel y por lo tanto de contacto. En éste reside un gran potencial básico para sentir y expresar el cuerpo, las emociones, los afectos, la seguridad , la madurez, el aprendizaje, etc. En definitiva, el contacto físico es fundamental para la vida. Son muchas las evidencias que demuestran como condiciona la influencia de ejercer más o menos contacto físico. Desde el campo de las actuales terapias breves, se aborda como punto de partida en el conocimiento de uno mismo y de las relaciones que establecemos con los demás, con nosotros y con el mundo. En Terapia Gestalt, el contacto físico es la base en el desarrollo de la profundización terapéutica.

 A continuación,  comparto un artículo interesante sobre esta tema:

En 1945, el médico austriaco René Spitz estudió un orfanato que le ofrecía cuidados adicionales a los niños para asegurarse de que no contrajeran enfermedades. Los niños recibían alimentación y atención médica de primera calidad pero, con el fin de reducir su contacto con microbios, prácticamente no los tocaban. El enfoque fue un desastre. El 37 por ciento de los bebés murió antes de los 2 años.

Resulta que el contacto físico empático es esencial para la vida. El contacto físico cercano involucra emociones y contribuye a que se produzcan las conexiones del cerebro.

El poder de este tipo de contacto físico amoroso es perdurable. El famoso estudio Grant analizó a un grupo de hombres que habían asistido a Harvard en la década de los cuarenta. Los hombres que crecieron en hogares amorosos percibieron un 50 por ciento más de ganancias en el transcurso de su carrera profesional que aquellos que no recibieron tanto cariño. También padecieron muchas menos enfermedades crónicas y presentaron un índice menor de demencia en la edad avanzada. Un hogar amoroso era el mejor predictor de buenos resultados en la vida.

Así como el poder del contacto amoroso es sorprendente, el poder del contacto físico invasivo es terrorífico. Christie Kim, de la Universidad de Nueva York, analizó las investigaciones acerca de las víctimas de abuso sexual infantil. Esas personas experimentan altos niveles de ansiedad a lo largo de su vida; reportan mayores niveles de depresión durante décadas, así como un gran sentimiento de culpa. Son dos veces más propensas a volver a experimentar una victimización sexual.

Las personas pueden tener diversos tipos de interacción y experimentar distintas clases de maltrato durante cada año. Pero hay un aspecto único acerca del contacto físico positivo o negativo. El contacto físico emocional altera el corazón y el alma en formas, sobre todo, inconscientes. Tener apenas un atisbo de sus implicaciones puede requerir toda una vida de análisis.

Por esta razón, las culturas de todo el mundo han abordado el contacto físico emocional como algo aparte. Los griegos utilizaron la palabra “eros” para describir el impulso de tocar y con ella se referían a algo más grande y profundo que el mero placer sexual. “Los animales se reproducen y los humanos tienen eros, y no se puede abordar ninguna ciencia exacta sin hacer esta distinción”, señaló Allan Bloom.

Las religiones abrahámicas tratan el sexo como algo sagrado y hermoso cuando se hace bajo el amparo del amor y la ley, pero lo ven como algo trastornado y con el poder de destruir la paz cuando no se rige por dichas normas.

Durante los últimos cien años, más o menos, los pensadores vanguardistas de Occidente han trabajado para eliminar el aspecto vergonzoso del sexo, lo que en definitiva es algo bueno. Pero también han eliminado los mitos a su alrededor. Recientemente, Elizabeth Bruenig escribió en el Washington Post: “Uno de los principales resultados de la revolución sexual fue establecer que el sexo es igual que cualquier otra interacción social —no hay nada prohibido ni nada que merezca respeto—”. El sexo es visto como un asunto físico superficial y social, no como algo que altera el corazón y el alma.

Uno de los efectos involuntarios de esta desilusión radica en que se torna sencillo subestimar los riesgos inherentes a cualquier encuentro. Ahora se está criticando a la mujer que habló en un artículo sobre su cita con el comediante Aziz Ansari, pues lo que le ocurrió no se parecía a lo que pasó con las víctimas de Harvey Weinstein y Louis C. K. No había una dinámica de lugar de trabajo con una relación de poder y no hubo una evidente violación del consentimiento. Al parecer, la suposición reside en que, mientras haya consentimiento entre dos adultos, todo lo demás es aceptable.

Por supuesto que esa idea establece un límite muy bajo. Todo lo que sabemos acerca del contacto físico sugiere que, incluso teniendo plena autorización, la calidad emocional de un encuentro puede tener profundos efectos positivos o negativos. Si, en efecto, Ansari trató a la chica con frialdad o negligencia, es razonable pensar que la vergüenza que ella sintió solo era la superficie de una herida mucho más profunda. El sexo negligente y deshumanizante no es acoso, pero sí es otra de las formas de provocar un daño grave.

Un contacto físico emocional que resulta desilusionante también ocasiona que las personas subestimen la forma en la que las experiencias pasadas moldean la conducta. Dos escritores que admiro profundamente criticaron a la mujer que protagonizó el episodio con Ansari por no ejercer su voluntad. Si estaba incómoda, podía haberse vestido y subido a un taxi.

Pero así no funciona la voluntad. No se trata de una tarjeta que se pueda sacar del bolsillo y colocar sobre la mesa. Se aprende, no se nace con ella. Y una de las cosas que merma la voluntad con mayor fuerza es el daño sexual.

Abusar de la intimidad merma todos los cimientos de la voluntad: la autoestima, la resiliencia y la autosuficiencia (la creencia de que puedes controlar la situación). Una persona que vive inmersa en una cultura de encuentros supuestamente breves y apasionados es más propensa a no ejercer su voluntad si se siente incómoda. Es responsabilidad de su compañero ser sensible ante esta posibilidad.

Todo ser humano ha tenido mejores y peores experiencias. Todos nos equivocamos. Y yo detesto la manera en la que el sitio Babe, el que publicó la historia de la cita con Ansari, violó la privacidad de todos los involucrados en ese caso. Pero me parece que el inicio del sentido común es tomarse en serio el poder del contacto físico y considerarlo como algo que puede tener profundos efectos positivos y negativos.

Al parecer, mientras más diestros somos con los aspectos tecnológicos, más torpes nos volvemos en las relaciones sociales. Vivimos en una sociedad en la que la soledad, la depresión y el suicidio están al alza. Al parecer cada vez nos tratamos peor. El principio moral rector no es complicado: intenta tratar a los demás como si tuvieran corazones valiosos y almas infinitas. Lo demás llegará por sí solo.

Por  David Brooks

Fuente: www.nytimes.com

 

Tener o ser: Tú eliges

 

La necesidad de aprender a soltar, a perder el control en dominio, a dejar ir mediante el desapego a los objetos.

(C) Yolanda Jiménez

En su libro To Have or To Be? (1976), el psicólogo, psicoanalista y filósofo humanista Erich Fromm habla sobre la diferencia entre el estado de tener y de ser. En el primero, la naturaleza de la existencia se enfoca en la propiedad privada, en tanto obtener como coleccionar objetos y, como tal, se goza del derecho a reclamarlo: “El modo de tener excluye a otros; no requiere ningún otro esfuerzo de mi parte que mantener mi propiedad o hacer uso productivo de él”. En el segundo, “Ser significa renovarse a sí mismo, crecer, dejarse fluir, amar, trascender de la prisión de un ego aislado, interesarse, estar presente, dar”.

Ambos modos de existencia alteran la conducta y la actitud de una persona; en especial cuando se trata de los vínculos emocionales. Por ejemplo, mientras tener una relación implica que la otra persona forma parte de mi propiedad normalizando conductas de celos y envidia, ser o estar en una relación es una “actividad productiva. Implica cuidar, conocer, responder, afirmar, disfrutar a la persona, al árbol, a la pintura, a la idea. Significa traer a la vida su esencia. Es un proceso, de autorrenovación y autocrecimiento”.

Pero para Ser se requiere aprender a soltar, a perder el control en dominio, a dejar ir mediante el desapego a los objetos. Para dejar en claro este mensaje, el diseñador Kaukab Basheer realizó un cortometraje de animación, cuyos protagonistas –un monje tibetano y su aprendiz– enseñan a Ser soltando el control y el apego.

 

Comparto a continuación “Dechen”:

El amor…propio

“Yo creo que se confunde el amor propio con el egoísmo. Es un pobre sustituto cuando las personas no se aman a sí mismas. Tienen que volverse egoístas para sentir que son algo (…) El amor propio es algo como un abrazo a la criatura en nosotros. No es un amor a nosotros por nuestro méritos, por los frutos de nuestro trabajo. No es un amor que nos puede dar el mundo por lo que hacemos o por cómo nos mostramos. El amor a la persona, hacia sí misma, es algo mucho más simple, como cuando se acoge a un niño incondicionalmente. Una voluntad… es algo como sentirse amigo de uno mismo”.  Claudio Naranjo.

Sueño lúcido: un potencial terapéutico

 

El potencial terapéutico del sueño lúcido es una de las ramas  que más interés suscita en la comunidad de estudiosos profesionales de este fenómeno de conciencia, a la vez que una de las que menos atención ha recibido.

(C) Yolanda Jiménez

Esto es comprensible porque la gente cree que ya en sí mismo acceder al sueño lúcido es suficientemente difícil, y todo va cubierto de un halo mítico y misterioso que no permite tomar en cuenta la siguiente perspectiva: si nuestros miedos o padecimientos psicológicos están hechos de la misma materia que nuestro inconsciente, y a través de los sueños accedemos naturalmente (durante un tercio de nuestra vida) a la experiencia onírica, ¿por qué no permitirnos explorar su potencial terapéutico, incluso por el hecho de que de todas formas vamos a pasar muchos años de nuestra vida durmiendo?

Robert Waggoner es uno de los expertos en el sueño lúcido que se ha dado a la tarea de analizar este fenómeno con mayor detenimiento. Después de la publicación de su libro Lucid Dreaming: Gateway to the Inner Self, Waggoner comenzó a recibir correspondencia de personas que afirmaban haber superado padecimientos como estrés postraumático o ansiedad extrema utilizando sus sueños lúcidos como zona de pruebas o simulacros para superar los sentimientos destructivos y tomar el control de sus vidas en sus propias manos.

Según Waggoner, soldados que vuelven de la guerra así como personas que han experimentado terribles dolores físicos (como el trauma de la amputación de un miembro) han encontrado alivio al volver a ponerse en la situación traumática durante el sueño lúcido. Y es que la lucidez onírica no es accidental: va de la mano con la intención del onironauta, intención que debe ser perseguida en la vigilia.

Así, si alguien desea volver a vivir una situación angustiante para analizar sus reacciones y sentimientos puede hacerlo en la seguridad del sueño lúcido: cosas tan “simples” como reunir el valor para subirse a un vuelo comercial o presentar una tesis de doctorado pueden ser experimentadas sin salir de  nuestra cama.

El potencial curativo del sueño lúcido es descrito en forma de una larga tirada de preguntas retóricas, a las que por descontado (y con diversos ejemplos contenidos en sus libros), Waggoner responde con un sonoro “sí”:

“¿Podrías utilizar el sueño lúcido para curar otras enfermedades mentales y emocionales? ¿Podría el sueño lúcido resolver fobias de la vigilia, como el miedo a volar? ¿Podría el sueño lúcido ayudar a un adicto a mantenerse limpio y sobrio? ¿Podría el sueño lúcido resolver el sentimiento de vaga ansiedad de una persona que sufre de ella?”

A diferencia de aprendizajes tan poco costosos monetariamente como los libros, soñar no cuesta nada y puede ayudarnos a traspasar esos umbrales imaginarios, esas jaulas invisibles en las que nos hemos encerrado a nosotros mismos.

Fuente: pijamasurf.com

 

En Terapia Gestalt, trabajamos con los sueños, por medio de representaciones, interpretando diferentes personajes. Se trata de averiguar qué mensaje existencial nos traen los sueños. Reconocerse, en resonancia con partes de uno mismo. Encontrar un sentido  y descifrar el contenido.

Si te interesa este trabajo terapéutico, puedes dejarme un comentario (arriba a la izquierda), con tu email y te contactaré.

Yolanda Jiménez. Terapeuta

 

Porqués o paraqués. Una historia de amor, dolor, aprendizaje

 

Yolanda Jiménez

Había llegado al ecuador de su vida, al menos desde su imaginación. Nunca se sabe hasta cuando estaremos en este modo de existencia. Transitaba por esa mediana edad de los cuarenta y tantos, con la curiosidad abierta y con el aprendizaje que conservaba de las experiencias vividas.

(C) Yolandqa Jiménez

En los últimos años tenía por costumbre sonreír sin cortapisas desde el corazón. Desechaba las tristezas con determinación. Sus fantasías encajaban con aquella forma de expandirse y de sentir

Dicen que tras la tempestad, viene la calma, ¿o es al revés? En aquel tramo de su ascensión por la montaña de la vida, sintió ahogo. Se detuvo en un repecho. Sus ojos solo podían mirar detrás. Se asomó al abismo. Era una mañana soleada de invierno. Sintió frío. Un frío intenso que se colaba hasta sus entrañas, lastimando su ser.

Contempló sus últimos años. Su vida desde aquella primera parada importante. Recordó aquel momento del pasado en el que atravesó un nuevo septenio vital. Dicen que cada siete años hay un momento significativo en nuestras vidas. Entonces, ella no lo sabía. Hubo mucha emoción, dolor, reflexiones y aparentes sinsentidos. Se desbordaron sus ríos.

Hoy se vio. Había remontado desde un hoyo, esforzándose en cada paso. Había sentido la felicidad explotando por todos sus poros. Había experimentado la libertad de elegir su camino. De aprender. De acometer nuevos proyectos. De abrir nuevos caminos. De expandir su corazón con toda la fuerza del amor. Descubrió riqueza. Se autodescubrió.

 

(C) Yolanda Jiménez

Hoy, de nuevo, allí parada en el ahogo de sus dudas, le asaltaban preguntas incontestables. Los porqués torturan. Incapaz de formular un para qué. ¿Acaso no era suficiente? ¿Suficiente para quién? ¿Para él? ¿Para sí misma? No podía evitar el regusto antiguo del fracaso en su paladar. La exclusión de quedarse fuera, desplazada a un lugar y un tiempo pequeños, invisible. Quería sentirse en una prioridad que la vida le negaba. Ni siquiera una igualdad. La balanza estaba descompensada. Ella perdía. El hombre  amado se deslizaba sobre otra feminidad. Se repetía su papel secundario en un doloroso reparto teatral

 

El estómago cerrado y el sueño ausente. La tristeza instalada en su alcoba y las lágrimas acompañando sus días, sus noches inquietas. Encogida, imaginaba el confort del útero materno, desde la postura fetal en la que se consolaba. Ahora ya no sabía si lo vivido fue real. Para ella, sí, sin duda fue real, como lo es ahora: ella le ama, con toda la poderosa fuerza de su existir… ¿Por qué?, ¿para qué?

 

Pero ¿Qué es realidad?, ¿Puede ser lo mismo para dos personas distintas?, ¿Qué hacer con lo que sientes?, ¿Quieres sentirTE, TÚ?, ¿Quieres conectar contigo y acariciar tus emociones?

Si estas interesado/a, me permito sugerirte un camino  de descubrimiento en mis sesiones terapeúticas. Puedes dejarme un comentario (arriba a la izquierda), con tu email y te contactaré

 

Yolanda Jiménez.

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