No pidamos lo que no nos quieren dar

 

Podemos pasarnos la vida pidiéndole a los demás que se ajusten a lo que nosotros queremos o esperamos que hagan, inclusive podemos llegar a exigírselos, sin detenernos a pensar que si no nace de manera espontánea no tiene el mismo valor.

Los compromisos se asumen desde el corazón, haciéndonos conscientes de nuestras responsabilidades y siendo coherentes con lo que deseamos en la vida. Hay cosas por las cuales nos costará un tanto más responder, pero debemos entender que cada una de nuestras acciones ha generado una consecuencia y que éstas pueden vincularnos a situaciones que no contemplábamos o que preferíamos algún otro escenario.

Sin embargo, hay muchas maneras de hacer las cosas, podemos hacerlo con incomodidad, con frustración, con desgano o con la mejor actitud posible, que nos permita dar algo que no nos satisface del todo sin desgastarnos energéticamente.

 

Para ello es necesario poner nuestro corazón en cada acción, aprendiendo de nuestras acciones, guardando en nuestro disco duro cualquier información que nos permita decidir con mayor experiencia y sembrar en lo que nos queda por recorrer solo las semillas de aquello que queremos cosechar.

Si nos hemos metido, voluntariamente o no, en una situación que amerita de nuestra atención, de nuestras acciones o de alguna manera demande de nosotros lo que no queremos ofrecer, pero sabemos que debemos hacerlo, lo primero será entender el porqué de esa situación y cambiar la manera de mirar aquello, que no represente una obligación, sino que aceptamos que la vida nos responde con lo que hemos hecho y debemos acatar un rol con la convicción de que estamos dando lo mejor, dejando las predisposiciones a un lado y tratando de emanar lo que demos desde nuestra propia esencia.

No podemos exigirle a otra persona lo que no sabe o no quiere dar, el amor, la empatía, la solidaridad, el tiempo… son cosas que se dan desde el corazón, que no se piden, que nacen de forma espontánea, porque no corresponden a un proceso racional, sino que corresponden a lo que el corazón expresa. Lo que podemos hacer es cuidar lo que entregamos, lo que damos de nosotros mismos, procurando aportar siempre lo mejor y por leyes universales es muy probable que eso sea lo que recibamos.

Entenderemos la diferencia entre recibir de manera natural y exigir cuando nos encontremos en el primer escenario, donde todo fluye y nutre de manera natural y colma de bienestar. Para pretender que otra persona nos dé de sí mismo sin exigirlo, lo primero que debemos hacer es amarnos incondicionalmente y saber qué es lo que merecemos en nuestras vidas.

 

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

 

 

 

Castigar con silencio

 

«Castigar con silencio es más peligroso que con palabras. Y se hereda de padres a hijos»

«Las palabras son poderosísimas. Pueden llegar a determinar el rumbo de nuestro pensamiento, nuestra actitud ante la vida e incluso, nuestra salud y longevidad». Esa es la teoría de Luis Castellanos y su equipo, expertos en neurociencia, y autores del libro «La Ciencia del lenguaje positivo». En él plantean que el uso de determinadas palabras (o la ausencia de estas) en el día a día puede suponer la diferencia entre el éxito y la derrota en cualquier ámbito. «El lenguaje nos permite gestionar nuestra propia inteligencia», asegura. «Si nos parece normal dedicar todos los días un tiempo a cuidar nuestro cuerpo, a asearnos, vigilar nuestra dieta o hacer algo de ejercicio, ¿por qué no dedicar también a cuidar cada una de nuestras palabras?», se pregunta Castellanos.

—La mayoría de nuestros deseos están centrados en mejorar nuestras circunstancias, pero estamos lejos de plantearnos mejorar nuestro lenguaje: así somos, así hablamos.

—El lenguaje refleja nuestra existencia, nuestra historia, nuestras esperanzas. El lenguaje es un espejo de cómo somos. Cuando somos conscientes de nuestras palabras nos damos cuenta de que no vemos el mundo tal y como es, sino tal y como hablamos. Por eso quizá cambiando el enfoque de ese espejo también podremos enfocarnos de otra manera, cambiar, ambicionar cosas más grandes, una vida mejor, con más bienestar, más alegría y más salud.

—¿Cómo podemos cambiar el uso de las palabras?

—Habitando las palabras. Hablar es habitar el mundo. Deberíamos hacernos cargo de nuestros vocablos, de su destino. Un buen ejercicio es intentar identificar las palabras que queremos que adquieran importancia en nuestra vida, aquellas que queremos «habitar». Nos referimos a esas que te ayudan a crecer, que son las que deberíamos compartir, las que nos ayudan a transformar nuestras vidas y a dar lo mejor que tenemos a las personas que nos rodean.

—¿Por qué es tan importante buscar ese lenguaje positivo?

—Esta científicamente comprobado que el lenguaje positivo busca evolutivamente dirigir nuestra atención y nuestra voluntad hacia el aspecto favorable de las cosas y de la vida. Tomar conciencia de nuestro lenguaje es fundamental para escribir nuestro destino. Es más, las palabras influyen en nuestra posibilidad de supervivencia, ya que la expresión de emociones positivas hace que nos fijemos, que prestemos atención, a aquellos estímulos físicos y mentales que cada vez son más relevantes para llevar una vida duradera, plena y con el mayor grado de felicidad posible. Somos unos firmes convencidos de las funciones vitales del lenguaje positivo en nuestra mente ejercen una influencia creativa en las decisiones más profundas que tomamos. Nuestras decisiones lingüísticas crean nuestra historia.

—¿Palabras son hechos?

—Palabras son hechos siempre. Tanto si haces lo que has dicho que vas a hacer, como si no lo haces. En el primer caso estarás mostrando un estilo de acción que genera confianza, mientras que en el segundo caso tu estilo de acción generará otro tipo de respuestas. Este es el poder de las palabras.

—También en el sentido negativo. La pareja, los padres, o los hijos son los que suelen soportar los efectos devastadores del lenguaje de la ira. Es lo que José Luis Hidalgo, coautor del libro, ha denominado el «Hulk en casa».

—Esto es así. El enfado desmesurado se propaga con mayor facilidad en los entornos íntimos. Se trata de una cuestión de confianza, y hacemos uso de ello. Las mayores muestras de enojo las solemos cometer en casa, ese terreno que sabemos seguro y donde no hay que fingir. Después del enfado sabes que nadie se irá de casa, que te seguirán queriendo, y que todo quedará en un hecho puntual. Sin embargo, a menudo maltratamos a las personas que nos quieren bien con nuestros gestos indisimulados de fastidio, con nuestro lenguaje descuidado, con palabras hirientes.

—Sabemos entonces que descuidamos los entornos más queridos pero, ¿qué podemos hacer para evitarlo? ¿Cómo podemos reconocer y reconducir estas reacciones exageradas ante hechos insignificantes?

—Hay dos momentos clave para nuestro entrenamiento. Uno tiene que ver con «cómo llegamos a casa», y el segundo, con reconstruir o reparar lo que inconscientemente, hemos dañado.

—¿Qué puedes hacer en lo relativo a «cómo llegas a casa»?

—Es importante realizar un pequeño acto, una señal de respeto, frente a la puerta de entrada, que puede consistir en respirar antes de girar completamente la llave. Es un simple gesto con el que asumir que accedemos a otra energía, a un escenario con otro ritmo, y que al cruzar el umbral de la misma nos vamos a incorporar a un nuevo espacio. Físicamente tiene que ver con la pausa, con un momento de silencio que aprovechamos para observar, para ver de verdad a las personas que nos esperan.

—Pero, ¿cómo reparamos los daños una vez que Hulk ha hecho estragos?

—En este caso es importante cuidar nuestro diálogo interior y no culpabilizarnos en exceso. Solemos tratarnos duramente cuando perdermos los papeles, lo pasamos mal precisamente por haber hecho que lo pasan mal los demás, renegamos más de la cuenta y alargamos innecesariamente la reflexión sobre las causas de nuestro comportamiento. Pensamos que así podremos curar las heridas cuando es precisamente lo contrario. Para enfrentarnos a los daños causados por nuestra ira podemos decir: «devuélveme lo que te he dicho, no era para tí».

—Igual que las palabras curan, dicen ustedes en su libro que el silencio es asesino y que se hereda de padres a hijos.

—En efecto. Castigar con el silencio es más peligroso que con palabras. El silencio es asesino, y se hereda de padres a hijos. Es un pozo sin fondo porque cuando se intenta salir ya no hay marcha atrás, se trata de un camino sin retorno cierto. Pertenece a la familia de la ira, pero puede ser más dañino que ella. Es casi imposible mentir cuando se habla enfadado, lo decimos mal, pero decimos lo que pensamos.

—¿Qué hacer con esta variable tan temida de la ira?

—Nosotros hemos identificado una cosa que se puede utilizar para romperlo: el tacto. Con el tacto surge… la palabra. Una cosa lleva a la otra. Lo hemos comprobado muchísimas veces en las formaciones que solemos impartir: a los alumnos les privamos de vista, los dejamos sentados en soledad y se callan. Entonces, les damos la mano de un compañero, da igual de quién sea, y empieza la conversación. Siempre obtenemos el mismo resultado. Sin duda, el tacto es la antesala del lenguaje verbal, de la comunicación fluida y sincera, es el gran desatascador de las relaciones humanas.

 

 

Por: Carlota Fominaya.

Publicado en : www.abc.es

 

Seamos…

 

Seamos solo un dulce amor platónico. 

No te toco. No me tocas.

No te hiero. No me hieres.

Ni me alejo, ni te acercas.

Solo la distancia necesaria para seguir sintiéndonos.

No te tengo. No me tienes.

Sí. Me importas.

Alejarse puede ser una gran muestra de amor

A veces la mejor manera de demostrar que alguien te importa es alejándote. ¿Cómo es esto posible? Pues así…

Muchas veces damos por sentado que ciertas personas estarán siempre con nosotros y eso no es verdad. Por eso llega el momento en que alejarse es la mejor solución, la mayor muestra de interés, de cariño y en algunos casos, de amor.

Alejarse de esa persona cuando ella lo requiera, cuando necesite dejar de dar por sentado lo que tiene, cuando necesite estar en soledad y en silencio, cuando precise encontrarse a sí mismo y tal vez recuperarse y tener de vuelta todo lo que ha perdido.

Tal vez pienses: ¿cómo puedo ayudar si no estoy cerca? La respuesta es estando lejos. Muchas veces la lejanía es necesaria para sobrevivir, para sobrellevar las cosas para recuperar el camino. A veces  alejarnos de esa persona no es lo más fácil, pero sí es la mayor muestra de interés y cariño que puede haber de nuestra parte.

Me alejo porque me importas, porque deseo que te recuperes, que descubras que eres capaz de encontrar tu camino tú solo, para que descubras tu autosuficiencia. No lo olvides, me alejo porque te aprecio, por el cariño que te tengo y que deseo que tu también te tengas, para que analices tus errores para que te conozcas para que seas capaz de ver tus cualidades, de alabar tus logros y de saberte especial por ti y para ti.

Me alejo porque me importas y deseo verte bien, deseo verte feliz y pleno, sonriente y orgulloso de ti, tanto como yo lo estoy.

Pero ten presente que cuando sientas que valoras lo que tienes que al fin te has reencontrado y que la lejanía ha sido suficiente, puedes buscarme y podré entonces acompañarte de nuevo en tu camino…

 

Fuente: viajesdelcorazon.net

La sociedad de la depresión: ser feliz como mandato

 

«Vivimos en la sociedad de la depresión generalizada donde ser feliz es un mandato».  Manuel FErnández Blanco es psicoanalosta.  Defiende que la globalización provoca el levantamiento de fronteras.

En un mundo cada vez más globalizado, donde podemos comunicarnos, viajar, o comprar productos de cualquier parte del mundo, las fronteras parecen cada vez más grandes. Trump habla de construir un muro, Reino Unido decide romper su matrimonio con Europa y volar solo, y esta última firma un pacto con Turquía para cerrar el paso a los refugiados que huyen de la guerra. Una situación paradójica que Manuel Fernández Blanco, psicoanalista gallego miembro de la Escuela Lacaniana del Psicoanálisis y psicólogo clínico en el Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña, abordará esta tarde en una conferencia en el Museo San Telmo de Donostia (19.30h). La charla, que lleva el título de ‘El sujeto y la felicidad: Globalización y segregación’ está organizada por el Seminario del Campo Freudiano en San Sebastián.

 

– ¿Es cierto eso de que las personas somos felices con el amor, la amistad y disfrutando de las pequeñas cosas de la vida?

– Hay mucho más. El gran descubrimiento del psicoanálisis es que en todo ser humano habita una satisfacción que organiza la repetición en nuestras vidas, y que se aprecia muchas veces en la queja o en el sufrimiento. Todos repetimos situaciones de las que protestamos. Por ejemplo, un hombre o una mujer puede estar quejándose de su pareja toda la vida, al mismo tiempo que permanece con ella.

– ¿Somos, por tanto, personas insatisfechas?

– El síntoma de la insatisfacción es el resultado de un conflicto entre las tenencias y los ideales del sujeto: ‘Estoy casado, pero me gusta ese de ahí’. Buscamos continuamente objetos que nos satisfagan. Las parejas duran poco porque no se obtiene la satisfacción que se busca. El problema es que el ser humano no es capaz de entender que eso que anhela es inalcanzable, y busca continuamente la novedad. Por ejemplo, cuando nos compramos un smartphone nuevo, no lo hacemos por el móvil en sí, sino porque es la novedad, que además es caduca, porque pronto querremos otro mejor y más nuevo. Es la voracidad del neoliberalismo, del consumismo.

– Usted apunta que ser feliz en la cultura neoliberal actual es un mandato, una obligación.

– Hasta no hace mucho tiempo ser feliz no estaba en los planes de la mayoría de la gente. Si le preguntásemos a un campesino de le Edad Media si quisiera ser feliz seguramente nos miraría incrédulo, ya que su único objetivo sería el de poder comer al día siguiente. Eso ha cambiado radicalmente. Hoy en día ser feliz es obligatorio, y si no se consigue, sentimos que hemos fracasado en nuestro proyecto vital. Antes la culpa venía si uno gozaba de un modo inadecuado, pero ahora tenemos que optimizar nuestras vidas, tener éxito, y si no, nos hacemos culpables de nuestros fracasos. Por esa razón vivimos en la sociedad de la depresión generalizada, que además provoca una exacerbación del individualismo.

– ¿Es por ello que la mayoría de la gente muestra su vida en las redes sociales, para demostrar al resto y a sí mismos que son felices?

– Es tanto una necesidad como una imposición de la sociedad. Solo existes si te ven, si estás en una pantalla. Antes se pensaba que para ser feliz era mejor no mostrar ciertas cosas de nuestras vidas, pero ahora existe una tendencia imparable de llevar lo íntimo al exterior. Esto provoca irremediablemente la muerte de la privacidad, algo que en algunas ocasiones resulta muy peligroso.

– ¿Por qué dice que la búsqueda de la felicidad del sujeto provoca la segregación generalizada?

– La civilización ha cambiado mucho, y los ideales han caído, las creencias que antes teníamos ya no existen. En lugar de ese ideal ahora ha llegado el objeto de goce, y mientras que el ideal colectivizaba, el goce segrega. Ahora solo queremos estar los mismos con los mismos según nuestro modo de goce, o estilo de vida. Pero es que además las personas están cada vez más solas, incluso en sus hogares están solos con sus objetos, como internet. Con la globalización el individualismo se extrema.

– Y por tanto el racismo.

– Estamos retornando al racismo y la xenofobia más clásicos. La definición más corta y precisa del racismo actual sería: ‘El rechazo a que otro viva de un modo diferente a nosotros’. Lo curioso es que si ese alguien está lejos puede fascinarnos su modo de vida, es lo atractivo del exotismo. Pero si está en la habitación de al lado lo sentimos como una amenaza a nuestro yo. Pensamos que no goza adecuadamente y que lo hace a nuestra costa.

– Señala que el racismo ya no necesita nutrirse de una ideología. ¿Tampoco en el caso del yihadismo?

– Tampoco. El yihadismo tiene su asiento fundamental en la fraternidad como mecanismo de segregación. Los jóvenes que se radicalizan en Europa son un ejemplo. Generalmente, en las familias islámicas criadas en occidente el hermano mayor toma el mando por encima del padre, que ha perdido su fuerza por la marginación de la sociedad. Si nos fijamos en los últimos grandes atentados como el de Bataclán o el de Bruselas, vemos que entre los autores había grupos de hermanos. ¿Por qué? Porque al borrarse la autoridad del padre nace un odio hacia la sociedad que lo ha discriminado. Esto les conduce a una sociedad de hermanos sin padres cuyo objetivo es matar, pero también morir.

– Y en frente están resurgiendo los nacionalismos y los partidos de extrema derecha cuyo mensaje está calando en la sociedad.

– Estos nuevos líderes atacan igualmente a la inmigración y a Europa. Vivimos en la época de la política de las cifras, las estadísticas y las normas. Ellos se revelan contra esto y es por eso que tienen tanta audiencia. Están amenazando desde dentro al freno de la repetición de lo ocurrido en el siglo XX, que ha sido el más terrible para la humanidad.

– ¿Cómo frenar ese avance de los nacionalismos?

– Lo que ocurre es que muchos de los que votan a la extrema derecha no lo dicen, y en nosotros habita una tentación por votar contra lo bueno. No olvidemos que el nazismo sedujo e hipnotizó a millones de personas, y que Hitler llegó al poder sin necesidad de un golpe de estado, sino con los votos de la gente. Si triunfan los nacionalismos nada garantiza que no vaya a darse un enfrentamiento entre naciones.

 

Por: Aiende S. Jiménez

Publicado en : www.diariovasco.com

El espejo de la vida

 

Buda decía: somos el resultado de nuestros pensamientos. Gandhi afirmaba que una persona no es más que el producto de lo que piensa. Cada vez más filósofos, intelectuales y maestros espirituales hacen hincapié en nuestra capacidad de creación con nuestro pensamiento.

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Si yo creo con el pensamiento y me esfuerzo en depurar mis pensamientos y en tener pensamientos positivos, ¿por qué se me manifiestan cosas desagradables en mi vida?

Esto tiene mucho que ver con el iceberg de la personalidad, si asumimos que un 7% es el consciente y el otro 93% restante es el inconsciente, estamos creando de forma inconsciente. Es como un barco enorme que va navegando a la deriva sin capitán, por mucho que un marinero (nuestra parte consciente) se dedique a remar en una dirección. Por eso no merece la pena obsesionarse con controlar y seleccionar nuestros pensamientos porque nuestro inconsciente seguirá dominando nuestra vida. Es decir, no tenemos ni idea de quien somos.

Por eso los procesos de ampliación de la consciencia, que no es otra cosa que bajar la raya del mar del iceberg y que más parte del mismo salga a la superficie son procesos deseables y la vida está continuamente llevándonos a procesos de ampliación de la consciencia. Cuando nos abandonamos al “fluir” de la vida estamos entrando paulatinamente en procesos expansivos de ampliación de la consciencia. La vida nos está llevando continuamente a ver quién somos.

 

“Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida y tú le llmarás destino” – Carl Jung –

La vida nos provee de una herramienta muy potente para nuestro autoconocimiento que es el espejo de las relaciones humanas. Todas las personas con las que nos relacionamos y que parecen en nuestras vidas son una parte de nosotros y nos están haciendo de espejo de quien somos. Ningún encuentro es casual, la vida siempre me está enseñando lo que tengo dentro de mí, aunque a veces no sea agradable. La vida siempre está mostrándome mis creencias inconscientes acerca de mí mismo, así que si inconscientemente no me valoro, se manifestaran fuera, en el teatro de mi vida, múltiples personajes que no me valoren.

 

Las reglas de “matrix”

Se manifestará fuera, en el teatro de mi vida, mi belleza interior, pero también mis miedos más profundos y mis traumas y heridas emocionales. Todo lo que ocurre fuera es una manifestación de mi inconsciente y todo está relacionado conmigo.iceberg

Por eso no tiene mucho sentido apartarse de unas personas u otras, porque al tratarse de tus manifestaciones inconscientes te volverás a encontrar con la misma situación en otro formato, en otro escenario porque al fin y al cabo esa situación está en tu interior. Son las reglas de “matrix”.

Si tú no te amas, el mundo te devuelve rechazo y da igual la persona o el escenario. La vida, en un infinito acto de amor, te está poniendo delante de tu miedo al rechazo para que puedas abrazar esa parte de ti, abrazarla con ternura y trascenderla.

En una ocasión fui a dar una conferencia y en mi conferencia apenas había gente en paralelo en otra sala transcurría la conferencia de alguien muy flojo, (o que yo consideraba muy flojo y superficial, hablando del mismo tema) su sala estaba llena. Yo pataleaba, no podía entender como alguien con un mensaje tan superficial podía tener público y yo que navegaba en las profundidades del ser y ofrecía respuestas reales, apenas tener acogida. En aquel momento no fui capaz de verlo, ahora entiendo que era la vida mostrándome mi miedo al rechazo y mi necesidad de reconocimiento. Tenía tanto miedo a que no se me valorase que estaba creando esa situación, evidentemente si alguien me preguntase a nivel consciente estaba segura de que los contenidos de mi conferencia eran potentes y yo sentía que me auto-valoraba. Pero la situación poco o nada tenía que ver con mi profesionalidad o contenidos, sino con mi miedo inconsciente a no ser reconocida y la situación era perfecta para poder verlo.

Hace muchos milenios que la humanidad conoce su poder creador, la tabla esmeralda un texto críptico, escrito sobre una piedra, data del año 3000 antes de Cristo se le atribuye al mítico Hermes Trimegisto y en ella describe los principios de funcionamiento del universo. En el principio de correspondencia postula que como es arriba es abajo, como es dentro es fuera. Que es lo mismo que decir que la vida es un espejo.

En el año 1908 se publicó el Kybalion por los tres iniciados, mantuvieron su nombre en anonimato porque la sociedad no estaba preparada para hablar de esto de forma abierta, como hacemos ahora. En el Kybalion reiteran los principios del hermetismo.

La vida es un espejo de nuestros juicios y creencias, de nuestro inconsciente o de aquello que necesitamos para nuestra evolución y desarrollo.

“No vemos las cosas como son, sino como somos” Krishnamurti

“Los viajes son los viajeros. Lo que vemos no es lo que vemos, sino lo que somos” F. Pessoa

“Siempre estoy frente a mí mismo y no soy consciente de ello” Covadonga

 

 

 

Fuente: http://www.tunuevainformacion.com

Por Covadonga Pérez Lozana

 

 

La biología del amar y del conocer: Maturana para principiantes

¿Existe una realidad objetiva? ¿Somos seres totalmente racionales? ¿Cómo afecta eso nuestra vida? Revisemos qué tiene que decir el biólogo Humberto Maturana al respecto y, de pasada, sabremos por qué es tan famoso.

Hace poco, Humberto Maturana (1928) se vio envuelto  en una polémica respecto al coaching y la naturaleza de sus propias investigaciones. Y aunque sería interesante desarrollar el tema de hasta donde el autor de un avance científico, puede intervenir en los posteriores desarrollos y aplicaciones de ese avance, preferí enfocarme en lo que me parece que ha sido el gran legado del Dr. Maturana: La biología del amar y del conocer.

ESPIRAL

Algunos antecedentes: autopoiesis, realidad y lenguaje.

Humberto Maturana, como biólogo, es reconocido a nivel mundial por establecer una definición del fenómeno de la vida, inexistente anteriormente. Con la ayuda de su estudiante, el recordado Dr. Francisco Varela, definió el concepto de autopoiesis, a comienzos de la década de 1970. Para entender este concepto, debemos considerar a todo organismo vivo, como un sistema dinámico, o sea, una colección de elementos relacionados entre sí, y que pueden variar sus relaciones con el tiempo.

Entonces, un sistema autopoiético es aquél que se reproduce, crea y repara sus propios elementos, y para Maturana y Varela, se trata de la propiedad básica y distintiva de los seres vivos, pues al no existir autopoiesis, o sea, al no poder renovar sus células, limpiar las toxinas, etc., el ser vivo muere. Este concepto ha tenido un profundo impacto en la cibernética, la sociología, la psicología y múltiples otros campos.

Respecto a la naturaleza de la realidad, Maturana nos indica que para uno, como organismo, la realidad existe únicamente si la percibimos. Y que además, nuestros cerebros no pueden distinguir en primera instancia la ilusión de la realidad, necesitamos un contexto para darnos cuenta de cuál es cual. Esto tiene interesantes consecuencias para el concepto de “objetividad”, que abarcaremos más adelante.

Sobre el lenguaje, Maturana estima que es básicamente una coordinación de coordinaciones y es lo que, además, nos hace humanos. Al relacionarme con otros a través del lenguaje, voy cambiando mi propia forma de entender las cosas y produciendo cambios palpables a nivel físico, al interactuar desde el lenguaje, pues se establecen nuevas conexiones neuronales. En otras palabras, nuestros cuerpos se van transformando según lo que hacemos desde el lenguaje y, naturalmente, también hacemos en nuestro lenguaje según lo que se transforme en nuestros cuerpos.

Sobre estas bases, Maturana ha ido construyendo un aporte esencial al entendimiento de nuestra experiencia como seres humanos, y que se manifiesta en sus propuestas sobre la biología del amar y del conocer.

En esta interesante entrevista, el Dr. Maturana se explaya sobre la autopoiesis y otros temas. MW Producciones.

Las bases biológicas del conocimiento

Humberto Maturana, partiendo desde la biología, vincula el lenguaje con las emociones, la cultura y el amor. Nos dice que todo el quehacer humano se da dentro del lenguaje, por lo que si no hay lenguaje, no hay quehacer humano. Y simultáneamente, como todo lo que hacemos se hace desde la emoción, entonces todo nuestro quehacer, como seres humanos, ocurre dentro del cruce entre el lenguaje con la emoción. Plantea además que el lenguaje surge desde la aceptación del otro, o sea, desde el amor.

Pero vamos por partes.

El planteamiento básico de Maturana, es que el hecho de conocer, debe tener bases biológicas… porque es claro, sin un sustento biológico, es imposible que podamos tener experiencia humana alguna. Por lo tanto, pensó él, debe haber bases biológicas que determinen la manera en que conocemos las cosas. Algo esencial en esto, es la emoción, que es una respuesta biológica a nuestras necesidades como organismos.

En general, tratamos lo racional como si fuera un fundamento universalmente válido para todo lo que hacemos. Y no es así. Porquetodo sistema racional está basado en premisas aceptadas a priori, de forma arbitraria, desde las preferencias personales. En el fondo, somos seres emocionales, que buscamos validar racionalmente esas emociones. Esto es efectivo incluso en ámbitos tan “fríos” o “abstractos” como la matemática y las ciencias exactas, pues las premisas fundamentales, los puntos de partida, uno los acepta porque quiere hacerlo, lo hace por motivos emocionales, no racionales. (No hace mucho escribí un artículo sobre las premisas de la ciencia que, irónicamente, no pueden ser probadas y que, de demostrarse equivocadas, podrían echar por tierra todo lo que conocemos. Los invito a leerla).

A partir de esta conciencia de nuestra propia emocionalidad, nos podemos dar cuenta que hay dos tipos de desacuerdos. El primero, se centra en cómo entendemos los procedimientos lógicos: si uno dice, por ejemplo, que 1 mas 1 suma tres, o bien explico qué quiero decir con eso o debemos ponernos de acuerdo sobre las reglas. O sea, si yo pienso que 1+1=3, y todo el resto del mundo piensa que es 2, es un tema de cómo se entienden los procedimientos lógicos, y nadie se siente realmente agredido o amenazado por ello.

En cambio, en el segundo tipo de desacuerdos, sí nos sentimos atacados. Cuando estamos en desacuerdo en las premisas fundamentales, esas premisas emocionales que validamos racionalmente, entonces uno siente que el otro es una amenaza para nuestra existencia, pues niega los fundamentos de nuestro pensamiento y nuestra coherencia interior. Muy mal. Entonces, ahí sí que tenemos reacciones explosivas.

Por ejemplo, en el tema del fútbol: si yo soy del equipo A y mi archienemigo del equipo B, dice que el equipo A es de lo peorcillo y que son feítos, si mi identificación con el equipo es muy grande, reaccionaré de forma violenta, pues en el fondo lo que percibo no es que se hable de fútbol… sino que se habla de mí mismo. Y ante esa negación de mi propia existencia, reacciono con muchísimo vigor, con consecuencias que tristemente están a la vista de todos. Situaciones similares ocurren cuando hablamos de nuestra visión política o religiosa, donde es casi imposible mantenerse impasible. Ambas cosas definen, en buena medida, nuestra construcción del mundo.

Una interesantísima entrevista al Dr. Francisco Varela, colaborador de Humberto Maturana, sobre los mismos temas tratados en esta columna. Canal 13 Cable.

Sobre la objetividad

Viendo así las cosas, habría dos formas de entender la realidad. En una de ellas, podemos intentar convencer a alguien de la verdad de nuestras ideas, a través de “argumentos objetivos”. Usando estos argumentos, pretendemos que la realidad es universal y que precisamente esa realidad, la hemos aprehendido de forma racional. Por lo tanto, si la otra persona persiste en sus propios argumentos, la tacharemos de ilógica o de absurda, porque nuestra verdad, sería la verdad absoluta.

Aquí lo que debemos pensar, es cómo accedemos a la realidad. Y es donde aparece esta segunda mirada sobre las cosas.

Para Maturana, no podemos tener acceso a una realidad objetiva independiente, sino que existe un “Multiverso”, donde hay tantas realidades como experiencias. Por lo tanto, lo que existe son dominios, campos, sistemas de explicaciones para nuestras distintas experiencias, los que pueden o no coincidir con los de otras personas.

Uno podrá decir: “pero entonces, ¿cómo es posible el progreso científico, si no hay una sola realidad?”. Y bien, es posible porque existe coincidencia sobre las premisas básicas a utilizar y la lógica que se aplica a ellas. Y dentro de ese campo, que es uno de los tantos posibles, se puede avanzar. De la misma forma que se puede progresar en otros campos que no sean los científicos, en tanto exista coherencia entre las descripciones de la realidad aceptadas por las personas participantes, o sea, que estén de acuerdo en cómo entienden el mundo.

Las bases emocionales de nuestras relaciones

Para Maturana, a medida que crecemos, vamos uniendo las emociones al lenguaje. Al entrelazamiento de emociones y lenguaje, Maturana le llama conversaciones. Y plantea que todo lo que hacemos como seres humanos, lo hacemos en conversaciones.

Y en dichas conversaciones, entonces, se expresan las emociones subyacentes. Por ejemplo, a través de la agresión, el otro es negado en forma directa o indirecta como un otro que puede coexistir legítimamente con uno. En cambio, a través de la indiferencia, sencillamente no vemos al otro como un otro. No tiene presencia y queda fuera de nuestro ámbito de preocupaciones.

En cambio, el amor, es la emoción donde el otro tienen una existencia legítima, donde no se le niega, sino que se le acepta como un otro válido. Y es desde ahí que se puede construir una vida en sociedad, nos dice Maturana.

Otra interesante entrevista al Dr. Maturana, sobre los temas tratados en esta columna. Radio Cooperativa.

La biología del amar

La definición que Maturana da del amor, es desde su perspectiva como biólogo, y considera que es la emoción fundamental que hace posible nuestra evolución como seres humanos. La define de la siguiente forma: “… cuando hablo de amor no hablo de un sentimiento ni hablo de bondad o sugiriendo generosidad. Cuando hablo de amor hablo de un fenómeno biológico, hablo de la emoción que especifica el dominio de acciones en las cuales los sistemas vivientes coordinan sus acciones de un modo que trae como consecuencia la aceptación mutua, y yo sostengo que tal operacion constituye los fenómenos sociales”.

En ese sentido, los seres humanos somos intrínsecamente amorosos, y podemos comprobarlo fácilmente, observando lo que ocurre cuando a una persona se le priva del amor, o sea, se les niega el derecho a existir o se les quita validez a sus propios fundamentos básicos, emocionales, para la existencia. Esta carencia afectiva produce trastornos, como la ansiedad, la agresividad, desmotivación, inseguridad, tristeza y estrés crónico, etc.

Entonces, el amor es una manera de vivir en sociedad. Surge cuando al interactuar con otras personas, no importa quienes sean o su lugar en la comunidad, las consideramos como un legítimo otro, que puede coexistir con nosotros. Esta emoción, entonces, amar, es el fundamento de la vida social, al aceptar la existencia de los demás, sin querer anularlos o negar su propia visión del mundo.

Entonces, ¿qué recomienda Maturana?

Maturana nos indica que lo mejor es aceptar nuestra naturaleza, nuestra propia forma de sentir y experimentar la realidad, no negarla, pues eso genera un estrés innecesario y nos hace la vida más difícil e incluso miserable. En otras palabras, nos recomienda aceptar que no existe una realidad objetiva donde se imponga una sola forma de entender las cosas, pues cada ser humano posee su propia realidad, y de esta forma, no excluimos al resto.

Asimismo, esto obedece al hecho que nuestra naturaleza biológica está fundada en el amor, por lo que la no exclusión de distintas miradas, responde a ello mismo. Así, nuestros pensamientos o creencias no excluyen o niegan las de los demás y viceversa.

Para ello, además, debemos abrirnos al espectro emocional de nuestra existencia y recordar que no constituye una interferencia con el campo intelectual, sino que a la inversa, las emociones entregan sentido y profundidad a nuestro razonamiento.

Además, al relacionarnos desde la aceptación del otro y no desde el conflicto, se producen numerosas reacciones en cadena, que efectivamente nos hacen la vida más llevadera con los demás. Resulta sumamente interesante, que una teoría científica tenga una aplicación tan directa en nuestra vida diaria.

Ustedes dirán que todo esto es un poco “soñador”, pero como dijo un gran sabio, el mundo ideal está a sólo un día de distancia… si todos nos pusiéramos de acuerdo en respetar la existencia del otro.

¿Consideras que es útil este aporte de Humberto Maturana?

 Fuente: http://www.eldefinido.cl
Por Alvaro Lopez B

 

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