Apágame los ojos… poesía para hoy

 

Apágame los ojos

 

Quiero ver la luna mientras me enredo en tus brazos

Y saborear tu boca jugosa,

mientras mis manos se deslizan en tu torso de seda.

Quiero verme en tus ojos explorar universos, expandirme en cometas.

Quiero tu esencia de savia.

Quiero escuchar tus latidos, ver tu placer silencioso.

Pedirte que me hagas lo innombrable.

Apágame los ojos  que no quiero ver tu mano en otra mano,

Tus labios en otros besos, ni tu piel en otras caricias.

Mis pupilas de sal y sol se mecen al vaivén de la brisa.

Sé que mañana seré YO.

Yolanda Jiménez

 

 

Nota: Escribí este poema, inspirada por  la lectura de algunos versos de Rilke

Coñoescritura: escribir desde la mujer que somos

 

Ser mujer abarca muchos registros.Uno de ellos, la menstruación, nos distingue y nos define. Ser mujer es tener la capacidad de generar vida. Es viajar en un ciclón de hormonas cada 28 días. Es crear, expresar, percibir, sentir, con diferentes matices. La riqueza de tantas posibilidades emerge del ciclo menstrual y nos genera múltiples horizontes. Si nos hacemos visibles de manera integral, con nuestro ciclo y nuestra menstruación, los beneficios se multiplican. Se hacen extensibles a toda la sociedad y a todas las personas que la conformamos: hombres o mujeres; niños o ancianos.

Comparto a continuación una iniciativa, en este caso de escribir, desde una consciencia plena de  mujer, con todo lo que incluye serlo: menstruar.

 

Erika Irusta, la catedrática en “coñoescritura”, creadora de este arte literario escribe para “descubrir heridas”, pero la semana del mes importa: en premenstrual es más libre, después de tener la regla es más intelectual. Cientos de mujeres quieren ser sus alumnas.

Paloma es periodista y “coñoescritora”. Aprendió el oficio en la Universidad Complutense y a coñoescribir en una comunidad de menstruantes. Como periodista apenas ejerce —ya saben, la crisis—; como mujer documenta su día a día al dictado de su coño. Escribe, a diario, dando rienda suelta a su voz variable, como su propio ciclo. Así ha aprendido que es una y cuatro.

Es tarde y Paloma coloca sus manos sobre el teclado de su portátil. Ahí escribe su novela, por profesión; también lo que siente su cuerpo, por convicción. Paloma, la periodista, es recta, normativa, reflexiva; la coñoescritora es visceral, espontánea y dúctil. Por eso escribe su novela en un serio escritorio y su diario, algo muy personal, en el jardín.

Explica Paloma que la coñoescritura le ha enseñado a cuestionarse paradigmas, incluso a replantearse la naturaleza de los signos ortográficos. A zafarse de un lenguaje regulado y masculino, a encontrar puntos de encuentro con el resto de mujeres en textos escritos con tinta roja, sangre de mujer.

Paloma es una de las ochenta participantes que ha conseguido terminar el curso de coñoescritura que propone la pedagoga, investigadora y divulgadora del ciclo menstrual, Erika Irusta, creadora de la primera escuela menstrual del mundo. Lo empezaron 282 mujeres, más de la mitad de las integrantes de la comunidad Soy una, soy cuatro, un espacio privado en el que comparten experiencias privadas a salvo del escrutinio de mirones. Un lugar seguro, vetado para los hombres, donde expresarse.

¿Qué es coñoescritura?

Pero, ¿qué es la coñoescritura? La voz española de cuntwriting hace referencia a una forma de escritura orgánica, corporal, que nace del cuerpo cíclico y cambiante. Se trata, según su autora, de “un proceso creativo en el que la coñoescritora exorciza la grandilocuente Gramática Universal aprendida para escribir, por fin, desde su cuerpo; no a pesar de este, ni por encima de este”.

Tal definición aparece en el libro Diario de un cuerpo (Casa Catedral, 2016), el primer ejemplo práctico de coñoescritura, la referencia para quienes se inician en este proceso creativo. Un encuentro fortuito, según explica Erika, que surgió como la deformación de un encargo de la editorial.

“Querían que hablara sobre la menstruación y pensé en escribir un libro sobre el ciclo, algo muy canalla sobre la cultura y el sistema, pero no podía; no me salía. Hablé de nuevo con mi editora y les ofrecí mi cuerpo, tratar en primera persona los cambios que ocurrían en mí de manera química, y que me afectan anímica, física y mentalmente”, recuerda Irusta, miembro de la Society for Menstrual Cycle Research de Estados Unidos. “Quería que la lectora se topase con todas las personas que hay en mí —revela a EL ESPAÑOL— y lo quería hacer en forma de diario, para que mi cuerpo me contase qué pasaba”.

Así se percató de que escribía diferente en función del momento del ciclo en el que se encontraba. “No era igual escribir en premenstrual que en preovulatoria, me sentía más libre. Después de tener la regla era más rígida, más intelectual. El proceso creativo depende del estado químico del cuerpo. Porque escribes desde el cuerpo, por mucho que quieras silenciarlo”, argumenta Irusta.

Escuchando a su cuerpo, Erika se topó con una serie de acontecimientos latentes, algunos muy traumáticos, que han ido forjando su carácter. Poniendo en negro sobre blanco su diálogo con su cuerpo admitió lo que tanto le había costado verbalizar: era una mujer maltratada, por su padre, y víctima de los abusos sexuales de su tío.

Escribir para descubrir heridas

“Cuando haces coñoescritura —detalla la especialista— permites que el cuerpo empiece a decir las cosas, le vas quitando los filtros, le vas dando permisos, te echas hacia detrás y permites que él deje contar su historia, aparecen cosas que tú has mandado a callar. Es una chispa que está ahí, algo que silencias porque no tienes palabras y que, por lo tanto, es un fantasma: algo sin un cuerpo de realidad. La coñoescritura me permitió ver donde estaba la herida”.

El curso, que se ha desarrollado durante tres meses, consta de una parte teórica, en el que se profundiza en qué es esta forma de escritura, “que no es —advierte Erika— escribir lo que te salga del coño”; y una práctica en la que las alumnas documentaban su día a día bajo la pregunta “Cuerpo, ¿qué quieres decir hoy?” para que los textos sirvieran de ejemplo para el resto.

“Es importante saber coñoleer”, apunta Irusta. “Leer desde el cuerpo. No desde la cabeza. Te tiene que dejar tocar. Y así salen cosas muy fuertes, duras de asimilar porque nunca te las habías planteado”, detalla.

—¿Y qué ha salido?

—Temas sobre el propio cuerpo, de maltratos, violaciones, relaciones de abusos… hay textos que son muy difíciles de leer. La conclusión es que nos parecemos mucho en las heridas, es una epidemia. ¿Cómo puede ser que todas tengamos las mismas heridas? Abusos, violaciones, maltratos… ¿Cómo puede ser? Y no estoy en un grupo de violadas anónimas. Vivimos abusos constantemente. Estamos tocadas y heridas en los mismos sitios.

“También que, a día de hoy, las mujeres decimos que conocemos nuestro ciclo menstrual cuando no tenemos ni idea de lo que nos está pasando”, apuntilla.

—¿La menstruación sigue siendo un tabú?

—Sí, joder. No solo es silenciado. Hemos pasado por muchos periodos en relación al tabú menstrual. Vivimos en una época más perversa, ya no se silencia, ahora se ignora. Se niega que el ciclo hormonal afecta. Y claro que afecta. La química, los cambios hormonales, afectan totalmente: nos regulan a nivel psicológico, anímico, comportamiento…

—¿Y qué hay de la frase: “Déjala que está con la regla”?

—Es horrorosa. Se invalida a la mujer por su momento hormonal. Es algo que nos ha dado mucha rabia. La cárcel de la mujer siempre ha sido el cómo han interpretado los hombres nuestro cuerpo. Nos han hecho creer que el problema no era su interpretación, sino nuestro cuerpo. Esa es la trampa. Tus hormonas no son el problema, es cómo se leen tus hormonas en esta sociedad. Y, cito a Violencia Rivas, un humorista argentino: “Yo menstrúo una vez al mes, pero vos sos un boludo todo el año”.

Erika concede esta entrevista a EL ESPAÑOL un par de días antes de su menstruación. Y habla su voz Lútea, la progestágena, la libre. La pedagoga, nacida en Ezkerraldea, Vizcaya, y residente en Sevilla, es un torrente de verbo rápido. Sonríe y se autodefine como un animal vulnerable. Antes siquiera de idear el término ‘coñoescritura’ recorría pueblos de Cataluña, primero, y del resto de España ofreciendo talleres a mujeres.

“Soy una, soy cuatro”

El éxito no fue inmediato. A su primer taller, destinado a adolescentes, no acudió nadie. Ahí reenfocó cuál era su público objetivo: las mujeres adultas. Idea que jamás abandonó, primero de forma presencial; después, mediante un blog, ‘El camino rubí’, y una comunidad online, ‘Soy una, soy cuatro’, un foro de encuentro en el que participan activamente 470 mujeres o personas menstruantes. “El género es una construcción social, hay transexuales que menstrúan. O mujeres que no menstrúan porque no tiene útero”, explica Erika.

En datos, más de 800 personas ha pasado por la comunidad en sus dos años de vida. Más de 2.000 mujeres esperan poder ocupar una de las 470 plazas, un número cerrado. Las pocas plazas que salen, solo si hay alguna baja, se vuelven a ocupar a las pocas horas. Cada usuaria tiene un tiempo de vida medio de 18 meses, muchas jamás lo han abandonado. El tiempo medio de permanencia a diario por casa suscriptora es de 41 minutos y 57 segundos. El 70% son españolas, sobre todo del País VascoCataluña y Madrid, aunque hay representadas 90 países, entre los que destacan México, Argentina, Reino Unido, Rusia, Chile, Colombia, Estados Unidos, Alemania y Andorra. El precio de la suscripción, a elegir: 19,99 euros al mes; 99,90 euros cada semestre; o 149,90 euros al año.

Todas son mujeres, no hay hombres. No se admiten. “No tienen cabida —apunta— Erika, es ilógico que entren en una escuela en la que tratan temas que no les interesa”.

“La idea es crear un entorno de confianza real, trabajar vínculos; la idea es poder hablar de cosas de las que nunca hablas, porque hay mujeres que solo se sueltan aquí, porque en sus casas no pueden”, asegura Erika.

Se trata, según profundiza Irusta, de un proyecto pedagógico de conocimiento horizontal en el que la propia comunidad instruye a sus integrantes en investigadoras del ciclo menstrual. Con contenido didáctico para generar un  conocimiento propio. “Aprender de nosotras mismas —resume Erika—, de nuestro cuerpo”.

—¿Qué ha aprendido que no sabía de tu coño?

He aprendido que no era mío. Es una realidad incómoda. Le pertenecía a mi padre y luego le pertenecerá a mi marido, aparte de los abusos sexuales de mi tío. También es del ginecólogo, que es el que se mete ahí, mira como una vaca, es algo muy desagradable, él te dice lo que tomar o lo que no. Hay mujeres que sentirán que su coño pertenece a la iglesia o a Dios, por el pecado, sucio… No he podido, ni a pesar de los años, dejar de sentirme sucia después de masturbarme, es como si tuviese la Inquisición en las bragas. El coño también le pertenece a tus hijos, porque salen de él. También es de las modas, soy de la generación de la hipersexualización, pero antes se dieron otras.

Erika es tajante. De palabra rápida. Cita a Virginia Woolf: “Ninguna mujer ha conseguido escribir la verdad sobre la experiencia de su propio cuerpo”; y a Ludwig Wittgenstein: “Las fronteras de mi lengua son los límites de mi mundo”.

“Hay que incomodar, usar nombres demoledores, que te pongan en alerta, que te predispongan a hacer y generen curiosidad. Eso es la coñoescritura”.

 

Fuente: www.elespanol.com
Por: Pepe Barahona  Fernando Ruso

La importancia de amarse en lugar de entenderse

 

“Es mucho más importante amarse que entenderse”. Eso, es lo que sostiene Gregorio Luri, maestro de escuela, pedagogo, doctor en Filosofía y escritor de 62 años: Nací en Navarra y vivo en El Masnou. Casado, dos hijos y dos nietos.  Soy un conservador, no tengo suficiente con ser sólo moderno, necesito recurrir a los antiguos para entender el presente. Y un pagano que cree en Jesús

 

Maestro

Es profesor universitario y doctor en Filosofía, un hombre leído, pero a él le basta que lo defina como maestro: “Hay que volver a subir al maestro al pedestal para exigirle lo que corresponde a una figura a la que le supones una autoridad y un crédito”. Dejó la docencia por una enfermedad, la enfermedad de Ménière, que le produce mareos, vómitos y le obliga a meterse en la cama hasta que pasa. “Al principio me deprimió muchísimo, luego decidí dejar de quejarme y comencé a escribir”. Lleva una treintena de libros publicados sobre filosofía, historia y educación. Elogio de las familias sensatamente imperfectas (Ariel) es un pequeño libro delicioso que no tiene desperdicio, un manifiesto de sensatez que se agradece.

¿Qué le han enseñado sus alumnos?

Mis límites. “Habla para que te vea”, decía Sócrates. Sólo cuando los demás hablan los ves y cuando hablas te ves a ti mismo.

¿Qué es un maestro?

Tu obligación es hacer visible a tu alumno lo que puede llegar a ser.

Un maestro así es el sueño de todo padre.

Creo que la armonía está sobrevalorada, que padres y maestros no necesariamente tienen que ir al unísono. Está bien que los niños entiendan que hay desavenencias. Crecer también es saber moverse de manera adecuada en ámbitos distintos.

La armonía es difícil también en casa.

Es irreal hacer creer a los hijos que los padres estamos de acuerdo en todo. Lo que deben ­entender es que las desavenencias se gestionan. Considero que es mucho más importante amarse que entenderse.

Eso es muy inteligente, maestro.

Mostrar a los hijos que nos queremos a pesar de que hay momentos que no nos soportamos es una lección imprescindible para llegar a ser adulto. ¿Hay algo más importante en la vida que contar con alguien que te quiere siendo consciente de todo eso de lo que no te sientes digno?

Elogia usted la familia sensatamente imperfecta.

Sí, la que está dispuesta a aprender de su propia experiencia, que no delega su responsabilidades en un especialista. Si los humanos fuésemos relojes complejos, ajustaríamos las piezas que no funcionan, pero como no lo somos, lo que necesitamos es sentido común.

Hoy no hay niño que no haya visitado a un psicólogo.

Eso indica la inseguridad de los padres. Si no tienes un problema claro y concreto, no alquiles tu responsabilidad a un especialista. Pero a menudo acudimos a ellos porque creemos que es posible una vida sin problemas.

Cierto.

Eso no existe. De lo que se trata es de cómo gestionar los problemas cotidianos sin excesivas gesticulaciones.

¿Esa mala cara, ese grito huracanado…?

Sí, todas esas cosas de las que nos avergonzamos. Pero hay que pasar página. Me gusta ese cuento zen de un monje que cuidaba primo­rosamente su jardín, y cuando había acabado le echaba una hoja seca porque decía que si no tenía ninguna imperfección no era humano.

Es usted irónico con los superpadres.

Los padres modernos siempre llevan ese Pepito Grillo que les hace estar continuamente preguntándose si en lugar de castigar no hubiera sido mejor dialogar o viceversa; esa condicionalidad en las relaciones que deberían ser espontáneas marca un comportamiento que merece el nombre de neurótico.

La reflexión es buena.

Sí, pero que no sea doliente. Es buena una cierta ironía con las propias meteduras de pata que te permita dolerte menos y aprender más.

Hoy los niños se autojustifican diciendo: “es que soy adolescente”.

Sábado: tu niño del alma, tumbado en el sofá con el mando a distancia te dice: “Me aburro”. Hay padres que consideran que deben ser los dinamizadores culturales de sus hijos, ofrecerles un menú de actividades, pero así estimulan su flojera. Mejor un “y a mí qué”, provocar que salgan de su aburrimiento autónomamente.

Entiendo.

…O el niño que ha tenido un día agotador: exámenes, entreno… Llega a casa, tira la mochila y exclama: “¡Estoy cansadísimo!”. Los padres perfectos le preparan un baño y le sirven la cena. Yo abogo por un: “Te entiendo perfectamente porque yo llego así muchos días, pero por favor recoge la mochila”.

Ya.

La adolescencia se ha convertido en un nuevo fenómeno cultural y comercial. Y a menudo la autoestima se confunde con el narcisismo que hoy se considera una conducta normal, y eso fragiliza mucho. Si te crees que el mundo está para servirte, vives en un engaño.

Hay que ser comprensivo…

Los adolescentes aprenden saltándose los límites. Tienen más energía que sentido común para controlarla y a menudo actúan sin lógica; los padres lo sabemos, pero esa comprensión te la debes guardar para ti, tú debes ser sus frenos.

Dice que sin culpabilidad no hay moralidad… suena carca.

Hoy la palabra culpa está proscrita, pero señalarles las faltas es decirles que los consideras personas responsables de sus actos y no unos insensatos que no saben lo que hacen; así podrán reflexionar y extraer alguna conclusión.

¿Con o sin castigo?

La mejor manera de librar a un culpable de sus remordimientos es ofrecerle la posibilidad de hacer borrón y cuenta nueva. El drama de nuestros jóvenes es que hay demasiados adultos confundiendo comprender con justificar.

Con lo que hacemos nos hacemos.

Así es, y defiendo otro concepto olvidado: la virtud, cuya esencia es la ambición de realizar bien lo que tengas que hacer. Me parece más útil el compromiso de los actos que eso de repetir valores: “sé bueno” “sé sincero”, “sé justo”…

 

Y creo que es más noble aprender a querer la ­vida a pesar de sus constantes zancadillas que aspirar a una felicidad que se supone se consigue renunciando a la vida, es decir: creyendo que si eliminas lo que va mal serás feliz.

 

 

 

Fuente: http://www.lavanguardia.com/lacontra/20170927/431585433286/es-mucho-mas-importante-amarse-que-entenderse.html

Por: Ima sanchís

“Amo” … Poesía para ti

 

Amo

 

Amo escuchar el latido de tu corazón

y tus dedos enredados en mi pelo.

Amo tus pies fríos entre las sábanas

Y tu respiración cerca de mi cuello.

Amo esos días de no hacer nada

sintiendo que tenerte cerca, es tenerlo todo.

Amo lo que le dices a mi piel, lo que transpiras.

Amo tu voz en mi oído

Y lo que me haces sentir cuando te agitas.

Amo tu cuerpo conduciéndome

tu risa metida entre mi boca

Y esa sensación mágica de estar a tu lado

que detiene el tiempo aunque el reloj avance.

Amo las noches contigo

Y ese extraño letargo que siento

perdida entre tus piernas.

Amo no tener salida, entrelazada a tus manos.

Amo tenerte aquí y no sabes cuanto amor,

cuanto daría siempre, por un día más,

por una luna más,

por quedarme otro rato en tus ojos

que llenan mi alma de paz.

Amo saber que habrá un mañana

y que en cada despedida

siempre hay un hasta pronto.

– Irma Cristina Cardona –

 

Juan Peláez

 

 

Nada es perfecto: la vida duele a veces

 

“Hay que asumir que la vida duele a veces, que no hay nada perfecto”.

Entrevista a Joan Garriga, que  imparte  un seminario de constelaciones familiares, o cómo resolver conflictos que están enterrados

El concepto «constelaciones familiares» suena un poco extraño. «A estrellas, a universo, a ese tipo de cosas», dice Joan Garriga. Él, que es un experto en la materia, explica que todo viene de una mala traducción. «Yo habría elegido otra palabra. En vez de constelaciones, hablaría de configuraciones familiares», dice. Sea como fuere, Garriga está en Vilagarcía para impartir un seminario al que acuden tanto profesionales que quieren conocer más sobre una terapia «que forma parte de una tradición muy seria», como personas que buscan «revisar sus asuntos».

-¿Qué son las constelaciones familiares? ¿Las tensiones más o menos invisibles que hay alrededor de una mesa durante la comida familiar del domingo?

-Esa escena de comida de domingo sería la superficie de las cosas. Las constelaciones familiares van a la hondura para comprender la dinámica de cosas que a veces no son visibles. Una constelación es una representación de aquellos miembros de la familia o de aquellos vínculos que guardan una relación con un problema que uno tiene y con la solución que necesita. Desde esta perspectiva, lo más importante es qué hechos ha habido en el sistema familiar que no han sido aceptados, integrados, reconocidos, solucionados. Constelaciones es una herramienta que saca a la luz asuntos claves y permite abordarlos, comprenderlos, encararlos y solucionarlos, de manera que algunas dinámicas no tengan que repetirse. Trabaja mucho con los órdenes del amor.

-¿Los órdenes del amor?

-El amor se da, pero no siempre basta. Se necesita que vaya en la dirección del buen amor. Que en la familia no haya personas excluidas, un abuelo que se fue, alguien que mató a otra persona, un aborto… Hechos dolorosos que hacen que se excluya a una persona. Pero la realidad no puede ser burlada. Y los miembros que han sido excluidos, misteriosamente, vuelven, y su papel es representado por otras personas. Además de no excluir a nadie, en la familia es necesario que cada uno esté en el lugar que le corresponde. Que el hijo sea el hijo y el padre sea el padre. Que en la pareja estén el uno al lado del otro.

 

-¿Ante una situación traumática, qué hay que hacer?

-Hay que reconocer lo que ha pasado, llorar, hacer el proceso emocional necesario para al final poder aceptarla e integrarla. La clave de toda cura y de todo bienestar es la aceptación. Y la clave de todo malestar es el rechazo. Si aceptamos, estamos más libres. Si no, estamos atados y va a tener consecuencias: como una vez me ocurrió algo malo, voy a vivir siempre una vida de mierda. Hay demasiada gente atrapada en eso. El buen amor conduce a la vida, el mal amor mira al pasado y pivota sobre el pasado. Demasiados conflictos no resueltos con los padres se llevan a la pareja, a los hijos.

-¿Una cosa pequeña enterrada sin haberla asumido bien puede acarrear problemas?

-Las cosas dependen de la actitud con la que se vivan. Una vez tuve una paciente que decía que cuando tenía 13 años le había pasado algo terrible. Al final era que había pasado un año en un internado. Tengo la sensación de que estaba promoviéndose como víctima, y que si no fuese el internado hubiese sido otra cosa. Hay heridas y heridas. He visto gente con heridas graves que salen bien y se desarrollan bien. Las cosas pequeñas… Creo que hay que retirar de los hijos la idea de que todo debería ser perfecto. Hay que asumir que la vida duele a veces, que nada es perfecto. A fin de cuentas, si dependiera de los padres, todos los hijos estaríamos muy bien.

-Pero a lo mejor no estamos dando a los niños los modelos que necesitan.

-Yo introduciría en el modelo educativo una educación para los afectos, para los sentimientos, para los vínculos. Sería algo más que educación emocional. Podemos decir que un niño tiene derecho a tener rabia, que es una emoción legítima. Y es verdad. Pero a lo mejor ese niño siente rabia porque sus padres no se sujetan bien en la vida. Y es más importante hacer que los padres se sujeten bien en la vida porque la rabia, si se cronifica, acaba siendo disfuncional. Sí que hay que permitir las emociones, pero hay que entender a dónde se dirigen. Y si se repiten mucho, hay que estar atentos, buscar cuál es su origen, cuál es su función, cuál es su sentido.

-Ahora está de moda el concepto «gente tóxica», pero más que la gente, lo tóxico serían algunas relaciones…

-Si nos ponemos a hablar en este lenguaje, que levante la mano quien no tenga toxicidad. Dicho esto, a mi no me gusta pensar en personas buenas y malas. Sí es cierto que hay personas más beneficiosas y otras más problemáticas. Evitar a las personas tóxicas es un buen consejo, pero habría que preguntarse qué es lo que hace que a uno le atraigan este tipo de personas. Yendo más allá, las personas que tienen a generar relaciones turbulentas, seguramente son corazones heridos. No me parece interesante ir condenando a la gente. En un mundo que perpetúa la idea de buenos y malos, la sola idea ya es violencia. Yo no veo claro eso de decir este al cielo, este al infierno. Eso que lo haga Donald Trump, que lo hace muy bien. Este hombre vive con la idea de que hay enemigos, y si eso es así es porque la agresión está dentro de él. Habría que hacer un buen análisis psicológico de los políticos. Habría unos cuantos que saldrían muy bien parados, por su vocación de servicio, pero la política está sembrada de narcisistas y psicópatas.

 

Por: rosa Estévez.

Publicado en: http://www.lavozdegalicia.es

 

Frecuencia vibracional y física cuántica

 

Vibración  en la física cuántica significa que todo  es energía. Somos seres vibracionales. Cada vibración equivale a un sentimiento y en el  mundo “vibracional”, existen solo dos especies de vibraciones: la positiva y la negativa. Cualquier sentimiento  hace  que usted emita una  vibración que puede  ser positiva o negativa.

Siete cosas que afectan  su frecuencia  vibracional, desde el punto  de vista de la física cuántica:

1ª – *Los Pensamientos*
Todo pensamiento que usted posee emite una  frecuencia hacia el Universo y esa frecuencia retorna hacia  el origen, entonces  en el caso, si usted tiene  pensamientos negativos, de desánimo, tristeza, rabia, miedo, todo eso va a volver hacia usted. Por eso es tan importante que usted cuide de la calidad de sus pensamientos y aprenda a cultivar pensamientos más positivos.

2ª – *Las Compañías*
Las personas que estan a su alrededor  influencian directamente  en su frecuencia  vibracional. Si usted está al lado de personas alegres, determinadas, usted  también  entrará en esa vibración; ahora  si usted se rodea de personas reclamadoras, quejumbrosas, maldicientes y pesimistas, tome cuidado! Pues ellas pueden estar disminuyendo su frecuencia y como consecuencia impidiéndole hacer funcionar la Ley de la atracción a su favor.

3ª – *La música*
La música es poderosa. Si usted solo escucha música que habla de muerte, traición, tristeza, abandono, todo eso va a  interferir en aquello en que usted vibra. Preste atención a la letra de la música que usted escucha, ella puede estar disminuyendo su frecuencia vibracional. Y recuerde: usted  atrae a su vida exactamente aquello en que usted vibra.

4ª – *Cosas que usted  ve*
Cuando usted ve programas que abordan  desgracias, muertes, traiciones, etc. su cérebro acepta aquello como una realidad y libera toda una química en su cuerpo, haciendo que su frecuencia  vibracional sea afectada. Vea cosas que le hagan  bien y le ayuden a vibrar en una frecuencia más  elevada.

5ª – *El  Ambiente*
Sea en su casa o en  su trabajo , si usted pasa gran parte del  tiempo en un  ambiente desorganizado, sucio, feo, esto también afectará su frecuencia. Mejore lo que está a su alrededor, organice y  limpie  su  ambiente. Vaya a lugares limpios y ordenados. Muestre al Universo que usted está apto para  recibir mucho mas . Cuide de lo que usted ya tiene!

6ª – *La Palabra*
Si usted reclama, se queja, critica o habla mal de las cosas y de las personas, eso afecta su frecuencia vibracional. Para usted mantener su frecuencia elevada es fundamental que elimine el hábito de reclamar y de hablar mal de los otros. Entonces evite hacer dramas y  victimizarse. Asuma su responsabilidad por escogencias de su Vida!

7ª – *La  Gratitud*
La  Gratitud  afecta  positivamente su frecuencia vibracional, ese es un hábito que usted debería  incorporar ahora mismo en su vida. Comience a agradecer por todo, por las cosas buenas y malas, por todas las experiencias que usted ya  vivió. La Gratitud abre las puertas para que las cosas buenas fluyan  positivamente en su vida. Usted, ya agradeció hoy?

Somatizar: mis reflexiones de terapeuta gestáltica

 

¿Te has preguntado alguna vez qué hay detrás de de tu malestar físico? A veces el cuerpo acaba tan cansado que acabamos rompiéndonos porque no ha habido conciencia:  ahí ocurre la somatización. Cuando se somatiza, hay algo que no pasa ni siquiera por el subconsciente, va directamente al cuerpo.

El cuerpo influye en nuestra manera de percibirnos, de sentirnos. El cuerpo influye en el pensamiento y por lo tanto en la emoción. También ocurre al revés: llevar al cuerpo emociones o pensamientos negativos. Esto se llama somatizar.

Si no tomamos conciencia de la funciones corporales. Si no conseguimos llevar al cuerpo los pensamientos y sentimientos que nos surgen, Estamos obviando diálogos que son importantes porque tendemos a disociarnos”

Cuando estamos postrados entre mente y cuerpo, el resultado es la tristeza. El estado de la culpa es el estado de la culpa permanente.

Si las cosas no se dicen donde hay que decirlas, sino, fuera, pierden fuelle. Esto trasladado a cualquier situación (lo que no se dice en el lugar que correspondería), lleva a una situación de desenergetización.

No expresar la  rabia, nos desenergetiza. Se asocia la poca energía con una expresión no manifestada especialmente. En un silencio puede haber dos cosas contradictorias: no se dice que no, pero tampoco se dice que si.Cuando hay dobles mensajes, uno de los dos es falso. No puedes obedecer y desobedecer al mismo tiempo. Lo más difícil de la realidad es que le ponemos la fantasía encima.

Cuando hemos sido reprimidos y castigados, no escuchamos, estamos preparando estrategias. Esto puede ocurrirnos. Somatizar no es algo cuantificable. Hay que ser prudente. Siempre hay múltiples factores”.

La agresión de la somatización viene a nosotros para hacernos conscientes de lo que está pasando. Son sincronías que ocurren. Si notamos lo que nos pasa, no necesitamos agredirnos.

“Nudos”. Yolanda Jiménez

Te invito desde aquí  a que  tomes conciencia de tu proceso, de tu molestia, de tu dolor, de tu tristeza, de tu cuerpo. Te invito a que des un paso en el camino de tu propia responsabilidad. Desde ahí puedes descubrir tus “darte cuenta”. Puedes iniciar los cambios que desees en tu vida . O puedes aceptar tu situación. Desde ahí, puedes elegir tu opción y  acercarte al lugar en el que quieres estar.

Iniciar este camino, tu camino de trabajo personal, a veces, requiere del acompañamiento de un terapeuta. ¿Quieres tomar las riendas de tu vida? Tú decides.

 

Yolanda Jiménez. Terapeuta Gestalt.

https://yolandajimenezescritora.wordpress.com/terapeuta-2/

 

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