Palpita la primavera… poema para el 5º día de encierro*

 

Palpita la primavera

en mi jarrón de las flores.

Siento la savia

(c) Magin Jiménez

en mis canales ocultos.

Me brotan los sueños

de placeres inmensos,

de los goces pequeños,

de los días ayeres,

de los futuros mañanas.

Compartir un momento,

disfrutar las reuniones,

reirnos en grupo,

acariciar los segundos.

Sueño con verte

vestida de agua

y bailar la existencia.

 

 

-Yolanda Jiménez –

 

* Hoy es el quinto día de confinamiento en casa. El gobierno de España decretó el Estado de Alarma desde el día 14 de marzo y la mayoría de los ciudadanos tenemos la obligación de permanecer en nuestros domicilios.

Erotizar el buen trato

Fina Sanz,, doctora en Psicología y sexóloga, reivindica el buentrato.
“Tengo 58 años. Nací en Valencia y vivo en Madrid. Divorciada, tenía un hijo y murió a los 28 años. Soy feminista, quiero un mundo igualitario y diverso, con mas derechos humanos. Mi espiri­tualidad tiene que ver con el sentimiento de unidad con la humanidad y la naturaleza.”
Por: Ima Sanchís

‘Bientratar’

Hay algo que a todos nos pesa en los hombros, que nos impide ir ligeros. Es sutil, un peso antiguo que tiene que ver con la represión, la hemos vivido en el colegio, en la oficina, en tantas relaciones sociales. Es nuestra manera de funcionar, el regusto del maltrato con el que nos tratamos y tratamos al planeta. Fina Sanz ha acuñado una nueva palabra, buentrato, bientratar. “Las relaciones en la cultura patriarcal se basan en el poder y el maltrato. Yo propongo un modelo de convivencia desde y para el buentrato”, sobre él da conferencias y ha publicado un nuevo libro, El buentrato como proyecto de vida (Kairós), además de dirigir sus másters de Autoconocimiento, Sexualidad y Relaciones Humanas en Terapia de Reencuentro.

(c) Juan Peláez

Violencia, crisis de valores, indiferencia por el que sufre…

…Y mucha rabia, insultos públicos, epidemia de acoso escolar…, son nuestros tiempos, y nos estamos acostumbrando.

¿A qué se debe esta deriva extrema?

Vivimos en una sociedad maltratante basada en la desigualdad, en relaciones de poder y sumisión. Este modelo patriarcal absolutamente normalizado se reproduce constantemente en lo grande y en lo pequeño.

¿En el ámbito doméstico y en el político?

Sí, se reproduce en las relaciones de forma inconsciente, el poder se ejerce entre hombres, entre mujeres, entre adultos y niños…

También entre iguales, entre niños.

Eso es lo que venden los medios de comunicación y entretenimiento masivo: violencia y maltrato. Raro es el día en que un niño no ve una escena de violencia, ¿de qué nos sorprendemos?… No se venden modelos de paz y buentrato.

Buentrato no es una palabra que aparezca en el diccionario.

Ese es el problema, ni la palabra buentrato ni el verbo bientratar existen, pero sí existe el maltrato, lo tenemos claramente representado. Cuando me di cuenta de esta carencia empecé a trabajar con esos términos. Pedí a varios fotógrafos imágenes que lo representasen y ninguno supo qué ofrecerme.

¿…?

Inmortalizan el maltrato porque se ve. Sin embargo, el buentrato es algo sin representación.

Pero se nota…

El buentrato es muy sutil, tiene que ver con el lenguaje del cuerpo, con una expresión corporal de felicidad, bienestar, relajación, pero hay que trabajarlo e incorporarlo a todos los niveles y en todos los ritos.

¿Qué ritos?

El paso de la niñez a la adolescencia, por ejemplo, hoy marcado por el machismo, la popularidad hueca y el sexo. El bientratar hay que crearlo, no está representado. Y si no lo sabemos conjugar, ¿cómo vamos a desarrollarlo?…

¿Debemos definirlo para practicarlo?

Sí, y hay que introducirlo en la sociedad, que sea tan común como el maltrato. Que esté en las escuelas, se promueva y se valore, que aparezca en las películas, que sea cotidiano y excitante.

¿Excitante?

La alegría serena y el bienestar no tienen audiencia, no producen subidón, son algo soso. Hay que erotizar el buentrato.

¿Dónde empieza?

En el agradecimiento, que es mucho más profundo de lo que imaginamos. No se trata de buena educación. Por ejemplo, a una persona que se retira, que ha dedicado su vida a la empresa, hay que darle las gracias, eso es buentrato.

¿Una manera de concebir la vida?

Exacto. Hay que fomentar practicas de cooperación en lugar de competencia, introducir otros valores como la solidaridad. Pero solidaridad no es dar un kilo de arroz para los refugiados, es tener una mirada y una escucha frente a la gente que sufre.

A eso lo llaman buenismo.

Ahí tiene la demostración clara de que el buentrato no es un valor. Socialmente se valora el éxito, el dinero y la belleza, lo demás son complementos. Para que algo empiece a cambiar debemos trabajarnos a nosotros mismos.

¿Cómo?

(c) Juan Peláez

Darnos cuenta de qué valores hemos incorporado que nos dañan y hacen daño a los demás, y aprender a ser más compasivos y solidarios con nosotros mismos. Respetar, para empezar, nuestro propio ritmo, ser dueños de nosotros.

No maltratarnos.

El buentrato es la forma de expresión del amor, nuestra forma de vincularnos con los demás. Si no canalizamos nuestra energía amorosa, nos sentimos frustrados, enfermos.

Cierto.

Hay que empezar por pequeños proyectos de amor hacia uno mismo y hacia los otros, algo tan simple como: “Todos los día voy a caminar media hora, lo necesito” o “Voy a ser amable”. El buentrato debe ser proyecto de vida.

Las cosas se tuercen…

Venimos al mundo a transformarnos y a transformarlo, pero la vida te coloca en laberintos, situaciones difíciles que tienes que atravesar.

Usted tuvo leucemia y cuatro años después murió su hijo…

Hay que ser resiliente, no queda otra. La muerte de mi hijo, después de un proceso de búsqueda de sentido, me llevó a formar a gente en ese modelo de trabajo basado en el buentrato.

Una persona no puede haber nacido para que la otra se quede infinitamente mal. Mi hijo murió, tuvo su proceso y sentido de vida que yo desconozco. El mío ha sido crear herramientas de autoayuda para transformar mi vida y poder ayudar a otros, y esa fuerza me la ha dado mi hijo a pesar de todo el inmenso sufrimiento.

Entiendo.

Nos iremos cuando hayamos acabado nuestra misión en esta vida, pero no sabemos por qué hemos venido.

¿Cuál es la herramienta fundamental para transformar la propia vida?

La reflexión, la escucha.

La herida nos lleva a la ira, y la ira, al ­maltrato…

Sí, a menos que yo me haga cargo de mi herida, y entienda que la ira es una emoción humana que podemos manejar.

 

Fuente: www.lavanguardia.com/lacontra

La grandeza de la bondad

La grandeza de las buenas personas está en su corazón

Por: Gema Sánchez Cuevas 
Mujer con los brazos abiertos en una cueva con forma de corazón

Hay personas que ponen corazón en todo lo que hacen. Les delata el brillo de sus ojos, el color de su sonrisa y la intención vestida de amor en cada uno de sus actos. Son esas que siempre aparecen para arroparte cuando ni siquiera te has dado cuenta de que temblabas de frío, las que te proponen un trueque de risas por tristezas y las que siempre están dispuestas a ayudarte a cambiar de color los días nublados.

Personas medicina, personas hogar, personas mágicas. Esas que te abrazan para recomponer tus partes rotas, pero también para recordarte que están ahí y que se alegran de todo lo bonito que te pase en esta vida. Esas que recorren contigo el camino de la vida, te descubren matices preciosos en emociones ya conocidas y te muestran que aún hay muchos lugares maravillosos que visitar y otras tantas formas de mirar.

Personas con las que la conexión es algo más que compartir tiempo: es crear magia.Expertas en acariciar el alma sin tocarla y doctoradas en el increíble acto de dar desde el corazón.

Profundicemos en las buenas personas, esas que son un regalo para cada uno de nosotros y en ocasiones, nuestras mejores coincidencias.

“Si ves algo bello en una persona, díselo. Esa persona puede estar en una guerra que le impide ver su belleza y tú puedes salvarle” -Zab G. Andrade-

La bondad como signo de superioridad

La grandeza de las personas está dibujada en su corazones, en su capacidad para darse a los demás a través de actos de bondad con la única intención de hacerles más felices. Porque no hay nada más grande ni que reconforte tanto que ayudar.

Así son las buenas personas. Las delata la bondad como signo de superioridad y la paciencia como estrategia para comprender a los demás. No presionan, no gritan ni fuerzan, todo lo contrario. Saben interpretar silencios, respetar tiempos y ejercer como sostén cuando alguien lo necesita. 

Mano con flor amarilla

Las buenas personas desprenden calma y una sensación de bienestar tan solo con su presencia. Además, tienen una afición secreta que pocas veces desvelan: observar el brillo que desprenden los ojos de quienes han conectado con la felicidad.

Charles Darwin ya nos habló en su momento de la importancia de este valor. De hecho, lo consideraba como nuestro instinto más fuerte y valioso, ese que posibilita la superviviencia no solo de la humanidad, sino de todos los seres vivos. El problema es que no se practica con demasiada frecuencia ni se valora lo suficiente cuando los demás lo ponen en marcha. Y eso que la bondad es la única inversión que siempre nos enriquece y nunca falla.

¡Hay tanto gestos llenos de amor y bondad que pasan desapercibidos…!

“Las personas hogar huelen a amor y aceptación incondicional. Huelen a cariño, a abrazos largos donde se te cierran los ojos y se esboza una sonrisa. Estas personas huelen a amistad, amor y familia elegida.

Huelen a “estoy a tu lado así tengamos que apretar los dientes” y confían en ti incluso cuando tú mismo has dejado de hacerlo. Son aquellas personas que no te evitan el vértigo ni la caída, sino que te ofrecen las palabras exactas que solo puede regalarte alguien que se cosió las heridas a aprendizajes”.

-Reparando Alas Rotas-

La fuerza de la compasión en las buenas personas

La compasión es otro signo delator de las personas de gran corazón. Ser capaces de ponerse en el lugar de los demás, desear que estén libres de sufrimiento y sentir la responsabilidad de hacer algo por ellos son algunos de los maravillosas actos que las identifican.

Son personas que se nutren del amor, pero entendido este desde su concepto más amplio, ese que se otorga de manera desinteresada. Sin esperar nada a cambio y sintiendo a su vez el bienestar más absoluto. Se trata de un genuino deseo que nace desde lo más profundo y que está, única y exclusivamente, dirigido a hacer el bien.

El maestro tibetano Thinley Norbu Riponche describe muy bien esta capacidad “la esencia del amor es la compasión de los seres sublimes que siempre dan energía“, mientras que Thich Naht Hanh se refiere a ella como “amor verdadero“. Y así es.

Pareja abrazada formando un corazón

Las buenas personas están repletas de compasión, bondad y amor. Son aquellas que, a pesar de la distancia, puedes sentirlas cerca porque rompen los límites físicos para conectar con tu interior. Esas que combinan a la perfección la empatía con el arte de comprender el dolor, de ahí que descifren cada una de nuestras roturas y heridas. Porque son artesanas de armonía y felicidad, capaces de volcar todos sus sentidos y sentimientos hacia los demás para transformar un día común en algo extraordinario.

Sus armas secretas son los gestos llenos de amor fruto de la nobleza de sus corazones.Gracias a ellos inundan el alma de los demás de energía positiva, sin esperar nada a cambio. Porque lo que más las llena es regalar afecto, así sin más, por el solo hecho de hacer sentir mejor.

Las buenas personas son artífices del amor más genuino y sincero que podamos llegar a encontrar. Tesoros que apreciar y cuidar desde lo más profundo de cada uno de nosotros.

¡Gracias personas bonitas, gracias por hacernos uno de los mayores regalos: vuestra compañía!

Vuestro valor es incalculable

“He aprendido que la gente olvidará lo que dijiste, también olvidará lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo la hiciste sentir” -Maya Angelou-

 

Por: Gema Sánchez Cuevas

Publicado en: https://lamenteesmaravillosa.com

“De mi cuerpo habitado” llega a Ciudad Real

 

El tren acorta la distancia que me transporta desde mi ciudad a la otra ciudad, a la que viajo a menudo con gran placer y que ahora, acoge la presntación de mi libro de poesía “De mi cuerpo habitado”. El verano esperado, asoma imparable de sol poderoso y luz manchega. El atardecder grandioso, contemplado desde La Atalaya, embriaga el alma de una infinidad exquisita. Luego, la noche cubre la Puerta de Toledo con un manto que envuelve a la par, la majestuosa catedral o las iglesias de San Pedro y de Santiago. Desde el silencio nocturno,  el convento de la Merced, y la Paza Mayor rezuman ecos de historia,  de la orden de Calatrava y de las prebendas que llevaron a Alfonso X el sabio a fundar la Villa Ral, posteriormente convertida en ciudad, por Juan II en 1420: Ciudad Real, de ahí su nombre. Desde sus inicios, habitada por cristianos, musulmanes y judios, conserva el caracter amable del encuentro de los manchegos de raza.  Hay en sus gentes una acogida especial que me emociona: la alegría de compartir una conversación tranquila al amparo de uno de sus cientos de vinos, quesos, mieles y demás exquisiteces, reconfortadoras de quijotes y escuderos; de viajeros o poetas.

Es un inmenso placer compartir la presentación de mi libro “De mi cuerpo habitado” en Ciudad Real: Viernes 15 de junio,  a las 20:00horas en la librería La Madriguera (Calle Toledo 53). Un viaje emocionante de sensaciones, creatividad, erotismo, complicidad, apertura, delicadeza…y acogimiento a lo que allí nos surja.

 

Sexualidad, edad y libertad: una relación proporcional

 

“Es posible sentirse más libre sexualmente a los 60 años que a los 25”, mantiene Anna Freixas. Ella es una de las psicólogas que más ha aportado al desarrollo de la gerontología feminista. En su último libro, Sin reglas, desmonta varios de los mitos y tabúes en torno a cómo viven la sexualidad las mujeres mayores.

Desmontar mitos, saltar prejuicios, evitar generalizaciones y poner sobre la mesa un tema tradicionalmente invisibilizado e, incluso, negado: la sexualidad de las mujeres mayores. El último libro de Anna Freixas (Barcelona, 1946), Sin reglas (Capitan Swing, 2018), explica los resultados de una investigación realizada a partir de 729 testimonios de mujeres de entre 50 y 82 años. Ellas cuentan cómo sienten la sexualidad cuando ya han abandonado su rol reproductivo.

¿Se vuelve diferente el deseo en las mujeres cuando llegan a una edad madura?
Creo que el deseo evoluciona. No deseamos lo mismo a los seis años o a los 14 que a los 30 y a los 50. Es posible que, en un momento dado, tu deseo se centre en una mujer, después en un hombre, otra vez en nada… El deseo es realmente cambiante y ha habido una tendencia a patologizarlo, a considerar que, o tienes un deseo tremendo, o estás enferma. Simplemente hay una evolución a lo largo del ciclo vital que ahora es más evidente porque vivimos más años y, al vivir más años, tenemos más tiempo para mostrar todo.

Tu trabajo desmonta prejuicios, uno de ellos es que la menopausia acaba con el deseo.
La menopausia ha sido el gran chollo del patriarcado. Cuando se define a la mujer como un ser reproductivo, la menopausia se ha expuesto como el principio del fin. Pero es el fin de la reproducción, no el de la sexualidad. El patriarcado ha aprovechado toda oportunidad de liquidar la sexualidad.

Los hombres pueden buscar relaciones con mujeres más jóvenes pero, de alguna manera, se ha mantenido la idea de que la menopausia es el principio del fin del deseo en la mujer. Eso no es verdad, hay multitud de estudios que demuestran que las mujeres, después de la reproducción, sienten deseo. También hay otras que no lo tienen, y algunas de ellas igual tampoco lo tenían a los 40 y a los 30. La menopausia en sí misma no tiene por qué marcar.

Es cierto que hay un cambio hormonal, pero el deseo de las mujeres no está directamente relacionado con lo biológico. Para las mujeres tiene mucho más que ver con el contexto, con quién estamos, cómo estamos, qué tipo de relación tenemos y qué calidad tiene. Para nosotras esto es mucho más importante, ya sea a los 20, a los 50 o a los 80, que una hormona más o menos.

“Nuestro deseo está en el contexto, en el respeto. También puede estar en un ‘aquí te pillo, aquí te mato’, que de vez en cuando sienta bien a todo el mundo”

También está muy relacionado con la medicalización. Después del Viagra, hace pocos años llegó el Addyi, su equivalente para mujeres. ¿Qué opinas de esto?
Creo que las mujeres somos un enorme negocio a todas las edades. Imagínate cuantísimas postmenopáusicas hay en este mundo, ahora que las jóvenes no parís criaturas. Hay que hacer negocio y este consiste en tratar de encontrar una pastilla. Como explico en el libro, esta pastilla tiene cantidad de contraindicaciones.

Me parece absurdo porque, sobre todo, esto implica que no conocen cómo es el deseo femenino. El deseo femenino no está en las hormonas; está en la cabeza, en la relación, en el corazón, en la piel. Nuestro deseo está en el contexto, en el respeto, en la no dominación, en la comunicación, en la intimidad, en la confianza. También puede estar en un “aquí te pillo, aquí te mato”, que de vez en cuando nos sienta bien a todo el mundo. Buscar una pastilla para animar el deseo femenino es no comprender la sexualidad femenina.

Otro dato de tu trabajo es que el 14% de las entrevistadas optarían por una pareja sexual que no se corresponde con su orientación sexual declarada, ¿puede ser que, en la edad más madura, haya menos prejuicios?
No me gusta generalizar, pero creo que una conquista que hemos conseguido, sobre todo a partir de la situación de falta de educación afectivo sexual que tenemos en nuestro país, es la libertad para ser agente de tu propia sexualidad.

Es posible que me sienta más libre con 50 o 60 años que cuando tenía 25, porque a los 25 tenemos que demostrar muchas cosas: que somos femeninas, que somos estupendas, que somos hiperheterosexuales… Y llega un momento en el que tienes que demostrar menos, eres más mayor, la vida pasa más de ti, y tú también pasas más de cosas de la vida, por lo que puedes ser más libre.

¿Crees que la visibilidad lésbica ha ayudado a las mujeres heterosexuales en su liberación sexual?
Sí. De hecho, es gracioso porque en las encuestas han salido muchas veces respuestas de mujeres que se definen como “heterosexual, por ahora”. O cuando preguntas sobre si te parece que una nueva pareja animaría tu vida sexual, las que dicen que sí, al preguntarles si esa nueva pareja prefieren que sea un hombre o una mujer, bastantes mujeres heterosexuales dicen que prefieren que sea una mujer.

Es decir, creo que la mayor visibilidad lésbica, las leyes a favor del matrimonio homosexual y la normalización contribuyen a la libertad. Hay mujeres que en un momento determinado no se niegan a esto, están abiertas, aunque también hay muchas que dicen que estarían abiertas pero no darían un paso ni para conseguir una pareja sexual hombre ni mujer. Hay veces que simplemente están abiertas a lo que surja.

(C) Yolanda Jiménez

En tu investigación también hay un grupo de mujeres que ya niega el deseo.
Sí, y esto también es libertad. Hay mujeres que con 70 años siguen deseando encontrar una pareja y tener una relación en la que haya piel y pasión, y hay otras mujeres que con 50 años dicen que hasta aquí han llegado y que la energía que les supone poner en marcha todo esto prefieren enfocarla en otra cosa.

“Nuestro deseo está en el contexto, en el respeto. También puede estar en un ‘aquí te pillo, aquí te mato’, que de vez en cuando sienta bien a todo el mundo”

Y cuando no se tiene pareja sexual y apetece tenerla, ¿cómo se plantean la búsqueda?
Creo que, en esto, internet ha ayudado mucho. Muchas de las mujeres de mi investigación han hecho incursiones en internet y han encontrado amigos o amigas, relaciones. Esto es un tema importante. Además, internet permite privacidad. No te expones en lo público, al menos inicialmente.

Hablas también de los conceptos ‘viejecita sexy’ o ‘mujer puma’. Recuerdan al de MILF —madre que me follaría—. ¿Por qué esta manía de señalar a la mujer activa sexualmente según su momento reproductivo?
Me sorprende que se destaque. De toda la vida los hombres lo han hecho y nadie les ha llamado ‘leones’ o ‘tigres’. Por ejemplo, se ha hablado mucho de la mujer de [Emmanuel] Macron, que es 20 años mayor que él, pero no de la de [Donald] Trump, que es 20 años más joven. Al usar términos como ‘puma’ de alguna manera se intenta estigmatizar, limitar, en plan “¿qué pasa, que ahora las tías van a ir a la caza?, ¿ya no van a ser las virgencitas que están en casa esperándome a mí?”. Ellos siempre han ido de caza, pero las mujeres no.

También abordas cómo influye en la vida sexual de las personas mayores vivir en una residencia o con los hijos, cómo este cambio lleva a una infantilización.
Sí, realmente hay un momento drámático en la vida en cuanto a las posibilidades sexuales de las mujeres y es cuando dejan de vivir por su cuenta. Cuando vas a vivir a casa de tus hijos, que suelen ser muy puritanos y ven mal que sus madres y padres tengan líos de cama, despídete de llevar a casa a un hombre o a una mujer. En las residencias también es como si volvieras a la guardería. No se plantea como un hotel en el que pones un cartelito en la puerta de “no molestar”. No hay cerrojo en la puerta, entran cuando les da la gana, tienes que compartir habitación… No hay respeto a la intimidad de una persona que puede tener deseos de tener una relación. En nombre del amor se hacen auténticas barbaridades. Se controla el dinero, la vida afectiva, sexual, social. Dejas de poder decidir y poder tomar decisiones por tu cuenta para que tus hijos e hijas las tomen con la dirección del centro.

Cada vez hay más experiencias de residencias autogestionadas en las que el control y vigilancia desaparece o se disminuye.
Conozco estas experiencias y sé que hay algunas residencias también en Estados Unidos en las que no solo se permiten, sino que se estimulan las relaciones sexuales, corporales y afectivas. Poco a poco, habrá mayor reflexión y más sensibilidad y respeto con la dignidad de las personas mayores.

También señalas que, en muchos casos, en la sexualidad también influye el miedo a cargar con las taeas de cuidados.
Creo que una parte de los hombres, sobre todo los mayores de hoy —quizás los del futuro sean diferentes, pero tampoco estoy segura—, buscan intendencia o compañía. Las mujeres también quieren compañía, pero lo tienen claro. Es curioso porque, en esta investigación, las que quieren más sexo esporádico son las más mayores, las de más de 70 años. Prefieren una relación sexual que no implique vínculos como compartir vivienda, no tienen ganas de cargar con nadie. Luego, muchas mujeres afirman que les gustaría tener una relación, pero no con cualquiera. Ya saben lo que da de sí una relación heterosexual y están poco dispuestas a volver a pasar por determinadas cosas.

Desear también es sentirte deseada. ¿Hasta qué punto influyen el propio cuerpo y el imaginario estético de la sociedad?
Desde que eres pequeña quieres querer y que te quieran, desear y que te deseen. Gustar gusta a todas las edades. Uno de los problemas con los que nos encontramos de cara a la sexualidad es el tema de la imagen corporal. En qué medida yo tengo un cuerpo que no es el que tenía hace 30 años, lo acepto y me reconcilio con él o tengo tanto problemas de imagen corporal que no quiero que me vean desnuda.

El tema del cuerpo es muy importante a todas las edades. A los 8 años, las niñas ya sufren por su cuerpo, pero, cuando te vas haciendo mayor, el cuerpo tiene sus propias leyes. En algunos casos hay sentimiento de ira o vergüenza y dificultad para aceptarlo. Pero también depende mucho de la pareja que tienes, porque si está por tus huesos, sientes que gustas. Claro, los modelos estéticos son muy restrictivos, están basados en chicas jóvenes hiperdelgadas y tal. Si eres mayor no puedes ser joven, y mantenerte delgada con la edad es difícil porque no hemos sido educadas para tener un cuerpo atlético sino estético. Y un cuerpo estético es estático.

En tu estudio, alrededor de la mitad de las encuestadas afirman estar satisfechas con su vida sexual. Son cifras que pueden que no sean tan distintas a las que se den en mujeres de otras edades.
Es que las mujeres somos muy condescendientes, hacemos sexo complaciente. Nos lo montamos muy mal, pero desde pequeñas. Las adolescentes practican sexo sin querer para que el otro no la abandone, empezamos mal desde los 14 años. Hasta que llegas a lo que nombro como tener agencia, tener capacidad para ser agente de tu propia sexulidad, para decir sí o no, o así sí y así no, conocer tu cuerpo y tu deseo… Todo esto es una asignatura que se aprende con el tiempo y si tienes suerte. Depende de las parejas que hayas tenido, y en eso nuestros queridos compañeros masculinos dejan bastante que desear, los jóvenes y los mayores. Y con más delito en el caso de los jóvenes, que, en teoría, no han vivido la educación franquista. Por desgracia, no hay tanta diferencia como debería.

 

Por: Ter García Ligia Pájaro
Publicado en: www.elsaltodiario.com

Recuerdos… un poema para el fin de semana

 

RECUERDOS

 

 

“Yo tengo más recuerdos que si tuviera mil años”

-Charles Baudelaire –

 

 

Flores, campo, primavera.

Leña, invierno, frio.

Padre, madre, protección.

Hermanos, risas, compañía.

Recuerdos de una infancia lejana,

en un bálsamo que guardo en mis bolsillos,

Con el aroma de un tiempo feliz, sin tiempo,

grabado en mis partículas profundas.

A veces camino segura sobre la vereda firme

O bailo malabarismos  sobre un alambre incierto.

Guardo un ámbar secreto.

Es mi tesoro de recuerdos.

 

-Yolanda Jiménez-

 

Subir a un globo. Un viaje con el corazón

 

Un amanacer de septiembre. Una sonrisa de niño en la cara del hombre. Una preciosa luz ilumina tus ojos verdes. La sabiduría y la templanza de tantos años vividos reflejados en tu cara tranquila. Me miras desde tu corazón bello con la confianza mutua de la certeza que somos. Asoma el sol por el horizonte mientras  nos elevamos del suelo. Mecidos por la suavidad del ascenso, volamos en globo, abiertos a la experiencia de un mecer tranquilo. Ascendemos, sobre rastrojos rotundos. La elegancia de los chopos pintan de verde la ribera del Eresma. La corriente tranquila acompasa nuestra visión. El sol, se hace presente, calentando nuestras mejillas, encendidas ante la belleza del momento. La solidez de la sierra de Guadarrama, acompaña nuestro fluir entre la brisa fresca. Un sentimiento profundo danza entre mis baile de adrenalina.  En la esencia de lo que soy, de lo que eres, de todo lo compartido en esta forma existencia. Gracias por ser, por estar, por existir … A mi lado, el hombre sonríe… ese hombre… mi padre!!

Fotografía: Yolanda Jiménez

 

Con mi agradecimiento. Con la confianza absoluta y  la calidez del piloto Laureano Casado, profesional, sabio, transparente, generoso, amigo. Con la gratitud también a Begoña Jiménez, mi hermana, porque a través de la amistad que les une, me ha tendido el puente que me llevó a él.

Con agradecimiento a mi amigo Mariano Velázquez, por aportar calidez y alegría, con su generosa acogida.

Y  gracias  a los hilos misteriosos que tejen el Universo de redes, de oportunidades, de momentos, de vida!

 

 

Yolanda Jiménez

 

 

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