Orgasmo y belleza: la expresión del éxtasis en el rostro

Orgasmos,  sexo,placer…Un tema inspirador para escribir, investigar, practicar. Tan amplio y creativo como queramos. Tan diverso como cada  vez que que lo experimentamos. Un denominador común es el bienestar que produce la potente sensación del orgasmo. Un proyecto que nos muestra la influencia de lo que experimentamos en lo que somos y viceversa. Como partes interconectadas del sistema integral que somos, pero también de los sistemas con los que nos relacionamos. La combinatoria es infinita. Redes en red y la belleza de unos rostros que expresan, que reflejan, en esta ocasión, la intensidad de la energía orgásmica.

Comparto aquí algunas imágenes de un fotógrafo que retrata a mujeres antes, durante y después de tener un orgasmo.

Fuente: http://www.codigonuevo.com

 

Sensualidad y ciclo reproductivo

 

La fotógrafa autodidacta Alexandra Sophie explora, a través de esta original serie, las diferentes etapas en la vida de una mujer a lo que sexualidad y maternidad se refiere. El resultado, un trabajo estimulante, simbólico y, a nuestro parecer, muy bonito e inspirador. Para seguir explorando por su universo, aquí está su página: Sophie Alexandra.

 

 Virginidad

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Menstruación

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Embarazo

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Sexualidad

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Fertilidad

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Maternidad

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Despertar sexual

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Lactancia

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Fuente: culturainquieta.com

Via  Design Your Trust

 

 

Comunicación con seres astrales: Hilma af Klint, inventora de la abstracción y artista desconocida

Artista secreta que inventó la abstracción y recibía órdenes de seres astrales, Hilma af Klint. La sueca fue hasta 1986 una pintora desconocida porque murió en 1944 dando instrucciones de que sus 1.200 cuadros no fuesen revelados al mundo.
Practicante del ocultismo y otras disciplinas para contactar con el más allá, vivió entre 1862 y 1944, recibiendo instrucciones artísticas de ‘seres superiores’.
Sus cuadros, de una poderosa abstracción, la colocan como predecesora de los supuestos ‘padres’ del género: Mondrian, Malevich y Kandinsky.

En 1944, a los 81 años y presintiendo que tenía edad suficiente como para prepararse para la muerte, la pintora sueca Hilma af Klint —que fallecería no por vejez, sino en un accidente de tráfico—, estipuló estrictas órdenes testamentarias sobre los 1.200 cuadros y dibujos que había pintado desde joven: el inventario completo, junto con 15.000 cuadernos de anotaciones y bocetos, debía permanecer oculto a los ojos del mundo durante al menos veinte años.

Sólo dió una razón para esta ocultación voluntaria: estaba convencida de que los seres humanos no estaban preparados para ver su obra, que le había sido dictada, afirmaba, por “seres superiores”, situados en un “plano astral” extraterrenal. Desde los 18 años, cuando Hilma sufrió un severo choque psicológico tras la muerte durante una epidemia de gripe de su hermana pequeña, de diez, la artista afirmaba estar en contacto con el más allá, del que recibía mensajes místicos y revelaciones.

La consideraban fuera de sus casillas

Como el único descendiente legal, un sobrino, acató los deseos de la artista, a la que consideraban desde siempre un poco fuera de sus casillas, las pinturas fueron guardadas en un almacén de Estocolmo y, con el paso de las generaciones, del todo olvidadas. Hilma se convirtió así en de las grandes artistas secretas de la historia.

Cuando a mediados de la década de los años ochenta del siglo XX los cuadros comenzaron a salir a la luz, algunas crónicas históricas quedaron necesitadas de revisión: la sueca había pintado abstracciones antes que los considerados padres del género, Mondrian, Malevich y, sobre todo, Kandinsky, que se ufanaba presentándose a sí mismo como el primero en lograr, más o menos en torno a 1911, hablar con geometría, líneas y colores.

Hilma af Klint: Painting the Unseen - Installation view

Hilma af Klint: Painting the Unseen – Installation

Se adelantó en años a Kandinsky

Una exposición sobre esta pintora extraordinaria que se adelantó en años a las sacrosantas grandes estrellas de la abstracción, se celebra hasta el 15 de mayo en lasSerpentine Galleries de Londres. Hilma af Klint: Painting the Unseen (Filma af Klint: pintando lo invisible) demuestra,por un lado, el desentendimiento de la familia, profundamente religiosa, por la “tía loca” y con querencia por el ocultismo y el ninguneo de las mujeres en el arte de vanguardia de comienzos del siglo XX —¿hubiese sucedido lo mismo si la obra fuese de un hombre?—, y, por otra parte, que la prolífica pintora sueca ganó a Kandinsky por varios años en la carrera por escapar de la figuración y entregarse a la abstracción pura.

La antología de la galería londinense presenta obras de entre 1906 y 1915, es decir, anteriores en muchos casos a los experimentos de líneas y planos en armonía de los primeros abstractos. Óvalos gigantes, curvas en espirales, círculos de naturaleza concéntrica y otras conceptualizaciones, algunas de marcado carácter gnóstico o tesófico, son presentados en una muestra que descoloca al espectador.

Caja de madera polvorienta

Las preguntas obligadas son: ¿dónde estaba esta gran artista?, ¿por qué el mundo no la conoció hasta que se montó una pequeña exposición en 1986 en Los Ángeles y otra, en 2012, en el Pompidou parisino —el museo recibió una enorme caja de madera polvorienta con obras amontonadas de cualquier forma—?, ¿hay otros artistas secretos, hombres o mujeres, esperando un tardío descubrimiento?.

Después de graduarse en 1887 por la Real Academia de Bellas Artes en Estocolmo, una de las pocas instituciones académicas europeas que aceptaban a mujeres, Af Klint, hija de un militar de alta graduación de la marina sueca, comenzó a pintar paisajes tradicionales, retratos y dibujos botánicos que expuso en modestas muestras en la capital del país nórdico. A partir de entonces, sobre todo después de la conmoción nerviosa que sufrió por la muerte de su hermana Martina, a la que adoraba, se alejó para siempre de la figuración y se dedicó a plasmar mundos invisibles, escenas de los reinos de lo espiritual y lo oculto.

Sesiones esotéricas

Junto con otras cuatro mujeres pintoras formó parte del grupo de Las Cinco, que se reunían semanalmente en sesiones esotéricas durante las que pintaban en estado de trance o semiinconsciencia. Entraron en contacto, según explica Hilma en sus diarios, con habitantes de otros planos astrales, “seres superiores” de quienes recibían órdenes y directrices.

Uno de ellos, llamado Gregor, dijo a la artista que debía concentrarse en “el conocimiento que no pertenece a los sentidos, el intelecto o del corazón, sino a lo más profundo de tu ser, el espíritu”. Aquellas sesiones, predecesoras del arte automático que los surrealistaspracticaron varias décadas más tarde, dieron demasiado miedo a las otras cuatro artistas y Hilma siguió pintando por su cuenta.

Un encargo de Amaniel para un templo

En 1905 la pintora recibió el que consideraba el más importante de los encargos que había recibido del más allá. Una entidad llamada Amaliel le encargó pinturas para un templo que celebrase la armonía de los mundos de la materia y el espíritu. La artista creó 193 obrassobre el bien y el mal, el hombre y la mujer, la religión y la ciencia…

Esta serie, basada siempre en dicotomías y en las enseñanzas del ocultista y científico austriaco Rudolf Steiner, inventor de la medicina antroposófica y su teoría de las ondas electromagnéticas, muestra representaciones simbólicas de elementos como conchas marinas, serpientes, lirios y cruces. Ocho de las obras del subgrupo que la artista llamada Las Diez Mayores, de más de tres metros de altura y un contenido que podría ser tomado por psicodélico, forman parte de la exposición londinense.

Aislamiento

La misteriosa y dotada artista, que nunca se casó ni tuvo hijos, siguió pintando, pero siempre desde el aislamiento, con el temor y la certeza de que no iba a ser entendida. Tras su muerte el propietario de la granja en la que había vivido dijo al sobrino que quemaría los más de mil cuadros y dibujos si no los desalojaba de la propiedad, que deseaba alquilar de nuevo. Fue entonces cuando fueron trasladados al almacén en el que permanecieron en silencio durante más de cuatro décadas.

Pese al éxito de varias exposiciones recientes de Hilma af Klimt —la del Moderna Museet de Estocolmo en 2013 rompió todos los récords de visitas de la pinacoteca pública, la principal de Suecia—, la figura de esta precursora sigue despertando recelos en algunos círculos académicos. El MoMA se negó recientemente a incluirla en su programa de exposiciones, tras las protestas de algunos de los gestores del museo, que consideran a Hilma una outsider.

 

Por: José Ángel González

Fuente: m.20minutos.es

Deseo… ¿Te lo permites?

¿Tienes deseo?, ¿lo reconoces?, ¿lo atiendes?, ¿te escuchas?… El deseo tiene que ver con nuestros sueños más altos, con la conciencia que ponemos en cada acción, con escucharnos y cuidarnos. Con encontrar nuestro eje. Con construir nuestro proyecto vital.

CORAZON PUZZLE

“No es tener sexo lo que cuenta, sino tener deseo. Hay demasiada gente que tiene sexo sin deseo. Todas esas mujeres escritoras hablan tan mal del tema, cuando es un mundo que a una le cae encima. Yo he sabido desde niña que el universo de la sexualidad era fabuloso, enorme. Y mi vida no ha hecho sino confirmarlo.

Me interesa lo que se encuentra en el origen del erotismo, el deseo. Lo que no se puede, y quizás no se debe, apaciguar con el sexo. El deseo es una actividad latente y en eso se parece a la escritura: se desea como se escribe, siempre.”

*Marguerite Duras, entrevista en Le Nouvel Observateur, 14 de noviembre de 1986.-

 

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Estar con un “genio”

 

Estar al lado de alguien a quien se admira, alguien brillante, alguien que despierta interés, que causa sensación con su presencia, puede ser un lugar ambiguo. Esa cercanía con él o ella, aporta tanto aprendizaje, tantas sensaciones, tanta plenitud, que podemos quedar deslumbrados. Si amas a alguien así, conviene atender a los límites, a los que tú necesitas marcar. Tomarte tu tiempo y tu espacio para tu propio yo. Darte cabida y mirar con perspectiva. Sin comparar, sin juzgar. Se trata de que mires hacia adentro y veas qué necesitas tú. Y desde ahí, puedes relacionarte desde la igualdad. Desde el respeto a ti mism@ y hacia la otra persona. Este ejercicio continuo te beneficia a ti, pero también al ser amado. Porque así le ayudas a  mirarse y a mirarte desde otra perspectiva. Y desde ahí, algo pasa. La percepción cambia y algo se avanza.PINTAME

Comparto  a continuación una entrevista a Francoise Gillot, la mujer que amó y dejó a Picasso. Por Jane Hawley:

A Pablo Picasso le gustaba que sus mujeres fueran devotas y sometidas. Pero Françoise Gilot, colega suya y su amante desde 1943 hasta 1953, rompió el molde. A los 90 años, Gilot habla con franqueza de su relación con el pintor malagueño.

“Soy la única mujer que dejó a Picasso, la única que no se sacrificó al monstruo sagrado -declara Françoise Gilot, con una sonrisa desenfadada y desafiante-. Soy la única que aún está viva para contarlo. Después de todo, mire lo que les ocurrió a las otras -continúa, con sus cejas circunflejas enarcadas-. Tanto Marie-Thérèse como Jacqueline se suicidaron [la primera se ahorcó; la segunda se pegó un tiro], Olga se volvió histérica y casi loca. Dora Maar enloqueció.”

Françoise Gilot, la esbelta belleza que a los 24 años Picasso inmortalizó como La Femme-Fleur , tiene ahora casi 90. Retrepada en una silla de salón Luis XV, en su departamento neoyorquino lleno de obras de arte, su diminuta figura irradia fuerza. Mientras habla, con un seductor acento francés, sus manos -de uñas pintadas de un rosa brillante- gesticulan con elegancia. Gilot sigue siendo la mujer enérgica, de inteligencia aguda y espíritu independiente que compartió una década apasionada con Picasso, desde 1943 hasta 1953.

“Pablo era una persona maravillosa para estar con él? era como fuegos de artificio -recuerda Gilot-. Asombrosamente creativo, tan inteligente y seductor? Si estaba de humor para fascinar, era capaz de hechizar hasta a las piedras. Pero también era muy cruel, sádico y despiadado con los demás y consigo mismo. Todo debía ser como él decía. Una estaba allí a disposición de él: él no estaba a disposición de nadie. Pablo creía que era Dios, pero no era Dios? ¡y eso lo irritaba! Fue el amor más grande de mi vida, pero había que tomar medidas para protegerse. Yo lo hice: me fui antes de terminar destruida. Las otras no lo hicieron, se aferraron al poderoso minotauro y pagaron un precio muy alto.”

Cuando se marchó con sus hijos, en 1953, Picasso le advirtió: “Nadie deja a un hombre como yo”. Gilot y sus hijos también pagarían un precio muy alto. En 1964, Gilot publicó La vida con Picasso , un estudio de aguda percepción sobre cómo este artista perpetuamente inventivo metamorfoseaba las ideas en obras de arte, y sobre su volcánica energía, su espíritu travieso y su lado oscuro, siempre al acecho. Gilot también describió a Picasso como un “Barba Azul” y habló de sus constantes enredos con su sucesión de esposas/amantes/musas/modelos. El libro enfureció tanto al reservado Picasso que para castigar a Gilot cortó todo contacto con ella, Claude y Paloma, y se negó a verlos o hablarles hasta que murió, a los 91 años, en 1973.

Durante varios días, Gilot habló conmigo con sorprendente candor sobre PicassEL ESo y sobre los demás integrantes de “la tribu Picasso”, sus otras mujeres e hijos. “Le estoy contando cosas que nunca antes dije abiertamente, pero ahora sólo me queda tiempo para la verdad”, me advirtió. Sin embargo, hizo falta todo un proceso para llegar a ese punto. El disparador fue una invitación a escribir sobre una exhibición importante,Picasso: Masterpieces from the Musée National Picasso , que viene a la Art Gallery de Nuevo Gales del Sur en el mes de noviembre. Si había alguien a quien yo quería entrevistar, era a Gilot. ¡Imposible!, me dijeron.

Así que rastreé a John Richardson, ahora dedicado a compilar el cuarto volumen de su magistral biografía de Picasso, y él fue quien me sugirió que le escribiera a Gilot. Como mi carta no recibió respuesta, me arriesgué a llamarla por teléfono. Ella me informó en tono altivo que se niega a todos los pedidos de entrevistas: “Es un desperdicio de mi precioso tiempo. Picasso fue una parte importante de mi pasado, pero yo no vivo en el pasado. Tengo la mente puesta en mi propia obra y pinto todos los días”, replicó. Cuando ella estaba a punto de colgar, le mencioné que recordaba que había hablado en el Festival de la Semana de Escritores de Adelaida, en 1984. “Ah, sí? me gustó Australia. Además la pintura aborigen de ustedes me resultó tan interesante, porque es como un encuentro, de origen tan antiguo pero muchas obras se ven tan contemporáneas.” Esto entreabrió una puerta para la conversación que, sorprendentemente, duró toda la hora siguiente, y luego vino la concesión: podría aceptar una entrevista si le enviaba por fax una lista de nuevas preguntas.

“Me niego a hablar de cualquier cosa que haya escrito o dicho antes: eso es una pérdida de mi tiempo. A mi edad, puedo mostrarme displicente con esa clase de cosas”, advirtió. Le dije que la entendía y que podía ser directa con los australianos. “Pero soy francesa, y también soy directa”, respondió, riéndose. Cuando le mandé las preguntas por fax, me sentía como si estuviera rindiendo un examen. A la una y media de la madrugada sonó mi teléfono: “Soy Françoise, okay, puede verme en Nueva York, durante dos horas. Pero nada de fotógrafos”.

No sé bien si el portero anunciará “Madame dice oui ” o “non” cuando llego al gracioso y antiguo edificio de departamentos donde vive Gilot, cerca de Central Park. Es oui(alivio) y un amigable pero cauto bonjour a las diez de la mañana, cuando ella abre la puerta y me guía a través de sus grandes habitaciones de techo alto, revestidas de libros y en general, de sus propias y coloridas pinturas abstractas, y una obra favorita de Georges Braque. Ningún Picasso.

“Sólo tuve un único Picasso, La Femme-Fleur , pero lo vendí hace años, porque sentí que me traía mala suerte -comenta Gilot sin que se lo pregunte-. Nunca acepté más pinturas, porque Picasso hubiera dicho: ?¡Ah, ya ves, eres igual que todas las otras!’. Así que no acepté nada, seguí siendo independiente. Además, sabía que si una le aceptaba cosas a Picasso, quedaba en deuda con él y había que pagarla de otra manera. Él quería que yo fuera sumisa, como las otras mujeres, pero nunca fui sumisa.”

Educada para ser abogada, una confiada hija única de una familia de la alta burguesía, Gilot le aclaró a Picasso que no quería que la pintara. “No quería hacerme famosa como ?el período Gilot’ -dice- después de los períodos Fernande/Eva/Olga/Marie-Thérèse/Dora Maar. Sabía que la manera de Picasso de eliminar una mujer tras otra era pintar sus retratos”, agrega con una risa musical. De hecho, Picasso pintaba retratos despiadados cuando una mujer perdía su favor: por ejemplo, Olga con dientes de navaja, vagina con filo de sierra, cuerpo retorcido, mientras en el fondo se cierne una seductora imagen de su reemplazante de 17 años, Marie-Thérèse.

“La tragedia de esas otras mujeres -explica Gilot- es que les complacía que el famoso Picasso las pintara todo el tiempo, porque eso las hacía sentirse importantes. Se sentían halagadas, pero estaban atrapadas y vivían a través de él. Pero como yo también soy pintora, ¡creo que eso es una estupidez! Como sabemos perfectamente todos los artistas, aunque Picasso estaba pintando el retrato de una mujer, siempre se trataba de su propio autorretrato. Todas las pinturas de Picasso son un diario de su vida.”

La Femme-Fleur floreció después de que Picasso llevó a su nueva relación amorosa a visitar a su viejo amigo Matisse. “Le gusté a Matisse, quien anunció: ?Voy a hacer un retrato de Françoise, su cuerpo será azul pálido y su cabello verde hoja’ -recuerda Gilot-. Cuando nos fuimos, Picasso estaba indignado. Sólo había hecho dibujos de mí, y ahora dijo que él me pintaría primero. Mi retrato se convirtió en la mujer-flor, con rostro azul pálido y cabello semejante a una hoja.”

Muy pronto resulta claro: el exquisito dilema de Gilot es que la enorgullece y al mismo tiempo la irrita que la definan como una de las mujeres de Picasso. Insiste en que es una persona por derecho propio y enumera detalladamente su larga carrera artística con justificado orgullo. Un ingenio agudo y el sentido del humor animan su conversación; sin embargo, se irrita fácilmente si una se mete en el sitio inadecuado, y no vacila en hacerlo saber.ABRAZO EMERGE

Pero una vez que alguien forma parte de la leyenda de Picasso, se queda allí, y su mente ágil parece disfrutar analizando sus años con Picasso como una festividad histórica, y también examinando las paradojas del genio de Picasso.

“Mi relación con Picasso fue un romance de época de guerra, las circunstancias extremas nos unieron de una manera que nunca se hubiera dado en épocas de paz -admite con franqueza-. Era la Segunda Guerra Mundial, en el París ocupado por los alemanes, una época de gran peligro y desastre absoluto. Picasso era un héroe para mi generación: había pintado Guernica y era un símbolo de resistencia contra el fascismo y el régimen de Franco. Implicaba gran coraje de su parte quedarse en París en vez de escapar a América. En cualquier momento podían arrestarlo, pero ésa era su manera de decirle no a la opresión. Varios miembros de mi familia estaban en la Resistencia, y los mataron. A mí me habían arrestado en una manifestación estudiantil y mi existencia también era precaria. Los alemanes odiaban a los estudiantes de derecho, así que yo había cambiado la abogacía por mi verdadera pasión: el arte. Todos podíamos morir mañana: eso me volvió intrépida. Conocía la reputación de Picasso con las mujeres, y sabía que irme a vivir con él podía ser una catástrofe? pero decidí que se trataba de una catástrofe que no quería perderme.”

Muy pronto ya estaba alternando con el círculo habitual de artistas y escritores amigos de Picasso: Braque, Léger, Miró, Giacometti, Cocteau, Colette, Gertrude Stein y Alice B. Toklas, el poeta Paul Éluard. Picasso, que tenía una veta sádica, le pidió a Gilot que leyera las obras de marqués de Sade, tal como se lo pedía a todas sus mujeres, pero ella se negó de plano: “Le dije a Pablo que la crueldad del marqués de Sade estaba por todas partes en esa guerra, y que no necesitaba leer más de eso”, dice. Y agrega, con tono hosco: “Muchas mujeres muy femeninas tienen una faceta masoquista, así que a Picasso le resultó perfecto con las mujeres que me precedieron?el sádico con la masoquista. Pero yo no era masoquista ni sádica? simplemente, no jugaba ese juego”.

Sonriendo una vez más, Gilot recuerda que en sus largas y animadas conversaciones con Picasso, con frecuencia él le preguntaba: “¿Por qué siempre me contradices?”. “Le contesté: ?Debe de ser porque tenemos un diálogo, no un monólogo. Todo el mundo te dice siempre que sí, como la corte que rodea a un rey, así que a mí me toca decir no’. Eso le gustó. Cuando todo el mundo te dice que sí, posiblemente te sientas poderoso, pero también te sientes muy solo. Yo me di cuenta de que Pablo era una figura muy solitaria.”

A Gilot la asombró mucho descubrir que el magistral artista había engañado a todos para que creyeran que su confianza en sí mismo era suprema. Sí, Picasso sabía que en unas pocas horas en su estudio podía hacer cualquier cosa que quisiera, dice Gilot. Pero al mismo tiempo, también padecía una ansiedad suprema, porque quería encontrar una nueva verdad, un nuevo camino en el arte. Como artista joven, a ella le pareció maravilloso que alguien que había creado una obra maestra tras otra aún padeciera esa inquietud. “Picasso siempre se sentía solo, en peligro; nadie comprendió eso -cuenta Gilot-. Me dijo que yo tenía una clase especial de sabiduría y de equilibrio que lo tranquilizaba, y yo creí que podía ayudarlo.”

Su rutina diaria era que Picasso se despertaba tarde, alrededor de las diez de la mañana, de talante pesimista. “Pablo solía quejarse de que la vida era insoportable: para qué tenía que levantarse, no tenía sentido intentar pintar nada -relata Gilot-. Yo lo convencía de que después de todo las cosas no eran tan malas, porque seguramente hoy pintaría algo maravilloso. Venían de visita algunos amigos, Pablo ganaba alguna discusión, recargaba sus baterías, volvía a convertirse en rey. Finalmente, alrededor de la una de la tarde empezaba a trabajar en su estudio, de buen humor.”

Picasso trabajaba hasta las diez de la noche -siempre en silencio, sin música, sin asistentes- y entonces paraba para cenar. Fumaba 40 cigarrillos por día, pero nunca bebió. Podía volver a trabajar y se iba a la cama a las dos de la mañana. Al día siguiente, repetía la misma rutina. “Era agotador -recuerda Gilot- pero toda mi vida aumenté mi nivel de autoexigencia. Era una jinete experta? ¡así que verdaderamente tenía buen equilibrio!”

Las dos horas que me había asignado se estiraron a tres, luego Gilot amablemente me invitó a quedarme a almorzar. Se dirige al comedor con la espalda tan erguida como si todavía estuviera adiestrándose en su caballo, en el Bois de Boulogne. La mesa está tendida formalmente, con un mantel de hilo francés y platería de época, y Anna Maria, su jovial criada, ataviada con un uniforme azul, nos sirve un centelleante salmón ahumado, huevos y ensalada de palta con vino blanco. Durante el almuerzo, Gilot habla, casi siempre con empatía y amabilidad, sobre las otras mujeres de Picasso. “Es como las siete esposas de Barba Azul, una sabe que están allí colgadas de la pared? ¡y que finalmente también a una le ocurrirá lo mismo!”

Gilot no conoció a la primera pareja duradera de Picasso, Fernande Olivier, la artista y modelo que vivió con él desde 1904 hasta 1912, ni tampoco a su sucesora, Eva Gouel, quien murió de tuberculosis en 1915, pero sí conoció a las otras. “Picasso les mentía infinitamente a todas -dice- para mantenerlas orbitando a su alrededor, de una manera perversa y posesiva.”Código de colores

En 1918, Picasso se casó con la bailarina rusa Olga Khokhlova y ambos compartieron diez años cada vez más conflictivos. Picasso pronto empezó a aborrecer la obsesiva escalada social y la creciente neurosis de Olga, pero no podía divorciarse dado que el divorcio era ilegal en España. Olga lo persiguió hasta el día en que murió, presuntamente demente, en 1955. El hijo de Picasso y Olga, Paulo, nacido en 1921, murió a los 54 años, víctima de un trágico alcoholismo.

“Yo conocía bien a Paulo; ambos éramos de la misma edad. Era un encantador joven que sufrió una vida muy difícil debido a sus dos padres -dice Gilot-. Picasso nunca quiso que su hijo llegara a nada; lo menospreciaba y lo convirtió en su chofer [Picasso no conducía]. Cuando nos mudamos al sur de Francia, Paulo nos llevaba en auto a las corridas de toros, que Picasso adoraba, porque para él la vida era una corrida, una sangrienta lucha con la muerte. Se identificaba con todos los protagonistas de la plaza de toros, incluyendo al toro.”

Rebobinemos hasta 1927, cuando Picasso vio a Marie-Thérèse Walter, de 17 años, comprando un cuello de Peter Pan, y puso su mirada magnética y todo su encanto al servicio de seducirla. “Marie-Thérèse fue la más física de las relaciones de Pablo -cuenta cándidamente Gilot-. Las pinturas que hizo de ella son extremadamente sensuales, líricas y suaves, en colores pálidos, oceánicos. Siento simpatía por ella, porque era tan inocente? no muy inteligente, pasiva, agradable y bella. Ella lo adoraba, no tenía otra cosa en su vida, y en 1935 dio a luz a la hija de ambos, Maya.”

Pero el afecto de Picasso pronto se marchitó y en 1936 conoció en un café a la fotógrafa surrealista Dora Maar, que clavaba un cuchillo entre sus dedos, sacándose sangre. Picasso se sintió atraído por los aspectos perversos y salvajes de Maar, dice Gilot sin tapujos, y agrega: “Ninguna de las otras mujeres de Picasso eran muy inteligentes; provenían de familias pequeñoburguesas y no habían tenido una buena educación. Dora era la más inteligente; sin embargo, no entendió a Picasso y entró en juegos sádicos con él. Tenía problemas psicológicos y para 1943 Picasso ya había decidido que estaba completamente loca”.

Dora Maar fotografió el Guernica mientras Picasso lo pintaba, y soportó la pesada carga de la furia y el horror del artista ante la guerra y el sufrimiento. Gran parte de esa furia se descargó en las pinturas que hizo de ella: Mujer que llora . En La vida con Picasso , Gilot escribe que en 1943 Picasso le aseguró que sus relaciones con Marie-Thérèse y Dora Maar estaban concluidas, aunque seguía haciendo dos vistas semanales a Maya y a su madre. ¿Gilot pensaba que esas visitas eran algo más que paternas?, me atrevo a preguntarle.

Ahora Gilot admite: “Oh, claro, probablemente. Eso era parte de su vida. Yo no lo consideraba una amenaza. Después de todo, ¿qué cambiaba si volvía a tener relaciones sexuales con Marie-Thérèse otra vez? Era algo que había hecho desde 1927? ¡y ya estábamos en la década de 1950! Mi relación con Pablo era completamente diferente. No estaba celosa de Marie-Thérèse ni de Dora Maar. Las dos aparecían en la obra de Picasso, y la mejoraban. Sabía que Picasso era como un gran río que arrastraba en su corriente restos y esqueletos. Necesitaba mucho sexo, ese impulso primario era parte de su constitución”. Como estamos hablando del tema, me atrevo a preguntar si Picasso era un gran amante. “Sí, lo era, cuando quería”, responde, con una risa alegre.

Cuando estaban viviendo en el sur de Francia, recuerda Gilot, Picasso la convenció de tener hijos diciéndole que los unirían como pareja y la completarían como mujer. “Me preocupé porque Pablo todavía estaba legalmente casado con Olga, pero él prometió que siempre amaría y cuidaría a nuestros hijos”, subraya. Claude y Paloma nacieron en 1947 y 1949 respectivamente.

Gilot creía que conocía mejor a Picasso que el resto de sus mujeres. “Sabía que el artista que había pintado Guernica no era ningún angelito -reconoce-. No se podían aplicar los mismo valores éticos a un artista muy creativo y a una persona corriente de clase media.” Picasso no podría haber pintado como lo hizo sin experimentar altibajos extremos, en diversos aspectos. Su conducta podía llegar a ser muy primitiva. “Pablo tenía la cruda curiosidad de un niño que toma un reloj y lo destruye para ver lo que tiene adentro -asegura Gilot-. Hacía lo que se le antojaba en cualquier momento, sin pensar en las consecuencias.” La conducta de Picasso se hizo cada vez más injusta y cruel, y la preocupación de Gilot sobre los efectos que eso tendría sobre sus hijos se profundizó.

A Gilot le resultó cada vez más difícil mantener una relación familiar en la que, define, “Picasso era un dios, y yo y mis hijos, meros seres humanos”. Picasso se había jactado de que gozaba haciendo sufrir a las personas que lo amaban. “Una vez le pegunté a Pablo por qué era tan malo con Sabartés, su leal secretario, que lo veneraba. Picasso respondió: ?Sólo soy malo con la gente que amo. Con la gente que no me importa, soy amable’. Típico de él: lo que hacía era poner a prueba nuestro afecto. Todos los días tenía que enzarzarse en algún combate y ganarlo. ¡Picasso era cualquier cosa menos racional!”

Gilot piensa que las pinturas de ella que hizo Picasso durante ese período son reveladoras. “Pablo pintó una serie de caballeros medievales con armadura, de cinturas finas, a caballo? todos ellos son yo. Se quejaba de que yo nunca me quitaba mi armadura. ¡Sí, porque no quería resultar muerta! También pintó muchas langostas? también son yo, con esa coraza protectora.”TU TIEMPO

Aunque había entregado completamente su vida a amar y comprender a Picasso, a Gilot le resultó cada vez más claro que él nunca había llegado a conocerla. Cuando Picasso la cortejaba, ella estaba tan arrobada con él que escribió: “Había momentos en que parecía una imposibilidad física respirar si él no estaba presente”. Pero ahora anhelaba calidez humana y sabía que jamás podría provenir de Picasso. “La idea del amor de Picasso era principalmente física y posesiva, nada que ver con dar. Al mismo tiempo, su lado bueno era tan inteligente que cuando una estaba con él, escuchando sus ideas y viéndolo pintar, solía ser tan asombroso que una sentía que era testigo de un milagro. Eso era lo que daba. Si una podía apreciarlo, eso era lo que recibía de él.”

Ninguna mujer había abandonado nunca a Picasso y él echaba chispas, colmado de incredulidad, cuando Gilot se llevó a Claude, de 6 años, y a Paloma, de 4, a París, a un departamento que había comprado con una herencia de su abuela. “Yo tenía dinero y una carrera propia, una familia y un círculo de amigos propio que me ayudarían a reconstruir mi vida”, explica Gilot. Después, Claude y Paloma pasaron cada vacación escolar con Picasso, que seguía viviendo en el sur de Francia.

El rechazado genio de 71 años pronto eligió a una nueva mujer bien dispuesta: la asistente de alfarería Jacqueline Roque, de 27 años, y se casó con ella tras la muerte de Olga. Gilot habla de Jacqueline con absoluto desdén: “Jacqueline era una mujer vacía, una estúpida pequeñoburguesa que carecía de inteligencia, muy posesiva con Picasso. Pablo estaba feliz porque otra vez tenía una mujer sumisa, que le decía que todo lo que él hacía era maravilloso y que nunca lo criticaba”. Y agrega, con tono desafiante: “Los mejores años de la pintura de Pablo ya habían terminado cuando conoció a Jacqueline. Antes, con frecuencia había pintado imágenes eróticas, pero nunca pornográficas, y ahora empezó a poner vaginas y anos en cada pintura”.

Gozando perversamente con la idea, Gilot confía: “Escuché decir que Picasso había empezado a tener problemas con su virilidad. Conmigo aún era muy potente, pero se estaba haciendo viejo. Aunque hubiera querido dejar a Jacqueline, debe haberlo irritado que su cuerpo lo obligara a ser más fiel que su mente. ¡Ja, ja!”

Gilot dice que hasta Jacqueline, “todas las mujeres y niños de la tribu Picasso habían dejado espacio para los otros. Yo sabía que las otras mujeres le seguían enviando a Pablo cartas de amor, y que él les contestaba. Yo siempre había invitado a Maya a pasar las vacaciones escolares con nosotros, y siempre alenté a Maya, Paulo, Claude y Paloma a que fueran amigos. Pero Jacqueline quería a Picasso todo para ella”.

El derrumbe llegó en 1964, con la publicación de La vida con Picasso , de Gilot. Claude Picasso, que tiene un departamento ultramoderno en Nueva York al lado del de su madre, con espléndidos Picasso y Matisse, retoma la historia al día siguiente. Bajo y robusto como su padre, Claude tiene la inconfundible mandíbula cuadrada y los profundos ojos negros de Picasso. Todo su cuerpo delata su dolor mientras recuerda el día que vio a su padre por última vez, en 1964, cuando era un estudiante de 16 años.

“Eran las vacaciones de Pascua. Paloma y yo tomamos el tren hacia el sur de Francia, fuimos a la casa que nuestra madre conservaba allí y luego llamamos a la casa de mi padre. ¿Podía venir a buscarnos el auto, como siempre? No vino nadie. Esperamos durante días, no vino nadie. Finalmente, nos encontramos con Pablo y Jacqueline? ella fue la que más habló. Dijo que Pablo había sido despiadadamente herido por el libro de mi madre y que era culpa nuestra, porque Paloma y yo tendríamos que haber impedido que lo escribiera. Dejaron claro que mi padre había terminado con nosotros. Yo me enojé con mi padre, pensé que se estaba comportando como un viejo tonto y débil. Paloma estaba devastada, se sentía completamente rechazada. Llamamos, escribimos cartas, todo inútil. Él tenía 83 años, vivía como un recluso. Cada año yo iba al sur e intentaba verlo. Trepé los muros de su casa, para verlo, pero nunca lo vi.”

Más tarde Gilot continúa: “Picasso demandó a mi editor francés, perdió el caso; apeló y volvió a perder. El día que se anunció el veredicto, me llamó por teléfono. ?Ganaste, bravo, te felicito.’ Típico? admiraba al ganador. En ese juego yo había sido mejor que él, pero si hubiera perdido? ¡me habría despreciado!”

El genio suele hacérselas pagar caro a los que lo rodean, tal como trágicamente lo aprendieron los más próximos a Picasso. Cuando murió, su funeral se celebró en unchâteau rodeado por altos muros, Vauvenargues, en Provenza, donde está sepultado. Jacqueline se negó a permitir que Claude y Paloma tributaran sus últimos respetos a su padre o que asistieran al funeral. Claude recuerda: “Nevaba, después llovió. Paloma y yo permanecimos ante las puertas del castillo durante tres días, esperando que nos permitieran entrar, pero Jacqueline había dado la orden de que nos dejaran afuera”. El hijo de Paulo Picasso, Pablito, tampoco pudo entrar. Se fue a su casa y se tomó una botella de lavandina. Sufrió una desdichada muerte tres meses más tarde. Pocos años después, incapaces de vivir sin Picasso, tanto Jacqueline como Marie-Thérèse se suicidaron.

Picasso, que temía la muerte, no dejó testamento, y eso causó un caos tras su deceso. Según la ley francesa de ese momento, los hijos nacidos fuera del matrimonio no tenían derecho a la herencia. Gilot, con su fervoroso sentido de justicia, había iniciado antes los procedimientos para que les concediera el apellido Picasso a sus hijos. “Fui Claude Gilot hasta los 12 años, y luego me apellidé Picasso”, dice Claude.

Disfrutando en cierto sentido de la ironía, Gilot cuenta que usó lo que ganó con su libro para ayudar a Claude y Paloma a iniciar un juicio para convertirse en herederos legales de Picasso. “Llevó años, la ley estaba a punto de cambiar. Pero a consecuencia de la publicidad que rodeó nuestro caso, cambió inmediatamente y Claude, Paloma y Maya pudieron heredar de su padre.” Picasso aún vivía cuando iniciaron el juicio. “Lo enfureció -asegura Gilot- pero había dado su palabra de que amaría y protegería a sus hijos, y no cumplió su promesa.”

Ahora, Claude está a cargo de la Administración Picasso en París, que se ocupa de los derechos y otros asuntos legales. Es un inventario andante de la obra de Picasso. Admite que ser el guardián de la producción del padre que lo abandonó es una compleja situación emocional: “La vida te enseña a perdonar y te da responsabilidades”, dice con suavidad.

 

 

Adios a la mujer flor

Gilot accede a una sesión fotográfica y para nuestra siguiente visita está vestida de azul, con un arco iris en su chaqueta y en su echarpe. “Soy una colorista y adoro la manera en que los colores, uno junto al otro, disputan o cantan”, confiesa. Subimos seis pisos en el ascensor de 1893 para ver el estudio bastante espartano que usa para dibujar. Ventanas altas dan sobre el techo del edificio vecino, donde se ven seis colmenas. “Las abejas consiguen polen de las flores de Central Park y regresan volando aquí para hacer miel”, dice con deleite.

El gran estudio donde pinta, situado junto a su departamento, está repleto de sus coloridas pinturas abstractas, y hay más sobre los atriles. “A Picasso le gustaba mi obra”, acota con orgullo. Los anaqueles trepan hasta el techo y, aunque Gilot no tiene obras de Picasso, sí tiene docenas de libros sobre su obra. Tentativamente le pregunto si podemos abrir uno donde esté la imagen de La Mujer Flor para una de sus fotografías. Gilot alza enfurecida la cabeza, lanzando chispas. “Absolutamente no. ¡Eso es el pasado!”, nos espeta.

También se niega a posar junto a su colección enmarcada de fotos familiares, que incluyen varias de sus años con Picasso. “Podría parecer triste, y yo no estoy triste”, afirma. Sin embargo, sí acepta posar con sus orquídeas Phalaenopsis, que están en flor. Mientras sitúa su cara serenamente junto a las flores, le pregunto cómo describiría su color? parece muy prosaico escribir “púrpura”. “Exactamente. Un pintor lo llamaría magenta o fucsia”, asiente con una sonrisa.

Expresa cierta preocupación por nuestras entrevistas anteriores. “Picasso es una deidad pública y no quiero que crean que lo critico. No me arrepiento ni de un instante del tiempo que pasé con él. Su arte es brillante, pero el hombre tenía defectos, y he sido honesta sobre el tema -explica-. Sé algunas cosas sobre Picasso que no sabe nadie, y podría decir cosas que lo enfurecerían.”

Hizo varias cosas que enfurecieron a Picasso, agrega. Más tarde se casó dos veces, con hombres más próximos a su propia edad. Gilot contrajo matrimonio primero con el artista francés Luc Simon, con quien estuvo casada desde 1955 hasta 1962; la hija de ambos, Aurelia, es arquitecta. En 1970, Gilot desposó a otro “león”, Jonas Salk, el descubridor de la vacuna contra la polio. Habla con profundo afecto de los 25 años que compartieron hasta que él murió, en 1995.

Con un brillo triunfal en los ojos, Gilot concluye: “Pablo dijo que mi vida estaría acabada cuando lo dejé, que para mí no habría nadie más que él. Pero me casé dos veces. ¡Eso fue un sacrilegio! Se suponía que sacrificaría el resto de mi vida a él, y entonces hubiera sido la historia perfecta de Barba Azul. ¡Yo la arruiné!”

Publicado en: lanacion.com.

Traducción: Mirta Rosenberg

La ‘Petit Mort’, o el orgasmo femenino dibujado en palabras

 

Para disfrutar de un delicado y sugerente trabajo sobre el orgasmo femenino. Es saludable volver a colgar este vídeo que ya tiene casi diez años de vida.

 

 

 

Fuente: elventano.es

 

25 de noviembre: homenaje a la feminidad

Hoy  el calendario da cabida al hecho cotidiano de la violencia de género. Los medios de comunicación nos lo recuerdan. Estrategias políticas cubren el expediente con agendas repletas de actos. Discursos puntuales. Palabras. Luego silencio. Silencio por tantas mujeres maltratadas, ultrajadas, violadas, asesinadas…

Hoy, aquí homenajeo la feminidad desde lo más exclusivo de la esencia femenina: la menstruación. Comparto el trabajo de la artista Jen Lewis. Una serie de fotos y un video que  te muestran la menstruación como nunca antes la habías visto:

‘Beauty in Blood’ es una serie de macrofotografías de la regla con las que Jen Lewis pretende desestigmatizar la naturaleza femenina.

regla

“Un día, después de vaciar mi copa menstrual, me fijé en la sangre que quedaba en mis dedos y comencé a preguntarme por qué la sociedad considera la menstruación como algo desagradable. La sangre, las referencias gore y la violencia gratuita están por todas partes en la cultura pop (noticias, deportes, películas, videojuegos, música…)pero la de la regla ha sido completamente borrada del paisaje visual”. Quien sostiene estas palabras a S Moda es Jen Lewis, una artista conceptual que se define así misma como ‘menstrual designer’. Desde el año 2012, esta estadounidense que antes de dedicarse a experimentar artísticamente con su regla era asistente administrativa en Universidad de Michigan, ha dedicado esos días del mes a crear Beauty in Blood, un proyecto con el que “pretende cambiar su percepción social y concienciar respecto a los derechos humanos relacionados con el hecho de tener el periodo”.

Sus fotografías capturan el movimiento de la sangre y dan lugar a sorprendentes resultados que, lejos de parecer desechos corporales, emulan imágenes abstractas que recuerdan a algodón de azúcar, flores, fuego o constelaciones rosas. Para tomar las fotos, la artista cuenta con la ayuda de su marido, el fotógrafo e ilustrador Rob Lewis. Aparte de necesitar un objetivo macro, su técnica no necesita muchos artificios. Al principio, simplemente vaciaban la copa menstrual de Jen en el inodoro cuando llegaba de trabajar. El contraste del rojo de la sangre con el blanco de la porcelana, la forma en que el flujo se movía en el agua y su apariencia distinta según el día del periodo, convertían cada imagen en una pieza única. Después de un año siguiendo este método, la pareja comenzó a experimentar alejados del cuarto de baño. Ahora utilizan un pequeño acuario y una mezcla de agua dulce y salada. La diferencia de densidades logra que el movimiento de la sangre sea aún más asombroso. Cada sesión es un experimento diferente en la que los líquidos no se pueden controlar y el resultado es imposible de predecir (aquí puedes ver el vídeo).

Artista regla

‘A star is born’.

Beauty in Blood or Menstrual Designer: Jen Lewis; Photographer: Rob Lewis.

Inspirada por las fotografías médicas que empapelaban las paredes de la División de Enfermedades Infecciosas en la que trabajaba como administrativa y la obra de artistas feministas como Judy Chicago, Carolee Schneemann, Ana Mendieta o la fotógrafa Berenice Abbott, Lewis pretende “acabar con toda la negatividad y silencio que rodea a la menstruación y comunicar que la regla no es nada de lo que avergonzarse o sentir miedo. No tiene por qué ser un misterio si nos enfrentamos a él de frente”, según explica a S Moda. “De hecho, gracias a la repercusión mediática que está teniendo mi trabajo ya estoy recibiendo muchos comentarios de gente que afirma queBeauty in Blood ha conseguido cambiar su forma de ver este proceso, sintiéndose menos avergonzados. Creo que una declaración visual tan potente puede influir en poner fin al tabú que rodea a este tema”, continúa.

Artista regla

‘Mysterious’.

Beauty in Blood or Menstrual Designer: Jen Lewis; Photographer: Rob Lewis.

Pero no todo el mundo está preparado para abrazar su obra cuando descubren que su materia prima es expulsada cada mes por la vagina de su autora. “Me he encontrado con poca gente que esté totalmente desinteresado en Beauty in Blood, pero sí es cierto que muchos arrugan la nariz cuando les cuento que están viendo macrofotografías de sangre menstrual. Puedo entender que alguien encuentre desagradable hacer arte con fluidos corporales, pero me gustaría desafiar a esas personas a que analicen por qué piensan de esa manera. Suelen preguntarme por qué no hacer entonces obras con heces o semen. Y yo contesto: ‘¿Y por qué no?’ El arte no va siempre de hacer algo bonito o fácil de digerir. Una obra realizada con esperma, por ejemplo, podría hablar de la infertilidad. No soy la primera en trabajar con este tipo de materiales”, apunta.

Efectivamente, son muchas las artistas que en los últimos tiempos reivindican el uso de la denostada sangre menstrual para transmitir un potente mensaje subyacente a una estética más o menos bella. Petra Collins escandalizó al mundo con sus camisetas estampadas con vaginas sangrantes para American Apparel, las artistas Lani Beloso,Vanessa Tiegs o la chilena Carina Úbeda utilizan su flujo en cuadros y pinturas como alegato a favor de la normalización de la regla y la poeta feminista Rupi Kaur fue censurada hace unas semanas por Instagram cuando colgó una imagen de una mujer tumbada en la cama con manchas de sangre en el pantalón y la sábana. La foto, formaba parte de Period, un proyecto con el que la joven escritora paquistaní pretende acercase al tabú de la regla y desestigmatizarla a través de una mezcla de versos e imágenes. A pesar de la buena acogida de su iniciativa en Tumblr, su creación no consiguió escapar a las restricciones de Instagram y causó gran revuelto en internet.

rupi kaur

La polémica foto de la poeta Rupi Kaur censurada hace unas semanas por Instagram.

No podíamos dejar pasar la ocasión de preguntarle a Lewis que opina sobre la reprobación del trabajo de Kaur. “Teniendo en cuenta el consumo desenfrenado de pornografía y la forma en que los medios de comunicación y el marketing utilizan el cuerpo de las mujeres, considero que la censura de su obra fue complemente ridícula y un ejemplo de cómo la sociedad quiere controlar el cuerpo femenino. Estamos inundados de imágenes de mujeres ensangrentadas y golpeadas y no parecer ser un problema. Tampoco la sexualización de la mujer que nos persigue por todas partes parece incomodarnos. Pero cuando las mujeres muestran sus cuerpos haciendo algo natural, se considera horrible y repugnante. Sangramos y a veces nos despertamos con una mancha. No es para tanto pero hemos sido socializados para escandalizarnos ante una foto así”, termina la artista.

Artista regla

‘Pink Fuzz’.

Beauty in Blood or Menstrual Designer: Jen Lewis; Photographer: Rob Lewis.

Artista regla

‘The perfect cell’.

Beauty in Blood or Menstrual Designer: Jen Lewis; Photographer: Rob Lewis.

Artista regla

‘Spiral Slow’.

Beauty in Blood or Menstrual Designer: Jen Lewis; Photographer: Rob Lewis.

Artista regla

‘Cotton Candy’.

Beauty in Blood or Menstrual Designer: Jen Lewis; Photographer: Rob Lewis.

Artista regla

‘Fire & Brimstone’.

Beauty in Blood or Menstrual Designer: Jen Lewis; Photographer: Rob Lewis.

Artista regla

‘Let it flow’.

Beauty in Blood or Menstrual Designer: Jen Lewis; Photographer: Rob Lewis

 

Fuente: smoda.elpais.com (Clara Ferrero)

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