Menstruación: estereotipos que la ciencia derrumba

 

Menstruar es traumático. La primera vez que encontramos una mancha roja en nuestra ropa interior, nos llenamos de dudas y de miedos; nuestra madre nos dijo que era la señal de que ya éramos “señoritas”, en la escuela nos dijeron que nos habíamos “convertido en mujeres” y en la televisión se nos sugirió que debíamos ocultar este proceso a como diera lugar.

La menstruación es un trauma porque nos han obligado a tomarlo como tal, no por sí mismo. Miles de mitos se han tejido en torno a este proceso natural y lo han convertido en algo sucio, indigno e incluso humillante. Muy probablemente a nadie le guste reglar, para ninguna persona es grato tener un chorro de sangre debajo de las piernas cada mes durante varios días. Sin embargo, si a esto le sumamos todos los prejuicios que se han encargado de imponernos, terminamos odiando este proceso y a nosotras mismas. Sin embargo, la ciencia se ha encargado de desmontar esos horribles prejuicios y recientemente, terminó con uno de los más grandes:

La menstruación no altera la mente de las mujeres

Así lo confirmó un estudio dado a conocer por Frontiers Media, donde se concluyó que «No existe una asociación consistente entre los niveles hormonales de las mujeres, en particular el estrógeno y la progesterona con la atención, la memoria de trabajo y el sesgo cognitivo». Es decir, no es verdad que durante nuestro periodo, los procesos metales sufran alguna alteración.

En la investigación participaron 5 especialistas de diversas universidades europeas, instituciones de Alemania, Suiza e Italia, entre otras. La diferencia entre este y otros estudios sobre el tema, es que en el más reciente se consideraron dos ciclos, y en los anteriores, sólo uno, por lo que se pudo descubrir que las diferencias eran más bien circunstanciales.

El estudio llamado “Falta de asociaciones entre los niveles hormonales femeninos y la memoria de trabajo visuoespacial, atención dividida y sesgo cognitivo a través de dos ciclos menstruales consecutivos” condensa la información recabada a partir del estudio de 68 mujeres que estuvieron bajo observación. Ninguna de ellas mostró un cambio notorio.

En entrevista para la revista MIC, Brigitte Leeners, una de las investigadoras participantes en el estudio aseveró: «en la medicina, no es como la matemática. Siempre hay excepciones, Siempre hay hombres o mujeres que son más sensibles a algo. No es una norma tan estricta en la naturaleza como en la física».

La susceptibilidad emocional que vivimos en nuestros periodos hormonales no son determinantes ni exclusivos de las mujeres. Existen muchos otros factores que contribuyen a un estado de ánimo fluctuante y especialmente sensible.

Millones de veces hemos escuchado cosas como “es que está en sus días” o “seguro le está bajando”, frases que usa la gente a nuestro alrededor para indicar que las mujeres estamos “locas” en “esos días”. Eso es sólo un prejuicio machista que no sólo acrecienta el de por sí incómodo momento de la menstruación hasta convertirlo en algo completamente desagradable, sino que se traduce en un odio contra nosotras mismas, nuestro cuerpo y nuestros procesos naturales.

Reconciliarse con la propia menstruación, puede volverse un acto complejo y difícil debido a toda la carga de prejuicios que la rondan. Sin embargo, desmontar este tipo de mitos ayuda, sin duda, a eliminar estas aseveraciones.

 

 

Fuente: culturacolectiva.com

Somatizar: mis reflexiones de terapeuta gestáltica

 

¿Te has preguntado alguna vez qué hay detrás de de tu malestar físico? A veces el cuerpo acaba tan cansado que acabamos rompiéndonos porque no ha habido conciencia:  ahí ocurre la somatización. Cuando se somatiza, hay algo que no pasa ni siquiera por el subconsciente, va directamente al cuerpo.

El cuerpo influye en nuestra manera de percibirnos, de sentirnos. El cuerpo influye en el pensamiento y por lo tanto en la emoción. También ocurre al revés: llevar al cuerpo emociones o pensamientos negativos. Esto se llama somatizar.

Si no tomamos conciencia de la funciones corporales. Si no conseguimos llevar al cuerpo los pensamientos y sentimientos que nos surgen, Estamos obviando diálogos que son importantes porque tendemos a disociarnos”

Cuando estamos postrados entre mente y cuerpo, el resultado es la tristeza. El estado de la culpa es el estado de la culpa permanente.

Si las cosas no se dicen donde hay que decirlas, sino, fuera, pierden fuelle. Esto trasladado a cualquier situación (lo que no se dice en el lugar que correspondería), lleva a una situación de desenergetización.

No expresar la  rabia, nos desenergetiza. Se asocia la poca energía con una expresión no manifestada especialmente. En un silencio puede haber dos cosas contradictorias: no se dice que no, pero tampoco se dice que si.Cuando hay dobles mensajes, uno de los dos es falso. No puedes obedecer y desobedecer al mismo tiempo. Lo más difícil de la realidad es que le ponemos la fantasía encima.

Cuando hemos sido reprimidos y castigados, no escuchamos, estamos preparando estrategias. Esto puede ocurrirnos. Somatizar no es algo cuantificable. Hay que ser prudente. Siempre hay múltiples factores”.

La agresión de la somatización viene a nosotros para hacernos conscientes de lo que está pasando. Son sincronías que ocurren. Si notamos lo que nos pasa, no necesitamos agredirnos.

“Nudos”. Yolanda Jiménez

Te invito desde aquí  a que  tomes conciencia de tu proceso, de tu molestia, de tu dolor, de tu tristeza, de tu cuerpo. Te invito a que des un paso en el camino de tu propia responsabilidad. Desde ahí puedes descubrir tus “darte cuenta”. Puedes iniciar los cambios que desees en tu vida . O puedes aceptar tu situación. Desde ahí, puedes elegir tu opción y  acercarte al lugar en el que quieres estar.

Iniciar este camino, tu camino de trabajo personal, a veces, requiere del acompañamiento de un terapeuta. ¿Quieres tomar las riendas de tu vida? Tú decides.

 

Yolanda Jiménez. Terapeuta Gestalt.

https://yolandajimenezescritora.wordpress.com/terapeuta-2/

 

Una mujer que se ama

 

¿Por qué un hombre ama a una Mujer que se AMA?  

1. El hombre ama a la mujer que no depende de él emocionalmente.

2. Un hombre valora y agradece que la mujer pueda hacerle ver sus errores cuando estos son expresados desde una posición no humillante ni castrante; y la mujer que se ama a si misma no necesita hacerlo desde esta perspectiva.

3. Un hombre sano valora que la mujer se haga responsable de su propia calidad de vida, en términos de salud física, emocional y mental. esto no significa que este hombre se aleje hacia la indiferencia, por el contrario, su deseo de proteger y servir a lo que ama se incrementa.

4. Un hombre sano valora y agradece la inteligencia emocional de una mujer, esta inteligencia emocional se eleva exponencialmente en la mujer que se ama a si misma.
5. Las polaridades masculina y femenina, entre mas definidas están generan mas energía de atracción.

6. Una mujer que se ama a si misma desarrolla altos niveles de sensibilidad, acompañados de altos niveles de inteligencia; el hombre se siente atraído y admira dicha combinación de virtudes.

7. Una mujer que se ama a si misma no da para después obtener, por lo tanto lo que da es honesto y transparente. El hombre confía sus sentimientos a esta mujer.

8. El mayor placer de un hombre es proteger y servir a lo que ama, y una mujer que se ama a si misma no se siente amenazada de merecer y recibir esta protección.

9. La mujer que se ama a si misma tiene confianza en si misma, por lo tanto su capacidad para reconocer y admirar al hombre, en 1er lugar: por lo que es, en 2º lugar por lo que hace y en 3er lugar por lo que tiene, es un hombre que se siente amado. El hombre que se siente amado incrementa de manera importante su nivel de compromiso y responsabilidad.

10. La mujer que se ama a si misma pasa del conocimiento a la sabiduría, en donde sabe decidir con asertividad, cuando ser prudente, cuando poner uno o mas limites y cuando dejar que la experiencia tome su propio tiempo. El hombre ama a esta mujer ya que le provee crecimiento personal, libertad y sensación de aceptación.

Dr. Lee

Carta a una conocida desconocida

Yolanda Jiménez

Te escribo a ti. A ti que sonríes. A ti que amas con la valentía de tu corazón generoso. A ti que te expandes. A ti que te valoras. A ti que hoy estás triste. A ti que estás inquieta. Tus manos tiemblan conteniendo una emoción que se desliza por tus mejillas, humedeciendo tu enrojecida piel. Te traiciona. Te muestra. A ti, que hoy te flojean las rodillas y te castañetean los dientes. A ti, cálida sirena desorientada en un mar incierto.

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Un frío excepcional te paraliza las entrañas. Una conocida sensación se apodera de ti. Una vez más inmersa en un triángulo no elegido, o quizá sí, por omisión, consentido. Es difusa la línea que separa el respeto y el sigilo de la hipocresía y el vacío existencial. Apátrida de una intimidad minada de áspera desconfianza. Un recuerdo de otro tiempo pinta el dolor de tocar fondo. Agudas pinceladas sobre un delicado fondo componen un bodegón repetido.

 

Asomada al abismo de la exclusión, existes en otra forma. Imposible no compararte en esta. Te exiges. Te preguntas lo incontestable. Resentida tu autoestima cuestionas tu feminidad poderosa…¿Cómo y cuánto de poderosa si él prefiere otros manantiales? Te rindes ante la evidencia de un reparto teatral donde otra vez te tocó un papel secundario. Interpretarlo es mendigar. Es recibir las migajas de un tiempo que desearías grande. Un tiempo negado. Un tiempo que no existe para ti.

 

“Sea fácil o difícil, el amor nos tortura por igual: cuando es fácil, nos hace prisioneros; cuando es difícil, peleamos con él”

– Séneca –  Traducción libre de Juan Luis Conde 

 

“¿Estás seguro de que tu Eros es tan atípico de estas décadas? A lo mejor sí, cómo puedo saberlo. Yo no puedo juzgar. La voluntad de cada cual es su reino de los cielos. Bueno sí, yo siempre te querré, no importa cuántas veces cambies de amante

– Juan Luis Conde – (El abrigo de Thomas Mann). Extracto de una carta de Golo Mann al autor

 

¿Cómo estas? – Tristecorazon

¿Cómo es esa sensación? – Estoy inquieta. Me tiemblan el pulso y las rodillas. Mi estómago se pierde en un vacío de dolor agudo.

¿Dónde estás? – En un triangulo isósceles. Muy lejos de la base. Haciendo equilibrios en un vértice elevado y peligroso.

 

¿Qué haces con esto?, ¿Puedes sostenerlo?, ¿Quieres encontrar un sentido, un aprendizaje?, ¿Quieres descubrir todo tu potencial y recuperar tu autoestima?

Te propongo un taller para explorar y descubrir, más allá de tus emociones:

 “Tu Sexualidad y tu Sensualidad” https://yolandajimenezescritora.wordpress.com/

 

Yolanda Jiménez

 

Cuando amas a alguien que no quiere amarte

Siempre se ha dicho que lo importante en una relación de pareja es que ambas personas se amen a sí mismas y mutuamente, pues así es como la relación podrá dar frutos y continuar con su camino sin problemas.desamor 1

Todos tratamos de luchar por nuestro amor y mantener esa chispa intacta, siendo detallistas y entregando amor día a día, a través de distintas cosas, pues así procuramos conquistar a nuestra pareja siempre. Sin embargo, ¿qué pasa cuando esa persona que tanto amamos se niega a enamorarse?

Es una de las peores cosas. De hecho, muchos creen que no vale la pena seguir intentándolo. Aunque, en realidad, es más fácil decirlo que hacerlo. No podemos elegir de quién nos enamoramos, simplemente pasa, y si nos encontramos con alguien que no quiere enamorarse tratamos de luchar constantemente por lograr que exista un poco de afecto hacia nosotros. Es duro, pero es así.

Te sentirás en un limbo, pues habrá días en los que disfrutes de su compañía y todo sea perfecto, pero habrá otros en lo que simplemente no soportarás amarle tanto. Existirán pequeñas muestras de afecto que puede que aumenten o disminuyan con el paso de los días. No es predecible. “Qizá te miente. Toleras lo intolerable. Finges. Quieres creerle y lo haces. Y prefiririas que fuera valiente. Que te lo dijera. Y se lo pides. No quieres paños calientes ... pero es ambiguo”. Y aunque te cueste creerlo, quizá está luchando para no hacerte daño, por hacerte sentir bien a pesar de todo, aunque no esté enamorado de ti.desamor 3

Y, aunque no te ame, trata de ser consciente y pensar en lo que estás sintiendo. Sin embargo, la decisión sobre seguir o no siempre estará en tus manos. Te mereces a alguien que te ame con todas sus fuerzas y te haga amar de la misma manera. Alguien que no necesite que hagas tanto esfuerzo por lograr que se enamore de ti. Alguien que sepa cuánto vales y quiera que seas feliz, y que decida hacerte feliz pase lo que pase. Alguien que quiera amarte”

“Porque amar a alguien que no quiere enamorarse es duro, pero siempre podrás seguir tu camino hasta encontrar a alguien que se enamore de lo increíble que eres.”

 

Fuentes:

sermejorpersona.com y Yolanda Jiménez

 

 

Liberarse de la dependencia hacia el otro

Sufrimos por lo que no tenemos. Y por la idea de perder aquello que apreciamos. Pero ser felices consiste en estar a gusto con nosotros mismos. En llenar nuestro interior. Los celos nacen del miedo a perder lo que se tiene. Destruyen el bienestar y la libertad. Aunque pueda parecer lo mismo, el apego es lo contrario del amor.

Comparto este magnifico artículo de Borja Vilaseca, publicado en: elpais.com

Los seres humanos sufrimos por querer lo que no tenemos. La persona que nos gusta, el trabajo soñado, más tiempo libre o un coche deportivo. Sin embargo, por el camino nos olvidamos de lo que verdaderamente necesitamos. Al obsesionarnos con el objeto de nuestro deseo, de forma inconsciente terminamos idealizándolo. Creer que cuando lo obtengamos nos dará la felicidad.

Al conseguir eso que tanto anhelamos, de pronto comenzamos a sufrir por miedo a perderlo, a que nos lo estropeen. Y este temor nos contamina con dosis diarias de ansiedad, atascándonos en un callejón sin salida: no podemos vivir felices con ello ni sin ello…

BUENOS DIAS

Devorador de bienestar

“La codicia también pervierte el éxito. Nos obsesionamos con metas y no disfrutamos del camino. Condiciona nuestras motivaciones”

“Vivimos encadenados a lo que llamamos felicidad” (Anthony de Mello)

Detrás de nuestros deseos y miedos se esconde uno de los virus más letales que atenta contra la salud emocional: el apego. Según la Real Academia Española, significa “inclinación hacia alguien o algo”. Popularmente, también se considera sinónimo de “afecto”. Pero estas definiciones sólo ponen de manifiesto lo poco que conocemos a este gran devorador de nuestra paz interior.

Hay quien dice que el apego es “sano”, una muestra de “amor”. Otros afirman que “cuanto más apego se tiene, más se ama”. Nada más lejos de la realidad.

Y entonces, ¿qué es el apego? Podría definirse como “el egocéntrico afán de controlar aquello que queremos que sea nuestro y de nadie más”. Implica “creer que lo que nos pertenece es imprescindible para nuestra felicidad”. Sin embargo, más que unirnos, el apego nos separa de lo que estamos apegados, mermando nuestro bienestar y nuestra libertad.

Los celos no son amor

“El amor es una palabra maltratada y pisoteada por la sociedad” (Jiddu Krishnamurti)

“Sin ti no soy nada”. “Lo mejor de mí eres tú”. “Necesito saber que me deseas”. “No puedo pasar un día sin saber de ti”. “Por ti sería capaz de matar”. Estas frases, por muy románticas que puedan sonar, suelen pronunciarse en el seno de una pareja envenenada por el apego.

Al creer que nuestra felicidad depende de la persona que queremos, destruimos cualquier posibilidad de amarla. Bajo el embrujo de esta falsa creencia, nace en nuestro interior la obsesión de garantizar que esté siempre a nuestro lado. Y el miedo a perderla nos lleva a tomar actitudes defensivas. Es entonces cuando aparecen los celos. Etimológicamente, esta palabra proviene del griego zelos, que significa “recelo que se siente de que algo nos sea arrebatado”. Revelan que vemos a nuestra pareja como algo que nos pertenece.

Intentamos cambiarla y ponerle límites. Y así el conflicto está garantizado, manchando nuestra relación de tensiones. Curiosamente, el mismo apego que nos ha separado, a veces nos mantiene enganchados por temor a quedarnos solos, a lo que digan los demás.

TU MERECES

La prisión del materialismo

“Lo que posees acabará poseyéndote” (Chuck Palahniuk)

Más allá de dañar nuestras relaciones, el apego también pervierte lo que nos interesa a nivel profesional. Está presente en nuestro afán de éxito. Movidos por el deseo de ser reconocidos, podemos medir nuestro valor como personas en función de los resultados que obtenemos.

A veces nos obsesionamos tanto por la meta, que nos olvidamos de disfrutar el camino que nos conduce hasta ella. Y no sólo eso. La ambición puede terminar corrompiendo aquello que un día amábamos hacer, condicionando nuestras motivaciones y forma de trabajar. Según un proverbio oriental, “cuando un arquero dispara una flecha por puro placer, mantiene toda su habilidad. Cuando dispara esperando ganar una hebilla de bronce, ya se pone algo nervioso. Pero cuando dispara para ganar la medalla de oro, se vuelve loco pensando en el premio y pierde la mitad de su habilidad, pues no ve un blanco, sino dos”.

Buscamos fuera lo que no encontramos dentro. Consumimos compulsivamente. Sin embargo, ¿cuánto dura nuestra satisfacción? Si somos honestos con nosotros mismos, tal vez descubramos el verdadero precio que pagamos por buscar en el lugar equivocado. En palabras de Buda, “lo que más me sorprende son los hombres que pierden la salud para juntar dinero y luego pierden el dinero para recuperar la salud”.

La seguridad es una ilusión

“Quien tiene miedo sin peligro inventa el peligro para justificar su miedo” (Alain)

La mayoría de nosotros siente un profundo temor a la muerte. La negamos. Aunque mueran cada día miles de personas, nos da pánico que de pronto llegue nuestro turno y desaparecer sin más.

Convertimos desesperadamente nuestra existencia en algo seguro. Nos “esposamos” a través del matrimonio. Firmamos un contrato indefinido con una empresa. Solicitamos al banco una hipoteca para comprar un piso. Y, más tarde, un plan de pensiones para estar tranquilos cuando llegue la jubilación. Seguimos lo que nos dice el sistema que hagamos para llevar una vida “normal”.

Pero por más que nos esforcemos, no calmamos nuestra inquietud interna. ¿Qué sentido tiene buscar certezas en un mundo imprevisible? La única seguridad que tenemos es que la incertidumbre sólo desaparece con nuestra muerte. No podemos escapar de la inseguridad. El reto consiste en aceptarla y confiar más en nosotros mismos.

HOY ELIJO

La inutilidad del afecto

“Tú eres lo único que falta en tu vida” (Osho)

Llegados a este punto, ¿es posible vivir sin apegos? Por supuesto, pero es una hazaña que requiere comprender que lo que necesitamos para ser felices está dentro de nosotros, y no fuera. “Ser felices” quiere decir que “estamos a gusto, cómodos y en paz con nosotros mismos. Cuando sentimos que no nos falta de nada”. La trampa consiste en creer que algo vinculado con el futuro nos dará lo que no nos estamos dando aquí y ahora.

Mediante el equilibrio interno podemos cultivar el desapego en nuestra relación con todo lo demás. Compartir lo que somos, agradecidos de recibir lo que otras personas y la vida nos quieran dar. Nada ni nadie nos pertenece. Tan sólo gozamos del privilegio de disfrutarlo temporalmente. Más que nada, porque todo está en permanente cambio.

Así lo refleja una historia sobre Alejandro Magno. Se cuenta que encontrándose al borde de la muerte, el gran rey de Macedonia convocó a sus generales para comunicarles que quería que su ataúd fuese llevado a hombros, transportado por los propios médicos de la época. También les pidió que los tesoros que había conquistado fueran esparcidos por el camino hasta su tumba. Por último, les insistió en que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd, a la vista de todos. Asombrado, uno de sus generales quiso saber qué razones había detrás de tan insólitas peticiones. Y Alejandro Magno le respondió: “Primero, quiero que los más eminentes médicos comprendan que, ante la muerte, no tienen el poder de curar. Segundo, quiero que todo el pueblo sepa que los bienes materiales conquistados, aquí permanecerán. Y tercero, quiero que todo el mundo vea que venimos con las manos vacías y que con las manos vacías nos marchamos”.

La trampa del deseo

Para no caer en las garras del apego es importante hacernos más conscientes de qué deseamos y por qué. Porque nos desconecta de lo único a nuestro alcance: vivir conectados con nuestro bienestar interno. Cuenta una parábola sufí que “un pescador encontró entre sus redes una botella de cobre con un tapón de plomo. Al abrirla, apareció un genio que le concedió tres deseos. El pescador le pidió en primer lugar que le convirtiera en sabio para poder hacer una elección perfecta de los otros dos deseos. Una vez cumplida esta petición, el pescador reflexionó y dio las gracias al genio diciéndole que no tenía más deseos”.

Para cultivar el desapegoMARIPOSAS 2

1. Libro

‘Un nuevo mundo ahora’, de Eckhart Tolle (Debolsillo). Un ‘best-seller’ que desenmascara las motivaciones egoístas y egocéntricas que hay detrás del deseo, el miedo y la dependencia.

2. Película

‘El guerrero pacífico’, de Víctor Salva. Nick Nolte encarna a un sabio que enseña a un joven atleta los beneficios de cultivar una mente centrada en el momento presente, desapegada de lo que pueda pasar en el futuro.

3. Canción

‘En el muelle de San Blas’, de Maná. La letra muestra lo desgarrador que puede ser no volver a ver a la persona querida.

¿Por qué se queda una mujer en una relación violenta?

Para entender…RESPETATE

“La creencia de que las mujeres que son maltratadas permanecen con su agresor porque ‘les gusta’ o porque son masoquistas es uno de los mitos más asumidos cuando la sociedad trata de encontrar una explicación al hecho de por qué una mujer se queda en una relación en la que lleva años viviendo violencia, o por qué no interpone una denuncia, si las estructuras para ello ya están creadas, o como sucede con mucha frecuencia, por qué retira la denuncia una vez que se ha atrevido a ponerla.

Un mito se compone de un complejo conjunto de símbolos, rituales, temas e historias que se eligen y se adoptan como propios. Estos suelen ser personales o compartidos por una pareja, una familia, una comunidad o una sociedad. También pueden ser compartidos por los miembros de una familia por generaciones, afectando sus relaciones con las personas significativas y la forma cómo interpretan los acontecimientos cotidianos.

La violencia, junto con el conocimiento y el dinero, es una de las principales fuentes de poder. La misma siempre estuvo ligada a la forma en que se resolvían los conflictos en los espacios públicos, hasta que se puso en evidencia que también formaba parte de la forma en la que se resolvían los conflictos en la familia.

La violencia doméstica es una problemática social muy compleja y condicionada por muchos factores. Los profesionales especializados en el tema hemos trabajado con las mujeres víctimas de violencia doméstica […] y realizado investigaciones científicas que han puesto de manifiesto las terribles consecuencias que tiene sobre su salud física y emocional, pues de lo que se trata es que el espacio más personal e íntimo de ellas ha perdido estas características y se ha convertido en un lugar inseguro y peligroso.

De manera resumida, podríamos convenir que los aspectos que entendemos de mayor relevancia son: primero, la persona abusadora suele tener un discurso muy cargado de ideas autoritarias, como por ejemplo: ‘el que manda aquí soy yo’, ‘tú me perteneces’, ‘sin mí no eres nadie’, ‘ella tiene la culpa’, ‘ella me provoca, me saca de quicio’. Segundo, los estereotipos de la masculinidad y la feminidad aceptan la dominación del hombre sobre la mujer como sinónimo de seguridad y protección, quedando la mujer en una posición que promueve el abuso, a pesar de haber adquirido mayor poder en la sociedad actual. Tercero, la mujer ha sido socializada sobre unos esquemas que la llevan a internalizar que ella debe ser ‘buena’, ‘atenta’, ‘servicial’ con su marido, llevándola a confundir ‘amor’ con ‘ser necesitada’, y asumir el daño y el dolor que la relación le esté ocasionando, sobre todo si tiene hijos, porque [se supone que] ‘ella tiene la obligación de proteger y defender la familia por encima de ella misma’.

¿Por qué se queda una mujer en una relación violenta?  "La creencia de que las mujeres que son maltratadas permanecen con su agresor porque 'les gusta' o porque son masoquistas es uno de los mitos más asumidos cuando la sociedad trata de encontrar una explicación al hecho de por qué una mujer se queda en una relación en la que lleva años viviendo violencia, o por qué no interpone una denuncia, si las estructuras para ello ya están creadas, o como sucede con mucha frecuencia, por qué retira la denuncia una vez que se ha atrevido a ponerla.  Un mito se compone de un complejo conjunto de símbolos, rituales, temas e historias que se eligen y se adoptan como propios. Estos suelen ser personales o compartidos por una pareja, una familia, una comunidad o una sociedad. También pueden ser compartidos por los miembros de una familia por generaciones, afectando sus relaciones con las personas significativas y la forma cómo interpretan los acontecimientos cotidianos.  La violencia, junto con el conocimiento y el dinero, es una de las principales fuentes de poder. La misma siempre estuvo ligada a la forma en que se resolvían los conflictos en los espacios públicos, hasta que se puso en evidencia que también formaba parte de la forma en la que se resolvían los conflictos en la familia.  La violencia doméstica es una problemática social muy compleja y condicionada por muchos factores. Los profesionales especializados en el tema hemos trabajado con las mujeres víctimas de violencia doméstica [...] y realizado investigaciones científicas que han puesto de manifiesto las terribles consecuencias que tiene sobre su salud física y emocional, pues de lo que se trata es que el espacio más personal e íntimo de ellas ha perdido estas características y se ha convertido en un lugar inseguro y peligroso.  De manera resumida, podríamos convenir que los aspectos que entendemos de mayor relevancia son: primero, la persona abusadora suele tener un discurso muy cargado de ideas autoritarias, como por ejemplo: 'el que manda aquí soy yo', 'tú me perteneces', 'sin mí no eres nadie', 'ella tiene la culpa', 'ella me provoca, me saca de quicio'. Segundo, los estereotipos de la masculinidad y la feminidad aceptan la dominación del hombre sobre la mujer como sinónimo de seguridad y protección, quedando la mujer en una posición que promueve el abuso, a pesar de haber adquirido mayor poder en la sociedad actual. Tercero, la mujer ha sido socializada sobre unos esquemas que la llevan a internalizar que ella debe ser 'buena', 'atenta', 'servicial' con su marido, llevándola a confundir 'amor' con 'ser necesitada', y asumir el daño y el dolor que la relación le esté ocasionando, sobre todo si tiene hijos, porque [se supone que] 'ella tiene la obligación de proteger y defender la familia por encima de ella misma'.  Estos esquemas se van a encargar de perpetuar modalidades autoritarias y abusivas que van a facilitar el hecho de que si son [violentadas por la pareja] tiendan a justificarlo, a aguantar y a no denunciar al papá de sus hijos, creando las bases para que la mujer víctima de violencia doméstica se cierre a la ayuda que la pueda sacar de esa situación que está viviendo.  La violencia doméstica suele aparecer sin que la mujer pueda identificarla como tal. Muchas mujeres maltratadas reportan que un primer momento fue durante el noviazgo o en la noche de bodas. Este hecho sugiere que a mayor nivel de compromiso, el hombre se podría sentir con más libertad para agredir, pues supone que será más difícil que la mujer lo deje.  Por otro lado, estos episodios de agresión se dan por ciclos, no son constantes, se alternan con episodios de cariño y afecto. En una primera fase, se produce una especie de acumulación de tensión, luego viene la explosión o los golpes y por último el arrepentimiento, la reconciliación o la promesa de que no va a volver a ocurrir. Este ciclo se instala en la relación sin que la mujer pueda discriminar qué aspecto de su conducta se relaciona con cada una de estas fases. Esta confusión atrapa a la mujer en una esperanza de cambio sostenida por la fase de arrepentimiento, y esta esperanza se convierte en el refuerzo potencial que la lleva a quedarse en la relación. Al quedarse en la relación se va desarrollando en ella una vulnerabilidad emocional y psicológica que refuerza el comportamiento violento del hombre y facilita la repetición de los episodios de violencia cuya intensidad suele ser progresiva.  Dicha vulnerabilidad, unida a la manipulación que suelen utilizar los hombres agresores, hacen que la mujer se [sienta] impotente para evitar los ataques y buscar ayuda. El aislamiento, el control, la dependencia económica y emocional, más la desconsideración, la intimidación, el menosprecio, el rechazo, las amenazas y el chantaje emocional, la hacen [creerse] incapaz de abandonar a un cónyuge violento y la llevan a desarrollar síntomas clínicos, tales como: depresión, trastornos de ansiedad y trastorno de estrés postraumático, quedando completamente a merced de su agresor.  Recuperar su valoración personal, elevar su autoestima, aprender que ellas no fueron culpables por lo sucedido, volver a confiar en sí mismas, será el reto que estas mujeres tendrán por delante. El mismo solo lo lograrán alejándose de su agresor y entrando en un proceso terapéutico con profesionales con experiencia en este tema."  Texto: Ligia Valenzuela

Estos esquemas se van a encargar de perpetuar modalidades autoritarias y abusivas que van a facilitar el hecho de que si son [violentadas por la pareja] tiendan a justificarlo, a aguantar y a no denunciar al papá de sus hijos, creando las bases para que la mujer víctima de violencia doméstica se cierre a la ayuda que la pueda sacar de esa situación que está viviendo.

La violencia doméstica suele aparecer sin que la mujer pueda identificarla como tal. Muchas mujeres maltratadas reportan que un primer momento fue durante el noviazgo o en la noche de bodas. Este hecho sugiere que a mayor nivel de compromiso, el hombre se podría sentir con más libertad para agredir, pues supone que será más difícil que la mujer lo deje.

Por otro lado, estos episodios de agresión se dan por ciclos, no son constantes, se alternan con episodios de cariño y afecto. En una primera fase, se produce una especie de acumulación de tensión, luego viene la explosión o los golpes y por último el arrepentimiento, la reconciliación o la promesa de que no va a volver a ocurrir. Este ciclo se instala en la relación sin que la mujer pueda discriminar qué aspecto de su conducta se relaciona con cada una de estas fases. Esta confusión atrapa a la mujer en una esperanza de cambio sostenida por la fase de arrepentimiento, y esta esperanza se convierte en el refuerzo potencial que la lleva a quedarse en la relación. Al quedarse en la relación se va desarrollando en ella una vulnerabilidad emocional y psicológica que refuerza el comportamiento violento del hombre y facilita la repetición de los episodios de violencia cuya intensidad suele ser progresiva.Mujer camiseta

Dicha vulnerabilidad, unida a la manipulación que suelen utilizar los hombres agresores, hacen que la mujer se [sienta] impotente para evitar los ataques y buscar ayuda. El aislamiento, el control, la dependencia económica y emocional, más la desconsideración, la intimidación, el menosprecio, el rechazo, las amenazas y el chantaje emocional, la hacen [creerse] incapaz de abandonar a un cónyuge violento y la llevan a desarrollar síntomas clínicos, tales como: depresión, trastornos de ansiedad y trastorno de estrés postraumático, quedando completamente a merced de su agresor.

Recuperar su valoración personal, elevar su autoestima, aprender que ellas no fueron culpables por lo sucedido, volver a confiar en sí mismas, será el reto que estas mujeres tendrán por delante. El mismo solo lo lograrán alejándose de su agresor y entrando en un proceso terapéutico con profesionales con experiencia en este tema.”

Texto: Ligia Valenzuela

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