Apágame los ojos… poesía para hoy

 

Apágame los ojos

 

Quiero ver la luna mientras me enredo en tus brazos

Y saborear tu boca jugosa,

mientras mis manos se deslizan en tu torso de seda.

Quiero verme en tus ojos explorar universos, expandirme en cometas.

Quiero tu esencia de savia.

Quiero escuchar tus latidos, ver tu placer silencioso.

Pedirte que me hagas lo innombrable.

Apágame los ojos  que no quiero ver tu mano en otra mano,

Tus labios en otros besos, ni tu piel en otras caricias.

Mis pupilas de sal y sol se mecen al vaivén de la brisa.

Sé que mañana seré YO.

Yolanda Jiménez

 

 

Nota: Escribí este poema, inspirada por  la lectura de algunos versos de Rilke

Coñoescritura: escribir desde la mujer que somos

 

Ser mujer abarca muchos registros.Uno de ellos, la menstruación, nos distingue y nos define. Ser mujer es tener la capacidad de generar vida. Es viajar en un ciclón de hormonas cada 28 días. Es crear, expresar, percibir, sentir, con diferentes matices. La riqueza de tantas posibilidades emerge del ciclo menstrual y nos genera múltiples horizontes. Si nos hacemos visibles de manera integral, con nuestro ciclo y nuestra menstruación, los beneficios se multiplican. Se hacen extensibles a toda la sociedad y a todas las personas que la conformamos: hombres o mujeres; niños o ancianos.

Comparto a continuación una iniciativa, en este caso de escribir, desde una consciencia plena de  mujer, con todo lo que incluye serlo: menstruar.

 

Erika Irusta, la catedrática en “coñoescritura”, creadora de este arte literario escribe para “descubrir heridas”, pero la semana del mes importa: en premenstrual es más libre, después de tener la regla es más intelectual. Cientos de mujeres quieren ser sus alumnas.

Paloma es periodista y “coñoescritora”. Aprendió el oficio en la Universidad Complutense y a coñoescribir en una comunidad de menstruantes. Como periodista apenas ejerce —ya saben, la crisis—; como mujer documenta su día a día al dictado de su coño. Escribe, a diario, dando rienda suelta a su voz variable, como su propio ciclo. Así ha aprendido que es una y cuatro.

Es tarde y Paloma coloca sus manos sobre el teclado de su portátil. Ahí escribe su novela, por profesión; también lo que siente su cuerpo, por convicción. Paloma, la periodista, es recta, normativa, reflexiva; la coñoescritora es visceral, espontánea y dúctil. Por eso escribe su novela en un serio escritorio y su diario, algo muy personal, en el jardín.

Explica Paloma que la coñoescritura le ha enseñado a cuestionarse paradigmas, incluso a replantearse la naturaleza de los signos ortográficos. A zafarse de un lenguaje regulado y masculino, a encontrar puntos de encuentro con el resto de mujeres en textos escritos con tinta roja, sangre de mujer.

Paloma es una de las ochenta participantes que ha conseguido terminar el curso de coñoescritura que propone la pedagoga, investigadora y divulgadora del ciclo menstrual, Erika Irusta, creadora de la primera escuela menstrual del mundo. Lo empezaron 282 mujeres, más de la mitad de las integrantes de la comunidad Soy una, soy cuatro, un espacio privado en el que comparten experiencias privadas a salvo del escrutinio de mirones. Un lugar seguro, vetado para los hombres, donde expresarse.

¿Qué es coñoescritura?

Pero, ¿qué es la coñoescritura? La voz española de cuntwriting hace referencia a una forma de escritura orgánica, corporal, que nace del cuerpo cíclico y cambiante. Se trata, según su autora, de “un proceso creativo en el que la coñoescritora exorciza la grandilocuente Gramática Universal aprendida para escribir, por fin, desde su cuerpo; no a pesar de este, ni por encima de este”.

Tal definición aparece en el libro Diario de un cuerpo (Casa Catedral, 2016), el primer ejemplo práctico de coñoescritura, la referencia para quienes se inician en este proceso creativo. Un encuentro fortuito, según explica Erika, que surgió como la deformación de un encargo de la editorial.

“Querían que hablara sobre la menstruación y pensé en escribir un libro sobre el ciclo, algo muy canalla sobre la cultura y el sistema, pero no podía; no me salía. Hablé de nuevo con mi editora y les ofrecí mi cuerpo, tratar en primera persona los cambios que ocurrían en mí de manera química, y que me afectan anímica, física y mentalmente”, recuerda Irusta, miembro de la Society for Menstrual Cycle Research de Estados Unidos. “Quería que la lectora se topase con todas las personas que hay en mí —revela a EL ESPAÑOL— y lo quería hacer en forma de diario, para que mi cuerpo me contase qué pasaba”.

Así se percató de que escribía diferente en función del momento del ciclo en el que se encontraba. “No era igual escribir en premenstrual que en preovulatoria, me sentía más libre. Después de tener la regla era más rígida, más intelectual. El proceso creativo depende del estado químico del cuerpo. Porque escribes desde el cuerpo, por mucho que quieras silenciarlo”, argumenta Irusta.

Escuchando a su cuerpo, Erika se topó con una serie de acontecimientos latentes, algunos muy traumáticos, que han ido forjando su carácter. Poniendo en negro sobre blanco su diálogo con su cuerpo admitió lo que tanto le había costado verbalizar: era una mujer maltratada, por su padre, y víctima de los abusos sexuales de su tío.

Escribir para descubrir heridas

“Cuando haces coñoescritura —detalla la especialista— permites que el cuerpo empiece a decir las cosas, le vas quitando los filtros, le vas dando permisos, te echas hacia detrás y permites que él deje contar su historia, aparecen cosas que tú has mandado a callar. Es una chispa que está ahí, algo que silencias porque no tienes palabras y que, por lo tanto, es un fantasma: algo sin un cuerpo de realidad. La coñoescritura me permitió ver donde estaba la herida”.

El curso, que se ha desarrollado durante tres meses, consta de una parte teórica, en el que se profundiza en qué es esta forma de escritura, “que no es —advierte Erika— escribir lo que te salga del coño”; y una práctica en la que las alumnas documentaban su día a día bajo la pregunta “Cuerpo, ¿qué quieres decir hoy?” para que los textos sirvieran de ejemplo para el resto.

“Es importante saber coñoleer”, apunta Irusta. “Leer desde el cuerpo. No desde la cabeza. Te tiene que dejar tocar. Y así salen cosas muy fuertes, duras de asimilar porque nunca te las habías planteado”, detalla.

—¿Y qué ha salido?

—Temas sobre el propio cuerpo, de maltratos, violaciones, relaciones de abusos… hay textos que son muy difíciles de leer. La conclusión es que nos parecemos mucho en las heridas, es una epidemia. ¿Cómo puede ser que todas tengamos las mismas heridas? Abusos, violaciones, maltratos… ¿Cómo puede ser? Y no estoy en un grupo de violadas anónimas. Vivimos abusos constantemente. Estamos tocadas y heridas en los mismos sitios.

“También que, a día de hoy, las mujeres decimos que conocemos nuestro ciclo menstrual cuando no tenemos ni idea de lo que nos está pasando”, apuntilla.

—¿La menstruación sigue siendo un tabú?

—Sí, joder. No solo es silenciado. Hemos pasado por muchos periodos en relación al tabú menstrual. Vivimos en una época más perversa, ya no se silencia, ahora se ignora. Se niega que el ciclo hormonal afecta. Y claro que afecta. La química, los cambios hormonales, afectan totalmente: nos regulan a nivel psicológico, anímico, comportamiento…

—¿Y qué hay de la frase: “Déjala que está con la regla”?

—Es horrorosa. Se invalida a la mujer por su momento hormonal. Es algo que nos ha dado mucha rabia. La cárcel de la mujer siempre ha sido el cómo han interpretado los hombres nuestro cuerpo. Nos han hecho creer que el problema no era su interpretación, sino nuestro cuerpo. Esa es la trampa. Tus hormonas no son el problema, es cómo se leen tus hormonas en esta sociedad. Y, cito a Violencia Rivas, un humorista argentino: “Yo menstrúo una vez al mes, pero vos sos un boludo todo el año”.

Erika concede esta entrevista a EL ESPAÑOL un par de días antes de su menstruación. Y habla su voz Lútea, la progestágena, la libre. La pedagoga, nacida en Ezkerraldea, Vizcaya, y residente en Sevilla, es un torrente de verbo rápido. Sonríe y se autodefine como un animal vulnerable. Antes siquiera de idear el término ‘coñoescritura’ recorría pueblos de Cataluña, primero, y del resto de España ofreciendo talleres a mujeres.

“Soy una, soy cuatro”

El éxito no fue inmediato. A su primer taller, destinado a adolescentes, no acudió nadie. Ahí reenfocó cuál era su público objetivo: las mujeres adultas. Idea que jamás abandonó, primero de forma presencial; después, mediante un blog, ‘El camino rubí’, y una comunidad online, ‘Soy una, soy cuatro’, un foro de encuentro en el que participan activamente 470 mujeres o personas menstruantes. “El género es una construcción social, hay transexuales que menstrúan. O mujeres que no menstrúan porque no tiene útero”, explica Erika.

En datos, más de 800 personas ha pasado por la comunidad en sus dos años de vida. Más de 2.000 mujeres esperan poder ocupar una de las 470 plazas, un número cerrado. Las pocas plazas que salen, solo si hay alguna baja, se vuelven a ocupar a las pocas horas. Cada usuaria tiene un tiempo de vida medio de 18 meses, muchas jamás lo han abandonado. El tiempo medio de permanencia a diario por casa suscriptora es de 41 minutos y 57 segundos. El 70% son españolas, sobre todo del País VascoCataluña y Madrid, aunque hay representadas 90 países, entre los que destacan México, Argentina, Reino Unido, Rusia, Chile, Colombia, Estados Unidos, Alemania y Andorra. El precio de la suscripción, a elegir: 19,99 euros al mes; 99,90 euros cada semestre; o 149,90 euros al año.

Todas son mujeres, no hay hombres. No se admiten. “No tienen cabida —apunta— Erika, es ilógico que entren en una escuela en la que tratan temas que no les interesa”.

“La idea es crear un entorno de confianza real, trabajar vínculos; la idea es poder hablar de cosas de las que nunca hablas, porque hay mujeres que solo se sueltan aquí, porque en sus casas no pueden”, asegura Erika.

Se trata, según profundiza Irusta, de un proyecto pedagógico de conocimiento horizontal en el que la propia comunidad instruye a sus integrantes en investigadoras del ciclo menstrual. Con contenido didáctico para generar un  conocimiento propio. “Aprender de nosotras mismas —resume Erika—, de nuestro cuerpo”.

—¿Qué ha aprendido que no sabía de tu coño?

He aprendido que no era mío. Es una realidad incómoda. Le pertenecía a mi padre y luego le pertenecerá a mi marido, aparte de los abusos sexuales de mi tío. También es del ginecólogo, que es el que se mete ahí, mira como una vaca, es algo muy desagradable, él te dice lo que tomar o lo que no. Hay mujeres que sentirán que su coño pertenece a la iglesia o a Dios, por el pecado, sucio… No he podido, ni a pesar de los años, dejar de sentirme sucia después de masturbarme, es como si tuviese la Inquisición en las bragas. El coño también le pertenece a tus hijos, porque salen de él. También es de las modas, soy de la generación de la hipersexualización, pero antes se dieron otras.

Erika es tajante. De palabra rápida. Cita a Virginia Woolf: “Ninguna mujer ha conseguido escribir la verdad sobre la experiencia de su propio cuerpo”; y a Ludwig Wittgenstein: “Las fronteras de mi lengua son los límites de mi mundo”.

“Hay que incomodar, usar nombres demoledores, que te pongan en alerta, que te predispongan a hacer y generen curiosidad. Eso es la coñoescritura”.

 

Fuente: www.elespanol.com
Por: Pepe Barahona  Fernando Ruso

La importancia de amarse en lugar de entenderse

 

“Es mucho más importante amarse que entenderse”. Eso, es lo que sostiene Gregorio Luri, maestro de escuela, pedagogo, doctor en Filosofía y escritor de 62 años: Nací en Navarra y vivo en El Masnou. Casado, dos hijos y dos nietos.  Soy un conservador, no tengo suficiente con ser sólo moderno, necesito recurrir a los antiguos para entender el presente. Y un pagano que cree en Jesús

 

Maestro

Es profesor universitario y doctor en Filosofía, un hombre leído, pero a él le basta que lo defina como maestro: “Hay que volver a subir al maestro al pedestal para exigirle lo que corresponde a una figura a la que le supones una autoridad y un crédito”. Dejó la docencia por una enfermedad, la enfermedad de Ménière, que le produce mareos, vómitos y le obliga a meterse en la cama hasta que pasa. “Al principio me deprimió muchísimo, luego decidí dejar de quejarme y comencé a escribir”. Lleva una treintena de libros publicados sobre filosofía, historia y educación. Elogio de las familias sensatamente imperfectas (Ariel) es un pequeño libro delicioso que no tiene desperdicio, un manifiesto de sensatez que se agradece.

¿Qué le han enseñado sus alumnos?

Mis límites. “Habla para que te vea”, decía Sócrates. Sólo cuando los demás hablan los ves y cuando hablas te ves a ti mismo.

¿Qué es un maestro?

Tu obligación es hacer visible a tu alumno lo que puede llegar a ser.

Un maestro así es el sueño de todo padre.

Creo que la armonía está sobrevalorada, que padres y maestros no necesariamente tienen que ir al unísono. Está bien que los niños entiendan que hay desavenencias. Crecer también es saber moverse de manera adecuada en ámbitos distintos.

La armonía es difícil también en casa.

Es irreal hacer creer a los hijos que los padres estamos de acuerdo en todo. Lo que deben ­entender es que las desavenencias se gestionan. Considero que es mucho más importante amarse que entenderse.

Eso es muy inteligente, maestro.

Mostrar a los hijos que nos queremos a pesar de que hay momentos que no nos soportamos es una lección imprescindible para llegar a ser adulto. ¿Hay algo más importante en la vida que contar con alguien que te quiere siendo consciente de todo eso de lo que no te sientes digno?

Elogia usted la familia sensatamente imperfecta.

Sí, la que está dispuesta a aprender de su propia experiencia, que no delega su responsabilidades en un especialista. Si los humanos fuésemos relojes complejos, ajustaríamos las piezas que no funcionan, pero como no lo somos, lo que necesitamos es sentido común.

Hoy no hay niño que no haya visitado a un psicólogo.

Eso indica la inseguridad de los padres. Si no tienes un problema claro y concreto, no alquiles tu responsabilidad a un especialista. Pero a menudo acudimos a ellos porque creemos que es posible una vida sin problemas.

Cierto.

Eso no existe. De lo que se trata es de cómo gestionar los problemas cotidianos sin excesivas gesticulaciones.

¿Esa mala cara, ese grito huracanado…?

Sí, todas esas cosas de las que nos avergonzamos. Pero hay que pasar página. Me gusta ese cuento zen de un monje que cuidaba primo­rosamente su jardín, y cuando había acabado le echaba una hoja seca porque decía que si no tenía ninguna imperfección no era humano.

Es usted irónico con los superpadres.

Los padres modernos siempre llevan ese Pepito Grillo que les hace estar continuamente preguntándose si en lugar de castigar no hubiera sido mejor dialogar o viceversa; esa condicionalidad en las relaciones que deberían ser espontáneas marca un comportamiento que merece el nombre de neurótico.

La reflexión es buena.

Sí, pero que no sea doliente. Es buena una cierta ironía con las propias meteduras de pata que te permita dolerte menos y aprender más.

Hoy los niños se autojustifican diciendo: “es que soy adolescente”.

Sábado: tu niño del alma, tumbado en el sofá con el mando a distancia te dice: “Me aburro”. Hay padres que consideran que deben ser los dinamizadores culturales de sus hijos, ofrecerles un menú de actividades, pero así estimulan su flojera. Mejor un “y a mí qué”, provocar que salgan de su aburrimiento autónomamente.

Entiendo.

…O el niño que ha tenido un día agotador: exámenes, entreno… Llega a casa, tira la mochila y exclama: “¡Estoy cansadísimo!”. Los padres perfectos le preparan un baño y le sirven la cena. Yo abogo por un: “Te entiendo perfectamente porque yo llego así muchos días, pero por favor recoge la mochila”.

Ya.

La adolescencia se ha convertido en un nuevo fenómeno cultural y comercial. Y a menudo la autoestima se confunde con el narcisismo que hoy se considera una conducta normal, y eso fragiliza mucho. Si te crees que el mundo está para servirte, vives en un engaño.

Hay que ser comprensivo…

Los adolescentes aprenden saltándose los límites. Tienen más energía que sentido común para controlarla y a menudo actúan sin lógica; los padres lo sabemos, pero esa comprensión te la debes guardar para ti, tú debes ser sus frenos.

Dice que sin culpabilidad no hay moralidad… suena carca.

Hoy la palabra culpa está proscrita, pero señalarles las faltas es decirles que los consideras personas responsables de sus actos y no unos insensatos que no saben lo que hacen; así podrán reflexionar y extraer alguna conclusión.

¿Con o sin castigo?

La mejor manera de librar a un culpable de sus remordimientos es ofrecerle la posibilidad de hacer borrón y cuenta nueva. El drama de nuestros jóvenes es que hay demasiados adultos confundiendo comprender con justificar.

Con lo que hacemos nos hacemos.

Así es, y defiendo otro concepto olvidado: la virtud, cuya esencia es la ambición de realizar bien lo que tengas que hacer. Me parece más útil el compromiso de los actos que eso de repetir valores: “sé bueno” “sé sincero”, “sé justo”…

 

Y creo que es más noble aprender a querer la ­vida a pesar de sus constantes zancadillas que aspirar a una felicidad que se supone se consigue renunciando a la vida, es decir: creyendo que si eliminas lo que va mal serás feliz.

 

 

 

Fuente: http://www.lavanguardia.com/lacontra/20170927/431585433286/es-mucho-mas-importante-amarse-que-entenderse.html

Por: Ima sanchís

“Amo” … Poesía para ti

 

Amo

 

Amo escuchar el latido de tu corazón

y tus dedos enredados en mi pelo.

Amo tus pies fríos entre las sábanas

Y tu respiración cerca de mi cuello.

Amo esos días de no hacer nada

sintiendo que tenerte cerca, es tenerlo todo.

Amo lo que le dices a mi piel, lo que transpiras.

Amo tu voz en mi oído

Y lo que me haces sentir cuando te agitas.

Amo tu cuerpo conduciéndome

tu risa metida entre mi boca

Y esa sensación mágica de estar a tu lado

que detiene el tiempo aunque el reloj avance.

Amo las noches contigo

Y ese extraño letargo que siento

perdida entre tus piernas.

Amo no tener salida, entrelazada a tus manos.

Amo tenerte aquí y no sabes cuanto amor,

cuanto daría siempre, por un día más,

por una luna más,

por quedarme otro rato en tus ojos

que llenan mi alma de paz.

Amo saber que habrá un mañana

y que en cada despedida

siempre hay un hasta pronto.

– Irma Cristina Cardona –

 

Juan Peláez

 

 

Escribir es…

 

“Si no hubiese podido participar del mundo de los cuentos y si no hubiese podido inventarme mis propios mundos, me habría muerto”

Los llamados «cuentos de hadas» no son, por supuesto, lo que la mayoría de la gente cree que son. Nada tienen que ver con la imagen que, por lo general, se tiene de ellos (…), porque tampoco los niños responden a la estereotipada imagen que se tiene de ellos.

Yo creo que no hay nada ni nadie que sea única y absolutamente materia, y que todos nosotros, con mayor o menor fortuna, somos portadores de sueños, y los sueños forman parte de nuestra realidad.

Para mí, escribir no es una profesión, ni una vocación siquiera, sino una forma de ser y de estar, un largo camino de iniciación que no termina nunca, como un complicado trabajo de alquimia o la íntima y secreta cacería de mí misma y de cuanto me rodea.

Escribir es, qué duda cabe, un modo de la memoria, una forma privilegiada del recuerdo.

Todos y cada uno de nosotros llevamos dentro una palabra, una palabra extraordinaria que todavía no hemos logrado pronunciar. Escribir es para mí la persecución de esa palabra mágica, de la palabra que nos ayude a alcanzar la plenitud.

La palabra «hermano», la palabra «miedo», la palabra «amor», son palabras muy simples, pero llevan el mundo dentro de sí.

Ana María Matute.

Gratitud

“Nací a 3.800 metros de altura, en la Sierra Nevada de Santa Marta (Colombia). Tengo 50 años. Me he casado dos veces y tengo 5 hijos. La tierra alimenta a la humanidad entera, debemos cuidarla y agradecérselo. Hay más vida después de esta vida, entenderlo nos cambia. Yo creo en un estado de conciencia”
Reflexiones de Calixto Suárez, representante de los ‘mamos’, líderes espirituales del pueblo arhuaco

Cuidar la tierra es también cuidar nuestro propio cuerpo y pensamientos, porque nosotros también somos tierra.

Cierto.

Uno es el resultado de su pensamiento. Si es de armonía estamos armonizados; si es de desarmonía estamos desarmonizados. El pensamiento es la luz.

Entiendo.

Debemos ser conscientes de cuál es nuestro primer pensamiento del día porque crea una atmósfera de energía que nos envuelve y va más allá de nosotros mismos. No somos conscientes de que si la vida es posible, ¡todo es posible!

“Bogotá”. Mariano Velázquez

Una bonita manera de despertar, cierto.

El universo sólo existe en el presente. Si nos atrevemos a vivirlo daremos un paso de gigante. Cuando el pasado es un lastre hay que abrazarlo y permitir que se vaya, sólo así volveremos a la unidad y crearemos una nueva humanidad. Ser la unidad es la aceptación total de cómo somos.

Dicen que usted habla con el agua.

Sí, claro, y con el viento y la tierra, y con el espíritu de la humanidad; usted también puede oírlos si se armoniza. Los arhuacos somos un pueblo de paz y armonía.

¿Sin rencor?

Los conquistadores se llevaron todas nuestras riquezas; si están contentos con ellas, estupendo, si no hay que ayudarlos mediante nuestros ritos. Ese es nuestro compromiso y responsabilidad: cuidar de los humanos y del mundo.

¿Cuales son esos ritos?

El sentido es la gratitud a la vida. Hay que ser agradecido. Si tienes fe en ti mismo todo funciona. El problema es que el ser humano no se autovalora y ese es el principio fundamental de conexión con la creación: la autoconfianza, la paz interior… el resto es experimentar y vivir.

Cuénteme su propia historia.

A mi padre se lo llevó un río cuando yo tenía tres meses, se ahogó. Yo era el último de siete hermanos y nací con la cara torcida.

Pues yo no le veo la cara torcida.

Me arregló mi abuela que era masajista y curandera. Mi madre no podía mantenernos a todos y como yo nací con problemas físicos no me quiso y me regaló a mi abuela.

¿Y no le sabe fatal?

Hay que aceptar. No hay que estar en los dolores. Hay que armonizar los sentimientos, olvidar la dualidad de bueno y malo. Hay que saber observar y vivir en la alegría.

Cuesta si te sientes rechazado.

La autoconfianza es esencial. Yo pensaba: “Mi madre no me quiso”, pero conseguí entender que todo ocurre por algo y aprendí a valorarme. Hay que confiar en uno mismo, eso es lo importante. Agradecer a tu cuerpo cada noche y cada mañana es un trabajo de conciencia.

Una palabra difícil.

Cuando la persona no está en su centro su alma está lejos y espíritus ajenos se apropian de su cuerpo y sus pensamientos y son manipulados. No podemos vivir hacia fuera. Insisto: autovalorarse es fundamental. Hay que quererse.

“Atardecer en Blacha”. Yolanda Jiménez

Todos queremos estar en paz.

Sí, pero no nos permitimos espacio para conseguirlo, siempre pendientes del exterior, nos aterra enfrentarnos con nosotros mismos, no queremos sentir nuestros problemas profundos, y eso crea un bloqueo energético.

¿Y los problemas con el otro?

Has de convertirte en él, sentir su dolor.

Ustedes llaman al resto de la humanidad “los hermanitos menores”.

En nuestra cosmovisión nosotros fuimos los primeros en habitar este mundo y después vinieron los hermanitos a los que hay que cuidar.

Hermanitos traviesos.

Los mamos dicen: “Nuestros hermanitos están jugando, llegará un momento que entenderán que las armas y la tecnología son una distracción y darán valor a lo que vale”.

¿Y cómo cuidan a los hermanitos?

Los mamos recogen los pensamientos negativos del mundo entero y los llevan ante el representante de Dios en la tierra que es la naturaleza: los árboles, los ríos… ahí donde está la energía, en los lugares sagrados.

Su pueblo ha sido un pueblo castigado…

Primero la conquista, después la invasión de la misión capuchina, los narcotraficantes, la guerrilla, los paramilitares, y ahora la explotación minera nos han ido expulsando de nuestras tierras y lugares sagrados donde hacemos nuestros ejercicios ceremoniales para armonizar a toda la humanidad.

Son ustedes generosos.

La tierra es una y está toda conectada, y la vida está en todo: en el agua, en las piedras, en el aire. Hay que cuidar la vida.

Dicen que la vida es un valle de lágrimas.

Cada cual cae donde cae y debemos vivirlo con alegría. Nadie es más ni menos en este planeta. Desde un humano a un perro todos somos importantes, pero nos abandonamos a nosotros mismos, no nos queremos ni cuidamos. La alegría es un deber para con los demás.

Estoy de acuerdo.

La gente alegre armoniza el planeta porque no lleva pensamientos desarmónicos en la mente. Aceptar las cosas como son dentro del caos es armonizar el planeta.

Pero hay tanta amargura.

Hay que entender lo importante que somos cada uno de nosotros. Somos importantes porque sentimos y vivimos. Somos creadores. Somos sagrados para la vida.

 

Los arhuacos son 45.000 almas, puras como la nieve que pisan en las montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta, constantemente invadidos y expulsados, por eso Calixto viaja por el mundo como representante de los mamos, líderes espirituales, para explicar que su tierra es sagrada, lugar de valor para toda la humanidad, punto energético desde el que con sus ritos buscan armonizar a la humanidad y empiezan a ser escuchados. Calixto preside el Instituto en Defensa de los Lugres de Valor en Miami, ha participado junto a Martí Boada y Odile Rodríguez de la Fuente en un evento organizado por la Casa de l’Ésser y es miembro del Círculo de Abuelos Sabios que recorren el mundo con su Proclamación Universal por la Paz.

Fuente: /www.lavanguardia.com/lacontra

 

Nuevos tiempos nuevas fronteras. Un artículo para hoy de Juan Peláez

 

Ya no vale. No nos sirve lo que hasta ahora ha sido porque ahora ES.

Los tiempos de frontera son complejos. Por un lado los que “fueron” no desean cambiar y ven en el futuro peligros y desastres. Para los que sienten de otra manera, lo que viene es diferente, es la esperanza y a la vez perciben en el pasado el lastre de la lentitud, del inmovilismo. En un sistema, la diversidad es importante y conviven al mismo tiempo. Cuanta más luz, más falta de ella, cuando más deseo de cambio, más freno. Es la ley de la dialéctica de este campo de realidad.

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(c) Juan Peláez

Sin embargo, la propia evolución del interior profundo del ser humano no permite anclarse. Otra de las leyes fudamentales de este mundo es que el cambio es imposible de  detener. Máxime en sistemas caóticos como en los que vivimos y nos vivimos.

Ahora,  si somos honestos sentimos la tensión en la sociedad. Lo percibimos con claridad en nuestro mundo interior y de relaciones próximas.

Algunos cambios son ya evidentes, imparables e inminentes. Esto provoca la nostalgia en unos y la ilusión en otros.

Convivimos los que se basan en el tener, con los que dan la vuelta a sus ojos y miran hacia lo que son y pueden llegar a ser desde el interior y no por lo que poseen.

Es un vuelco importante. Lo que conocemos, el neoliberalismo se basa en la acumulación permanente e imparable, así como en la manera más poderosa de sacar el mayor rendimiento a todos los recursos del sistema y a los seres humanos. Y eso de manera infinita, como si no tuviera limites. Algo falso.

Con este planteamiento los jefes se ven abocados al cambio y en algunas instituciones ya están empezando esas transformación. No les quedará más remedio que transformarse en  élderes.  En personas que motivan y establecen normas comunes en espacios de alta creatividad con un respeto absoluto por la diversidad de los equipos.

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(c) Juan Peláez

Empieza a no ser suficiente el concepto de inteligencia emocional para elevarse a inteligencia espiritual.  Este se encuentra más relacionado con el bienestar, con vivir una vida feliz y cerca del Ser interior. Entendiendo por Ser lo que cada uno en su creencia personal considere. Y además, está asociado con la ética se encuentra mucho más relación con lo que desarrollé hace tiempo de inteligencia ecológica activa. Lo que conduce sin duda y de nuevo,  a tener en cuenta a todo y a todos, de nuevo como eje de cualquier acción y una componente ética en todo aquello que llevamos a cabo.

El otro lado de la frontera implica que la burocracia se transforma en redecracia, en la que todos podemos ser nodos interconectados para ganar al máximo todas las partes. Pasamos del yo gano a ganamos todos, incluidas las partes visibles y no visibles de los sistemas. Es decir, agua, aire que respiramos, patrimonio cultural de los pueblos, conocimientos ancestrales…

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(c) Juan Peláez

Si seguimos ahondando, se deduce en este nuevo modelo que lo importante no son los resultados, sino el proceso de aprendizaje que se da durante todo el recorrido. Esto permite variar la ruta en función de lo que vayamos encontrando. Al ser partes de sistemas dinámicos que se autorganizan, nos vemos obligados a reorientarnos de manea permanente. Ya no es posible el inmovilismo personal, de empresas o de instituciones. Es necesario navegar al flujo de los vientos en cada momento.

Por tanto, la culpa empieza a salir de los sistemas. Se empieza a cambiar por maneras de hacer diferentes y posibilidades de aprender en vez de destruirnos y castigarnos por los errores. Somos capaces de crear maquinas que aprenden de las acciones que llevan a cabo y de lo que no funciona y nosotros nos castigamos los unos a los otros o nosotros mismos, cuando algo que hemos tratado de poner en marcha no funciona. Una lógica inversa extraña.

También el aprender de las máquinas por las que apostamos empezará a producir cambios importantes. Robots con conexiones emocionales, de aprendizaje hiperveloz… sustituirán a muchísimos trabajadores. Con lo cual, uno de los valores por los que un individuo se definía, el trabajo, empezará a pasar a otro nivel y habrá que crear redes de soporte para todos aquellos que en esta transición no consigan encajar. Y habrá que llevarlo a cabo no desde la pena y la asistencia, sino desde el derecho a ser humano a tener trabajo, vivienda y ser feliz algo con lo que juegan los políticos de manera perversa para someter a los grupos sociales a través del miedo. La compasión, la coherencia, como mantiene Leonardo Boff, serán elementos fundamentales para la convivencia de los pueblos. Fundamentales para pasar de ser el “homo demensn” de este lado de la línea, del neoliberalismo, al “homo sapiens sapiens”, el hombre que sabe que sabe y se reconoce como ser excepcional con una esencia a desarrollar y a compartir en actitud de servicio con sus semejantes.

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(c) Juan Peláez

La manera de educar cambiará, en el que el ser humano estará en el proceso con todas sus potencialidades, como alumno, maestro, profesos, facilitador. Será un nuevo paradigma. Ya no serán conocimientos memorísticos y adoctrinamientos sino el desarrollo de las capacidades que cada ser trae de manera individual maravillosa dentro de si. Cada alumno será un gestor y productor de conocimientos para enriquecer a la comunidad entera, desde su singularidad irrepetible.

Pasamos de las únicas voces de partidos, de empresas, religiones… a tener que asistir a coros de múltiples mensajesque aportan riqueza a todos.

Pasamos a lo holístico, tan de moda. Es decir integrar a todo y todos las partes de lo que nos concierne con respecto, dando la bienvenido y honrando todas las diferencias

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Lo repito. esta es la clave de la riqueza, intelectual, material, ética y espiritual.

Empezamos a manejar conceptos de compartir y riqueza. Ya nadie se cree que para que una parte viva de una manera desbordada otros tengan de manera obligada que vivir en la escasez o la penuria. Hay riqueza para todos, hay suficientes recursos bien repartidos para todo el planeta incluyendo otros seres que no  son humanos, animales y plantas. Forman parte de nuestro tesoro y leyenda vital y nos son necesario para la vida.

De la ignorancia de sentirnos individuos atacados, que necesitan aislarse, empezamos a darnos cuenta de que estamos en una permanente relación con todo y todos. Del conocimiento lineal pasamos a la sabiduria integrando conceptos más cuánticos de como conceptos de campo, simultaneidad de procesos, intuición… como fuentes de información válidas.

El ser humano o ya no se definirá por el estatus, marido, mujer, casado, funcionario, parado, rey, duque, empleado de banca… sino por su riqueza interior y el rango espiritual y psicológico asociado, más que por el que le pertenece por acumulación de capital o herencias.

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(c) Juan Peláez

Los sistemas de participación cambian a democracias en tiempo real. En ellas cada individuo y su riqueza de entorno son parte fundamental del sistema. Las antiguas instituciones dejan de tener relevancia sobre todo de proteger a clases determinadas en vez de a la totalidad de la sociedad.

Y es imparable. De lo material a lo espiritual.

Cuanto más rápida sea la aceptación, más adecuada será la transición de la frontera que se nos planeta. Para ello será necesario tener en cuenta que iglesias, políticos, empresas,  monarquías que también ven en el futuro un peligro. Están en su derecho de tener miedo. Eso es, como mantiene Arnold Mindell, la democracia profunda que está llegando de forma inexorable.

 

Escrito por: Juan Peláez. Escritor, periodista, formador, AMIGO

Publicado en su web: juanpelaezescritor.wordpress.com

 

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