No pidamos lo que no nos quieren dar

 

Podemos pasarnos la vida pidiéndole a los demás que se ajusten a lo que nosotros queremos o esperamos que hagan, inclusive podemos llegar a exigírselos, sin detenernos a pensar que si no nace de manera espontánea no tiene el mismo valor.

Los compromisos se asumen desde el corazón, haciéndonos conscientes de nuestras responsabilidades y siendo coherentes con lo que deseamos en la vida. Hay cosas por las cuales nos costará un tanto más responder, pero debemos entender que cada una de nuestras acciones ha generado una consecuencia y que éstas pueden vincularnos a situaciones que no contemplábamos o que preferíamos algún otro escenario.

Sin embargo, hay muchas maneras de hacer las cosas, podemos hacerlo con incomodidad, con frustración, con desgano o con la mejor actitud posible, que nos permita dar algo que no nos satisface del todo sin desgastarnos energéticamente.

 

Para ello es necesario poner nuestro corazón en cada acción, aprendiendo de nuestras acciones, guardando en nuestro disco duro cualquier información que nos permita decidir con mayor experiencia y sembrar en lo que nos queda por recorrer solo las semillas de aquello que queremos cosechar.

Si nos hemos metido, voluntariamente o no, en una situación que amerita de nuestra atención, de nuestras acciones o de alguna manera demande de nosotros lo que no queremos ofrecer, pero sabemos que debemos hacerlo, lo primero será entender el porqué de esa situación y cambiar la manera de mirar aquello, que no represente una obligación, sino que aceptamos que la vida nos responde con lo que hemos hecho y debemos acatar un rol con la convicción de que estamos dando lo mejor, dejando las predisposiciones a un lado y tratando de emanar lo que demos desde nuestra propia esencia.

No podemos exigirle a otra persona lo que no sabe o no quiere dar, el amor, la empatía, la solidaridad, el tiempo… son cosas que se dan desde el corazón, que no se piden, que nacen de forma espontánea, porque no corresponden a un proceso racional, sino que corresponden a lo que el corazón expresa. Lo que podemos hacer es cuidar lo que entregamos, lo que damos de nosotros mismos, procurando aportar siempre lo mejor y por leyes universales es muy probable que eso sea lo que recibamos.

Entenderemos la diferencia entre recibir de manera natural y exigir cuando nos encontremos en el primer escenario, donde todo fluye y nutre de manera natural y colma de bienestar. Para pretender que otra persona nos dé de sí mismo sin exigirlo, lo primero que debemos hacer es amarnos incondicionalmente y saber qué es lo que merecemos en nuestras vidas.

 

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

 

 

 

Castigar con silencio

 

«Castigar con silencio es más peligroso que con palabras. Y se hereda de padres a hijos»

«Las palabras son poderosísimas. Pueden llegar a determinar el rumbo de nuestro pensamiento, nuestra actitud ante la vida e incluso, nuestra salud y longevidad». Esa es la teoría de Luis Castellanos y su equipo, expertos en neurociencia, y autores del libro «La Ciencia del lenguaje positivo». En él plantean que el uso de determinadas palabras (o la ausencia de estas) en el día a día puede suponer la diferencia entre el éxito y la derrota en cualquier ámbito. «El lenguaje nos permite gestionar nuestra propia inteligencia», asegura. «Si nos parece normal dedicar todos los días un tiempo a cuidar nuestro cuerpo, a asearnos, vigilar nuestra dieta o hacer algo de ejercicio, ¿por qué no dedicar también a cuidar cada una de nuestras palabras?», se pregunta Castellanos.

—La mayoría de nuestros deseos están centrados en mejorar nuestras circunstancias, pero estamos lejos de plantearnos mejorar nuestro lenguaje: así somos, así hablamos.

—El lenguaje refleja nuestra existencia, nuestra historia, nuestras esperanzas. El lenguaje es un espejo de cómo somos. Cuando somos conscientes de nuestras palabras nos damos cuenta de que no vemos el mundo tal y como es, sino tal y como hablamos. Por eso quizá cambiando el enfoque de ese espejo también podremos enfocarnos de otra manera, cambiar, ambicionar cosas más grandes, una vida mejor, con más bienestar, más alegría y más salud.

—¿Cómo podemos cambiar el uso de las palabras?

—Habitando las palabras. Hablar es habitar el mundo. Deberíamos hacernos cargo de nuestros vocablos, de su destino. Un buen ejercicio es intentar identificar las palabras que queremos que adquieran importancia en nuestra vida, aquellas que queremos «habitar». Nos referimos a esas que te ayudan a crecer, que son las que deberíamos compartir, las que nos ayudan a transformar nuestras vidas y a dar lo mejor que tenemos a las personas que nos rodean.

—¿Por qué es tan importante buscar ese lenguaje positivo?

—Esta científicamente comprobado que el lenguaje positivo busca evolutivamente dirigir nuestra atención y nuestra voluntad hacia el aspecto favorable de las cosas y de la vida. Tomar conciencia de nuestro lenguaje es fundamental para escribir nuestro destino. Es más, las palabras influyen en nuestra posibilidad de supervivencia, ya que la expresión de emociones positivas hace que nos fijemos, que prestemos atención, a aquellos estímulos físicos y mentales que cada vez son más relevantes para llevar una vida duradera, plena y con el mayor grado de felicidad posible. Somos unos firmes convencidos de las funciones vitales del lenguaje positivo en nuestra mente ejercen una influencia creativa en las decisiones más profundas que tomamos. Nuestras decisiones lingüísticas crean nuestra historia.

—¿Palabras son hechos?

—Palabras son hechos siempre. Tanto si haces lo que has dicho que vas a hacer, como si no lo haces. En el primer caso estarás mostrando un estilo de acción que genera confianza, mientras que en el segundo caso tu estilo de acción generará otro tipo de respuestas. Este es el poder de las palabras.

—También en el sentido negativo. La pareja, los padres, o los hijos son los que suelen soportar los efectos devastadores del lenguaje de la ira. Es lo que José Luis Hidalgo, coautor del libro, ha denominado el «Hulk en casa».

—Esto es así. El enfado desmesurado se propaga con mayor facilidad en los entornos íntimos. Se trata de una cuestión de confianza, y hacemos uso de ello. Las mayores muestras de enojo las solemos cometer en casa, ese terreno que sabemos seguro y donde no hay que fingir. Después del enfado sabes que nadie se irá de casa, que te seguirán queriendo, y que todo quedará en un hecho puntual. Sin embargo, a menudo maltratamos a las personas que nos quieren bien con nuestros gestos indisimulados de fastidio, con nuestro lenguaje descuidado, con palabras hirientes.

—Sabemos entonces que descuidamos los entornos más queridos pero, ¿qué podemos hacer para evitarlo? ¿Cómo podemos reconocer y reconducir estas reacciones exageradas ante hechos insignificantes?

—Hay dos momentos clave para nuestro entrenamiento. Uno tiene que ver con «cómo llegamos a casa», y el segundo, con reconstruir o reparar lo que inconscientemente, hemos dañado.

—¿Qué puedes hacer en lo relativo a «cómo llegas a casa»?

—Es importante realizar un pequeño acto, una señal de respeto, frente a la puerta de entrada, que puede consistir en respirar antes de girar completamente la llave. Es un simple gesto con el que asumir que accedemos a otra energía, a un escenario con otro ritmo, y que al cruzar el umbral de la misma nos vamos a incorporar a un nuevo espacio. Físicamente tiene que ver con la pausa, con un momento de silencio que aprovechamos para observar, para ver de verdad a las personas que nos esperan.

—Pero, ¿cómo reparamos los daños una vez que Hulk ha hecho estragos?

—En este caso es importante cuidar nuestro diálogo interior y no culpabilizarnos en exceso. Solemos tratarnos duramente cuando perdermos los papeles, lo pasamos mal precisamente por haber hecho que lo pasan mal los demás, renegamos más de la cuenta y alargamos innecesariamente la reflexión sobre las causas de nuestro comportamiento. Pensamos que así podremos curar las heridas cuando es precisamente lo contrario. Para enfrentarnos a los daños causados por nuestra ira podemos decir: «devuélveme lo que te he dicho, no era para tí».

—Igual que las palabras curan, dicen ustedes en su libro que el silencio es asesino y que se hereda de padres a hijos.

—En efecto. Castigar con el silencio es más peligroso que con palabras. El silencio es asesino, y se hereda de padres a hijos. Es un pozo sin fondo porque cuando se intenta salir ya no hay marcha atrás, se trata de un camino sin retorno cierto. Pertenece a la familia de la ira, pero puede ser más dañino que ella. Es casi imposible mentir cuando se habla enfadado, lo decimos mal, pero decimos lo que pensamos.

—¿Qué hacer con esta variable tan temida de la ira?

—Nosotros hemos identificado una cosa que se puede utilizar para romperlo: el tacto. Con el tacto surge… la palabra. Una cosa lleva a la otra. Lo hemos comprobado muchísimas veces en las formaciones que solemos impartir: a los alumnos les privamos de vista, los dejamos sentados en soledad y se callan. Entonces, les damos la mano de un compañero, da igual de quién sea, y empieza la conversación. Siempre obtenemos el mismo resultado. Sin duda, el tacto es la antesala del lenguaje verbal, de la comunicación fluida y sincera, es el gran desatascador de las relaciones humanas.

 

 

Por: Carlota Fominaya.

Publicado en : www.abc.es

 

Frases de psicología. Una selección selecta

 

A lo largo de la historia han sido muchos los psicólogos que han marcado una época y que, gracias a sus descubrimientos, han influenciado a otros profesionales de esta disciplina.

Tanto por su innovadora manera de pensar como por su sus aportaciones a la ciencia psicológica, éstos son y siguen siendo referencia en los distintos campos que la psicología abarca: psicología clínica, psicología social, psicología educativa, etc.

 

Las 29 mejores frases sobre psicología. Una selección de las mejores frases pronunciadas por los psicólogos más importantes de los últimos tiempos:

 

1. Supongo que es tentador tratar

todo como si fuera un clavo, si la única herramienta que tienes es un martillo (Abraham Maslow)

Abraham Maslow es considerado el padre de la corriente psicológica llamada humanismo. Ha influenciado a distintos teóricos, pero posiblemente es recordado por su teoría de las necesidades humanas: La Pirámide de Maslow. Con esta frase, Maslow nos recuerda que debemos tener una mentalidad flexible porque, de lo contrario, cometeremos siempre los mismos errores.

2. Cuando miro el mundo soy pesimista, pero cuando miro a la gente soy optimista (Carl Rogers)

Otra referencia de la psicología humanista es Carl Rogers, que hizo grandes aportaciones a la psicoterapia. Con esta frase nos recuerda que el mundo puede ser un lugar hostil. Así que no pasa nada, porque todos, incluso nosotros mismos, tenemos problemas. Es algo normal y lo importante es afrontar estas situaciones con ánimo positivo.

3. Una mente no puede entenderse sin la cultura (Lev Vygotsky)

El psicólogo ruso Lev Vygotsky es uno de los grandes psicólogos del aprendizaje. Ni la mente ni el aprendizaje pueden entenderse sin la cultura, pues ésta tiene una gran influencia en nuestro desarrollo.

4. La desaparición del sentido de responsabilidad es la mayor consecuencia de la sumisión a la autoridad (Stanley Milgram)

Stanley Milgram contribuyó notablemente a la psicología social gracias a sus investigaciones sobre la obediencia a la autoridad y esta frase fue expresada en sus conclusiones, puesto que Milgram consideraba que el sentido de la responsabilidad desaparecía fruto de la sumisión a la autoridad.

5. Nunca te enseñaron cómo hablar con tus gestos, pero si fuiste enseñado a hablar con palabras (Paul Ekman)

Paul Ekman nos recuerda que a lo largo de nuestro aprendizaje nos han enseñado a hablar con palabras y nos han enseñado a desarrollar el lenguaje verbal. Sin embargo, durante nuestro desarrollo, los agentes educativos han prestado poca importancia al aprendizaje de los gestos; a la comunicación no verbal.

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6. Si no creemos en la libertad de expresión para la gente que despreciamos, no creemos en ella en absoluto (Noam Chomsky)

Uno de los psicolingüistas y pensadores más importantes del momento, Noam Chomsky, nos recuerda que es fácil respetar las opiniones de los que nos caen en gracia. Pero no ocurre lo mismo con la gente que no es de nuestro agrado.

7. El gran descubrimiento de mi generación es que los seres humanos pueden alterar sus vidas al alterar sus actitudes mentales (William James)

Aunque William James ya lo decía en su día, en la actualidad nos repiten constantemente que la actitud marca la diferencia en nuestros resultados. Nuestra actitud marca la diferencia a la hora de relacionarnos con los demás o luchar por nuestros objetivos.

8. Tú eres aquello que haces, no aquello que dices que harás (C.G. Jung)

Tus acciones determinan aquello que eres, no tus palabras. Esta frase es interpretable en distintos contextos. Por ejemplo, en las relaciones amorosas, cuando prometes pero no cumples; o cuando quieres lograr algo en la vida, pues puedes tener muchas ideas, pero si no pasas a la acción, se quedaran en eso, en ideas,

9. Las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas (Sigmund Freud)

Hoy en día la inteligencia emocional está de moda, porque si no gestionamos bien nuestras emociones, nuestro bienestar se ve afectado negativamente. Sigmund Freud ya sabía esto, y por eso nos quería hacer entender que si no gestionamos correctamente nuestras emociones, al final salen a la luz con más fuerza.

10. Las personas que creen que tienen la facultad de ejercer cierto grado de control sobre sus vidas son más saludables, más eficaz y más éxito que aquellos que no tienen fe en su capacidad para llevar a cabo cambios en sus vidas (Albert Bandura)

Albert Bandura es uno de los más distinguidos psicólogos. Sus aportaciones, como por ejemplo en lo que se refiere al aprendizaje por observación, han marcado un antes y un después en la psicología. Con esta frase hace clara referencia a su teoría de la autoeficacia, en la que explica que las personas que creen en sí mismas tienen mayores probabilidades de lograr el éxito en las metas que se han marcado.

Conoce más sobre este afamado psicólogo y psicopedagogo ucraniano-canadiense en nuestros artículos:

La Teoría del Aprendizaje Social de Albert Bandura
La Teoría de la Personalidad de Albert Bandura
Albert Bandura, galardonado con la Medalla Nacional de la Ciencia

11. Si un individuo es pasivo intelectualmente, no conseguirá ser libre moralmente (Jean Piaget)

Piaget fue un psicólogo, biólogo y epistemólogo nacido en Suiza que pasó a la historia por su teoría constructivista del desarrollo de la inteligencia. Para Piaget, desde pequeños somos exploradores y vamos construyendo nuestros propios esquemas mentales en la interacción con el mundo.

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12. Nunca pienses que lo sabes todo. Por muy alto que te valores, ten siempre el coraje de decirte a ti mismo: soy un ignorante (Ivan Pavlov)

Ivan Pavlov fue un fisiólogo ruso que, tras sus experimentos con perros, contribuyó notablemente a la corriente psicológica llamada conductismo, concretamente al condicionamiento clásico. Con su frase nos dice que hay que ser humildes y seguir aprendiendo cada día.

Te invitamos a que leas nuestro post sobre el condicionamiento clásico en el siguiente enlace:

El condicionamiento clásico y sus experimentos más importantes

13. Todas las personas hablan de la mente sin titubear, pero se quedan perplejos cuando les piden que la definan (B.F. Skinner)

B. F. Skinner nos quiere decir con esta frase que la mente es sumamente compleja. ¿Quizás por eso se centró solamente en la conducta observable en sus experimentos? Sea lo que sea que llevó a Skinner a realizar sus investigaciones con ratas, sus conclusiones han sido de gran utilidad tanto para psicología como para la educación.

14. Soy lo que sobrevive de mí (Erik Erikson)

Este psicoanalista de origen alemán nos recuerda con esta frase que somos lo que aprendemos. Es decir, que lo que sobrevive en nosotros a través de la experiencia, nos convierte en lo que somos. Un gran teórico que formuló la Teoría del Desarrollo Psicosocial.

15. Incluso cuando no es completamente alcanzable, nos convertimos en mejores al intentar perseguir una meta más alta (Viktor Frankl)

Tener objetivos y metas que perseguir es sano y favorecer al bienestar de una persona. No solo esto, sino que es motivante y da sentido a la vida.

¿Sabes quién es Viktor Frankl? Échale un vistazo a su biografía pinchando aquí.

16. El mensaje enviado no es siempre el mensaje recibido (Virgina Satir)

Virginia Satir es una de las psicólogas más influyentes de la historia. Esta frase expresa un principio innegable: cuando interactuamos con alguien, tenemos que tener en cuenta su punto de vista y no solo el nuestro, puesto que el otro interlocutor tiene su propia visión del mundo. Lo que para nosotros puede tener mucho sentido, para él no.

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17. La mayoría de actos sociales deben ser entendidos en su contexto, ya que pierden significado si son aislados (Solomon Asch)

Las personas somos seres biopsicosociales y, por tanto, el contexto es importante en influye en cómo actuamos. Hay psicólogos que afirman que la gente no es ni buena ni mala, es la situación lo que nos hace buenos o malos.

18. Si una persona ama solo a una persona y es indiferente ante todos los demás, su amor no es amor, sino apego simbiótico o egoísmo ampliada (Erich Fromm)

Cuando estamos enamorados de alguien, daríamos la vida por esa persona. Esto puede hacernos parecer grandes personas, pues nos desvivimos por ese otro. Pero incluso las personas más egoístas pueden perder la cabeza por alguien y parecer personas entregadas. En el fondo, lo único que quieren es satisfacer sus propios deseos.

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19. Los objetivos transforman un paseo aleatorio en una persecución (Mihaly Csikszentmihalyi)

Tener objetivos en la vida y metas que perseguir nos motiva y hace que el viaje sea ilusionante. Mihaly Csikszentmihalyi es una de las grandes figuras de la psicología positiva y es conocido por el concepto de zona de confort.

20. Existe correlación negativa entre recuperación y terapia psicológica: a más terapia psicológica, menor recuperación del paciente (Hans Eysenck)

Hans Eysenck es, sin duda, uno de los psicólogos más importantes del estudio de la personalidad. Nacido en Alemania pero afincado en el Reino Unido, llevó a cabo muchas investigaciones. Para Eysenck, no es mejor hacer más sesiones de terapia. Sino que lo importante es la calidad de las sesiones y que el paciente este dispuesto a cambiar. Conoce la Teoría de la Personalidad de Hans Eysenck pinchando en este enlace.

21. Todo lo que merece la pena enseñar puede ser presentado de distintas maneras. Estas múltiples maneras pueden hacernos utilizar nuestras inteligencias múltiples (Howard Gardner)

Howard Gardner es conocido por su Teoría de las Inteligencias Múltiples. Una teoría que sugiere que los seres humanos poseemos distintos tipos de inteligencia, y no solamente una inteligencia unitaria. Por tanto, es crucial que estas inteligencias se desarrollen a través de la enseñanza.

22. No estoy en esta vida para cumplir las expectativas de otras personas, ni siento que el mundo deba cumplir las mías (Fritz Perls)

Para Fritz Perls, un individuo debe centrarse en uno mismo y luchar por lo que le hace feliz, en vez de pensar en lo que los demás piensen de ellos.

Puedes leer la biografía de Fritz Perls aquí.

23. Un prejuicio, a diferencia de una idea equivocada, es activamente resistente en todas las pruebas que lo intentan desmentir (Gordon W. Allport)

Los prejuicios nos convierten en personas con poca flexibilidad mental y no nos permiten ser realistas, tal y como nos recuerda Gordon W. Allport, un reconocido psicólogo social.

24. Si quieres entender algo de verdad, intenta cambiarlo (Kurt Lewin)

Kurt Lewin, un afamado psicólogo de la Gestalt que ha influenciado a muchos profesionales de la psicología con su teoría sobre los tipos de liderazgo, nos recuerda que las situaciones complicadas que nos llevan al cambio, son realmente enriquecedoras porque nos ayudan a aprender.

25. Solo la liberación de la capacidad natural del amor de un ser humano puede contrarrestar su destrucción sádica (Wilhelm Reich)

Solo hay que echar un vistazo alrededor para ver lo destructivo que puede llegar a ser el ser humano. Ahora bien, el ser humano también puede ser una persona amorosa y considerada. La clave se encuentra en la educación.

26. Sigue a tu corazón pero lleva contigo a tu cerebro (Alfred Adler)

Está bien seguir lo que tu corazón te dice, porque eso te hará feliz. Ahora bien, hay que usar la cabeza y no dejarse llevar por todo lo que corazón te dice, porque puede estar equivocado.

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27. La frontera entre lo bueno y lo malo es permeable y cualquiera puede cruzarla cuando es presionada por las fuerzas de la situación (Anónimo)

Es muy fácil decir que alguien es buena persona cuando lo tiene todo en esta vida. Pero cuando la situación nos es favorable, los seres humanos podemos ser personas hostiles.

28. Lo que un niño puede hacer al cooperar hoy, podrá hacerlo sólo mañana (Lev Vygotsky)

En sus investigaciones, Lev Vygotsky prestó mucha importancia al aprendizaje cooperativo. Este tipo de aprendizaje aporta muchos beneficios para el desarrollo y el aprendizaje de los más pequeños (y también los mayores).

29. Cuando nos tomamos un tiempo para darnos cuenta de las cosas que nos van bien, significa que estamos recibiendo pequeños premios a lo largo del día (Martin Seligman)

Es frecuente que nos pasemos el día rumiando, pensando en el futuro y en todo lo que podemos conseguir. Pero si nos centramos en el presente y valoramos lo que tenemos y lo que hemos logrado, esto nos hará sentir realmente bien.

 

Fuente: culturainquieta.com

Por Juan Armando Corbin. Licenciado en Psicología por la Universidad de Buenos Aires. Máster en Recursos humanos y experto en comunicación empresarial y coaching.

Vía Psicología y Mente

Seamos…

 

Seamos solo un dulce amor platónico. 

No te toco. No me tocas.

No te hiero. No me hieres.

Ni me alejo, ni te acercas.

Solo la distancia necesaria para seguir sintiéndonos.

No te tengo. No me tienes.

Sí. Me importas.

Frases para hoy

 

Hay personas que por más que se alejen, por más que no les hablemos, siempre tendrán un espacio en nuestro corazón.

El silencio no es una respuesta, es la pobre excusa de no asumir el compromiso de decir algo, de afrontar las cosas. Lo tomamos como respuesta porque ante el silencio se muestra evidente la postura de las personas…

Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un determinado punto del viaje discutieron fuertemente. Uno de ellos le dio una bofetada al otro. Este, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena:
“Hoy, mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro.”
Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde decidieron bañarse. El que había sido abofeteado y lastimado comenzó a ahogarse, siendo salvado por su amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:
“Hoy, mi mejor amigo me salvó la vida.”
Intrigado, el amigo preguntó:
¿Por qué después de que te lastimé, escribiste en la arena y ahora escribes en una piedra?
Sonriendo, el otro amigo respondió:
“Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón de donde ningún viento podrá hacerlo desaparecer.”

La gente arruina las cosas bonitas de los demás. Por eso, a veces, lo mejor es no contarlo, no decirlo, no publicarlo. Sólo ser feliz, que nada importe…

Y te prometo que si algún día llego a verte por la calle, no agacharé la cabeza, mucho menos miraré a otro lado. Haré frente al destino y te veré de su mano al igual que alguna vez estuviste de la mía, no sé lo que pasará conmigo, tal vez el corazón se me quiera salir, quizá la nostalgia me invada por dentro en aquel momento, pero no… no me iré, tan sólo dispararé una de esas sonrisas que saben a lagrimas, una de esas que dicen adiós.

Quedamos en vernos pronto. Me dio vergüenza decirle que deseaba verle al otro día o que deseaba seguir viéndole allí mismo… Espero ese día

Viaje de vuelta: del abismo a la salud. Mi acompañamiento (II)

 

Una mano inquieta busca el contacto del móvil. Apresurada, reviso la pantalla. No hay llamadas. Es una buena señal. Las horas nocturnas transcurridas te habrán acogido en un abrazo homeostático. Despierta la ciudad somnolienta. Un tibio sol acaricia mis mejillas enrojecidas. Regalo de primavera en el calendario festivo. Las calles desiertas invitan al silencio. Regreso al lugar que nos separa. A las 12 horas me tendré noticias de ti. Ansiadas noticias que tensan mi espera. Miro a los otros esperantes. Compartimos una causa común. Esperamos noticias de familiares. Esperamos con esperanza. Nombres, apellidos. El reloj corre. El tiempo se para. La tensión aumenta. Mi estómago es una espiral dentada. Me perfora los adentros. Mi soledad, ahora  acompañada, permanece sola.

Tú mejoras. Un tímido destello de luz asoma a tus ojos. Te van a  trasladar “a planta”; en el argot hospitalario, significa que te acercas al equilibrio. Inicias un ascenso lento, pausado. Las horas marcan el paso del tiempo: mañana, tarde, noche. Tu energía limitada. La palabra “ayuda” es un espejismo costoso de digerir. Denostada en un sociedad que sobredimensiona  la independencia, el individualismo, la autosuficiencia…Ilusiones de humo para continuar la espiral del sistema.

Reconocerse, permitirse, aceptar, aprender a pedir,  es un ejercicio costoso. Un trabajo personal que nos acerca a nuestra esencia. Me veo reflejada. Hago un repaso rápido por situaciones propias. El esfuerzo de pedir ayuda, de aceptar la vulnerabilidad, de mostrarse. ¿Qué hay detrás?, ¿Emoción contenida?, ¿Miedo al juicio?… “Cuando aparezca el miedo optaré  por entrar el él. El miedo es algo muy primitivo. Es importante buscar un lugar propio donde encontrarme segura”. Si me veo como la mujer adulta que soy,  puedo protegerme y defenderme.

 

Tú reconquistas tus fuerzas al ritmo que transcurren los días. Cada cable liberado, cada anexo desechado, son batallas ganadas. Bromeamos: tu mejoría  contrasta con la paradoja de mis ojeras crecientes. Me reconforta la leve sonrisa que embellece tu rostro.

Una tristeza antigua me escuece en las mejillas; disfrazada de cansancio se asoma a mi sentir. Cuando estamos tristes es porque estamos procesando algo. Cuando lloramos, estamos conectando. Hay algo que me ha sucedido, que tiene que recolocarse

¿Qué guardo detrás de tantas emociones? ¿Puedo ver de dónde viene? Miro atrás. Procesos interrumpidos. El dolor de un rechazo. Una pérdida ambigua. Un abandono improvisado. Palabras no dichas. Obligados silencios. Un duelo incierto. Una digestión indigesta… Se despierta un dolor dormido que me recuerda donde estoy: en la trinchera de mis cuarenta y algunos;  con prismáticos de aprendizaje. Con filtro de conciencia. Quedarme postrada entre mente y cuerpo, es quedarme en la tristeza. Las cosas, cuando terminan se reestructuran y son diferentes.

Estamos inmersos en un juego que nos juega. No se parte de un objetivo. Ese es el poder presente.

 

Henchida de agradecimiento, abrazo tu presencia.

Tú mejoras y eso me basta hoy.

 

 

Yolanda Jiménez. Abril 2017

 

Viaje desde la salud al abismo. Mi acompañamiento (I)

 

La tarde es calurosa y tú sientes cansancio. Más tarde aparece el dolor con punzadas intensas que te roban el aliento. Arrogante y agresivo se instala en tu cuerpo. Los calmantes  que te inyectan  juegan a engañarle durante dos horas. El sol se ha escondido bajo el manto de la noche. Imposible dormir. Salimos de nuevo, hacia el hospital. Preguntas, pinchazos, calmantes,  suero, tensión, espera, tiempo. Más calmantes. Amanece y volvemos a casa.

Un día, una noche.  Inapetente,  bebes agua. Tu cuerpo no lo admite. El tiempo transcurre y algo no encaja. Algo no va bien. Tercer día extraño y volvemos al hospital.  Tercer día. Desciendes el primer peldaño de una escalera perversa. Aún no lo sabemos. Un desierto te espera.  Un huracán árido seca tu piel, tus jugos, mi garganta. En algún momento  de la secuencia estuve mareada. La burbujas ascendían por mi nuca y el calor se apoderó de mi pecho. Conozco esta  la sensación previa al desmayo. En ese momento, recuerdo que, en mi bolso  tengo una botella de agua (el hospital da mucha sed). Guardo silencio  y respiro. Respiro sentada en una silla de plástico blanco. Vacié el líquido elemento sobre mi cabeza. Recuperado el resuello, me recompongo. Te cojo la mano para hacerme más presente… Viajamos  por pasillos y estancias de colores: amarillo, naranja… Cada vez más intensos. Cada vez más críticos. Tú sobre la cama, yo te sigo. Todo se acelera en una coreografía de  médicos,  cables, monitores, noticias. Es como una carrera de obstáculos.  Un improvisado protagonismo en una  película surrealista. Alguien pronuncia  la palabra “grave”.

Tres días a tu lado, hasta aquella puerta de la UCI que nos separa. Me quedo allí, viendo cómo te alejas a toda prisa  por un largo pasillo, sobre una cama con ruedas.  Permanezco allí, incrédula, impotente,  sujetando mi bolso y tus objetos. He perdido la noción del tiempo. Las imágenes se suceden en mi memoria… Trato de ordenar los hechos. Me derrumbo. Exploto en  llanto. No sé cuánto tiempo permanecí así, entre sollozos. Me llega una voz que no reconozco:  “¿qué te pasa mi niña?” No veo. No puedo hacer otra cosa que llorar. Hago un gesto para que no se acerque nadie… Me calmo y veo a dos señoras que me miran con esa complicidad que ahora nos une. Ellas esperan la hora de visitas para ver a sus familiares.  La hora deseada, en la que nos permiten acceder a la Unidad de Cuidados Intensivos. Palabras para consolarme y ecos que resuenan en mi cabeza: “Esto es así”. “Siempre pasa al principio”. “Hay que llorar. Luego te acostumbras”.  La mujer que me habla está a mi lado. Parece fuerte y resignada. Su mirada cálida sostiene la mía.

El hecho de estar presente. La responsabilidad de saber lo que otros no saben, me pesa. Me doy cuenta de los cambios ocurridos. Tengo que compartir las noticias. Ordeno los hechos en mi cabeza. Un ejercicio de síntesis antes de transmitir la situación. Varias llamadas. Repito el esquema con cada interlocutor. Me escucho y me creo un poco más.

 

Luego, me permiten entrar a verte. Me hablas bajito. Busco el contacto de tu piel en tus manos prisioneras. Salgo de allí con el peso de  una gran soledad que me perfora el estómago. De una forma automatizada, conduzco hacia mi casa. Tengo la corazonada de que esta noche remontas… acaso es mi deseo.  Mañana será un gran día.

 

Yolanda Jiménez. Abril del 2017.

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