Crónica de un abandono. Reflexión y despliegue

Me pesa una sensación de pérdida, de abandono, de incomprensión, de que me quedo a medias, sin explicación. Algo me pasa con los abandonos de algunas personas que pasaron por mi vida y se marcharon. Un paso intenso, lento y una marcha rápida. Me quedé con la sensación de que no hubo cabida para resolver, para hablar y expresar, para la escucha, para la comprensión. Aquí hay algo sutil que me impide quedarme satisfecha.

Cuando alguien se marcha sin palabras, queda silencio e incertidumbre. Deseable haberlo trabajado de una forma más profunda. ¿Se puede evitar tanto dolor? Sentirse acusada, juzgada, ignorada. Sin espacio para expresarse. Sin ser tenida en cuenta. Roles fantasmas planean el espacio: un rol de miedo al vínculo provoca la huida del que se va; Un rol de miedo a la pérdida, la tortura del que se queda. Silencios y porqués. Sin miramientos. Oscuridad. Incomprensión. Abismo.

COLUMPIO CORAZON

Cuando el otro tiene dificultad para ser claro, puedo perderme en la ambigüedad. Es probable que el que se marcha se sienta ofendido, incluso dolido. Sin espacio para la expresión. La incomunicación alimenta la distancia.

¿Y yo?, ¿Dónde queda mi dolor?, ¿Qué hago con el?, ¿Qué puedo aprender?

 

Aquí hay dos procesos: estoy aquí implicada pero también para aprender, consciente de lo que pasa. Lo que acontece, acontece:

  • Hay un nivel: del hacer, lo que pasa.
  • Hay otro nivel: lo que hacemos.

 

Aquí ocurrió algo perturbador que es el foco, pero quizá no es para mí. El proceso necesita hacerse presente poco a poco. Cada uno ha de hacerse cargo de su dolor, como adulto.

Si la persona que se va, asume su responsabilidad, el poder y la decisión, todo va bien, Sino, no queda limpia la separación. Si el que se va, pone la responsabilidad fuera, en los otros, se dificulta la separación.

A veces la agresión viene por lo no dicho. Cuando me expreso exigiendo,  incluso de manera silenciosa, de forma evitativa, no dejando espacio al otro para que se exprese, estoy agrediendo.

También  puede ser lo evitado como seducción. En ambos casos, hay una doble manipulación expresada desde lo dicho y desde lo evitado. Hay una parte consciente y otra inconsciente.

  • “No me digas esto”: es una orden. Yo soy victima.
  • “A mi no me gusta eso que me dices”: es lo que me pasa a mi.

Si tu mandas o exiges al otro, estas agrediendo. Tú te sitúas en un nivel desigual al que me sitúas a mí y esto también es un fenómeno de campo. Me ves desde otra altura. Hay una perspectiva que te da poder.

Exigencia/culpa son dos extremos de la misma polaridad. Debajo de la exigencia hay una culpa, precisamente por no satisfacer las exigencias de todo el mundo.

Nadie que no este perseguido se convierte en perseguidor. Los roles se aprenden. La relación exigencia/culpa no te deja ser libre. Es un juego y en todos los juegos, los roles son intercambiables.

EL PASADO

Cuando no hay límites claros, hay sometimiento por ambas partes. Esto es el emergente (culpa, dominio, sometimiento). Recojo esto.

A una “buena victima” no le proponemos una salida. No es el dolor, es el poder lo que está pendiente, lo que esta en juego.

¿Qué tendría que ver el abandono con el dominio, la sumisión?

 

Yo soy libre de estar donde estoy. Y me merece la pena. Pago un peaje. Mientras estás (con alguien, o en algún sitio), te vale. En este sentido, es interesante explorar las polaridades propias.

Cuando estamos más expuestos, somos más fuertes, con más recursos para defendernos.

 

La perdida y el abandono que expresé  al principio del texto (no me siento recogida, me siento abandonada,) es el emergente. Tiene que ver con que hubo una marcha y con el conflicto triangular: Tú, yo, otras personas, grupo.

Aquí hay una relación de unidad. En el todo, hay una parte que no tenía su sitio y la integro. Si tengo angustia, puedo mirar: El cuerpo físico es como el campo social y como el campo “ello”. Es una cuestión de lo común universal.

Integramos la escucha. Si en un lugar integramos las partes,  la situación cobra sentido. No es aceptar, es lo que “es”. Darle un vistazo a todo lo que hay proporciona una perspectiva amplia.

Es importante evitar juicios. Es importante el respeto al misterio que hay detrás de cada opción.

 

Siento un profundo respeto hacia la elección del que se va. Me pregunto como me quedo yo. Intento sentirme y no hacer culpable al que se va. Pongo el acento en conectarme conmigo, con lo que  a mi me provoca esto. Aceptar que quien se va, lo hace a su manera, no según mis expectativas.

Con el duelo llega la aceptación. ¿Dónde quiero estar? No seré un obstáculo en el camino del otro. ¿Qué elijo para mi?, ¿Cuál es mi camino?

 

Yolanda Jiménez

 

 

 

 

 

 

“Trascendencia”. Un poema para ti

 

TRASCENDENCIA

 

Busco el espejo de tus pupilas verdes.

Una profundidad misteriosa me atrae hacia un abismo

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Dibujo: Juan Peláez

Imaginado de caricias y desbordes

Exploro el límite de mi existencia

Vibra mi piel bajo tus besos de susurros narrativos.

Acaricias  mi  melodía de partículas dispersas

Infinitos universos ensanchan mi alma.

Espiral de energías trasciende emociones

Aparece la mujer. Eres hombre.

Sutil imán de otra dimensión intuida

En sublime camino compartido

 

Yolanda Jiménez.

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“Te quiero sin saberlo” o el amor “Con-sentido”

Muchos hombres, neuróticos obsesivos, se protegen  mediante “enredos laberínticos”, ya que “a la hora del amor temen ser devorados por un Otro que desea”; así “evitan encontrarse con la mujer de sus deseos o quizá de sus sueños”. Por : Carolina Rovere

La histeria se queda con las ganas en el amor, sosteniendo siempre que existe una mujer que las tiene todas; y el obsesivo sufre en secreto haciendo de su vida un via crucis permanente que hace imposible acceder al objeto que causa su deseo. Y, como la dimensión amorosa se teje en la trama misma de la neurosis, el problema del amor siempre se presenta con la modalidad típica de la histeria u obsesión. ¿Pero por qué el amor es un problema? Amor y castración van de la mano: el amor implica siempre un encuentro con la propia falta; “Me haces falta”, se dicen los enamorados. Y esto en los hombres tiene una relevancia sustancial: reconocerse en falta es feminizarse.

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En realidad, la posición frente al amor es siempre femenina: así, representa una dificultad mayor para hombres que para mujeres, aunque éstas no se quedan muy atrás, sobre todo en estos tiempos en donde encontramos una tendencia creciente a la virilización en el mundo femenino, tal como lo sostiene Lêda Guimaraes (“El estatuto de la feminidad en nuestros días”, en Revista Logos Nº 7, Buenos Aires, Grama Ediciones, 2012). Un hombre que se asume enamorado corre un alto riesgo: castrarse. Cuando el hombre, tocado por el amor, no puede tolerarlo, suele ponerse al reparo permaneciendo en una posición que lo resguarde. Protegerse contra los riesgos que ocasiona enamorarse es una respuesta típica en los hombres, y la coraza protectora puede adquirir múltiples modalidades de presentación.

Una de ellas es el cálculo: es una situación muy común y la encontramos en el conjunto de argumentos que los hombres construyen para no involucrarse con una mujer que, sin embargo, les interesa. Es muy probable que el cálculo sobrevenga cuando ya el hombre ha sido tocado por una mujer que le importa, aunque también se puede ubicar previamente, en la serie de pensamientos que –con muy buenos argumentos, tal vez los mejores, para abonar la idea de mantener distancia– impiden el acceso a ella. Esto da como resultado que él no pueda llamarla ni decirle nada o mostrar algún signo de interés. Esta actitud tiende a alejar a cualquier mujer que pretenda tener una relación estable con un hombre, ya que abona en ella la idea de no ser deseada.

El obsesivo va en el sentido contrario al objeto que causa su deseo. Bernardino Horne lo ha formulado con precisión al afirmar que “La neurosis obsesiva es una burocratización de la fobia”. Es una manera clara y certera de presentar a la obsesión hermanada con la fobia: un disfraz de enredos laberínticos que preservan al sujeto del encuentro con la falta. Pero, ¿cuándo se precisa una fobia? La fobia se instaura cuando el sujeto se encuentra con una falta que tiene para él estatuto de abismo, es decir de ilimitado; el peligro es perder el ser bajo el signo del fantasma de devoración, como enseña Lacan en el Seminario “La relación de objeto”. A la hora del amor, el obsesivo teme ser devorado por un Otro que desea. Por eso le resulta mucho más fácil someterse a cualquier requerimiento que se imponga dentro de los cánones de la demanda y evitar encontrarse con la mujer de sus deseos o quizá de sus sueños.

Otra forma en que esta caparazón se presenta es la de lo efímero. Es muy frecuente en las relaciones hoy en día, donde abundan los encuentros ocasionales, el acceso rápido, lo pasajero y lo fácilmente olvidable. Son todas formas de preservarse o de no involucrarse en una relación donde el deseo esté comprometido. Tal vez sea ésta la nueva vestidura del anacrónico “don Juan”, posición viril o masculina que hoy encontramos tanto en hombres como en mujeres.

Y también está el rechazo; éste suele presentarse bajo una modalidad renegatoria: hacer como si nada hubiera ocurrido y afirmarse en la convicción de que la vida puede seguir perfectamente bien, igual que antes. Lo que está renegado en este caso es el acontecimiento amoroso. Alain Badiou es quizá quien lo explica de la mejor manera: “El amor se inicia siempre con un encuentro. Y a este encuentro yo le doy estatuto –de alguna manera metafísico– de acontecimiento, es decir, de algo que no ingresa en la ley inmediata de las cosas”; “El encuentro entre dos diferencias es un acontecimiento, algo contingente, sorprende. Las sorpresas del amor” (Alain Badiou, Nicolás Truong, Elogio del amor, Paidós, 2012). El movimiento renegatorio es un empeño en no dar lugar, porque, como dice Badiou, el acontecimiento como tal no ingresa ni encaja en la ley inmediata de las cosas, es decir en nuestro mundo previo. Por eso un encuentro-acontecimiento divide el tiempo en un antes y un después. Muchas veces se requiere de gran coraje para asumir los efectos de ese encuentro que altera lo preestablecido, cambia el programa calculado de antemano.

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Pero vayamos ahora al “seguro contra todo riesgo”, expresión que también emplea Badiou en esa obra. Muchos hombres, y también mujeres, intentan hacer del amor un lugar de seguridad absoluta, donde el riesgo sea cero. Intentan construirse un modo “seguro” de vincularse que, a los seres atravesados por la sexuación, los proteja de la posibilidad de enamorarse. “¡Tenga el amor sin el riesgo!”, “¡Se puede estar enamorados sin caer en el amor!” “¡Usted puede enamorarse sin sufrir!”, ironiza Badiou. Bien sabemos que el amor riesgo cero es otra cosa que amor.

Veamos un caso: se trata de una relación que pareció funcionar durante años sin ningún compromiso de ambos. Se llamaban semanalmente o quincenalmente, por lo general muy tarde: así no se daba lugar a ningún programa sino como si fuera algo espontáneo, que se da cuando se da. El problema se suscitó cuando ella empezó a darse cuenta de que él le importaba. Entonces las cosas cambiaron radicalmente para ambos. Cuando ella advirtió que comenzaba a involucrarse mucho, le dijo a él que iba a alejarse, y el hombre la dejó ir. El no pudo-no quiso asumir compromiso alguno con su deseo. Este caso de la clínica es bastante común, y seguramente puede despertar distintas resonancias de situaciones similares. Es muy frecuente en hombres casados, que se vinculan con otra mujer “aclarando”, de antemano, que no van a llegar muy lejos en un compromiso, pero después se verifica que la relación llegó muy lejos en el tiempo, en la frecuencia y en la calidad de los encuentros. ¿Cómo se puede decir a priori cómo uno se va a manejar con un amor? ¿Cómo calcular anticipadamente los efectos que va a tener el Otro sobre uno?

¿Qué es una mujer?

¿Qué es, para un hombre, una mujer? En el Seminario “RSI”, Lacan formula la pregunta así: “¿Qué es una mujer, para quien está estorbado por el falo?”. Y contesta: “Es un síntoma”. Sabemos que el síntoma es una formación del inconsciente: si una mujer entra a formar parte del inconsciente del hombre, quiere decir que él se ha sentido tocado por ella. Y esto se manifiesta en los que Freud llama retoños de la formación del inconsciente: una mujer es sueño, es acto fallido, es lapsus, es síntoma. El deseo del hombre por esta mujer es más que claro, pero hay que poder admitirlo.

Luego, en el Seminario “El sinthome”, Lacan avanza en la formulación y dice que la mujer es para el hombre su sinthome: se ubica así como el nudo que anuda a un hombre. ¡Qué lugar! Aunque es importante precisar que el sinthome, cuarto nudo que hace que lo real, simbólico e imaginario se mantengan juntos, puede adquirir distintos valores. Por ejemplo en el “caso Schreber” –sobre el que escribió Freud–, el amor a su mujer cumple una función de estabilización subjetiva; pero el sinthome es el broche que, a veces como resultado de un análisis, anuda al sujeto cuando ha podido salir de la lógica que sustenta la neurosis. En este último caso se trata del lugar más preciado que podría tener, para un hombre, una mujer.

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Con-sentir

Con-sentir, escrito así, conduce a un doble movimiento: por un lado, el consentimiento, en este caso consentir al amor; pero también la decisión de “sentir con”. Si antes hablamos de coraza, ahora se trata del coraje, como actitud necesaria en un hombre cuando una mujer se vuelve inolvidable. No todos los hombres pueden o quieren con-sentir, ya que esto implica un profundo compromiso ético. Ya sabemos que el deseo no es cómodo, cuesta, siempre se requiere pagar por él.

Cuando un hombre se dispone al amor, los efectos de alegría y entusiasmo se manifiestan rápidamente, pero cuando puede con-sentir al amor y deponer sus defensas, los beneficios son mayores, no sólo para él sino para quien elige caminar a su lado. Estos que ahora son dos diferentes pueden construir juntos un nuevo andar, que no es la sumatoria de uno más otro, sino algo nuevo que surge y se arma entre uno y otro. Uno no es siempre el mismo con cada pareja que tenga, uno es cada vez algo distinto y algo parecido, y abrirse a un nuevo amor es construir un nuevo espacio común.

Pero, para que esto sea posible, el hombre debe declinar algo de su interés fálico, es decir: feminizarse. Feminizarse en el amor no equivale a afeminarse. Feminizarse es una posición que al hombre lo enriquece y le suma virilidad. Es la decisión de con-sentir al encuentro con el otro y hacer de ese encuentro una experiencia inédita, única. Cuando el amor toca una verdad, su característica principal es la novedad.

Cuando una mujer cree en su hombre y sabe de su dificultad, puede ayudarlo, si él lo permite, a salir de su rigidez, de su armadura defensiva. Ella debe creer en él y él con-sentir a ella y a lo femenino que ella despierta en él; debe dejarse llevar por su amor. Consentir al acontecimiento amoroso, como encuentro siempre contingente, requiere una posición decidida frente al amor, que deje atrás el modo neurótico de existir

 

Por: Carolina Rovere

* Psicoanalista. Autora del libro Caras del goce femenino. Texto extractado del trabajo “Posiciones del hombre frente al amor”, que puede leerse en www.imagoagenda.com/articulo.asp?idarticulo=2135.

Publicado en: www.pagina12.com.ar

 

 

 

Los hombres que sí aman a las mujeres

“El amor infantil sigue el principio: Amo porque me aman. El amor maduro obedece al principio: Me aman porque amo. El amor inmaduro dice: Te amo porque lo necesito. El amor maduro dice: Te necesito porque te amo” –Erich Fromm–

Amar es un arte y como cualquier arte, se practica y se mejora.

Existen muchos mitos y etiquetas sobre lo que debe ser“un auténtico hombre“ en el imaginario colectivo, sin que estos hayan sido sustituidos o al menos complementados por otros mucho más constructivos.columpio-a-dos

A veces, se alude a la pasión entre dos amantes como algo irrefrenable, lejano de poder ser controlado por sus protagonistas.Esto en un principio puede ser excitante pero desgraciadamente en la realidad ocurre que los protagonistas pasan a ser verdugos de su propia historia si esta pasión obsesiva se torna tóxica.

Sus pasiones se convierten en cárceles . Muylejos quedan en este punto las historias fantásticas, novelescas y románticas.

Cuando la pasión pasa a ser un remolino de celos y reproches se deja de lado el romance constructivo y la magia; abriendo el paso a una existencia desdichada, amarga e improductiva.

Pocos nos cuentan las películas hollywoodienses de lo que significa una verdadera convivencia, un verdadero intercambio de existencias. No por ser íntima e igualitaria, la convivencia deja de ser misteriosa y vivaz para aquellos que tienen el privilegio de compartirla.

No obstante, si muchos anhelan contemplar la altura moral de una historia de amor en versión “real y sin censuras”; la película “Amour” de Michael Haneke puede constituir una visualización genial para comprender lo que es realmente un amor basado en la intimidad y respeto mutuo.

El irresistible encanto de los hombres que no imponen, solo comparten.

Muy desvalorizados se encuentran los hombres que realmente buscan compartir, conquistar y conocer.

Muy poco reflejo encuentran enhéroes de batallas, en sanguinarios hombres de guerra. Sin embargo, este tipo de actitudes no son recompensadas de forma mitómana, pero si de forma humana.

Puede ser relativamente fácil encontrar un hombre que ansíe convertirse en héroe y conquistador, y pocos los que de verdad persigan convertirse en hombres en su versión más perfecta, lejos de las bestiasAgradeciendo el don de la razón humana, buscando mejorar y no dominar. 

 

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Indudablemente, esta conducta y actitud tan gourmet hace las delicias de los corazones que se cruzan a su paso. Se verán reflejados en un anhelo, en un suspiro, en un sueño repetido en el universo femenino.

Ellos nunca se convierten en pesadilla. Siempre se transforman en un sueño compartido.

Los hombres que sí aman a las mujeres…..

Los hombres que sí aman a las mujeres….Son siempre correspondidos. Quizás no encuentren el favor de la reciprocidad en espacio y tiempo, pero su huella siempre se graba a fuego en las mujeres que tienen el placer de conocerlos.

Los hombres que sí aman a las mujeres no imponen, no coaccionan. Ni tan siquiera se obsesionan por seducir, sino tanto por el placer de ser seducidos.

No sienten atracción por la reputación de las mujeres que les acompañan. Suelen prestar más atención por aquellas cualidades que les harán sentir dichosos en cada uno de sus días.

Les importa más la lucha de una mujer por su verdadera identidad, y las consecuencias en forma de virtudes que esta lucha ha dejado en ellas.

Suelen aliarse con las conquistas de sus compañeras, pues consideran que la felicidad de dos solo puede ser completa cuando ambos se sienten triunfantes en valores compartidos; no en posesiones o apariencias.

Asumen que el amor puede acabarse, tienen vértigo de poder contemplar el precipicio de la pasión; pero no por ello renuncian a vivirlo.

Asegurar un amor con papel  es un pastel goloso para aquellos que encuentran la felicidad en tenerlo bien atado.

Ellos sin embargo aprecian el valor de la estabilidad y la rutina, pero siempre que se base en la verdadera voluntad de dos almas libres por permanecer unidas.

Han contemplado demasiados corazones rotos por contentar a la galería, por lo que prefieren continuar haciendo arte y no tradición en eso de amar.

En definitiva, los hombres que aman a las mujeres siempre aman de una forma que no duele, que no ahoga, que no entierra. Aflojan con tanto arte los machetes con los que la sociedad ahoga, que no queda más remedio que seguir queriendo estar unida a ellos.

Los hombres que aman a las mujeres son muy numerosos, pero deben ser reivindicados y reconocidos en los tiempos que corren.

 

Vía Cristina Roda para lamenteesmaravillosa.

Publicado en: www.mujer.guru

 

“Olisquearé”… Erótica sutil…

 

Olisquearé tus aromas profundos y saborearé tus esencias todas las noches posibles y cuando tus canales estén lubricados me deslizaré hasta el fondo de tu Ser y tus07312-amormistico2christinahope
tesoros emergerán en tus gemidos y los latidos de tu corazón y mi vientre estremecido inundará el tuyo con mis poemas líquidos y abrazados nos anudaremos para sostener nuestro temblor de gloria… – Rubén Prado –

 

Dependencia emocional

Sí te quiero, no te necesito. Entonces, ¿cómo te quiero? ¿Cómo sé que quiero a mi pareja? ¿Se puede aprender a amar de manera sana? ¿Cuáles son los pilares de una relación?

Cuando abordamos la dependencia emocional son muchas las preguntas en torno a cómo “debe” ser una “buena” relación de pareja. Y es que cuando se trata de querer a nuestra pareja entran en conflicto creencias familiares, mitos culturales, luchas de poder y muchas otras trampas que nada tienen que ver con el amor sano. Pues sin saberlo, nuestros referentes de “amor verdadero” acaban siendo ficciones.

Empecemos por lo que no define al amor, sin lugar a duda se trata de verbo “necesitar”. El amor sano debe ser libre de ataduras, en una relación de pareja es indispensable sentirse libre con el otro, sin dependencia emocional. Cuando necesitamos a nuestra pareja se crea un desequilibrio de poder. Creer que no podemos vivir sin alguien es siempre un engaño de la mente, aunque sigue siendo una de las frases románticas más repetidas en películas, libros y canciones. Sin embargo, ésta no puede ser nunca la premisa que rija una relación.

Yo no creo que exista una fórmula que defina cómo se debe querer, pues pienso que ésta ecuación debe ser resuelta por cada pareja. Sin embargo, sí creo que hay algunas variables que deben formar parte de la ecuación y otras que deben eliminarse.

Para empezar me gustaría hablaros de la Ecuación de partida: 1+1 = 3

En muchas ocasiones la aritmética y la psicología no se ponen de acuerdo, y éste sería uno de esos casos. Os intentaré resumir en qué consiste ésta fórmula con uno de mis dibujos:
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En una relación de pareja tenemos que buscar la manera de mantener nuestro propio espacio personal, nuestro crecimiento vital, y esto es responsabilidad individual. Y a la vez, dejar lugar al otro para que se desarrolle, para que decida que quiere y como quiere que sea su parcela individual. Y después poder construir un espacio conjunto, en el que los dos a partes iguales, sumen y aporten los pilares de la relación que desean constituir sin caer en la dependencia emocional.

Ahora que ya sabéis por dónde empezar a construir vuestra ecuación, veamos qué otras variables más podéis añadir y cuales sería aconsejable eliminar.

Construye tu ecuación

De momento, no añado ni quito más variables, y os propongo una pregunta:

¿CUÁLES SON LAS VARIABLES INDISPENSABLES (vuestros “incondicionales”) PARA CONSTRUIR VUESTRA ECUACIÓN PERFECTA?

Recordad que la ecuación no estará resuelta, hasta que no construyáis una  conjunta.

Definir qué necesitáis como pareja genera seguridad y orienta hacia el futuro. Sin embargo no olvidéis que la vida está en cambio continuo; al cambiar cada miembro de la relación a lo largo del tiempo, también evoluciona y se transforma la pareja. Así es que revisad vuestra ecuación de vez en cuando, es posible que toque ajustarla a las nuevas necesidades

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Vía isabelmorenopsico.

Publicado en: http://www.mujer.guru

Fluir o forzar: preguntas para hoy

¿Como es tu relación con esa persona que tanto amas? ¿Sientes que ya no te deja espacio en su vida? ¿Es una percepción tuya? ¿Que haces con ella? ¿En qué medida es real? ¿Que construyes con tu pensamiento?…¿Desde donde te relacionas?… Revisa tus sueños: son el resultado de lo que haces durante el día.

Dicen que todo lo que nos llega tiene un sentido, un mensaje para que lo descifremos y aprendamos algo…Dicen que la vida nos trae de nuevo situaciones ya vividas e inconclusas. Y nos las repite tantas veces como sea necesario, hasta que aprendamos ese algo…Dicen…

A continuación comparto unas reflexiones  de Julieta Suarez Valiente, publicadas en la página “El retorno de las diosas” de facebook :

BAÑERA A DOS

“Fluir, No Forzar.
¿Tus relaciones, son parejas? ¿Hay reciprocidad? Porque muchas parejas no son parejas. Si te relacionas desde un lugar maternal, atraerás “hijos”, si eres el hombre de la pareja, tu hombre estará pasivo, si eres la víctima, llegará el victimario, si eres la rescatadora, llegará un herido, si das todo, el otro no dará nada.
Sutilmente siempre firmamos contratos. Pero eso no es paridad, ni tiene equilibrio.
¿En qué rol te estás poniendo? No formemos nada, si no encaja no va. Si no fluye, deja ir.
Cuando hay apegos, hay terror a la soledad, necesidad, dependencia, pero no amor.
Forzar no, fluir si.”

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