El sentido de la vida…o el sentido de la muerte

 

La vida. Esa forma de existencia cambiante, de pérdidas continuas y de nuevas oportunidades. La muerte, en sentido amplio incluye las pérdidas. Desprenderse de un órgano físico es una forma de muerte. Como tal, requiere de un duelo y  de una adaptación. Reaprender para continuar. Abrirse a la incertidumbre es conocer el miedo, sentirlo como propio, parte de ti. Y convivir con él como una nueva forma de confianza en ti mismo

La mayoría de las personas, en algún momento, nos hemos cuestionado el sentido de nuestra vida, nos hemos preguntado quiénes somos, de dónde venimos, cómo existimos o sí hay vida después de la muerte. En definitiva, nos hemos interrogado acerca del sentido de la vida, de nuestro lugar en el mundo y de qué hacer con nuestra existencia.
Nuestra respuesta a las preguntas planteadas es decisiva si queremos experimentar la vida con plenitud, si queremos vivir conscientemente y sintiéndonos satisfechos.
El budismo, basado en las enseñanzas de Buda Sakyamuni, sostiene que existimos sin principio. Los filósofos budistas, tras metódicas investigaciones, concluyen que la consciencia no puede de ningún modo ser la causa substancial de la materia, ni la materia ser la causa de la consciencia. Consideran que la única hipótesis admisible en cuanto a la causa substancial de la consciencia es una consciencia anterior. Siendo esto así, la vida y la muerte son un todo único, realidades transitorias en constante cambio, en el cual la muerte es el comienzo de otro capítulo de la vida.
Que tu pérdida te traiga un renacer precioso. Que tu sabiduría nos ilumine. Que tu luz nos complemente. Que  el amor te acompañe. Que seas… Gracias por existir hombre lindo.
Yolanda Jiménez

 

El amor que permite…

 

El amor es sereno. Deja que el otro y yo mismo seamos como somos, no nos desea diferentes. Deja que lo que existe sea como es, que crezca y se desarrolle como corresponde a su determinación. Por eso, el amor sólo interviene cuando lo que existe está en sintonía con esa determinación y su destino correlativo, cuando éste lo exige y otorga.
Nadie, ni el otro, ni lo otro, ni yo mismo tenemos que defendernos de ese amor o temerle. En ese amor nos abandonamos a algo que está más allá de nuestras esperanzas, deseos y miedos, y que nos acoge como el ancho río que absorbe los muchos arroyos. Cuanto más acoge, tanto más ancho y profundo es el río y tanto más poderosamente corren sus aguas hacia la desembocadura, donde todo se diluye indistinguiblemente en un mar que recibe y conserva a todos y a todo de la misma manera.
Ese amor ya anticipa lo que algún día será
– Bert Hellinger –

De la sabiduría y el placer

 

“…El río se estaba riendo. Sí, así era: todo lo que no se terminaba de sufrir o no se resolvía hasta el final, se repetía; siempre se volvían a sentir las mismas penas…”

Juan Peláez: acuarela

“…Tú sabes bien, querido amigo, que ya de joven, empecé a desconfiar de las doctrinas y de los maestros y muy pronto les volví la espalda…”“…Pero ¿no has encontrado tú mismo, si no una doctrina, al menos ciertas ideas, ciertos conocimientos que puedas considerar como tuyos y te ayuden a vivir?. Siddharta respondió: – He tenido ideas , si, e incluso conocimientos de forma esporádica. A veces, durante una hora o por un día, he sentido el saber en mi interior tal y como uno siente la vida en su corazón. Eran muchas  ideas, pero me sería difícil comunicártelas. Mira, Govinda, la sabiduría no es comunicable. La sabiduría que un sabio intenta comunicar a otros suena siempre a locura. El saber puede comunicarse, pero la sabiduría no. La sabiduría es un estado personal…”

 

“…Muchas cosas le enseñó la boca encarnada y diestra de Kamala. Siddharta aún era un chiquillo en cuestiones de amor y tendía a precipitarse ciegamente en el placer como en un abismo sin fondo. Pero Kamala le enseñó que no se puede recibir placer sin devolverlo, y que cada gesto, cada caricia, cada contacto, cada mirada y cada parte del cuerpo, por pequeña que sea, tienen su propio misterio, cuyo desciframiento produce felicidad al que lo descubre. Le enseñó así mismo, que, tras la celebración de un ritual amoroso, los amantes no debieran separarse sin antes haberse admirado mutuamente, sin sentirse al mismo tiempo vencedores y vencidos, de suerte que en ninguno de ambos surja una sensación de hastío o de abandono, ni la desagradable impresión de haber abusado o de haber sido victima de un abuso. Horas maravillosas pasó Siddharta con la hermosa y hábil cortesana, convirtiéndose a su vez en su  discípulo, en su amante y en su amigo. Allí, junto a Kamala, se hallaban el sentido y el valor de aquella etapa de su vida…”

“Sidharta guardó silencio. Luego se entregaron al juego del amor, uno de los treinta o cuarenta juegos diferentes que Kamala conocía. Su cuerpo,era flexible como el de un jaguar y como el arco de un cazador: muchos placeres y secretos le eran revelados a quien ella instruyera en el amor. Pasó un buen rato jugando con Siddharta. Tan pronto lo atraía como lo rechazaba para volver a provocarlo, envolviéndolo con su cuerpo y alegrándose de los progresos de su alumno, que, al final cayó vencido y extenuado junto a ella”

”  Eres el mejor amante que he tenido – le dijo pensativa –  Eres más fuerte que otros, más flexible, más flexible, más solícito. Muy bien has aprendido mi arte, Siddharhta. Y sin embargo, querido, sigues siendo un samana: no me amas a mi ni a nadie. ¿No es verdad?.  Es posible que así sea – repuso Siddharta con voz cansada- . Soy como tú. Tú tampoco amas… ¿como si no, podrías  practicar el amor como un arte?. Acaso la gente como nosotros nunca pueda amar. Los hombres niños si que pueden y ese es su secreto.

 

Selección personal  del libro “Siddharta” – Hermann Hesse –

Apertura…

 

Cuando las personas han experimentado un gran dolor ya no necesitan tanto la coraza del yo para defenderse. ¿Para qué, si ya fueron heridas? Pueden quitarse la  armadura y convertirse en personas más abiertas, confiadas y confiables para los demás. De manera que en las heridas asumidas radica la posibilidad de soltar las corazas que se mostraron inútiles y volvernos desnudos y abiertos de nuevo, como niños vibrantes con la vida. Cuando el pequeño yo, no logra gobernar su pequeña nave y se rinde, recibe el regalo de un dicha desconocida.

Joan Garriga
Del libro “Vivir en el Alma”

Sexualidad, Gestalt, Vida …

¿Que es sexualidad?… o acaso cabría preguntarse ¿qué no es sexualidad?. Un abanico de posibilidades, desde lo más tangible, hasta lo más íntimo que nos conforma como los seres que somos. Más o menos explícita, la sexualidad, está  presente en todos los ámbitos de nuestra vida, como la fuerza vital de la existencia. Más allá del instinto que acompaña el impulso sexual, existe una grandeza de manifestaciones: en el Arte, la gastronomía, la identidad personal, la Sociología, la Espiritualidad, etc. En la cotidianidad del día a día, en cada gesto, en cada acción.

Desde la Terapia Gestalt se plantea un abordaje integral. Comparto aquí una entrevista en la radio, en la que hablo sobre sexualidad, sensualidad, cuerpo, Gestalt y más, en el programa “Sexo nómada”:

 

 

Yolanda Jiménez

La magia de los solsticios

 

La palabra solsticio quiere decir “el sol se para”. Los solsticios son una pausa, una oportunidad para reflexionar, evaluar y ver donde queremos ir. Son un momento para expresar nuestros deseos e intenciones, asimilar nuestros aprendizajes, y sentir nuestra conexión con el ciclo de la tierra y el sol.

El Solsticio de Verano, el día más largo del año, ilumina todo nuestro potencial y singularidad, y nuestra capacidad de amar y conectar en comunidad.  El Solsticio de Invierno, en cambio, la noche más larga del año, nos recuerda que de la oscuridad nace lo nuevo, y que un periodo de descanso y renovación es esencial en el ciclo de la vida.

Tanto los solsticios como los equinoccios son una oportunidad potente para unir nuestros ciclos interiores con los ciclos exteriores, y así fortalecer nuestro camino en la vida. Cuando creamos un momento de pausa alrededor de los solsticios (y los equinoccios), y somos conscientes de lo que estamos dejando atrás y hacia donde queremos ir, ¡nos abrimos a que ocurran cosas mágicas en nuestra vida! “Mágia” en el sentido que le da Starhawk: “el arte de cambiar la conciencia a voluntad”.

Justamente con esta intención, comparto aquí cuatro preguntas sencillas son de gran ayuda para poner consciencia a nuestra vida estos momentos iniciáticos en la rueda del año y conectar con la fuerza y dirección que nos aportan, inspiradas en el trabajo de Christine Arylo y Amy Ahlers:

¿Cuáles han sido mis logros y sorpresas en esta primavera/otoño? 
Tómate una pausa para darte cuenta de lo que has compartido de ti con el mundo en los últimos tres meses. Celebra tus esfuerzos, éxitos y logros, los grandes y los muy pequeños. ¿Qué te ha sorprendido? ¿Qué has recibido? ¿Qué quieres agradecer?

¿Qué quiero dejar ir, antes de pasar al verano/invierno?
No hace falta llevar contigo exceso de equipaje – patrones, hábitos, situaciones, relaciones- hacia esta nueva estación. Tómate una pausa para soltar lo que ya no necesitas – emocionalmente, físicamente y mentalmente. Usa los elementos de agua o fuego para dejar ir con amor lo que ya no te sirve.

¿Qué sabiduría quiero anclar en mí? 
Cada estación, con su energía, cualidades y experiencias diferentes, trae sus aprendizajes. Tómate una pausa para reconocer las perlas de sabiduría que has encontrado en esta estación, date un tiempo para integrarlas conscientemente y así llevarlas contigo hacía la que está por llegar.

¿A que me abro para esta nueva estación?
Los solsticios son un momento perfecto para hacer una pausa y escuchar lo que está por llegar. Ábrete a recibir cosas nuevas y a plantar las semillas simbólicas de lo que quieres gestar y que florezca y de fruto, en su tiempo. ¿Qué quieres ofrecer de ti al mundo en los tres meses que vienen?

A partir de ahora, la tierra se mueve en un ciclo diferente.  O bién la luz vuelve y poquito a poquito los días serán cada vez más largos, una época para encontrar y expresar nuestra propia identidad.  O empieza a disminuir la luz, y transitaremos del momento de máxima expansión a progresivamente ir más hacia dentro.

 ¡Feliz solsticio!

 Fuente: mujerciclica.com

Referencias:

Glennie Kindred, The Earths Cycle of Celebration, Permanent Publications

Starhawk, La Danza en Espiral, Ediciones Obelisco

Amy Ahlers: http://wakeupcallcoaching.com/

Christine Arylo: http://www.christinearylo.com/

Hablar bien para sentirse mejor

 

Sea amable y será más feliz. Repita “todo irá bien” y tendrá más posibilidades de que las cosas vayan bien. Mantenga su discurso enfrascado en aquello de “esto no tiene solución” y jamás la encontrará.

Puede sonar a optimismo barato o a manual de autoayuda, pero la neurolingüística es una disciplina centenaria que no solo ha dedicado sus esfuerzos al estudio de la producción del lenguaje desde el cerebro, también a la influencia que la palabra ejerce sobre la mente. Como defendía el psicólogo ruso Lev Vygotsky en la primera mitad del siglo XX, todas las funciones mentales –pero sobre todo el lenguaje– tienen una dimensión interna, mental o computacional, que puede y debe ser estudiada científicamente.

 

Pensamiento y palabra son dos conceptos íntimamente unidos. Si tienen o no el mismo origen genético, o si se desarrollan de una forma más o menos independiente, todavía hoy resulta motivo de debate. Las hipótesis coinciden en que, al menos, siguen un proceso de continua influencia recíproca.

lo que hablamos influye, modifica e incluso corrige lo que pensamos

Este binomio se concibe de manera habitual colocando antes al pensamiento y después a la palabra, como su expresión: “Decimos lo que pensamos”. Invertir los términos –decir y después pensar– puede sonar a acto irreflexivo, a que “no se debe decir todo lo que se piensa” y se debe pensar todo lo que se dice, ya que puede resultar inconveniente decir lo que se piensa en según qué contexto. Lo que hablamos influye, modifica e incluso corrige lo que pensamos. A nivel cognitivo, buena parte de lo que se dice acaba siendo lo que se piensa.

La influencia que la palabra ejerce sobre el pensamiento puede comprenderse de manera intuitiva mediante la observación del efecto mantra. Una práctica que se ha empleado tradicionalmente con diferentes objetivos. La repetición constante de una misma palabra –o una serie corta de palabras– es un método eficaz para desconectar del medio, para relajarse, para evadirse. En estudios sobre la técnica de neuroimagen se ha comprobado que este acto repetitivo produce una desactivación del córtex cerebral: repetir constantemente una palabra ayuda a “dejar de pensar”. O, al menos, a desconectar del pensamiento consciente.

La capacidad de la palabra para comunicar emociones positivas no se limita al uso que de ellas hacemos para brindar apoyo a un amigo en situaciones difíciles. Podemos alentarnos a nosotros mismos utilizando las palabras adecuadas, del mismo modo que el uso derrotista del lenguaje puede bloquearnos a la hora de afrontar la resolución de un problema.

En el conocido como Informe monja –una serie de estudios sobre la vejez llevados a cabo por el grupo de trabajo del doctor Snowdon, experto en alzhéimer, con 678 monjas de la Escuela de las Hermanas de Notre Dame– se valoraba el uso del lenguaje positivo como uno de los factores que influyen en la salud cerebral.

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ilustración de mikel jaso

En condiciones normales, los vocablos alarmantes se convierten en aliados. Tras escuchar la palabra “peligro” nos colocaremos en estado de alerta, atenderemos al riesgo hasta detectarlo y seremos menos vulnerables. Para que una expresión alarmante sea verdaderamente útil en la prevención del riesgo, antes tendrá que haber sido automatizada. El organismo tiene la capacidad de automatizar gran cantidad de información, mientras que los pensamientos instantáneos se generan en gran medida a través de la repetición de lo que nos decimos. Cuando los pensamientos se convierten en automáticos dejan de ser conscientes, sobrepasan la reflexión. La capacidad de automatizar carece en sí misma de criterios para reconocer si esta beneficia o no, y algo tan cotidiano como la palabra resulta un blanco fácil para los automatismos.

El uso del lenguaje en la vida cotidiana está sembrado de trampas de las que no somos conscientes y que determinan de manera inefable cómo sentimos y cómo nos sentimos. Quien se repite a sí mismo constantemente que es un desgraciado se siente desgraciado. Pensar “todo me sale mal” general malestar. Cada vez que se dice “todo me sale mal” o “siempre me pasa lo mismo” habría que plantearse el significado de las palabras “todo” y “siempre” para calibrar si realmente es así. Y sin embargo resulta frecuente la tendencia a la generalización y a la dicotomía, sin percatarnos de algo importante: si estas generalizaciones se convierten en pensamientos automáticos, se estrechará nuestra forma de percibir nuestra situación y nuestro entorno.

Se puede reeducar la manera de hablar. Se puede y se debe, si efectivamente se habla mal. Esto será la prioridad: observar cuál es nuestro estilo de comunicación, tomar conciencia de cómo es nuestro lenguaje y de los automatismos que hemos ido generando. Debemos identificar nuestras palabras trampa y nuestras aliadas, ya que no a todos nos sirven las mismas. Una vez identificados estos vocablos, debemos entrenar el lenguaje repitiendo palabras aliadas y evitando repetir las que son nocivas. A través de la repetición conseguiremos nuevos automatismos expresivos que generarán cambios en nuestra manera de pensar y de sentir; ­elementos indispensables para autorregularnos y aprender a dirigir más conscientemente nuestro comportamiento, sin rendirnos antes de sopesar las verdaderas expectativas de triunfo o fracaso. Cuando hablamos le estamos diciendo a nuestro organismo lo que tiene que sentir, estamos dándole instrucciones, estamos generando emociones.

Hable bien y se sentirá mejor.

 

 

Por: Lola Morón

Publicado en:  elpaissemanal.elpais.com

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