Escribir es…

 

“Si no hubiese podido participar del mundo de los cuentos y si no hubiese podido inventarme mis propios mundos, me habría muerto”

Los llamados «cuentos de hadas» no son, por supuesto, lo que la mayoría de la gente cree que son. Nada tienen que ver con la imagen que, por lo general, se tiene de ellos (…), porque tampoco los niños responden a la estereotipada imagen que se tiene de ellos.

Yo creo que no hay nada ni nadie que sea única y absolutamente materia, y que todos nosotros, con mayor o menor fortuna, somos portadores de sueños, y los sueños forman parte de nuestra realidad.

Para mí, escribir no es una profesión, ni una vocación siquiera, sino una forma de ser y de estar, un largo camino de iniciación que no termina nunca, como un complicado trabajo de alquimia o la íntima y secreta cacería de mí misma y de cuanto me rodea.

Escribir es, qué duda cabe, un modo de la memoria, una forma privilegiada del recuerdo.

Todos y cada uno de nosotros llevamos dentro una palabra, una palabra extraordinaria que todavía no hemos logrado pronunciar. Escribir es para mí la persecución de esa palabra mágica, de la palabra que nos ayude a alcanzar la plenitud.

La palabra «hermano», la palabra «miedo», la palabra «amor», son palabras muy simples, pero llevan el mundo dentro de sí.

Ana María Matute.

Creando nuestra propia realidad: la parábola del eco

 

Con cada pensamiento, con cada palabra, con cada acto … creamos nuestra propia realidad. Tu vida es un reflejo de lo que tú haces.

Si deseas más amor, crea más amor a tu alrededor. Si deseas una sonrisa y alegría, da una sonrisa a aquellos que conoces. Si deseas que las otras personas sean justas contigo, trata a los demás justamente. La vida te dará de regreso lo que tú le hayas dado.

Espejo lago

Parábola del eco

Un niño paseaba por la montaña con su papá.
En un descuido tropezó con una roca y gritó ¡Ay!.
De inmediato a lo lejos escuchó una voz que gritaba ¡Ay! ¡Ay!

Con curiosidad el niño pregunta:
– ¿Quién está ahí?

y sin tardanza la voz le dice:
– ¿Quién está ahí?

El niño, ahora enojado porque la voz está repitiendo su pregunta, grita:
– ¡Cobardeeeee!

y la voz responde en seguida:
– ¡Cobardeeeee!

El niño, que está fuera de si, mira a su padre y le pregunta:
– ¿Quién es?
– ¿De dónde sale esta voz, papa?

El padre sonriendo le dice:
– Presta atención hijo.

Entonces se vuelve hacia la montaña y haciendo bocina con las manos grita:
– ¡Te admiroooo!

Y la voz regresa diciendo:
– ¡Te admiroooo!

Y de nuevo el hombre grita:
– ¡Eres un campeoooón!

Y se escucha:
– ¡Eres un campeoooón!

El niño observa al padre curioso pero sin entender que pasa, y el padre le explica:
– Mira hijo, lo que has oído han sido tus mismas palabras.
– La montaña las ha devuelto.
– Se llama el eco
– La vida funciona como este eco de la montaña.
– Te devuelve todo lo que dices y haces.

Y el niño, ya calmado, pregunta a su padre:
– No entiendo.
– ¿Me lo explicas, papá?

El padre sigue explicando a su hijo con mucho amor:
– Tu vida es un reflejo de lo que tú haces.
– Si deseas más amor, crea más amor a tu alrededor.
– Si deseas una sonrisa y alegría, da una sonrisa a aquellos que conoces.
– Si deseas que las otras personas sean justo contigo, trata a los demás justamente.
– La vida te dará de regreso lo que tú le hayas dado.

El niño mira a los ojos de su papá y le responde:
– ¡Ahhh! Entiendo … tal como el eco de la montaña.

Y corre hacia su padre y le abraza con mucho amor.

 

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