La pasión de volar y la pasión de escribir

El desaparecido escritor, perteneciente a una familia aristocrática de Lyon venida a menos, forma parte de la larga lista de autores que jamás pudieron saborear las mieles del éxito de su obra. Traducido a más de 250 lenguas y dialectos –el más traducido de la historia después de la Biblia-, el libro narra el encuentro de un piloto perdido en medio del desierto con un pequeño príncipe que asegura que procede de otro planeta y que le cuenta sus aventuras interplanetarias.

El cuento, que Saint-Exupéry escribió mientras se encontraba exiliado en Estados Unidos, se publicó en plena Segunda Guerra Mundial, cuando en Europa millones de niños se estaban quedando huérfanos, desamparados, perdidos, como el mismo protagonista de la historia. Según Teresa Iribarren, profesora de los Estudios de Artes y Humanidades y directora del máster Edición Digital de la UOC, el libro invita a niños y adolescentes “a pensar que la vida también es entender que las cosas acaban, que tenemos que superar las pérdidas”.

Pero la obra es, además, un paseo por los valores universales de la humanidad, como la esperanza, el esfuerzo, el compromiso, el amor y la felicidad que aportan las pequeñas cosas de la vida. Una esencia que el escritor francés construye a través de diálogos a menudo desconcertantes para el adulto que envuelve de un halo de fantasía.

De hecho, el cuento comienza con una dedicatoria a Léon Werth (cuando era niño) y pidiendo perdón a los más pequeños por haberla dedicado “a una persona mayor”, aunque más adelante el autor argumenta: “Si todas estas excusas no son suficientes, quiero dedicar este libro al niño que este señor ha sido. Todas las personas mayores fueron primero niños. (Pero pocas lo recuerdan)”, advierte.

“Todas las personas mayores fueron primero niños. (Pero pocas lo recuerdan)”

‘EL PRINCIPITO’

(C) Yolanda Jiménez

Antoine de Saint-Exupéry

Luego, continúa la historia con un recuerdo de niñez del aviador: una imagen de un elefante dentro de una boa en la que las personas mayores sólo veían un sombrero en vez de lo que realmente era. Pero cuando el aviador sufre una avería en el desierto del Sáhara y se encuentra con un hombrecito –el pequeño príncipe-, éste acierta ver en el dibujo “la boa cerrada”.

De esta forma la historia del aviador francés consigue plasmar la gran brecha que separa el mundo infantil y el mundo adulto, “el primero, regido por la fantasía, y el segundo, basado en la lógica”, tal como destaca la psicóloga y psicoterapeuta infanto-juvenil y familiar Amalia Gordóvil Merino. Según la psicoterapeuta, con este relato sencillo, profundo y conmovedor, el autor habla de “la necesidad de entrar en el mundo de los más pequeños escuchándolos y disfrutando con ellos”.

“Las flores son débiles. Son ingenuas. Se defienden como pueden. Se creen terribles con sus espinas…”

‘EL PRINCIPITO’

En este sentido Gordóvil, que también colabora con la UOC, considera que El Principito es apto para todos los públicos. El cuento explora la curiosidad natural de los más pequeños por conocer y entender las cosas que los rodean, incluso, aquellas que a los mayores pueden parecerles más insignificantes-. Y, además, intenta concienciar al lector de la necesidad de proteger al más frágil.

Así es como se desprende de este diálogo entre el aviador y el pequeño príncipe, que le pregunta para qué sirven las espinas, a lo que el primero responde:

– Las espinas no sirven para nada; son pura maldad de las flores.

– Oh!

Y después de un silencio, me dijo con una especie de rencor:

– ¡No te creo! Las flores son débiles. Son ingenuas. Se defienden como pueden. Se creen terribles con sus espinas…

A pesar de los años transcurridos desde que las dos primeras ediciones de la obra –en inglés y en francés- salieron a la venta, para Teresa Iribarren El Principito “es un clásico contemporáneo, ya que no ha perdido su vigencia”. “Leído hoy apela a la voluntad de solidaridad respecto a los demás o los animales, de custodiar nuestro entorno, la naturaleza”, sentencia.

“Si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…”

‘EL PRINCIPITO’

Esto se puede ejemplificar, por ejemplo, con el encuentro entre el principito y el zorro, quien le enseña el verdadero sentido de la amistad y la esencia de las relaciones humanas. “Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…”, avisa el animal a su nuevo amigo.

Y más tarde el zorro le obsequia desvelándole un secreto: “No se ve bien sino es con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”, le recuerda. “Para mí la idea es que es un libro que nos hace preguntarnos sobre el sentido más profundo de la vida y hace que no subestimemos a los niños en su capacidad para preguntarse cosas trascendentes”, comenta Teresa Iribarren.

“No se ve bien sino es con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”

‘EL PRINCIPITO’

Sin embargo, entender este clásico de la literatura infantil y juvenil puede ser complicado para los pequeños de la casa. Es por esta razón que la psicóloga Amalia Gordóvil recomienda que los adultos ayuden a los niños a profundizar en el libro, por ejemplo, buscando dibujos que les gusten, frases bonitas e invitarlos a repetirlas cuando lo necesiten.

Por otro lado, Teresa Iribarren destaca que la obra encierre una vertiente “filosófica” –a través de un lenguaje poético- sin que esté “bajo el paraguas de ninguna confesión religiosa”, lo cual también explicaría que sea “válida para todas las culturas”. A esto se le suma el hecho de que el texto va acompañado por imágenes pintadas por el propio autor.

En conclusión, para la profesora es un libro que “apela a la imaginación, a la inteligencia y al sentido crítico de los niños”, a la vez que es “una invitación para que los adultos se interroguen sobre las cosas más fundamentales y vayan más allá de las apariencias”.

Ilustración de portada del libro 'El Principito'
Ilustración de portada del libro ‘El Principito’ (Antoine de Saint-Exupéry)

A continuación recordamos otras de las frases más célebres de la obra El Principito:

– Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya

– Únicamente los niños saben lo que buscan. Pierden el tiempo con una muñeca de trapo que viene a ser lo más importante para ellos y si se la quitan, lloran…

– El tiempo que perdiste con tu rosa hace que tu rosa sea tan importante

– Eres responsable para siempre de lo que has domesticado

– Lo que embellece al desierto es que esconde un pozo en cualquier parte

– Las personas mayores nunca son capaces de comprender las cosas por sí mismas, y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones

– Los hombres ocupan muy poco lugar sobre la Tierra… Las personas mayores no les creerán, seguramente, pues siempre se imaginan que ocupan mucho sitio

“El libro apela a la imaginación, a la inteligencia y al sentido crítico de los niños”

Teresa Iribarren Profesora de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC
Por:Raquel Quelart

Sexualidad, edad y libertad: una relación proporcional

 

“Es posible sentirse más libre sexualmente a los 60 años que a los 25”, mantiene Anna Freixas. Ella es una de las psicólogas que más ha aportado al desarrollo de la gerontología feminista. En su último libro, Sin reglas, desmonta varios de los mitos y tabúes en torno a cómo viven la sexualidad las mujeres mayores.

Desmontar mitos, saltar prejuicios, evitar generalizaciones y poner sobre la mesa un tema tradicionalmente invisibilizado e, incluso, negado: la sexualidad de las mujeres mayores. El último libro de Anna Freixas (Barcelona, 1946), Sin reglas (Capitan Swing, 2018), explica los resultados de una investigación realizada a partir de 729 testimonios de mujeres de entre 50 y 82 años. Ellas cuentan cómo sienten la sexualidad cuando ya han abandonado su rol reproductivo.

¿Se vuelve diferente el deseo en las mujeres cuando llegan a una edad madura?
Creo que el deseo evoluciona. No deseamos lo mismo a los seis años o a los 14 que a los 30 y a los 50. Es posible que, en un momento dado, tu deseo se centre en una mujer, después en un hombre, otra vez en nada… El deseo es realmente cambiante y ha habido una tendencia a patologizarlo, a considerar que, o tienes un deseo tremendo, o estás enferma. Simplemente hay una evolución a lo largo del ciclo vital que ahora es más evidente porque vivimos más años y, al vivir más años, tenemos más tiempo para mostrar todo.

Tu trabajo desmonta prejuicios, uno de ellos es que la menopausia acaba con el deseo.
La menopausia ha sido el gran chollo del patriarcado. Cuando se define a la mujer como un ser reproductivo, la menopausia se ha expuesto como el principio del fin. Pero es el fin de la reproducción, no el de la sexualidad. El patriarcado ha aprovechado toda oportunidad de liquidar la sexualidad.

Los hombres pueden buscar relaciones con mujeres más jóvenes pero, de alguna manera, se ha mantenido la idea de que la menopausia es el principio del fin del deseo en la mujer. Eso no es verdad, hay multitud de estudios que demuestran que las mujeres, después de la reproducción, sienten deseo. También hay otras que no lo tienen, y algunas de ellas igual tampoco lo tenían a los 40 y a los 30. La menopausia en sí misma no tiene por qué marcar.

Es cierto que hay un cambio hormonal, pero el deseo de las mujeres no está directamente relacionado con lo biológico. Para las mujeres tiene mucho más que ver con el contexto, con quién estamos, cómo estamos, qué tipo de relación tenemos y qué calidad tiene. Para nosotras esto es mucho más importante, ya sea a los 20, a los 50 o a los 80, que una hormona más o menos.

“Nuestro deseo está en el contexto, en el respeto. También puede estar en un ‘aquí te pillo, aquí te mato’, que de vez en cuando sienta bien a todo el mundo”

También está muy relacionado con la medicalización. Después del Viagra, hace pocos años llegó el Addyi, su equivalente para mujeres. ¿Qué opinas de esto?
Creo que las mujeres somos un enorme negocio a todas las edades. Imagínate cuantísimas postmenopáusicas hay en este mundo, ahora que las jóvenes no parís criaturas. Hay que hacer negocio y este consiste en tratar de encontrar una pastilla. Como explico en el libro, esta pastilla tiene cantidad de contraindicaciones.

Me parece absurdo porque, sobre todo, esto implica que no conocen cómo es el deseo femenino. El deseo femenino no está en las hormonas; está en la cabeza, en la relación, en el corazón, en la piel. Nuestro deseo está en el contexto, en el respeto, en la no dominación, en la comunicación, en la intimidad, en la confianza. También puede estar en un “aquí te pillo, aquí te mato”, que de vez en cuando nos sienta bien a todo el mundo. Buscar una pastilla para animar el deseo femenino es no comprender la sexualidad femenina.

Otro dato de tu trabajo es que el 14% de las entrevistadas optarían por una pareja sexual que no se corresponde con su orientación sexual declarada, ¿puede ser que, en la edad más madura, haya menos prejuicios?
No me gusta generalizar, pero creo que una conquista que hemos conseguido, sobre todo a partir de la situación de falta de educación afectivo sexual que tenemos en nuestro país, es la libertad para ser agente de tu propia sexualidad.

Es posible que me sienta más libre con 50 o 60 años que cuando tenía 25, porque a los 25 tenemos que demostrar muchas cosas: que somos femeninas, que somos estupendas, que somos hiperheterosexuales… Y llega un momento en el que tienes que demostrar menos, eres más mayor, la vida pasa más de ti, y tú también pasas más de cosas de la vida, por lo que puedes ser más libre.

¿Crees que la visibilidad lésbica ha ayudado a las mujeres heterosexuales en su liberación sexual?
Sí. De hecho, es gracioso porque en las encuestas han salido muchas veces respuestas de mujeres que se definen como “heterosexual, por ahora”. O cuando preguntas sobre si te parece que una nueva pareja animaría tu vida sexual, las que dicen que sí, al preguntarles si esa nueva pareja prefieren que sea un hombre o una mujer, bastantes mujeres heterosexuales dicen que prefieren que sea una mujer.

Es decir, creo que la mayor visibilidad lésbica, las leyes a favor del matrimonio homosexual y la normalización contribuyen a la libertad. Hay mujeres que en un momento determinado no se niegan a esto, están abiertas, aunque también hay muchas que dicen que estarían abiertas pero no darían un paso ni para conseguir una pareja sexual hombre ni mujer. Hay veces que simplemente están abiertas a lo que surja.

(C) Yolanda Jiménez

En tu investigación también hay un grupo de mujeres que ya niega el deseo.
Sí, y esto también es libertad. Hay mujeres que con 70 años siguen deseando encontrar una pareja y tener una relación en la que haya piel y pasión, y hay otras mujeres que con 50 años dicen que hasta aquí han llegado y que la energía que les supone poner en marcha todo esto prefieren enfocarla en otra cosa.

“Nuestro deseo está en el contexto, en el respeto. También puede estar en un ‘aquí te pillo, aquí te mato’, que de vez en cuando sienta bien a todo el mundo”

Y cuando no se tiene pareja sexual y apetece tenerla, ¿cómo se plantean la búsqueda?
Creo que, en esto, internet ha ayudado mucho. Muchas de las mujeres de mi investigación han hecho incursiones en internet y han encontrado amigos o amigas, relaciones. Esto es un tema importante. Además, internet permite privacidad. No te expones en lo público, al menos inicialmente.

Hablas también de los conceptos ‘viejecita sexy’ o ‘mujer puma’. Recuerdan al de MILF —madre que me follaría—. ¿Por qué esta manía de señalar a la mujer activa sexualmente según su momento reproductivo?
Me sorprende que se destaque. De toda la vida los hombres lo han hecho y nadie les ha llamado ‘leones’ o ‘tigres’. Por ejemplo, se ha hablado mucho de la mujer de [Emmanuel] Macron, que es 20 años mayor que él, pero no de la de [Donald] Trump, que es 20 años más joven. Al usar términos como ‘puma’ de alguna manera se intenta estigmatizar, limitar, en plan “¿qué pasa, que ahora las tías van a ir a la caza?, ¿ya no van a ser las virgencitas que están en casa esperándome a mí?”. Ellos siempre han ido de caza, pero las mujeres no.

También abordas cómo influye en la vida sexual de las personas mayores vivir en una residencia o con los hijos, cómo este cambio lleva a una infantilización.
Sí, realmente hay un momento drámático en la vida en cuanto a las posibilidades sexuales de las mujeres y es cuando dejan de vivir por su cuenta. Cuando vas a vivir a casa de tus hijos, que suelen ser muy puritanos y ven mal que sus madres y padres tengan líos de cama, despídete de llevar a casa a un hombre o a una mujer. En las residencias también es como si volvieras a la guardería. No se plantea como un hotel en el que pones un cartelito en la puerta de “no molestar”. No hay cerrojo en la puerta, entran cuando les da la gana, tienes que compartir habitación… No hay respeto a la intimidad de una persona que puede tener deseos de tener una relación. En nombre del amor se hacen auténticas barbaridades. Se controla el dinero, la vida afectiva, sexual, social. Dejas de poder decidir y poder tomar decisiones por tu cuenta para que tus hijos e hijas las tomen con la dirección del centro.

Cada vez hay más experiencias de residencias autogestionadas en las que el control y vigilancia desaparece o se disminuye.
Conozco estas experiencias y sé que hay algunas residencias también en Estados Unidos en las que no solo se permiten, sino que se estimulan las relaciones sexuales, corporales y afectivas. Poco a poco, habrá mayor reflexión y más sensibilidad y respeto con la dignidad de las personas mayores.

También señalas que, en muchos casos, en la sexualidad también influye el miedo a cargar con las taeas de cuidados.
Creo que una parte de los hombres, sobre todo los mayores de hoy —quizás los del futuro sean diferentes, pero tampoco estoy segura—, buscan intendencia o compañía. Las mujeres también quieren compañía, pero lo tienen claro. Es curioso porque, en esta investigación, las que quieren más sexo esporádico son las más mayores, las de más de 70 años. Prefieren una relación sexual que no implique vínculos como compartir vivienda, no tienen ganas de cargar con nadie. Luego, muchas mujeres afirman que les gustaría tener una relación, pero no con cualquiera. Ya saben lo que da de sí una relación heterosexual y están poco dispuestas a volver a pasar por determinadas cosas.

Desear también es sentirte deseada. ¿Hasta qué punto influyen el propio cuerpo y el imaginario estético de la sociedad?
Desde que eres pequeña quieres querer y que te quieran, desear y que te deseen. Gustar gusta a todas las edades. Uno de los problemas con los que nos encontramos de cara a la sexualidad es el tema de la imagen corporal. En qué medida yo tengo un cuerpo que no es el que tenía hace 30 años, lo acepto y me reconcilio con él o tengo tanto problemas de imagen corporal que no quiero que me vean desnuda.

El tema del cuerpo es muy importante a todas las edades. A los 8 años, las niñas ya sufren por su cuerpo, pero, cuando te vas haciendo mayor, el cuerpo tiene sus propias leyes. En algunos casos hay sentimiento de ira o vergüenza y dificultad para aceptarlo. Pero también depende mucho de la pareja que tienes, porque si está por tus huesos, sientes que gustas. Claro, los modelos estéticos son muy restrictivos, están basados en chicas jóvenes hiperdelgadas y tal. Si eres mayor no puedes ser joven, y mantenerte delgada con la edad es difícil porque no hemos sido educadas para tener un cuerpo atlético sino estético. Y un cuerpo estético es estático.

En tu estudio, alrededor de la mitad de las encuestadas afirman estar satisfechas con su vida sexual. Son cifras que pueden que no sean tan distintas a las que se den en mujeres de otras edades.
Es que las mujeres somos muy condescendientes, hacemos sexo complaciente. Nos lo montamos muy mal, pero desde pequeñas. Las adolescentes practican sexo sin querer para que el otro no la abandone, empezamos mal desde los 14 años. Hasta que llegas a lo que nombro como tener agencia, tener capacidad para ser agente de tu propia sexulidad, para decir sí o no, o así sí y así no, conocer tu cuerpo y tu deseo… Todo esto es una asignatura que se aprende con el tiempo y si tienes suerte. Depende de las parejas que hayas tenido, y en eso nuestros queridos compañeros masculinos dejan bastante que desear, los jóvenes y los mayores. Y con más delito en el caso de los jóvenes, que, en teoría, no han vivido la educación franquista. Por desgracia, no hay tanta diferencia como debería.

 

Por: Ter García Ligia Pájaro
Publicado en: www.elsaltodiario.com

La aventura del sentir: una entrega consciente:

 

A menudo las relaciones amorosas no funcionan por nuestra incapacidad para “entregarnos”. Podemos estar en la relación desde el sexo, o podemos estar desde algo más cariñoso y tierno, pero no podemos estar a la vez, plenamente, mostrándonos desde todas las facetas de nuestra ser, uniendo, como se dice a veces, sexo y corazón (o las partes superior e inferior de nuestro cuerpo). No nos entregamos totalmente.

Existe la idea de que me entrego al otro si me esfuerzo por el otro, me doy, me sacrifico. Muchos hemos tenido, o hemos conocido, padres (y especialmente madres) abnegados, que se sacrificaban continuamente por nosotros: por nuestro bienestar ponían su vida al servicio de la nuestra.

Los sacrificios generan en los que los hacen un deseo de recompensa, o cuando menos de reconocimiento, y en los beneficiados una sensación de falta, o incluso de culpa. La balanza se inclina hacia un lado y genera un desajuste grande. Desde cualquiera de los dos lados es fácil caer en la rabia, más o menos explícita. Es difícil llegar a un estado de amor, de aceptación de uno mismo, de entrega, cuando el amor genera y equivale a deuda

Desde la visión bioenergética, la entrega no surge del esfuerzo, y aún menos del sacrificio. Entregarse es dejarse ir. Es abandonarnos, sacar el corazón de la jaula y sentir nuestros sentimientos, nuestras necesidades, nuestras “imperfecciones”. Es lanzarse a lo que surja, y lo que surge a menudo comienza por conectar con la herida de esa necesidad infinita de amor que tuvimos de niños y que no nos dieron. Me entrego, me abro a mi propio corazón, y aparecen todas esas cosas: tristeza, dolor, rabia…

Si soy capaz de sostenerlo, al menos suficientemente, me acepto y amo. El amor, pues, llega de dentro. Es una frase muy trillada, pero cierta… Cuando me abro a sentirme, cuando me entrego a mi propio corazón, es cuando empiezo a sentir un amor saludable y realista. No me entrego a otro, me entrego a amar. Si me entrego junto a un otro que también se entrega, en esa entrega mutua surge una fusión. Y si he alcanzado (suficientemente) esa forma de amor, cuando se produce el desamor y termina la fusión con el otro la caída no es tan profunda.

 

 

Fuente: daltitcoaching.com

Por Débora Altit.

 

Serenidad

 

Sereno es aquel que es capaz de soltar. Por ejemplo, una preocupación, la revuelta del corazón tras una ofensa, una humillación, una calumnia.
Sereno es también aquel

(c) Yolanda Jiménez

que es capaz de dejar atrás viejos sueños, viejas pretensiones, viejos reproches, aquel que libera así el corazón de forma que esté sosegado, pronto y dispuesto para lo posible y lo regalado.

Sereno es por tanto también aquel que perdona, en el sentido de “lo pasado, pasado”, de no guardar rencor por nada.
Esa serenidad es fuerza sin emociones, disposición concentrada del alma a lo venidero, al ahora.
-Bert Hellinger-

Soy mujer. Poeta, amante, curiosa, amiga, persona…MUJER! Un poema para hoy

“Soy Mujer”

Soy mujer.

En los rincones de mi alma,

en las entrañas de mi cuerpo.

De hormonas y de curvas,

de instintos y de sueños.

Mis pliegues hondonados

me conforman manantiales

que me nutren de despensa

como limo en mis adentros,

como luz en mis afueras.

Soy mil mujeres cada día

 y mil diosas cada noche.

Orgullosa,

bendigo mi sexo.

-Yolanda Jiménez –

 

 

 

 

 

Escritura terapéutica: ejercicios sencillos

Todos hemos pasado por etapas de gran ansiedad y angustia en nuestra vida. Ningún ser humano está exento de problemas, y hay veces que debemos sobrellevar pesadas cargas. Los ejercicios de escritura terapéutica son una fantástica manera de enfrentarnos a estos sentimientos dañinos, que además de dolorosos, una vez escuchados no valen para nada.

Hace siglos que la pluma y el papel han demostrado ser más que meros elementos. Su labor no es solo tomar notas o redactar: son el vehículo que da rienda suelta a nuestras emociones, que nos permite expresarnos sin temor y que moldea nuestros sentimientos. ¿No es acaso la lectura la mejor (y más sana) actividad para evadirse? Gracias a ella nos transportamos a mundos recónditos y nos encontramos con nosotros mismos. Así pues, ¿no debe cumplir la escritura una función similar?

En los años 60, el psicólogo estadounidense Ira Progoff estableció por primera vez el Método de Diario Intensivo, que consistía, efectivamente, en escribir un diario. Desde entonces, numerosos estudios avalan la utilidad de esta práctica, que se ha convertido en algo cada vez más usual. Pensemos que los ejercicios de escritura terapéutica cumplen una función muy importante. Son fáciles y pueden realizarse en cualquier lugar, y cualquiera, tenga el problema que tenga, puede llevarlos a cabo. Vamos a conocerlos un poquito mejor.

5 ejercicios de escritura terapéutica

Para empezar, solo necesitamos de un bolígrafo y una hoja de papel. Debemos colocarnos en un lugar donde podamos sentirnos relajados y cómodos, a ser posible lejos del ruido. Si así lo deseamos, es posible añadir algo de música suave que armonice el ambiente.

Las velas aromáticas y los ambientadores también son una buena recomendación. Tenemos que tratar de estar tranquilos, y a ser posible, solos.

El diario de las cosas positivas

Hay mucha gente que desde pequeña lleva un diario. En él se escriben datos curiosos, anécdotas y cosas interesantes que nos hayan pasado (aunque eso no siempre signifique noticias alegres). En este caso, el diario debe servir únicamente para apuntar todo lo positivo que veamos cada día.

Y no, no es imposible. Tómatelo como un reto: cuando te levantes cada mañana, debes fijarte en todas las cosas buenas que haya a tu alrededor. Ve apuntándolas y por la noche, antes de dormir, léelas. Te asombrará comprobar que la vida no es tan gris como piensas.

Pon en orden tus ideas

Coge el bolígrafo y, durante media hora, escribe todo aquello que se te pase por la cabeza. Da igual que sean frases inconexas o sin sentido. También puedes dibujar, hacer listas de cualquier cosa que se te ocurra o apuntar nombres aleatorios.

Aunque parezca una locura, te servirá para poner en orden tus ideas y para saber cuáles son tus sentimientos más íntimos. Es una buena forma de conocerte un poco más y de ahondar en tu propia psique.

“Escribir es reparar la herida fundamental, la desgarradura. Porque todos estamos heridos”

-Alejandra Pizarnik-

Desahógate

Si algo te está haciendo sentir mal, escríbelo. Imagina que es una carta dirigida al motivo de tu descontento y desahógate. Expresa todo lo que piensas; tu dolor; tus miedos y tu rabia. Notarás un enorme desahogo y te sentirás mucho mejor cuando acabes.

Luego, puedes elegir entre quemar la carta o dársela a la persona a quién va dirigida. Solo tú sabes si es buena idea o no: puede que te quites un peso de encima, pero también puede ocurrir lo contrario. Piensa en las consecuencias fríamente antes de actuar.

Diseña tus sueños

Redacta en un folio cuáles son tus metas. Seguramente sean muchas, algunas imposibles de visualizar en tu cabeza. Piensa en ellas y pregúntate, ¿de verdad es imposible conseguirlas? ¿No será que tengo miedo a fracasar? ¿Existe alguna alternativa más realista?

Decidas lo que decidas, solo tú puedes saber hasta dónde estás dispuesto a llegar. Nadie va a juzgarte si fracasas, y de hacerlo, debe darte igual. Diseña la vida que quieres, visualízala y motívate. Motívate para seguir luchando por aquello que deseas, porque es mucho mejor intentarlo y caer, que quedarse siempre con la duda.

La carta de los días malos

Habrá días en los que todo lo verás negro. La tontería más insignificante hará que te enfades; discutirás con todo el mundo y pensarás que te has levantado con el pie izquierdo. Para estos malos momentos, procura tener una carta guardada en tu mesilla o en un sitio seguro: la carta de los días malos.

Para ello, elige un día en el que te sientas muy feliz, y escríbete una carta a ti mismo. Dile a tu otro yo lo orgulloso que estás de él, y todas las cosas buenas que tiene.Posiblemente necesites ese chute de energía positiva cuando tengas el famoso “día malo”, así que mantenla a buen recaudo.

Los ejercicios de escritura terapéutica son una gran ayuda, especialmente en las épocas en las que no nos sentimos bien o necesitamos un extra de confianza. Nos enseñan a poner orden en nuestros pensamientos y a reciclar los sentimientos; constituyen, en definitiva, un gran apoyo emocional que muchas veces las personas no pueden o no son incapaces de brindarnos.

 

 

Fuente: http://www.lamenteesmaravillosa.com

Rebetiko: música para hoy

El rebético es un género musical griego cuyas raíces se encuentran en la música griega de mediados del siglo XIX de la costa occidental de Asia Menor y Constantinopla y que se desarrolló plenamente en los bajos fondos de las ciudades griegas ―principalmente El PireoTesalónica y Siros―, tras la catástrofe de Asia Menor y la expulsión de la población griega

 

 

El rebético es frecuentemente comparado con géneros como el tango, el fado o el blues, por su origen marginal y su temática, generalmente relacionada con amores trágicos, pero también con temas como la droga, la cárcel y la vida marginal en general. La música rebética contiene una gran variedad de subgénereos, entre los cuales algunos de los más conocidos son el zeibékiko (ζεϊμπέκικο) y el jasápiko (χασάπικο).

 

 

La música rebética tiene sus orígenes a mediados del siglo XIX en dos tipos de música griega: en primer lugar la música tradicional de las ciudades costeras de Asia Menor y Constantinopla; en segundo lugar las canciones de presidio. Ambos estilos se encuentran en un tipo de local característico de ciudades como Esmirna o Constantinopla, los «cafés Amán» (griegoκαφέ Αμάν). En estos locales, propios de los barrios marginales y relacionados con el consumo de alcohol y drogas, se presentaban actuaciones en vivo y constituyeron el crisol donde la música popular microasiática se mezcló con los elementos que serían propios del primer rebético: la prisión, el alcoholismo, el amor y el hachís.

 

 

Fuentes: Vicente Ruiz y Wikipedia

 

 

 

 

 

 

 

Anteriores Entradas antiguas