Sexualidad, edad y libertad: una relación proporcional

 

“Es posible sentirse más libre sexualmente a los 60 años que a los 25”, mantiene Anna Freixas. Ella es una de las psicólogas que más ha aportado al desarrollo de la gerontología feminista. En su último libro, Sin reglas, desmonta varios de los mitos y tabúes en torno a cómo viven la sexualidad las mujeres mayores.

Desmontar mitos, saltar prejuicios, evitar generalizaciones y poner sobre la mesa un tema tradicionalmente invisibilizado e, incluso, negado: la sexualidad de las mujeres mayores. El último libro de Anna Freixas (Barcelona, 1946), Sin reglas (Capitan Swing, 2018), explica los resultados de una investigación realizada a partir de 729 testimonios de mujeres de entre 50 y 82 años. Ellas cuentan cómo sienten la sexualidad cuando ya han abandonado su rol reproductivo.

¿Se vuelve diferente el deseo en las mujeres cuando llegan a una edad madura?
Creo que el deseo evoluciona. No deseamos lo mismo a los seis años o a los 14 que a los 30 y a los 50. Es posible que, en un momento dado, tu deseo se centre en una mujer, después en un hombre, otra vez en nada… El deseo es realmente cambiante y ha habido una tendencia a patologizarlo, a considerar que, o tienes un deseo tremendo, o estás enferma. Simplemente hay una evolución a lo largo del ciclo vital que ahora es más evidente porque vivimos más años y, al vivir más años, tenemos más tiempo para mostrar todo.

Tu trabajo desmonta prejuicios, uno de ellos es que la menopausia acaba con el deseo.
La menopausia ha sido el gran chollo del patriarcado. Cuando se define a la mujer como un ser reproductivo, la menopausia se ha expuesto como el principio del fin. Pero es el fin de la reproducción, no el de la sexualidad. El patriarcado ha aprovechado toda oportunidad de liquidar la sexualidad.

Los hombres pueden buscar relaciones con mujeres más jóvenes pero, de alguna manera, se ha mantenido la idea de que la menopausia es el principio del fin del deseo en la mujer. Eso no es verdad, hay multitud de estudios que demuestran que las mujeres, después de la reproducción, sienten deseo. También hay otras que no lo tienen, y algunas de ellas igual tampoco lo tenían a los 40 y a los 30. La menopausia en sí misma no tiene por qué marcar.

Es cierto que hay un cambio hormonal, pero el deseo de las mujeres no está directamente relacionado con lo biológico. Para las mujeres tiene mucho más que ver con el contexto, con quién estamos, cómo estamos, qué tipo de relación tenemos y qué calidad tiene. Para nosotras esto es mucho más importante, ya sea a los 20, a los 50 o a los 80, que una hormona más o menos.

“Nuestro deseo está en el contexto, en el respeto. También puede estar en un ‘aquí te pillo, aquí te mato’, que de vez en cuando sienta bien a todo el mundo”

También está muy relacionado con la medicalización. Después del Viagra, hace pocos años llegó el Addyi, su equivalente para mujeres. ¿Qué opinas de esto?
Creo que las mujeres somos un enorme negocio a todas las edades. Imagínate cuantísimas postmenopáusicas hay en este mundo, ahora que las jóvenes no parís criaturas. Hay que hacer negocio y este consiste en tratar de encontrar una pastilla. Como explico en el libro, esta pastilla tiene cantidad de contraindicaciones.

Me parece absurdo porque, sobre todo, esto implica que no conocen cómo es el deseo femenino. El deseo femenino no está en las hormonas; está en la cabeza, en la relación, en el corazón, en la piel. Nuestro deseo está en el contexto, en el respeto, en la no dominación, en la comunicación, en la intimidad, en la confianza. También puede estar en un “aquí te pillo, aquí te mato”, que de vez en cuando nos sienta bien a todo el mundo. Buscar una pastilla para animar el deseo femenino es no comprender la sexualidad femenina.

Otro dato de tu trabajo es que el 14% de las entrevistadas optarían por una pareja sexual que no se corresponde con su orientación sexual declarada, ¿puede ser que, en la edad más madura, haya menos prejuicios?
No me gusta generalizar, pero creo que una conquista que hemos conseguido, sobre todo a partir de la situación de falta de educación afectivo sexual que tenemos en nuestro país, es la libertad para ser agente de tu propia sexualidad.

Es posible que me sienta más libre con 50 o 60 años que cuando tenía 25, porque a los 25 tenemos que demostrar muchas cosas: que somos femeninas, que somos estupendas, que somos hiperheterosexuales… Y llega un momento en el que tienes que demostrar menos, eres más mayor, la vida pasa más de ti, y tú también pasas más de cosas de la vida, por lo que puedes ser más libre.

¿Crees que la visibilidad lésbica ha ayudado a las mujeres heterosexuales en su liberación sexual?
Sí. De hecho, es gracioso porque en las encuestas han salido muchas veces respuestas de mujeres que se definen como “heterosexual, por ahora”. O cuando preguntas sobre si te parece que una nueva pareja animaría tu vida sexual, las que dicen que sí, al preguntarles si esa nueva pareja prefieren que sea un hombre o una mujer, bastantes mujeres heterosexuales dicen que prefieren que sea una mujer.

Es decir, creo que la mayor visibilidad lésbica, las leyes a favor del matrimonio homosexual y la normalización contribuyen a la libertad. Hay mujeres que en un momento determinado no se niegan a esto, están abiertas, aunque también hay muchas que dicen que estarían abiertas pero no darían un paso ni para conseguir una pareja sexual hombre ni mujer. Hay veces que simplemente están abiertas a lo que surja.

(C) Yolanda Jiménez

En tu investigación también hay un grupo de mujeres que ya niega el deseo.
Sí, y esto también es libertad. Hay mujeres que con 70 años siguen deseando encontrar una pareja y tener una relación en la que haya piel y pasión, y hay otras mujeres que con 50 años dicen que hasta aquí han llegado y que la energía que les supone poner en marcha todo esto prefieren enfocarla en otra cosa.

“Nuestro deseo está en el contexto, en el respeto. También puede estar en un ‘aquí te pillo, aquí te mato’, que de vez en cuando sienta bien a todo el mundo”

Y cuando no se tiene pareja sexual y apetece tenerla, ¿cómo se plantean la búsqueda?
Creo que, en esto, internet ha ayudado mucho. Muchas de las mujeres de mi investigación han hecho incursiones en internet y han encontrado amigos o amigas, relaciones. Esto es un tema importante. Además, internet permite privacidad. No te expones en lo público, al menos inicialmente.

Hablas también de los conceptos ‘viejecita sexy’ o ‘mujer puma’. Recuerdan al de MILF —madre que me follaría—. ¿Por qué esta manía de señalar a la mujer activa sexualmente según su momento reproductivo?
Me sorprende que se destaque. De toda la vida los hombres lo han hecho y nadie les ha llamado ‘leones’ o ‘tigres’. Por ejemplo, se ha hablado mucho de la mujer de [Emmanuel] Macron, que es 20 años mayor que él, pero no de la de [Donald] Trump, que es 20 años más joven. Al usar términos como ‘puma’ de alguna manera se intenta estigmatizar, limitar, en plan “¿qué pasa, que ahora las tías van a ir a la caza?, ¿ya no van a ser las virgencitas que están en casa esperándome a mí?”. Ellos siempre han ido de caza, pero las mujeres no.

También abordas cómo influye en la vida sexual de las personas mayores vivir en una residencia o con los hijos, cómo este cambio lleva a una infantilización.
Sí, realmente hay un momento drámático en la vida en cuanto a las posibilidades sexuales de las mujeres y es cuando dejan de vivir por su cuenta. Cuando vas a vivir a casa de tus hijos, que suelen ser muy puritanos y ven mal que sus madres y padres tengan líos de cama, despídete de llevar a casa a un hombre o a una mujer. En las residencias también es como si volvieras a la guardería. No se plantea como un hotel en el que pones un cartelito en la puerta de “no molestar”. No hay cerrojo en la puerta, entran cuando les da la gana, tienes que compartir habitación… No hay respeto a la intimidad de una persona que puede tener deseos de tener una relación. En nombre del amor se hacen auténticas barbaridades. Se controla el dinero, la vida afectiva, sexual, social. Dejas de poder decidir y poder tomar decisiones por tu cuenta para que tus hijos e hijas las tomen con la dirección del centro.

Cada vez hay más experiencias de residencias autogestionadas en las que el control y vigilancia desaparece o se disminuye.
Conozco estas experiencias y sé que hay algunas residencias también en Estados Unidos en las que no solo se permiten, sino que se estimulan las relaciones sexuales, corporales y afectivas. Poco a poco, habrá mayor reflexión y más sensibilidad y respeto con la dignidad de las personas mayores.

También señalas que, en muchos casos, en la sexualidad también influye el miedo a cargar con las taeas de cuidados.
Creo que una parte de los hombres, sobre todo los mayores de hoy —quizás los del futuro sean diferentes, pero tampoco estoy segura—, buscan intendencia o compañía. Las mujeres también quieren compañía, pero lo tienen claro. Es curioso porque, en esta investigación, las que quieren más sexo esporádico son las más mayores, las de más de 70 años. Prefieren una relación sexual que no implique vínculos como compartir vivienda, no tienen ganas de cargar con nadie. Luego, muchas mujeres afirman que les gustaría tener una relación, pero no con cualquiera. Ya saben lo que da de sí una relación heterosexual y están poco dispuestas a volver a pasar por determinadas cosas.

Desear también es sentirte deseada. ¿Hasta qué punto influyen el propio cuerpo y el imaginario estético de la sociedad?
Desde que eres pequeña quieres querer y que te quieran, desear y que te deseen. Gustar gusta a todas las edades. Uno de los problemas con los que nos encontramos de cara a la sexualidad es el tema de la imagen corporal. En qué medida yo tengo un cuerpo que no es el que tenía hace 30 años, lo acepto y me reconcilio con él o tengo tanto problemas de imagen corporal que no quiero que me vean desnuda.

El tema del cuerpo es muy importante a todas las edades. A los 8 años, las niñas ya sufren por su cuerpo, pero, cuando te vas haciendo mayor, el cuerpo tiene sus propias leyes. En algunos casos hay sentimiento de ira o vergüenza y dificultad para aceptarlo. Pero también depende mucho de la pareja que tienes, porque si está por tus huesos, sientes que gustas. Claro, los modelos estéticos son muy restrictivos, están basados en chicas jóvenes hiperdelgadas y tal. Si eres mayor no puedes ser joven, y mantenerte delgada con la edad es difícil porque no hemos sido educadas para tener un cuerpo atlético sino estético. Y un cuerpo estético es estático.

En tu estudio, alrededor de la mitad de las encuestadas afirman estar satisfechas con su vida sexual. Son cifras que pueden que no sean tan distintas a las que se den en mujeres de otras edades.
Es que las mujeres somos muy condescendientes, hacemos sexo complaciente. Nos lo montamos muy mal, pero desde pequeñas. Las adolescentes practican sexo sin querer para que el otro no la abandone, empezamos mal desde los 14 años. Hasta que llegas a lo que nombro como tener agencia, tener capacidad para ser agente de tu propia sexulidad, para decir sí o no, o así sí y así no, conocer tu cuerpo y tu deseo… Todo esto es una asignatura que se aprende con el tiempo y si tienes suerte. Depende de las parejas que hayas tenido, y en eso nuestros queridos compañeros masculinos dejan bastante que desear, los jóvenes y los mayores. Y con más delito en el caso de los jóvenes, que, en teoría, no han vivido la educación franquista. Por desgracia, no hay tanta diferencia como debería.

 

Por: Ter García Ligia Pájaro
Publicado en: www.elsaltodiario.com

Soy mujer. Poeta, amante, curiosa, amiga, persona…MUJER! Un poema para hoy

“Soy Mujer”

Soy mujer.

En los rincones de mi alma,

en las entrañas de mi cuerpo.

De hormonas y de curvas,

de instintos y de sueños.

Mis pliegues hondonados

me conforman manantiales

que me nutren de despensa

como limo en mis adentros,

como luz en mis afueras.

Soy mil mujeres cada día

 y mil diosas cada noche.

Orgullosa,

bendigo mi sexo.

-Yolanda Jiménez –

 

 

 

 

 

¿Musas o creadoras?

 

Mujeres creadoras, que  se relacionaron con hombres también creadores, con la lógica de  compartir inquietudes intelectuales, artísticas, creativas. Ambos, hombres y mujeres, de mentes inquietas, buscadores y/o inspiradores, considerados de manera diferente en función de su género. La etiqueta de artistas para ellos; la de musas para ellas. La historia está llena de mujeres obviadas, no reconocidas por su talento, solo por ser compañeras, amantes o inspiradoras de las obras de ellos. Son las musas que además  de serlo, fueron artistas como ellos. Comparto a continuación un texto de Elena Villena, con algunos ejemplos:

 

(C) Yolanda Jiménez. Lápiz sobre papel

“La cola del cometa”. Publicó una veintena de libros y fue una pieza clave de la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Sin embargo, a María Teresa León se la recuerda por haber sido la mujer de Rafael Alberti. En sus propias palabras, “Yo soy la cola del cometa. Él va delante”. La historia está llena de mujeres brillantes relegadas a un segundo plano. Ahora, el ciclo de conferencias Ni ellas musas, ni ellos genios, organizado por la asociación Clásicas y Modernas en CaixaForum Madrid, reflexionará sobre las relaciones entre creación e igualdad de género a través de la historia de ocho célebres parejas artísticas en las que ellas también fueron “genias”.

En esta vida, dos son los únicos culpables de absolutamente todo. Uno es el chachachá. Y el otro (más bien, la otra), Yoko Ono. Y es que, para los fans de los Beatles, fue mucho más fácil colgarle el sambenito a la artista japonesa y culparla de haber abducido a John Lennon y haberle metido movidas raras en la cabeza, que admitir que los fab four quizás ya no eran tan fab y que Lennon encontró en ella una compañera con la que explorar nuevos caminos. Por si esto no fuera suficiente, también se la ha acusado de aprovecharse del éxito y el dinero del hombre que fue “más popular que Jesucristo”.

De nada sirve saber que Yoko Ono es de familia aristocrática y dinero precisamente no le falta ni le faltó nunca. Ni que cuando conoció a John Lennon ella era ya una artista consagrada (de hecho, se conocieron en una exposición de ella), que fue una de las pioneras del arte conceptual (inolvidable es su performance Cut Piece), que colaboró con John Cage o Jonas Mekas, que fue la primera mujer en ser admitida en la carrera de Filosofía de la prestigiosa universidad japonesa de Gakushūin y que Imagine está basada en un poema suyo.

Sin embargo, quizás casi sea mejor ser recordada por ser la mala de la película que directamente no ser recordada en absoluto, como es el caso de Alma Reville. Fue a quien se le ocurrió que la famosa escena de la ducha de Psicosisfuncionaría mejor con música. Aunque ahora sea imposible imaginar a Janet Leigh gritando en completo silencio, al marido de Reville,  Alfred Hitchcock, ni se le había ocurrido. Experimentada montadora y guionista, Hitchcock siempre confió en su criterio y le dio la última palabra en muchas decisiones, aunque ella aparezca en pocos créditos. Pero, como María Teresa León, dicen que ella fue feliz siendo la cola del cometa.

Cuando una mujer se queda en la sombra, ¿se trata de voluntad o de resignación? ¿Es falta de talento o falta de reconocimiento? No son preguntas fáciles de responder. Pero no deja de ser curioso que incluso a Simone de Beauvoir, que si algo hizo fue crear y escribir, se la llame “musa” del feminismo. Es tan absurdo como si a alguien se le ocurriera decir que André Breton fue la musa del surrealismo, en lugar de uno de sus genios y pioneros.

 

 

Fuente: miradasconalma.org

Texto: Elena Villena

Carta a una mujer que ama y no es amada

Si un hombre no te llama, es porque no quiere llamarte. Si no te invita a salir, es porque no quiere  verte. Si el tiempo que pasa contigo es pequeño y siempre para resolver algo, no disfruta de tu compañía. Si no tienes sitio en sus vacaciones, ni en su tiempo libre, no quiere estar contigo. Si te segundea es porque no le gustas bastante. Si te deja ir es porque no quiere estar contigo.

Si te dice que es un alma libre, que no quiere sentirse atado, que está organizando su vida, es que no te quiere a su lado

Si sientes un desequilibrio entre lo que aportas tú y lo que aporta él, ese desequilibrio existe

Si te ama “a su manera”, le interesas  porque le vienes bien, porque tú le aportas beneficios. Pero no te ama.

Algo es claro: Cuando un hombre quiere estar contigo, está! Es así de fácil. Sin excusas, sin medias verdades, sin  mentiras. Cuando un hombre te ama, puede que le de miedo, claro que sí, pero lo enfrenta porque no va a arriesgarse a perderte.

¿Y si dejas de justificarle cada rechazo, cada desplante y cada excusa? ¿Y si te pones TÚ en un primer lugar? No necesitas a alguien que no ve lo mucho que vales, que no ve todo lo que aportas a su vida.

¿Y si dejas ir la intranquilidad y las dudas envueltas en explicaciones sin sentido? Tú mereces, MERECES un hombre que sepa mirarte de frente, que te valore y se esfuerce cada día por él y por ti. Puedes preguntarte por algo que no es  tan bueno como tú piensas. Puedes darte la oportunidad de recibir y de dar todo lo que mereces con un hombre que si te quiera.

Hay hombres que te aman y hombres que no te aman. 

 

 

Personas que aman demasiado

¿Puede medirse el amor? ¿Cuanto es demasiado? ¿Sientes tu balanaza desequilibrada entre lo que das y lo que recibes? Cuando nos apegamos a alguien generando dependencia, perdemos la propia iniciativa; merma nuestra valía personal y se ponen en marcha mecanismos que debilitan nuestra autoestima. Para conseguir un estado personal óptimo y lograr establecer relaciones equilibradas, es saludable prestar atención a esta cuestión. A continuación comparto un artículo que he encontrado  sobre este tema, titulado “Las mujeres que aman demasiado”. Me permito ampliar su sentido a todas las personas que aman, mujeres u hombres:

 

El apego emocional de una mujer con baja autoestima conduce a despreciar a los hombres buenos y sentirse atraída por los inestables. Claves sencillas para salir de esa situación, que es casi una droga

(C) Yolanda Jiménez

¿Cómo se puede amar demasiado si se supone que la medida del amor es amar sin medida? Cuando el amor nos genera un sufrimiento el cual es resultado de una relación tóxica -venenosa-, entonces estamos amando demasiado.

Años atrás y siendo yo una mujer con personalidad codependiente en vías de sanación, leí un libro -“Mujeres que aman demasiado” de la autora Norvin Norwood- que me pareció fabuloso porque me abrió los ojos respecto a patrones de conducta tóxicos que había tenido en algunos momentos de mi vida. Se me vino abajo esa creencia que muchas mujeres tienen -que en su momento yo también tuve-  sobre no tener suerte para el amor o que invariablemente les llegan “patanes” a sus vidas. Esto es una total falacia, es mentira.

No es cosa de suerte ni de que no lleguen buenos hombres, sino de saber elegir a la pareja correcta. Los hombres buenos sí llegan. Es más, ellos pueden estar rondándolas, pero ellas no los sabrán reconocer ni los elegirán porque no es el tipo de “caballeros” al que están acostumbradas ni la clase de hombres que les llame la atención. Esta es la única verdad, que no han sabido escoger. Y lo más triste es que si ellas no sanan interiormente, ese seguirá siendo su patrón al elegir pareja, hombres tóxicos.

¿Parece que los hombres buenos aburren?

Aún más peligroso es que en el caso de que llegaran a tener una relación con un hombre sano, o por lo menos más hacia el lado de la estabilidad emocional, este les parecerá aburrido y pronto lo mandarán a freír espárragos porque les parecerá bobo y fastidioso. ¿Por qué? Tiene toda la lógica, no es lo que conocen, no es a lo que están habituadas e inconscientemente necesitan de esa adrenalina que los malos tratos, los insultos y otros tantos comportamientos tóxicos y hasta degenerados le genera. En pocas palabras, un hombre que brinde paz, tranquilidad, serenidad y todo aquello que parezca armonía ¡guácala, qué hastío!

Hay ciertas características que predominan en la mujer que ama demasiado.

  • Necesidades emocionales no satisfechas. Proviene de un hogar disfuncional -no necesariamente de padres divorciados- que no las satisfizo lo que le generó crecer con profundas heridas emocionales.
  • Dado a que tuvo abandono emocional desde pequeña, le tiene pánico a la soledad y al abandono. Por lo tanto, hará lo que sea, incluso perder su dignidad, con tal de que la relación “con su hombre” no termine, que él no la deje.
  • Hace todo y de todo por complacer -no solo a su hombre- a quien sea con tal de mendigar una migaja de cariño y ternura. Como está acostumbrada a no tener amor, lo que le den ya es ventaja.
  • Personalidad controladora. Como ella está insatisfecha afectivamente, busca hombres necesitados como ella. De esa manera ella da lo que le gustaría recibir y siente tener el control de la relación.
  • El hombre ecuánime o equilibrado le aburre. Huyen de los hombres buenos y estables. Se le hacen aburridos porque no le generan esa adrenalina y esa excitación a la cual ya está acostumbrada. No la atraen los hombres que son amables, estables, confiables y que se interesan por ella. Los hombres reto sí porque la hacen reaccionar. Como no tuvo unos padres tiernos ni cariñosos tiene la creencia de que con su amor sí puede hacer cambiar al hombre. Por supuesto que se pone mal y reacciona cuando estos no se dejan cambiar.
  • Complejo de la Madre Teresa. Se siente la “salvadora” de su hombre. Hace todo y de todo por ayudar al varón en turno. No hay dinero que le ajuste ni nunca es suficiente la ayuda con tal de que él se sienta socorrido y que ella es la heroína. Incluso, no le importa perder salud y dinero, dignidad… Nada.
  • La culpa y ella son una misma. Es quien más perdón pide en la relación, no por buena, sino por “necesitada” y por miedo. La mayor carga o responsabilidad de la relación la lleva ella a cuestas. La culpa y los reproches se los hace personales. “Fui yo, todo por mí, si yo hubiera hecho eso o aquello… Fue mi culpa…”
  • De la autoestima sana ni hablar. ¡No tiene! Cree que le hacen el favor de quererla. No se cree merecedora de la felicidad y mucho menos del amor. Está convencida que debe trabajar muy duro para obtener el derecho a ser feliz, peor aún, de que la amen. No sabe reconocer sus talentos.
  • Manipuladora y controladora. Tiene una necesidad descontrolada por controlar y tener el mando, pero lo hace de una manera suave para que su pareja o los demás no lo capten. Como generalmente no logra tener el control, puede llegar a desarrollar trastornos alimenticios como bulimia y anorexia.
  • Es una mujer insegura porque no tuvo bases sólidas de amor desde su niñez. Su afectividad está muy dañada y por medio de gritos silenciosos pide auxilio. Se siente víctima del mundo y ese papel, en muchos casos, le ha resultado bien.
  • Sueña con el príncipe azul que la rescate. Elige hombre con personalidad salvadora lo que le hace estar con él por las razones equivocadas. Es decir, por necesidad y no por amor.
  • Va por la vida fingiendo que todo está perfecto con ella y que no pasa nada, pero en el fondo vive con tristeza y desolación.
  • Vive una relación ficticia, vive más de sueños que de realidades. Tiene expectativas de cómo le gustaría que fuera su relación porque su relación real en el fondo no le gusta y le duele y sufre.
  • Desarrolla una adicción a los hombres, al dolor y a la inestabilidad emocional. Está acostumbrada a este tipo de adrenalina y que los hombres “sanos” no le producen. Como cualquier adicto, necesita de ella. Son mujeres con episodios de dolor y tristeza y prefiere la descarga de adrenalina que le proporciona la relación inestable a hacerse responsables de su propio dolor.
  • Prefiere involucrarse con hombres a quienes les pueda resolver la vida, así evita hacerse responsable de su propia vida.

La guerrera que llevan dentro

(C) Yolanda Jiménez

Es importante saber que cuando la mujer que ama demasiado decide despertar y tomar el control de su propia vida se convierte en una maravillosa e imparable guerrera de la vida. Se le abren puertas por doquier y si no, ella misma se las abre. Y si además es una mujer que vive y lucha por vivir conforme a sus valores morales, será una mujer que dondequiera tendrá cabida y el éxito asegurado.

Quizá llegue a ser envidiada por otras de su género, pero es sólo porque las otras mujeres no han sabido salir de sus madrigueras ni han descubierto el cómo ser valientes para escapar con vida de esa toxicidad en la que viven como le hizo ella, para experimentar esa metamorfosis interior que hoy la hace ser ese mujerón.

 

Soluciones

Para salir de ese apego emocional hay claves sencillas y útiles que se pueden practicar:

  • Trabaja con el espejo donde a diario te veas y en vez de criticarte descubre las maravillas y los milagros que hay en ti. Admira tu nariz, tus labios bien delineados, la luz de tu mirada, etc. y viéndote directa y profundamente a los ojos di tu nombre fuerte -aunque te sientas tonta-: Ana, te amo y te acepto tal y como eres.
  • Haz una pequeña oración, de preferencia por la mañana. Viaja a tu interior por medio de una respiración profunda. Dialoga con tu niña interior y dile: “Tranquila, mi niña. Ya mi chiquita, no tengas miedo porque ahora yo, Ana, el adulto, cuido de ti. Estás a salvo conmigo. Yo te protejo. Y a ti y a mí nos cuidan y nos protege el amor incondicional de Dios”.

 

El proceso de sanación interior es largo y doloroso, pero vale la pena recorrerlo. Porque solo así sabremos elegir pareja y compañía de manera sabia, por las razones correctas.

 

Fuente  https://es.aleteia.org/2017/08/31/mujeres-que-aman-demasiado/

Ser mujer

 

Yolanda Jiménez (Técnica: Lápiz sobre papel)

“Una mujer es la historia de sus actos y pensamientos, de sus células y neuronas, de sus heridas y entusiasmos, de sus amores y desamores. Una mujer es inevitablemente la historia de su vientre, de las semillas que en el fecundaron, o no lo hicieron, o dejaron de hacerlo, y del momento aquél, el único en que es diosa.

Una mujer es la historia de lo pequeño, de lo cotidiano, de lo trivial, la suma de lo callado. Una mujer es siempre la historia de muchos hombres. Una mujer es la historia de su pueblo y de su raza. Y es la historia de sus raíces y de su origen, de cada mujer que fue alimentada por la anterior para que ella naciera: una mujer es la historia de su sangre. Pero también es la historia de una conciencia y de sus luchas interiores. Una mujer es la historia de su utopía.”

Mujer y empática: Más cualidades y más retos para encontrar un hombre

Los empáticos son las personas más increíbles que puedes conocer. Y aunque tener una pareja empática puede ser una de las cosas más maravillosas que te pasen, es un reto para algunos hombres tener una relación con una mujer empática.

Esto se debe a que los empáticos son muy honestos, y no pueden tener una relación con alguien que no está preparado para estar al lado de una persona como ellos.

Aquí te dejo 12 razones por las que una mujer empática se tiene que esforzar tanto para encontrar al hombre adecuado para ella.

1. Sabe lo que quiere
Una mujer empática no busca una aventura. Sabe que lo que quiere es una relación de amor y respeto. Quiere una pareja que pueda estar con ella en los malos momentos. Si el hombre no es serio desde el principio, nunca empezará una relación con él.

2. Es intensa
Los empáticos son personas que sólo quieren tener conexiones profundas y significativas con otras personas. No son superficiales ni les interesa lo ordinario. Hay hombres a los que les gusta esta intensidad de las mujeres empáticas, y para otros, es demasiado y no pueden aguantar estar con ellas durante mucho tiempo.

3. Valora la formalidad
Los hombres inseguros, nunca deben intentar tener una relación con una mujer empática pues ella, necesita estabilidad más que ninguna otra cosa en su vida. No está interesada en alguien que no responda a sus llamadas, que llegue tarde, o que cancele su cita en el último momento.

4. Es demasiado sincera
Una empática no es buena ocultando una mentira o endulzando las cosas. Ella no te va a decir lo que quieres escuchar, siempre te va a decir la verdad y, para la mayoría de la gente, es muy duro tener que enfrentarse a la verdad en todo momento.

5. Necesita su libertad
Nadie puede enjaular a una mujer empática. Cuando siente que un hombre intenta cortarle las alas, lo deja sin ninguna duda.

6. A menudo se le mal interpreta
La mayoría de los hombres no pueden entender lo que supone estar con una mujer empática hasta que empiezan una relación con una. Ella es más compleja de lo que la mayoría cree. Esta mujer es un misterio andante y el hombre siempre siente que le oculta algo.

7. Necesita satisfacción emocional
Para que una mujer empática se sienta totalmente plena en una relación, necesita estar satisfecha tanto emocional como físicamente. No puede concebir lo físico sin lo emocional, y viceversa.

8. No tiene relaciones a corto plazo
Una mujer empática no se involucra en relaciones cortas. Su lema es: todo o nada. Prefiere estar soltera que estar con un hombre que no está preparado para estar con ella.

9. Hace muchas preguntas
Una mujer empática quiere ser clara con todo el mundo y con todas las cosas. Así que un hombre que tenga una relación con una mujer empática, puede esperar un montón de preguntas porque quiere saberlo todo (no para manipular a nadie, sino para saciar su naturaleza curiosa).

10. Ve lo mejor y lo peor de la gente
Esta mujer ve lo mejor y lo peor en los demás. Esto hace que a veces, sea difícil seguirla. Cuando piensas que va a hacer una cosa, te puede sorprender por completo y hacer justo lo contrario. Tampoco es de extrañar que salga con alguien con mala reputación, pues ella ve lo bueno que hay en él.

11. Tiende a tomarse las cosas de forma muy personal
Las emociones están muy presentes en una mujer empática. Se le puede herir incluso con la cosa más insignificante debido a su naturaleza hipersensible. Pero no guarda rencor y siempre está dispuesta a perdonar cuando alguien se disculpa. El problema es que, no muchos hombres, son capaces de admitir sus errores.

12. Ama con todo su corazón
Una mujer empática ama con más intensidad que ninguna otra. Ella lo da todo, y espera lo mismo de la otra persona. Estar con una mujer así, es muy duro para algunos hombres.

Que una mujer empática te ame, puede ser la cosa más maravillosa que te puede pasar. Sin embargo, muchos hombres no están preparados para este tipo de relación. Muchos, se dan cuenta del gran regalo que tienen pero, cuando lo hacen, es demasiado tarde.

 

 

Fuente: http://eurovidas.com

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