Una mujer bella o una bella mujer

Asistimos al ensalzamiento de la belleza como una cuestión superficial, basada en el aspecto exterior según las directrices marcadas por el negocio de la moda. Se pretende una eterna juventud y una estética “perfecta”. Lo más grave del asunto es que, está socialmente implícito y  se nos exige  subirnos a esa linea de actuación como única opción. En el caso de las mujeres, este asunto es especialmente perverso, tanto por el amplio abanico de roles que desempeñamos, como por las consecuencias de salud derivadas (Baja autoestima, desilusión, etc.). Si además, añadimos el hecho del reloj biológico  y los cambios hormonales que regulan la biología femenina, se produce una paradoja entre lo que se es y lo que se quiere parecer.

Quizá conviene enfrentar la superficialidad con lo más profundo de las personas; descubrir el potencial y disfrutar  de los matices; orientarnos hacia el crecimiento desde nuestra individualidad; cuidar nuestra identidad; enriquecernos con el intercambio con nuestros semejantes… y plantar semillitas para que algo cambie, para que las futuras generaciones cosechen cimientos sólidos y también, ¿por que no?, derramen semillas en terreno fértil… Y quizá ahora sea un buen momento de empezar a ser “una bella mujer”…
Las siguientes frases se atribuyen  Audrey Hepburn acerca de la belleza:

CONSEJOS PARA SER BELLA

Para labios atractivos: Habla con palabras amables.
Para ojos adorables: Busca lo bueno en las personas.
Para una figura esbelta: Comparte tu comida con el hambriento.
Para un cabello hermoso: Deja que un niño pase sus dedos a través de ellos una vez al día.
Para el porte: Camina con el conocimiento de que nunca caminarás sola.
Las personas, aún más que las cosas tienen que ser reafirmadas, renovadas, revitalizadas, reclamadas, y redimidas; nunca pases por encima de nadie.

Recuerda, si alguna vez necesitas una mano que te ayude la encontrarás al final de tu propio brazo.

A medida que envejeces, descubrirás que tienes dos manos, una para ayudarte, la otra para ayudar a los demás.

La belleza de una mujer no está en las ropas que usa, la figura que ella tiene, o la forma que peina su pelo. La belleza de una mujer debe verse en el interior de sus ojos, porque esa es la puerta al corazón, el lugar donde habita el amor. La belleza de una mujer no está en su rostro, pero la verdadera belleza en una mujer está reflejada en su alma.

Es el cuidado que amorosamente da, la pasión que ella muestra, y la belleza de una mujer solo crece con el pasar de los ¡años!.