Mente, construcciones, libertad

En nuestro día a día, mantenemos una permanente conversación con nuestra mente, esta construye una intrincada red de recuerdos y juicios sobre estos, en base a los que construye otra red de proyecciones de futuro compuesta por temores y anhelos. De hecho es como una excepcional directora de cine que decide que es lo que más tememos y que es lo que más deseamos que pase, ella sabe embaucarnos y que nos creamos a pies juntillas la película que ha creado para gobernarnos.

Tenemos mucho miedo de nuestros pensamientos, pero, ¿quién los crea? Tememos a nuestros propios pensamientos, a nuestra propia creación, es como si dibujáramos un horrible monstruo y luego al mirarlo creyéramos que es real y saliéramos corriendo despavoridos. De igual modo con nuestros deseos, nos obsesionamos con ellos hasta el punto de que si no los conseguimos nos enfadamos o nos entristecemos como si realmente hubieran existido y los hubiésemos perdido.

De este modo rehuimos y perseguimos irrealidades, sostenemos situaciones de miedo que derivan en enfermedad o somos capaces de realizar prodigios imposibles gracias a nuestra fe en nuestros pensamientos, la cuestión es ¿sabemos que nosotros los creamos? ¿Por qué nos dirigen ellos a nosotros? ¿En qué momento les entregamos el poder absoluto sobre nuestra libertad?

Foto de OM Narayana.

En el momento que estamos en nuestros pensamientos, no estamos en la realidad, sino que permitimos que nuestra mente la fraccione, la filtre y nos de su propia versión sesgada e interpretada de los hechos, perdiendo así la espontaneidad, la frescura del aquí y ahora, viviendo una versión adulterada y subjetiva de los hechos y actuando como autómatas que repiten patrones una y otra vez, ¿cómo podemos ser felices si no abrazamos las cosas tal y como son? Si huimos de ellas o corremos en pos de otras que no están siendo, nunca podremos experimentar la plenitud de la unión con el Todo, en el Presente, sin ambages sin condiciones.

Sin embargo, ¿Qué sucede si vamos más allá de todo pensamiento? Que hay en la fuente de nuestra consciencia? Sencillamente una inconmensurable Paz, un abrumador sentimiento de Amor, esta es nuestra autentica naturaleza esto es lo que somos en realidad, nuestra raíz última, lo que nos compone.

Puede que amando abiertamente sin condiciones cuanto sucede, obtengamos un punto de vista equidistante, solo el Amor nos da la medida de la realidad. Solo morando en ese estado de conciencia ecuánime anterior a todo miedo o deseo, mas allá de nuestros pensamientos podremos realizarnos como lo que somos, ya que nuestra cualidad última y común a todos cuando retiramos la atención de la mente es amar, da igual todo lo demás, nuestras aptitudes físicas mentales, sexo, raza, credo, si estamos sanos o enfermos… lo único real y común a todos el vínculo universal es el Amor ahí es donde todos somos Uno.

Om Narayana

El Camino Espiritual y las falsas creencias

Los verdaderos maestros espirituales son aquellos que nos ponen a prueba y vienen “disfrazados” de hijos, padres, jefes, amigos, enemigos, animales, plantas y demás. Son aquellos que nos traen problemas.

Cuando comenzamos a transitar el camino espiritual, buscamos la perfección en nuestras vidas. Tratamos de mejorar nuestro carácter, costumbres, ideas, alimentación, y hasta la vida social. A veces, hacemos “SACRIFICIOS” con el fin de alcanzar una vida más plena y feliz; sin embargo, muchas veces no llegamos al estado de éxtasis o plenitud que anhelamos. La decepción puede llevarnos a rechazar la disciplina que habíamos emprendido, o en el peor de los casos, puede desmoralizarnos a tal punto de pensar que “Dios se ha olvidado de nosotros”. En realidad los errores como tales no existen, pues todo nos conduce a un necesario aprendizaje. Todo es un asunto de consciencia que solo puede expandirse a partir de las vivencias que nosotros mismos hemos invocado, sin juicio alguno si tales experiencias son “buenas” o “malas”.

 

El Universo funciona como una gran computadora: hay que saber presionar las teclas adecuadas para obtener lo que se desea. Cuando no lo estamos haciendo, la computadora se detiene, espera fría y silenciosamente la señal eléctrica correcta. El Universo tiene sus “teclas” y la metafísica nos las enseña. ¿Cuáles son? Algunas escuelas esotéricas han tergiversado estas enseñanzas, quizá sin ninguna mala intención, con lo que han llevado a muchas personas a cometer “errores” y a frustrarse en sus expectativas.

MUJER MANDALA

Algunos de los “errores” más comunes son los siguientes:

1. ENVOLVERSE EN UNA BURBUJA DE PROTECCIÓN, O EN UNA LUZ, O EN COLOR, O PEDIR A ÁNGELES, O CUALQUIER OTRA FORMA QUE PROTEJA DE LOS PELIGROS QUE EXISTEN AFUERA

Lo único que logra este tipo de ejercicio es fomentar la idea de que algo externo puede tener más poder que nosotros. Nuestra mente percibe que hay algo allí afuera que puede, por ejemplo, lastimarnos o hacernos daño. Pero, según las enseñanzas espirituales, TODO ES DIOS; por lo tanto, nada puede hacernos daño.

 

En realidad, debería practicarse algún tipo de ejercicio de reconocimiento de la seguridad personal. Este ejercicio podría decir: “Vaya donde vaya, estoy siempre a salvo, estoy rodeado de hermanos, vivo en el mundo que Dios ha creado y sólo veo amor en todas partes”. En síntesis, al elegir qué ejercicio mental o meditación hacer, se deberá buscar aquel que nos recuerde la naturaleza divina de la vida y no el peligro que percibe nuestro ego.

Muchas personas creen que repitiendo ciertas afirmaciones pueden transformar su situación personal, lo que encierra un “error”. No son los pensamientos lo que determinan nuestra realidad sino nuestras “creencias”. Solamente los pensamientos que hemos interiorizado y tomado como nuestra verdad son los que se manifiestan. Dicho de otra manera, aquello que sentimos internamente que es así, es lo que toma forma en el mundo externo.

La mente humana produce un promedio de 60,000 pensamientos diarios, la mayoría de los cuales son negativos para quienes se encuentran inmersos en los medios masivos de comunicación. Las afirmaciones son necesarias para lograr implantar una creencia nueva en nuestra mente subconsciente y la repetición de estas afirmaciones es un procedimiento adecuado, pero hasta que no le agregamos la emoción o sensación que acompaña a esa idea, no la interiorizamos como una verdad dentro de nosotros.

La repetición de palabras carentes de emoción no es efectiva. Por lo tanto, si yo repito “Vaya donde vaya, estoy siempre a salvo” pero no me siento realmente seguro, de nada me servirá. Es necesario seleccionar ejercicios mentales, meditaciones o visualizaciones que fomenten las creencias de: paz, armonía y prosperidad.

2. ENVIAR LUZ A OTROS PARA QUE MEJOREN

Se puede enviar luz o energía a otras personas para que se curen de cierta enfermedad, para que mejoren su situación económica, su vida afectiva, y demás. Sin embargo, la mayoría de estos ejercicios se parecen más a una forma de manipulación que a una verdadera ayuda espiritual.

Primero y principal: si se va a ayudar a otro, hay que asegurarse de que la persona lo pida y lo necesite. Si esto no se da, tenemos que trabajar con lo que estamos percibiendo, porque “el problema” es algo personal que nos atañe a nosotros mismos y no a la persona que está sufriendo. Si la persona a ayudar esta inaccesible o inconsciente, habrá que pedírsele permiso a su alma y recibir confirmación de alguna manera antes de proceder.

La mayoría de los problemas o enfermedades son sólo momentos de prueba que está viviendo un individuo; son necesarios y muy útiles para el “despertar de su conciencia”. Nunca sabemos en realidad desde afuera cuán importante puede ser para cada persona la situación que está atravesando en determinado momento. Podemos percibir esa situación como algo terrible, doloroso, injusto o innecesario, pero cualquiera sea nuestra interpretación nunca será correcta ni completa.

El enviar la luz a la persona podría incluso hasta acelerar o entorpecer su ritmo personal. Nuestra intervención es innecesaria y, la mayoría de las veces, no es más que un deseo egoísta de que la persona resuelva rápido su problema porque éste nos despierta angustia o dolor.

Personalmente, recuerdo que una vez se acercó un amigo íntimo a decirme que estaba muy preocupado por mi situación. Yo le respondí que su preocupación no me ayudaba, que si realmente quería hacer algo bueno por mí, tenía que confiar en mí y saber que mi Guía Interior me revelaría en el momento adecuado lo que yo necesitaba hacer.

En lugar de enviar luz a otros cada vez que veas una situación difícil, comienza por enviarte luz a ti mismo para que tu Guía Interior te haga ver la Verdad que está operando en dicha situación.

3. CREER QUE VAMOS HACIA DIOS, QUE EVOLUCIONAMOS ESPIRITUALMENTE

No vamos hacia Dios, YA ESTAMOS EN DIOS! Todo lo que nos rodea forma parte del gran cuerpo universal de Dios. No evolucionamos espiritualmente. Nuestro Espíritu es Perfecto y Completo; no puede ni tiene que evolucionar. En realidad, es un problema semántico, ya que la evolución espiritual no existe. Lo que queremos significar con eso es el despertar de nuestra Conciencia a esa perfección y cuanto más rápido lo hacemos, más plenos y felices vivimos.

Tal vez el “error” provenga de las enseñanzas religiosas que nos dicen que Dios está “en el cielo”, como si nosotros estuviéramos separados de Él. Nosotros y el “cielo” somos UNO, y debemos aprender a reconocerlo y a vivenciarlo; en eso consiste nuestra Evolución de Conciencia o Despertar Espiritual. Conócete a ti mismo -profundamente- y despertarás de toda ilusión y engaño implantado por agentes exteriores a ti.

 

 

4. ANGUSTIARSE O PREOCUPARSE CUANDO HAY UN FAMILIAR ENFERMO O ATRAVESANDO ALGÚN TIPO DE CRISISarbol

En nuestra cultura está bien visto que uno se aflija o sufra a la par de sus seres queridos; sin embargo, eso sólo aumenta el pesar. Si interpretamos nuestro pesar desde otro nivel, esto significa que creemos más en el poder de la enfermedad o la crisis que en la solución.

Cuando te afliges por la enfermedad de un ser querido, agravas esa enfermedad, le das más fuerza y poder, alimentando a la víctima en su propia victimización. La solución es hacer un esfuerzo personal y reconocer que, más allá de nuestro entendimiento, hay una Inteligencia Superior que está actuando y que tiene el poder de restaurar completamente a nuestro ser querido, si así lo desea dicha persona. Lo mismo ocurre con cualquier tipo de problema o crisis. Si nos afligimos, es porque nuestro ego ha aceptado que hay una fuerza más potente que el Poder Divino.

5. CREER QUE UNO HA SIDO “ELEGIDO” POR DIOS

Muchas personas que estudian en escuelas esotéricas se sienten especiales y evolucionadas. Sienten que Dios los ha conducido al lugar adecuado para su crecimiento y evolución; que la información que va a recibir es muy importante y no puede divulgarse a personas que no están tan evolucionadas, porque no tienen la capacidad para entenderla o para darle un buen uso. Esta presunción se convierte en una forma de arrogancia, nada espiritual, que nos hace pensar que somos privilegiados, especiales, elegidos, y que los demás están descarriados o perdidos en la vida.

Esta forma de arrogancia también se ve en las religiones que se sienten propietarias de Dios. Si uno no sigue su culto, está perdido. En el Universo existe un solo Dios y es el mismo para Todos. Los humanos inventan diferentes maneras de rendirle culto, crean dogmas y doctrinas, pero, en esencia, todos adoramos al mismo Dios.

Todos somos iguales ante los “ojos” de Dios. En realidad no existe tal Dios como lo que está pintado en las imágenes de la mayoría de las religiones estructuradas. Solo hay Existencia, el poder de la Vida, en sus multidimensionales e infinitas manifestaciones. Para La Existencia nadie está más adelante ni más atrás. Nadie vale más ni menos. Cualquier interpretación y clasificación como ser especial corresponde al terreno del ego humano y no al terreno de lo existencial.

6. SACRIFICARSE POR OTROS

No hay nada más inútil e insatisfactorio que sacrificarse por los demás. Las tareas que se hagan por los demás deberán hacerse con amor o, de lo contrario, evitarse. Todo lo que se hace con amor es placentero; por lo tanto, no pesa ni molesta. Por el contrario, todo lo que se hace con sacrificio genera presión interna, rencor, enojo, molestia y, a veces, hasta odio.

El sacrificio por los demás está aprobado socialmente y es muy bien visto. Uno puede sacrificarse, por ejemplo, por los hijos, por los padres, por la pareja, por la profesión, por los niños desamparados, por alguien enfermo, por la institución religiosa a la que pertenece, por la empresa que da trabajo. La lista podría ser interminable y no es más que un muestrario de la acción equivocada de nuestro ego.

El sacrificio va muy de la mano con la manipulación. Por ejemplo, una madre que ha dejado su vida de lado por los hijos, tarde o temprano, usará su postura como válida para exigir algo de ellos; el novio o novia que cambia su rutina y deja de hacer ciertas actividades por el otro tratará después de exigir lo mismo.

La próxima vez que vayas a sacrificarte por alguien, pregúntate primero si ese alguien te lo pidió. La actitud de mártir no lleva hacia Dios como muchos creen, sólo el camino del amor. Haz las cosas con amor o no las hagas.

7. DEPENDER DE AMULETOS, ESTAMPAS RELIGIOSAS, CRISTALES, VELAS, IMÁGENES, O CUALQUIER OTRO TIPO DE ELEMENTO

Es cierto que los materiales tienen su propia energía y que el contacto con ellos (en especial, con ciertos cristales cuarzos) producen cambios en nuestra vibración personal y ayudarnos en el proceso curativo. También es cierto que algunas figuras, imágenes y colores producen reacciones psicológicas que nos estimulan; a veces “para bien”, otras “para mal”.

Las estampas religiosas y otros objetos, tales como cadenas con cruces, estrellas de David y demás nos recuerdan nuestras posturas espirituales. El problema es que la mayoría de estos elementos se convierten en amuletos y les damos más poder del que en realidad tienen. Hay personas que se sienten indefensas sin su cruz, la estampita de su santo protector, su cristal preferido o cualquier otro amuleto de su preferencia. El amuleto pasa a ser Dios. Vivir pendiente de un objeto es limitar la Presencia Divina a ese objeto. Dios es Omnipresente: está aquí, allá y en todas partes.

Lo peor sucede cuando una persona extravía su amuleto o éste se le rompe. La mayoría de las veces esto se interpreta como un presagio de que algo malo va a suceder. Esta idea es producto de creer que la persona se encuentra sin su protección y que, en consecuencia, las energías negativas pueden afectarla. De esta forma co-crean su propio infortunio pues vivimos en un Universo Mental.

“Todo lo que Creemos se hace Realidad“. ¿Por qué no creer entonces que el mejor amuleto con el que cuento es mi Naturaleza Divina? Nadie ni nada puede despojarnos de lo que somos realmente. Pero para ello primero hay que concerse a si mismo. Solo así podras amarte a ti mismo, que es el primer requisito para poder amar a otro.

MIRAME EL CORAZON

8. CREER QUE UNO PUEDE GUIAR A OTROS O QUE PUEDE SER GUIADO

Sentir que gracias a uno otras personas se iluminan o, al revés, que la presencia de otros nos devuelve la luz es pura ilusión del ego. La verdadera Guía es Interna, es tu Intuición, la Voz de tu Espíritu. Muchas veces esa voz coincidirá con lo que escuchas de afuera y pensarás que alguien te está guiando. Pero, apenas aceptes a alguien como tu ídolo, comenzarás a fabricar tu propia decepción. Ocurre lo mismo si alguien te ha entronizado y te ha tomado como líder; en algún momento los problemas de tu vida personal lo decepcionarán.

Todos aprendemos y enseñamos al mismo tiempo. Por tal motivo, es conveniente mantener una actitud receptiva hacia las señales que recibimos de nuestro entorno y ver qué resonancia producen en nuestro interior. No eres el salvador ni la guía de nadie. Ninguna vida depende de tus conocimientos ni de tus esfuerzos. Esto es cierto también al revés. Nadie te rescatará ni te salvará, excepto tú mismo.

El mejor Guía con que contamos está dentro de Nosotros. Nos habla con voz suave y paciente, sin obligarnos a nada; nos indica siempre el camino más corto y más feliz, nos da la idea más adecuada y la respuesta que racionalmente no podemos encontrar. Por eso, es conveniente practicar meditación y ejercicios de relajación para poder escuchar esa voz. Si vives de prisa, tenso, angustiado y con un ritmo acelerado, seguramente no oirás la “voz de tu intuición” y buscarás guías externas.

Hay personas que son muy positivas y estimulantes, y podrán ayudarte en un principio. Pero evita idolatrarlas y evita también ser idolatrado. Recuerda siempre que la “Guía más válida y acertada está siempre dentro de ti”.

9. CREER QUE LOS MAESTROS ESPIRITUALES SON AQUELLOS QUE NOS PROVEEN DE LA INFORMACIÓN TEÓRICA

Tendemos a caer muy fácilmente en la creencia de que las personas que nos enseñan son adelantadas y que ya han superado muchas pruebas en su vida. En algunos casos, esto es totalmente cierto; en otros, no. El hecho de que una persona transmita una determinada información no la coloca en un grado superior. Debes recordar que cualquier forma de idealización o selectividad corresponde al terreno del ego. De hecho son escepcionalmente pocos quienes viven autenticamente lo que predican.

Los verdaderos maestros espirituales son aquellos que nos ponen a prueba y vienen “disfrazados” de hijos, padres, jefes, amigos, enemigos, animales, plantas y demás. Son aquellos que nos traen problemas. Ellos son los que realmente nos enseñan las lecciones que tenemos que aprender porque nos ponen a prueba.

Todas las religiones del mundo enseñan que Dios es Amor, que vivir con Dios significa expresar Amor a los demás. Algunas personas asisten a templos, iglesias, o escuelas esotéricas, donde reciben esta información, pero luego van a sus casas y se pelean con sus familiares, critican a sus vecinos, odian a sus jefes, a los políticos, a los animales, a individuos de otras razas o culturas. Ellos todavía no han aprendido la lección y la vida los llevará a enfrentarse una y otra vez con la misma situación o persona… hasta que aprendan a mostrar amor.

Haciendo una comparación con la enseñanza tradicional, los líderes espirituales o religiosos son los “libros” que nos dan la información; las personas que nos traen problemas son los maestros que “nos toman el examen” para ver si pasamos la prueba o no. Existe una Ley en el Universo: Todo lo que nos molesta, complica, enreda, o todo lo que odiamos, se nos “pega”. Esto ocurre hasta que aprendemos a amar la situación. Entonces, ese problema o esa persona se convierten en el maestro espiritual de ese momento.

10. CREER QUE UNO NO PUEDE ENOJARSE, TEMER, O SENTIR CUALQUIER OTRA EMOCIÓN NEGATIVA POR ESTAR EN EL CAMINO ESPIRITUAL

Esta creencia nos lleva a una gran represión de la ira y de los enojos, que hacen su reaparición más tarde bajo la forma de rencor, crítica o rechazo. Mientras estamos en el plano terrenal, vivimos las sensaciones y las emociones de este plano. Algunas de ellas son muy placenteras, otras no. El tener un conocimiento intelectual acerca de la acción destructiva de ciertas emociones no las hace desaparecer.

Uno puede saber lo malo que es el enojo y, sin embargo, no puede evitar enojarse. En realidad, uno sí puede evitar enojarse, o asustarse o angustiarse, pero eso exige un entrenamiento. Durante dicho entrenamiento, hay momentos en que podemos dominar la rabia y la ansiedad, y otros en los que nada puede calmarnos. Una vez que aparece el enojo, lo mejor es descargarlo de la manera más positiva posible. Es mucho peor reprimirse e intentar decir: “Todo está bien en mi mundo”, cuando uno internamente está sintiendo el deseo primitivo de querer atacar a alguien.

 

La mayoría de las personas que transitan el terreno espiritual son muy exigentes consigo mismas y pretenden erradicar completamente de sus vidas este tipo de reacciones. Esto no resulta desacertado pero se logra a través de un proceso. Sé amable contigo mismo y, de vez en cuando, date el permiso necesario para maldecir, golpear un almohadón, gritar, llorar y expresar, como mejor te resulte, todas las emociones negativas que te toca vivir, evitando arrojar tu malestar sobre otros. Todo lo que hagas hacia otro te será devuelto con creces, al margen de que sea “bueno” o “malo” lo que hayas vertido.

ROSA

Conclusión:

La mayoría de las creencias aquí enunciadas están generados por la actitud crítica de nuestro propio ego. El ego no puede desaparecer porque necesitamos de él para actuar en este plano. La “solución” es ponerlo alineado con nuestro Espíritu. Amablemente, le podemos decir al ego que: “A partir de ahora, deberá seguir las indicaciones de un nuevo Maestro amoroso, amable, paciente y permanente, que nunca juzga y que sabe que siempre estamos haciendo lo mejor que podemos”. Si seguimos las indicaciones de nuestro Maestro Interno, nunca podemos fallar.

APRENDE A CONOCERLO EN LA QUIETUD DE TU SILENCIO INTERIOR

 

Autor Desconocido. Publicado en “El mágico templo del alma”

Frecuentar la soledad

La soledad es tal vez el ejercicio más natural a nuestro alcance. Es ahí cuando logramos cultivar algunos de los estados más nutritivos para la mente y el espíritu, cuando experimentamos las más sustanciosas tormentas y la más reconfortante quietud.

Practicada sanamente la soledad es un vehículo exquisito. Nuestro diálogo interno adquiere tintes particulares y nos vemos obligados a confrontarnos con nosotros mismos, nos auto-revelamos sin intermediarios. Sin embargo, en muchos contextos se menosprecia, se sospecha de ella o inclusive se le teme; se evita a toda costa y se asocia con la derrota social o el aburrimiento. Y esta aversión cultural por la soledad termina por privar a millones de personas de aprovechar, y disfrutar, las bondades que solo ella provee.

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¿Qué le gustaría decirle a los jóvenes? Pregunta el entrevistador a un Tarkovsky plácidamente posado sobre un árbol. A lo que el cineasta ruso, cuya obra por cierto destacó por comulgar con elementos como la pausa, el silencio y la soledad, responde que su principal consejo sería el aprender a cultivar la soledad:

No sé, creo que solo me gustaría decirles que aprendan a estar solos y procuren pasar el mayor tiempo posible consigo mismos. Me parece que una de las fallas entre los jóvenes es que intentan reunirse alrededor de eventos que son ruidosos, casi agresivos. En mi opinión, este deseo de reunirse para no sentirse solos es un síntoma desafortunado. Cada persona necesita aprender desde la infancia cómo pasar tiempo con uno mismo. Eso no significa que uno deba ser solitario, sino que no debiera aburrirse consigo mismo porque la gente que se aburre en su propia compañía me parece que está en peligro en lo que a autoestima se refiere.

http://www.faenaaleph.com

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El miedo a nuestra propia gradeza

La falta de atención hacia uno mismo, nos lleva a ignorarnos, a negarnos, incluso al miedo. Ese miedo que nos provoca reconocernos y ser conscientes de nuestra propia grandeza. La clave es poner consciencia… Y para eso hay varios caminos. Os ofrezco  una propuesta para reconoceros, una investigación que plasmo en mi exposición “El Cuerpo”. Podéis visitarla hasta el día 27 en la Escuela de Minas de Madrid (Ríos Rosas 21), en horario lectivo y en esta misma página https://yolandajimenezescritora.wordpress.com/2015/03/12/

Y además os ofrezco la posibilidad de participar en un divertido juego de investigación en: http://www.encuestafacil.com/RespWeb/Qn.aspx?EID=1918031

Aquí comparto un artículo sobre este tema, publicado en el interesante blog del periodista y escritor Juan Peláez:

El complejo de Jonas es más habitual de lo que parece así que no dejemos que nos trague la ballena.Abraham Maslow padre de la psicología humanista, acuñó

"CONSCIENCIA I" Yolanda Jiménez

“CONSCIENCIA I”
Yolanda Jiménez

el término “Complejo de Jonás” inspirándose en el personaje bíblico, para identificar una neurosis que habita en el ser humano: el miedo a la propia grandeza o huida del propio destino.

El Complejo de Jonás es, en suma, la negación de la capacidad de uno mismo para desarrollar su potencial,es el miedo y la ansiedad frenando nuestra visión de grandeza… sabes que vales para algo, lo visualizas, prevés el éxito y te asustas frenándote con la respuesta contraria, asegurándote que eres incapaz, haciéndote descender hacia el lado mediocre.

Jonás tenía un mensaje de Dios y una labor de intermediario en el pueblo de Nínive. Pero temió de su propia figura, se asustó y se escondió. Se sintió incapacitado de ese ejercicio, descreyó de sí mismo (“¿Quién?, ¿Yo?…”). Y Dios le envió una ballena que se lo tragaría por 3 días y 3 noches. Después de ese lapso, la ballena lo vomitó y Jonás aceptó el destino para el que había sido escogido y llevó su mensaje a Nínive.

La explicación de Maslow es que al igual que tememos lo peor de nosotros tememos, también, lo mejor,tememos a nuestras máximas posibilidades. Por lo general nos asusta llegar a ser aquello que vislumbramos en nuestros mejores momentos, en las condiciones más perfectas y de mayor coraje. Gozamos e incluso nos estremecemos ante las divinas posibilidades que descubrimos en nosotros en tales momentos cumbre, pero al mismo tiempo temblamos de debilidad, pavor y miedo ante esas mismas posibilidades.

Podríamos pensar, entre tantas cosas, que para desplegar “nuestra misión”, debemos romper nuestros moldes aprendidos. Como Jonás, que para

desplegar su misión debía enfrentar el desafío de salir del refugio (pseudo-protección) de la ballena: la personalidad limitante.

"CONSCIENCIA II" Yolanda Jiménez

“CONSCIENCIA II” Yolanda Jiménez

Para ello debemos analizar y profundizar en que quizás nuestra personalidad actual fue elegida en pos deencajar en el mundo “adulto y moderno”: una Identidad no auténtica (con sus propios hábitos, valores, mecanismos de defensa, etc.). Una ballena que nos ha comido sin siquiera darnos cuenta.

Maslow dice al respecto, que frente a los grandes hombres o mujeres que se hallan en su máxima realización humana, surgen sentimientos de admiración; pero también emergen (y a veces no tan escondidos) sentimientos de hostilidad y envidia. Le proyectamos a esa persona “contra-valoraciones”. Y así, ¿quién tiene el coraje de mostrarse diferente, de mostrarse mejor que otros en algo novedoso y único?

Todos podríamos ser mejores de lo que somos si, en lugar de malgastar nuestra energía en envidiar las cualidades ajenas, aprendemos a amarlas, admirarlas para así también reconciliarnos con las propias ya que es un acto de generosidad entregar al mundo lo mejor de nosotros mismos.

Por Maxx Puente

Librepensador, Autodidacta y Soñador.

Mística, Evolución y Gestalt

La religión dio algunas ventajas evolutivas a nuestra especie, como la cohesión grupal y el altruismo. Pero, ¿qué papel jugará la mística en el proceso futuro de nuestra evolución? Resultados y especulaciones neurocientíficos podrían avalar la hipótesis de que caminamos hacia un “Homo Gestalt Místico”; de que en la evolución futura de la humanidad la experiencia religiosa y mística podría jugar un papel creciente.

El camino de la evolución del hombre se acerca a los dos mil siglos. Mucho se sabe sobre su pasado pero ninguna de las especulaciones sobre su proyección en el futuro es concluyente. Las bases neurobiológicas están sentadas para que un hombre espiritual y social se transforme y aparezca en el próximo eslabón de la cadena. La espiritualidad podría ser la llave de la evolución del hombre.La espiritualidad y la vida en sociedad podrían resolver los problemas físicos y fisiológicos que plantean la evolución del cerebro, la mente y la inteligencia humanas. Hay firmes bases neurobiológicas, sociológicas y antropológicas que sostienen la hipótesis.

En ese escenario, la posibilidad hipotética de una evolución hacia un Homo Gestalt Místico ya no resulta sólo restringida a la fantaciencia. Podríamos decir que hay resultados, y especulaciones de neurocientíficos, que podrían avalar con fundamento la prognosis de que la evolución futura de la humanidad se diera en una línea en que la experiencia religiosa y mística jugara un papel creciente.

Más que humano: El Homo Gestalt Místico

La espiritualidad y la vida en sociedad podrían resolver los problemas físicos y fisiológicos que plantean la evolución del cerebro, la mente y la inteligencia humanas. Hay firmes bases neurobiológicas, sociológicas y antropológicas que sostienen la hipótesis. Una añeja novela de ciencia ficción es el punto de partida para esta especulación.

“La Gestalt tiene, como otros seres, manos, cabeza, órganos, mente—dijo Janie—. Pero lo más humano es en ella, como en cualquier otro ser, lo que ha aprendido… y merecido. Lo que nadie posee mientras es joven, lo que obtiene (y sólo a veces) tras una larga búsqueda y gracias a una profunda convicción, Y lo que es, desde entonces, parte definitiva de uno mismo”. Theodore Sturgeon (1919 – 1985), “Más que humano”, novelista estadounidense.

En 1953 el escritor estadounidense Theodore Sturgeon decidió amalgamar tres cuentos largos para dar forma a una de las mejores novelas de ciencia ficción de la historia: “Más que humano”. Lejos de los cohetes y los marcianos que dominaban el género a mediados del siglo XX, en el libro Sturgeon especuló sobre el nacimiento de una nueva especie, el Homo Gestaltiensis. Planteó una posible evolución de la humanidad en un ser coral que es mucho más que la suma de sus partes; donde cada una de ellas es independiente pero disfuncional, hasta que todas se juntan y “coengranan”. Además, este Homo Gestalt es inmortal, ya que cada uno de los personajes que lo componen puede ser sustituido.

Si bien la historia estaba plagada de fantasías (los personajes tenían capacidades paranormales), la idea de una evolución hacia un “hombre social o múltiple” es muy atractiva y vale la pena rescatarla y analizarla. La pregunta de fondo sería entonces: ¿Es absolutamente imposible que el hombre esté en camino a evolucionar en una suerte de Homo Gestaltiensis? De ser así, ¿cuál sería el adhesivo que cohesionaría las personalidades individuales?

La larga marcha

Desde el punto de vista evolutivo, los Homo Sapiens son una especie muy joven. Apenas tienen sobre la Tierra entre 1500 y 2000 siglos pero en ese tiempo lograron lo que ninguna otra: se reprodujeron y poblaron hasta los lugares más inhóspitos de la Tierra, controlaron el fuego, desarrollaron un lenguaje, modificaron el medio ambiente y hasta consiguieron pisar la Luna.

La conquista la iniciaron en el Este de África y desde allí se expandieron hacia el resto del mundo. A partir de ese momento la población de Homo Sapiens comenzó a crecer e inició un recorrido que lo llevaría a poblar el planeta. El Ser Humano consiguió sobrevivir a todas las condiciones, por adversas que fuesen. A diferencia del resto de las especies animales que se encuentran limitadas a vivir sólo en los ambientes para los que sus genes se han adaptado. ¿Qué lo hace diferente? La respuesta parece estar entre sus orejas.

La evolución física del cerebro

i[“Las variaciones, […] si son en algún grado provechosas a los individuos de una especie en sus relaciones infinitamente complejas con otros seres orgánicos y con sus condiciones físicas de vida, tenderán a la conservación de estos individuos y serán, en general, heredadas por la descendencia”]i (Charles Darwin).

La famosa austrolopitecus “Lucy”‎, considerada como uno de los primeros homínidos, pertenecía a una especie que vivió hace tres o cuatro millones de años y cuyo cerebro tenía un volumen de aproximadamente 450 centímetros cúbicos, similar al de los chimpancés. Esta medida no se modificó demasiado durante un millón y medio de años. Pero a partir de ese momento, a diferencia de la mayoría de las especies, la capacidad cerebral de los homínidos creció proporcionalmente mucho más que el resto del cuerpo. Y lo hizo en una tendencia sostenida, que ha ido acelerándose, a un ritmo promedio de casi 35 mililitros (equivalentes a algo más de dos cucharadas soperas o un vasito de licor) por cada 100.000 años.

El Homo Habilis, que ya sabía usar instrumentos de piedra, tenía un cerebro de 700 centímetros cúbicos, y el Homo erectus, hace 1,8 millones de años, mostró un incremento cerebral hasta alcanzar entre 800 centímetros cúbicos y un litro. Este homínido fue el primero que dejó vestigios culturales y sociales. Usaba el fuego y desarrolló una proto estructura social para la obtención de alimentos. Además utilizaba asentamientos permanentes y dedicaba un prolongado período al acompañamiento de los hijos después del nacimiento.

Por su parte, el Homo Sapiens, hace cien mil años, aumentó su cerebro hasta abarcar de 1100 a 1800 centímetros cúbicos (los extinguidos Neandertales, que sepultaban ritualmente a sus muertos y construyeron herramientas refinadas, llegaron a tener 1900 centímetros cúbicos).

En una suerte de círculo virtuoso, el uso de herramientas estimuló el desarrollo del cerebro, y esta mejora potenció lo demás. La inteligencia del hombre lo fue llevando a aprovechar de modo más racional lo que le brindaba la naturaleza. Así, empezó a coordinar mejor sus movimientos al caminar erguido, comenzó a construir y conservar nuevos utensilios, abrigarse con pieles, tallar la piedra, hacer fuego y a pasar saberes. Estaban naciendo la razón y la cultura.

El Ser humano se hizo sedentario y desarrolló la agricultura y la ganadería. La división de tareas generó los poblados y nació el comercio. La cooperación impulsaba el desarrollo. Las capacidades matemáticas y literarias son tardías. Empezaron hace aproximadamente cuatro mil años, y también marcan un avance reforzado por la relación con sus pares.

El nicho cognitivo

“Como Jano, la evolución debe mirar siempre en dos direcciones: hacia el interior, hacia la regularidad del desarrollo y la fisiología de las criaturas vivas, y hacia el exterior, hacia los caprichos y las exigencias del ambiente” (Gregory Bateson, “Mente y naturaleza”, 1979).

Muchas especies se vieron asediadas por problemas similares, con resultados muy diferentes. De hecho, el mismo Homo Erectus -sin demasiadas luces- sobrevivió a períodos glaciares. Por lo tanto vale preguntarse ¿Qué tipo de presión evolutiva generó los efectos que desembocaron en el Homo Sapiens?

El psicólogo experimental, científico cognitivo, lingüista y escritor canadiense Steven Pinker ensaya una respuesta. Para el profesor de Harvard la clave está en que los ancestros del hombre encontraron y ocuparon lo que él denomina el novedoso “nicho cognitivo” de la evolución.

Para la biología un organismo construye un nicho cuando altera su hábitat en función de su estrategia de supervivencia. Esto incluye las formas de conseguir el alimento, escapar a los predadores y competir con otras especies por los recursos. Los nidos de los pájaros, las represas de los castores, los panales de avispas o la tela de la araña son algunos ejemplos.

En este caso, los Seres Humanos consiguieron sus ventajas evolutivas a partir del desarrollo de las interacciones sociales entre ellos y de un creciente razonamiento abstracto. De este modo, supieron improvisar ante problemas nuevos y además optimizaron el costo de adquirir información copiando lo que veían de sus pares y que podía serles de utilidad.

Como bien explica el neurólogo indio Vilayanur Ramachandran, a un oso polar le tomó 600 milenios evolucionar hasta obtener una capa de grasa y un pelaje que lo preservara del frío del Norte. A un humano le bastan unas horas para entender cómo se caza y despelleja a un oso y se obtiene el mismo resultado.

Pinker escribió en 2010 que para llegar a este punto existen capacidades humanas que se refuerzan entre sí. Estas serían el saber tecnológico que redundó en la invención y utilización de herramientas especializadas, y al que subyacería un razonamiento intuitivo en dominios como la física, la geometría y la biología. Además, esta capacidad exige flexibilidad de las manos y coordinación espacial y temporal entre el ojo y los dedos.

También es vital una potenciación de las relaciones sociales. La cooperación de confianza entre familiares y desconocidos es un paso adelante evolutivo. Supone mejoras en las estrategias de caza, cuidado conjunto de las crías, desarrollo del comercio, la justicia y la solidaridad como conceptos.

Para Pirker otro factor vital en este proceso es la incorporación de un lenguaje con una gramática elaborada, que permitiera transmitir información valiosa de forma indefinida, y menciona que también influyeron otros rasgos propios de la especie como la longevidad, la prolongación de la infancia y la división humana en culturas y tradiciones diferentes.

Estos elementos siguen estando presentes y no hay porqué descartar que continúen evolucionando impulsando hacia adelante a la especie humana.

“Los mamíferos son más socialmente unidos que los reptiles, los primates más que otros mamíferos, y los Humanos más que otros primates. Lo que esto sugiere es que aquella acción de hacerse más socialmente unidos es esencial a nuestra supervivencia. En cierto modo, la evolución ha hecho apuestas en cada paso hasta entender que el mejor modo de hacernos más exitosos es hacernos más sociales”. (Matthew Lieberman: “Social: Why Our Brains Are Wired to Connect” (J).Por lo expuesto hasta aquí, no resultaría osado afirmar que nuestra identidad como especie está dada por la inteligencia, el aprendizaje y la manera de relacionarse con el entorno. Y a los pilares que marcó Pirker podrían agregarse otros como el aprendizaje social, la teoría de la mente y las neuronas espejo.

El primero nos habilita a copiar comportamientos a través de la simple observación; el segundo pilar permite atribuirle estados mentales a otros congéneres, y así anticipar sus comportamientos al entender sus motivaciones. Por su parte, las neuronas espejo son vitales para el desarrollo de la empatía, el aprendizaje por imitación, la solidaridad y el altruismo.

La teoría del aprendizaje social tiene un siglo de vida y afirma que los Seres Humanos aprenden dentro de un contexto social, a través de conceptos como el modelado y la observación. Cornell Montgomery (1843-1904) planteó cuatro etapas: contacto cercano, imitación de los superiores, comprensión de los conceptos, y comportamiento del modelo a seguir. De tal modo, la teoría señala tres requisitos para que las personas aprendan y modelen su comportamiento: retención (recordar lo que uno ha observado), reproducción (habilidad de reproducir lo visto) y motivación (una buena razón) para querer adoptar esa conducta.

Por su parte, la teoría de la mente refiere a la habilidad para comprender y predecir la conducta de otras personas, sus conocimientos, sus intenciones y dogmas, por caso. Tal capacidad de percepción comprende un conjunto de sensaciones, creencias o sentimientos, que van desde el reconocimiento de emociones en la cara del otro hasta las más complejas capacidades de empatía y moralidad.

Todas estas capacidades ayudan a sobrevivir en un ambiente social porque permiten predecir lo que hará una persona en función de lo que sabemos que ella cree o comprender sus emociones reflejadas en la mirada. En tanto que la enseñanza se produce en grupo, la teoría de la mente está íntimamente ligada al proceso de aprendizaje. De este modo, la corteza motora, responsable del control de los movimientos, se activa al observar los movimientos de otra persona. Y, siguiendo esta lógica, con sólo estudiar el tamaño del neocórtex se podría predecir el tamaño del grupo en los que una especie se congrega, porque la inteligencia es social.

En este marco, una rama de las neurociencias le da una vital importancia a las neuronas espejo‎ en los procesos de evolución de la empatía y el lenguaje. No casualmente están ubicadas en la corteza frontal inferior del cerebro, una zona vecina a la del lenguaje.

Descubiertas (mientras buscaban otra cosa) en la década de los noventa por el equipo del neurobiólogo italianoGiacomo Rizzolatti, estas células se activan tanto cuando un animal o ser humano realiza una actividad, como al observar a otros ejecutarla. Es decir que las neuronas espejo pueden reproducir “virtualmente” la misma actividad correspondiente a la acción percibida, pero sin realizarla concretamente. Generan una representación mental de la acción observada.

Por lo expuesto, nuestra especie da pistas de que evolucionó para convertirse en gregaria. Estaríamos destinados y moldeados para formar parte de un grupo. De ahí viene nuestra necesidad de reunirnos, cooperar y comunicarnos con nuestros pares. Ahora bien, ¿cuál será el próximo paso?

El hombre del futuro

Las hipótesis sobre el futuro de la especie son muchas y están a atadas a demasiadas variables como para analizarlas todas. Hay quienes sostienen que la evolución está detenida por los avances de la medicina, que altera (para estos teóricos) el concepto mismo de selección natural. Dicen que al ayudar a los débiles o discapacitados se desactiva el filtro de la supervivencia de los más aptos. Otros opinan precisamente lo contrario: que de la mano de la tecnología llegarán las mejoras evolutivas. Las herramientas que nos convertirían en más aptos serían la farmacología, la ingeniería genética o la suma de partes robóticas.

Esta corriente argumenta que si ya hay químicos que mejoran el rendimiento físico e intelectual y si se consiguiera sintetizar esteroides saludables, no habría razón para limitarlos. Por su parte, si se logra manipular eficientemente el código genético, nada impediría limar esas “rebarbas” que terminan en deformidades o enfermedades. Por último, muchos ya dependen de sus smartphones para que los asistan como una memoria amplificada, al tener, vía Internet, contacto con una base de datos gigantesca.

Otros hablan del Unihuman (la suma de todas las razas, con un solo idioma y cultura), o del Survivalistian (aquellos que se adapten mejor a algún holocausto que modifique las condiciones climáticas, por ejemplo).

Pero lo cierto es que todas estas teorías adolecen, desde nuestro punto de vista, de que imaginan a un Ser Humano que evoluciona desde lo físico, como si fuese tan importante que dentro de 5 mil años nuestros descendientes vayan a correr más rápido, saltar más alto, soportar más calor y/o hambre o nacer sin apéndice, cuando acabamos de determinar que el verdadero salto evolutivo del Homo Sapiens fue intelectual, social y cultural. Entonces, la pregunta se mantiene pero modificada: ¿cómo será la evolución de la mente humana?

Límites Físicos

Una vez determinado que lo que define la evolución del Ser Humano es su manera diferente de razonar, aprender, su inteligencia y su memoria, el paso siguiente debería ser, una vez más, la evolución de su forma de pensar.

Una de las primeras intuiciones sería que el Ser Humano avance hacia una inteligencia superior de acuerdo a los estándares actuales. Para eso, el sentido común dice que son necesarias modificaciones anatómicas: un cerebro optimizado para una mente evolucionada. Más eficiente.

Cualquier estructura es susceptible de mejoras y cambios desde el punto de vista evolutivo, sin embargo, las leyes de la física son implacables y, aplicadas a la anatomía cerebral, imponen ciertos límites que parecen insalvables, tal como lo planteó el periodista Douglas Fox en su artículo “Los límites de la inteligencia” publicado en Scientific American de Julio de 2011.

El cerebro se compone de neuronas, células especializadas en la recepción de estímulos y conducción del impulso nervioso entre ellas o con otros tipos celulares, y de células gliales que desempeñan la función de soporte de las anteriores. La suspicacia está puesta en la densidad de los nodos conectivos, la distancia entre las neuronas y la velocidad de conducción de sus prolongaciones (dendritas y axones). De este modo, cuantas más neuronas haya, más extensas y efectivas serán las redes neuronales. Sin embargo, un cerebro grande no implica automáticamente un mayor número de neuronas.

El cerebro de una vaca es mucho más grande que el de un ratón, aunque no se perciban marcadas diferencias en la inteligencia entre los dos animales. Por eso se usa el “cociente de encefalización”, que le da preponderancia al tamaño del cerebro en relación con el del cuerpo. Entonces sí el Ser Humano se ubica en el grupo que se encuentra al tope de la escala.

No obstante, tampoco un cerebro de mayor tamaño es una ventaja evolutiva indiscutible. Un cráneo grande es una carga para la especie, ya que dificulta el parto y prolonga el período de la infancia. Esto motiva que se atrase la inclusión de los adolescentes al sostenimiento del grupo. Para compensar tal desventaja el Ser Humano desarrolló una longevidad superior.

Sí, un cerebro más grande redunda en neuronas más grandes, que incrementan sus interconexiones, pero también aumenta la distancia entre ellas. Ergo, la señal tarda más tiempo en llegar a destino y se pierde eficiencia. No hay ventaja evolutiva allí.

Tampoco la hay si aumenta el grosor de las conexiones, porque esto requiere un consumo mayor de energía. Encima, si aumenta el tejido cortical, la glía lo hace muchísimo más que las neuronas lo que al final termina haciendo crecer de tamaño al conjunto del cerebro.

Una solución alternativa podría ser que el sistema nervioso evolucione hacia cierto grado de compresión. Que los circuitos cerebrales fuesen más densos con conexiones más finas implicaría un menor gasto de energía para una mayor actividad. Una vez más el pero es físico. Los canales iónicos de las neuronas parecen haberse reducido tanto como es posible. Si se llega a cierto nivel de miniaturización el “ruido en la línea” podría activar a las neuronas a dispararse cuando no es requerido. Como esos detectores de humo muy sensibles que dan permanentes falsas alarmas.

Esa es la cuestión. Hay datos que podrían indicar que se está cerca del límite físico de la optimización del cerebro. De tal modo que si fuera cierto ¿esto significa el fin de la evolución? De ninguna manera. Aún si tomamos esa hipótesis como válida, todavía hay chances, posibilidades, oportunidades. La mente humana es capaz de ampliar sus límites convirtiéndose en un superorganismo.

 

Portada del libro “Superorganismo Universal: Una Teoría de la Evolución Hacia la Complejidad”, del médico genetista e investigador hondureño Edwin Francisco Herrera Paz.
Los superoganismos“Los seres humanos en la sociedad moderna lenta y cadenciosamente nos asemejamos cada día a las células de un organismo multicelular. Toda la información está disponible para cada célula, pero cada una utiliza sólo una fracción, y cada una está interconectada de alguna manera con todas las demás. Como una célula depende de otras para sobrevivir, nosotros dependemos de nuestros congéneres cada día más”. (Edwin Francisco Herrera Paz, “Superorganismo Universal: Una Teoría de la Evolución Hacia la Complejidad”).

En 1911 el entomólogo estadounidense William Morton Wheeler (1865 –1937), impresionado por el funcionamiento coordinado de una colonia de hormigas, propuso para definirla el término “superorganismo”. El concepto describe a un grupo de individuos que funcionan como una unidad y no de manera independiente, y posee características específicas de tamaño, forma y comportamiento que se heredan de generación en generación.

En la colmena o el hormiguero cada miembro cumple una función social y todos dependen del resto. A tal punto que los individuos no pueden sobrevivir por su cuenta durante mucho tiempo y, hasta podría caber la pregunta de si el ser vivo es la abeja o la colmena, la hormiga o el hormiguero. Si se fuerza un poco la metáfora, se puede extender a las células vivas que conforman a un ser más complejo, como un conejo. O, un poco más osado, a los ciudadanos de un pueblo, puesto que a ellos también les costaría mucho vivir aislados, pero esto podría ser ir demasiado lejos.

En su libro Superorganismo Universal: Una Teoría de la Evolución Hacia la Complejidad, el médico genetista e investigador hondureño Edwin Francisco Herrera Paz puntualiza que la resolución de problemas por medio de una conducta coordinada en las hormigas u otros insectos sociales tales como las abejas se ha denominado ‘inteligencia colectiva’. Luego explica que este tipo de inteligencia es una propiedad emergente de un sistema compuesto por muchos individuos que sigue un pequeño conjunto de reglas y que hace funcionar al sistema como si fuera una unidad, inseparable.

“Al comparar –escribe- una colonia de hormigas o tal vez un grupo humano antiguo con la filogenia de los organismos multicelulares nos damos cuenta de que las mismas limitaciones de los primeros metazoos como los celentéreos se aplican al hormiguero o a la sociedad humana primitiva, pero en un nivel de complejidad evolutiva más alta. Aunque muy bien estructurado, el comportamiento ordenado entre individuos dentro de la colonia de hormigas es dictado principalmente por medio de señales químicas, sistema lento que requiere de proximidad entre los participantes. Los restantes tipos de comunicación visual, auditiva y táctil también necesitan de una relativa proximidad”.

Y va más allá al afirmar: “Si decimos que una medusa es inteligente, bueno, podríamos aplicar también el término a la colonia de hormigas. No hace falta decir que la diferencia en inteligencia entre un metazoo radial primitivo como una medusa y un mamífero superior como un elefante, un delfín o un ser humano, es abismal. Del mismo modo, para generar el salto de la inteligencia colectiva primitiva de la comunidad de hormigas a la gran inteligencia comunitaria es necesario desarrollar métodos de comunicación más rápidos que puedan actuar a mayores rangos de distancias. El surgimiento de una verdadera gran inteligencia colectiva de una complejidad superior no se ha verificado aun en nuestra Tierra, pero es probable que encuentre el camino a través de la especie humana”.

Pero aunque varios opinan como él que el germen podría estar allí, hay consenso en que los Seres Humanos no conforman hoy un superorganismo o una inteligencia colectiva. En una entrevista con el español Eduard Punset, el entomólogo y biólogo estadounidense Edward Osborne Wilson opinaba: “La especie humana no es un superorganismo ni la sociedad humana tampoco. Son sociedades de mamíferos que se han desarrollado gracias a la inteligencia, las estipulaciones de contratos y el lenguaje, gracias a la habilidad de cooperar incluso para preservar y mejorar su propio interés”.

Reafirma Wilson que un ejemplo de superorganismo es, sí, una colonia de hormigas porque los miembros de la comunidad desarrollaron una serie de comportamientos muy complejos por medio de los cuales cooperan. Ellas tienen formas múltiples de individuos que forman grupos que realizan muy bien una función y no tan bien otras. Y todo esto se presenta reunido, de forma que generación tras generación las colonias de ciertas especies siempre son iguales, porque el cerebro de una hormiga está programado, casi por completo, para realizar cierto tipo de comunicaciones y el trabajo, de una manera determinada. Y también para que los individuos estén categorizados por la función de su trabajo para que la colonia sobreviva: la unidad es la colonia.

En cambio, para el experto biólogo, el caso del Homo Sapiens fue diferente. En primer lugar porque, la evolución de su cerebro es una de las más rápidas de todos los tiempos. Dice Wilson: “Algo sucedió que convirtió a los primates en lo que ahora reconocemos como humanos. Y en el proceso no nos convertimos en seres como las hormigas, sino que seguimos siendo mamíferos independientes: cada ser humano trabaja por su propio interés. Y esta individualidad y creatividad se conserva”.

El pegamento

“No somos seres humanos teniendo una experiencia espiritual. Somos seres espirituales teniendo una experiencia humana. Usted no es un ser humano en busca de una experiencia espiritual. Usted es un ser espiritual sumergido en una experiencia humana.” (Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955) Sacerdote, geólogo, paleontólogo, filósofo y teólogo francés).Entonces, de acuerdo con lo desarrollado hasta aquí, el principal problema que debería sortear el cerebro humano para evolucionar hacia la inteligencia colectiva o el pensamiento en red propio de un Homo Gestalt, es el de la individualidad que también define al Homo Sapiens. Sin embargo, no es una valla imposible de saltar, tal vez la respuesta ya esté encriptada en el cerebro y sólo haga falta activarla.

Como bien dice el psiquiatra e investigador en evolución y neurociencias español Pablo Pitiklinov, “ciertos autores (Boyer, Atran, Norezayan), que están estudiando la religión desde el punto de vista evolucionista, están llegando todos a la conclusión de que la tendencia a producir dioses forma parte de la naturaleza humana y que la religión está ahí porque ofrece ventajas adaptativas, une al grupo y aumenta el número de genes que se transmiten a la descendencia, en definitiva. El cerebro humano produce dioses igual que el hígado produce bilis”.

Una de las razones por las que los creyentes sobrevivieron es que la religión les dio ventajas evolutivas como la cohesión grupal y el altruísmo. Pero en este juego de adivinar el siguiente paso en la evolución de la mente humana se le podría otorgar la oportunidad a la idea de que si todavía persiste con tanta resiliencia la fe, y los mecanismos para que un individuo experimente una conexión mística, es porque será imprescindible en el proceso.

Hay algunos indicios, como el estudio de Björn Vickhoff del Instituto de Neurociencia y Fisiología de la Universidad de Gothenburg, cuyos datos publica la revista “Frontiers in Neuroscience”, que mostró que cuando un grupo cantaba mantras o una canción juntas, sus corazones tendían a coordinar su ritmo de latidos. Y hay una gran cantidad de estudios que no permiten descartar una base neurobiológica para la Fe.

El investigador en neurociencia español Francisco Rubia afina la puntería: “Yo no diría que la religión es un fenómeno natural, sino social. Lo que parece natural es la espiritualidad, la sensación de trascendencia, o sea, lo que es hoy posible provocar por medios artificiales y siempre lo fue con técnicas activas, pasivas o por medio de sustancias alucinógenas. Es muy probable que esta experiencia espiritual que surge de estructuras cerebrales cuando son activadas experimentalmente, o de manera espontánea, o por un tipo especial de epilepsia, tenga que ver algo con la religión, al menos con sus comienzos. No parece casual que los fundadores de religiones hayan tenido esta experiencia”.

Por lo tanto, la experiencia mística bien podría ser una llave de entrada hacia el Homo Gestalt, por tratarse de un estado en el que, entre sus características principales figura que el que la vive se ve envuelto por una profunda sensación de unión con lo Absoluto y pérdida del yo y la individualidad.

En “Adventure into the Unconscious” John Custance (citado por Rubia) describe: “Me siento tan cerca de Dios, tan penetrado por Su Espíritu, que en cierto sentido soy Dios. Veo el futuro, planifico el Universo, salvo a la Humanidad: soy absoluta y totalmente inmortal; soy, incluso, masculino y femenino. Todo el universo pasado, presente y futuro, animado e inanimado está dentro de mí. Toda la naturaleza y toda la vida y todos los espíritus trabajan conmigo y están unidos a mí; todo es posible (…). En cuanto están superadas las contradicciones y mi estado de elevación es por sí mismo una superación o una unión de los contrarios, comienzan a desaparecer de alguna manera los compartimientos herméticamente cerrados de la individualidad, las duras capas que rodean nuestro Yo. Yo ya no soy yo, sino muchos: aquellos con los que me encuentro no son ellos mismos, sino también muchos otros”.

El relato se acopla con el de muchas tradiciones místicas de Oriente y Occidente. Y las acciones de esos seres múltiples, de haberlos, serían equiparables a los de un superorganismo.

La base neurobiológica

Escribe Rubia: “El resultado de estas investigaciones mostraría que una parte del cerebro es la responsable de nuestro sentido de espiritualidad, con lo que éste quedaría ligado al cerebro y, por tanto, sería algo innato en el ser humano. De esta forma el materialismo que lo negase estaría negando al mismo tiempo algo importante en la naturaleza humana” (Francisco Rubia, “La conexión divina”).

Varios intentaron explicar desde la neurobiología esta particularidad de las experiencias místicas de perder el sentido de la individualidad. Entre los más conocidos figura el estudio publicado en “The Mystical Mind: Probing the Biology of Religious Experience”, por los doctores Andrew Newberg‎ y Eugene d’Aquili de la Universidad de Pennsylvania (1999). Ellos obtuvieron imágenes cerebrales vía SPECT del doctor Michael Baime durante sus experiencias místicas. Comprobaron que se le encendió la corteza prefrontal y bajó la actividad de una zona en el lóbulo parietal superior, encargada de procesar la información acerca del tiempo y espacio. La misma que determina dónde el cuerpo termina y el resto del mundo comienza. Escribieron: “No hay manera de determinar si los cambios neurológicos asociados con la experiencia espiritual significan que el cerebro está causando esas experiencias…. o si en vez esta percibiendo una realidad espiritual”.

Francisco Rubia entiende que la búsqueda de lo espiritual, lo divino, tiene que haber estado presente desde que el momento en que el Homo sapiens haya caminado por primera vez. Además, recuerda que estas estructuras responsables de la espiritualidad pertenecen al sistema límbico, que se desarrolló con los mamíferos y mucho antes que la corteza cerebral. Explica Rubia: “El sistema límbico es un cerebro de afectos y sentimientos más arcaico, pero no sólo presente en nuestro cerebro, sino que también ha sufrido una evolución desde los mamíferos más primitivos hasta el hombre. Es una grave equivocación pensar que por tratarse de estructuras más antiguas, éstas no han evolucionado a lo largo de los millones de años que los mamíferos pueblan la tierra”.

Y hay más. Neuroimagenes de personas rezando o leyendo textos sagrados así como los estudios relativos a los efectos de la drogas contra el parkinson apoyan la teoría de que existe una relación entre la corteza prefrontal y la actividad religiosa (Zimmer 2006, Harris y McNamara 2008). También está probado que los comportamientos religiosos evolucionaron a la par del uso de herramientas y de la cultura (Stringer yAndrews, 2005). Koenig y Bouchard (2006) y Harris y McNamara (2008) señalan que los estudios en gemelos apoyan la teoría de una alta herencia del coeficiente de religiosidad y demuestran que esto es una habilidad adaptativa de la arquitectura del cerebro humano.

Michael Blume (2009) asegura que la religión influyó y todavía lo hace, en las motivaciones personales de reproducción. La estadística de mayor cantidad de nacimientos entre parejas religiosas que entre no creyentes avala este razonamiento (Inglehart y Norris, 2004; Newman y Hugo 2006, entre otros).

Entonces la cuenta es simple: si la “población religiosa” crece a un ritmo exponencialmente mayor que el resto, heredará la Tierra. Esta tendencia evolutiva humana hacia la espiritualidad y la religión son el caldo de cultivo para las experiencias místicas, y con ellas la tan buscada (por ellos) pérdida del yo o el ego. A esto hay que sumarle que las limitaciones físicas obturarían la posibilidad de una optimización anatómica del funcionamiento del cerebro y la evolución podría abrirse paso para el lado de un superorganismo más eficiente que la suma de las individualidades, favorecida esta vía por la tendencia humana a socializar y evolucionar en grupo.

En ese escenario, la posibilidad hipotética de una evolución hacia un Homo Gestalt Místico ya no resulta sólo restringida a la fantaciencia.

“Se vio a sí mismo como un átomo y vio a su Gestalt como una molécula. Vio a esos otros como una célula, y vio en su conjunto el diseño del ser en que, con alegría, llegaría a transformarse en la humanidad. Sintió que un raro sentimiento de adoración crecía dentro de él. Era ese sentimiento que la humanidad llamaba respetuosa de sí mismo. Extendió los brazos y de sus extraños ojos brotaron lágrimas. Gracias, respondió. Gracias; gracias. Y humildemente, se unió a ellos” (“Más que humano”, Theodore Sturgeon).

 

Bibliografía CitadaFox D. “The limits of inteligence” En: Scientific American, Julio de 2011.

Harris E y McNamara P (2008) “Is religiousness a biocultural adaptation? En: The Evolution of Religion; Studies, Theories, and Critiques. Editado por Joseph Bulbulia et al. The Collins Foundation Press, Santa Margarita, CA

Inglehart R y Norris P (2004) “Sacred and secular religión and politics Worldwide. Cambridge, University Press.

Koenig, L. B. y Bouchard, T. J., Jr. (2006). Genetic and environmental influences on
the traditional moral values triad – authoritarianism, conservatism, and
religiousness – as assessed by quantitative behavior genetic methods. In P.
McNamara (Ed.),Where god and science meet: How brain and evolutionary studies
alter our understanding of religion. Westport, CN: Praeger.

Newman L A y Hugo G J (2006) “Women´s fertility, religion and education in a low-fertility population: Evidence from South Australia. Journal of population research.

Newberg A y E d’Aquili (1999). “The Mystical Mind: Probing the Biology of Religious Experience”.

Rubia, Francisco (2002): “La conexión divina; La experiencia mística y la neurobiología”. Editorial Crítica, Madrid.

Stringer C, y Andrews P (2005) “The complete world of human evolution”. Thames & Hudson, Londres.

Zimmer, C. (2006). Die Neurobiologie des Selbst. in: Spektrum der Wissenschaft 05/2006

 

Artículo elaborado por la Dra. Patricia Arca Mena y el Lic. Gustavo Masutti Llach, residentes en Auckland, colaboradores de Tendencias21 de las Religiones.

Evolución y chakras

Evolución de la personalidad a través de los chakras

Si podemos aprender a entendernos a nosotros mismos y a comprendernos unos a otros, tendremos más posibilidad de llegar a la armonía y comenzar a evolucionar para llegar a nuestro potencial más elevado. Pero ¿cómo? Según Satyananda la evolución a la que estamos sometidos es un viaje a través de los diferentes chakras.

Chakras

“La evolución es un proceso sistemático a través del cual aprendemos a armonizarnos a nosotros mismos. Es un proceso a través del cual desarrollamos la habilidad de expresar nuestras características de manera óptima y creativa” (Swami Niranja Saraswati).

Todo el universo, la vida, está en constante cambio, sigue un proceso de evolución y en este proceso nosotros no somos una excepción. Nuestra evolución, la evolución a la que estamos sometidos, es inevitable. En el contexto del yoga, la evolución es el concepto clave en toda la vida personal. Pero ¿puede haber evolución sin bienestar ni paz mental? ¿qué necesitamos la gente hoy día?

La necesidad primordial es ser capaces de tomar nuestro lugar en la vida que llevamos en relación con nosotros mismos y con el planeta Tierra en el que vivimos. La vida actual es muy complicada, hay muchas cosas sucediendo y muchos conflictos a nuestro alrededor. Hay confusión personal, política y ambiental y muchas personas pierden el sentido de la vida. Nuestras emociones están también contaminadas por los insumos de impresiones mentales y emocionales, las comidas y bebidas no naturales, etc.

Ante todo esto nos surgen preguntas tipo: ¿Por qué otras personas se comportan de la manera que lo hacen? ¿Por qué yo me comporto como lo hago? Unos y otros somos en algunos aspectos tan parecidos… y en otros, tan diferentes. Si no sabemos por qué pensamos, sentimos y nos comportamos de la manera que lo hacemos, no podemos tampoco entendernos los unos a los otros. Si podemos aprender a entendernos a nosotros mismos, a comprendernos unos a otros, tendremos una posibilidad de llegar a la armonía con nosotros mismos, con otras personas y con el mundo alrededor nuestro. Si podemos aprender a entendernos, podemos comenzar a evolucionar para llegar a nuestro potencial más elevado. Pero ¿cómo?

Según Satyananda, la evolución a la que estamos sometidos es un viaje a través de los diferentes chakras. La palabra chakra significa rueda, vórtices de energía psíquica. Los chakras abarcan todo el espectro de la vida humana desde lo burdo hasta lo sutil. Los principales chakras representan diferentes aspectos de la personalidad, cualidades psíquicas, así como también aspectos físicos y vitales.

Estos chakras principales comenzando desde el extremo inferior son:

– Muladhara chakra, en la base del perineo, cuerpo del perineo. Tiene que ver con la seguridad personal, con la consecución y conservación de dinero y bienes materiales y con el aspecto sexual y la procreación.

– Swadhistana chakra, en el sacro, testículos/ovarios. Está relacionado con la alegría, el humor, el gozo de la sexualidad y la búsqueda del placer en general.

– Manipura chakra, en el área vertebral detrás del ombligo, glándulas suprarrenales. Es concerniente al poder personal, el dinamismo y la autoestima.

– Anahata chakra, el chakra del corazón, glándula del timo. Hace referencia al amor, la compasión, las emociones y otros sentimientos

– Vishuddhi chakra, en el área vertebral detrás de la garganta, glándula tiroides. Entre otras cosas tiene que ver con la comunicación y las relaciones interpersonales.

– Ajna chakra en el centro del cerebro detrás del entrecejo, glándula pineal. En conexión con el intelecto, la intuición, la sabiduría, ciertos poderes superiores y habilidades psíquicas.

– Sahasrara chakra en la parte superior de la cabeza, glándula pituitaria. Es el centro del iluminación, los logros más altos de todos los otros centros.

Si miramos a todo este sistema es obvio que las cualidades de la personalidad tienen grados de evolución altos y bajos en cada individuo. Ciertamente cada uno de nosotros tiene aspectos de la personalidad de cada chakra, evolucionados en grados diferentes y órdenes diferentes. Asimismo podemos hacer evolucionar aspectos individuales de nuestra personalidad y por tanto de los chakras. A medida que mejoramos vamos cultivando nuestra alegría, amor, paz mental, creatividad y calidad de expresión.

 

Cada chakra contiene dentro de sí un bagaje de recuerdos, de experiencias pasadas, de impresiones acumuladas (samskaras) que en gran medida han modelado la personalidad actual. Al activarlos afloran todos esos recuerdos y experiencias, sean buenas o malas, placenteras o dolorosas. Esto puede suceder de forma inconsciente por los acontecimientos que están ocurriendo a nuestro alrededor o dentro de nosotros. Cuando esto acontece, se produce una respuesta en todos los niveles de este sistema, en nuestra memoria, en nuestras percepciones, en nuestro cuerpo, en patrones de pensamiento, emociones y tendencias a comportarnos de determinada manera.

Es por ello que a nivel práctico el “sistema de chakra” que el yoga ha elaborado es una herramienta muy potente para abordar la personalidad, dado que cada chakra en particular abarca todos los diferentes componentes de la persona.

En este sistema se trabaja con las partes del cuerpo relacionadas, con el sistema energético, los componentes mentales y emocionales inferiores, los componentes mentales y sentimientos superiores y la realización más elevada de estos aspectos del individuo. En definitiva, el yoga ha elaborado un sistema práctico a través del trabajo corporal, la respiración y la meditación. Por medio de este sistema activamos cada chakra y abordamos todos los aspectos de nuestra personalidad sacando a relucir aquello que no nos permite ver y despertando todo el potencial que ya habita en nosotros.

Este artículo es un completa referencia a las enseñanzas del Dr. Rishi Vivekananda recogidas en su libro Psicología Yóguica Práctica, a las enseñanzas de Swami Satyananda Saraswati recogidas en su libroKundalini Tantra y a las enseñanzas de Danilo Hernández (Swami Digambarananda Saraswati) recogidas en su libro Claves del Yoga.

Isabel Ward

La escalera

Transitamos por nuestra existencia pasando continuamente de un peldaño a otro. A veces permanecemos durante algún tiempo en el mismo lugar, hasta que alguna inquietud nos motiva a desplazarnos, a subir un escalón más, a evolucionar. En esta escalera no hay marcha atrás. Subirla es la única opción y es crecimiento, aunque para ello, necesitamos ejercitar el desapego, continuar el camino individual que solo un@ mismo siente , practicar la libertad y movernos ligeros. Algunos afectos quedan por el camino y otros nuevos se sumaran a nuestro ascenso… Al fin y al cabo, la escalera es el escenario de nuestra vida.

 

 

Subir o bajar la escalera

Supongamos que estamos frente a una escalera,  y a nuestro lado se encuentra una persona imprescindible en nuestra vida (pareja, amigo, familia). Mientras subimos los peldaños al unísono  todo es maravilloso. En el momento en que uno decide subir uno o dos escalones pero la otra persona no,  aún no tendremos problemas, porque todavía podemos alcanzarnos  con las manos.

Pero tú subes un escalón más y esa persona decide no hacerlo. Las manos comienzan a estirarse y empieza a surgir la incomodidad. Tan sólo un escalón más y comprobaremos que  el tirón es fuerte, que aparecen las primeras molestias y que se frena tu avance. Pero tú quieres que esa persona suba contigo para no perderla.

Desgraciadamente, el momento de subir  para esa persona no ha llegado todavía, y mientras tu asciendes peldaños, ella se  mantiene en su posición inicial. A partir de ese momento resultará  muy difícil mantenerte unido…nos dolerá mucho, y comenzarán los sufrimientos. Desearemos que suba para no perderla pero también desearemos no bajar del escalón al que hemos llegado.

Un movimiento más y ocurre lo inevitable. Se sueltan nuestras manos definitivamente y en ese instante, podemos quedarnos llorando y tratando de convencer a esa persona para que nos acompañe,  o incluso podemos bajar un nivel con tal de no perderle.

Pero admitámoslo, desde esa ruptura en ese escalón, ya nada volverá a ser como antes.  Y entonces COMPRENDEMOS QUE LO UNICO QUE NOS QUEDA ES CONTINUAR AVANZANDO.

Esto sucede  cuando inicias tu camino de madurez interior, en ese avance pierdes muchas cosas: pareja, amigos, trabajo, pertenencias...Todo lo que ya no coincide con la persona que necesitas ser, y todo aquello que no puede estar al nivel del camino al que quieres llegar.

Podemos pelearnos con la vida  entera, pero el proceso es así. Nuestro crecimiento y cambio es individual,  no en grupo. Tal vez esa persona con el paso del tiempo nos alcance en la escalera o ascienda más que nosotros. Pero será porque ella así lo necesitó  en un momento propicio para ella. Nada se puede forzar en esta vida.

Llegará  un momento en tu escalera ,  donde alcanzado un determinado peldaño te sientas  mejor persona, un momento en que podrás  quedarte solo/a un tiempo…aunque duela. Donde conforme vayas  avanzando conozcas  personas mucho más afines a ti.

Evolución: vaciarse para recibir

Evolucionar significa aprender desde el vacio. Liberar nuestra mente de las ideas preconcebidas y abrirse al conocimiento, para contemplar con una perspectiva diferente, para experimentar nuevas sensaciones, para abrirse a la vida y entonces si, entonces evolucionar.

 

Server téEstamos llenos de nuestras propias opiniones e ideas … una situación que nos impide escuchar, aprender y estar realmente abiertos a la vida y a las demás personas.

 

 

 

 

 

 

Cuento Zen – metáfora taza de té

Nan-in, un maestro Japonés de la era Meiji (1868-1912), recibió la visita de un profesor de universidad que querría informarse sobre el Zen.

Nan-in le sirvió té. Lleno la taza de su visita hasta el borde, y siguió virtiendo mas té. El profesor observó como el té llenaba la taza y se derramaba sobre la mesa hasta que no puedo aguantarse mas:

– ¡Esta rebosando! ¡No cabe nada más!
– Al igual que esta taza, – dijo Nan-in – usted esta lleno de sus propias opiniones e ideas.
– ¿Como le voy a enseñar Zen si no vacía primero su taza?

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