Arte, cerebro, química

La fascinación que me produce una obra de Arte, me lleva a situarme en la más fértil imaginación: la curiosidad del proceso creativo, la experiencia anterior que desemboca en el propio acto de creación. El baile se sustancias químicas en nuestro cerebro, da buena cuenta del movimiento y sensaciones producidas ante la magia de la creatividad. Permitirse sentir y dejar que fluyan tantas sensaciones, con consciencia, nos aportan una gran riqueza de matices únicos , exclusivos para cada uno de nosotros. Os invito a danzar bajo una lluvia de colores, de química amable, de sensaciones,… de Arte…

 

Cerebro arte

 

 

“La mente no necesita floreros para ser llenados, sino más bien,
como la madera, una chispa que encienda y dé impulso a la investigación
y un ardiente amor por la verdad”. Plutarco
.

La idea de poder estar cerca de la obra de un genio activa la producción de serotonina. Formas de arte como pintura, escultura, música y otras son un producto exclusivo de nuestras inteligencias y unmodo eterno de comunicación humana, cuyos códigos simbólicos están por encima del espacio y tiempo. Cien o mil años más tarde, nuestros antepasados nos hablan e incitan a la observación sin usar el soporte de la escritura o la palabra, solo la percepción.

La percepción y la imaginación son algunas de las funciones más importantes que se activan en nuestro cerebro cuando entramos en un proceso creativo. Esto es algo común en todos los seres humanos, no solo en los genios. Cada comunidad de individuos transmite sus actividades y productos a través de sus sinapsis. Millones de personas pueden tener la misma respuesta cerebral a la música deVivaldi sin haberlo conocido, sin ser de su cultura o de su tiempo.

Muchas veces, cuando miramos, sentimos o construimos una obra de arte, nos sentimos fascinados, no podemos saber qué sentido tiene, pero nos sentimos atraídos por formas, colores, sentimientos, percepciones. Y en cada uno de nosotros mueve memorias, emociones, estados de ánimo (a veces de modo terrible, como ocurre con “el síndrome de Stendhal”) todo lo que subyace en la contemplación de la experiencia estética.

 

¿Podría explicarse todo este proceso desde el punto de vista neurobiológico?

Gracias al avance en las técnicas de estudio de campo, ahora podemos tener una representación en 3D de la actividad cerebral. Así podemos afirmar que el análisis de estos resultados apuntalan la tesis de que las obras de arte inciden en zonas particulares de nuestro cerebro. Semir Zeki, neurólogo estético o neuroestético, nos cuenta en su texto Visión interior su interés en la experiencia estética en general y el arte en particular. Quiere demostrar que existe una base biológica para la creación de una obra de arte particular, que este es esencialmente el resultado del “cerebro” del artista en lugar de, cómo comúnmente se piensa, de su “alma”.

Este componente biológico hace que sea posible la comprensión de los datos de entrada previos a la realización de una obra, y lo más importante, permite una emotiva relación con la misma. La magnitud de importantes artistas como Miguel Ángel, Monet, Mondrian, Kandinsky, Picasso, Van Gogh, Vermeer, sólo para nombrar unos pocos, es su capacidad enorme para hacer operar datos. “Cuando, hace unos 500 años -dice Zek- Leonardo da Vinci comentó en su Tratado de la pintura que, de todos los colores, los más atractivos son aquellos en contraste, estaba afirmando una verdad desconocida: el principio de complementariedad, según el cual las células responsables de la visión del color se activan ante un color primario, como el rojo, y luego se inhiben ante su color opuesto, el verde, causando una mayor atracción visual”.

Desde este punto de vista, la obra artística ya no es la mera representación de la realidad, sino solo la expresión de una realidad, ese punto de vista “de los ojos del artista”. La idea de que el arte es una ventana abierta al mundo de su creador podría interpretarse, de acuerdo con la teoría de Zeki, como una ventana desde la que se puede ver con los ojos del artista. De esta manera no sería sólo su emotividad manifiesta, sino también sus pensamientos, sus ideas. Hoy podemos científicamente probar cómo la presencia de enfermedades específicas permite una agudización de los sentidos que predisponen, en algunos casos particulares, a fomentar la creatividad. De hecho, sabemos que algunos artistas tienen una percepción estética determinada influenciada por disfunciones cerebrales,y sus obras son el resultado de sufrir esos cambios funcionales. No es de extrañar, entonces, que las cataratas pueden haber influido en la obras de Monet, la sordera en las de Beethoven, la locura en las de Van Gogh, que llegó a pintar su obra maestra Autorretrato con la oreja cortada en el manicomio de Saint-Rémy.

 

El arte abre nuevos caminos en tu mente

La física de la “neurodiversidad” ha permitido a grandes artistas encontrar otra forma de expresión, un canal de comunicación para visibilizar su fractura mental, dotándoles de una intensidad única e inimitable, capaz de despertar el malestar y la atracción al mismo tiempo. La búsqueda de la perfección en cada autor tenía como objetivo la creación de un estilo que capturase, de manera muy particular,atención y sentimientos únicos del espectador, despertando en él la pasión por la obra. Así, una imagen alterada obliga a la mente de cualquier persona a buscar nuevas dimensiones desconocidas, de modo tal que las habilidades de percepción y procesamiento cognitivo tienen que descubrir nuevos caminos y ser capaces de resolver ese reto. Así el arte nos entrena en la flexibilidad y la neuroplasticidad.

De esta manera, incluso si una cara esta “desfigurada” es reconocida como tal por el cerebro, ya que la presencia de los elementos representativos del esquema figurativo (ojos, nariz, boca, cabeza) hace que el cerebro recupere e “la imagen oculta que estaba almacenada en la mente del autor”. Es el caso por ejemplo del Guernika de Picasso.

¿Qué ocurre en las situaciones en las que no se altera la figura pero aparece incompleta o distorsionada? Entonces el cerebro se encarga de finalizarla. Hace una operación basada en el principio de neuroplasticidad “de lo general a lo particular”, superando así el conflicto que le generaba verlo incompleto.

 

La neurociencia cognitiva y Zeki se han fijado el objetivo de encontrar una respuesta a muchas preguntas sobre el uso de la obra de arte y el sentido de la belleza. La Neuroestética puede ser considerada un buen ejemplo de aquello que la mente puede hacer, confiando en que la ciencia podría ser capaz de explicar lo que el hombre hasta ahora ha considerado un proceso misterioso.

 

 

 

Espacio mínimo.

 

 

Mística y cerebro

La relación entre espiritualidad y actividad cerebral, están íntimamente unidas, contemplado desde la óptica de la Neurología y explicado por el prestigioso neurólogo y miembro de la Academia de esta disciplina, Paco Rubia.  Un hombre tranquilo de conversación amena y al que tuve la fortuna de conocer, asi como de asistir a algunas de sus conferencias. Comparto una entrevista publicada en Tendencias  XXI

“Tenemos una predisposición genética a la espiritualidad”,

“La mente no es otra cosa que la actividad cerebral”,

 señala Paco Rubia, director de la Unidad de Cartografía Cerebral del Instituto Pluridisciplinar.

 

La mente no es otra cosa que la actividad cerebral, declara en la siguiente entrevista el profesor Francisco Rubia, director de la Unidad de Cartografía Cerebral del Instituto Pluridisciplinar, una institución de investigación científica y médica próxima a la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense. Añade que tenemos una predisposición genética a la espiritualidad y que se pueden provocar experiencias místicas estimulando estructuras del sistema emocional del cerebro. En estos experimentos se ha visto que los seres espirituales que se aparecen son siempre de la misma religión del sujeto estudiado. Considera asimismo que la libertad es una ficción cerebral, y que la toma de decisiones se produce de manera inconsciente.


La música y el cerebro son dos elementos que no suelen relacionarse a primera vista. ¿Cómo se interesó usted por esta relación?

La gente piensa que las influencias emocionales van al corazón, y eso, evidentemente, no es cierto. Antes se creía que la mente estaba en el corazón, pero hace muchos años que sabemos que está en el cerebro. Alcmeón de Crotona, en Grecia, en el siglo VI a. C., ya dijo que era cuestión cerebral y no del corazón. Tenemos la impresión, porque la frecuencia cardiaca se modifica, que las emociones afectan fundamentalmente al corazón, pero es el cerebro el que lo preside todo.

La música ha ido acompañando al desarrollo de la civilización de manera inseparable.

Ahora que la neurociencia está avanzando mucho, está estudiando las funciones mentales, cosa que antes estaba casi prohibida porque se consideraba que eran funciones anímicas y, por lo tanto, no eran accesibles al método científico. Pero eso ya pasó a la historia. Ahora lo que ocurre es que estamos estudiando temas como la consciencia, la espiritualidad, la libertad y otros, con métodos neurocientíficos. La música, la religión y el arte proceden de una época del ser humano que se remonta al momento en el que se produce la explosión cultural, aproximadamente hace unos 50.000 años. Hay una hipótesis que indica que se produjo una mutación, porque el Homo sapiens moderno tiene una antigüedad de unos 200.000 años y hasta hace unos 50.000 no se produjo la explosión cultural. Y en esa mutación cultural estarían la música, la religión y el arte. Son funciones cerebrales que hay que estudiar, igual que cualquier otra.

Se habla del origen histórico y social de la música, dentro de la noche de los tiempos y el origen de la humanidad, y de ese factor de cohesión que produce en el grupo integración y socialización. ¿Es éste un análisis correcto?

Si. Yo creo que es una hipótesis muy plausible. Porque no se sabe todavía cuál ha sido el valor de supervivencia de la música. Con la religión pasa igual, se supone que produce cohesión social. Lo que parece que está claro es que tenemos una predisposición genética a la espiritualidad. Hoy día se pueden provocar experiencias místicas estimulando estructuras del sistema emocional del cerebro. La religión es un fenómeno social y la espiritualidad es un fenómeno individual. Son dos cosas distintas. Pero no hay religión sin espiritualidad, al igual que sí hay espiritualidad sin religión. Plotino, que era un filósofo neoplatónico, y no era cristiano, tuvo experiencias místicas y no era religioso. Y los ateos pueden tener estas experiencias también. Luego hay una espiritualidad sin religión, pero no hay una religión sin espiritualidad.

Desde el punto de vista de la neurociencia, ¿cómo se explicarían estas experiencias místicas? ¿Se puede descartar un origen sobrenatural?

Eso depende de la persona. Depende de la opción personal que tenga. Si es un creyente, interpreta que si no tuviéramos esas estructuras que generan la experiencia religiosa, el ser humano no podría comunicarse con dios. Si no tenemos un órgano para ver, no vemos. Esa sería la interpretación de los creyentes. Los no creyentes lo pueden interpretar de otra manera. Ahí tenemos una que es la que origina la religión. Los dioses serían una proyección hacia el exterior de unas figuras que nosotros pensamos. En los experimentos que se han realizado para provocar la experiencia mística, lo que se ha visto es que los seres espirituales que se aparecen en dichas experiencias a los sujetos objeto del experimento, son siempre seres espirituales de su misma religión.

¿Pero eso se ha podido cuantificar en un laboratorio?

Eso no se puede cuantificar, de ninguna manera. Estos experimentos se hicieron en Canadá, hace unos veinte años, entre estudiantes de distinta procedencia cultural: indios, cristianos, budistas, musulmanes y ante esa experiencia ellos refieren que han hablado o han tenido relaciones con seres espirituales, pero siempre de su misma religión. Eso resulta llamativo, porque indica que, de alguna manera, esos seres con los que se comunican en el curso de la experiencia son seres que se encuentran en la memoria del sujeto. Y lo que no tienen en la memoria no aparece. Un budista nunca diría que ha visto a la Virgen María en una de sus experiencias o trances místicos. Esto es así y que cada uno lo interprete como quiera.

¿Por qué un neurocientífico se ha interesado por la relación entre la música y el cerebro?

Parafraseando a Publio Terencio, diría aquello de que nada de lo cerebral me es ajeno. A mi me interesan, sobre todo, las funciones mentales. Porque durante mucho tiempo hemos estado despreciando al cerebro como sede de las funciones mentales, pensando que procedían de un ente inmaterial que de ninguna manera se ha podido probar que exista. Resulta incomprensible que un ente inmaterial, como el alma, que no tiene energía, pueda interaccionar con la materia que es el cerebro, porque para mover la energía se necesita energía, luego eso contradice las leyes de la termodinámica. Eso lo hemos mantenido desde el siglo XVII, desde la época de Descartes hasta hoy -quien por cierto, separó, tajantemente, el cuerpo del alma para poder estudiar el cuerpo sin entrar en conflicto con la Iglesia-. Por eso se le considera el padre de la Anatomía, de la Fisiología, y de la ciencia moderna, porque abre el campo al estudio del cuerpo humano y sus funciones. Lo que en un tiempo fue una ventaja se ha convertido en una rémora que nos ha impedido trabajar en el cerebro con el método científico, como fuente de las funciones mentales, que es lo que es. La mente no es otra cosa que la actividad cerebral. En eso, hoy día, la inmensa mayoría de los neurocientíficos están de acuerdo.

Actualmente, ¿qué grado de conocimiento tenemos del cerebro?

Nos falta una inmensa cantidad de conocimientos, por varias razones. En primer lugar, porque el conocimiento sobre las funciones mentales está aún en pañales, gracias a ese dualismo que nos ha caído como una losa para el desarrollo del estudio del cerebro. Y en segundo lugar, porque el estudio de las funciones cerebrales es muy reciente. En el libro El fantasma de la libertad menciono que de los más de 11 millones de bits de información por segundo que llegan al cerebro procedentes de los sentidos y de la piel, la conciencia maneja aproximadamente 16 bits. ¿Significa eso que toda esa información que entra se pierde? Yo creo que no. Mucha va a la memoria implícita, como se ha descubierto recientemente, de la que no tenemos ni idea. Cualquier cosa que percibimos la comparamos automáticamente y de manera inconsciente con lo que tenemos almacenado en la memoria, para ver si es peligroso o no. De todo lo que almacenamos en la memoria, nadie tiene control consciente. ¿Quién determina lo que se almacena en ella? El sistema emocional que funciona de manera inconsciente. Porque a mayor carga emocional, mayor impresión deja en la memoria. Por eso tenemos recuerdos de la juventud. Por ejemplo, un niño que se enamora de su maestra, y eso jamás se le olvida. Sin embargo, aprender una asignatura árida, que no tiene un contenido emocional, le cuesta un trabajo enorme.


Desde el punto de vista educacional, esta es una conclusión muy interesante para los docentes, porque se convierte en un instrumento de motivación de primer orden.

Los políticos lo saben muy bien. Si pensamos en Goebbels, él lo sabía perfectamente. Y bueno, no hay más que ver a Hitler agitando e impresionando las emociones de su auditorio. Si nos fijamos en las elecciones, la gente, ¿qué es lo que elige? ¿Hace un análisis lógico racional? Nada de eso. Si la libertad es una ficción cerebral, como indican los experimentos al respecto, entonces la toma de decisiones se produce de manera inconsciente. Y cuando vamos a elegir, elegimos de manera inconsciente. Elegimos de acuerdo con nuestras simpatías o antipatías. Ni siquiera la economía afecta a la capacidad electiva de la gente. Es una cosa increíble. Es pura emoción.

¿Cómo se produce la percepción de la música en el cerebro? ¿Qué mecanismos actúan?

La fisiología de la audición. Es conveniente tener en cuenta, sin embargo, varias cosas que no se suelen saber. En primer lugar, que la vía que parte del oído interno, y llega hasta la corteza auditiva primaria, que está en el lóbulo temporal, no es una vía unidireccional. De la corteza bajan fibras que van a influir incluso hasta las células sensoriales, del órgano de Corti. Y modifican su sensibilidad.

Eso significa algo que la neurociencia sabe desde hace tiempo: que el cerebro es algo activo. No es una máquina de percepción pasiva. Y eso explica por qué muchas veces, la gente oye lo que quiere oír, o ve lo que quiere ver, o siente lo que quiere sentir, independientemente de la objetividad de la vivencia. Hay una proyección centrífuga, que va desde el centro hasta el oído, que interviene en muchas cosas. En la sensibilidad de las células sensoriales. Filtra información que no le interesa. Es lo que yo digo que explica el fenómeno del cocktail party, donde, a pesar de un ruido inmenso, yo puedo percibir perfectamente, aplacando el ruido, inhibiéndolo, y contrastando lo que me llega. Eso se hace por inhibición lateral. Hago que lo que me interesa sobresalga para escucharlo mejor. Es un mecanismo cerebral que está en todas partes, y es lo que explica que al cerebro no le interese la luminosidad, sino los contrastes. Una luminosidad durante un cierto tiempo mantenida, termina por no percibirse. Es el contraste lo que interesa al cerebro. Y probablemente, el dualismo del que le hablaba antes se explique por eso. El máximo contraste son las antinomias: justo e injusto. Y es probable que explique también la creación de dioses y demonios. Porque, por ejemplo, nosotros decimos: “Dios es infinito”. Pero, ¿quien conoce aquí lo que es infinito?

Usted ha analizado las relaciones entre la música y el lenguaje. ¿Cree que pueden darse independientemente?

Yo no lo sé. Hay gente que dice que es un origen común, que es una mezcla, una especie de “musilenguaje”. Lo que está claro es que es un medio de comunicación, y como tal, sus características están repartidas en distintas partes del cerebro. Igual que la visión. En el macaco, por ejemplo, hay 32 áreas dedicadas a la visión en el cerebro. Se dedican al análisis de las características: color, forma, movimiento. Es decir, que en cualquiera de las funciones mentales ocurre exactamente lo mismo. Igual que la inteligencia está distribuida en muchos lugares en el cerebro, la música y el lenguaje también lo están. Hay sitios especializados en determinadas características que después el cerebro tiene que unificar de alguna manera. Es el problema que está planteado ahora en neurociencia de manera más aguda: el problema de la unión. Nuestras vivencias son homogéneas, son continuas, son holísticas, globales. Cuando vemos a una persona, vemos un conjunto, no lo separamos. El cerebro separa las características distintas. Y lo que se plantea es, ¿cómo las une de nuevo? Parece ser que lo hace con determinadas frecuencias de ondas cerebrales de unos 40 hercios que unifican todas las áreas, que pasan como una especie de peine por toda la corteza cerebral.

¿Se sabe cuál es el origen de la inspiración?

Yo participo en un blog en Tendencias21, en el que soy el responsable de neurociencia y donde hablo de ello. No sabemos por qué el hombre se puso a pintar en las paredes. Todas las funciones mentales tienen diferencias entre los seres humanos. Hay personas muy musicales y otras que no están dotadas. Pero necesitan un entorno adecuado. Si Mozart no hubiera tenido a su padre que fomentó el sentido musical en él desde una edad muy temprana, o nace en África, nos hubiera dejado sin música.

De alguna manera, las condiciones ambientales también influyen.

No se puede hacer diferencia entre la carga genética y el medio ambiente. Y el ejemplo más claro es el lenguaje. Noam Chomski dice que el lenguaje es algo genético porque no hay manera de entender la velocidad con la que el niño aprende el lenguaje. Ninguna teoría sobre el aprendizaje nos explica esa velocidad. Entonces dice que tiene que ver con la predisposición genética. Ahora eso ya está admitido, pero se sabe también que la predisposición genética, si no encuentra un entorno parlante, no se desarrolla. Los niños lobo, éstos que se descubrieron en la India, o en Francia, que se criaron como fieras, nunca jamás hablaron bien. Porque ya pasó su época crítica de aprendizaje del lenguaje, cuando los genes se expresan con un entorno apropiado.

¿Se necesita el medio ambiente para toda expresión génica? Para todo. Incluida la música, la inteligencia, cualquier función mental. Necesita un decuado para desarrollarse. Si no lo tiene, no se desarrolla. Entonces preguntarse qué tiene más importancia, si el medio ambiente o los genes, no tiene sentido, porque la interacción es intensa. Aparte de eso, los genes son el resultado de la interacción del organismo con el medio ambiente. Además de que el medio ambiente ha influido en la generación de esos genes, es que éstos no se pueden expresar si no hay un medio adecuado. ¿Cómo vamos a separar, entonces, el medio ambiente de los genes? Es imposible.

 

Cerebro, conductas y actitudes

Hace muchos años el poeta Rabindranath Tagore decía: “Si tiene remedio, ¿de qué te quejas? Y si no tiene remedio, ¿de qué te quejas?”

 

El Cerebro es un orgáno fácil de engañar. (Dr. Juan Hitzig).

No hay duda de que el ser humano vive cada vez más. ¿Cómo hacer para que esta longevidad no sea una acumulación de dolencias y enfermedades, sino una etapa vital, plena de experiencias y desarrollo personal?

El profesor Hitzig, sostiene con humor que:

“El cerebro es un orgáno fácil de engañar; si sonríes cree que estás contento y te hace sentir mejor”.

Explica que el pensamiento es un evento energético que transcurre en una realidad intangible, pero que rápidamente se transforma en emoción (del griego emotion, movimiento), un movimiento de neuroquímica y hormonas que cuando es negativo hace colapsar a nuestro organismo físico en forma de malestar, enfermedades e incluso de muerte. Con los años, el Dr. Hitzig ha desarrollado un alfabeto emocional que conviene memorizar.

Las conductas con R:
Resentimiento,
rabia,
reproche,
rencor,
rechazo,
resistencia,
represión………

Son generadoras de cortisol, una potente hormona del estrés, cuya presencia prolongada en sangre es letal para las células arteriales ya que aumenta el riesgo de adquirir enfermedades cardio-cerebro-vasculares.

Las conductas R generan actitudes D:
Depresión,
desánimo,
desesperación,
desolación.

En cambio, las conductas con S:
Serenidad,
silencio,
sabiduría,
sabor,
sueño,
sonrisa,
sociabilidad,
sedación………

Son motorizadoras de Serotonina, una hormona generadora de tranquilidad que mejora la calidad de vida, aleja la enfermedad y retarda la velocidad del envejecimiento celular.

Las conductas S generan actitudes A:
Animo,
aprecio,
amor,
amistad,
acercamiento.

Fíjate que así nos enteramos de que lo que siempre se llamó “hacerse mala sangre” no es más que un exceso de cortisol y una falta de serotonina en la sangre.

Algunas reflexiones más del Dr. Hitzig:

• Presta atención a tus PENSAMIENTOS pues se harán PALABRAS.
• Presta atención a tus PALABRAS pues se harán ACTITUDES.
• Presta atención a tus ACTITUDES porque se harán CONDUCTAS.
• Presta atención a tus CONDUCTAS porque se harán CARACTER.
• Presta atención a tu CARACTER porque se hará BIOLOGIA.

Sobre el placer que produce hablar de uno mismo

Siempre me ha fascinado la  química que genera nuestro cerebro, según los estímulos  que recibe. Los estudios profesionales nos revelan que somos pura alquimia. Recojo un artículo sobre las sustancias que generan el placer, al hablar de uno mismo.

hablan de sí mismas

 La mayor parte de la gente prefiere hablar de sus cosas que de las de los demás, y también prefiere hablar de cosas de los demás antes que de otras, en general. Podemos manifestar esas preferencias de modos diversos, pero además, también se reflejan en la activación de determinados enclaves del encéfalo, que son los que forman parte del denominado sistema de recompensa.

La alimentación, el sexo y el afecto generan estímulos placenteros, y esos estímulos activan determinadas zonas del encéfalo. Esas zonas son el área tegmental ventral (VTA) y el núcleo accumbens (NAcc), y están formadas por circuitos neuronales cuyo neurotransmisor es la dopamina. A su vez, están conectadas con lacorteza prefrontal (responsable de la conducta) y el sistema límbico (modulador de las emociones). Sustancias tales como el alcohol, la nicotina y otras drogas también activan esas áreas; de hecho, esa es la razón por la que, en última instancia, se producen las drogodependencias. Además de las anteriores, que son recompensas primarias, ciertas recompensas secundarias, como el dinero u otros productos que pueden ser intercambiados con las primarias, también activan las áreas de recompensa, así como estímulos de naturaleza social, como saber que otros comparten nuestra opinión, lo que nos hace gracia, o una fugaz visión de alguna persona que nos resulte sexualmente atractiva.

reward systemComo he señalado al comienzo, nos complace hablar de nosotros mismos, y eso da lugar a que, cuando lo hacemos, se activen las regiones neuronales citadas antes (VTA y NAcc). No solo se activan esas regiones, también se activa la corteza prefrontal medial (MPFC), que es un área de la corteza prefrontal (de la que he señalado antes que es responsable de la conducta) a la que se ha asociado con el pensamiento sobre uno mismo y que, en cierto modo, también forma parte del sistema de recompensa. Además, el grado en que se activan esas áreas es mayor que cuando hablamos de otras personas o cuando hablamos de otros asuntos.

El fenómeno en cuestión tiene su complejidad. Si la fuente de placer fuera simplemente el hecho de contar cosas, de compartir con los demás conocimiento o información, la activación de los centros de recompensa sería independiente de la naturaleza de la información proporcionada. Pero resulta que esos circuitos se activan en mayor grado cuando son los asuntos propios los que se cuentan a otros, aunque también se activan -si bien en menor medida- cuando hablamos de otros. Por otro lado, la corteza prefrontal medial no se activa por hablar a otros, sino por el carácter autorreferencial del hecho, esto es, porque las cosas que se cuentan se refieren a uno mismo. Por último, los centros de recompensa también se activan por el hecho de pensar acerca de los asuntos propios, aunque el grado de activación es mayor si, además de pensar, se hace a los demás partícipes de esos asuntos. Confluyen, por lo tanto, tres fenómenos: por un lado, reflexionar acerca de nuestras cosas (cierto grado de activación de VTA y NAcc); por otro lado, hablar a los demás, y si es de uno mismo, mejor (más alto grado de activación de VTA y NAcc); y por último, ser uno mismo el asunto del que hablar (activación de MPFC). En resumen, la instrospección nos produce placer; también nos lo produce hacer partícipes a los demás de nuestras reflexiones, pero lo que definitivamente más nos gusta es que contemos a los demás cosas cosas relativas a nuestras personas.

twitter facebookLa constatación de que esos comportamientos activan los centros de recompensa del encéfalo constituye un elemento novedoso, por supuesto, pero ya se disponía de abundante información relativa a la importancia que tiene en nuestra especie la comunicación, en general, y la relativa a uno mismo, en particular. Los estudios sobre las conversaciones humanas han documentado que entre un 30% y un 40% de lo que hablamos cada día transmite información sobre experiencias y relaciones personales. Hasta el 80% de las anotaciones en redes sociales de internet consisten en comunicaciones acerca de las experiencias inmediatas de uno mismo.

Contar cosas, enseñar cosas, es importante para nosotros. En eso (también) nos diferenciamos claramente de otras especies. Otros primates no manifiestan ninguna disposición a enseñar a los demás lo que saben, pero los niños de tan solo 9 meses de edad ya tratan de llamar la atención de los demás acerca de asuntos de su entorno que les parecen importantes, y los adultos de todas las sociedades se esfuerzan de manera permanente por impartir a otros su conocimiento. Pero como hemos visto aquí, parece, además, que hablar de nuestras cosas tiene valor intrínseco, un valor en cierto modo similar al de la comida o la práctica del sexo. En última instancia, es posible que la tendencia a comunicar los pensamientos relativos a uno mismo haya tenido valor adaptativo. Quizás ayuda a entablar relaciones y establecer alianzas con otros. Quizás es un modo de provocar una respuesta en los otros que sirva de ayuda para tener un mejor conocimiento de sí mismo. O a lo mejor es ventajoso compartir con los demás la experiencia propia, y ayudar de esa forma a que los otros adquieran mayor conocimiento. En definitiva, probablemente se trata de un fenómeno que sirve para apoyar los comportamientos que subyacen al gran carácter social de nuestra especie.

Juan Ignacio Pérez Iglesias

Fuente: Diana I. Tamir and Jason P. Mitchell (2012): “Disclosing information about the self is intrinsically rewarding” PNAS 109 (21): 8038-8043 (www.pnas.org/cgi/doi/10.1073/pnas.1202129109)

Post scriptum: el último párrafo me ha traído a la cabeza el libro (que aún no he podido leer)The Social Conquest of Earth, de Edward O. Wilson, que tanto ha irritado a Richard Dawkins.

¿Engañarse o no tener tiempo?

La velocidad de nuestras vidas nos lleva por autopistas de acontecimientos que, ni siquiera alcanzamos a percibir, mientras vaciamos de contenido la propia existencia. Así, “no tenemos tiempo” e intentamos exprimir la salud, por ejemplo, durmiendo menos de lo que necesitamos. Nos engañamos posponiendo la alarma del despertador, creando falsa ilusión … ¿Y si reflexionamos sobre la causa y olvidamos el síntoma?. Os presento un artículo interesante sobre éste tema:

Posponer la alarma para dormir ‘un ratito más’ arruina tu sueño

 

Ampliar imagen 

El botón de repetición (o snooze en inglés) del reloj es uno de los pequeños lujos de la vida, y hace fácil que te engañes pensando que todo lo que necesitás son algunos minutos más de cama. A lo sumo es una muleta psicológica, y en el peor de los casos, arruina la química de tu cerebro para todo el día. Además, jamás ayuda a obtener un descanso extra real.

¿Por qué querés volver a dormirte después de haberte despertado? Durante el inicio del sueño, tu cuerpo libera serotonina al torrente sanguíneo, un neurotransmisor comúnmente asociado con el bienestar y la felicidad que calma el cuerpo y proporciona la sensación de satisfacción que nos inunda como nos relajamos al dormir. Entonces no es de extrañar que apretar el botón de “snooze” se sienta tan bien.

Sin embargo, no es una bendición tener el cuerpo bombeado de serotonina. A lo largo de la noche, estos químicos vertidos a tu torrente sanguíneo cambian.

El adulto promedio necesita de 7 a 9 horas de sueño por noche, y aunque la cantidad exacta varía de persona a persona, tu cuerpo sabe cuando ha tenido suficiente, así que bombea dopamina para suprimir la sensación de somnolencia y prepararse para despertar.

Cuando pulsás el botón de repetición y te volvés a dormir, el goteo de dopamina vuelve a empezar y tu cuerpo se convierte en una coctelera de químicos, ya que los neurotransmisores se confunden y hacen efectos contradictorios. Apretar el snooze puede liberar ciertas sustancias químicas para sentirse bien, pero al final lo que hace es mandar a tu cuerpo a diferentes direcciones. Esto es lo que te hace sentir desorientado y que te sea difícil ponerte en marcha.

El sueño se produce en ciclos de diferentes características neurológicas. Las dos más importantes son el movimiento rápido de los ojos (REM) y el sueño profundo. La primera permite que el cerebro tamice las actividades del día, mientras que la segunda proporciona el puro descanso que el cuerpo necesita para funcionar.
Las dos van y vienen durante la noche, y la duración de cada etapa varía de persona a persona. Pero todos experimentamos el sueño profundo temprano en la noche, y más REM antes de despertar naturalmente.

Durante una o dos horas antes de despertar, entonces, principalmente tenés REM. Soñás mucho durante este período y los recuerdos recientes se consolidan. Extrañamente, esto significa que tu cuerpo hace la mayor parte del procesamiento de los acontecimientos del día anterior justo antes de despertar naturalmente. Cuanto antes interrumpís ese proceso (por ejemplo, poniendo una alarma antes de lo que necesitás para después posponerla)  menos  tiempo te das para procesar esas experiencias.
Las investigaciones demuestran que reducir el sueño REM de esta manera puede debilitar tus funciones mentales durante el día.

Una creencia general sobre el botón de repetición de la alarma es que esas cortas dormidas van a ayudar al cuerpo a descansar. Pero los estudios sobre la fragmentación del sueño sugieren lo contrario: el sueño que se interrumpe cada minuto o cada diez puede conducir a la “alteración diurna relacionada con la falta de sueño”.  En otras palabras, tiene menos valor el sueño interrumpido, que puede generar alteraciones en la memoria, en el tiempo de reacción, en la comprensión y en la atención.

Lo que podés hacer

Si estás cansado despertar cada mañana, es hora de enfrentar la realidad: No estás durmiendo lo suficiente y ninguna cantidad de minutitos extras va a arreglar esto. El mejor consejo es ir a la cama más temprano hasta que naturalmente te despiertes justo antes de la alarma. Así sabrás que estás recibiendo todo el sueño que tu cuerpo necesita.

Pero ¿a quién engañamos? Sería bueno vivir sin despertador, pero eso probablemente no va a suceder. Si la tentación del botón de repetición de alarma es demasiado alta, podrías al menos tratar de minimizar los efectos negativos que tiene.
Así que seguí el ejemplo de los expertos en sueño fragmentado, que sugieren que la longitud óptima de una siesta es de alrededor de 20 minutos. Con menos que eso, se obtienen pocos beneficios y con más, se corre el riesgo de caer en el sueño profundo, lo que hará que se te haga más difícil despertarte. Tomarse una siesta no es lo ideal, pero es menos perjudicial que unos minutos “de más” cada mañana posponiendo la alarma.

Fuentehttp://gizmodo.com/5949809/why-the-snooze-button-is-ruining-your-sleep

Siguiente Entradas recientes