De la sabiduría y el placer

 

“…El río se estaba riendo. Sí, así era: todo lo que no se terminaba de sufrir o no se resolvía hasta el final, se repetía; siempre se volvían a sentir las mismas penas…”

Juan Peláez: acuarela

“…Tú sabes bien, querido amigo, que ya de joven, empecé a desconfiar de las doctrinas y de los maestros y muy pronto les volví la espalda…”“…Pero ¿no has encontrado tú mismo, si no una doctrina, al menos ciertas ideas, ciertos conocimientos que puedas considerar como tuyos y te ayuden a vivir?. Siddharta respondió: – He tenido ideas , si, e incluso conocimientos de forma esporádica. A veces, durante una hora o por un día, he sentido el saber en mi interior tal y como uno siente la vida en su corazón. Eran muchas  ideas, pero me sería difícil comunicártelas. Mira, Govinda, la sabiduría no es comunicable. La sabiduría que un sabio intenta comunicar a otros suena siempre a locura. El saber puede comunicarse, pero la sabiduría no. La sabiduría es un estado personal…”

 

“…Muchas cosas le enseñó la boca encarnada y diestra de Kamala. Siddharta aún era un chiquillo en cuestiones de amor y tendía a precipitarse ciegamente en el placer como en un abismo sin fondo. Pero Kamala le enseñó que no se puede recibir placer sin devolverlo, y que cada gesto, cada caricia, cada contacto, cada mirada y cada parte del cuerpo, por pequeña que sea, tienen su propio misterio, cuyo desciframiento produce felicidad al que lo descubre. Le enseñó así mismo, que, tras la celebración de un ritual amoroso, los amantes no debieran separarse sin antes haberse admirado mutuamente, sin sentirse al mismo tiempo vencedores y vencidos, de suerte que en ninguno de ambos surja una sensación de hastío o de abandono, ni la desagradable impresión de haber abusado o de haber sido victima de un abuso. Horas maravillosas pasó Siddharta con la hermosa y hábil cortesana, convirtiéndose a su vez en su  discípulo, en su amante y en su amigo. Allí, junto a Kamala, se hallaban el sentido y el valor de aquella etapa de su vida…”

“Sidharta guardó silencio. Luego se entregaron al juego del amor, uno de los treinta o cuarenta juegos diferentes que Kamala conocía. Su cuerpo,era flexible como el de un jaguar y como el arco de un cazador: muchos placeres y secretos le eran revelados a quien ella instruyera en el amor. Pasó un buen rato jugando con Siddharta. Tan pronto lo atraía como lo rechazaba para volver a provocarlo, envolviéndolo con su cuerpo y alegrándose de los progresos de su alumno, que, al final cayó vencido y extenuado junto a ella”

”  Eres el mejor amante que he tenido – le dijo pensativa –  Eres más fuerte que otros, más flexible, más flexible, más solícito. Muy bien has aprendido mi arte, Siddharhta. Y sin embargo, querido, sigues siendo un samana: no me amas a mi ni a nadie. ¿No es verdad?.  Es posible que así sea – repuso Siddharta con voz cansada- . Soy como tú. Tú tampoco amas… ¿como si no, podrías  practicar el amor como un arte?. Acaso la gente como nosotros nunca pueda amar. Los hombres niños si que pueden y ese es su secreto.

 

Selección personal  del libro “Siddharta” – Hermann Hesse –

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