Tu mentira y mi verdad.Tu verdad y mi mentira…¿para qué nos sirven?

 

Ella intuía que aquello no era verdad, como tantas otras explicaciones, como tantas cosas que él le contaba. A veces tan poco creíbles que se cuestionaba algún porqué, sabiendo que en el fondo  prefería aceptar con la elegancia de la discreción, y creerle y creerse a sí misma. A veces tan real. Había una linea difusa. A veces tan natural. A veces tan extraño.

Pero, ¿qué es la verdad? Si alguien maneja su timón, enredando mentiras a medias con verdades confusas; construyendo su realidad, su manera de relacionarse con los demás, consigo mismo. ¿Su verdad es mi verdad?, ¿Acaso su verdad es mentira para mi? ¿Cuál es la mía?, ¿para qué me sirve?

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Ella se mostraba transparente y confiada. Desde el lugar que ocupaba, el único al que tenía acceso, preparaba sorpresas. Le gustaba convertir en especiales los momentos cotidianos. Disfrutar de los  de los detalles, del placer de compartir.

Aquella tarde, el azar quiso que le viera, en el lugar equivocado, en el sitio equivocado… Él no iba a estar allí. Le costó reconocerse y reconocerlo: con una camisa blanca y refinados ademanes, cedía el paso a una dama, en una puerta cualquiera. Un gesto cotidiano, sin más ni menos importancia… Pero él no iba a estar allí.

Ella recordó cuantas veces su intuición le enviaba señales, cuantas veces los mensajes eran evidencias. Cuantas veces los ignoró, miró a otro lado, queriendo creerle. Y miraba hacia ese lado amable y esa imagen preciosa de aquel hombre en el que creía, confiaba, admiraba su honestidad. Ahora vio la sombra, el lado oscuro del hombre. Y vio el lado oscuro de ella misma. Adivinó el miedo  que se asomaba detrás de esos planteamientos…¿Por qué se preguntaba , ¿por qué cuestionaba?, quizá todo era más sencillo. Quizá bastara con empatizar,  mirar desde su punto de vista.

Hubiera preferido no aparcar su coche en esa calle o quizá haberse demorado un poco más en el gimnasio, para no verle allí. No al menos esa tarde, él no iba a estar allí.

Hubiera sido más sencillo no paralizarse. Acercarse y saludar. Ser ella misma. ¿Para qué me sirve bloquearme?, ¿que gano cuando me paralizo?

¿Qué es una mentira?, ¿y muchas mentiras?, ¿se pueden clasificar?, ¿en qué se diferencian las mentiras piadosas, las cobardes, las manipuladoras, las incompletas, ¿para qué sirven?, ¿qué hay detrás de ellas?, ¿son más grandes las mentiras ajenas o las propias cuando me autoengaño?… ¿Que hago yo con ellas?

 

leon

Se preguntaba como regresar. Salir de aquel abismo. Tenía que pisar sobre su suelo más seguro para ver más allá. Ensanchar sus horizontes y sentir su poder. Mirar con claridad. Aceptar las sombras que nos hacen humanos, las miserias que nos conforman, las ilusiones efímeras. ¿Qué hacer con todo eso?

Se sentó al volante de su coche, y enfiló la autopista. Conducía despacio hacia la cuidad. Hacia el anonimato, hacia sí misma. El ocaso otoñal pintaba de colores el cielo urbano. Había belleza en aquel perfil de torres y asfalto.

Los panecillos de colores habían perdido su gracia. La caja de las sorpresas se abrió y el cuidadoso envoltorio carecía de sentido. Todo fue en vano. Una ilusión flotando a merced de la brisa incierta. Los corazoncitos de papel se derramaron por el suelo. Sintió el cansancio de un día largo. Metió los bombones en agua  y se comió las flores

 

Yolanda Jiménez

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