Sexualidaad desde el yo: más allá del coitocentrismo

La sexualidad entendida como una dimensión  importante de la vida, nos sitúa en un lugar integrador. Desde ahí podemos equilibrar nuestra salud (emocional, psicológica, física…) como un tandem. Podemos investigar, y contrastar la sexualidad con respecto a determinadas Culturas, religiones, a los cambios sociales o económicos, a la dinámica actual de las tendencias mundiales. Como parte de uno mismo, es una parcela en movimiento constante. Su propia naturaleza está conectada con la intimidad privada, lo emocional y lo afectivo. Es importante que  prestemos a nuestra sexualidad, la atención que merece  y la situemos en un lugar destacado de nuestra vida.

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A continuación comparto un artículo de Laura Cámara “Vaginas precoces para eyaculadores precoces” que me parece interesante como reflexión acerca de como nos relacionamos a través de la sexualidad:

 

Ya sabemos que el coito es una practica demasiado extendida. Cualquier sexólogo/a nos dirá que vivimos en un modelo de sexualidad coitocentrista y masculino, donde se justifica y se utiliza el coito como practica estrella.

Yo sostengo esto, y además digo que los coitos demasiado largos molestan e incluso duelen. No son pocas las mujeres que sienten escozor y dolor después de las relaciones sexuales. Nuestras vaginas no necesitan tantas embestidas. El coito nos puede gustar, sí, pero no hace falta estar 30 minutos dale que te pego. Es habitual que la excitación disminuya y la lubricación escasee. Así que escucha, lo digo bien alto:

Un coito demasiado largo cansa, aburre, molesta y duele. ¡Despertemos, que esto es la vida real! ¡Esto no es porno!

 

Mi teoría es que las mujeres hemos aprendido a modular nuestras prácticas sexuales y aguantamos coitos largos porque, en este modelo de sexualidad, es lo que se espera o lo que impera. Pero mi teoría es que las mujeres tenemos vaginas precoces para eyaculadores precoces. Esto funciona muy bien para la procreación, pero muy mal para el placer.

¿Sabían ustedes que la eyaculación precoz es una disfunción sexual muy reciente? Antes, si los hombres eyaculaban pronto o tarde no le importaba a nadie. Antes de los años 70, los hombres eyaculaban cuando les daba la gana y no se les ocurría cuestionar su sexualidad en función de lo rápido o lento que eyaculaban. Es más, solía ser un signo de hombría poder eyacular sin dificultad.

Eso no era más que un reflejo de esa supremacía masculina y de lo poco que se tenía en cuenta a las mujeres y su sexualidad. Signo inequívoco de “machoman”. Porque, simplemente, las mujeres eran cuerpos que ni sentían ni padecían, y que sólo se utilizaban a modo de disfrute y descarga. Y para concebir, claro.

Los hombres eyaculan rápido porque todos los mamíferos eyaculan rápido. El hombre es eyaculador rápido por naturaleza (algo menos que un conejo, pero rápido al fin y al cabo). A partir de los años 70, con la revolución sexual de la mujer, cuando aparecen los anticonceptivos que permiten desvincular la sexualidad femenina de la reproducción, y con la reivindicación de la mujer de su derecho al placer, las cosas cambian.

¿Por qué? Porque a partir de ese momento, (¡atención!) las mujeres no sólo disfrutan, sino que exigen disfrutar. La vagina se convierte (erróneamente) en el centro del placer femenino. Los orgasmos vaginales se ponen en cabeza de los orgasmos femeninos. El clítoris sigue siendo el gran desconocido. Y el placer femenino sigue vinculado a las relaciones de pareja, heteronormativo y coital.quedate

Es la época en la que el famoso endocrino Gregorio Marañón se cubrió de gloria diciendo esta frase que queda para la posteridad de las “cagadas” sexuales:

“No existe mujer frígida, sino hombre inexperto”.

A partir de ahí, las mujeres se convierten en algo así como “deficientes sexuales”, que necesitan de un hombre habilidoso y capaz para conseguir orgasmos. Nadie habla de masturbación, de clítoris, de otras practicas sexuales o de homosexualidad. Y encima se corre el rumor de que la mujer es muy lenta en sus orgasmos. Así que se llega a la conclusión de que necesitamos mucha penetración, muuucho coito, para conseguir orgasmos.

Así que los hombres se empiezan a ver responsables del ya obligatorio placer femenino. Siempre a través del coito. Y como se dice que somos tan lentas, pues coitos largos. Empezará a ser un fracaso para el hombre no aguantar con la penetración hasta conseguir que la mujer consiga su orgasmo (vaginal, claro).

Todo esto es para llegar a donde quiero llegar: conozco muchas mujeres (amigas, conocidas, pacientes…) que consideran excesivo el tiempo de penetración. Que se notan escocidas y con dolor después de las relaciones coitales. Quizá no les ha pasado desde siempre. Quizá es a partir del parto, de la menopausia, de un periodo de más estrés, etc. Notan dolor cuando la penetración es demasiado larga, pero a la vez creen que su pareja se esfuerza para alargar el coito.RELOJ MUJER

Así que:

  1. Si no necesitas tanto coito, dilo. No te quedes aguantando embestidas si no es lo que quieres. Y menos si te duele. Sal de ese “cículocoital”.
  2. Ahí va mi teoría de vaginas para eyaculadores precoces: si los hombres eyaculan rápido por naturaleza, quizás las mujeres tengamos vaginas preparadas para coitos rápidos. No es que no necesitemos coitos largos, es que nos sobra, lo mires por donde lo mires.

 

Vamos a dejar de vivir en este absurdo de sexualidad para el otro. Pero, además, sin que el otro lo necesite. Toda una paradoja, desde luego.

Permitidme un atrevido consejo: chupa, lame, toca, besa, roza, abraza, cosquillea, envuelve…todo lo que puedas. Penetra sólo lo justo. No tenemos la vagina para tanta feria.

 

Publicado en:  www.huffingtonpost.es

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. yolandajimenezgar
    Abr 13, 2016 @ 14:06:14

    Con enorme gratitud, comparto aquí el comentario de un lector que me llegó al correo:

    “Tras leer tu última entrada, si me permites comentarte mi punto de vista, pienso que lo ideal sería que el acto del coito soslayara su conceptualización como penetración por las connotaciones posesivas que conlleva. Pero, de hecho, la realidad desgraciadamente me quita la razón en cómo se entiende y practica muchas veces. Pienso que debería ser más una caricia, una caricia profunda y deliciosa, eso sí, pero sobre todo mutua y compartida. Puede que sea la caricia más procaz, la más íntima, la más sexual, seguro, pero, por desgracia, ni siquiera a veces es la más sensual, y sí que debería serlo también. Para mí, el hacer el amor es mucho más que el coito pero este yo lo veo como que el lingam erecto del hombre no penetra, en su peor sentido posesivo, sino que más bien, tras todos los preámbulos que posibilitan que esta caricia interior se desee por ambos, el pene se abre poco a poco camino, delicadamente, entre los labios de la vulva y entra con deseo de adorar el yoni de la amada, de hacer sentirse en toda su plenitud como lo que es, al igual que el yoni, órganos voluptuosos y complementarios del placer mutuo; se adentra lleno de deseo en el mejor sentido posible, porque desea mimar y acariciar deliciosamente la vagina en su totalidad, combinando caricias múltiples, unas superficiales apenas con el glande frotando poco más allá de la entrada, otras completas y profundas, circulares a veces, presionantes otras, o simplemente permaneciendo estático, haciéndose presente sin más; pero el yoni también actúa, no es pasivo, porque acaricia, acoge y abraza plenamente la calidez del pene excitado en su interior. Es pues, debería ser, una caricia recíproca, y como tal, mejor que sea lenta, minuciosa, sentida en los detalles, como cualquier otra caricia sensible, mantenida y consciente para el goce de ambos, una sublime caricia tántrica, no una vulgar y precoz penetración.

    Sobre la unión sexual y su peligro de convertirse en algo totalmente egocéntrico, me gustaría expresar, aunque sea difícil con palabras, sus aspectos más positivos como forma de utilizar la comunicación íntima y la energía sexual para vivir la capacidad de sentir que es lo que engloba el concepto de caricia. Aunque eso no quita punto ni coma en lo que el artículo que adjuntas comenta. Si el coito se vive mal, mejor decirlo, por supuesto, hay que vivir la sexualidad, ante todo, en primera persona y, desde luego, va mucho más allá del acto del coito así que…a explorar todas las posibilidades que de forma tan gráfica la autora refleja en su último consejo: “chupa, lame, toca, besa, roza, abraza, cosquillea, envuelve…todo lo que puedas. Penetra sólo lo justo”. Aunque un pero: ¿de verdad “El clítoris sigue siendo el gran desconocido”(sic)? ¿Tan burdos y simples seguimos siendo la mayoría de nosotros?

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