La alquimia de los cuatro elementos

La Tierra, Gaia o Hathor, es la diosa Madre, siempre creadora, fecunda, femenina, más poderosa que la fuerza masculina que quiere penetrarla en busca de piedras preciosas, aceite y combustible, -a la búsqueda de su secreto-. ‘Pero la verdadera Tierra es pura y se encuentra en el verdadero cielo y, del cielo que comúnmente llamamos éter, nuestra Tierra es el sedimento’, dice Platón en Fedón. La Tierra lleva la vida, pero también es el lugar donde ‘el polvo regresa al polvo’. Es la Madre original que transmuta para nosotros la fuerza solar y la hace accesible. ¡Es omnisciente, también aprendes de ella la paciencia y la perseverancia!
Durante miles de millones de años, agua y tierra obraron juntas hasta que la vida se volvió posible. Unicelular, mínima: no unida a un lugar preciso, siempre en movimiento, el comienzo de la existencia. Misterio más profundo: una concentración siempre creciente, una densificación de la no-conciencia ¡devino el «ser»! Por la acción del fuego, de las lluvias, de los vientos, aprendieron los elementos un concepto fundamental de «ser»…

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«Lo mismo que nuestra alma, que es aire, nos mantiene unidos, así envuelven el gran Aliento y el aire el mundo entero», decían los antiguos filósofos griegos. Los herméticos veneraban el aire como «Pneuma». Este soplo vital del Espíritu es llamado también «Ruach» o incluso Espíritu Santo, la inspiración suprema. Juan lo define así: «el Espíritu sopla donde quiere. Oiréis su voz, pero no sabréis ni de dónde viene ni a dónde va». Es la energía espiritual que dura para siempre, que el Todo-en-Uno nos envía, el infinito, lo único, eternamente libre.
El fuego es «la llama de la vida», la chispa de toda Vida en la naturaleza. Es la unidad de todas las cosas que sólo se puede captar con el espíritu. El «fuego» es el nombre simbólico de la vida única, plena de alma, que camina hacia la comprensión plena del Todo Único, del Creador.
Según la enseñanza de la antigua sabiduría, todo lo que es materia encuentra su término por el fuego, la espiritualización.

Nadie puede decir cuándo ocurrirá; pero cuando la lluvia, el viento y el fuego consuman todo lo antiguo para dejar sitio al verdadero cielo-tierra, entonces, como dice Platón: «No os aferréis, sino mantened el corazón abierto y preservad la realeza interior, Dios en el ser humano».


Fuente: Revista Pentagrama 3-2012. Fundación Rosacruz.

 

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