El Budismo y Borges

Cuando Borges navegó los causes mitológicos o históricos, generalmente sus destinos fueron tierras reveladoras. Visto en retrospectiva, sin importar si las aguas se llamaron el Islam, las culturas escandinavas, los griegos o el cristianismo, con el argentino al timón la exploración fue más que util y rentable.

Tomando el Teatro Coliseo de Buenos Aires como escenario, Borges dictó en 1977 un ciclo de conferencias titulado Siete Noches. En cada sesión abordó un tema distinto que tres años después conformarían un libro con el mismo nombre. Una de sus siete noches, la cuarta, la dedicó al budismo.

 

COLOR FLORES

Tras advertir que eludiría una buena porción del inabarcable horizonte budista, la charla se concentró en algunos aspectos de la doctrina que podríamos calificar como esenciales, en la medida que se comparten por todas sus corrientes. También rememoró la leyenda del Buddha, Siddharta Gautama, axis narrativo de esta tradición y, después de ahondar con ligereza en el zen, concluyó con un vistazo al nirvana.

Recojo algunas de las premisas más notables que el autor de “El Alephabordó aquella noche del 6 de julio (no sin antes invitar a la lectura íntegra de su conferencia, la cual puede encontrase aquí).

.

Tolerancia y Fe

Al comienzo de su exposición, Borges hace hincapié en la longevidad de esta tradición, que más allá de circunstancias históricas atribuye a dos cualidades fundamentales del budismo.

En primer lugar, la tolerancia. “El budismo siempre fue tolerante […] No ha recurrido nunca al hierro o al fuego, nunca ha pensado que el hierro o el fuego fueran persuasivos”. Este aspecto contrasta con la mayoría de las grandes religiones que históricamente han cultivado en la intolerancia su mayor incongruencia.

En segundo lugar está la fe, motor básico de cualquier doctrina espiritual pero que en el caso budista exige una particular constancia y entrega cotidiana. De hecho, en el budismo la fe se ejerce a tal punto que, refiere Borges, incluso existen meditaciones enfocadas en dudar de la existencia del Buda. Y precisamente porque la fe es tan palpable aquí, y está tan incorporada a la práctica, que el budismo puede darse el lujo de la tolerancia. Es decir, debido a que no es una filosofía de ninguna manera excluyente y que no intenta imponerse, entonces jamás se siente amenazada.

 .

Transmigración y karma

Este binomio resulta particularmente inquietante para Occidente. Su entendimiento o virtual aceptación ponen con frecuencia en jaque al pensamiento occidental. Sin embargo, el karma, dice Borges, es una figura recurrente en la literatura y la filosofía occidentales –aunque tal vez de forma más arquetípica que consciente–. Desde Pitágoras y Platón, hasta Rubén Darío y Dante Gabriel Rossetti, esta especie de destino pre-voluntario merodea el imaginario.

Lo esencial es que creamos que nuestro destino ha sido prefijado por nuestro karma o karman. Si me ha tocado nacer en Buenos Aires en 1899, si me ha tocado ser ciego, si me ha tocado estar pronunciando esta noche esta conferencia ante ustedes, todo esto es obra de mi vida anterior. No hay un solo hecho de mi vida que no haya sido prefijado por mi vida anterior. Eso es lo que se llama el karma. El karma, ya lo he dicho, viene a ser una estructura mental, una finísima estructura mental.

 .buda1

Sobre el zen

La zen, como la llama Borges, es una rama del budismo, particularmente del Mahayana. Surgió en China de la mano del monje indio Bodhidharma, y de ahí se propagó a otras regiones de las cuales Japón se consagraría como su meca.

Evidentemente el zen es la escuela que Borges favorece de entre todas las ramas budistas; incluso la considera como la más genuina (junto con el tronco común):

Yo tengo para mí que si hay dos budismos que se parecen, que son casi idénticos, son el que predicó el Buddha y lo que se enseña ahora en la China y el Japón, el budismo zen. Lo demás son incrustaciones mitológicas, fábulas. Algunas de esas fábulas son interesantes.

Para finalizar sus comentarios sobre el zen, y tras reflexionar sobre algunos de sus preceptos más notables, el argentino realza una fascinante herramienta del zen: la sinrazón intuitiva como vehículo para alcanzar la iluminación, para “llegar a la verdad por una intuición brusca, mediante una respuesta ilógica” y así consumar el satori.

 .

El nirvana

Este es uno de los conceptos más atractivos alrededor del budismo. De hecho, como señala Borges, el nirvana es una de las razones por las que la tradición budista ha generado tal interés en Occidente.

El nirvana no solo podría percibirse, aunque quizá incorrectamente, como el fin último de la práctica, sino que para los “externos” se presenta como una suerte de paraíso. Solo que a diferencia de los paraísos cristiano o islámico, el nirvana no implica estímulos externos –ni prístinas praderas ni angelicales mujeres–, sino que se refiere más a un estado del ser que, a la vez, le trasciende.

¿Qué significa llegar al nirvana? Simplemente, que nuestros actos ya no arrojan sombras. Mientras estamos en este mundo estamos sujetos al karma. Cada uno de nuestros actos entreteje esa estructura mental que se llama karma. Cuando hemos llegado al nirvana nuestros actos ya no proyectan sombras, estamos libres.

 .COLORES

La practica como vehículo de salvación

Luego de reflexionar sobre esta tradición, aprovechando la introducción que Borges nos legó aquella noche, podríamos afirmar que el budismo es mucho más práctica que creencia; es tejer una red de actos en el tiempo-espacio hasta dar vida a un camino que, con un poco de búdica suerte, nos permitirá liberarnos. ¿De qué? De la flecha (que es “todo aquello que llevamos clavado”, desde nuestra concepción del universo hasta la idea del yo. Es la ilusión que abraza nuestra realidad hasta el momento en que despertamos).

El budismo tiene generosas lecciones para el resto de nosotros, sin importar el credo que profesemos. Su apertura, tolerancia e inclusión, su “practicidad trascendental”, hacen de esta tradición un valioso instrumento que privilegia la disciplina tanto como, al menos en esencia, rehúye al dogma. Y concluye Borges:

Para mí el budismo no es una pieza de museo: es un camino de salvación. No para mí, pero para millones de hombres. Es la religión más difundida del mundo y creo haberla tratado con todo respeto, al exponerla esta noche

Por:@paradoxeparadis  www.faenaaleph.com

 

Video documental: “La vida de Buda”:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: