El filósofo y el barquero. Un cuento universal

Un cuento que he escuchado a mi padre muchas veces en preciosas conversaciones, al ritmo sosegado de la Naturaleza. Mientras él cultiva con mimo su huerto y yo le

CHOPOS

“Chopos”. Yolanda Jiménez

acompaño. A veces me permite que le ayude según sus instrucciones. Animado por la parsimonia de un tiempo único, me cuenta anécdotas, vivencias, inquietudes. Mi interés crece mientras sus ojos brillan y motivado quizá por sus propios recuerdos, me transmite la pasión por vivir, por experimentar. Tanta sabiduría de vida adereza el momento de descanso. Cobijados bajo la sombra de un altivo chopo, charlamos y reímos en el breve estío castellano.  Comprender y aceptar agrandan su significado. Y la plenitud de lo sencillo me colma de un gozo exquisito.


Hoy encontré este mismo cuento, atribuido a los Vedas (Upanishad). Veda significa conocimiento. Existe siempre. No tiene principio ni final. Se hace referencia a ellos como an-anta, sin final, porque es sonido sagrado, sustentador y benéfico. Es sólo para ser experimentado. No puede ser limitado ni comunicado. Por ello es una maravilla, una fase de experiencia personal sin precedente para cada cual.” – Baba – 
FLOR CALABACÍN

“Flor de calabacín”. Yolanda Jiménez

Había una vez un filósofo muy docto que había llegado a dominar todos los Vedas y los Sastras. Un buen día hubo de viajar hacia una aldea vecina. En el camino debía abordar una barca para cruzar un río. Como pasatiempo, comenzó a hacerle preguntas al barquero. “¿Puedes saber la hora consultando un reloj?”, fue una de las primeras. El simple barquero le contestó que no. Ante esta respuesta, el arrogante filósofo se rió despectivamente y le indicó al pobre hombre que el no saber esto era como haber desperdiciado al menos un cuarto de su vida en el río.
La segunda pregunta se refirió a si sabía leer un periódico. Cuando el barquero confesó que era analfabeto, el orgulloso filósofo se burló de él y le dijo que ya llevaba media vida desperdiciada en el río. A continuación le preguntó si sabía cantar alguna canción y, al recibir nuevamente una respuesta negativa, le dijo con desprecio al simple botero que, por así decir, tres cuartas partes de su preciosa vida se las había llevado el río. Entretanto, el cielo había empezado a cubrirse de nubes amenazadoras y comenzó a soplar un fuerte viento. Desatándose una terrible tormenta, el bote comenzó a ser sacudido de uno a otro lado por las olas cada vez más altas. El barquero le preguntó entonces al arrogante filósofo: “¿Sabe nadar, señor? Si no sabe, el total de su vida habrá sido desperdiciado”. El desventurado filósofo no sabía nadar. Toda su pedantería y su erudición no sirvieron para poderlo rescatar en ese momento de necesidad y fue arrastrado por el torrente. El barquero analfabeto, en cambio, que sabía nadar como un pez, cruzó el río y llegó a la orilla a salvo.

 

“¡Oh necio ignorante!¡Canta el nombre de Govinda!¡Tu conocimiento de la gramática no te ayudará en la hora de la muerte!”, dijo el gran santo filósofo Sankara. Todo nuestro conocimiento enciclopédico y nuestra profunda erudición nada podrán hacer para rescatarnos de la certeza de la vida y la muerte.
– Sri Sathya Sai Baba
Lluvias de Verano, VI

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