Sexting: el texto sexual en la actualidad

Una de las formas del arte en la era de la comunicación móvil es el texteo sexual, mejor conocido como sexting. El inconveniente  es que mucha  gente no tiene dotes de artista y entonces se convierte en una incómoda y torpe conversación que puede llegar a ser demasiado sucia o demasiado cursi. En el sexting todo está en la sugerencia; el mensaje debe ser más tentador que gráfico. Para facilitar la buena erótica del texto, siempre podemos subirnos a hombros de algunos de los grandes poetas sugestivos, entre ellos Pablo Neruda, García Lorca y E. E. Cummings.

 

Quiero celebrarte llenándome con tu nombre la boca, comiéndote.

Oda a la manzana”, Pablo Neruda.

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Me gusta mi cuerpo cuando está con tu cuerpo. Es algo tan nuevo.

I Like My Body When It Is With Your”, E. E. Cummings.

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Te espero como casa sola y volverás a verme y habitarme. De otro modo me duelen las ventanas.

“Soneto LXV”, Pablo Neruda

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“hay entre mis piernas una nítida ciudad, cuando me tocas, surge la Primavera en esa ciudad”.

vii”, E. E. Cummings

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Vengo a consumir tu boca y arrastrarte del cabello en madrugada de conchas.

“Lucía Martínez”, Federico García Lorca.

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El miedo como estrategia de manipulación

En estos días en los que tanto se habla de virus mortiferos, pandemias y contagios, merece la pena una reflexión sobre el miedo. Utilizado por los medios de comunicación (al servicio del poder burócrata y político), como herramienta de manipulación social. Comparto un interesante articulo sobre este tema.

El miedo y sus usos políticos puede servir para entender muchas de las cosas que pasan en este mundo que habitamos, el miedo tiene poder para cambiar el mundo, como también lo tiene la esperanza. El miedo es un instrumento sumamente poderoso que el neoliberalismo (que es sin duda mucho más que una teoría económica) lleva alentando y manejando desde hace mucho tiempo, como uno de los marcos de interpretación clave para entender la realidad y definirla (Lakoff).

 

El escritor alemán Nemeitz publicó en 1718 un libro sobre París con “instrucciones fieles para los viajeros de condición”. Uno de sus consejos es el siguiente: “No aconsejo a nadie que ande por la ciudad en medio de la negra noche. Porque, aunque la ronda o la guardia de a caballo patrulle por todo París para impedir los desórdenes, hay muchas cosas que no ve… El Sena, que cruza la ciudad, debe arrastrar multitud de cuerpos muertos, que arroja a la orilla en su curso inferior. Por tanto, vale más no detenerse demasiado tiempo en ninguna parte y retirarse a casa a buena hora”. Nuestros temores, nuestras pesadillas, tienen siempre una carga histórica y contextual y han sido siempre un arma política de primer orden.

El miedo actual es, sin embargo, un miedo líquido, difuso, en expresión de Zygmunt Bauman, y nos trasmite que lo mejor es esconderse sin un plan de respuesta claro porque no tenemos claras las amenazas. Dejadnos llevar las riendas, nos avisan, porque contra temores poco tangibles es difícil combatir.

La táctica ha estado ahí siempre. El miedo, una emoción básica que nos paraliza o nos llama a la acción, es también una construcción socio cultural intencionada. Aprendemos a través de los demás qué debe producirnos terror y cómo responder al mismo. Y por eso los que son capaces de señalar cuáles deben ser nuestros desasosiegos pueden fabricar a su antojo el “antídoto salvador”.

 

Pero en la actualidad vivimos una época de recrudecimiento de esta estrategia. En los últimos años, la crisis económica ha ayudado a los asustadores profesionales a amedrentarnos hasta la parálisis, infundiendo un temor abstracto a los otros, a los extranjeros, al gasto público, al terrorismo y la inseguridad. Naomi Klein nos recuerda en La doctrina del shock que, para los pensadores neoliberales, toda crisis (real o percibida) es una oportunidad para aplicar sus políticas de ajuste. Paralizados por nuestras pesadillas, damos por bueno lo que en otras circunstancias nos resultaría inaceptable. Atemorizados, nos convertimos en personas individualistas, mucho más manipulables porque dividiendo es más fácil convencer. Olvidamos ayudar a los demás y nos quedamos solos convirtiéndonos en individuos mucho más vulnerables.

Al igual que el texto proponía a los ciudadanos no salir de casa, los gobernantes actuales nos aconsejan sumisión. Nos quieren divididos, aplicando la estrategia de “sálvese quien pueda”, centrados en lo que nos diferencia y olvidando lo que nos une, dispuestos a renunciar a elementos clave de nuestra libertad en pro de la ansiada seguridad.

Un miedo amplificado por los medios de comunicación que agrandan las narrativas del miedo; la mayor de ellas la del terrorismo internacional, pero también la del miedo al inmigrante o al diferente, el miedo económico, el miedo a la violencia. Un miedo que nos sitúa en una sociedad del riesgo (Beck), un miedo global y globalizado, de sociedades violentas, en el que, todos asustados, tenemos que combatirnos, que salvarnos como podamos, sin fiarnos los unos de los otros, defendiéndonos de amenazas intangibles pero constantes, el mundo está en guerra permanente, las amenazas se relevan entre sí, son difusas, no se someten al discurso de la lógica.

Ya no tratan de ilusionarnos con grandes utopías: sólo se postulan para salvarnos de nuestros temores. En palabras de Eduardo Galeano: “Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo. Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo. Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida… Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar, miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo a morir, miedo a vivir” Es el tiempo del miedo globalizado.

 

Pero no van a conseguir meternos miedo porque los efectos paralizadores de esa táctica se diluyen muy rápidamente: en cuanto los ciudadanos nos sacudimos el polvo del miedo, salimos a la calle a airear nuestras ilusiones. Los avisos de Nemeitz no fueron obstáculo para que el París de esa época se convirtiera en el centro del Siglo de las Luces, una de las épocas más revolucionarias y esperanzadoras de la historia de la humanidad.

El miedo se combate con información, se combate enfrentándose al mismo, se enfrenta en primer lugar decidiendo mirarle a los ojos; las advertencias de los traficantes de miedo no impedirán que el impulso de movimientos como el 15-M nos recuerden que, aunque a unos pocos les beneficie el terror, la esperanza es para el ser humano la estrategia conjunta más adaptativa. “Sin trabajo, sin futuro, sin casa, sin miedo” nos recuerdan señalando lo subversivo y movilizador de perder el miedo.

Por: José Guillermo Fouce.Doctor en Psicología y profesor de la Universidad Carlos III

http://blogs.publico.es/

 

Elogio de la lentitud

“Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir.
Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo,
pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida.”

“Hoy todo el mundo sufre la ENFERMEDAD DEL TIEMPO:
la creencia obsesiva de que el tiempo se aleja y
debes pedalear cada vez más rápido”

“La velocidad es una manera de no enfrentarse a lo que le pasa a tu
cuerpo y a tu mente, de evitar las preguntas importantes…
Viajamos constantemente por el carril rápido, cargados de emociones,
de adrenalina, de estímulos, y eso hace que no tengamos nunca el tiempo
y la tranquilidad que necesitamos para reflexionar y preguntarnos
qué es lo realmente importante.”

“La lentitud nos permite ser más creativos en el trabajo,
tener más salud y poder conectarnos con el placer y los otros”

“A menudo, TRABAJAR MENOS significa trabajar mejor.
Pero más allá del gran debate sobre la productividad
se encuentra la pregunta probablemente más importante de todas:
¿PARA QUÉ ES LA VIDA?

“Hay que plantearse muy seriamente
A QUÉ DEDICAMOS NUESTRO TIEMPO.
Nadie en su lecho de muerte piensa: “Ojalá que hubiera pasado más
tiempo en la oficina o viendo la tele”, y, sin embargo, son las cosas
que más tiempo consumen en la vida de la gente.”

– Carl Honoré –

 

Nos prometieron que la tecnología trabajaría por nosotros y que seríamos más felices, pero hay estadísticas que demuestran que trabajamos 200 horas más al año que en 1970 y la insatisfacción vital y la velocidad definen nuestro tiempo.

Carl Honore, el guru anti-prisa y autor del éxito mundial “Elogio de la lentitud” de RBA, nos ofrece en su libro y en esta entrevista una excelente radiografía de los males de nuestra sociedad y el remedio para sanarla: la FILOSOFÍA SLOW, simplemente reducir la marcha y buscar el tiempo justo para cada cosa.

 

En este vídeo Carl Honoré afirma que no estamos ante una moda de ejecutivos estresados o de clases acomodadas, sino que es un cambio histórico que no entiende de fronteras ni diferencias sociales y económicas.

Lo mismo que defendemos el decrecimiento económico porque el nivel de consumo actual es insostenible en un planeta finito y sólo genera injusticias y degradación del medio ambiente, debemos aplicar los mismos principios en las personas. DECRECER EL RITMO DE VIDA para no degradarmos nosotros mismos.

La hiperactividad actual nos lleva a vivir por inercia, dedicando toda nuestra energía a metas externas que se oxidan con el paso del tiempo y olvidando las cosas importantes de la vida.

Somos esclavos de los horarios, del ruido, del consumo, de la hipoteca y de lo que se espera de nosotros, y eso equivale simplemente a sobrevivir pero no a vivir consciente y responsablemente.

Leer a Honoré es como respirar aire fresco.

Su filosofía actualiza los conceptos clásicos de cualquier tradición espiritual sobre la importancia del ser en vez del tener y del aquí y ahora, pero él, además, tiene el mérito de haber popularizado y teorizado con rigor sobre le vida slow y la LENTITUD que se consideraban “cosas de vagos”.

Carl Honoré denuncia la cultura de la prisa y sus consecuencias, la falta de paciencia, la hiperestimulación, la superficialidad, la multitarea (“abarcar mucho y apretar poco” ), y defiende la lentitud, saborear los momentos y sobre todo, priorizar en la vida.

“Lo que denuncio no es la rapidez en si misma, sino que vivimos siempre en el carril rápido y hemos creado una cultura de la prisa donde buscamos hacer cada vez más cosas con cada vez menos tiempo, que hemos generado una especie de DICTADURA SOCIAL que no deja espacio para la pausa, para el silencio, para todas esas cosas que parecen poco productivas. Un mundo tan impaciente y tan frenético que hasta la lentitud la queremos en el acto.”

“La velocidad en si misma no es mala. Lo que es terrible es poner la velocidad, la prisa en un pedestal…Al principio era sólo el terreno laboral pero ahora ha contaminado todas las esferas de nuestras vidas, como si fuera un virus: nuestra forma de comer, de educar a los hijos, las relaciones, el sexo… hasta aceleramos el ocio. Vivimos en una sociedad en que nos enorgullecemos de llenar nuestras agendas hasta límites explosivos”

Y las críticas y propuestas de Carl Honoré se sintetizan muy bien en esta entrevista de La Contra de la Vanguardiadel 6-2-2005 titulada “Hemos perdido la capacidad de esperar“:

Tengo 37 años. Nací en Edimburgo, vivo en Londres y fui criado en Canadá. Estoy casado y tengo dos hijos de seis y tres años. Soy licenciado en Historia Moderna. Ejerzo de periodista, he trabajado para ‘The Globe and Mauil’, ‘Nacional Post’, ‘The Guardian ’ y ‘The Economist’. Soy de centroizquierda. Creo que hay algo más allá del hombre y de la experiencia que tenemos en esta vida. Acabo de publicar en España ‘Elogio de la lentitud’ (RBA), que se ha traducido ya a 15 idiomas.

No es necesario que salgas de tu cuarto. Quédate sentado a tu mesa y escucha…”
“…No escuches siquiera, limítate a esperar. No esperes siquiera, permanece inmóvil y solitario. El mundo se te ofrecerá libremente para que lo desenmascares. No tiene elección. Girará arrobado a tus pies”. Así expresó Franz Kafka lo que ya había dicho Platón, que la forma superior del ocio era permanecer inmóvil y receptivo al mundo.

¿Nada más lejos de nuestros conceptos actuales?
Estamos atrapados en la cultura de la prisa y de la falta de paciencia. Vivimos en un estado constante de hiperestimulación e hiperactividad que nos resta capacidad de gozo, de disfrutar de la vida, de acceder al placer que uno puede hallar en su trabajo, en las relaciones humanas o en la comida.

Entonces, ¿nos hemos quedado sin placeres cotidianos?
Somos muy superficiales, no profundizamos en esas cosas, si no le aseguro que cada mediodía nos buscaríamos una agradable terraza en la que comer al sol o un restaurante que nos ofrezca nuestra comida casera preferida. Pero optamos por alimentarnos sin disfrutar ¡porque tenemos mucho trabajo! El consumo de drogas en las empresas estadounidenses ha aumentado un 70% desde 1998, estimulantes para rendir más y más.

¿Y cree entonces que la lentitud es la solución?
La lentitud nos devuelve una tranquilidad y un ritmo pausado que nos permite ser más creativos en el trabajo, tener más salud y poder conectarnos con el placer y con los otros. Hay que reaprender el arte de gozar si queremos ser felices.

“Quien se interesa exclusivamente por la búsqueda del bienestar mundano -decía Tocqueville – siempre tiene prisa, pues sólo “dispone de un tiempo limitado para asirlo y disfrutarlo”.
Tratamos de amontonar tanto consumo y tantas experiencias como nos sea posible. No sólo deseamos una buena profesión, sino también seguir cursos de arte, ejercitarnos en el gimnasio, leer todos los libros de las listas de los más vendidos, salir a cenar con los amigos, ir al cine, comprar los adminículos de moda, tener una satisfactoria vida sexual…

¿Y le parece mal?
El resultado es una corrosiva desconexión entre lo que queremos de la vida y lo que, de una manera realista, podemos tener, lo cual alimenta la sensación de que nunca hay tiempo suficiente.

La rapidez, ¿produce rabia?
Es una de las consecuencias de vivir acelerado. La rabia flota en la atmósfera: rabia por la congestión de los aeropuertos, por las esperas, por las aglomeraciones en los centros de compras, por las relaciones personales, por la situación en el puesto de trabajo, por los tropiezos en las vacaciones. Todo objeto inanimado o ser viviente que se interpone en nuestro camino, que nos impide hacer exactamente lo que queremos hacer cuando lo queremos hacer, se convierte en nuestro enemigo. Hemos perdido la capacidad de esperar. La cultura de la gratificación instantánea es muy peligrosa.

 

¿Cuándo nació la enfermedad del tiempo?
El término lo acuñó un médico estadounidense en 1982, Larry Dossey, para denominar la creencia obsesiva de que el tiempo se aleja, no lo hay en suficiente cantidad, y debes pedalear cada vez más rápido para mantenerte a su ritmo. Hoy, todo el mundo sufre esa enfermedad.

La rapidez es dinero
Estamos pasando de un mundo donde el grande se comía al chico a otro donde el rápido se come al lento, dijo Klaus Schwab, presidente y fundador del Foro Económico Mundial. La importancia de la rapidez en la vida económica es infernal hoy día y eso no lo podemos cambiar, pero sin equilibrio no podremos sobrevivir mucho tiempo.

Sí, pero los rápidos son más productivos.
Los expertos coinciden en que el exceso de trabajo acaba por ser contraproducente. Según la Organización Internacional del Trabajo, los británicos pasan más tiempo en el trabajo que la mayoría de los europeos y, sin embargo, tienen una de las tasas de productividad por hora más bajas del continente. A menudo, TRABAJAR MENOS SIGNIFICA TRABAJAR MEJOR. Pero más allá del gran debate sobre la productividad se encuentra la pregunta probablemente más importante de todas: ¿para qué es la vida?

Algún día nos cansaremos de vivir en la oficina.
En un estudio reciente llevado a cabo por economistas en la Universidad de Warwick y el Dartmouuth College, el 70% de las personas encuestadas en 27 países expresó su deseo de un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida privada. Los directores de personal del mundo industrializado informan que los aspirantes jóvenes han empezado a formular preguntas que habrían sido impensables hace 10 o 15 a ños: ” ¿Puedo salir de la oficina a una hora razonable por la tarde?”

Los grandes hombres siempre han dedicado tiempo a pensar en las musarañas.
Un reciente estudio de la NASA ha revelado que mantener los ojos cerrados durante 24 minutos obra maravillas en la atención y el rendimiento de un piloto. Y sí, muchos de los personajes históricos más vigorosos y triunfadores han sido inveterados partidarios de la siesta: John F. Kennedy, Thomas Edison, Napoleón Bonaparte, John Rockefeller, Johannes Brahms…

Pero los intelectuales y los pseudointelectuales de hoy día tienen respuestas inmediatas para todo.
En vez de pensar en profundidad, ahora gravitamos de manera instintiva hacia el sonido más cercano. Las mentes mediáticas a las que hoy escuchamos realizan análisis inmediatos de los
acontecimientos en el mismo momento en que se producen, y con frecuencia se equivocan, pero eso apenas importa: en el país de la velocidad, el hombre que tiene la respuesta inmediata es el rey. Pero ya Gandhi decía que en la vida hay algo más importante que incrementar su velocidad.

Puede que la rapidez sea nuestra manera de evadirnos.
La velocidad es una manera de no enfrentarse a lo que le pasa a tu cuerpo y a tu mente, de evitar las preguntas importantes. La gente tiene miedo a abrazar la lentitud, existe un prejuicio muy arraigado. Lento es sinónimo de torpe, lerdo, perezoso. Pero creo que hay mucha gente en un brete, porque por un lado le parece obvio que debe cambiar su ritmo y, por el otro, la sociedad le manda un bombardeo de mensajes que aseveran que la velocidad es Dios.

¿Qué mundo se descubre con la lentitud?
Según mi experiencia hay un antes y un después. Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir. Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida. La mejor forma de aprovechar el tiempo no es hacer la máxima cantidad de cosas en el mínimo tiempo, sino buscar el ritmo adecuado a cada cosa. Hay que plantearse muy seriamente a qué dedicamos el tiempo. Nadie en su lecho de muerte piensa: “Ojalá que hubiera pasado más tiempo en la oficina o viendo la tele”, y, sin embargo, son las cosas que más tiempo consumen en la vida de la gente.

 

¿Hemos pervertido el concepto de ocio?
La filosofía del trabajo la aplicamos en el ocio, que se vuelve una obligación, y caemos en la trampa de hacer demasiado. Hay que reintroducir la idea del juego tanto en el trabajo como en el ocio.

Los esquimales llaman a hacer el amor “reír juntos”.
El sexo en nuestra sociedad está tan contagiado de la enfermedad de la prisa como todo lo demás, pero en este caso perdemos muchísimo. Disfrutar de una buena relación íntima va mucho más allá de la duración del orgasmo, significa darle otro nivel de profundidad; el vínculo psicológico o la comunicación espiritual es el mayor de los placeres, pero requiere tiempo antes, durante y después. Cada vez más gente en Estados Unidos decide, como el cantante Sting, aprender el sexo tántrico.

De las filosofías que explican el tiempo, ¿cuál prefiere?
Las tradiciones filosóficas para las que EL TIEMPO ES CÍCLICO, como la china, la hindú o la budista. Según estas culturas, el tiempo nos rodea, renovándose, como el aire que respiramos. Pero en la tradición occidental el tiempo es lineal, un recurso finito. Los monjes benedictinos, que se regían por un horario muy apretado, creían que el diablo buscaba trabajo en las manos ociosas.

¿Cómo educar a un niño a un buen ritmo?
A cada vez más padres el instinto les dice que la escuela no es el mejor lugar para educar a sus hijos. Actualmente, más de un millón de jóvenes estadounidenses están siendo ESCOLARIZADOS EN CASA, 90.000 en Gran Bretaña, 30.000 en Australia y 80.000 en Nueva Zelanda. Es una manera de liberar al niño de la tiranía del horario, de dejarles aprender y vivir a su ritmo. Es decir, permitirles ser lentos.

¿Con buenos resultados?
Las investigaciones demuestran que los niños educados en casa aprenden más rápido y mejor que los alumnos en aulas convencionales. Y también se ha comprobado que tienen mucho éxito en sus estudios superiores. El temor de que su relación social no sea buena en el futuro también es infundado. Los padres que educan a sus hijos en casa establecen contacto con otras familias para compartir la enseñanza, juegos y viajes de estudio. Como avanzan con más rapidez, estos niños disponen de más tiempo libre para afiliarse a clubs.

Para ellos puede que el peligro sea la televisión.
Ese es un peligro universal. Cada vez más especialistas relacionan la televisión con el déficit de atención. La extrema velocidad visual de la pequeña pantalla ejerce con toda certeza un efecto en los cerebros juveniles. Un vídeo de Pokémon lleno de luces destellante que emitió la televisión japonesa en 1997 causó ataques epilépticos a casi 700 niños. Para protegerse de las demandas, las empresas de software adjuntan a sus juegos advertencias sobre los riegos para la salud que conllevan. En general, creemos que la televisión nos relaja y no es cierto. De media, EN ESPAÑA SE PASAN CUATRO HORAS DIARIAS FRENTE AL TELEVISOR. La tele se ha vuelto el agujero negro del tiempo en la vida moderna, chupa todo el tiempo de ocio y nos deja cansados, hiperestimulados y pobres de tiempo.

Quizá la velocidad sea una manera del propio sistema para tenernos controlados.
Creo que el capitalismo es un sistema muy flexible y que se puede adaptar, aunque el movimiento en defensa de la lentitud implique un cambio cultural muy profundo. Pero cada vez hay más gente que defiende la lentitud, llegar a una masa crítica es cuestión de tiempo.

¿Cuál es el primer paso?
Aceptar que uno vive mejor cuando hace menos. Mirar la agenda y colocar todo lo que hacemos durante la semana en ORDEN DE PRIORIDAD y empezar a cortar desde abajo, lo que no resulta nada difícil, porque llenamos nuestro tiempo de cosas que no son esenciales, lo hacemos por reflejo, porque eso es lo que se hace. El segundo paso es seleccionar los programas de televisión que nos interesan y no encenderla por costumbre. Así le podrá dar más tiempo a las cosas importantes: la comida, las relaciones, el sexo, lo lúdico y la calidad de trabajo.

¿No tiene la sensación que haciendo menos la vida se reduce?
Ese es el miedo, pero la realidad es la contraria: al no estar atrapado en la telaraña de compromisos las cosas empiezan a ocurrir casi de forma sorprendente e inesperada.

 

La energía, nosotros y los árboles

He tenido la fortuna de conocer a Elianne, una sabia de la naturaleza. Cuenta que, desde pequeña, tiene una conexión especial con el mundo vegetal, con cada árbol, con cada flor y con cada uno de los seres que habitan el mundo vegetal. Son los Devas, o espíritus de la Naturaleza, que , a veces toman diminutas y bellas formas humanas y que se dejan ver. Elianne es una mujer menuda con una mirada de luz  que rebosa sabiduría. Este verano, nos recibió  (a un grupo de compañeros), en su casa, rodeada del precioso jardín que ella misma cultiva y rodeada de un bosque con mayúsculas. Uno  de esos bosques escoceses, generosos y mágicos. Hablamos de tantos temas como nos alcanzó la tarde. Hoy encontré el texto  que comparto abajo y recordé algunas  palabras de Elianne sobre la importancia de conectar con los árboles, la misión que desarrollan y la relación que establecemos con ellos:
Foto: Las 14 especies de árboles que al abrazarlos sanan diversas partes del cuerpo

Tradicionalmente, en el taoísmo y en multitud de culturas, los árboles son considerados como el eje vertical de toda la vida en la tierra. Sensibilizarnos con esa energía, despertar nuestro cuerpo y nuestra conciencia hacia ellos es un aprendizaje y una práctica sanadora que nos lleva a encontrarnos con nuestra energía primigenia y nos conecta con una sensación vibrante de limpieza interna. Muchos de los trastornos de los seres humanos que viven en ciudades desaparecerían con un simple paseo por la naturaleza.

Antiguamente se creía que cada árbol poseía un espíritu propio con una energía especial que es capaz de transmitir a su alrededor y las personas buscaban esta energía para lograr el equilibrio. Los beneficios de abrazarse a un árbol son incontables, misteriosos pero fáciles de verificar si les prestamos atención, si los observamos y nos comunicamos con ellos mirándolos, en silencio.

Nos cargan de buenas vibraciones y nos dan su energía de manera natural. Los árboles nos ayudan a establecer contacto con el poder de la naturaleza de manera fácil y bella, nos relajan y nos llenan de una energía pura.

Los libros del Tao llamados Mantak Chia y Maneewan Chia hablan de que a lo largo de la historia, los seres humanos han usado todas las partes del árbol como remedio para curar. Y llegaron a algunas conclusiones respecto a los distintos árboles y su capacidad de sanar a los humanos. Los árboles grandes son los que contienen más energía. Entre los más poderosos se encuentran los árboles que crecen junto al agua corriente. Algunos son más cálidos o fríos que otros. Hay que practicar para distinguir las diversas propiedades de los diferentes árboles.

1-Los pinos. Los mejores árboles para sanar son los grandes, en especial los pinos. Los pinos irradian energía Chi, nutren la sangre, fortalecen los sistemas nerviosos y contribuyen a prolongar la vida. También alimentan el alma y el espíritu. Los pinos son los “Arboles Inmortales”. La poesía y la pintura china antiguas están llenas de admiración por los pinos. Si bien los pinos son a menudo la mejor elección, se pueden usar muchos otros árboles o plantas.
2-Los cipreses y los cedros reducen el calor y nutren la energía Yin.
3-Los sauces ayudan a eliminar los vientos malsanos, a liberar la humedad excesiva del cuerpo, a reducir la alta tensión sanguínea y a fortalecer el aparato urinario y la vejiga.
4-Los olmos tranquilizan la mente y fortalecen el estómago.
5-Los arces persiguen a los vientos malsanos y ayudan a mitigar el dolor.
6-Las acacias blancas ayudan a eliminar el calor interno y a equilibrar la temperatura del corazón.
7-Las higueras de Bengala limpian el corazón y ayudan a eliminar la humedad del cuerpo.
8-Los canelos eliminan el frio del corazón y del abdomen.
9-Los abetos ayudan a eliminar cardenales, a reducir la hinchazón y a curar los huesos rotos más rápido.
10-Los espinos ayudan en la digestión, fortalecen los intestinos y reducen la tensión sanguínea.
11-Los abedules ayudan a eliminar el calor y la humedad del cuerpo y a desintoxicarlo.
12-Los ciruelos nutren el bazo, el estómago, el páncreas y tranquilizan la mente.
13-Las higueras eliminan el exceso de calor del cuerpo, aumentan la saliva, nutren el bazo y ayudan a detener la diarrea.
14-Los ginkgos ayudan a fortalecer la vejiga y alivian los problemas urinarios de las mujeres.
Para establecer relación con un árbol, y estar en comunión con él hay que mirarlo en silencio y enseguida se advierte la energía sanadora que brota de él. Intuitivamente sabrás qué hacer: puede que pongas tus manos en su corteza ,que le abraces o que apoyes tu espalda, con todos los centros energéticos de tu columna vertebral, en su tronco y te llenes de energía. Es realmente sanador poder experimentar, poder vivir con intensidad, esta bella unión con los árboles.

Escrito por Redacción. Publicado en Salud Integral
Para más información: Los libros Mantak Chia y Maneewan Chia del Tao.

Las 14 especies de árboles que al abrazarlos sanan diversas partes del cuerpo

Tradicionalmente, en el taoísmo y en multitud de culturas, los árboles son considerados como el eje vertical de toda la vida en la tierra. Sensibilizarnos con esa energía, despertar nuestro cuerpo y nuestra conciencia hacia ellos es un aprendizaje y una práctica sanadora que nos lleva a encontrarnos con nuestra energía primigenia y nos conecta con una sensación vibrante de limpieza interna. Muchos de los trastornos de los seres humanos que viven en ciudades desaparecerían con un simple paseo por la naturaleza.

Antiguamente se creía que cada árbol poseía un espíritu propio con una energía especial que es capaz de transmitir a su alrededor y las personas buscaban esta energía para lograr el equilibrio. Los beneficios de abrazarse a un árbol son incontables, misteriosos pero fáciles de verificar si les prestamos atención, si los observamos y nos comunicamos con ellos mirándolos, en silencio.

Nos cargan de buenas vibraciones y nos dan su energía de manera natural. Los árboles nos ayudan a establecer contacto con el poder de la naturaleza de manera fácil y bella, nos relajan y nos llenan de una energía pura.

Los libros del Tao llamados Mantak Chia y Maneewan Chia hablan de que a lo largo de la historia, los seres humanos han usado todas las partes del árbol como remedio para curar. Y llegaron a algunas conclusiones respecto a los distintos árboles y su capacidad de sanar a los humanos. Los árboles grandes son los que contienen más energía. Entre los más poderosos se encuentran los árboles que crecen junto al agua corriente. Algunos son más cálidos o fríos que otros. Hay que practicar para distinguir las diversas propiedades de los diferentes árboles.

1-Los pinos. Los mejores árboles para sanar son los grandes, en especial los pinos. Los pinos irradian energía Chi, nutren la sangre, fortalecen los sistemas nerviosos y contribuyen a prolongar la vida. También alimentan el alma y el espíritu. Los pinos son los “Arboles Inmortales”. La poesía y la pintura china antiguas están llenas de admiración por los pinos. Si bien los pinos son a menudo la mejor elección, se pueden usar muchos otros árboles o plantas.
2-Los cipreses y los cedros reducen el calor y nutren la energía Yin.
3-Los sauces ayudan a eliminar los vientos malsanos, a liberar la humedad excesiva del cuerpo, a reducir la alta tensión sanguínea y a fortalecer el aparato urinario y la vejiga.
4-Los olmos tranquilizan la mente y fortalecen el estómago.
5-Los arces persiguen a los vientos malsanos y ayudan a mitigar el dolor.
6-Las acacias blancas ayudan a eliminar el calor interno y a equilibrar la temperatura del corazón.
7-Las higueras de Bengala limpian el corazón y ayudan a eliminar la humedad del cuerpo.
8-Los canelos eliminan el frio del corazón y del abdomen.
9-Los abetos ayudan a eliminar cardenales, a reducir la hinchazón y a curar los huesos rotos más rápido.
10-Los espinos ayudan en la digestión, fortalecen los intestinos y reducen la tensión sanguínea.
11-Los abedules ayudan a eliminar el calor y la humedad del cuerpo y a desintoxicarlo.
12-Los ciruelos nutren el bazo, el estómago, el páncreas y tranquilizan la mente.
13-Las higueras eliminan el exceso de calor del cuerpo, aumentan la saliva, nutren el bazo y ayudan a detener la diarrea.
14-Los ginkgos ayudan a fortalecer la vejiga y alivian los problemas urinarios de las mujeres.
Para establecer relación con un árbol, y estar en comunión con él hay que mirarlo en silencio y enseguida se advierte la energía sanadora que brota de él. Intuitivamente sabrás qué hacer: puede que pongas tus manos en su corteza ,que le abraces o que apoyes tu espalda, con todos los centros energéticos de tu columna vertebral, en su tronco y te llenes de energía. Es realmente sanador poder experimentar, poder vivir con intensidad, esta bella unión con los árboles.

Publicado en Salud Integral
Para más información: Los libros Mantak Chia y Maneewan Chia del Tao.

 

Las diez mil mujeres de Milo Manara

“El sexo es un componente determinante de la cultura. Cuando vives plenamente tu sexualidad, rompes con el embrutecimiento social”.

Milo Manara

Es fácil pensar en Maurilio “Milo” Manara como el reflejo en ilustración de Helmut Newton en fotografía: ambos son los mejores retratistas del ideal de belleza femenino.

Pero eso sí: mientras que Newton necesita contratar a modelos profesionales, Manara puede invocar mujeres perfectas con unos simples trazos sobre el papel. En este precioso vídeo  podemos ver a Manara en acción, dibujando distraído y de forma increíblemente natural y orgánica una de sus hermosísimas mujeres sin marcar previamente proporciones o estructuras de apoyo, simplemente plasmando la imagen femenina que aparece en su imaginación. Y aunque mis gustos personales en cómic erótico vayan por otros derroteros (Saudelli, Pichard, Von Gotha o Crepax), reconozco admirado la influencia del maestro Manara en el imaginario erótico occidental. En los años setenta las mujeres de Manara, con su sexualidad activa e irreverentemente cachonda, se convirtieron en la imagen idealizada de la mujer moderna en la era de la liberación sexual y la ruptura entre el “vicio privado” y la virtud pública.

Manara creó un estilo de dibujo muy particular (y muy imitable, por suerte o por desgracia) mezclando su propio trazo limpio y claro con la sensualidad barroca de Crepax, la imaginación inagotable del muy lloradoMoebius y el espíritu aventurero de Hugo Pratt. En el mundo de Manara los personajes masculinos tienen rasgos muy marcados: prestados de actores famosos (Alain Delon, James Dean) o bien feos de solemnidad a pesar de lo mucho que follan (cortocircuito mental: ¡como el greñudo de The Joy of Sex!). En cambio, hay que esforzarse para encontrar mujeres feas en el imaginario de Manara: sus mujeres serían realistas en el mismo mundo idealizado y burgués en que las mujeres de Newton serían realistas. Dice Manara: “para mí son personajes sacados de la Commedia dell’Arte, por eso sus rasgos aparecen siempre exagerados”.

Manara ha dibujado centenares, miles de cuerpos femeninos a lo largo de su carrera, pero en el fondo las diez mil mujeres de Manara son una sola hembra imponente repetida sin cesar: morena o pelirroja, con pelo rizado o larga melena, pero siempre con mirada pícara e intensa, húmedos labios, pechos bien formados (no antinaturalmente grandes como suele ocurrir en la historieta erótica), piernas inacabables y, sobre todo, los mejores culos femeninos de la historia de la ilustración. Mi conspiranoica pareja me sugirió que ese retrato de la mujer manariana no se correspondía sólo con un ideal femenino genérico, sino también con una mujer real, un inaccesible amor platónico, una paciente cero que en algún momento contagió a Manara una visión de la femineidad que idealizaría y reflejaría una y mil veces en todas y cada una de sus obras bajo diferentes disfraces.

Es difícil confirmar esta teoría, ya que Manara protege celosamente su intimidad y su historia personal. Pero soñar es gratis: ¿quién será esa Eva que se convirtió en el pecado original de Manara? ¿Una maestra de su adolescencia, una prima, una vecina, un amor prohibido? Es posible… Pero también podría ser Jane Fonda.

Manara vs Barbarella

En el taller veronés del escultor malagueño Miguel Berrocal, un joven llamado Maurilio Manara pasa largas horas dibujando las instrucciones técnicas de ensamblaje y transporte de las esculturas. Durante un descanso de esa tarea demasiado parecida a la de un becario de IKEA, el joven aprendiz curiosea en la biblioteca del escultor y descubre un cómic erótico que primero le ruboriza y luego le fascina: Barbarella, de Jean-Claude Forest. Y en ese epifánico momento, contemplando las curvas de la aventurera espacial que acabaría encarnando la deliciosa Jane Fonda, Milo Manara toma una decisión definitiva: “descubrí que ese era mi trabajo, mi profesión, me dije que tenía que hacer exactamente eso y abandoné todo lo demás”.

Así explicado suena a decisión dramática, pero tristemente “todo lo demás” no era gran cosa. Manara nació en una pequeña ciudad del norte de Italia en 1945, así que su infancia transcurrió precariamente en plena posguerra. A pesar de su talento natural para el dibujo, su conservadora madre le prohibió estrictamente los cómics: eso no impidió que el adolescente Manara se volviese fan de Hugo Pratt y La balada del mar salado, la primera aventura de Corto Maltés. Ya se sabe cómo funciona esto: basta con que te prohíban algo para que te interese aún más.

Se matriculó en Arquitectura en la Universidad de Venecia, y alternó sus estudios con los trabajos más variados y la pasión por la pintura y la historia del arte: nadie lo diría a juzgar por su trayectoria posterior, pero su pintor favorito era Pablo Picasso. En una curiosa entrevista le preguntan si en su adolescencia hubo sexo, drogas y rock&roll: Manara contesta que sexo nunca tuvo el suficiente, drogas las justas por la inevitable lisergia de finales de los sesenta, y más que asiduo a conciertos, lo fue a exposiciones: “para mis amigos sus estrellas eran las del rock, para mí eran las de la pintura”.

Cuando las curvas de Barbarella le empujan al cómic erótico, un entusiasta Manara se lanza a recorrer una tras otra las editoriales de Milán (Milo en Milán, he ahí un título de biopic que lanzo al aire), buscando publicar donde fuera. Sólo le hacen caso en la editorial Furio Viano, especializada en sexo y violencia, y sólo después de inflar y maquillar muy españolamente su currículum con la complicidad del dibujante Mario Gomboli. Todo este esfuerzo culmina en 1969 con la publicación de Genius, su primer trabajo profesional. Si tenéis ochocientos dólares sueltos podéis comprar alguna viñeta original: dibujos en que se ve ya el buen ojo de Manara para la figura femenina pero sin la limpieza y estilización de sus trabajos de madurez. En particular parece que las expresiones faciales se le resistían, algo extraño en un dibujante que convertirá pronto la mirada femenina pícara y falsamente ingenua en una de sus señas de identidad más reconocibles. Poco después empezó a trabajar para Erregi, otra editorial pulp para la que creó un personaje en el que muchos ven el germen de la “chica Manara”: Jolanda de Almaviva, mujer pirata de armas tomar que se las arregla para acabar siempre con la ropa desgarrada.

 

Manara vs Mao Zedong

En esa época Manara militaba en el grupo universitario maoísta La Unión de la Juventud, y formaba parte de una asociación artística llamada Miraculo, para la que dibuja carteles y propaganda política. El maoísmo juvenil parece un pasaporte directo al derechismo en la edad adulta, como atestiguan especímenes comoJiménez Losantos o Pío Moa... Sin embargo, Manara mantiene hoy en día una ideología de izquierdas (suave y testimonial, como todo en este maestro de la tranquilidad zen) que le ha llevado a significarse en la política italiana del lado de la socialdemocracia moderada: es amigo personal y político de Walter Veltroni, líder del Partido Democrático que sufrió una humillante derrota a manos de Berlusconi en 2008.

En sus años maoístas de juventud el Manara más activamente izquierdista publicó cómics de contenido político guionizados por su amigo Silverio Pisú. Quizá el ejemplo más curioso (aquí tenéis una página que me fascina) sea Alessio, Il Borghese Rivoluzionario, sobre un oficial zarista que acaba tomando partido a favor del bolchevismo, aunque el más famoso fue Lo Scimmiotto (El Rey Mono), publicado por entregas en Alter Linus. Si os digo que es una adaptación de una leyenda china del siglo XVI llamada El viaje hacia el Oeste y protagonizada por el hombre-mono Souen Wou-Kong probablemente os quedéis igual que antes. Pero si añado que el protagonista viaja montado en una nube, tiene un bastón que se alarga e invoca a un dragón de tres cabezas ya os sonará más… En efecto, El viaje hacia el oeste es la leyenda china en que se basó Dragon Ball, convertida por Pisú en una retorcida alegoría sobre la vida y obra del presidente Mao (Son Goku como metáfora de Mao Zedong, chúpate esa). Manara experimenta con soluciones narrativas originales y una muy potente sexualidad, pero no ayuda a volver inteligible el fárrago de Silverio, que ha envejecido bastante mal una vez pasado el momento en que su metáfora política estaba de actualidad.

En realidad el activismo de Manara nunca pasó de lo anecdótico. O, como dijo él mismo: “los ideales del 68 me interesaban más por el lado hippie que del lado político”. El alter ego que está a punto de crear será una buena prueba de ello…

Milo Manara vs Giuseppe Bergman

A finales de los setenta Manara crea a su mejor personaje masculino: el joven e ingenuo Giuseppe Bergman, irónico alter ego del propio Milo aunque físicamente tenga un aire a Alain Delon. El nombre se lo sugirió su amigo y mentor Hugo Pratt como una mezcla de pasión mediterránea y frío misterio sueco. HP y Giuseppe Bergman, publicado por entregas en À suivre durante 1978, es el primer tebeo en que aparece y el mejor de todos ellos: un surrealista metacómic que haría las delicias de Jodorowsky o del Alan Moore de Promethea.

HP y Giuseppe Bergman es una obra divertida y refrescante básicamente porque Manara hace lo que le sale de las narices en cada momento: rompe la cuarta pared y se dirige al lector, hace que un extra aparte a empellones al protagonista interrumpiendo la historia o mueve la narración de Venecia a Marruecos o las fuentes del Orinoco con la misma facilidad (y menos excusas narrativas) que una película de James Bond. Soy fan fatal de este cómic: tiene el encanto irrepetible y espontáneo de las historias personales y auténticas que no se toman demasiado en serio a sí mismas.

La primera imagen que vemos de Bergman es la de un joven de ventipocos años agobiado y deprimido en una minúscula cocina urbana, hasta que explota y se lanza a la aventura. En lugar de heroico resulta autocompasivo, tímido, cobarde y lleno de torpeza postadolescente, pero es imposible no simpatizar con su confusión vital y su candidez: Bergman es a la vez protagonista y alivio cómico de la historia.

Cuando se encamina a conocer al guía que le conducirá a su aventura (un Hugo Pratt presentado como HP, una figura mítica y demiúrgica), el despistado Bergman se mete de lleno en una manifestación por un conflicto indeterminado. En la confusión se suben a la fuerza a su furgoneta un “indignado” y un antidisturbios: durante la inevitable pelea posterior, el policía pierde la pistola, que acaba en manos de Giuseppe. El manifestante trata de convencerle de que dispare al policía aunque sea en las piernas, mientras el policía le exige que “cumpla con su deber de ciudadano” disparando al indignado. La respuesta de Giuseppe es significativa: “He esperado desde que nací una oportunidad de huir de toda esta mierda y decidir qué hacer con mi propia vida. Y ahora que casi lo he conseguido, ¿queréis arrastrarme de vuelta? ¡Quiero vivir esta aventura, así que largaos ahora mismo los dos o empezaré a dispararle a todo el mundo!”.

Manara introduce aquí uno de los temas principales del cómic: la dicotomía entre las obras “comprometidas” y las de puro entretenimiento. ¿Tienen las historias de aventuras un significado oculto, un componente político? Bergman es consciente, a pesar de su aturullamiento, de que es un personaje de una novela gráfica escapista, y no se avergüenza de ello: “¿Qué tendría que hacer, si no? ¿Volverme didáctico? ¿Convertirme en demagogo? ¿Adoctrinar, tal vez? ¿En nombre de quién?”. Pero no es tan fácil evitar tomar partido, y en cierto momento un guerrillero latinoamericano prototípico le da una paliza por su falta de compromiso político. “- ¿Qué has hecho que sea políticamente significativo? – Bueno, he ilustrado un par de cómics…”. El desprecio del activista hacia quien ahoga los actos en palabrería revolucionaria.

Completan la historia delirios febriles, bromas pesadas, toques culturetas como referencias a Macondo o la aparición de Maiakovskipegándose un tiro. Dijo Manara en una entrevista publicada en CIMOC: “Mi propósito consistía en que HP y Giuseppe Bergman fuese una narración con diversos niveles literarios, que se leyera como un simple relato de aventuras, o bien como un análisis no demasiado riguroso de la aventura y sus mecanismos, como un intento de exploración de la complicada relación existente entre evasión y compromiso, entre cosas leídas y vividas, entre realidad y fantasía, entre la vida y los cómics”.

Durante los ochenta se publicaron varias continuaciones (la pirandelliana Un autor en busca de seis personajes, la aventurera Dies Irae), con un Manara progresivamente menos inspirado. Más interesante resulta Tal vez soñar: Las aventuras orientales de Giuseppe Bergman, un road trip alucinado y lisérgico por la India con el inevitable toque erótico, ambientación detallista, gotas autobiográficas y reflexiones metafísicas. Lo mejor del álbum: las magníficas páginas en que Bergman alucina una carrera por la historia del arte, que le sirve a Manara para divertirse insertando a Giuseppe en obras famosas, cual Forrest Gump saludando a Kennedy.

Algo parecido ocurrirá en Camino oculto: las aventuras urbanas de Giuseppe Bergman, publicada en 1998. El argumento tiene un potencial enorme: una bella mujer medio loca se obsesiona con un libro de historia del arte hasta tal punto que se identifica totalmente con las protagonistas femeninas de varias pinturas, recreándolas en vivo. Esto le da a Manara una excusa para poner en boca de Giuseppe disertaciones cuasiacadémicas sobre Tintoretto o Boticelli, ilustradas por la “chica Manara” de turno que tarda bien poco en perder la ropa, esta vez con la muy válida excusa de que la mayor parte de modelos de las obras clásicas que reinventa también estaban en pelotas.

La narración confusa y algo pretenciosa queda ampliamente compensada por el dibujo, con alguna de las mejores viñetas de toda la trayectoria de Manara: se nota que Milo se encuentra cómodo homenajeando a sus pintores favoritos. Mientras leía Camino oculto me preguntaba por qué había elegido Manara como protagonista masculino precisamente a Bergman… Hasta que en un final magnífico asistimos a un glorioso cameo de HP en persona, apenas tres años después de la muerte de Hugo Pratt en la vida real: es en ese reencuentro/despedida entre HP y Giuseppe Bergman cuando queda claro el auténtico propósito de Camino oculto. Tras ese momentazo queda apenas sitio para un final en que se hace participar al lector pidiéndole que dibuje una de las últimas viñetas, en un truco algo circense que me hizo sentir como en una proyección de The Rocky Horror Picture Show interactuando con los personajes de la pantalla.

La última aparición de Bergman en las páginas de Manara ha sido en 2004 con La odisea de Giuseppe Bergman, un extraño cruce entre historia de fantasmas y recreación de la leyenda de Ulises de la que podéis ver unas cuantas imágenes en esta estupenda reseña.

Pero todo este recorrido bergmaniano nos ha hecho adelantarnos en el tiempo. Volviendo a los primeros ochenta: está claro que publicar en À suivre fue un espaldarazo para el Manara principante, pero faltaba un pequeño detalle para el éxito masivo, algo que encajase haciendo clic. En 1983, poco después de cumplir los 33 años, Milo Manara publicó la obra que le convertiría en millonario y asentaría su nombre como sinónimo de erotismo soft, elegante y glamouroso: una historia exquisitamente dibujada pero con una historia propia de una peli de serie Z… Y que, inesperadamente, tiene una base plausible.

 

Manara vs Manara

Echadle un vistazo a la patente estadounidense US6169924 si queréis pasar una tarde entretenida: describe un método para estimular eléctricamente la médula espinal para conseguir un estado de excitación sexual constante y repetidos orgasmos. Desgraciadamente, requiere una intervención quirúrgica previa en la columna, lo que relega el aparato al armario de tecnófilos libertinos especialmente valientes o (poniéndonos menos novelescos) para el tratamiento de disfunciones sexuales graves.

Un poco más prometedora, al menos hasta cierto punto, es la patente US3941136, comentada por Mary Roachen el imprescindible Bonk: the curious coupling of sex and science. Bajo el terrorífico título Método para la inducción artificial de micción, defecación o excitación sexual, la patente describe un aparato consistente en un generador eléctrico, un mando y unos electrodos de aspecto intimidante que deben conectarse en la entrepierna. El generador emite pulsos eléctricos de entre 100 y 200 Hz, y el mando a distancia regula el voltaje. Aplicar un pico inicial de 20 voltios provoca y mantiene una potente erección o una excitación clitoriana continua, además de un agradable calorcillo y cosquilleo. Desgraciadamente, superar los 20 voltios provoca la apertura instanánea y explosiva de varios esfínteres, lo que hace imprescindible que la persona que controle el mando tenga precisión de cirujano para no convertir una pasional experiencia en un lío repugnante.

El Clic de Manara utiliza como MacGuffin un artefacto parecido, aunque omitiendo misericordiosamente cualquier referencia a esfínteres laxos. En el primer volumen, un tipo untuoso llamado Fez (!), secuestra a una joven hermosa pero pelín frígida llamada Claudia Cristiani y le implanta un aparatito en el cerebro que emite pulsos eléctricos capaces de convertirla en ninfómana. A partir de ahí empiezan una serie de malentendidos lúbricos tan previsibles, irrelevantes y (en ocasiones) ponedores como las escenas de una peli porno softcore.

La historia tuvo un éxito arrollador, y se ha convertido en el más famoso de los cómics de Manara. No es su obra mejor dibujada (aunque sea la que fijará el prototipo de la “chica Manara” en el inconsciente colectivo), y desde luego no es la de guión más brillante ni más trabajado. Pero su sencillo argumento conecta directamente con una fantasía grabada a fuego en el cerebro reptiliano masculino. ¿Qué adolescente no ha soñado en disponer de un conjuro o aparato que convirtiera a la distante profesora en una máquina sexual apasionada e incansable? ¿Quién podría resistir la tentación de girar al máximo la ruedecilla del mando mágico al grito de Crank it up to eleven?

Como nota lateral: lo más parecido que puede conseguirse en la vida real sin recurrir a la patente US3941136 es juguetear con un huevo vibrador activado por control remoto. En cierta cena-fiesta vi cómo cambiaba de mano en repetidas ocasiones un pequeño mando a distancia que controlaba el vibrador inserto en una de las cavidades corporales de una amiga, que durante la cena… Pero ya hablaremos de televibradores en otro artículo más pervertido que éste, que pierdo el hilo.

Volviendo a El Clic: la historia apareció con su nombre original (Il Gioco) en la revista italiana Playmen, y en España fue publicada por entregas en las legendarias Totem y Comix Internacional. Manara recibió el encargo de Playmen para sustituir nada menos que a Guido Crepax, el legendario autor de Valentina (que tantos sudores y calentones me ha provocado siempre). De Crepax Manara adoptaría la voluptuosidad de sus heroínas, pero simplificando su recargado erotismo fetichista.

Mientras Manara le daba vueltas a posibles ideas para la historia, se cruzó con un periodista cultural llamado Franco Valobra,notablemente feo pero siempre rodeado de mujeres hermosas. Ahí se le ocurrió lo del mando a distancia, y encontró modelo para el personaje de Fez. No sé si le hizo mucha gracia a Valobra quedar así inmortalizado: probablemente sí, ya que parecía tener un buen sentido del humor. Y hablo de Valobra en pasado porque murió en 2010, después de haber entrevistado para Playmen a gente como Vargas Llosa, Fellini, Fred Astaire… Resulta que el feo periodista era, según Leonardo Sciascia, la persona más lúcida que conoció y uno de los mayores intelectuales de Italia. Y encima ligaba.

Las tres continuaciones de El Clic (de 1991, 1994 y 2001 respectivamente) siguieron la misma línea erótico-festiva de dibujo cada vez más impresionante y argumento perfectamente chorras, incorporando al doble deJames Dean como chulesco coprotagonista masculino. En 1985 se estrenó una versión cinematográficalamentable dirigida por Jean-Louis Richard, probando una vez más que lo que tiene sentido, fuerza y gracia en un cómic bien dibujado no tiene por qué trasladarse bien a la pantalla grande.

En 1986 Manara repitió éxito con El perfume del invisible, otra materialización de una fantasía erótica adolescente tomada con la misma alegría de vivir y sano cachondeo. Básicamente es la historia de un tipo que inventa un mejunje de olor acaramelado (sólo le faltó a Manara hacer como John Waters en Polyester e incluir un odorama rascable con el cómic) que vuelve invisible a quien se unte con él. Lo que sigue es una serie de situaciones absurdas y auténticas animaladas (como la memorable inserción anal de un cartucho de dinamita) que Manara puede dibujar sin miedo a ser demasiado explícito.

La anacrónica (aunque a la postre, divertidísima) censura japonesa en los manga difumina los genitales o directamente los borra, creando situaciones surrealistas en que una mujer parece estar siendo follada por un cilindro de aire. En El perfume del invisible se produce un efecto similar, simbólico a varios niveles: aquí el hombre es transparente, prescindible, y no aparecen incómodos culos peludos que estorben la visión de la delicada anatomía femenina. Dos inolvidables heroínas de Manara, Miel y Beatriz (recordadas con cariño en esta misma revista por David Gistau), participan como un Marcel Marceau desquiciado en bien coreografiados polvos invisibles y felaciones fantasmagóricas… Un mimo francés haciendo un francés no hubiera resultado más creíble. Para redondear la metáfora se me ocurre un experimento: eliminar todos y cada uno de los bocadillos de texto y transformarlo en una historia muda, aprovechando el tirón de The Artist; no se perdería nada relevante del argumento y el resultado sería mucho más original.

“Todas esas historias eran para mí simples fantasías, nunca me pareció que tuviesen ningún mérito”, dice Manara. Ah, pero claro que lo tienen: como un minero que encuentra un géiser de petróleo tras un golpe de pico, Manara había revolucionado un género, el del dibujo erótico, que llevaba demasiado tiempo anquilosado.

Manara ha ido recurriendo a este tipo de cómics eróticos sin complicaciones cuando le apetecía publicar un éxito seguro sin calentarse demasiado la cabeza. Tal vez el más explícito sea Kamasutra, de 1997, en que vuelve a la ambientación india que ya había explorado en Las aventuras orientales de Giuseppe Bergman, pero cambiando el siempre algo más elaborado guión bergmaniano por un argumento propio de peli porno de bajo presupuesto. Como curiosidad: se muestrancoitos explícitos, algo muy raro en Manara (ahora sólo recuerdo lasilustraciones del relato corto Porte de Clichy de Henry Miller).

Me gusta mucho más la algo anterior Gulliveriana, una revisión pervertida de la obra de Jonathan Swift que permite a Manara jugar con su protagonista como con una muñeca: atada por diminutos liliputienses que retozan en su vello púbico como en un bosque, o apresada por gigantescos brondignagianos que se divierten con ella como con un animalito hipersexual.

En una línea similar se desarrolla Piranese, el planeta prisión: ci-fi con toques eróticos y sin demasiadas complicaciones, ni estilísticas ni argumentales. Manara dibuja un guión muy deudor del Incal de Jodorowsky, no tanto en su vertiente metafísico-espiritual como en el retrato de extraterrestres progresivamente absurdos y descacharrantes a medida que avanzan las páginas: un proceso que culmina en la aparición de un bicho asesino fugado de la versión porno de Starship Troopers y que devora a sus víctimas chupándoles los genitales (¡la venganza de las cabezas de gamba!).

Todas estas obras cimentaron la fama de Manara como autor de cómic erótico, pero a mi entender su trabajo más ponedor hasta la fecha ha sido un libro de ilustraciones: SensualitArs. En sus 44 páginas dibujadas mezclando estilos y materiales (óleo, carboncillo, acuarela) homenajea a las mujeres que sirvieron de inspiración y modelo a pintores y dibujantes a lo largo de la historia, desde el primer cavernícola quepintarrajea en las paredes de su gruta. En cierto modo es un cursillo acelerado de Historia del Arte: aparecen Lucrezia Buti retozando con Filipo Lippi, la Fornarina de Rafael, la goyesca maja desnuda, la amante-modelo-criada Hendrickje que trajo de cabeza a Rembrandt… Todas ellas vistas desde una perspectiva original y a menudo irónica, como en los preparativos del picnic sobre la hierba de Manet, laorgásmica lluvia dorada de la Dánae de Klimt o la expresión embobada de Courbet contemplando soñador el coño del que nacerá el Origen del Mundo. Mi plancha favorita en cuanto a calidad del dibujo y erotomanía del resultado es la del pintor griego Apeles retratando a Kampaspe, la amante de Alejandro Magno. La versión manariana del momentazo en que pintor y modelo caen rendidamente enamorados es una escena de una extraña belleza que tengo hace tiempo como fondo de escritorio de mi portátil… Y en Twitter.

Manara vs Pratt

Viendo la reverencia con que Manara retrata a Hugo Pratt en HP y Giuseppe Bergman (“por supuesto, no había nada que yo pudiera explicarle: él ya lo sabía todo”) es fácil imaginar la alegría de Manara cuando en 1986 Pratt acordó enviarle el guión de Verano indio, una historia ambientada en la época de la colonización de Nueva Inglaterra e inspirada en La letra escarlata de Nathaniel Hawthorne. Pratt le dio a Manara libertad para dibujar lo que quisiera y con el ritmo narrativo que deseara (“para una escena podía usar dos o veinte páginas, a mi gusto”), pero respetando escrupulosamente el texto.

El dibujo de Manara es absolutamente precioso e inolvidable a muchos niveles (paisajes de cuento de hadas, narrativa clara y cinematográfica, diseño de los indios mohicanos), excepto por un detalle: Manara le pone cara de malo a uno de los personajes, el reverendo Black, de una forma tan espectacular como innecesaria. El dibujante alega que el planteamiento dramático de la obra hace necesario darle referencias al lector: “como una representación teatral en la que ves a las figuras de lejos y el maquillaje debe ser muy fuerte, ya que no puedes ver el primer plano de la cara”. Una justificación algo peregrina, ya que el único personaje que ha recibido ese tratamiento como de teatro kabuki es el pobre reverendo. El guión de Pratt ya es suficientemente potente como para darle fuerza a un personaje tan contradictorio y antipático como Black: no hacía falta convertirlo en un Darth Vader recién desembarcado del Mayflower.

Cinco años más tarde Pratt y Manara volverían a colaborar con El gaucho, una maravillosa historia de aventuras ambientada en las invasiones inglesas a Argentina de 1806 y 1807. Aquí Manara echa la casa por la ventana con las viñetas más llenas de detalles de toda su carrera: se notan la documentación intensiva y el mimo que dedica a los dibujos en el realismo de los uniformes militares y los barcos de guerra ingleses,laboriosamente dibujados con toda su arboladura. Maravilla entre maravillas, las escenas sexuales (cortesía de la coprotagonista Molly Malone, prostituta irlandesa y “chica Manara” de pleno derecho) están por una vez plenamente integradas en la narración y tienen un sentido y unas consecuencias.

El Gaucho demuestra que Manara es un magistral dibujante todoterreno que se ha visto lastrado por su propio personaje y la obsesión o necesidad de incluir una escena erótica por página, venga o no a cuento. Leer por ejemplo El Clic 4, con su magnífico dibujo y su pésimo guión, me trae a la cabeza las famosas listas debuenos actores en malas películas… Como Michael Caine en Tiburón 4, por seguir con las cuartas partes.

Por suerte, no fue Hugo Pratt el único buen escritor con que Manara ha contado en su carrera: le han dado argumentos artistas tan dispares como Pedro Almodóvar (de quien ilustró la tórrida novela corta Fuego en las entrañas), Neil Gaiman (que le encargó, cómo no, la historia de Deseo en Endless Nights) o el mismísimo Federico Fellini.

Manara vs Fellini

En 1984 Fellini conoció a Carlos Castaneda, el esquivo antropólogo peruano que afirmaba haberse convertido en chamán nagual tras un arduo aprendizaje con un brujo yaqui. Si no habéis leído Las enseñanzas de Don Juan o Viaje a Ixtlán os recomiendo vivamente que lo hagáis: independientemente de vuestro nivel de escepticismo resultan libros desconcertantes y divertidos, dos de las mejores cualidades que puede tener cualquier texto.

Fellini quedó fascinado, y esbozó junto a Tullio Pinelli un borrador de guión para una película que llamaríaViaje a Tulum. El productor Alberto Grimaldi pagó una cantidad indecente de dinero para llevar a Fellini y su comitiva de Roma a Los Ángeles y a la jungla de México en 1985, pero Castaneda desapareció de repente sin dar explicaciones y el proyecto se vino abajo dejando tras de sí deudas, un montón de buenas ideas y alguna experiencia paranormal que otra (Fellini recibiendo llamadas anónimas amenazadoras o encontrándose con su doble en una pirámide escalonada).

La experiencia místico-chamánica de Fellini se publicó por entregas en el Corriere della Sera en 1986, donde la leyó un fascinado Milo Manara. Cuando tuvo la oportunidad de conocer en Fellini en persona, durante el rodaje de E la nave va, aprovechó para preguntarle muerto de vergüenza si no le molestaría ver Viaje a Tulumconvertido en cómic. Tuvo que ser todo un espectáculo, como recordaba sonriente Fellini: “Milo insistía con su sonrisa de niño bueno, los ojos radiantemente celestes y el flequillo de pelo de querubín: sólo le faltaba la trompeta dorada”. Fellini no sólo aceptó, sino que “adoptó” a Manara como amigo y aprendiz.

El cómic de Viaje a Tulum es extraño y en ocasiones sobrecogedor, con imágenes tan bellas como la del metafórico avión sumergido despegando desde el fondo del lago de Cinecittà. El detallismo realista desplegado en los cómics de Hugo Pratt se convierte aquí en inesperados quiebros surrealistas, composiciones luminosamente fantasmales y paisajes tan mexicanos como repentinamente oniricos. En principio iba a aparecer Fellini como coprotagonista, pero tras verse “demasiado guapo” en los primeros borradores, el director decidió delegar su aparición en Snaporaz, es decir, en Marcello Mastroianni, más que acostumbrado a hacer de alter ego felliniano. No es la única cara conocida que Manara retrata en Viaje a Tulum: se asoman por allíJodorowsky, Moebius (que recita por cierto un texto un tanto deprimente sobre la muerte) y el propio Manara. En España se publicó por entregas en El País Semanal:de hecho tengo el vago recuerdo de haber topado siendo crío con la escena del avión submarino y preguntarme: “¿pero qué demonios es esto?”.

Para hablar de la segunda colaboración de Manara con Fellini tengo que retroceder un par de décadas. En 1965 Fellini escribió el guión de una extraña historia llamada El viaje de Mastorna, junto al escritor Dino Buzzatti, autor de la novela original, y Brunello Rodi, el guionista de La Dolce Vita. En la historia, el avión en que viaja el violoncelista Guido Mastorna sufre un accidente y aterriza en un oscuro pueblo nórdico poblado por encantadores de serpientes, mujeres bellísimas, el Papa… Allí el protagonista acabará descubriendo en un lóbrego giro de guión la naturaleza final de su viaje. Apenas arrancado el rodaje de la película Fellini empezó a sufrir repetidos ataques de ansiedad, que culminaron, según cuenta la leyenda, en un colapso sufrido cuando un vidente le profetizó al director que moriría al acabar la filmación. Fellini canceló el proyecto para gran enfado del productor Dino de Laurentiis, que interpuso una demanda de las que cuestan millones. No había nada que hacer: Fellini se había propuesto no filmar la aventura de Mastorna, y se dice que cuando le propusieron retormar la película en 1976 recibió una misteriosa llamada de teléfono que le hizo cancelar inmediatamente las negociaciones.

Para ayudar a su maestro a sacarse esa espina clavada, Manara le propuso ilustrar la historia en 1992, en un álbum tierno, melancólico y cariñoso que contiene de nuevo viñetas de una enorme belleza (el hipnótico aterrizaje forzoso, los momentos de felicidad de Guido tocando el violoncelo…). Nunca sabremos si la historia era gafe o no, pero el caso es que Fellini murió apenas unos meses después de que Mastorna emprendiera su último vuelo.

Manara vs Jodorowsky 

Fue el ubicuo Alejandro Jodorowsky (al que habrá que dedicar algún día un monográfico en Jot Down) quien le propuso a Manara ilustrar un guión sobre la familia Borgia que estaba desarrollando. Milo aceptó encantado, tomándose el encargo como una nueva oportunidad de dibujar ambientes renacentistas para los que ya se había mostrado especialmente dotado con la magistral historia corta Mors tua, vita mea (adoro ese cómic, por cierto: ocho intensísimas páginas de refinada crueldad).

Jodorowsky firma un guión divertidísimo que se centra en la demente dinámica familiar de los Borgia pasando por encima de nimios detalles como la verosimilitud o la fidelidad histórica.  Por ejemplo, en la aburrida vida real, Carlos VIII de Francia murió de una apoplejía al golpearse la cabeza contra una puerta mientras jugaba a la pelota (¡ay, esos franceses con los deportes!). Resulta mucho más épica, borbónica y apropiada al personaje la muerte que le destina Jodorowsky en Borgia: atrapado por la lava de un rugiente volcán en erupción instantes después de sodomizar a una prostituta.

Históricamente Valencia ha sido siempre el territorio más psicotrónico de la península, así que no creo que nadie se extrañase de que  el primer papa de origen valenciano fuera un personaje tan propio de Mario Puzocomo Alejandro VI Borgia/Borja. En esta jodorowskiana versión de El Padrino no aparece ninguna cabeza de caballo en la cama, pero sí 150 penes cortados embutidos en una bolsa a modo de advertencia. Es curioso comprobar cómo Manara se desenvuelve con maestría en este registro con toques gore, como el momento en que una embarazada de ocho meses es atravesada por la lanza de Micheletto, el Luca Brasi de Alejandro VI.

Las viñetas de Borgia son una auténtica maravilla gráfica, entre otras cosas porque Manara las dibuja al óleo en lugar de con la habitual acuarela (según él, porque el cumplidor Jodorowsky le fue enviando los guiones con más anticipación de la habitual). El resultado es una especie de preciosa Casta de los metabaronesrenacentista a la que sólo puedo reprochar que preste poca atención a Lucrecia Borgia, algo desdibujada a favor de su más aburrido hermano César.

Manara vs Carme Chacón

En artículos previos para Jot Down he hablado de varios artistas admirables que han tenido sin embargo duros encontronazos con feministas, o al menos con cierta forma miope de entender el feminismo. El shibarijuguetón de Nobuyoshi Araki, las irónicas provocaciones de Helmut Newton, la incomprendida pandroginia de Genesis… Sin embargo, Manara no ha tenido nunca problemas con grupos feministas: en un encuentro con asociaciones de mujeres organizado en Siena (donde, por cierto, está teniendo lugar ahora mismo una interesante exposición) se llegó a la conclusión de que el prototipo de “chica Manara” es el de una mujer poderosa, tan segura de su sexualidad como una chica de Sexo en Nueva York y plenamente autodeterminada (“no hay un hombre que mueve los hilos, aparte de mí”, dice un Manara inconscientemente irónico).

Las chicas Manara están tan idealizadas que podrían ser consideradas superheroínas: a veces literalmente, como las X-Women que dibujó para Marvel con guión del legendario Chris Claremont, o la rediseñadaBarbarella para un fallido remake de Robert Rodríguez. Y probablemente ahora haré levantar alguna ceja, pero otro ejemplo de chica Manara feminista fue Carme Chacón: cuando fue nombrada Ministra de Defensa estando embarazada, Berlusconi soltó alguna de sus inconveniencias (algo sobre el “gobierno rosa deZapatero”, si no recuerdo mal). Manara salió en defensa de la de Defensa, valga la redundancia, dibujando una muy comentada ilustración alegórica para la portada de El Periódico.

Manara vs Sudáfrica

Hay una diferencia fundamental entre los artistas polémicos que he mencionado antes y Manara: la autocensura. Araki o Newton han hecho siempre lo que les ha salido de las gónadas y se han preocupado después de las leyes incumplidas o la masa enfurecida de turno que pidiera su cabeza. En cambio, Manara comenta en esta entrevista: “normalmente trabajo con los editores y aplico una forma de censura preventiva para no correr el riesgo de que retiren la publicación. La única vez que me han censurado fue en Sudáfrica, antes de Mandela, donde me prohibieron tres libros cuando, por ejemplo, Marcuse sólo tenía prohibidos dos”. En cualquier caso, ese choque con la censura fue algo tan excepcional que Manara enmarcó un recorte de periódico con la lista de libros prohibidos, como un exótico souvenir. Y es que no hay muchas razones para censurar los cómics de Manara, desprovistos tanto del mordiente político de sus trabajos de juventud como de incursiones en el hardcore o en sexualidades alternativas: “nunca he hecho cosas tan chocantes que se tengan que censurar”. Y ya está bien que sea así: Manara es el maestro del softcore elegante, no de la provocación o la vanguardia. O, dicho de otro modo: “el erotismo que yo dibujo quiere ser algo tranquilizante”.

Eso no significa que no lance guiños, por ejemplo, al mundillo del sadomasoquismo erótico: en la deliciosa historia breve Piercing, por ejemplo, o cuando ilustró el relato corto de Jean-Pierre Enard El arte del azote, sacando partido de su habilidad sobrenatural para retratar preciosos culos femeninos. El resultado es notable pero no magnífico: de Enard resulta mucho más divertido y lujurioso Cuentos para enrojecer a caperucitas, y en cuanto a azotes, sin duda es mejor el Elogio de la azotaina de Jacques Serguine.

Manara vs Chanel

Del mismo modo que algunas de las mejores fotografías de Newton nacieron gracias a encargos publicitarios, han aparecido en los últimos años muchos dibujos de Manara realmente excepcionales fruto de encargos de marcas comerciales. Libre de la necesidad de guionizar o de adaptarse a una narración ajena, Manara se puede concentrar en lo que se le da realmente bien: hacer lucir la belleza femenina. Sin embargo, su actitud hacia la publicidad es un tanto esquizofrénica, criticando en varias entrevistas que se use el cuerpo femenino para promocionar cualquier cosa y haciendo exactamente eso mismo acto seguido.

Verbigracia: en 2005 Chanel decidió echar la casa por la ventana y contratar a Luc Besson para que dirigiera un spot televisivo en el que una sexy Caperucita Roja haría callar al mismísimo Lobo Feroz con un susurro y una media sonrisa… El anuncio se hizo increíblemente popular (“viral”, diríamos hoy en día). Pues bien, parte del mérito es de las magníficas ilutraciones previas para el storyboard que dibujó Manara. También han sido muy publicitados otros encargos recientes como el poster promocional de la ciudad de Rimini, el catálogo de vinos de Vila Viniteca o la reciente colaboración con la barcelonesa Nekko Design para una línea de mesas futuristas.

Sin embargo, mi trabajo publicitario preferido de Manara es la campaña que diseñó para la marca de lencería Yamamay en 2007: cinco luminosos dibujos de mujeres alegres, elegantes y conscientes de su sexualidad que me servirán para cerrar este monográfico con una imagen que demuestra por qué llamar a alguien “chica Manara” es un fantástico piropo.

 

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