Ley del Karma

 ¿Cuántas veces escuchamos “es mi karma”, vinculado a una circunstancia negativa, como si fuera un castigo divino? O, “No puedo cambiarlo, es mi karma”. Seguramente muchas… Contrariamente a lo que muchas personas creen, el karma es un conjunto de acciones que se manifiestan en nuestra vida, y éstas dependen de las causas tanto positivas como negativas, que vamos acumulando a lo largo del tiempo, incluso en nuestras vidas pasadas, según el budismo.

“…Kamala le enseñó que no se puede recibir placer sin devolverlo, y que cada gesto, cada caricia, cada contacto, cada mirada y cada parte del cuerpo, por pequeña que sea, tienen su propio misterio, cuyo desciframiento produce felicidad al que lo descubre. Le enseñó así mismo, que, tras la celebración de un ritual amoroso, los amantes no debieran separarse sin antes haberse admirado mutuamente, sin sentirse al mismo tiempo vencedores y vencidos, de suerte que en ninguno de ambos surja una sensación de hastío o de abandono, ni la desagradable impresión de haber abusado o de haber sido victima de un abuso…” – Del libro: “Siddartha”. Hermann Hesse –

 

 

Karma es una palabra sánscrita que significa acción. Este concepto tiene su origen en el budismo e hinduismo, donde significa “acción volitiva”. Hablamos de un acto de voluntad, intencional, originado en la mente de una persona, que tendrá un efecto determinado en algún tiempo futuro. Karma está directamente vinculado con lo que llamamos Ley de Causa y Efecto.

Esta ley universal, asegura que el hombre siempre está sujeto a sus acciones, y por lo tanto debe hacerse responsable de las consecuencias de sus actos. El “karma” es dinámico, depende de nuestras acciones, no se trata de destino, ni fatalidad. El concepto es simple: si hacemos el bien, recibiremos el bien, mientras que si hacemos el mal, experimentaremos el mal.

Según el budismo, tenemos una responsabilidad: actuar compasivamente hacia los demás. Si no lo practicamos, creamos karma negativo para nosotros mismos, que deberemos expiar en algún momento de la vida, o en una reencarnación.

Muchas son las conductas adecuadas para elevar nuestras vibraciones y transmutar los efectos energéticos de karmas pesados: actos buenos, que reparen acciones negativas del pasado. Por cada acto negativo de nuestra parte, efectuar una acción positiva para equilibrar nuestra balanza.

 

Otras prácticas que podemos incorporar a nuestra vida cotidiana:
Cultivar el buen humor, la amabilidad, confortar a quien lo necesita, tratar bien a los animales.
Saber perdonar. Respetarse a si mismo, buscando compañías que alegren el espíritu. Ser agradecido. La gratitud es una emoción altamente positiva.
No evitar los inconvenientes, por el contrario, tratar de enfrentarlos con sabiduría y la mayor humildad posible, dando lo mejor de uno mismo para resolverlos. Olvidar el “¡todo me ocurre a mí!”. Mantener una actitud quejosa ante la vida no soluciona los problemas, sino enfatiza una postura victimaria ante las cosas que suceden.
Establecer el amor como prioridad en nuestra vida, y pasar cada suceso y acto que realizamos, por ese filtro de amor, tanto en la relación con los demás, como en las decisiones personales que tomamos.
Comprender el significado de la Ley del Karma nos ayuda a ser más responsables sobre nuestra propia felicidad. Cultivar una actitud positiva, afianzar sentimientos y acciones que nos conduzcan hacia el desarrollo personal y nuestra plenitud está en nuestras manos. La vida requiere de nuestra participación.

 

FUENTE: Mundo Consciente.es

 

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