Menstruación. Arte y tabú

 

El arte feminista cuestiona frontal-mente si los tabúes y pudores ancestrales sobre la menstruación, y todo lo que representan en términos políticos, han quedado realmente atrás

Cuando el cuerpo se convierte en castigo, hablamos de mujer. Según la tradición judeocristiana la mujer peca y Dios ejecuta un castigo contra el cuerpo de quien ha cometido la falta: “Multiplicaré tus sufrimientos en los embarazos. Con dolor darás a luz a tus hijos, necesitarás de tu marido y él te dominará” (Génesis 3:17-19)  La sanción, la pena impuesta es el propio cuerpo de la mujer obligado a transformarse dramáticamente durante el proceso de gestación y a romperse, abrirse dolorosamente en el momento del parto. Pero además, ese cuerpo que es también encarnación del pecado, porta una señal inequívoca de su impureza: el flujo menstrual. La repugnancia que suscita no es similar a la de la sangre en general pues esta última no comparte los poderes maléficos que se le atribuyen a la primera


La regla encarna la esencia de la feminidad, es decir, la carnalidad, la pura fisicidad opuesta a cualquier trascendencia. El cuerpo que sangra, duele, y perturba, sacude y violenta a la mujer incapacitándola para superar lo carnal

Que la tradición judeocristiana haya leído el cuerpo femenino como castigo significa arrojar a las mujeres a su condición material, res extensa que enfrenta la voluntad a su propia contingencia. Es cierto que en el cristianismo el cuerpo del varón es también cárcel del alma y todas las ligaduras carnales, en general, son malas. Pero la diferencia radica en que el cuerpo es castigo sólo en la mujer y, como cualquier otra penitencia, imposibilita conciencia y libertad. Al varón siempre le quedará el libre albedrío para superar la abyección carnal y moral de la que vive presa la mujer.

 

SANGRE AZUL, MUJERES INODORAS

Podrán preguntarse ahora los lectores y lectoras de este artículo qué tiene qué ver esta rancia tradición con el modo en que las mujeres occidentales del siglo XXI viven su cuerpo y su menstruación. Los tabúes y pudores han quedado atrás hace ya muchos años de manera que, a día de hoy, las plantas ya no se marchitan cuando las toca una mujer ”indispuesta”, el vino ya no se agria, los espejos no se empañan ni las cuerdas de los violines se rompen cuando llevas un tampón puesto y, por supuesto, si la masa del pan no sube esto puede deberse a múltiples factores pero nunca, nunca, al hecho de que la cocinera esté de regla. Sin embargo, ¡qué curioso! en los anuncios de compresas la sangre sigue siendo azul, las mujeres inodoras y la regla no mancha.

¿Qué esconden las imágenes publicitarias tan aparentemente inocentes? Respuesta: el tabú que pensábamos superado. Decía Roland Barthes que la verdadera violencia es lo que se da por sentado y si bien antes se daba por sentado que la menstruación era un estigma, ahora no podemos dar por sentado que haya dejado de serlo. Cuando tenía veintiún años la madre de un amigo acompañó el hecho de dejarme una compresa con un gesto de condolencia y una sentencia susurrada a media voz: “Las mujeres somos un váter”. Yo, mujer, entendí el mensaje que la tradición y el sentido común (convertido en buen sentido) tatuó en la piel de nuestras madres y abuelas pero yo, también mujer, no lo compartí porque me encontraba ante otro reto distinto, la otra vuelta de tuerca que proponía Germaine Greer en La mujer eunuco (Kairós, 2004): “Si te crees emancipada, intenta probar cómo sabe tu sangre menstrual; si la idea te repugna, te queda un largo camino por recorrer, chica”.

 

EXHIBIR EL MITO

Uno de los grandes desafíos del feminismo fue y continúa siendo la lucha contra los prejuicios que, a través de sutiles mecanismos de control social, propician una visión degradada del cuerpo de las mujeres, de sus flujos y órganos sexuales aún leídos como condena. Y no hay mejor medida para poner fin a un mito, para desvelar la construcción cultural de nuestra mirada, que exponerlo abiertamente. Esto es lo que  se propuso Judy Chicago cuando en 1971, realizó Red Flag una fotolitografía en la que ella misma aparece representada, de cintura para abajo, quitándose un tampón manchado. Decidida a abandonar el mito de la impureza de la menstruación, presentó abiertamente lo estigmatizado y oculto, transformó en protagonista a lo prohibido de la representación occidental (en este caso la regla) y asestó un duro golpe al modernismo estético.

 

Esta fórmula es la que Chicago repite en otra obra de la misma época,Menstruation Bathroom. En la instalación, realizada en el año 1972, representó un baño de un blanco inmaculado, impoluto, absolutamente higienizado y al que únicamente se accedía mirando a través de un fino velo de gasa. Al lado del inodoro había una estantería llena de compresas, tampones y diversos productos con los que, en palabras de Chicago, “nuestra cultura limpia la menstruación”. Todo representa un esfuerzo por ocultar esa hemorragia que, tradicionalmente, ha sido considerada fruto de oscuras alquimias interiores. Judy Chicago renuncia a esta imposición y, como ella misma recuerda, coloca bajo la estantería “un cubo de basura lleno de signos inequívocos de nuestro carácter animal: compresas y tampones manchados de sangre menstrual”.

 

Cuarenta y tres años después de Red Flag la artista Mar Cejas y el colectivoSangre Menstrual continúan con la labor política de desenmascarar el tabú de la sangre menstrual y con la labor estética de ensanchar las fronteras de la representación hacia unos límites desconocidos. Hace apenas diez días las integrantes del colectivo se pasearon por el barrio de Malasaña con los pantalones manchados de  sangre. Objetivo: visibilizar la regla para así visibilizar el cuerpo de la mujer como espacio político. El tabú de la sangre menstrual sería una prueba mas de cómo la micro-física del poder subordina los cuerpos de las mujeres a minuciosos dispositivos y disciplinas que los sitian, condicionan y les imponen unos significados ideológicos.

 

 

Habrá quienes al finalizar la lectura de este artículo sonrían con ironía mientras preguntan si podemos elevar la imagen  de la regla a la categoría de arte. Pero más allá de estos “dilemas estéticos”, las artistas aquí convocadas reflexionan sobre el cuerpo como espacio político. Pues hay política en una Historia del arte en la que, como dice John Berger en Modos de Mirar (Gustavo GIli, 2000), los hombres miran a las mujeres y las mujeres se contemplan a sí mismas mientras son miradas. Gracias a las artistas el cuerpo femenino será contemplado por los ojos de las mujeres narrando lo inefable y mostrando lo inmostrable: la sangre de la regla no es azul sino roja y con grumos.

 

Publicado en : mas24

http://www.asturias24.es

 

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Nazaret
    Jun 26, 2014 @ 15:05:46

    Muy buen artículo!!! Gracias!

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: