Violencia contra la mujer: una agresión a la vida

 
La mujer es la conocedora de los misterios de la creación; ella conoce el misterio del origen de la vida porque ella misma es dadora de vida mediante la concepción. La mujer es la primera escuela, ya que la primera educación que se recibe es la maternal.  Las mujeres son las que educan a los hombres, a sus hijos, a sus nietos.  Si la Mujer está sana puede formar una familia y una comunidad sana. Por lo cual la mujer es la que debe reconstruirse para poder tener una sociedad más justa, equilibrada, sabia y armónica.

María Quiñelén, Lawentuchefe (Mujer de Medicina Mapuche).

MUJER EN LA PLAYA

 

Basta ya.

Un amigo que, por otra parte, es un encanto, me dijo el otro día que la India goza de un estado espiritual superior a Occidente; que nosotros estamos en el tercer chacra, que es el ego, y los indios en el cuarto, que es el amor universal. Me dejó atónita porque demuestra hasta qué punto somos capaces de no ver los horrores que se cometen contra las mujeres. Llevamos mucho tiempo sabiendo de los atroces asesinatos sexistas de la India. Por citar los más recientes: una muchacha ultrajada y luego obligada a beber ácido, y dos niñas violadas en grupo y después colgadas de un árbol. Comentario ante esto de un ministro del Gobierno indio: “La violación es un crimen social que algunas veces está bien y algunas veces está mal”. Puro amor universal. Claro que también llevamos toda la vida sabiendo (y olvidando) las monstruosidades que cometen todos los días los talibanes; los tres millones de niñas cuyo clítoris es rebanado cada año; las muertas de Ciudad Juárez; los millones de feminicidios, mujeres lapidadas, azotadas, torturadas, ultrajadas, abrasadas con ácido, quemadas vivas. O secuestradas, como las niñas de Nigeria. ¿Pero qué demonios nos pasa? ¿Cómo podemos asistir a estas brutalidades e ignorarlas? “Nos hemos acostumbrado a la esclavitud femenina y echo de menos un movimiento mundial”, me dice Paco Cuéllar, secretario general de Proyecto Gran Simio. Y lo compara con el movimiento antiesclavista de hace 150 años, cuando los ingleses abordaban y liberaban barcos de negreros. ¿Por qué no sucede lo mismo con las mujeres? Paco reclama un grupo de trabajo en la ONU, una Cruz Rosa Internacional, convenios mundiales defendidos por cascos azules. Tiene razón. Es urgente, esencial. Hay que hacer algo.

Rosa Montero. El País.

 

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