Erotismo para mujeres (II). Anaïs Nim

Ninguna obra literaria de la India clásica ha tenido la suerte, en Occidente, del Kamasutra, el libro de arte erótico escrito e ilustrado por Mallanaga Vatsyayana en el siglo III d. C., el que no sólo expone posiciones sexuales, sino que explora las relaciones, en general, entre hombres y mujeres. Allá, en la India, desde el inicio de su historia las mujeres no son más que la prolongación de un hombre, del que dependen siempre y al que siguen en su destino, incluso, en el más allá. Generalmente consideradas seres peligrosos e impuros, la ortodoxia las excluye del aprendizaje de la ciencia sagrada y de participar en el rito védico, desdeñándolas en los estratos más bajos, serviles, de la colectividad.

MONEDERO EROTICO
Podríamos pensar que, al considerarlas seres inferiores, también en el ámbito erótico se concibe a la mujer sólo como un instrumento para el placer masculino. Pero, por una especie de milagro cultural, sucede todo lo contrario; dado que el amor es su misión reconocida, en la intimidad ella adquiere paridad absoluta con el hombre.

Los aforismos sobre la sexualidad, de Vatsiaiana, o el Kamasutra, se sitúa cronológicamente en el periodo Gupta, que se desarrolló entre el 240 y el 550 d. C, gracias a este trabajo básico sobre el amor en la literatura sánscrita, las mujeres en Oriente supieron que su sexualidad debía ser explorada y gozada sin temor ni prejuicio alguno, aunque no siempre se respetara así, pues el goce y libertad se limitaba a la alcoba, a las relaciones sexuales.

 

El haren

En Occidente, el 21 de febrero de 1903, en Neuilly-sur-Seine, Francia, nació Ángela Anaïs Juana Antolina Rosa Edelmira Nin Culmell, mejor conocida como Anaïs Nin, la primera en escribir erotismo para mujeres. Su literatura erótica inició de la mano de Henry Miller, con quien tuvo una relación durante algunos años y que, a pesar de su separación, nunca terminó gracias a su correspondencia.
En la época en que ambos se dedicaron a escribir relatos eróticos, Delta de venus, un encargo a Miller por el que le pagarían un dólar por página, Nin se dio cuenta de que durante siglos la mujer había tenido un solo modelo para este género literario: los textos de autores masculinos. Ella era ya consciente de que existía una diferencia entre el tratamiento dado a la experiencia sexual por los hombres y por las mujeres. Comparaba constantemente la gran disparidad existente entre lo explícito de Henry Miller y “sus ambigüedades”, entre la visión humorística del sexo de su pareja y sus poéticas descripciones de relaciones sexuales contenidas en los fragmentos no publicados de su Diario, textos que representan la mayoría de su trabajo publicado. A partir de ese momento, comenzó a experimentar el sentimiento de que la caja de Pandora contenía los misterios de la sensualidad femenina, tan distinta de la masculina, que el lenguaje del hombre no resultaba adecuado para describirla.

Nin sabía que la mujer no podía seguir leyendo sólo erotismo dirigido para hombres. Reconocía que si alguien había cerrado sus sentidos a la seda, a la luz, el color, el olor, el carácter y el temperamento, debía estar ya completamente marchito. En sus cuentos decidió potenciar una “multitud de sentidos menores” que discurren como afluentes de la corriente principal que es el sexo, y que la nutren, pues, decía: Sólo el palpito al unísono del sexo y el corazón puede producir el éxtasis.”

Sobre la verdadera liberación del erotismo, Nin dijo que éste “estriba en aceptar el hecho de que tiene miles de facetas, hay muchas formas eróticas, muchos objetos, situaciones, atmósferas y variaciones de él. Primero que nada tenemos que dispensar la culpa de su expansión, después abrirnos a sus sorpresas y variadas expresiones y (aquí añado mi consejo personal para su completo disfrute) fusionarlo amorosa y pasionalmente con una sola persona, mezclarlo con los sueños, las fantasías y las emociones para que llegue a su máximo potencial. En el pasado tal vez haya habido rituales colectivos en los cuales el desfogue sensual haya sido la norma, pero ya no vivimos en una época así, y entre más fuerte sea la pasión por una persona, el ritual de sólo dos personas será más concentrado, intenso y extático”.

erotismo femenino
En 1974, en plena época del feminismo, la liberación de la mujer y la sexualidad, la revista Playgirl  publicó “Eroticism in Women”, un ensayo en el que la escritora expone los problemas que el feminismo de la época enfrentaba y que ahora se consideran superados:

Desde mi experiencia, diría que las mujeres no han separado aun el amor de la sensualidad como los hombres lo han hecho. Ambos están combinados en la mujer: ella necesita amar al hombre que se entrega o ser amada por él. Después del acto sexual, parece que necesita asegurarse de que es amor y que el acto sexual de la posesión es parte de un intercambio que es dictado por el amor. Los hombres se quejan a menudo de que las mujeres demanden una confirmación o una expresión de amor. La cultura japonesa reconoce esta necesitad y en los tiempos antiguos era una regla estricta que, después de la cúpula, el hombre debía escribir un poema y dedicárselo a su amada antes de que ella despertara. ¿Qué es esto, sino la conexión del acto sexual con el amor?

A mi parecer, las mujeres todavía se preocupan por una partida prematura o una falta de reconocimiento del ritual que ha tenido lugar, todavía necesitan palabras, necesitan la llamada telefónica, la carta, los gestos que hacen del acto sensual algo particular, algo que no es anónimo y meramente sexual.

Este fenómeno pudiera o no desaparecer en las mujeres modernas que decidirán poner un punto final a sus predecesoras; tal vez sí logren separar el amor del sexo que, en mi opinión, disminuye el placer y reduce la calidad intensiva del coito. Porque éste es mejorado, elevado e intensificado por las emociones. Comparen la diferencia entre un intérprete solitario y la grandeza alcanzada por una orquesta.

MUJER VIOLIN

Intentamos quitarnos de encima todo lo falso de nosotras, lo que nos es inculcado por nuestra familia, nuestra cultura y nuestra religión. Es una tarea enorme porque la historia de las mujeres no ha sido contada completamente de la misma forma que la de los negros. Algunos acontecimientos han sido ocultados. Culturas como las de India, Camboya, China y Japón tienen una vida sensual accesible y popular, pero a través de la perspectiva masculina. Muchas veces, cuando las mujeres han querido revelar algunos aspectos de su sexualidad, son reprimidas. No de manera tan obvia como sucedió con la ardiente obra de D. H. Lawrence, o la censura de Henry Miller o James Joyce, sino de una manera que es denigrante, constante y continúa por los críticos. Muchas escritoras recurrieron a los pseudónimos masculinos para evitar los prejuicios. Tan sólo hace un par de años Violette Leduc escribió la más explícita, elocuente y conmovedora descripción del amor entre dos mujeres. Simone de Beauvoir fue quien la descubrió para el público y aun así todas las reseñas que he leído son juicios morales contra su apertura. También hubo muchos juicios morales sobre el comportamiento de los personajes de Henry Miller, sobre todo criticaban su lenguaje, pero en el caso de Violette Leduc era contra ella misma.

 

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. salvela
    Jun 13, 2014 @ 17:49:41

    Queda un largo camino por recorrer, en muchos aspectos.

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