Páginas en blanco: escritura de vida

En estos días de transición  y de balance, lanzamos una mirada al nuevo año y construimos proyectos. Con el deseo de que tod@s llenemos de luz cada día, comparto este texto que nos anima a vivir con mayúsculas, a amar, a experimentar, a arriesgar… Que cada día aspiremos la fragancia vital y llenemos muchas páginas de luz.

ACEPTAR LOS RIESGOS. Cuando la vida pone ante nosotros una página en blanco –como puede ser un cambio laboral, un amor, una nueva afición…-, lo que debemos hacer es escribirla. Sólo si damos el paso, si asumimos el riesgo de escribir esa página vital, podremos saber si la decisión era o no acertada. En cualquier caso, habremos aprendido algo más sobre nosotros y estaremos en disposición de afrontar nuevos retos. ¿Cuántas veces hemos lamentado no haber mostrado nuestros sentimientos a aquella persona que tanto nos gustaba? La prudencia es una sabia consejera, y seguramente si no lo hicimos es porque intuíamos que no había posibilidades. Pero, ¿y si nos equivocábamos? ¿Y si la otra persona lo estaba esperando? A toro pasado, estoy segura de que muchos hubiéramos preferido un rechazo que nos sacara de dudas. Y esto no sólo sucede en los asuntos del corazón, sino también con ofertas laborales, viajes frustrados, experiencias que dejamos pasar… Nos decimos: si ahora estuviera en esta o aquella situación, me hubiera arriesgado. En todo caso remover las aguas del pasado es tarea inútil, porque quizá ahora mismo estemos renunciando a oportunidades por miedo a fracasar. Ocupémonos por lo tanto del momento presente.

VERSO

El afán de estabilidad es algo muy humano. De hecho constituye un pilar fundamental de nuestra sociedad: para ello la gente se hipoteca, busca una pareja para toda la vida, anhela un contrato fijo o aspira a ser funcionario. El problema es que buscamos estabilidad en un mundo inestable. De hecho nuestra misma sociedad se sustenta en el movimiento: el dinero cambia de manos constantemente, los ordenadores quedan obsoletos cada dos años, las modas se suceden a velocidad del relámpago. Si tanto la naturaleza como la cultura humana están sujetas al cambio, ¿por qué nos da miedo evolucionar, salir de las viejas trincheras? Probablemente porque tememos fallar, tomar decisiones equivocadas. Pero el miedo al fracaso es peor que el propio fracaso, porque al menos este nos permite aprender algo y avanzar. Así como nuestro planeta y los demás giran y evolucionan por el espacio, también la realidad en la que estamos inmersos es dinámica, y debemos evolucionar con ella si queremos crecer y superarnos. Vivir es, en sí, un riesgo constante: al nacer la vida de la madre y la del bebé corren peligro, y ese peligro vale la pena porque da entrada a un nuevo ser en el mundo. Pero el nacimiento, el milagro de la vida, no debería producirse una sola vez sino muchas a lo largo de cada existencia. Las personas dinámicas y creativas renacen tantas veces como es necesario para atrapar lo mejor que les brinda la vida. Se arriesgan a avanzar y dejan atrás metas ya superadas. Una vida aferrada a las seguridades genera inseguridad permanente, porque si nos estancamos en una posición rígida, nuestra tolerancia hacia el cambio resultará cada vez menor. Cada vez nos atreveremos a menos y tendremos más miedo a perder lo obtenido. Por otro lado asegurarlo todo garantiza el aburrimiento y la monotonía. Incluso el organismo del sedentario a la larga puede dar señales de alarma: fatiga crónica, obesidad, artrosis, rigidez muscular… y la falta de retos y motivación se relaciona estrechamente con la depresión. Problemas que no dejan de crecer en nuestros días.

LUZEn última instancia, correr riesgos implica estar dispuesto a asumir responsabilidades. No consiste en cambiar constantemente de trabajo, o en romper con la pareja cuando surgen las primeras diferencias. Al contrario, a veces hay que ser valiente para seguir en un proyecto en el que creemos, a pesar de las dificultades. El riesgo creativo tampoco tiene nada que ver con apostar en un casino o practicar deportes de aventura. Se trata de adoptar cambios constructivos que mejoren nuestra vida y la de los demás: empezar una carrera –aunque haga años que no estudiamos-, aprender un nuevo idioma, hacer el viaje de tus sueños, atreverte a tener un hijo, expresar tus sentimientos abiertamente… Se necesita valor para todo esto. Y, como en todas las actividades humanas, la clave reside en una cuestión de equilibrio: ni actuar a la desesperada ni poner más límites de los razonables. En cada ser humano convive el deseo de estabilidad con el impulso creativo. La dosis de cada uno de esos ingredientes cambia en cada persona e incluso en cada etapa de la vida. Al final quien está preparado para el éxito, también lo está para fracasar, aprender y evolucionar. Un paciente me dijo en una ocasión: “Hay algo de lo que me siento orgulloso: ya no tengo miedo de tener miedo”. De eso se trata precisamente, de vivir asumiendo los riesgos de estar vivo. No lo olvides cuando te dispongas a escribir tu próxima página en blanco. Sandra Marcos Pando. Psicóloga y psicoterapeuta Gestalt.

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. manueljaen
    Ene 04, 2014 @ 15:05:10

    Hola gracias por su post es una fuente de sabiduría y me toco el corazón, justo en un momento que necesito valor . Estoy agradecido y le envio un calido abrazo desde Panamá.
    Manuel Jaen

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