Autoconocerse y entender que nuestro cuerpo funciona bien

Un artículo interesante publicado en la página del escritor Juan Peláez sobre los tabúes, la autopercepción de nuestro cuerpo y sus consecuencias en la salud.

Recojo un artículo estupendo de la Dra. Miriam Al Adib Mendiri en su página: http://www.miriamginecologia.com

Absolutamente en todas las funciones del cuerpo humano, tanto en las fisiológicas (=normales) como las patológicas siempre inciden una multitud de factores: genéticos, biológicos, psicológicos, ambientales, incluso sociales y culturales…

MARIPOSAS

 

 

En nuestra cultura, el cuerpo de la mujer es sometido al juicio constante
Así, lo social y lo cultural deja una profunda huella en cómo nos percibimos a nosotras mismas. No solamente a nivel estético (que de eso no voy a hablar, pues sobradamente conocemos el impacto de los cánones de belleza establecidos), también a nivel de la concepción de salud-enfermedad.

La desconexión con nuestra particular fisiología femenina es una constante en nuestra cultura, lo cuál hace que percibamos patologías donde no las hay.

IMPORTANTE AUTOCONOCERSE Y ENTENDER QUE NUESTRO CUERPO FUNCIONA BIEN

Las mujeres no seguimos un patrón lineal, sino cíclico, y aunque esto no sea “descubrir la pólvora” esto es muy importante asumir como normal/natural, alejandonos de concepciones patológicas ante cualquier variante de la normalidad. Me explico mejor: nuestra biología femenina sigue un patrón cíclico, en unas mujeres estos cambios se hacen más evidentes o intensos que en otras, pero de algún u otro modo todas somos cíclicas, según el momento del ciclo menstrual en que estamos estaremos sometidas al influjo de unas hormonas u otras. Señalar también, no existe un patrón único de ciclo que deba durar estrictamente 28 días y que fuera de esto entremos en patologías, de esto hablé ya en este post:http://www.miriamginecologia.com/blog/?p=990.
Así, desde el punto de vista biológico, cada mujer tiene su particular patrón cíclico (unas tienen ciclos más largos, otras más cortos, unas refieren unos cambios más intensos, otras menos…). Dependiendo del momento del ciclo se producen determinadas fluctuaciones de las hormonas gonadales (estrógenos y progesterona), dichas hormonas interaccionan con procesos neurológicos mediados por neurotransmisores implicados en la regulación de las funciones del humor, cognitivas y del comportamiento. Esto es lo biológico, pero en este post me centraré en el peso de los factores medioambientales: socio-culturales, educacionales, experiencias pasadas…que influyen en la percepción que hacemos de las funciones normales de nuestros cuerpos que se repiten de forma cíclica en la etapa fértil, ya hablaré de la menopausia más adelante, pues esta etapa merece otro post aparte.

La conexión y entendimiento de la función de nuestro cuerpo femenino evitaría a muchas mujeres el percibirse a sí mismas como “enfermas”, así por ejemplo, en el Síndrome Premenstrual (SPM), la percepción que hace la mujer de sus síntomas y su habilidad para sobrellevarlos juegan su papel en la incidencia de dichos síntomas y en su gravedad/intensidad. Hay incluso quienes niegan la existencia del SPM, algunos hablan exclusivamente de factores socio-culturales. Como he dicho al inicio del post, en todas las funciones del cuerpo (sean normales o patológicas) inciden multitud de factores, y aunque bien es cierto que hay otros factores que influyen en el SPM, si al menos restásemos el impacto que ejerce lo cultural/social/educacional ya tendríamos mucho terreno ganado, y así, posiblemente o bien no percibiríamos SPM (percibiríamos cambios que los aceptaríamos como normales y no los viviríamos como enfermedad), o al menos, el SPM sería más leve (evidentemente no voy a negar que existan otros factores que no son socio-culturales, en este post hablé de todos los factores implicados en el SPM:http://www.miriamginecologia.com/blog/?p=835)

 

 

EL PESO SOCIO-CULTURAL

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A nivel social y cultural tampoco está muy bien visto ni aceptado los procesos naturales de las mujeres.

Empecemos:

-El modelo de mujer “en-mi-cuerpo-todo-sigue-igual-nadie-me-nota-nada“: se centra en no aceptar los cambios normales y que, además, nadie me note nada (o sea, empezamos mal: se centra más en “el otro” que en una misma).
Así por ejemplo, para vendernos esas compresas súpermegachulis esos tampones megaideales nos imponen esa imagen de mujer que está superguay con esa ocultación casi obsesiva de su menstruación, y no me refiero tanto a ocultar el sangrado en sí, sino que consiguen ocultar que probablemente puedan necesitar otras cosas, como por ejemplo un poco de más descanso o de calma durante la regla, estas mujeres cara a la galería conservan las mismas ganas de hacer las mismas cosas que seguramente a la mayoría les apetecería hacer en otro momento. Algunas de ellas, en esos anuncios, hasta llegan a tener unas ganas locas de bailar toda la noche embutida en un minitrapo blanco (=vestido?) en plan restriegue con el musculitos de turno, y ya sabéis como acaba el anuncio, no? “conseguido! el chico está coladito por mis huesos y además ni ha notado mi menstruación” (o sea: mujer objeto, y encima negando sus no-ganas para tanto “bailoteo”. Aunque para gustos los colores, a la mayoría de las mujeres no les apetece bailar toda una noche el día que le baja la regla y menos embutida en un minitrapo. A esta mujer falta decirle: “guau! apúntate un pin, nadie ha notado que tienes la regla!”. Son miles de anuncios publicitarios que transmiten este tipo de mensajes, por no hablar de la cantidad de anuncios que nos dan a entender que la menstruación es algo tan desagradable y maloliente que hay que “camuflar” con esos superolores de las compresas o toallitas perfumadas.

-El modelo de mujer “superwoman-yo-puedo-igual-que-ellos” que entra en la rueda de la competitividad, que literalmente llega a igualarse a los hombres a costa de renunciar a su particular fisiología femenina también ha hecho mucho daño. Insisto, las mujeres tenemos que contar con nuestra particularidad cíclica (y sobra añadir que aquellas que nos convertimos en madres además pasamos por muchos otros cambios en el embarazo, parto y puerperio). Deberíamos vivir más conectadas con nuestros procesos naturales aceptando la normalidad de los mismos, pero claro, la sociedad de la competitividad nos lo pone muy complicado. He frecuentado conversaciones entre mujeres en plan “concurso”: a ver quien ha conseguido aguantar más tiempo trabajando estando embarazada o a ver quien se ha incorporado antes al trabajo, como si fuera un logro haber pasado un embarazo haciendo todo lo mismo que fuera del mismo, como si no hubiera pasado nada. En nuestro país hemos llegado a ver a una ministra haciendo gala de ir “embarazadísima” a ver a las tropas españolas donde ya sabéis y otra (del partido contrario) apenas terminado de parir se reincorporaba a su trabajo, ohh!! qué responsables con su “misión”, y lo peor, es que estas acciones se entienden como buen ejemplo a seguir, la cultura del deber y el trabajo (en términos de producción y competitividad) tal y como la concebimos en nuestra sociedad no acompaña para nada a las mujeres. Hace que existan dos bandos: las “flojas” (que no logran poner a raya sus procesos naturales) y las “superwoman” (que consiguen poner a raya su condición femenina y disimularlo todo). Y qué me decís de algunas mujeres del mundo de la moda rápidamente vuelven a las pasarelas para “demostrar” que sus cuerpos siguen igual de perfectos. Evidentemente el embarazo si va bien es un proceso natural, no estamos enfermas, se puede hacer más o menos lo que sueles hacer antes, pero de ahí a pasar al otro extremo de “a ver cuanto que aguanto haciendo ciertas cosas que no cumplen con los cuidados básicos de una embarazada” hay un largo trecho. En mi caso, confieso, lo he vivido en mi trabajo (solamente en mi primer embarazo, aprendí la lección para el resto) esa presión (de la que ni yo misma era consciente) de tener que aguantar haciendo guardias de 24 horas, todas las demás lo hacían, yo no podía ser menos, claro (ahora me parece absurdo)… Ciertos trabajos como por ejemplo trasnochar haciendo guardias de 24 horas no son los ideales, y no hace falta ser ginecóloga para entenderlo así, basta con un poco de sentido común. Sin embargo parece que en ciertos contextos está bien valorado y bien visto este tipo de acciones que no nos ayudan nada a las mujeres.
No se trata ni de considerarnos enfermas y que no nos pueda ni rozar el aire, pero tampoco irnos al otro extremo de “luchar” contra lo que nos pide nuestro cuerpo. Es más sencillo: comprender y aceptar que en cada momento necesitamos cosas distintas, esto no es bueno ni malo, hay que entenderlo como normal y ya está, y no sentirnos mal por tener menos ganas de trabajar el día que baja la regla, ni sentirnos melindrosas por estar con nauseas en el embarazo ni considerarnos enfermas por ello ni mucho menos.

El lenguaje: el lenguaje coloquial está cargado de frases hechas que no nos deja muy bien paradas. Por todos es conocido las formas a las que denominamos a la menstruación: con eufemismos “esos días”, o directamente con menciones patologizantes “ponerse mala”. Me impresiona como las mujeres histerectomizadas explican la cirugía que les han hecho así: “me vaciaron todo” (una frase muy mutilante, no?). Cuando una mujer está pasando una etapa en la que se siente más irritable si tiene más de 45 enseguida se le dice con su toque despectivo: “es que estás menopausica”. Y ya si nos metemos en la esfera sexual son alucinantes los términos despectivos del lenguaje para referirse a la sexualidad femenina, de eso se puede hacer una larga lista…

Con este tipo de construcción social de estos fenómenos naturales en la mujer: se distorsiona la forma de ver la sexualidad femenina en general. El ciclo menstrual (y para las que sean madres: embarazo, parto y lactancia), ante cualquier tipo de molestia o choque de nuestra naturaleza cíclica con la sociedad lineal, es fácil caer en sentirnos mal (cuando en realidad todo está bien). Muchas cosas que nos suceden, que probablemente con un poco de tiempo y/o descanso sin más se solucionarían, ya estarían fuera de la representación de ese modelo de mujer superwoman, lo cual puede hacerte percibir que tu cuerpo funciona mal. Si en cambio, viviésemos en sintonía con nuestro cuerpo, la actitud en los días de la regla o durante el embarazo o el puerperio sería otra bien distinta a la de esas mujeres de anuncio. La sociedad nos pone muy difícil aceptar que probablemente ciertos días no nos apetezca hacer nada, que simplemente el cuerpo nos pida un poco de descanso extra y ya está. Es curioso como en culturas ancestrales tenían en cuenta la naturaleza cíclica de la mujer y se vivía en perfecta sintonía con sus procesos.

 

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APRENDER A ESCUCHAR A NUESTRO CUERPO

Conectar/escuchar lo que nos pide nuestro cuerpo, aceptarlo, y darle lo que necesita es el punto clave. Esto implica derribar todos los tabúes que tenemos forjados. Alejarnos de esos modelos falsos en los que parece que tenemos que ser lineales. Insisto, somos cíclicas: aceptemos que no siempre estamos igual, que por tanto, nuestro cuerpo, nuestras necesidades y nuestras sensaciones cambian a lo largo del ciclo y también a lo largo del embarazo parto y puerperio.
Posiblemente por temas laborales muchas no puedan hacer esto, pero escuchar las necesidades de nuestro cuerpo en cada etapa y darle lo que necesita sería lo ideal. Si percibimos que nos alejamos de la mujer lineal que nos venden, entonces, podemos percibir y juzgar equivocadamente que nuestro cuerpo no funciona bien, y entonces quedan tres salidas:

-Estoy enferma y me lo creo. Hasta en el lenguaje coloquial esta idea está muy adherida. En muchas ocasiones he escuchado a mujeres refiriéndose a la regla como “ponerse mala”, de modo que en lugar de decir “me vino la regla el día 5″ dicen “me puse mala el día 5″.

-Lucho/reniego contra ello, entonces me pongo aun peor.

-Me siento culpable por no poder atender mis obligaciones al mismo ritmo de cuando no tengo la regla, también me pondré peor.

 

 

laberinto-kirchneristaLA EDUCACIÓN

Desde niñas a muchas se les da a entender algo así como que “ser mujer duele”. Es un temor generalizado en las niñas preadolescentes, temen a la regla, eso que dicen que “te convierte en mujer”, que te duele, que es tan molesto, que te fastidia las vacaciones, que es tan desagradable, sucio, feo, que a partir de entonces puedes ser madre…

Es muy importante la relación que la madre establece con su propio cuerpo, ya que las niñas captan todo como una esponja, si la madre está horrorizada con su menstruación y lo vive como algo malo, probablemente a la hija le sucederá lo mismo llegado el momento.

He escuchado a muchas muchas madres transmitirles mensajes a sus hijas sobre el horror que es la menstruación. También he oído decirles lo malo que es cuando se retira la regla, eso de la menopausia (esto lo dejo para otro post), también sobre lo que duele un parto, o incluso cuando ven a sus hijas dar el pecho a su hij@ les dicen alegremente que su leche no alimenta. Y no nos hacemos a la idea lo que influye todo este tipo de mensajes, recibidos a lo largo de la vida, en nuestra psique. Parece que todo lo relativo a la feminidad duele, se oculta o está mal hecho.

En cuanto a la educación sexual para no repetir las cosas en este punto podéis verlo aquí: http://www.miriamginecologia.com/blog/?p=1102

Es impresionante como influyen las ideas que nos forjamos sobre nuestro cuerpo en el funcionamiento normal del mismo, hasta qué punto nos afecta todo lo que captamos a través de la sociedad y la cultura. Relacionado con estos temas hace un tiempo hablé en un post de un estudio sobre como el tener miedo al parto hace que éste se prolongue y aumenten las probabilidades de ser un parto instrumental o una cesárea:http://www.miriamginecologia.com/blog/?p=843, en otro post hablé sobre como afecta positivamente a la evolución de un parto el acompañamiento (que una mujer se sienta acompañada y apoyada por alguien de plena confianzahttp://www.miriamginecologia.com/blog/?p=502)…hay muchísimas piezas en la intersección entre lo biológico y lo cultural y cuanta menos distancia exista entre lo biológico y lo cultural mucho mejor.

Cuanto más conscientes seamos de nuestro cuerpo y más nos autoconozcamos por encima de las barreras y tabúes socio-culturales menos “pseudoenfermedades” tendremos.

 

Fuentes:

http://www.historiacontemporanea.ehu.es/s0021-con/eu/contenidos/boletin_revista/00021_revista_hc34/es_revista/adjuntos/34_11.pdf

http://scielo.unam.mx/scielo.php?pid=S0036-36342001000500004&script=sci_arttext

http://servicios2.abc.gov.ar/lainstitucion/revistacomponents/revista/archivos/anales/numero01-02/ArchivosParaImprimir/16_art_checa.pdf

http://revistarayuela.ednica.org.mx/sites/default/files/Art.%20Ma.%20Teresa%20Hurtado%20de%20Mendoza%20Zabalgoitia%20y%20Ramiro%20Jesús%20Sandoval.pdf

http://psicoactualidad.com/principal/articulos-y-publicaciones-de-psicologia/71-las-mujeres-y-sus-lunas.html

http://webs.uvigo.es/pmayobre/textos/la_identidad_femenina_y_los_nuevos_mitos.doc

 

 

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