Crecer: el coste de vivir

 

 Imposible atravesar la vida sin que una amistad cause decepción,  sin padecer algún quebranto de salud,  sin que un amor nos  
abandone,  
sin que nadie de la familia fallezca, sin equivocarse en un trabajo.  Este es el costo de vivir.

Lo importante no es lo que sucede,  sino cómo reaccionamos ante lo que sucede.

Si coleccionamos heridas eternamente sangrantes, viviremos como pájaros heridos incapaces de volver a volar. 
Uno Crece…
Uno crece cuando no hay vacío de esperanza, 
ni debilitamiento de voluntad,  
ni pérdida de confianza.  
Uno crece cuando acepta la realidad  
y tiene aplomo de vivirla.  
Cuando acepta su destino
y tiene voluntad de trabajar para cambiarlo.
 
Uno crece asimilando lo que deja por detrás,
construyendo lo que tiene por delante
y proyectando lo que puede ser el porvenir.
Uno crece cuando supera, valora y sabe dar frutos.
Uno crece cuando abre camino dejando huellas,
asimila experiencias ¡Y siembra raíces!
 
Uno crece cuando se propone metas,
sin importarle “el qué dirán”, ni los prejuicios,  
cuando da ejemplos,
sin importarle burlas, ni desdenes,
cuando cumple con su labor.
 
Uno crece cuando se es fuerte por carácter,
sostenido por la formación
y sensible por temperamento
¡Y humano por nacimiento!
 
Uno crece cuando enfrenta el invierno aunque pierda las hojas,  
recoge flores aunque tengan espinas 
y marca camino aunque se levante el polvo.
 
Uno crece cuando se es capaz de afianzarse con residuos de ilusiones,
capaz de perfumarse con residuos de flores,
¡Y de encenderse con residuos de amor!
 
Uno crece ayudando a sus semejantes,
conociéndose a sí mismo
y dándole a la vida más de lo que recibe.
 
Uno crece cuando se planta para no retroceder,
cuando se defiende como águila para no dejar de volar,
cuando se clava como anclay se ilumina como estrella.
Entonces…Uno Crece.
 
  La palabra Crisis procede del griego, en su significado etimológico responde a “replantear       la cuestión” y “poner en marcha”. La connotación de la palabra crisis no es negativa en si misma sino todo lo contrario. Una crisis es la oportunidad para involucrarnos en reconducir la realidad que nos rodea. Nuestra sociedad, inmadura emocionalmente, la aborda coloquialmente desde el temor y la incapacidad de afrontar nuevos retos. Sin embargo, por el simple hecho de ser humanos contamos con la capacidad de sobreponernos ante la adversidad sin rompernos. Las crisis son naturales en cualquier realidad organizada que es inestable, incierta y sujeta a evolución.
Una crisis es una situación que viene desencadenada por un fuerte sentimiento de pérdida y dolor emocional, que una vez superado, convierte el suceso en una gran oportunidad de crecimiento. Son periodos de la vida que fortalecen. Del caos aparece el orden. La naturaleza nos muestra esta danza homeostática constantemente. La crisis junto con el dolor son necesarios para crecer y así alcanzar el equilibrio. Cuando la inercia deja de servirnos como guía aparece una invitación a revisar determinados aspectos de la vida. El principio del cambio está en el replanteamiento de una determinada situación y el siguiente paso siguiente es comenzar a disolver las pautas de comportamiento reactivas y repetitivas.
Las crisis ofrecen una mirada en una nueva dirección. La ruta es reconocer la parte que nos toca, aceptar el movimiento impredecible de los acontecimientos de la vida y resolver asignaturas pendientes. Al elaborar las dificultades surge la renovación del guión de nuestra propia vida. Si miramos las distintas pérdidas que la vida nos plantea como un gran ensayo de la pérdida final que es la propia muerte aprendemos a mirar la vida de otra manera. Vida y Muerte están íntimamente relacionadas. Mirando la vida como un juego en el que vamos ganando y perdiendo desarrollamos la capacidad de darnos cuenta que vivir tiene un sentido más profundo. Tener presente la vida más allá de las formas, permite que adentremos mucho más en el fondo, descubriendo que vivir va más allá de los sucesos físicos, mentales y emocionales. Vivir se convierte en un asunto existencial donde la casualidad deja de tener sentido. La Alegría de vivir viene de la plena consciencia de lo que acontece en la vida.
Cuando entramos en crisis, en general la sociedad sustentada en un sistema de control, nos invita a mirar hacia otro lado con frases del tipo: “Ya pasará”, “No mires hacia atrás”, “Hombres y mujeres hay a montones”. Esta sociedad nos alienta a ignorar y a sustituir rápidamente el animal, objeto o persona perdida por otra. Así evitamos entrar en una parte más íntima y profunda, evitamos traspasar el dolor, parando, observando e integrando. Al realizar este paso de forma consciente además de preguntarnos ¿quién ha perdido qué?, también nos preguntamos ¿cuáles han sido las pérdidas y cómo nos han ido afectando? Y algo todavía más profundo, nos podemos llegar a preguntar ¿Quién soy? Cuestión que toca una dimensión transpersonal provocando un gran descubrimiento y transformación de cada individuo y, por tanto, de la sociedad.
Ahora, detente un momento. Revisa tu biografía vital y pregúntate:  
 
¿Cuál ha sido la pérdida más significativa de tu vida?
¿En qué sentido creciste con ello?
¿Cómo ha cambiado tu vida desde entonces?

 

 

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Trackback: Recopilación de artículos publicados en este primer año | Yolanda Jiménez. Escritora

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