Violencia machista: todos culpables

El asesinato machista de mujeres en nuestro país, a manos de sus parejas (seis en la última semana), está alcanzando unas cifras bochornosas,  insostenibles para una sociedad “occidental”, a la que se le supone un cierto grado de desarrollo.  Para determinar el grado de modernidad de una sociedad, quizá sería interesante incluir  como indicadores, los asesinatos por violencia de género y quizá el resultado cambiaría significativamente… Porque,  ¿Que clase de sociedad genera tanta violencia machista?. A veces ponemos el acento en la violencia contra la mujer en sociedades ubicadas en otras latitudes, con un escaso o nulo nivel de desarrollo y criticamos esa práctica. ¿Y si miramos aquí?, a nuestro lado mismo, donde  ocurren asesinatos machistas del mismo modo que ocurren accidentes de coche en las carreteras

Siempre me pareció llamativo el hecho de la violencia extrema contra la mujer. Está presente tanto en las dinámicas sociales de los países occidentales, como en aquellos en los que existen conflictos armados.  La figura de la mujer supone la continuidad de la vida, la conservación de la especia, la aportación de lo perdurable, más allá de lo transitorio de una vida.

Y en tiempos de Alejandro Magno, las mujeres del pueblo sometido, eran consideradas botín de guerra para regocijo de los soldados y así lo han continuado siendo a lo largo de la Historia. Hoy aún está muy presente la masacre, sufrimiento y denostación de las mujeres. En muchos casos, como botín sexual : La moderna esclavitud ejercida por proxenetas, aprovechando las grandes bolsas de pobreza y la demanda existente en las sociedades occidentales, contribuye a su mantenimiento. También la mirada esquiva de gobernantes, más ocupados en vanagloriarse y enriquecerse, que en trabajar desde la Educación  la Cultura y la Justicia, para la construcción y mantenimiento de los pilares básicos de respeto, igualdad y reconocimiento, en relación con el fenómeno de la violencia machista.

Quizá tendríamos que preguntarnos si estamos alimentando, desde todos los ámbitos sociales,  la corriente violenta de feminicidio . Suele resultar muy útil establecer parámetros de similitud con las “versiones” que nos han llegado sobre  mujeres significativas en la Historia. El caso de María Magdalena es uno de los más significativos tanto por lo que representa su potencial, como por la tergiversación de su biografía, tan demonizada co la carga peyorativa que conocemos. En el trasfondo siempre subyace un gran miedo a lo femenino. Y ya se sabe que el miedo nos vuelve irracionales.

A veces nos sorprendemos gratamente con noticias como la que os dejo a continuación: el reconocimiento  al trabajo de mujeres valientes, que trabajan creando redes de solidaridad, que denuncien la violencia machista. Es el caso de Shannon Galpin:

Shannon Galpin: premio a la solidaridad

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Las atrocidades diarias que vemos en los medios nos generan una actitud de impotencia y apatía, viendo a las mujeres de los territorios en conflicto exclusivamente como víctimas, “pero si le ponemos cara, la gente empieza a escuchar”. Esa es la idea del proyecto Combat Apathy, dar voz y formación a las mujeres y a las nuevas generaciones para que dejen de ser solo víctimas. La iniciativa, creada hace cinco años por Shannon Galpin,  ha empezado en Afganistán pero la intención es que se expanda también a otros territorios en guerra.

Afganistán está considerado como el peor país del mundo para ser mujer, un triste título que acarrea desde hace años. Es por eso que la norteamericana Shannon Galpin, fundadora de la ONGMountain2Mountain decidió empezar allí su labor de defensa de los derechos de las mujeres y las niñas, un lugar donde cada día las jóvenes arriesgan su vida por ir a la escuela o andar en bicicleta.

El programa consiste en utilizar el periodismo ciudadano como herramienta de empoderamiento. Para ello dan formación a jóvenes de entre 16 y 22 años que viven en zonas de combate o que han sufrido un conflicto, enseñándoles a utilizar las nuevas tecnologías como plataforma de comunicación, donde contar sus historias y entrar en contacto con mujeres jóvenes de otros países. A partir de ahí, la asociación quiere implicar a jóvenes occidentales, de cara a que se trasladen a estos territorios y trabajen conjuntamente en el desarrollo de proyectos locales, aprovechando el liderazgo y la energía de las nuevas generaciones. A medio plazo, la intención es crear programas de acompañamiento para que sean las mujeres jóvenes de estos territorios quienes lideren iniciativas de cambio social, construyendo comunidades productivas y sostenibles.

La labor humanitaria llevada a cabo por Shannon Galpin, ha sido reconocida por National Geographic con el galardón del proyecto solidario del año.

Mi enhorabuena a esta valiente, solidaria y emprendedora mujer.