Naúfrago voluntario: mantenerse a flote

“Ser profesor es gobernar una barca nueva cada día, ¡y guiar a generaciones enteras hacia sus propias odiseas! Pero hay que aprender a hacerlo. Y atreverse. La barca nunca será más grande, ni mejor, ni la costa más cercana. Pero tenemos todo lo que necesitamos: la ilusión, la creatividad, a ellos, y a nosotros mismos”

 

Mucha gente, sorprendentemente, se hace a la mar sin saber nadar, con un miedo atávico a lo que no es sólido.

En 1953, el francés Alain Bombard escribió “Náufrago voluntario”. Como médico, no podía entender la elevada mortandad entre los que caían al mar, pues teóricamente debieran poder sobrevivir en alta mar, y más aún cerca de la costa, y más aún con conocimientos marinos, y más aún en compañía… ¿Por qué?

 

A menudo se habla del fracaso escolar, de las bajas por depresión del profesorado, del pobre modelo de escuela, del déficit cumulativo en la motivación por aprender, enseñar, convivir, compartir… ¿Cómo puede suceder ésto? No quiero decir que no sea mejorable, estamos siempre a medio camino, pero ¿no es verdad que, por mucho que existan dificultades, estamos a años luz del panorama educativo de hace años o de otras geografías? ¿Cómo puede naufragar tanta gente? Una de las observaciones de Bombard fue que a menudo la gente se hunde en las primeras horas, mientras que aquellos que superan ese desfallecimiento sobreviven sin fecha, a veces pese a penalidades mucho mayores

Ese ansia intransferible de saber, de ayudar, llevó a Bombard a cruzar el Atlántico en solitario, sobre una lancha hinchable. Hay quien dice que hizo trampas, pero yo pienso que esas trampas, de serlo, no son importantes: se atrevió, sobrevivió, lo compartió, y describió un kit mínimo de equipamiento y conducta que desde entonces es obligatorio a bordo (¡incluye algo de lectura!). Entre otras (muchas) cosas, lo que descubrió es que más allá de traumas físicos, shock térmico, o soledad, la gente moría, sencillamente, porque perdía la esperanza…

Ser “mediocre” es pura estadística, casi inevitable. Pero nadie nos pide proezas. Debemos mantener la ilusión: ahí está la clave. Y atrevernos. ¿Ser profesor es sobrevivir bajo las inclemencias del peor de los soles, sin agua, perdiendo las ganas año tras año? ¡NO!

 

Fuente: “La ilusión”. Aulas creativas.