Abrirse y soltar, un espacio para recibir

“No hay sueños en mí, Ulises. No proyecto sombra desde cosa alguna. El mundo es como una rueda radiante que comienza a girar cada mañana cuando abro los ojos. ¡Es todo tan sencillo! Un pájaro atraviesa el cielo: vuela, nada más. Una herramienta es brillante y dura: ha sido hecha por el ingenio. El mar está siempre despierto; las piedras duermen siempre. Yo no sueño, Ulises: cuento: una brizna, las estrellas, el aroma del heno, la lluvia, los árboles. Y como no quiero repetir nada, a nada le pido permanencia. La vida es como el agua: tócala con la mano abierta y la sentirás vivir, siempre igual en su fuga. Pero si aprietas la mano para cogerla, la pierdes. Mucha gente ha pasado, de muchas leyes y distintos países, por esta casa a orillas del mar. Y en cada uno la felicidad tenía un nombre diferente; pero se trataba siempre de alguna vieja y arrugada historia que llevaban a cuestas. ¡Quédate, Ulises!”
A partir de la lectura de este texto de Agustí Batra, llamado “Circe”, podemos comprobar como  muchas veces nos dejamos atrapar por las ideas que tenemos sobre nosotros mismos, sobre lo que es bueno y lo que es malo, sobre lo que es la felicidad o sobre cómo debería ser nuestra vida. Ideas que creemos nos definen y nos guían pero que acaban simplemente aprisionándonos.

Aunque  es útil definir ciertas líneas, también  es fundamental no ponerles límites, mantener las puertas –y el corazón- abiertos, desapegados de ideas fijas, de normas o conceptos. Para dejar espacio a la sorpresa, a los cambios, a la alegría o a la tristeza, a lo que deba venir. Si no lo hacemos, nos arriesgamos a apagar lámparas, a marchitar flores, a secar ríos o a romper las cuerdas del arpa.

“¿Por qué está apagada la lámpara?
La envolví en mi manto para protegerla del viento;
por eso se ha apagado la lámpara.
¿Por qué se ha marchitado la flor?
La oprimí contra mi corazón con inquietud y amor;
por eso se ha marchitado la flor.
¿Por qué se ha secado el río?
Levanté un dique en él para que sólo me sirviera a mi;
por eso se ha secado el río.
¿Por qué se ha roto la cuerda del arpa?
Intenté arrancarle una nota demasiado alta para su teclado,
por eso se rompió la cuerda del arpa.”
(Rabindranath Tagore)

La vida es movimiento pero podemos aprender a fluir con ella. Sólo si somos capaces de abrir las manos para dejar que se vaya lo que deba irse, las tendremos preparadas también para recibir lo que deba venir.

 

Publicado por: buenasnoticias.

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  1. Trackback: Recopilación de artículos publicados en este primer año | Yolanda Jiménez. Escritora

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