El Arte de sentir una obra de Arte.

A propósito de las acuarelas de Irene Corral, expuestas éstos días en Madrid en  Calle Bohemios 1. Una delicada reflexión de trazos suaves y pinceladas armónicas…

 

Cuando compro cuadros

o, lo que es más exacto,
cuando miro aquello de lo que puedo considerarme dueña
imaginaria,

elijo lo que en mi cotidianidad podría darme gozo:
la sátira de una curiosidad en la que solo se discierne
la intensidad del estado anímico;
o bien lo opuesto: el viejo objeto, la sombrerera medieval
decorada
con galgos de cintura estrecha como la de un reloj de arena,
y ciervos y pájaros y gente sentada;
puede ser solo un cuadro de marquetería; quizá la biografía literal,
con letras ubicadas a un lado sobre un espacio como de
pergamino;
una alcachofa con seis matices de azul; las patas de agachadiza
en un jeroglífico triple;
la valla de plata protegiendo la tumba de Adán o Miguel cogiendo
a Adán por la muñeca.
El énfasis demasiado intelectual sobre esta o aquella cualidad
disminuye el goce.
No debe pretender demostrar nada; ni puede exaltarse el triunfo
fácilmente concedido:
eso que es grande porque otra cosa es pequeña.
Se reduce a esto: de la clase que sea, la obra
debe estar “iluminada con penetrantes destellos en la vida de las
cosas”.
debe confirmar la fuerza espiritual que la creó.

Marianne Moore

1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Lu
    Nov 23, 2012 @ 10:16:30

    Qué reflexión tan acertada e iluminadora.

    Responder

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