Cicatrices y canas: matices en el lienzo

                                                                               (Monet: Crepúsculo en Venecia)
Al nacer, nos regalan un cuerpo “perfecto”, blando, suave, limpio. Sin embargo, la vida va pasando y nuestro cuerpo se llena de marcas. Marcas que hablan justamente de eso, del paso del tiempo. Marcas en forma de cicatrices, de arrugas, de canas, de manchas. Y, por algún extraño motivo, todas esas marcas nos provocan angustia y miedo.
Si comparamos ese “perfecto” cuerpo inicial con un prometedor lienzo en blanco,  las marcas en el cuerpo serían como las pinceladas en el cuadro, que, poco a poco, van haciendo aparecer la pintura final. En ella, cada trazo nos da pistas sobre el autor, sobre sus emociones, sobre su esencia. Lo mismo que las marcas. Una cicatriz nos habla de un instante vivido. Las manchas de la piel son los momentos disfrutados bajo la luz del sol. Cada cana es un proceso de cambio. Y cada arruga que se forma alrededor de los labios es el recuerdo de una sonrisa.
Por todo ello, que la pintura final que compone tu vida sea un cuadro maravilloso o sea un estropicio depende sólo de ti. Al fin y al cabo, ¿qué es más hermoso, un lienzo en blanco o una pintura terminada, llena de matices, con todas sus luces y todas sus sombras?
Publicado en El periódico de las Buenas Noticias.

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  1. Trackback: Recopilación de artículos publicados en este primer año | Yolanda Jiménez. Escritora

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